Nombre: Ausente
Categorías: Drama, Guerra
Director: Kimberly Peirce
País: Estados Unidos
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * *

Ausente (2008)

Nuestros desastres de guerra

Cada generación tiene su guerra. Por lo menos en Estados Unidos, donde las personas pueden identificar los episodios bélicos que han vivido con una época y una ubicación específica, a diferencia de otros países (¿se les ocurre alguno?) donde el conflicto (si el gobierno de turno permite que exista) es parte de la vida diaria desde hace tantos años, que ni siquiera califica para tema de conversación, donde lo que hay es una guerra que no escandaliza porque está ahí todo el tiempo.

Y como cada generación de estadounidenses tiene su guerra, cada tanto tiempo se dan en el cine norteamericano cortas bonanzas de películas de este género que tratan, con las estéticas y las convenciones narrativas propias de cada momento las distintas aristas de la guerra: los hechos en el campo de batalla, los dramas que viven los familiares que se quedan, y por supuesto, el regreso: lo que pasa con los pobres soldados que vuelven a su país y que vivieron en carne propia su pequeño infierno.

Ausente comienza en el infierno, o en una tierra muy cercana: Tikrit, en Irak. Durante la primera parte de la película, acompañamos a un pelotón de soldados durante su vida en el Ejército. Pero estamos con un escuadrón del siglo XXI y no en la Segunda Guerra: aquí los reclutas escuchan sus canciones favoritas en ipods y reciben mails con archivos adjuntos de sus novias mostrándoles las tetas para levantarles el ánimo. Gracias al uso inteligente de estos “nuevos medios” que hace la directora Kimberly Peirce (la que nos conmovió hace un par de años con Boys don’t cry), mezclando fotografías fijas (hay muchas, miles, porque cada soldado tiene su cámara) con tomas de videos caseros y con imágenes documentales, toda la vida en Iraq cobra una sensación de verosimilitud muy potente. Y cuando este grupo de soldados es emboscado en medio de las calles de la ciudad, la directora y su editora, Claire Simpson (la misma de El jardinero fiel), dictan cátedra de cómo crear un clima opresivo y hacer una secuencia de guerra que agite los nervios del espectador. Lo mejor de todo es que lo logran sin tener que usar todo el tiempo una cámara en mano que se mueve como si tuviera ganas de bailar; se salen del esquema, que por popular se torna repetitivo y triunfan con una nueva fórmula, una combinación de narración clásica y planos fijos que sólo se mueve cuando es necesario. Un logro visual que se agradece.

La crueldad de la batalla es brutal y no está embellecida para complacer a los censores. Varios soldados a los que habíamos visto reír minutos antes, mueren como si nada, y la orden de evacuación de los sobrevivientes se da como última medida desesperada. De repente hay un corte y vemos a los supervivientes de la masacre volviendo a su pueblo natal en Texas, el estado republicano y derechista por excelencia de Estados Unidos, donde son recibidos como héroes. Pero en medio del desfile, como un aviso, como algo que no está bien y no se nota a simple vista, una porrista deja caer su bastón y trastabilla mientras lo vuelve a tomar. Hay algo que no cuadra. Pronto sabemos que lo que no cuadra es el alma de esos muchachos, que a pesar de las advertencias se dedican a tomar alcohol como si estuvieran en una excursión de grado y a pelear porque sí, porque alguien los miró mal o les dijo algo que no les gustó. Es como si estuvieran rotos: no saben convivir con sus esposas, no son capaces de hacerles el amor a sus novias, no logran ser políticamente correctos frente a sus padres.

El protagonista principal de la historia, el sargento Brandon King, jefe de tropa, sin embargo, se ve feliz porque en este permiso va a poder pedir su baja obligatoria por servicio cumplido. Por eso no se altera con los altercados ni con las vergüenzas que causan sos compañeros con su mal comportamiento. Pero no puede aguantar la rabia cuando le anuncian que su baja, con la que ya contaba, ha sido suspendida (la “stop-loss” del título original) por orden superior: tiene que volver a la guerra. La rabia y el desconcierto del King se ve en sus ojos y desatendiendo las órdenes de sus superiores, deserta del batallón, convencido de que si habla con el senador de su estado que tanto le reiteró su apoyo en la ceremonia de bienvenida, podrá revocar la medida, quedarse en casa y no tener que volver a encontrarse con el desierto y la tragedia.

La película a partir de este momento pierde un poco el foco, porque durante el viaje a Washington que al final no termina, el personaje que encarna Ryan Philllippe se desdibuja, convirtiéndose en varios momentos en el clásico cliché del veterano de guerra desadaptado y sicótico, que se hiere a sí mismo. Únicamente la visita que realiza a la familia de uno de los hombres bajo su mando y la secuencia en que se reencuentra con Rico Rodríguez, el soldado herido en el último combate, quien ha perdido un brazo, una pierna y ha quedado ciego, vuelven a tener la fuerza emocional que se sentía al comienzo. Sólo por ese momento, en que el actor neoyorquino Víctor Rasuk se luce, Ausente ya vale la pena.

Después, la película sigue dando pequeños tumbos, para contarnos el destino de aquellos soldados, y si hay que lamentar que a veces los personajes sean esquemáticos, también hay que decir que en ocasiones es maravilloso tener una película de guerra que toma partido, que tiene las ideas que quiere respaldar tan claras y que evita la apatía y la relatividad de otros títulos más “reflexivos”. No podemos olvidar que la productora de Ausente es MTV (tal vez por eso las tomas nocturnas están llenas de neones y luces propias de los videoclips) y que el público al que estaba dirigida, los jóvenes y adolescentes de Estados Unidos no son muy afectos a las sutilezas. Por eso, con una narración que no descansa nunca, defender abiertamente una postura antibelicista y denunciar la problemática de los soldados que tienen que exiliarse del país para que el ejército no pueda obligarlos a regresar a Irak es por lo menos, una decisión valiente.

Aunque el final desconcierta al ver por primera vez la película, porque de nuevo parece una inconsistencia del guión, uno termina por comprender lo que quería transmitir la directora: ¿qué es lo peor que le puede pasar a este soldado?, ¿qué tenga que exiliarse o que decida volver al infierno? Viendo el llanto desconsolado de su mamá a través de la ventanilla, entendemos.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.