Nombre: [•Rec]
Categorías: Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Terror, Suspenso, Religiosa, Fantasía, Basado en hechos reales
Director: Jaume Balagueró y Paco Plaza
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *

[•Rec] (2007)

Cuenta [rec]resiva

La arquitectura del horror

Que el horror arquitectónico de esos apartamentos subdivididos del Eixample barcelonés dé paso al horror canibal de [●REC] es algo más o menos natural: Basta caminar por uno de esos corredores alargados que conectan la cocina y la sala de estar para sospechar malignidad y terror concentrados en las paredes.

Las dos ancianas

En la casa de R., que vive cerca a la Pedrera, murieron dos hermanas gemelas de ochenta años. La primera se murió de cáncer y la segunda se suicidó a los dos días de muerta la primera. Se ahorcó. Las cartas pidiendo pruebas de supervivencia de las gemelas B. seguían llegando semanalmente. Parece que nadie reportó su muerte a la seguridad social. Una noche, mientras se lavaba los dientes, R. oyó a dos mujeres conversando en catalán al fondo del corredor. Una se quejaba, la otra cantaba nanas. Otra noche K. las vio salir del baño: Una calva y convaleciente la otra con el pelo canoso y largo. Desaparecieron al entrar a la cocina.

El duende

En casa de L. y D., paseo de Gracia con Diagonal, hay un duende que juega con el gato por las noches y se come los corn flakes. A veces, a eso de las tres de la madrugada, el gato empieza a maullar y se siente correr de un lado al otro del corredor, como si persiguiera a alguien. Una vez L. sintió dos manitos frías tocándole con cuidado los pies. En otra ocasión, en el tablerito de anuncios que tienen en la cocina, apareció un pequeño texto en latin. Algo sacado de la biblia. 

La conserje del edificio, para colmo, está loca como una cabra.

Los zombis

Los zombis se apretujan por las noches en la puerta de entrada al edificio de M. y R. Huelen a mierda.

Remember Perec

Y podríamos seguir. Todas estas son historias de la vida real y hasta cotidianas en esos edificios de escaleras oscuras y claustrofóbicos ascensores de madera con tres juegos de puertas. A los golpes aprendemos que en esos edificios puede ocurrir cualquier cosa y luego, cuando recordamos a Perec y su edificio -11 Rue Simon-Crubellier- congelado en ese eterno junio 23 de 1975, entendemos que este es un fenómeno universal: Los edificios viejos son monstruos dormidos. Vemos televisión en su hígado. Nos bañamos en su bilis. Vivimos en sus jugos gástricos, esperando con resignación la inevitable digestión.

O dos aviones, uno por cada lado. Y luego la música.

Un ballet

Llegan los bomberos, la policía, las cámaras -sobre todo las cámaras-, los gritos, el polvo, el humo, el encierro, la histeria, las caidas, la traiciones, las sopresas, la muerte, los pequeños e inútiles actos de súbita humanidad que alimentan la esperanza falsa de que esto puede todavía terminar bien. Todos subiendo, escapando de las llamas, o la corrosión, o la enfermedad, o el miedo a secas ante lo incomprensible o lo inaceptable. Una cuenta regresiva de personas y minutos. Un final que es cero, penumbra y calma abusrda al tiempo.

Calma, sí. Por un rato, al menos. 

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