Nombre: El aviador
Categorías: Drama, Acción, Basado en hechos reales, Histórica
Director: Martin Scorsese
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Pedro Felipe * * ½

El aviador (2004)

I know I can, I know I can, I know I can...

Lo bueno de esta cinta es que su director es Martin Scorsese. El paso del tiempo se representa de manera impecable, y tras una hora y medio de proyección uno tiene la agradable percepción de que han pasado veinte años, que no es nada. Por su parte, la subida y la caída de su protagonista (o al revés, como en Casino, pero el orden es conmutable) resulta verosímil, en lo cual tiene poco que ver que el personaje que lo inspira sea histórico o de ficción. La actuaciones son correctas, la técnica ibíd., y el resto también.

Lo malo es que trata sobre la vida de Howard Hughes, el emprendedor que desarrolló el Hughes H-4 Hercules para las fuerzas armadas estadounidenses. ¿Por qué? Pues porque se trata de una persona ininteresante. Dalí, quien tanto se equivocaba, tenía razón al afirmar que "No todos los paisajes son paisajes".

Hughes fue un inmenso hombre de negocios bastante histérico con el aseo, quien dedicó su vida a producir películas y a diseñar y ensayar modelos de aviones. No sé al lector, pero a quien estas líneas redacta dichas características y actividades le parecen aburridas a más no poder. Rodar y actuar en películas, por el contrario, sí que es interesante. Derribar aviones es asimismo una actividad excitante. También beber y comer sin haberse lavado las manos antes.

Es probable que mi total apatía por el mundo de la aviación haya sido una causa subjetiva de mi desencanto por El aviador. Puede ser. Pero también es muy defendible la idea según la cual el ser humano no ha volado gracias a los aviones. Ellos son muy prácticos y nos permiten transportarnos, pero no volar. ¿O quién está dispuesto a defender que nadamos gracias a los barcos...? Por otro lado, también es cierto que tengo algo contra los tejanos chabacanos y obsecados por su proyecto.

En conclusión, El aviador no aburre ni ofende. Transita por la retina del espectador como el gigantesco avión con el que finaliza la cinta: impresionando y rugiendo pero desapareciendo tras una nube, sin dejar mayor rastro.

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