| Nombre: | Bluff |
| Categorías: | Comedia, Erótico, Policiaca, Thriller, Crimen |
| Director: | Felipe Martínez |
| País: | Colombia |
| Año: | 2007 |
Otras reseñas para esta película
Bluff (2007)
Dígase bluf
Según la película, la palabra "bluff" significa "Palabra o acción propia para engañar o asombrar sin ser verdad // Cañar"; pero según el diccionario de la RAE, se escribe sin una 'f ' —o sea "bluf"— y su significado es "Montaje propagandístico que, una vez organizado, se revela falso" o bien "Persona o cosa revestida de un prestigio que posteriormente se revela falto de fundamento". A mi juicio, la definición del antipático diccionario le va mucho mejor a la cinta que la que ella brinda, pues eso de " acción propia para engañar o asombrar sin ser verdad" sólo representa lo que desesperadamente busca llevar a cabo su protagonista, mientras que la cinta en su conjunto es, sin lugar a dudas, un montaje (aunque no propagandístico) que se revela falso.
No cabe duda de que el cine es el mayor engaño —o bluff, si quieren— que haya inventado la humanidad. "Everything is an illussion" decía de manera memorable el mago de el Club Silencio en Mulholland Drive. En el cine, en efecto, los personajes son actores; los vestidos que llevan puestos les son desconocidos; muchas veces sus voces son de las otras personas; una buena parte de los sonidos que escuchamos son generados artificialmente; y eso por no hablar de las cintas de ciencia ficción. En todo caso, continuando con el mago de Lynch, "No hay banda". Sin embargo, y esa es la esencia del cine, mediante un saber que al común de los mortales nos es desconocido, creemos que sí hay una banda: la escuchamos, nos conmovemos con ella, llegamos incluso a llorar. En Bluff, como en todas las películas, no hay banda. Pero a diferencia de las cintas logradas, esta obra de Felipe Martínez nunca nos convence de que haya una.
La historia contada es una soberana estupidez. Eso no tiene ningún problema, pues hace mucho que los temas se agotaron, y un arte tan joven como el cine no tiene más remedio que reciclar intrigas ya explotadas hasta la saciedad por otros géneros. Para decirlo crudamente establezcamos que Nicolás (Federico Lorusso), el protagonista, es un fotógrafo sin el más mínimo encanto, salvo el de ser argentino, una nacionalidad que pese a los acontecimientos de los últimos tiempos, aún conserva algo de su glamour de principios del siglo pasado. Un día Nicolás encuentra a su novia, quien es una modelo encarnada por la modelo Catalina Gómez, a punto de tener relaciones sexuales con el jefe de ambos, Pablo Mallarino, quien se llama así para hacernos un guiño, pues es interpretado por Victor Mallarino. Nicolás se pone triste y decide vengarse como si fuera Diane Selwyn.
El problema es que, a diferencia del mundo de la heroína de Lynch, la realidad que nos presenta Bluff es plana; su humor es de dudable gusto (por girar en torno a clichés de género y socioculturales, sutilmente se supone); su fotografía es pretenciosa y superflua; sus actuaciones son dignas de cualquier seriado de Caracol o de RCN; su banda sonora más parece la promoción de un disco; la decisión de que el actor se le pase diciéndole sandeces a la cámara no podría ser más desafortunada; sus personajes secundarios son aburridísimos mamarrachos; y pare de contar: con eso basta.
¿Quiero con lo anterior decir que la realidad colombiana es plana? No: lejos de mí semejante pensamiento. Además de sus tres cordilleras, nuestra querida patria alberga un país urbano más o menos civilizado, y un territorio que no es ni más ni menos que una zona de colonia en donde las cosas se resuelven a los madrazos. Bluff, por supuesto, no tiene la culpa de eso; si alguien quiere hacer un remake de La novicia rebelde en el Caquetá, seré el primero en ir a ver el resultado.
Lo que quiero decir es que la realidad de Bluff ha sido voluntariamente simplificada, resultando bastante parecida a la de tantas series de televisión que llevamos tantos años repitiendo y repitiendo sin darnos cuenta. De hecho, los antecedentes de la cinta los encontramos en telenovelas como Perro amor, Betty la fea y en una buena parte de las series costumbristas que han plagado nuestra pantalla chica, dentro de las que destaca Romeo y Buseta. También, por supuesto, en las películas de Sergio Cabrera, quien se ha especializado en someter su cine a los designios de productores ignorantes. De hecho, además de los créditos, los momentos en que la cinta funciona se los debe a las actuaciones de Mallarino y de L.E. Arango, quienes por desgracia interpretan personajes que a cada paso dejan una profundísima sensación de déjà vu...
Y para concluir la pregunta del millón: ¿Bluff es entretenida sí o no? Pues Bluff sí es entretenida: hace que el tiempo pase rápido. Pero personalmente yo no me tomo la molestia de ir a cine —o de comprar un DVD— para entretenerme. Esa, repito, es la función de la televisión.

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