| Nombre: | Paso de ti |
| Categorías: | Comedia, Comedia romántica |
| Director: | Nicholas Stoller |
| País: | Estados Unidos |
| Año: | 2008 |
Paso de ti (2008)
Cuando el chiste es largo y flojo
Cada película tiene su público. Es una verdad que a veces es difícil aceptar, pero que es parte de lo que hace maravilloso al cine. Van Damme, aunque cueste creerlo, es el ídolo de algunas personas. Otros piensan que la saga de Rápido y furioso es una obra de arte y hasta compran la edición de lujo en DVD. E incluso hay quien pagó boleta en sala de centro comercial (¿quedan salas de cine que no estén en centros comerciales?) para ver las películas que en su momento protagonizaron Mariah Carey y Britney Spears. Por eso, la persona que lee críticas de cine no debe dejarse desmoralizar por lo que diga el autor de las mismas. Cada crítico tiene los argumentos necesarios (o debería tener) para calificar las cintas de las que habla y sentar su opinión sobre ellas. Lo que el lector debe hacer es encontrar a un crítico que tenga su propia mirada, una voz que sea su propia voz, para que pueda identificarse con lo que el otro le recomienda. Porque al final los críticos no son más que una clase particular de periodistas de opinión, que al igual que los columnistas políticos, se convierten en puntos de referencia sólo cuando tienen una forma propia de ver el mundo, una mirada única que hace que los leamos, para indignarnos por lo que piensan o compartir sus ideas.
Forgetting Sarah Marshall es una película que muchos jurarán que es buena. Y está bien. Como ya dijimos, están en su derecho. Incluso podríamos decir que sobresale de la media de comedias insulsas norteamericanas que llenan nuestras pantallas, tal vez porque parece contar una historia y eso en tiempos de Scary movie es de agradecer. Es otra más de la factoría de Judd Apatow (director de Virgen a los 40 y Ligeramente embarazada), el nuevo rey Midas de la risa gringa, que aquí pone su firma como productor. Comparte muchas de las características que han convertido a Apatow en una marca registrada: un protagonista feo del que se enamora una mujer hermosa (en este caso dos) sin que entendamos muy bien por qué, un grupo de personajes secundarios (casi siempre los mismos actores) con conflictos tontos en sus vidas y algunas situaciones puestas a las malas en la película sólo porque a alguien le pareció buena idea. Al final son películas que parecen escritas por un grupo de amigos hombres, mientras se tomaban una cerveza. “¿Y si contamos la historia de un tipo que es virgen a los 40 años?”, “Sí, imaginate cómo lo irán a molestar los compañeros de trabajo”, “No debe saber ni cómo usar un condón”. No es difícil imaginarse los diálogos.
El protagonista de la película es Peter (interpretado por Jason Segel, secundario en otras películas de Apatow, actor bajo la dirección de éste en la serie Freaks and geeks a finales de los noventa y aquí, además, guionista) compositor de la música de una serie de televisión de tercera categoría, cuya novia es Sarah Marshall (Kisten Bell la actriz principal de "Veronica Mars"), la protagonista femenina de la serie (algunas escenas aparecen en distintos momentos de la cinta para burlarse un poco de "CSI" y de "La ley y el orden"). La relación se termina y luego de aguantar secuencias patéticas en que conocemos cómo maneja Peter su depresión (de verdad, ciertos momentos parecen sketches fallidos de "Saturday night live") lo vemos viajando a Hawai, para encontrarse (hay que ser muy de malas) con su exnovia, que también pasa vacaciones en el hotel al que llega. Rachel, la recepcionista (Mila Kunis, la hermosísima Jackie de "That ‘70s show"), se compadece de la cara de imbécil del tipo y le permite alojarse en una de las suites de lujo del complejo turístico. El resto es fácil de prever: Peter se enamora de la recepcionista, cae en la tentación de la atracción sexual con su ex, pierde lo que ha conseguido con Rachel y al final lo recupera. No tiene pierde. Película para domingo en la tarde, sin necesidad de pensar demasiado. Sin embargo, cuando se la compara con las comedias que hemos mencionado, Forgetting Sarah Marshall sale perdiendo.
Pierde por varias razones. La primera de ellas, es el guión. En general, además de las bromas escatológicas o de humor sexual, en las películas marca Apatow, los diálogos están bien construidos y los parlamentos de los personajes son ingeniosos. El guión que escribe Segel no posee ninguna de estas características. Una de sus malas decisiones es intentar crear risas estirando hasta el cansancio los diálogos entre dos personajes, buscando que de alguna manera, por contraste o por simple cansancio, se produzca el comentario gracioso. El resultado es una gran cantidad de escenas sin sentido que acaban por aburrir. Otra mala decisión es crear situaciones de la nada, sólo porque alguien se imagina que pueden causar gracia, como ver al protagonista en una clase de yoga o acompañando al cocinero del hotel a matar un marrano para la comida. Sólo funciona unos pocos minutos.
La segunda de las razones por las que no termina de cuajar esta comedia es su protagonista. Hay mucha distancia entre Jason Segel y Steve Carrell como actores (hasta Seth Rogen es mejor). Y la química del primero con sus coestrellas femeninas es inexistente. Además, los secundarios, sin la ayuda de un guión más ingenioso, naufragan en la caracterización de personajes que son clichés que caminan: el rockero inglés rehabilitado que le canta a la paz del mundo mientras se acuesta con toda mujer que se le pase por el frente, el esposo primerizo que no sabe cómo satisfacer sexualmente a su novia, el entrenador de surf que hace mucho perdió sus neuronas gracias a la mariguana.
Y finalmente, lo peor de Forgetting Sarah Marshall, es que lo mejor de la película, lo verdaderamente ingenioso, sucede al final, después de casi hora y cuarenta minutos de historia. Peter estrena, impulsado por el amor encontrado en Hawai, un musical rockero actuado con marionetas, basado en Dracula. Los pocos minutos de esa creación que reconcilia al protagonista consigo mismo y con su talento, son tan buenos que uno quisiera que el espectáculo existiera en la realidad.
A muchos críticos respetables Forgetting Sarah Marshall les pareció una gran comedia. Allá ellos. Su éxito tal vez sea una señal de lo mal que está la comedia en el cine actual. Pero es cierto que no es mala. Es, ni más ni menos, un ejemplo de mediocridad. Una comedia vulgar que no se atreve a ser burda. Una comedia romántica incapaz de jugársela por la melosería. Una mezcla sin sabor definido que, sin embargo, es digna de encontrar su propio público.
