Nombre: WALL-E
Categorías: Ciencia Ficción, Animación, Aventura
Director: Andrew Stanton
País: Estados Unidos
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * ½
Nicolás Mendoza * * * ½
Pablo Muñoz * * * *

WALL-E (2008)

WALL E vale la pena. Sí señor. Sin duda hay que apludir sus primeras escenas. Es un hallazgo su pequeño robot protagonista. Horrible y tierno. Un E.T. mecánico. Tosco, soñador y hábil. Un autómata que roza el lirismo, peligro supremo, pero sin traicionar, justamente, sus mecanismo intrínsecos. La poesía la pone el fin del mundo, la falta de humanos, el hecho de que nuestro héroe parezca ser el último ser vivo. El humor su ocasional e inerme torpeza, su animista relación con una cucaracha, y su vano empeño en organizar un mundo sin dinosaurios  ni humanos. Se trata pues de un excelente comienzo. De lo más arriesgado y evocador que se haya visto en el mundo de la animación ultra comercial.

WALL E es pues un muchísimo mejor sobreviviente que Will Smith. Pero...

(Dentro de catorce segundos voy a comenzar a revelar apartes de la intriga: uno, dos, tres..., ¡catorce!)

Pero ambos tienen el mismo problema: paradójicamente no están solos. WALL E siempre está con él mismo, y como hemos dicho la soledad le conviene. Claro, tiene una amiga cucaracha, pero esos insectos inmunes a la radioactividad no son verdaderos seres vivos; su alma es a duras penas animal, y por ende no está iluminada por el logos. La llegada de EVE, por el contrario, representa un verdadero cambio para el status ontológico de nuestro automatizado héroe. La alteridad se presenta pues en forma de nevera estilizada, violetísima y unidimensional. Con todo, su falta de emociones refuerza mediante el contraste la soledad de WALL E, quien imitando los sentimientos de un videocasete de Hello, Dolly! se ha enamorado. Nada nuevo bajo el sol: es la sos, pero bien contada.

Todo se echa irremediablemente a perder con la llegada de los humanos. Aunque la segunda parte de la cinta no es mediocre, no cabe duda de que a los creativos se les acabó la imaginación, o a los productores les entró pánico. Resulta que siguiendo a WALL E, quien a su vez está siguiendo a EVE, la trama nos ha conducido a una nave en la que los humanos viven desde hace siete siglos. Allí nos enteramos de que a diferencia de los robots, nosotros somos indolentes, tontos y fofos. Debería darnos vergüenza... Y en efecto la sentimos, por lo menos a través de nuestro capitán, quien es tan indolente, tonto y fofo como el resto, pero quien como buen líder se da cuenta de que somos más fuertes, más libres, y más grandes (sic.) que cualquier máquina. De ahí pasa a enfrentarse con el díscolo AUTO ("el hijo de HAL"), lo vence, y regresa a la Tierra con la humanidad a tiempo para tomar el té. Una descarada copia de 2001: Una odisea del espacio disfrazada de homenaje.

¿Y qué pasa con WALL E y EVE? Pues nada, son felices, comen perdices, y tiene muchos roboticos rubios y saludables. El eventual desarrollo que el excelente comienzo de la cinta se merecía se desvanece, y WALL E resulta una película intrascendente, que se olvida a los cinco minutos de haber sido vista. ¿O no?

En conclusión, Disney y Pixar estuvieron a punto de cometer un milagro, es decir una película muda para niños en pleno siglo XXI. Pero por miedo o por lo que sea, decidieron borrar con el codo lo que habían escrito. Las personas implicadas en su realización no debieron haber visto en su infancia Los Pitufos, pues de lo contrario sabrían que los humanos son el principal parámetro detrás de la devaluación de la fantasía.

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