Nombre: Whisky
Director: Juan Pablo Rebella
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * *
Mauricio Reina * * * *

Whisky (2004)

Hoy vi una flor

Sólo había escuchado buenos comentarios sobre ésta película. Pero algo en su afiche me hacía pesar que se trataba de un relato sencillo, protagonizado por gente humilde, que lleva su vida como mejor puede, etc.. Entiéndanme, no es que esas existencias me parezcan menos válidas que otras, pero sí más difíciles de llevar al cine que las aventuras de superhéroes en calor, las  de un batallón suicida en la treceava guerra mundial, o simplemente la de un ex presidente estadounidense muerto, q.e.p.d.. Por otro lado, las dos reseñas publicadas en ochoymedio le daban cuatro estrellas sobre cuatro, y ante tanta unanimidad me pareció que se trataba de una muy buena oportunidad de poner a prueba mi capacidad de dejarme aconsejar.

Lo cierto es que Whisky es una joya cinematográfica. La historia contada es sencillísima, pero su guión resulta una lección de sutileza narrativa. Da mucho gusto ver la evolución de sus grises personajes no hacia la felicidad (o por lo menos no explícitamente), sino hacia una tristeza y una melancolía menos seguras de sí mismas. Parafraseando una expresión inglesa, Whisky podría muy bien llamarse Forty Shades of Grey...

Por su parte, los tres personajes principales son interpretados con un profesionalismo desconcertante. Sin haberlos visto en otros trabajos es difícil saber hasta que punto los actores los construyeron, pero a mi juicio el resultado es una precisa danza de torpes que se pisan los sentimientos. Sin embargo, la pareja central va más allá de un buen trabajo; yo sé que este tipo de conclusiones son demasiado "subjetivas", pero siento que la química lograda por ambos actores (Andrés Pazos y Mirella Pascual) tiene algo de canónico.

Whisky cuenta una historia sencilla pero no simple. Algún crítico opinó que la película sobresalía por su economía narrativa, un comentario muy acertado, pues cual construcciones de un Hemingway audiovisual, los pensamientos y las intenciones de sus personajes sólo se traducen por gestos mínimos pero precisos; los espacios que habitan están muy bien filmados sin ser desnaturalizados (la famosa distancia a la que debe estar la cámara es exacta); y en fin, su final es abierto sin quedar en el aire: en cuanto espectadores tenemos que hacernos cargo de la continuación de la historia.

Una mención especial merecen ciertas escenas que podrían mantenerse solas, como el partido de hockey de mesa, la gran apuesta al número 24 en el casino de Piriápolis, o el paseo por la playa. Me habrán movido una vena interior... Tal vez sean de mi gusto por representar —con mucha inocencia y humor— esos grupos compuestos por personas son casi desconocidas las cuales, contra todo pronóstico, terminan impregnadas por una empatía que ninguno de sus integrantes sabe con precisión de dónde viene.

Sonriente, pues, me ha dejado Wkisky. Hasta la nostalgia, un sentimiento que no figura en el diccionario de mis afectos, se ha colado a través del inmortal Leonardo Favio, a quien se le rinde un justo homenaje en esta cinta.

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