Nombre: La muchacha cortada en dos
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Romance
Director: Claude Chabrol
Año: 2007

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Marco Antonio Fonseca Gomez * * *

La muchacha cortada en dos (2007)

El 7º festival de cine francés que por estos días se realiza en varias ciudades del país nos trae la última película del veterano director francés Claude Chabrol, La mujer partida en dos. Ambientada en la ciudad de Lyon, La mujer partida en dos, cuenta la historia de la joven y atractiva presentadora de noticias Gabrielle Deneige  (Ludivine Sagnier), la cual se ve repentinamente atraída por el prestigioso y veterano escritor Charles Saint-Denis (François Berléand), iniciando con él un apasionado y secreto romance, ya que el renombrado novelista es treinta años mayor que ella y éste no desea separarse de su mujer. Al mismo tiempo un joven millonario del lugar, conocido por sus locuras y extravagancias, Paul Gaudens (Benoît Magimel), se fija en Gabrielle y trata de seducirla. Gabrielle dividida e indecisa terminará casándose con Paul, aunque sin dejar de pensar en Charles, lo que generará un fuerte conflicto con su marido.

Lamentablemente y a pesar del prestigio y de la fama de Chabrol, la mujer partida en dos resulta bastante decepcionante e incluso a ratos aburrida: al igual que sus anteriores filmes exhibidos en Colombia, Gracias por el chocolate y La flor del mal, La mujer partida en dos pretende ser el retrato de la doble moral y de la hipocresía que se esconden detrás de la respetable fachada de la burguesía francesa actual; sin embargo, la película no logra emocionar al espectador, tanto por la escasa novedad de un tema tan común y tantas veces tratado –la relación de una mujer con dos hombres distintos-, como por lo inverosímil de los personajes y de las situaciones que entre ellos se presentan. 

El problema fundamental es el tratamiento que se da a las relaciones entre Gabrielle y sus dos amantes a lo largo de la película: todo ocurre de forma tan rápida y poco convincente, sin ningún tipo de lógica ni de sentido, que ni el amorío de Gabrielle y Charles y el matrimonio de ella con Paul resultan creíbles: de buenas a primeras Gabrielle y sus dos amantes, se conocen, se aman y se odian de forma prácticamente casual y fortuita, como por arte de magia, sin que antes haya existido un proceso de conocimiento previo entre las personas: Saint-Denis conoce a Gabrielle en una firma de libros y se la lleva a la cama; luego Paul, que odia a Saint-Denis, se fija en Gabrielle y trata de seducirla, pero nunca llegamos a saber si lo hace con el propósito de atacar al escritor o si está simplemente enamorado de la bella presentadora. Si a eso le agregamos que los personajes están llenos de clichés y de lugares comunes de toda clase –la joven ingenua e indecisa, el joven millonario caprichoso y arrogante y el seductor cínico y egoísta-, y son incapaces de generar algún tipo de sentimiento, impidiendo establecer un lazo emocional con la historia y los personajes, debemos reconocer que hasta los grandes como Chabrol se pueden equivocar a pesar de su fama y de su experiencia.

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