Nombre: El sueño de Casandra
Categorías: Drama
Director: Woody Allen, Kevin Macdonald
Reparto:
País: Estados Unidos
Año: 2007

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Samuel Castro * * ½
Pedro Felipe *
Javier Moreno * * * *

El sueño de Casandra (2007)

If you wanna be my lover...

Al parecer Casandra le había prometido a Apolo tener relaciones sexuales con él si le concedía el don de la adivinación; el dios de la luz accedió y la hizo profeta, pero ella no cumplió con su palabra. Enfurecido, aquel le escupió en la boca, lo cual no deshizo el citado don, pero sí condujo a que nadie le creyera a Casandra, en particular cuando predijo la caída de Troya. Ahora bien, ¿por qué Allen nombró a ese complejo personaje en el título de esta película? No sé, pero me temo que las razones se reducen a que el nombre "Casandra" evoca desgracias. Así pues, la expresión "El sueño de Casandra" sólo sería una manera pretenciosa de hablar de 'una pesadilla', en el sentido de 'una tragedia'.

Ahora bien, no entiendo por qué Woody Allen nos hace gastar neuronas con un título que invita a la tragedia griega (a sus coros, sus deux ex machina, sus mascaras, etcétera) en vez de tratar de reducir los daños llamando a su obra "Una tragedia inglesa", o "La tragedia de dos hermanos", o "Una historia trágica", o incluso "Tragedia". (Claro, el velero de los protagonistas se llama "Cassandra's dream"; en él fantasean con un radiante porvenir, y allí se resuelve la película. Pero a mi juicio, si eso tiene algo de sueño, no tiene nada de adivinación y del exterminio de una civilización troyana por parte de la griega). Y es que El sueño de Casandra es una mala película desde muchos puntos de vista.

El dickensiano argumento de la obra trata sobre dos hermanos —Ian y Terry— que son pobres pero quieren ser ricos. Se trata de dos proletarios que poco a poco descubren hasta dónde son capaces de ir para pagar sus deudas, o construirse un lugar bajo el sol californiano; en pocas palabras, para vivir como aristócratas. El problema consiste en que el guión encadena lugares comunes que fracasan en su propósito de auto derrisión ("Familly is family, blood id blood..." ; "You're so beautiful, and talented..."); en la artificial vulgaridad de sus dos personajes principales, quienes sólo piensan en chicas sexies, coches elegantes o en vivir emborrachándose; y en fin, por haber desaprovechado el único de sus aciertos, que a mi juicio es la desesperada desazón del padre, quien impotente ve a sus dos hijos desbarrancarse.

Las actuaciones son sorprendentemente flojas; todos los personajes con menos de cincuenta años están mal llevados. Ewan McGregor y Colin Farrell lucen patéticos tratando de hablar con acento inglés, y entre ellos hay menos química que entre Tom Hanks y Audrey Tautou en El código Da Vinci; deberían haberse llevado un Razzie a la peor pareja. El hecho de no poder interpretar de manera convincente al borracho que es en la vida real, hace que el personaje interpretado por Farrell luzca cómico, siendo que debería inspirarnos simpatía y compasión; otro premio Razzie, el de "peor intérprete masculino". Y el de el "peor debut cinematográfico" se lo lleva "la chica", encarnada por Angela Stark, quien pese a ser muy guapa se limitó a aprenderse los diálogos; podríamos señalar  un error de casting, pero yo creo que sería más apropiado hablar de un error a secas.

En fin, nunca me habría imaginado que una cinta dirigida por Woody Allen y con música de Philip Glass dejase tanto que desear. Pero hay que aceptarlo: esos enormes artistas, verdaderas instituciones cinematográficas, sólo lograron potenciar sus atajos de grandes conocedores de su oficio, mas nunca dar con un instante de empatía y de sutileza dramática. Es una lástima, pero uno de los más grandes compositores de la segunda mitad del siglo pasado parece estar acabado. Sería espantoso que su último gesto artístico fuese reciclar su música, como ya lo hizo para The Truman Show. Todo parece indicar que Philip Glass se está repitiendo...

Para afinar nuestro comentario es necesario hacer una advertencia obvia que, empero, puede no estar de más. A mí la historia de las estrellitas con las que uno acompaña sus reflexiones me da bastante lidia, pero creo que hacer un arbitrario esfuerzo por colocarlas no es del todo estéril. Lo que sí me parece importante es que en el caso de un director consagrado —como Woody Allen— una o dos estrellas no significan lo mismo que en el de un autor que acaba de estrenar su ópera prima. Mientras que en el primer caso significa que hubo un muy fuerte bajonazo en el nivel del autor, en el segundo la situación es crítica, pues quiere decir que en cuanto espectador uno considera que el director en cuestión se pifió de profesión. Divertimentos de emperador solipsista, pienso yo.

Para que Allen me siga queriendo y me vuelva a invitar a su finca de recreo en los alrededores de Talin, concluiré señalando que todas las cosas feas que digo sobre El sueño de Casandra habría que invertirlas en el caso de Poderosa Afrodita, una película con la que no puedo dejar de comparar el opus que nos ocupa, pues para mi gusto se trata de un excelente ejemplo del rigor y de la honestidad intelectual que también puede acompañar al genio transatlántico (ex genio de Manhattan).

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