| Nombre: | The bank job |
| Categorías: | Acción, Policiaca, Política, Basado en hechos reales, Thriller |
| Director: | Roger Donaldson |
| País: | Reino Unido |
| Año: | 2008 |
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The bank job (2008)
Un robo muy simple
Es como si todos fuéramos Robin Hood. Cada vez que vemos una película de ladrones, sin dudarlo, nos ponemos de parte de los criminales. Deseamos con todas nuestras fuerzas que nada malo les pase, que al final se roben la estatua, o saqueen el templo o abran la caja fuerte. Por eso las películas de ladrones son un subgénero cinematográfico exitoso, que cada año cuenta con uno o dos títulos más en los anaqueles y las carteleras. Y aunque todos sabemos más o menos cómo se desarrollan este tipo de cintas, somos incapaces de dejar de verlas porque siempre esperamos sufrir junto a los protagonistas todas las calamidades por las que deban pasar, para al final, gozar con el botín. Como quisiéramos nosotros que terminara nuestra historia.
Siendo ese el cometido básico que una película de ladrones debe cumplir: que haya un plan, que uno le crea a los protagonistas, que se logre conectar con las emociones del público, que los espectadores quieran que todo les salga bien, The bank job funciona, algo que ya merece un reconocimiento en estos tiempos de tramas fallidas. Su director, el australiano Roger Donaldson, se destaca con este trabajo en una carrera llena de altibajos (ha hecho cosas horribles como Dante´s peak y Especies, y trabajos tan interesantes como 13 días) como un director correcto, que supo imprimirle a la cinta el ritmo justo, sin exagerar pero conservando siempre el pulso acelerado.
Era necesario ese ritmo para una trama como ésta, que arranca de forma muy sencilla pero que se va complicando —a veces innecesariamente, todo hay que decirlo— conforme se van sumando más y más personajes al barullo. La historia comienza con un uso totalmente gratuito de los saltos temporales (es notoria la influencia que Guy Ritchie ha ejercido sobre este tipo de cine en Inglaterra y en muchos lugares del mundo, después de Lock, stock and two smoking barrels y Snatch). Probablemente los productores quisieron sintonizar con las “modas” que les gustan a las audiencias juveniles, pero esas trampas no funcionan del todo, pues a partir de cierto momento The bank job renuncia al recurso, y se convierte en una sucesión de hechos que respeta la cronología de lo que se conoció en Inglaterra a través de los periódicos, pues la película está basada muy libremente en hechos reales.
Acaba de arrancar la década del 70. El mundo entero vive una revolución sexual y los ricos, por supuesto, tienen mayores libertades. En la primera secuencia vemos a un fotógrafo que toma imágenes de una mujer que está teniendo sexo con otra y con un hombre en un hotel del Caribe. Más adelante nos enteraremos de que la mujer es la princesa Margarita, la hermana menor de la reina Isabel, conocida en aquellos años por su “alegría” y vitalidad. Pero con la realeza británica no se juega, y cuando el servicio secreto se entera de que las fotos están en posesión de Michael X, un activista político negro, amigo de personajes como John Lennon, que las usa como arma para evitar ser encarcelado por los delitos que comete, idea un plan para conseguir las imágenes.
Y aquí es donde entra el protagonista de la película, Jason Statham (sí, el mismo que se dio a conocer en las películas de Ritchie, el que parece ser el reemplazo contemporáneo de Bruce Willis), personificando a Terry Leather, un pillo de poca monta al que una amante del pasado le ofrece el plan para salir de pobre: asaltar una sucursal del Lloyd’s Bank, cuya alarma va a dejar de funcionar durante un fin de semana, según le ha contado “alguien” de la empresa de seguridad. Las deudas y los constantes sobornos de policías más el amor que tiene por su familia y sus hijas, hacen que Terry acepte e incorpore al equipo del robo a antiguos compinches de fechorías y a algunos amigos del barrio. Las cosas se desarrollan con agilidad y el relato del grupo de ladrones nos mantiene atentos, aún cuando en medio comienzan a aparecer fragmentos de otras historias: altos personajes de la política británica aficionados a prácticas sexuales “curiosas” que son fotografiados a escondidas por una proxeneta precavida, un director de cine porno y dueño de prostíbulos que anota cada uno de los sobornos que paga a los policías locales para que lo dejen tranquilo, y una infiltrada del servicio secreto que se acerca a la organización de Michael X para comprobar que no haya más copias de las fotos de la princesa. Sólo cuando los ladrones tienen éxito al robar el banco y se llevan las cajillas de seguridad de la bóveda blindada, todas esas historias se unirán, pues las fotos de la princesa, las de la clase dirigente inglesa y el libro de contabilidad de los sobornos hacen parte del botín, así que los pobres ladrones se ven perseguidos por varias clases de policías, el servicio secreto y matones del hampa local.
Lo que comenzó como la historia de un robo se convierte en el relato de unos bandidos que al darse cuenta de lo que tienen entre las manos, logran evadir la trampa del servicio secreto (que los iba a usar como chivos expiatorios para quedarse con las fotos sin arriesgar nada) y comienzan a tejer distintas acciones para poder sobrevivir al fuego cruzado de todos los interesados en que la información que poseen no se haga pública. No todos lo conseguirán pero eso también es ley en estas cintas: alguien tiene que morir, preferiblemente si es el personaje gracioso que nos causaba simpatía.
Tal vez el principal problema de The bank job sea que a pesar de contar con una historia interesante y bien estructurada, de los buenos resultados de un elenco competente en sus papeles y de una fotografía atractiva que consigue imitar el color de muchas películas policíacas de los setenta, no hay un solo frente en el que se atrevan a arriesgar y siempre se quedan en el amague. Insinúan un fuerte contenido sexual pero al final los domina el pudor y los protagonistas no pasan de un casto beso frente a nuestros ojos; insinúan terribles torturas y violencia física pero les da miedo mostrar la sangre (en eso no se parece a las cintas de Guy Ritchie) y la única pelea dura menos de un minuto; hasta la corrupción que se había insinuado como un plato fuerte de la historia al final termina en nada, en que a algunos malos (no los más importantes) los castigan, a los ladrones los premian y todos tan contentos. Sólo ciertas frases al final, logran que la historia de enredos políticos y alta chismografía parezca creíble.
Probablemente si viviéramos en otros tiempos, cuando el cine de acción era capaz de ofrecer ideas interesantes mientras entretenía, esta película no se hubiera destacado tanto. Pero en la actualidad, con esta escasez de contenidos que valgan la pena y tantos domingos sin nada que ver, The bank job nos puede curar, con algo de inteligencia, del aburrimiento y de Eddie Murphy aterrizando en naves espaciales.
