Nombre: Ex Drummer
Categorías: Drama, Erótico, Fantasía, Basado en una novela
Director: Koen Mortier
País: Belgica
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro *

Ex Drummer (2007)

Estiércol en las paredes

Una de las tendencias contemporáneas tanto en la comida para niños como en sus juguetes, son los productos “cochinos”. Parece que a los seres humanos en formación le gusta todo lo que a un adulto le puede resultar asqueroso, y por eso les hacen comprar a sus papás las muñecas que realmente vomitan o menstrúan o defecan y comer los gusanos de goma dulce que se espichan y huelen a pantano o untarse el famoso gel para el pelo que se enorgullece de ser “moco de gorila”. No hay que temerle a la tendencia, simplemente entenderla: nos gusta probar un poco lo que nos causa repulsión porque al hacerlo nos creemos más valientes y audaces. Por desgracia, la misma tendencia se reproduce en todas partes y, por supuesto, también ha llegado al cine. Cada vez hay más películas que sienten la irreprimible necesidad de provocar asco a como dé lugar, con la creencia equivocada de que necesitan que el estómago de sus audiencias se constriña para ser recordados por la audiencia saturada de imágenes que visita youtube todos los días; lo que no está mal cuando hay algún tipo de justificación: si es una película de terror gore no hay más remedio, si estamos denunciando alguna atrocidad, mostrar las cosas terribles tal y cómo son es una buena manera de conmocionar con el mensaje, si Tarantino quiere parodiar las películas orientales de artes marciales o las cintas de acción serie B, aplaudamos los chorros de sangre, los personajes que le escupen a la cámara, los miembros amputados, los pies que aplastan ojos en el piso.

Pero cuando una película como la belga Ex Drummer de Koen Mortier quiere hacernos creer que detrás de sus vísceras y su violencia gratuita y su afán de asquearnos hay algo que se parece a la crítica social, debemos abrir los ojos y no permitir que nos tomen por idiotas. Algunas reseñas señalan que Ex Drummer es una comedia de humor muy negro, profunda y despiadada. Tal vez por ese mismo criterio algunos jurados de festivales europeos de cine le han otorgado premios a esta cinta, con ese afán de festejar lo “raro” y lo “estrafalario” que todavía conservan algunos de estos certámenes. Y está bien, para eso son los festivales: una de sus misiones fundamentales es darle relevancia a películas escondidas, que se encuentran en los márgenes de la industria. Pero los jurados también se equivocan, y esta película es la prueba. Porque no hay que ser muy inteligente para darse cuenta cuando comienzan a aparecer los créditos en la pantalla, que la mencionada “crítica” a la sociedad se quedó en un personaje central con aires de superioridad intelectual que al final termina siendo tan imbécil como sus coprotagonistas, en las confesiones finales de los personajes a cámara (cuando ya están muertos, en uno de los baratos giros surrealistas de la trama) y en un festival de rock que pretende descubrir que detrás del rock pesado se esconden algunos inadaptados que entienden la violencia como forma de vida. ¡Ese sí que debe ser un descubrimiento!

Dries, el personaje central, es un escritor famoso que al comienzo de la película parece ser entrevistado para un documental. No pudo pensar otra cosa el guionista (que también es el director, el mismo Koen Mortier) para mostrarnos que el protagonista era una especie de nihilista aburrido, que hacer que en esa entrevista el tipo diga “Me consumen las dudas de la vida y no me preocupa la muerte”. Ya. Esa es su explicación para que el escritor acepte la invitación que le hacen tres extraños que tocan a su puerta, buscándolo para ser el baterista de una banda que quieren conformar. ¿Por qué unos estúpidos a quienes jamás vemos leyendo en la película y que se llaman a ellos mismos “inválidos” van donde un escritor que no lo es a proponerle que sea su compañero? No nos lo cuentan. El razonamiento lógico no parece importarle a Mortier. Su historia es la excusa para que un hombre con dinero y educado, conozca a tres conflictos que caminan: el uno es una especie de skinhead sicópata que gusta de pegarles a las mujeres hasta matarlas (cuya discapacidad según el guión, es que sesea, lo que parece un mal chiste); el segundo es un flaco desgarbado, sordo de un oído, que maltrata a su esposa, pelea en los partidos de fútbol y es incapaz de cuidar a su hijita de brazos; y el tercero es un adolescente tardío, gay, con un brazo dormido desde el día que fue sorprendido masturbándose y que tiene amarrado a su papá en el segundo piso de su casa, con el conocimiento de su madre, una gorda calva que usa peluca y que se acuesta con el skinhead.

Parece que a mitad de filmación a Mortier se le hubiera ocurrido agregarle algo más a la película porque aparece, sacada de la nada, una escena de sexo real en que el escritor se acuesta con su novia y con una amiga de ésta, la hija de un ministro (¡oh, qué fuerte crítica a la sociedad, la hija del ministro de higiene es promiscua y tiene sexo sin protección!) que está haciendo una investigación sobre un tema que se cuela de ahí en adelante en los diálogos y que al final ni siquiera importa para nada. Y también aparece el líder del grupo de rock rival en el próximo concurso al que le dicen Big dick (adivinen por qué), que viola desaforadamente a un muchacho que lo reta en un bar. Hay además una mujer que yace muerta en una bañera llena de sangre, una balacera despiadada provocada por el escritor, algunas puñaladas por la espalda (literalmente) y por supuesto, el concurso de rock, donde el hijo del alcalde (a este Mortier realmente le parece que el asunto con los hijos de los poderosos es sustancioso) pasa en pocos minutos de ser un yuppie correcto a un truhán malhablado. El supuesto análisis a la sociedad es tan sutil como el paso de un elefante por una cristalería.

Lo increíble es que la película está muy bien filmada. La secuencia de apertura para mostrar los créditos y presentar a los protagonistas es realmente creativa (el tiempo va hacia atrás mientras los nombres de los participantes del film aparecen en los objetos de la ciudad), el sexo real se ve erótico (no como en Los idiotas de Lars Von Trier, donde se comprobó que incluso el porno tiene su estética) y algunas imágenes son fascinantes (todos caen a los pies del protagonista, probablemente para mostrar que él es realmente superior que la sociedad en la que vive). Habrá que esperar para saber si Koen Mortier en su segundo largometraje entiende que no valen de nada las imágenes chocantes si detrás no hay alguna idea que las soporte y que aún cuando usemos sangre o mierda para hacer un grafiti, lo importante es la frase que escribimos, porque si no, lo único que se puede percibir del gesto de rebeldía, es el olor al pasar al lado. Y ese es probablemente el peor problema de esta película: el hedor es insoportable.