Nombre: Harry Potter y la Orden del Fénix
Categorías: Drama, Aventura, Fantasía, Infantil, Misterio, Familiar
Director: David Yates
País: Reino Unido
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Nicolás Mendoza * * * *
Javier Moreno * * ½

Harry Potter y la Orden del Fénix (2007)

Harry el Sucio
Cuando tenía doce años, tuve una profesora de inglés que andaba por sus cuarentas, siempre tenía un sastrecito azul y una sonrisa en la cara. La odiaba. La aparición de su sonrisa imperecedera vaticinaba tareas inútiles y humillación. De mi recuerdo, saltó al cine transformada en Dolores Umbridge (Imelda Staunton), profesora de Harry Potter con atribuciones de dictador torturador y un estudio privado decorado con platos de porcelana y un agobiante color rosa pálido.

En el otro extremo emocional se encuentra Luna Lovegood, una de las alumnas de Hogwarts que se nos presenta en este episodio. No hay efectos especiales que puedan competir en magia con su presencia, su mirada insondable y sus palabras siempre llenas de calmada convicción. Y luego está la frágil Cho Chang. Cuando Hermione hace una metódica disección de sus sentimientos, explicando cómo en Cho se entretejen la tristeza, la pasión, la culpa y el miedo, se hace evidente que no estamos tratando con estereotipos sino con personajes complejos con una vida interior que se parece a la nuestra. La escena se redondea con un Harry abrumado y un Ron incrédulo al cual Hermione contesta “Tienes el rango emocional de una cuchara”, mientras en sus ojos brilla por un segundo el amor.

Es que la fuerza de La Orden del Fénix está en el desarrollo serio que tienen los personajes. Con el pasar de los minutos la película nos deja ver quiénes son realmente cada uno de ellos, nos empieza a importar lo que les pasa, y sin darnos cuenta nos hemos sumergido sin tanque de oxígeno en un mundo mágico que en un comienzo inspiraba escepticismo.

En la película más oscura y psicológica de la saga hasta el momento, se desarrolla un capítulo de transición que profundiza en la compleja relación que Harry Potter tiene con Lord Voldemort y se establecen las preguntas fundamentales para el desenlace en las dos películas que faltan. Si algún personaje gana en profundidad en este episodio es precisamente Harry, a quien vemos convertirse en líder de la resistencia estudiantil y simultáneamente titubear nervioso en los instantes previos a su primer beso. Sin embargo, estas transformaciones parecen poca cosa al lado de la lucha interna que vive al descubrir y comprender gradualmente su lado maligno. En un proceso digno de verse por su solidez cinematográfica, el maguito amanerado de las cuatro películas anteriores muta a golpes. Pasa al ataque. Ahora inspira respeto.

El sentido curioso de la moda merece una mención especial. En Harry Potter no hay inconveniente en poner a unos vestidos de Gap, a otros como inquisidores medievales, otros prefieren vestirse con atuendos abiertamente fantásticos (la túnica de Dumbledore parece venir del mismo sastre que la de Gandalf), otros (los Weasley) con una mezcla de diferentes épocas de la moda inglesa, hay metaleros y también mortífagos con máscaras iguales a las usadas por Kubrik en su orgía de Eyes Wide Shut. Esto de alguna manera va más allá del eclecticismo, forma parte sutil de lo que hace asombroso y creíble el universo Potteriano. 

La Orden del Fénix es generosa en detalles encantadores: Los hermanos Weasley convertidos en empresarios con sabor hippie, las criaturas invisibles a las que Luna Lovegood atribuye todo lo que pasa, los recuerdos del profesor Snape, la arquitectura loosiana del Ministerio de Magia, las clases de defensa personal de Harry, el hermano de Hagrid, el Departamento de Misterios (que pareciera venir de un cuento de Borges), el “Daily Prophet”, Emma Thompson como la profesora Trelawney, Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange, la pluma que hiere, Azkaban: la prisión triangular… la lista de buenos momentos sigue y sigue.

La actitud de la prensa nacional ante La Orden de Fénix me recuerda al “Daily Prophet” (el diario mago de la película), que se apresura a juzgar a Harry sin tener los argumentos claros. Julio Nieto Bernal dice que “La inversión para tener a los mejores actores británicos significa una apuesta desde el punto de vista económico, no tanto artístico.” El experto se las arregló para vendernos que tener buenos actores es malo. Mauricio Laurens la descalifica por la edad de sus protagonistas “Su planteamiento es irrelevante, se reduce a vivencias escolares para adolescentes, no para niños ni adultos” bueno, pero y entonces que es Hamlet sino un drama adolescente, o Catcher in the Rhye? O Romeo y Julieta? O Siddharta? Puede que Harry Potter no esté a la altura de Shakespeare, pero su temática adolescente no es argumento argumento válido en contra (ni a favor). Cuando la “industria” del cine produce una película como ésta de alguna manera paga sus deudas, nos devuelve la fe en el cine comercial que por lo general es tan malo. Esa fe que dice “Vamos al cine a divertirnos”, y que se ve mancillada cuando en vez de darnos verdadera diversión nos dan bobadas. 

Tal vez los críticos que menciono arriba ya perdieron definitivamente la fe, o tal vez nunca la tuvieron, pero eso no importa porque la película esta ahí para quienes todavía la tenemos. Con lo mejor de la actuación británica, una dirección impecable y una historia emocionante, La Orden de Fénix supera en ciertos aspectos al libro, es la mejor la de serie, y es una excelente película por sí sola.

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Reseña publicada originalmente en Revista Arcadia

http://www.revistaarcadia.com

 

nicolasmendo@gmail.com


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