Nombre: El caballero de la noche
Categorías: Drama, Acción, Suspenso, Policiaca, Aventura, Misterio, Cómics
Director: Christopher Nolan
País: Estados Unidos
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Jorge Mario Sánchez * * * *

El caballero de la noche (2008)

¿Ya fue suficiente?

Es ahora, menos de quince días después del estreno mundial de The Dark Knight, que nos damos cuenta del impresionante fenómeno cultural en que se ha transformado esta cinta. Ha sido bien recibida por la mayoría de críticos especializados que la han visto, se está convirtiendo en una de las películas más taquilleras de la historia, y, lo más sorprendente de todo, se ha instalado en el primer puesto del ranking de películas mejor calificadas de la página IMDB, la base de datos sobre cine más grande de Internet, con un promedio de 9.4 sobre 10 (la calificación la dan los usuarios registrados de la página), por encima de piezas fundamentales como El Padrino I y II, Pulp Fiction, Casablanca o La lista de Schindler.

Así, con el paso de los días se hace más difícil decir algo nuevo sobre The Dark Knight, ya que críticos, comentaristas aficionados, espectadores desprevenidos, freaks y fanáticos de los cómics la han desmenuzado hasta al cansancio: se ha exaltado, por encima de todo, la actuación de Heath Ledger como el Joker. El finado actor desaparece por completo en el personaje, se desvanece detrás de las cicatrices, el maquillaje y los gestos de esquizofrénico, la mirada salvaje e indiferente a un tiempo, su caminar encorvado y la voz cavernosa y burlona (aquí quiero presentar una queja: la mayoría de copias del filme que llegaron a Colombia son dobladas al español, lo que afecta uno de los rasgos más importantes del personaje y del trabajo de Ledger). Se ha hablado de los distintos niveles que se manejan en el filme, desde el más superficial y pop-corn (persecuciones, explosiones, una que otra frase prefabricada), hasta el más profundo y complejo, donde se nos presenta el eterno conflicto entre el bien y el mal, entre el orden y el caos. Se ha escrito sobre los lazos que unen a los tres personajes principales, Batman, el Joker y Harvey Dent, y que en los últimos minutos de proyección se condensan en este último, en esa tragedia shakesperiana que termina destrozando (literalmente) al valiente y carismático fiscal del Distrito. Se ha alabado el trabajo actoral de cada uno de los protagonistas del filme y no sólo de Ledger: Christian Bale es el Batman / Bruce Wayne perfecto; Aaron Eckhart se roba el show, por encima del Joker, en la última media hora del filme; Gary Oldman, como el Jefe de Policía Jim Gordon, vuelve a demostrar sus soberbios dotes actorales con un papel a su altura, tal como lo hacía a principios de los 90 (¿recuerdan a Drácula o al policía desquiciado de El perfecto asesino?); Maggie Gyllenhaal, en reemplazo de la boba Katie Holmes, eleva al personaje de Rachel Dawes; y están, por supuesto, Michael Caine y Morgan Freeman, y los muy secundarios personajes de Eric Roberts y Cillian Murphy, quien repite como el Espantapájaros.

Han sido apreciados, igualmente, los aspectos técnicos del filme: el pulso de su director Christopher Nolan, el brillante guión, los giros sorpresivos pero creíbles que mantienen la tensión durante las dos horas y media de metraje, la música de dos grandes, James Newton Howard y Hans Zimmer… Y, claro, también se han mencionado defectos e inconsistencias, y uno que otro crítico se ha tomado la molestia de recordarnos que la cosa no es para tanto, que estamos ante una película con ciertas virtudes y nada más.

Es también interesante que The Dark Knight haya sido comparada con clásicos recientes del género detectivesco-policías y ladrones, como Heat de Michael Mann o The Departed de Martin Scorsese, antes que con otras películas basadas en cómics. Esto se debe, entre otras cosas, al carácter realista que Christopher Nolan ha querido imprimirle a la saga desde Batman Begins, muy en contravía a lo hecho por Joel Schumacher en las entregas anteriores. De igual forma en The Dark Knight tenemos, como en Heat, diversas historias que giran alrededor de la trama principal, y de allí que todos, incluso el mismo Batman, sean personajes secundarios. Los intereses de los distintos personajes se cruzan y chocan entre sí, y todos de una u otra manera convergen en aquel que carece de objetivos concretos, el Joker, pero que, quizá por esto mismo, cambia dramáticamente las vidas de todos. Es como si el caos representado en el Joker fuese una fuerza que succiona a las demás, una especie de agujero negro que devora la luz y amenaza con destruir cualquier orden establecido, incluso el orden de quien en apariencia actúa al margen de las reglas (Batman). El Joker miente sobre sus orígenes como si no los tuviera, es asocial y antisocial, experimenta con la anarquía y la crueldad en sí mismo y en los demás, es masoquista y sádico, y es un terrorista con el cual nos identificamos mucho más de lo que desearíamos (en Facebook se ha creado un grupo de fanáticos del Joker, y ya va por los 300.000 miembros) y que de cierta forma nos entiende y nos escruta. ¿Es el Joker –dejando de lado el detalle morboso de la muerte reciente de Heath Ledger– lo que ha hecho que en últimas The Dark Knight se haya convertido en algo más que una película? Tal vez el tiempo y uno que otro sociólogo nos lo digan.

Y tras esta avalancha mediática, ¿qué más se puede escribir sobre el filme? Sin duda, recibimos con agrado que Hollywood esté teniendo en cuenta para sus blockbusters a directores talentosos como Christopher Nolan, Guillermo del Toro o Darren Aronofsky, y que les esté dando la importancia que merecen a las buenas historias y los buenos guiones. Y no estaría de más que los productores consideraran que The Dark Knight es un cierre más que digno y difícil de superar a la franquicia de Batman, que ya hemos tenido suficiente y que a pesar de las súplicas de millones de fanáticos lo mejor sería desechar la idea de una secuela más. ¿Pero quién va a escuchar este clamor?

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