| Nombre: | Margot y la boda |
| Director: | Noah Baumbach |
| Año: | 2007 |
Margot y la boda (2007)
Nicole Kidman en la playa
Eric Rohmer perfeccionó en Pauline en la playa (1983) esa mirada que le reveló como fino demiurgo de las relaciones humanas, dominando su estilo desapasionado que resultaba tan novedoso y ambiguo como poderosamente tendencioso a la hora de caer en la vacuidad narrativa. Encontramos aquí un cineasta que somete a su obra a una profunda asepsia hasta lograr una perfección inaudita, casi irreprochable, capaz de humillar en cuanto a calidez y sutilidad a obras como La genou de Clare o cualquiera de sus iniciados cuentos morales.
La camada del cine independiente norteamericano novísimo no lo es tanto y lo único que ha hecho es redescubrir el cine de los demás. Ser afrancesados, que en Nueva York el acento no molesta. Sigo pensando que Tarantino es el gran padre espiritual de estos cineastas. Noah Baumbach ya ensayó su amor por Rohmer en Una historia de Brooklyn, pero uno prefiere esta Margot y la boda por como Baumbach ha puesto directamente su mirada al servicio de la historia y ha resuelto, ha limado diríamos, esa tragicomedia dolorosa que ya volaba alto en su anterior película.
Puede que Interiores sea la película más cercana a Margot y la boda, al fin y al cabo la cinta de Allen era otro intento muy disciplinado, interesante y hasta bien escrito de hacer una de Bergman en norteamérica. En ocasiones, Margot y la boda coquetea con Rohmer (y con el mismo Bergman) con esa mirada rendida de admirador que tan poco aporta, pero esto, por fortuna, lo salva Baumbach con sus guiones de padres y madres ausentes y de escritores tan mediocres como obsesionados por salir de su trance creativo, de su bloqueo mismo. Es con temas, con la composición de la música y con ciertos momentos de comedia sin subrayado que Baumbach convierte esta película en una de las más duras y plenamente emotivas del año. Deberá el cineasta neoyorquino seguir renegociando su obra con sus maestros, pero Margot y la boda parece al fin empezar a desprenderse de ellos para hablar de un cine personal, auténtico.
