Nombre: I\'m not there
Categorías: Documental, Basado en hechos reales, Biográfica
Director: Todd Haynes
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * *
Jorge Mario Sánchez * * * ½

I\'m not there (2007)

Acepto el caos. Pero no estoy seguro de que él me acepte a mí.

En I’m Not There Todd Haynes (Far From Heaven, Velvet Goldmine) utiliza el relato coral, fragmentado en el tiempo y en el espacio (al estilo de Pulp Fiction), para hacer la biografía de uno de los músicos más importantes de Estados Unidos. Al principio, un biopic coral puede sonar paradójico. Antes de ver el filme ya sabemos, gracias a los carteles publicitarios y a lo que se ha dicho sobre él, que éste trata sobre la vida de Bob Dylan, pero el hecho de que el cantante sea “interpretado” por seis actores distintos (Christian Bale, Cate Blanchett, Heath Ledger, Richard Gere, Marcus Carl Franklin, Ben Whishaw), cada uno de los cuales se enfoca en una época específica de su vida, y de que no veamos a uno sino a seis personajes con nombres diferentes, puede marear al espectador desprevenido. Sin embargo, con los minutos de proyección I’m Not There resulta ser una experiencia gratificante, aun para quien no está familiarizado con la música de Dylan (como es mi caso), y el relato coral y fragmentado se justifica completamente.

Hacia el final del filme, uno de los Dylans, el viejo Billy the Kid interpretado por Richard Gere, nos dice: “La gente siempre está hablando de libertad: libertad para vivir de cierta forma sin que te echen a patadas. Por supuesto, entre más vives de cierta manera, menos libre te sientes. ¿Yo? Puedo cambiar en el curso de un día. Me despierto y soy una persona, y cuando me acuesto sé con seguridad que soy otro. No sé quién soy la mayor parte del tiempo”. En su permanente búsqueda de la libertad, ligada a ese constante desconocimiento sobre lo que en verdad mueve su vida, el Bob Dylan de I’m Not There se va creando a sí mismo una y otra vez, resucitando de las cenizas de su anterior encarnación. Por eso el centro de su existencia está siempre desplazándose, y es un reto para el espectador tratar de descubrir cuál es realmente ese centro (¿el amor?, ¿la fama?, ¿el sexo?, ¿las drogas?, ¿el reconocimiento?, ¿el dinero?, ¿la familia?, ¿la lucha contra la injusticia?, ¿Dios?...). El protagonista es incapaz de explicarse satisfactoriamente, tanto a sí mismo como a los otros, de dar una respuesta definitiva a la pregunta “¿Quién soy?” porque toda respuesta termina derramándosele entre los dedos como agua o como arena.

Pero ser un camaleón, y en este caso un camaleón que es permanentemente visto por los espectadores, por los fans, tiene sus peligros: “Nunca crees nada. Será malinterpretado. Te encadenará y te seguirá por el resto de tu vida, y esto nunca cambiará”, dice uno de los Dylans, aquel que se hace llamar Arthur Rimbaud (Ben Whishaw). La sociedad, el mundo en el que vives, te exigirá siempre que seas alguien, que seas todo el tiempo quien dices o aparentas ser. Tal vez por eso el Dylan central de la película, en mi opinión, es el cantante adicto a las drogas Jude Quinn, interpretado por una soberbia Cate Blanchett, a quien abuchean en los conciertos y tratan de Judas por no ser más ese cantautor de música folk y “de protesta” con quien se identificaban muchos jóvenes idealistas de la década del 60 que deseaban cambiar el mundo. Quinn es afrontado por un periodista que le reclama su actual despreocupación por los problemas del mundo, y en este enfrentamiento los espectadores intuimos la necesidad del artista que, consciente de su hipersensibilidad, se refugia tras un caparazón de aparente indolencia, donde no caben “emociones standard, como dolor, remordimiento, amor”. “Me rehúso a ser lastimado”, es la reacción de Quinn. Pero aunque aquí puede estar la respuesta a muchos de los interrogantes sobre la personalidad del Dylan de la película, y puede ser esta una de las causas de su eventual aislamiento del mundo, la explicación es insatisfactoria y la película sigue abriendo puertas y formulando preguntas con el correr de los minutos.

Como dije arriba, para ver y disfrutar I’m Not There no es necesario que seamos fans de Bob Dylan, y creo que esto se debe a que de una u otra forma nos identificamos con la constante evasión y con la multiplicidad del personaje, cualidades que sin duda son comunes en muchos de nosotros, seamos artistas o no. Además, la película cuenta, no sólo con actuaciones magistrales por parte de casi todos los actores principales (además de los ya mencionados podemos encontrar a actrices como Julianne Moore, Charlotte Gainsbourg o Michelle Williams, quienes interpretan a algunas de las mujeres de la vida de Dylan), sino con una dirección impecable que sabe hacer uso de todos los recursos a su disposición –contraste entre las imágenes en blanco y negro y en color, inclusión de ciertas escenas surrealistas como la ballena que devora al niño Dylan, además de frecuentes paralelismos y resonancias–, un ritmo sostenido, una edición delirante, un guión complejo que evade las reglas hollywoodenses de la narración cinematográfica, y una banda sonora omnipresente y justa donde predominan las canciones de Dylan (cuyas letras encajan todo el tiempo con lo que estamos viendo) interpretadas por él mismo o por otros artistas.

Y claro, como ya lo han reseñado otros críticos, la sola actuación de Cate Blanchett (¿por qué no ganó el Oscar?) es, para muchos, razón suficiente para ver el filme.

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