Nombre: El sueño de Casandra
Categorías: Drama
Director: Woody Allen, Kevin Macdonald
Reparto:
País: Estados Unidos
Año: 2007

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Samuel Castro * * ½
Javier Moreno * * * *

El sueño de Casandra (2007)

Un mal augurio

No hace daño recordar un poquito de mitología. Casandra, hija de los reyes de Troya, hizo un pacto con el dios Apolo: ella se acostaba con él y él le concedía el don de la profecía. Sin embargo Casandra, como muchas mujeres, prometió pero no cumplió; una vez consiguió convertirse en adivina, se negó a acostarse con Apolo. Así que éste, embravecido y adolorido, como todo hombre que queda iniciado, le escupió y la maldijo. Ella sería capaz de ver el futuro pero estaría condenada a que nadie le creyera. Por eso, aunque lo anticipó y previno a sus conciudadanos acerca de la invasión, nadie le hizo caso y Troya fue destruida a manos de los griegos. ¿A qué viene todo esto? Bueno, a que Woody Allen, que tiene muy claro qué es lo que cuenta en sus historias y que como buen escritor sabe la importancia de las palabras que se escogen para contarlas, nos previene desde el comienzo, desde el título mismo, sobre lo que veremos en su película: esto terminará mal. Parece decirnos: “Igual que Casandra, les estoy mostrando el oscuro porvenir”. Y terminará mal en este barco, el mismo que al comienzo de la cinta compran los dos hermanos protagonistas, el mismo barco que nombran “Cassandra’s dream” porque nada más se les ocurre, porque Woody desde el guión nos quiere advertir sobre el peligro.

Cuando se han dirigido más de cuarenta películas, treinta y una de ellas en los últimos treinta años, hay ciertas destrezas que se adquieren y que crean la diferencia frente a los demás. En Woody las destrezas se refieren a la habilidad de contar una historia de manera simple y clara. El comienzo de Cassandra’s dream, por ejemplo, es un prodigio de concisión: en menos de quince minutos Allen nos presenta a los dos personajes principales y sus conflictos, nos hace saber qué tan buenos hermanos son y cuán unidos están, nos muestra el barco nuevo y nos menciona al tío rico, que los ha sacado de tantos líos y con el que Ian y Terry creen que siempre pueden contar. Incluso entendemos que el principal ingreso económico de Terry (Colin Farrell) son las apuestas y que a pesar de las advertencias de sus familiares y de su hermano, el deseo de jugar lo ha llevado a tomar riesgos innecesarios. Además comprendemos que Ian (Ewan McGregor) es un joven pretencioso, que cree merecer más de lo que tiene, sobre todo si siendo rico puede conquistar a una mujer sofisticada, como la actriz de teatro que lo ha fascinado, Angela Stark (Hayley Atwell). Como si fuera poco, en esos primeros minutos la mamá de los hermanos también hace énfasis en una de las premisas básicas de la película: con lo único que contamos en los momentos difíciles es con la familia.

Pero como Woody no quiere dejar dudas, anticipándose a los acontecimientos pone en boca de sus personajes un diálogo que parece hablar de la obra de teatro que acaba de protagonizar Angela, pero que, si miramos con un poco más de atención, nos da todas las pistas acerca de la película, lo que él como director y guionista quiere que no olvidemos:

Angela: La razón de ser de mi personaje es crear tensión erótica
Ian: Eres muy convincente. El público se queda muy callado
Angela: Creo que es una obra muy moral, ¿no te parece?
Ian: Moral, ¿en qué sentido?
Angela: Trata sobre el mal, sobre el destino
Ian: No soy un experto en teatro
Angela: El guión sí me parece muy pesimista. Y todo eso de que la vida es una experiencia trágica.
Ian: Creo que decidimos nuestro propio destino
Angela: Si, eso creo yo también.

Y sí, como dice Angela, Cassandra’s dream es una película muy moral, una historia que trata sobre el mal y su justo castigo, un relato sobre cómo la tragedia puede llegar a la vida de una familia. Porque cuando el tío Howard (Tom Wilkinson, convincente como siempre) les dice a sus sobrinos que él sí les puede dar el dinero pero que a cambio deben matar a una persona que está haciendo peligrar sus negocios, se confirman todas nuestras sospechas: algo va a salir mal. De la decisión de los hermanos dependerá su destino. Sin embargo, lo que sale mal no es el crimen. Aunque la cámara no lo muestra (¿por pesar tal vez?, ¿porque no quiere que veamos la crueldad de estos dos hermanos?, ¿o sólo para evitarse algún efecto especial que se saliera del presupuesto?) nos enteramos de que el plan les ha salido perfecto, que nadie sospecha de ellos y el cadáver necesario para su éxito es un hecho.

Entonces ocurre lo malo, la desgracia que Woody nos ha puesto a esperar durante toda la película: la culpa. La culpa por la muerte que ha causado comienza a enloquecer a Terry de tal manera que no lo deja dormir, atormentándolo hasta considerar la posibilidad de entregarse a la policía y confesarlo todo. Justo en ese momento se nos viene a todos una idea luminosa, una corazonada: esto ya lo habíamos visto. Y es cierto. Esta culpa insomne que Colin Farrel actúa tan bien es la misma culpa que en el 2005 había sentido Chris Wilton, el personaje protagónico de Match Point, la primera de las tres películas que el director neoyorquino ha rodado en Londres. De alguna manera es como si Woody estuviera un poco arrepentido de ese crimen sin castigo, de aquel delincuente que se salió con la suya por un azar del destino, que se salvó gracias a un golpe de suerte. Y que para enmendarse, para no dejar en el aire la idea cruel de que la justicia no existe (o si existe es una dama ciega y coja con una balanza estropeada), que podría ser demasiado terrible para el mundo en el que vivimos, Allen ha decidido contar una historia donde la pena sea ejemplar y los culpables sean castigados.

Por desgracia cuando todo está consumado, el resultado no es satisfactorio. Es como si a Woody le pasara lo de Casandra: a pesar de que nos lo indicó de muchas maneras, de que nos lo advirtió, no podemos creerle. Algo hay en ese accidente, en el intento de Ian de matar a su propio hermano, que nos molesta. Tal vez sólo sea el hecho de que Woody Allen comete un error al no mostrarnos lo que pasa en el barco antes de que descubran los cuerpos, o que nunca McGregor y Farrell nos convencieron de su amor filial. Lo único que sabemos es que nos lo anunciaron de mil maneras y nosotros, embobados por una historia contada con toda la soltura del mundo, hicimos caso cuando ya era muy tarde: cuando descubrimos que lo peor que iba a pasar en Cassandra’s dream era ese final poco convincente. Ese final tan políticamente correcto.

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