Nombre: Último tango en París
Categorías: Drama, Romance
Director:
País: Italia
Año: 1972

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Luis Fernando Afanador Perez

Último tango en París (1972)

El último tango en París

"Puto Dios" dice Paul (Marlon Brando) debajo del puente sobre el cual pasa el Metro, en un París invernal y triste, más triste aún por la fotografía en tonos sepias de Vittorio Storaro. Paul, camina con su cara de angustia y desesperación que atrae la atención de Jeanne (María Shneider), una bella joven de abrigo y sombrero con flores que pasa a su lado. En unos pocos minutos, el azar los volverá a juntar: Jeanne pretende alquilar un apartamento y allí se encontrará de nuevo con aquel hombre cuarentón (ella apenas tiene 22 años).

Y en unos pocos minutos estarán revolcándose como perros en el piso de ese desolado apartamento. "No quiero saber nada de tu pasado", le dice Paul a Jeanne. Nada de nombres, nada de ternura: sólo sexo furioso y urgente, violento y animal bajo la música algo pegajosa y free del saxofonista Gato Barbieri. Sexo anal (con la ayuda bienhechora de la mantequilla), masturbaciones, palabras procaces, gruñidos. Rosa, la mujer de Paul, acaba de suicidarse y Jeanne, con su cara de niña angelical y perversa, espera a su novio Tom (Jean-Pierre Leaud), un ingenuo cineasta que proyecta hacer un película sobre ella (quiere filmar "todo sobre ella" pero ignora lo más importante). Paul quiere apaciguar su dolor y, tal vez, sus deseos de matarse. Y Jeanne, toda una burguesita, quiere emociones fuertes antes de su matrimonio. El resultado: una relación intensa y destructiva que terminará produciéndoles adicción.

Una relación sin compromiso, sin pasado, sin futuro, alimentada únicamente de presente, es imposible. O, al menos, está condenada a ser fugaz. El placer tiene un límite, hay un momento en que ya no se pueden alcanzar nuevos clímax y lo que queda es plagiarse: repetición y caída del deseo. O trasgresión ("puta familia" le dice Paul a Jeanne mientras la sodomiza). Y la trasgresión, el mal, como lo sabía muy bien el Marques de Sade, termina en sangre, muerte y fatal monotonía. Paul, el duro ahí porque su corazón ha quedado congelado con el suicidio de su mujer (el diálogo con su cadáver es el momento más alto de la actuación de Brando), lleva la iniciativa y tiene así enganchada a la burguesita. Inteligentemente entiende que esa aventura debe acabar: abandona el apartamento, el lugar clandestino de sus encuentros furtivos. Pero comete el error de proponerle que vuelvan a empezar otra historia "afuera". Y "afuera", sólo hay lugar para lo vulgar y lo corriente, donde él será un hombre mediocre que vive en un hotelucho y se enamora de una bonita muchacha con la cual quiere casarse. Y ella, una pragmática mujer que vislumbra un mejor futuro con su noviecito cineasta". Mejor bailar el último tango o matarse, que es lo que finalmente terminará ocurriendo.

Esta fue la película que nos escandalizó en los años 70s y que fue prohibida en España por el régimen de Franco (había que cruzar la frontera y verla en Francia). Hoy, desde luego, sólo conseguiría hacer bostezar a los nietos de Bertolucci y hasta podría ser patrocinada por una mantequilla famosa. Vista 30 años después, claro que ha envejecido y resulta difícil entender toda su aureola de escándalo. Sin embargo, sigue siendo emblemática de aquella época: auténticas búsquedas existenciales y políticas por un mundo mejor o distinto al que nos proponía ese pobre y predecible horizonte burgués. Dice magistralmente Paul: "Soy de una época en la que un tipo como yo entraría a un lugar así, se levantaría a una chica como tú y la llamaría Bimbo".

Al volverla a ver para este especial de www.ochoymedio.info confirmo varias cosas. No obstante su fama, El último tango en París no es la mejor película de Bertolucci (la mejor se llama, sin duda, El conformista). Y, también, que era infundado el temor de verla: a pesar de su sello de época todavía nos sigue conmoviendo ese parís invernal, el drama de Brando y la cara de niña mala de María Schneider.

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