Nombre: Rescatando al soldado Ryan
Categorías: Drama, Acción, Guerra
Director:
País: Estados Unidos
Año: 1998

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Tomás Obregon

Rescatando al soldado Ryan (1998)

El ejército de Steven Spielberg

Los directores de cine, según Steven Spielberg, dedican sus vidas a filmar esas películas que les habría gustado ver mientras crecían. Eso significa, claro, que lo que relatan las películas que vemos es, finalmente, una versión de lo que implica adaptarse a la vida y al mundo al que hemos tenido que enfrentarnos. En las películas de Spielberg, una serie de hombres y mujeres comunes y corrientes intentan hacer las paces con un mundo que no ha dejado de ser, para ellos, ese lugar inmenso y horroroso de la infancia. Y, para eso, para ingresar al mundo de una vez, para convertirse en lo que Carlo Collodi llamaba "ser un niño de verdad", los personajes de Steven Spielberg encuentran soluciones extraordinarias.

En 1998, en más de dos mil salas de cine de Estados Unidos, se estrenó Saving Private Ryan (Rescatando al soldado Ryan, en la traducción al español que hemos visto en Colombia), la última película de Steven Spielberg. La película es la historia de un escuadrón de la segunda guerra mundial, que llega a Europa durante el día D, que vive una de las más sangrientas batallas de la guerra y que, de un momento a otro, se ve enfrentado con el absurdo propósito de rescatar a un solo soldado norteamericano que ha desaparecido en los campos de la guerra. El rescate es más importante de lo que parece pues todos los hermanos del soldado han sido asesinados durante el desastre de la guerra, y el gobierno norteamericano, obsesionado con evitar una tragedia que lo perjudique políticamente (la muerte del último hijo de una típica familia norteamericana), y citando las ideas de Abraham Lincoln, le ha dado a la misión una importancia vital para el Estado. Para rescatar al soldado Ryan, ha enviado un escuadrón compuesto por sus ocho mejores hombres, aunque éstos, claro, no logren entender bien la razón por la que todo un grupo de hombres deba arriesgar su vida para que otro, uno sólo, que ellos ni siquiera conocen, sobreviva.

Con Rescatando al soldado Ryan, Steven Spielberg termina esa larga temporada de trabajo como director que, en 1996, comenzó con la filmación de El mundo perdido, la segunda parte de Jurassic Park. El año pasado, además de estrenar con éxito la segunda historia sobre la resurrección de los dinosaurios, el más importante director de cine de nuestro tiempo presentó a la consideración de los espectadores un drama titulado Amistad, que es, quizás, otra de sus obras maestras sobre la incomunicación, la memoria y la forma en que unos seres ajenos al mundo deben enfrentarse a los hechos que se les presentan. Amistad no fue un éxito de taquilla. En Colombia, como en varios lugares del mundo, los supuestos críticos de cine, tan destructivos como siempre, la llamaron "una aburridísima clase de historia", "una peliculita bien intencionada", y mucho más, y, como siempre, desconocieron el lugar que tenía dentro de la obra de Spielberg ese relato impecable sobre la defensa de la libertad de un grupo de negros secuestrados para la esclavitud. La obra de Spielberg, como la de cualquier autor, es una unidad, un punto de vista sobre lo que significa vivir en la tierra, y cada película hace parte y debe ser vista como parte del proceso.

Con Rescatando al soldado Ryan, al parecer, el público y los críticos se han vuelto a poner de acuerdo alrededor de la obra de Spielberg. Según los datos oficiales, la nueva película del director de Cincinnati, fue, en su momento, la película más taquillera en todas las ciudades de Estados Unidos. En sólo su primer fin de semana de exhibición, Rescatando al soldado Ryan logró reunir más de 30 millones de dólares, y superó en número de espectadores a la nueva versión de El Zorro que, bajo la dirección de Martin Campbell, la producción del mismo Spielberg, y las actuaciones de Antonio Banderas y Anthony Hopkins, se estrenó hace casi tres semanas en Colombia.

Con Rescatando al soldado Ryan, Steven Spielberg ha regresado, también, a su obsesión principal: la forma en la que, como un accidente fatal, la segunda guerra mundial terminó con la inocencia del mundo, como si el mundo fuera un niño y la guerra hubiera sido el asomarse a la inestabilidad, la hipocresía y el sinsentido de la edad adulta. "Era el final de un periodo -dijo al ABC de España hace unos años-, el final de la inocencia, al que me he agarrado con todas mis fuerzas durante buena parte de mis (ahora más de) cuarenta años".

Spielberg ha vuelto a los terrenos de El imperio del sol y La lista de Schindler para rescatar a Matt Damon con un escuadrón capitaneado por Tom Hanks, el excelente actor y director del cine norteamericano. Spielberg ha vuelto a instalar su cámara en el infierno abierto de la guerra, y, como siempre, su cámara es una voz que narra, una voz que encanta y que devuelve la esperanza.

Durante el tiempo que lleva en las carteleras, la película ha recibido los mejores comentarios: mientras los críticos del mundo saludaban Rescatando al soldado Ryan con los términos más elogiosos que cualquiera pudiera imaginar, el Festival de cine de Venecia lo elegía para inaugurar la muestra oficial de septiembre de este año, y los veteranos de la segunda guerra le agradecían por haberse atrevido a narrar una historia que nadie más habría podido narrar como él lo hizo.

Y es que Spielberg es, quizás, el mejor narrador del cine de nuestros tiempos. Sus películas equivalen a esas novelas que el lector no puede abandonar porque, de alguna manera u otra, siente que la magnitud del chisme no lo deja en paz y que por alguna extraña razón logra identificarse con la forma en que los personajes narrados se enfrentan a los hechos. Esta vez Spielberg ha vuelto ha recurrir al suelo de la música de John Williams, a la fotografía gris y verde de Janusz Kaminski (el operador de sus últimas tres películas), y al brillante montaje de Michael Kahn, para lograr una obra que, como La lista de Schindler, viene y va del más doloroso realismo al lirismo más conmovedor, de las secuencias casi documentales a las de una ficción cercana a la poesía. Bastará recordar la escena en que el Capitán (Tom Hanks) revela a sus soldados el oficio que ejercía antes de la guerra. En la escena, el Capitán se confiesa profesor de Literatura mientras el cielo parece a punto de caerse, y es entonces cuando nos damos cuenta de que la vida de esos soldados en la guerra, que son una metáfora de lo que somos en el mundo, se reduce a aprender una, dos o tres lecciones en medio del absurdo y el desastre. Rescatando al soldado Ryan es una película sobre el aprendizaje doloroso de este mundo, sobre el descubrimiento horroroso de que obramos por obra y gracia de las decisiones de unos a los que ni siquiera conocemos, sobre vivir en la tierra, que es una bomba de tiempo en la que, como dos ejércitos, nos cruzamos para terminar los unos con los otros sin saber muy bien por qué o cómo hay que hacerlo. Lo dijo Spielberg: "ya lo sabemos todos: la guerra es el infierno". Y es verdad: ya lo sabemos. En su película alemanes y aliados se ven a los ojos antes de destrozarse como animales con dientes y garras racionales, la sangre llega, literalmente, hasta el lente de la cámara, los que se mueren en su propia sangre recuerdan la casa de sus madres, y en medio de todo los sobrevivientes viven en nombre del regreso a sus mundos, a sus esposas, sus familias, sus amigos. La guerra es un largo descenso a los infiernos, y no ocurre en las páginas o en las películas, sino en las playas y las selvas y las calles de la tierra. Al final, en medio de ese inmenso campo de concentración que es el mundo, el soldado llevará a su esposa, a sus hijos y a sus nietos, en la nueva obra maestra de Spielberg, como testigos de su hacer las paces con su vida ante las tumbas (católicas, cristianas, judías) de la playa de Normandía. Y entonces la bandera de los Estados Unidos, sucia y borrosa, la misma que le daba paso al comienzo de la historia, se irá desvaneciendo poco a poco, porque morimos en beneficio de abstracciones como los países, los estados, las religiones y los números, porque morimos por culpa de ficciones a las que nos aferramos y nunca alcanzamos a entender.

En la encuesta que se hizo en Estados Unidos sobre las películas más importantes en la historia del cine de ese país, la encuesta que El Espectador publicó hace unos meses, Steven Spielberg resultó elegido como el director más importante y seis de sus películas terminaron entre las cien mejores de la historia. Porque así no les guste a esos críticos que descalifican las mejores películas por ser norteamericanas, y que no dejan de elogiar las peores que ven por ser europeas, porque así no les guste a los críticos profesionales, Steven Spielberg es, para el público y para los directores de cine que respondieron esa encuesta, el director más importante de nuestro tiempo. Y todo porque las películas que filma, aquellas que le habría gustado ver mientras crecía, son las mismas que nos han ayudado a recordar que hemos perdido la inocencia al mismo tiempo que todas esas civilizaciones en guerra. Y todo porque no podemos abandonar sus películas, porque en sus relatos personas como nosotros tienen que enfrentar situaciones extraordinarias, porque sus relatos son nuestra memoria, y la memoria, y sus secretos, son el órgano invisible que nos permite la vida en este mundo en que crecemos.

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