| Nombre: | La conversación |
| Categorías: | Drama, Misterio, Thriller |
| Director: | |
| País: | Estados Unidos |
| Año: | 1974 |
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La conversación (1974)
Francis Ford Coppola había logrado en los comienzos de la década de los setenta establecerse como uno de los más importantes directores de su generación gracias a El padrino, la cual co-escribió junto con Mario Puzo basándose en la novela de éste último. Antes de esta había dirigido un par de películas de serie B junto con Roger Corman y una basada en un guión propio llamada The Rain People, todas ellas obras menores que no le habían dado mayor fama. Cansado, sin embargo, de la publicidad y el estrés a los que se veía sometido por culpa de El padrino y la popularidad de la que gozó, Coppola decidió filmar, antes de comenzar la secuela de ésta, un pequeño guión en el que venía trabajando desde mediados de los sesenta llamado La conversación.
La historia es la siguiente: Harry Caul es un experto en equipos de espionaje sonoro, y es contratado para que grabe la conversación de una pareja en un concurrido parque de San Francisco que tendrá lugar a las doce del día. Con la ayuda de otros dos compañeros y con toda clase de equipos sofisticados, Harry logra seguir a la pareha durante casi quince minutos y unir todos los pedazos de la conversación que estos sostienen. Cuando finalmente ya tiene el trabajo listo y editado, descubre que un gran misterio rodea el material que acaba de grabar; y, obsesionado, decide investigar y repensar una y otra vez el significado de las frases sueltas y casi incoherentes que ha captado.
Inspirada en Blow up de Michelangelo Antonioni y en la novela de Hermann Hesse El lobo estepario, La conversación era un sueño hecho realidad para Coppola. Desde que había comenzado a filmar películas su intención había sido la de funcionar como un novelista, escribiendo guiones originales y tratando de imitar el nivel cinematográfico que Europa había alcanzado a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta. La idea había surgido un día en medio de una conversación con su amigo Irvin Keschner sobre nueva tecnología, en la que éste le contó que habían inventado unos micrófonos que podían ser "enfocados" en la dirección que uno deseara oír. Mezclando, pues, estas ideas e influencias, Coppola comenzó a trabajar en el guión que, después de terminado, abandonaría hasta el '74, año en el que, con la ayuda de la fama alcanzada con El padrino, se había ganado la confianza suficiente de sus productores para iniciar un proyecto más personal. La idea era hacer, partiendo del argumento básico de Blow up y del personaje principal de El lobo estepario, una película sobre un crimen que es descubierto gracias a todos estos artefactos de sonido y en la que el personaje principal se ve, sin quererlo, finalmente envuelto.
Harry Caul está obsesionado con su trabajo. Es, según dicen, el mejor en éste, y un experto en todo lo relacionado con tecnología de este tipo. Durante las conversaciones que espía trata siempre de obtener en un nivel técnico los mejores resultados posibles sin entrometerse en la vida de sus "víctimas". Su casa permanece cerrada con más de tres cerraduras, su teléfono no lo tiene nadie, y sus relaciones con otras personas se reducen a sus compañeros de trabajo, sus clientes y a una amante que visita esporádicamente. En medio de su insólita y protectora soledad, Harry ha logrado crear un pequeño e inquebrantable mundo que aparentemente nadie puede penetrar. Acompañado, pues, tan solo de un saxofón (su único objeto privado junto con la llave de su apartamento) y de su conocimiento técnico sobre cómo hacer su trabajo, él ha decidido enfrentarse al mundo de la forma más pasiva y temerosa posible, prefiriendo ser un observador de éste a ser parte del espectáculo en el que, día a día, se ve obligado a entrometerse.
Coppola nos invita, al igual que Hitchcock en La ventana indiscreta, a entrar en la vida de un voyeurista. Convierte a Harry, un obsesivo y meticuloso espía del mundo, en un ser enfermo y solitario al que seguimos hasta su apartamento y al que vemos interactuar en su privacidad a través de cámaras que están ubicadas y que Coppola ubicó y movió de la misma forma en que lo harían cámaras de vigilancia y seguridad. A veces, incluso, éstas dejan de seguir a los personajes principales dejando a nuestra imaginación la acción que ocurre fuera del plano. La última secuencia de la película es, de hecho, una cámara ubicada en lo alto del apartamento de Harry que se mueve de un lado a otro una y otra vez, como una cámara de seguridad.
La influencia de Hitchcock no se limita únicamente a este aspecto. Harry también, al igual que James Stewart en La ventana indiscreta, está interpretando los hechos objetivos de la conversación (y que nada dicen por ellos mismos) con la ayuda de su propia vida. Su profesionalismo respecto a la cinta que debe grabar se ve afectado en primera instancia cuando su amante canta una canción que la protagonista de la conversación también canta. Luego, acometido por la culpa de un extraño crimen que un antiguo trabajo suyo había propiciado, comienza a creer que la grabación que entregará será la causa de la muerte de la pareja que acaba de espiar. En este punto Harry deja inconscientemente su profesionalismo a un lado, ya que sin quererlo ha mezclado su vida con la historia de los dos personajes que acababa de espiar. Es, pues, a través de su interpretación de la conversación que Harry revela para nosotros sus traumas y fobias, dándonos así las claves para descifrarlo de la misma forma en que él intenta descifrar la grabación.
La última escena de la película nos muestra a Harry desbaratando, en medio de lo que aparentemente es una alucinación causada por su paranoia, su apartamento en busca de un micrófono con el que posiblemente lo están espiando. De él no queda, al final, sino su saxofón y una lámpara casi desbaratada, ya que al perder su profesionalismo y pretender "salvar" a los personajes espiados ha tenido que, de alguna manera, descubrirse. En un sueño que ocurre hacia la mitad de la película (y que en principio estaba planeado para estar al final), él le rebela a la mujer de la conversación su infancia para que de esta forma ella confíe en él y se cuide del hombre que lo ha contratado para que la espíe. Es el único momento en toda la película en que llegamos a saber algo acerca del pasado de este extraño personaje y en el que podemos ver con claridad sus temores y traumas, dejándolo ante nosotros por primera vez vulnerable y débil.
En varias ocasiones Coppola ha señalado que La conversación es probablemente su obra más personal. Después de ésta dirigió El padrino II con la que alcanzaría el punto más alto, en cuanto a fama se refiere, de su carrera. Según sus propias palabras, nunca pudo hacer nada tan cuidado y personal como La conversación, y dice que lo que más añora es volver a trabajar en algo similar. Dice que el trabajo fue difícil, claro, y que su producción fue una de las más dolorosas y arduas de su carrera. El esfuerzo, sin embargo, es recompensado por su resultado (el cual logra superar todos los objetivos impuestos) y que, contando con una historia sencilla y con un pequeño y solitario (aunque complejo) personaje, logra convertirse en una obra universal y única en su género.
