Nombre: Bowling for Columbine
Categorías: Documental
Director: Michael Moore
Año: 2002

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Luis Fernando Afanador Perez

Bowling for Columbine (2002)

La primera escena es de no creer. Michael Moore llega a un banco a abrir una cuenta corriente y a reclamar el premio que la entidad ha prometido por abrir nuevas cuentas: un fusil. Una vez con el fusil en la mano, Moore no puede evitar preguntarle a la empleada (mientras le apunta en broma) si no sería peligroso que los clientes tuvieran armas en los bancos. Así, con un tono socarrón, con el simple recurso del sentido común, que se mantendrá todo el tiempo, empieza este documental que es una demoledora crítica de la sociedad norteamericana.

Algunos críticos han cuestionado la autenticidad de las técnicas documentales de Moore. Pero todo es verdad. El banco existe: es el North Country Bank con muchas sucursales en norte de Michigan que ofrece el arma que uno escoja por abrir una cuenta de US 1.000. Son ciertas las cifras. Las entrevistas son reales: Marilyn Manson y Charlton Heston. Los hechos no son inventados: en el colegio de Columbine dos estudiantes de secundaria asesinaron a 9 estudiantes e hirieron a otros más, como si nada, luego de haber estado jugando bolos tranquilamente durante un par de horas.

En realidad esta clase de masacres ya se han convertido en algo demasiado corriente en los Estados Unidos. Cada cierto tiempo un hombre, un adolescente o un niño, sin ninguna razón (o por cualquier razón), con la facilidad de adquirir armas que hay en ese país, empieza a matar indiscriminadamente. Las masacres: eso es lo que destacan los medios. Pero más allá de estos hechos resonantes se puede observar una cifra no menos escandalosa: se cometen cerca de 11.000 asesinatos allí. ¿Cuál es la razón? Ofrecer respuestas lúcidas a esta elemental pregunta es el gran mérito de Bowling for Columbine.

Michael Moore parte de la tragedia ocurrida en el colegio de Columbine pero quiere entender cuál es la causa que realmente origina esa absurda situación. ¿La gente ve muchas películas violentas? ¿Es muy fácil adquirir armas? ¿Las canciones de Marilyn Manson incitan a matar? Haciendo de periodista, de sociólogo empírico, el gordo desaliñado y con cara de bonachón inofensivo que es Moore, irá demoliendo falsas premisas y al final descubrirá la verdad. El problema no son las armas ni las películas violentas. En Cánada la gente tiene más armas (son un pueblo aficionado a la caza), ven igual número de películas violentas y sin embargo no se matan entre sí. La solución es más fácil: la sociedad norteamericana se ha edificado sobre la premisa de enemigos imaginarios: los negros, los comunistas, los pobres, los otros. Y la industria militar y los medios han alimentado esa paranoia. Es claro que en una sociedad así la libre circulación de armas resulta un peligro.

El bonachón inofensivo con su gorra de beisbolista, el gringo típico, entrevista a Charlton Heston, presidente de la Asociación Nacional del Rifle; a James Nichols, hermano de Terry Nichols uno de los autores de la masacre de Oklahoma, y los pone en evidencia. Sus discursos son vacíos, tautológicos, no resisten el menor análisis. Los enemigos son invisibles. Detrás del niño negro que mató a una niña blanca no hay ningún monstruo. Hay sólo lo que los medios no vieron por su desidia de caminar unas cuadras más, por la ceguera de ir un poco más allá de lo obvio y de la espectacularidad: el drama de la pobreza y la marginalidad.

No hay ningún truco ni puesta en escena. Sólo puro sentido común que, desde luego, en una sociedad enferma termina siendo perturbador. No es culpa suya que resulte hilarante y subversiva su idea de ir con dos sobrevivientes de Columbine, con las balas incrustadas en el cuerpos, a tratar de devolverlas Kmart, el supermercado donde fueron fácilmente compradas, como si de juegos de Lego se tratara.

Un hecho admirable de la sociedad norteamericana es su gran capacidad de autocrítica. Lo confirma este valiente documental, más valiente aún en estos tiempos en los que con la disculpa del patriotismo y la lucha contra el terrorismo, se ha limitado enormemente el derecho a disentir y las libertades individuales. Pero también sabemos que la otra peligrosa faceta de esa sociedad es su capacidad para disolver la crítica volviéndola banal y lucrativa. Esperemos que el nítido espejo que les ha ofrecido Moore les sirva para mirarse en él y cambiar. Que no sólo termine premiado, trivializado o en la basura, como otro producto más de la sociedad de consumo.