Nombre: Cruzada
Categorías: Drama, Aventura, Política, Religiosa, Histórica, De época
Director: Ridley Scott
País: Estados Unidos
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Maria del Rosario Acosta Lopez * * ½

Cruzada (2005)

Cruzada

La última película del director inglés Sir Ridley Scott es una experiencia emocionante. Al igual que logró hacerlo con Blade Runner, 1492 y Gladiador, por nombrar algunas, Scott nos muestra una vez más su habilidad para poner en escena una historia de época, al estilo de las mejores superproducciones de Hollywood. Cruzada  logra transportar a su público al mundo lejano de los Templarios, las Cruzadas, los caballeros medievales y el difícil encuentro del occidente cristiano con el oriente musulmán en los comienzos del segundo milenio de nuestra era. Aunque la historia ha sido alterada con fines dramáticos, la puesta en escena y la comprensión de la época histórica que rodea a los personajes está mucho mejor elaborada que en otros intentos recientes similares, como Alexander de Oliver Stone. Pero lo que sobra en las películas de Stone (la obsesión excesiva del director por entender el mundo psicológico de sus personajes, por explicar cada una de sus acciones a partir de sus traumas de infancia) brilla por su ausencia en Cruzada: nunca entendemos muy bien por qué Balián (Orlando Bloom), un herrero, educado como siervo, acepta emprender el viaje hasta Jerusalén detrás de un padre que nunca conoció (Liam Neeson). Se trata, parece explicar la película, de un viaje de redención, de un peregrinaje para superar la muerte de su hijo y borrar el pecado de su esposa suicida; pero ni la esposa ni el hijo vuelven a aparecer en los recuerdos del personaje, la historia cobra un rumbo distinto y más bien vemos cómo el herrero del pueblo se transforma, de un momento para otro, en un caballero, que no sólo puede ganarles a cuatro o cinco hombres a la vez en el campo de batalla, sino que es capaz de convertir una tierra árida –heredada de su padre-  en un campo fértil, de enfrentarse con sus veinte caballeros –sin perecer en el intento– al ejército innumerable del rey de los musulmanes, y de planear batallas como el mejor de los estrategas. Hasta el mejor de los héroes necesita de entrenamiento, pero a Balián le bastan dos consejos de su padre para convertirse en el mejor de los caballeros. No es muy claro si el problema de la historia, esta transformación más que inverosímil del personaje, es un problema del guión (es, al fin y al cabo, el primer guión que escribe William Monahan) o de la edición. Es difícil aceptar cualquiera de las dos cosas: Scott es un gran director, no habría aceptado llevar a la pantalla un guión con tantos vacíos en la narración, pero tampoco editaría su película hasta el punto de quitarle todo sentido a la historia.

Sin embargo, y a pesar de estas fallas –que sólo se hacen realmente visibles a la salida del teatro, cuando después de dos horas y media de grandes batallas, escenarios y fotografía espectaculares, y grandes actuaciones, tiene uno tiempo de pensar qué es exactamente lo que no funcionó del todo– la película no es del todo mala y uno sale con la convicción de que Ridley Scott es un gran director. No sobra tampoco pensar en la pertinencia de un discurso que decide no tomar partido por ninguna de las partes, sino señalar los peligros de todo fanatismo y las virtudes de quienes entienden, tanto de un lado como del otro, que lo que importa no es ganar batallas ni cobrar venganzas, sino reclamar la tolerancia de las partes y opacar a quienes confunden un pasado mítico con la realidad histórica como justificación de sus acciones.

Mejor escena: la última batalla antes de la rendición de Jerusalén frente a Saladin es la muestra más clara de la habilidad de Scott para dirigir, mejor que cualquier otro (pienso ahora en Troya de Wofgang Petersen y Alexander de Oliver Stone), este tipo de superproducciones históricas. Lo peor: la historia de amor entre Balián y Sybilla: no sólo confusa sino innecesaria. Vale la pena: la música, la fotografía, la escenografía y el vestuario: todo lo que logra transportarnos a la época y disfrutar de la película a pesar de las falencias de la historia. Véala si: disfruta de las producciones al estilo del Señor de los Anillos: dos horas y media de escenas brillantemente dirigidas, bien montadas, pero con historias débiles que quedan sin resolverse y personajes inverosímiles.

 

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.