Nombre: Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal
Categorías: Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Animación, Aventura, Fantasía, Infantil, Basado en hechos reales, Guerra, Comedia dramática
Director: Steven Spielberg
Año: 2008

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Pablo Muñoz *

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)

El ciclón del hype

El último número de la sensacional revista n+1 fundamenta sus dos temas en una situación que ha terminado por ligarse: el ciclo del hype y la pasión por el revival. Tal y como dicen los editores de la revista "el espíritu del revival cree que hemos llegado al fin de algo y que es hora de mirar atrás en busca de prácticas excéntricas". Por eso sorprende que todavía sostengamos en la valoración de la película palabras como decepcionante.

George Lucas es un empresario entre visionario y definidor. Ya definió el Hollywood de los setenta y lo adelantó en los noventa, primero con un reestreno traidor para dar paso a una nueva trilogía, ergo un nuevo regreso a las sagas de entonces.  Las primeras películas de Lucas y su amigo Steven Spielberg convertían en gozo público una historia personal de la nostalgia. El siguiente paso es la inevitable maldición, el reverso oscuro: ahora se trata de convertir en nostalgia pública el presunto gozo personal. Uno ve esta cuarta película de Indiana Jones como una magnífica parodia con grandes momentos, como ese inicio a ritmo de Hound Dog o el de la nevera, en el que se relee una escena descartada de Regreso al Futuro. También hay una magnífica persecución en la que Spielberg demuestra todavía tener algo que rodar.

Poco más: todos fueron a ver la película, a escuchar la música y a encajar la decepción. Como en Superman Returns.  Pero lo que aquella fue una rara pieza de imágenes bellas confeccionadas por un niño de ideas trascendentales, en esta es un trauma mayor: se trata de un regreso de todo el crew.

 Puede que la secuencia de la boda suponga el doloroso entierro de un héroe al que era preferible abandonar cabalgando al crepúsculo. Un Spielberg cansado, que era capaz de hilar fábulas melancólicas como Atrápame si puedes parece incapaz de superar una magnífica secuencia de humor animal que da a la lógica del plano contraplano una interesante conexión con la superior e infravalorada Speed Racer, una gema destinada a pasar desaparecibida en una era definitivamente machachada por el hype y la nostalgia, en la que el propio cine nostálgico se encarga, involuntariamente, de ejercer de decepción de la madurez.

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