Nombre: Saló o los 120 días de Sodoma
Categorías: Drama, Terror, Guerra
Director: Pier Paolo Pasolini
Año: 1976

Otras reseñas para esta película

Alexander Amezquita Pizo * * * *
Pedro Felipe * * * *

Saló o los 120 días de Sodoma (1976)

Salò o los 120 días de Sodoma

1976
Pier Paolo Pasolini
 
Arriesgada, fuerte, grande, desalentadora, terrible, atroz, repulsiva… en fin, cientos de adjetivos acompañan este film que recrea la historia escrita por el Marqués de Sade, en la República Social Fascista de Saló (norte de Italia) en plena primavera de 1944, cuando el orden Nazifascista imponía su imperio en todo Europa.
 
Un comienzo inquietante con música de fondo que te hace pensar en un cuento de hadas.

Llevaba muchos años escuchando este título entre amigos, pero no me había aventurado a verla hasta que hace poco la compré, por esos arrebatos de por qué si me gusta la poesía de Pasolini y me apasioné con su peli “El evangelio según San Mateo” voy a dejar de ver esta tan aclamada y vituperada película.

Pues sí, después de tan angelical música y con la primer escena (donde sienta a los 4 poderes de nuestra sociedad: un Presidente, un Duque, un Obispo y un Magistrado) pude olerme lo que venía.
 
Conmocionado, pervertido, movido de la silla fue como quedé. Y no es para menos, acababa de ver un film que me dejaba atemorizado, mirando para todas partes, con mi paranoia a mil y la vergüenza de saber que somos parte de este mundo, recreado por Pasolini ¿con qué intensión? No sé, pero hay algo que no puede pasarse por alto y es la metáfora entre el poder y sus subordinados: la gran mayoría de quienes compramos en las grandes superficies; perfilamos nuestros cuerpos para parecernos menos a aquello que la mercantilización no permite; que nos acercamos, cada vez, a esa conformidad de vivir bueno con tal de que no haya NADA ni NADIE que nos recuerde que muy pocos tienen primaveras.

Deberíamos pensar en los dilemas de la humanidad y no dejarnos distraer tanto por la televisión, los libros de auto ayuda, los films de buenos y malos, la visita al odontólogo y todo aquello que también nos toca vivir, pero que comparte con otra realidad que si acaso miramos de soslayo.


Sí. Así es este film, pura cachetada cargada de ironía y, quizás, algo de perversión. Una historia que se ajusta a nuestros días (posiblemente encaje perfecto) cuando sin enterarnos convivimos con la anulación del otro, aquel o aquella que no es igual a lo que represento como normalidad. Recordemos que en esto se basan todos los conflictos desde los nimios hasta los catastróficos.

No importa de qué bando eres, no importa si vas por la Izquierda resbalando por Derecha, o a la inversa, lo único que finalmente importa es cuánto me puedo beneficiar de este mundo, de tu cuerpo, de tu trabajo, del dinero que puedes producirme. Todo, ¿para qué? Para acabar nuestra vida y nuestro habita por un narcisismo alienante.

Hay quienes pueden desechar esta película por las escenas que ven en ella y por la marcada posición política anti fascista, sin embargo quedarse allí es básico, elemental. Es como decirle a un niño de tres años que repita: ma-má. Eso no es novedoso, eso no es transformador.

Por eso lo invito a que vea esta obra de Pasolini, y usted mismo valore.

Debo destacar el poder de su música, la magnificencia del montaje, el guión y la escenografía.

Desde luego: las narradoras de cuentos eróticos, la imaginación desbordante de estos cuatro individuos y la mirada inquietante de los y las adolescentes que descansando sobre la alfombra de este estrepitoso castillo no saben qué pasará con su vida en los próximos segundos. Qué bien.

 

Lástima que Pasolini cayera asesinado justo después de terminarla, cuando su rodaje tuvo que ser custodiado pues la intransigencia de una Italia que comenzaba a corroerse por la corrupción, y que veía inadmisible un retrato contemporáneo que quedó para la historia.

 

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