Nombre: My blueberry nights
Categorías: Drama, Romance
Director: Wong Kar Wai
País: Hong Kong
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Otto Gómez * * * ½
Miren Vitore Magyaroff De la Lombana * *

My blueberry nights (2007)

El lento sabor de la noche

Cómo olvidar In the Mood for Love (2000) de Wong Kar Wai, donde Chow y Li-zhen se hacen amigos para acompañarse en su sufrimiento al descubrir que sus respectivos esposos los engañan. Cómo olvidar esa culpa que no dejaba que Chow y Li-zhen pudieran ser más que amigos o un simple consuelo. Cómo olvidar "Aquellos ojos verdes" y "Quizás, quizás, quizás", interpretada en el difícil español de Nat "King" Cole. Nada es fácil de olvidar sobretodo si la película parecía interminable y, finalmente, no pasaba nada.

Claro, se entiende que no es un cine al que estemos acostumbrados, no son historias que empiezan a los 30 minutos exactos, sino que tratan de ir más allá de lo que se ve en la pantalla. Chow y Li-zhen no pueden tener un romance porque cuestiones culturales se lo impiden y prefieren ser fieles a sus esposos aunque estos no lo sean. In the Mood for Love muestra las dudas y sentimientos encontrados de estos esposos engañados, no muestra nada más que eso. Es ese ritmo, son esas miradas, son esos silencios los que hacen a In the Mood for Love especial, eso es entendible incluso para quienes no nos gustó. Ahora Wong Kar Wai estrena El sabor de la noche (My Blueberry Nights), una película del mismo estilo de In the Mood for Love pero con personajes occidentales. En el 2000 no habría sido necesario preguntarse si una historia como la de Chow y Li-zhen funcionaría en algún país occidental, sin embargo El sabor de la noche obliga a preguntárselo, y la respuesta parece ser que no.

Esta nueva película de Wong Kar Wai comienza cuando Jeremy, un dueño de un café en Nueva York, le cuenta a Elizabeth, una cliente que vive cruzando la calle, que su novio había venido al café acompañado por otra. Elizabeth regresa al café los días siguientes porque no quiere ver a su novio, y en vez de eso prefiere oír hablar a Jeremy sobre los pie que quedan por la noche, una jarra con llaves que la gente deja en el café y los videos que graban las cámaras de seguridad y que él ve cuando está aburrido. Pero en lugar de ser conversaciones edificantes o emocionantes, son conversaciones insípidas que solamente funcionarían dentro de esa especie de magia de In the Mood for Love.

De un momento a otro Elizabeth toma una decisión: se irá de Nueva York por un tiempo para olvidar a su novio, para darse un aire. Elizabeth trabaja de mesera en un bar, en un café y en un casino, y en su tiempo libre le manda postales a Jeremy donde nunca le revela en dónde está. Por supuesto que Elizabeth siente la necesidad de irse, pero su viaje no es tan constructivo, ni entretenido como podría pensarse: lidia con un borracho depresivo, su ex esposa y una apostadora que tiene problemas con el papá, mientras piensa en Jeremy todo el tiempo. El viaje debería ser de verdad constructivo, Elizabeth necesitaba algo que la despertara y que le devolviera la esperanza, cosa que consigue, pero no se entiende muy bien cómo.

La historia de amor entre Elizabeth y Jeremy podría funcionar, pero en otro tipo de película, en otro tipo de ciudad. Claro, se podría echar la culpa a la mala actuación de Norah Jones, decir que por su falta de experiencia el amor entre Elizabeth y Jeremy no cuajó, pero que ella siempre parezca Norah Jones no es el verdadero problema. La dificultad surge en seguir una historia de dos habitantes de Nueva York con el ritmo de una de habitantes de Hong Kong de 1962. Claro, como experimento es bueno, pero quienes vamos a cine no queremos ser ratas de laboratorio, sino ver una película por lo menos aceptable.

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