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Lo mejor del año que se fue

Jan 9, 2013 por Samuel Castro

No hay mejor momento para pensar en el cine y la televisión vistos durante el año que pasó, que en medio de la preparación del sancocho del primero de enero, tradición que hace parte de la vida cotidiana de la mitad de los colombianos. Mientras la familia busca con desespero en medio de las profundidades de la olla algún pedazo de carne, yo me sumerjo también en el mar de imágenes vistas para no dejar nada importante por fuera. Como siempre, tengo que hacer una advertencia a los lectores de este post, especialmente a los que viven en Colombia: este conteo es personal e intransferible. No está conformado por películas que pasaron por nuestras carteleras (ni siquiera por películas sólo de este año), sino por lo mejor entre lo que vi, tanto en salas, como en cineclubes y DVD de amplia procedencia. Y aunque eso podría llevar a pensar en un terreno muy grande, hay que aclarar que no tuve acceso a mucho cine de calidad que se estrenó en 2012, especialmente porque no tengo la paciencia para soportar descargas de torrents o subtítulos mal puestos en copias editadas en Vietnam. Aquí no están ni Amour de Haneke, ni Bernie de Linklater, ni algunos de los estrenos más importantes de festivales. Puede que en 2013 ocupen su lugar. Pero es lo que hay, y en vez de quejarnos habrá que seguir reclamándole a los exhibidores, como propósito para el 2013, que se arriesguen un poquito más, a ver si este listado de 12 se hace todavía más diverso en 2014.

 Welcome

Welcome: Al pensar en películas de inmigrantes las primeras tramas que se nos vienen a la mente seguramente tendrán que ver con latinoamericanos que intentan alcanzar Estados Unidos por “el hueco”. Pero en esta cinta francesa nos cuentan una historia, por lo menos para mí, desconocida: la de los inmigrantes de la India, que llegan a Francia e intentan cruzar el Canal de la Mancha, para encontrarse con algún pariente hace tiempo instalado en Londres. Vincent Lindon, su protagonista, es una maravilla como intérprete: su cara, perfecta para encarnar a tipos “duros” y a villanos, logra comunicar la epifanía emocional que siente cuando conoce al joven al que ayudará primero como una forma de reivindicarse frente a su esposa y después, por simple afecto.

We need to talk about Kevin

We need to talk about Kevin: Tilda Swinton brinda un concierto interpretativo en la piel de una madre que se siente extraña desde el momento mismo de la concepción de su hijo. En esta película visualmente impactante, en la cual cada plano parece hecho para una campaña publicitaria, ese mito facilista de que los hijos son siempre una bendición, se resquebraja frente a todos, gota a gota, hasta que la copa que se rebosa se convierte en una tragedia.

The ides of march

The ides of march: Todo el mundo amó a Ryan Gosling en Drive pero yo lo preferí en esta película de George Clooney por un motivo muy simple: él encarna acá toda la inocencia de los jóvenes de hoy, tan seguros de sí mismos y de sus posgrados, ante la política real. Como animales domésticos que sueltan en la selva, a su personaje sólo le queda comer y no ser comido. Y las escenas de los monólogos de Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman, son magia pura.

Homeland

Homeland y otros dramas televisivos: Yo sí me siento privilegiado por poder presenciar la edad de oro de la televisión norteamericana, y le ruego a todos los santos que se mantenga por muchos años más en ese nivel, ahora que ni en Pixar se puede confiar. Y entre todas las maravillas de las que he hablado en otros años (Dexter y su inteligente comienzo del fin, Mad men y su fantástica quinta temporada) hay que mencionar a la serie favorita de Obama: Homeland. Que Claire Danes haya encontrado un lugar donde su mirada de loca quede perfecta ya es una suerte, pero aquí además nos enfrentamos a un gran uso del terrorismo como generador de suspenso, mezclado, como debe ser, con una historia de amor imposible.

The flowers of war

The flowers of war: Ah, las historias  de época grandiosas, contadas con lujo de detalles, con escenografías costosas donde no se ahorra en extras, ni en vestuarios. Pero cuando esas películas están acompañadas además por una historia que lo tiene todo, que es capaz de retratar el momento en el que se desarrolla (la invasión de China por parte de Japón) sin abandonar ni a sus personajes ni el melodrama, el resultado es esta gran cinta de Zhang Yimou sobre un estafador (con el rostro de Christian Bale) que un día se encuentra sin querer al mando de un internado de señoritas, que servirá de refugio para un grupo de prostitutas. Un drama como pocos, con uno de los mejores planos secuencia que he visto en la vida.

The dark knight rises

The dark knight rises: Se ha escrito tanto sobre esta película (se escribe tanto sobre las películas de superhéroes) que sólo diré que todos los pecados del cine de Christopher Nolan (la duración excesiva, los diálogos tan inteligentes que a veces suenan postizos, los guiones con demasiadas trampas) se perdonan cuando el resultado es una película capaz de hacer de la historia de un enmascarado con capa, una reflexión sobre la justicia, sin evadir las grandiosas secuencias de acción que necesita el público masivo. Y como si eso no bastara, está Anne Hathaway vestida de cuero negro. Nada más hace falta.

Moonrise kingdom

Moonrise kingdom: Los que me han oído hablar de lo que pienso sobre el cine de Wes Anderson podrán extrañarse con esta selección en la lista. Pero los que hayan visto esta hermosísima película sabrán que el preciosismo de siempre de Anderson (innegable su maestría en la composición visual y espacial de sus planos) esta vez se usa para contar una historia inocente y mágica, de dos niños que se están convirtiendo en adolescentes y que son el primer amor que cualquiera hubiera querido tener. Dos príncipes de cuento de hadas que iluminan con sus gestos a los adultos que les rodean. Tan hermosa que parece más un sueño que una película.

Monsieur Lazhar

Monsieur Lazhar: Las películas de profesores se han convertido durante los últimos años en melcochas azucaradas con guiones calcados los unos de los otros. Pero Monsieur Lazhar es la muestra de que cualquier género, por maltratado que esté, en las manos adecuadas es capaz de producir historias memorables. La delicadeza con que esta película canadiense afronta temas tan complicado como la muerte o el suicidio, es conmovedora. Y su último plano, ese abrazo que los gringos hubieran editado por políticamente incorrecto, hace llorar al más curtido.

HOW I MET YOUR MOTHER

How I met your mother: Hace mucho rato que tenía pendiente dedicarme a ver esta comedia, que hoy todavía no sé en qué canal del cable nacional dan ni a qué horas. Gracias a Netflix he podido maravillarme con esta comedia inteligente, creativa y arriesgada desde lo narrativo. Muchos la consideran el reemplazo de Friends pero yo creo que por derecho propio, por su reparto, por capítulos perfectos como “El hombre desnudo” (búsquenlo por favor), How I met your mother merece su propia casilla entre las grandes comedias televisivas de los últimos años.

Hugo

Hugo: Es el maestro Martin Scorsese, que hace películas en las que cada plano tiene una explicación, haciendo por primera vez una película familiar, en 3D y rindiéndole homenaje a uno de los primeros magos del cine, George Méliès. ¿Se necesita decir más?

the girl with dragon

Girl with the dragon tattoo: Creo que David Fincher es uno de los cineastas imprescindibles de nuestra época. Por eso cuando me enteré de que iba a asumir la adaptación anglo de las novelas de Stieg Larsson, a sabiendas de que ya existía una versión europea, ni siquiera me inquieté. Sabía que iba a ser buena, porque el regular de Fincher es la cima a la que algunos nunca llegarán en toda su vida. Pero al verla la disfruté todavía más, porque su belleza formal, la actuación de Rooney Mara y la perfección quirúrgica de cada plano sí le hacían justicia a uno de los mejores personajes femeninos de la literatura contemporánea.

Argo

Argo: A ningún crítico le gusta escribir dos veces sobre la misma película. Porque es complicado no repetirse y porque uno teme quedarse estancado en la mitad de uno de los textos. Con Argo me pasó, pero no hubo tal bloqueo. Porque me gustó mucho y siempre me faltaba espacio para elogiar a Ben Affleck, para destacar a un reparto que ofrece un alto nivel en todas sus intervenciones (mis respetos, señor John Goodman) o para hablar de las muchas virtudes de la cinta. Hoy, cuando seguramente estará en varias de las categorías del Oscar, quisiera volverla a ver, sin presiones ni la atención alerta para alimentar la escritura. Sólo para sentir esa maravillosa tensión que sólo los buenos thrillers, los que son inteligentes y bien hechos, pueden producir en el público.

Lo mejor del año que se fue

Jan 8, 2013 por Iván Gallo

Melancholia

1. Melancolía. Con su habitual radicalismo Lars Von Trier nos contó su visión del fin del mundo. Descarnada y claustrofóbica el realizador danés ha realizado este año su mejor película desde Dogville.

Looper

2. Looper. Hace rato el cine no nos regalaba una reflexión sobre los viajes en el tiempo. Toda una revelación, con un guion escrito con inteligencia y solidez, en Looper nadie es completamente bueno ni malo, todo es relativo, como el tiempo. Una extraña mezcla de cine negro y ciencia ficción. Todo un clásico en potencia.

Breaking bad

3. Breaking Bad. Nunca antes una serie de televisión había mantenido la intensidad e interés que desplegó durante cinco temporadas. Con el capítulo final de la obra maestra de Vince Guilligan ha quedado un hueco muy difícil de llenar en la televisión nuestra de cada día. La intrincada vida de Walter White es de lo más emocionante que hayamos podido ver en décadas de insulsa televisión.

We need to talk about Kevin

4. Tenemos que hablar de Kevin. A nadie se le había ocurrido pensar en la vida que podría tener la madre de uno de esos niños sicópatas que entran armados a las escuelas norteamericanas, con la firme intención de arrasar todo lo que se mueva. Impactante, sincera y seca como un gancho al hígado, la adaptación de la novela de Lionel Schriver fue uno de los picos mal altos del año. El hecho de que la actuación de Tilda Swilton haya pasado desapercibida para los dinosaurios de la Academia habla una vez más de los dudosos criterios con los cuales se determinan las nominaciones y premiaciones de los Oscar.

Hugo

5. Hugo. Todo cineasta tiene una deuda con George Méliès. Este es el intento de Martin Scorsese por saldarlo. Con unos revolucionarios efectos especiales, Hugo justifica el todavía polémico formato del 3D. Para mí no cabe ninguna duda que es la mejor película del año. Homenaje sublime al cine.

Mad men

6. Mad Men. La quinta temporada de Mad Men fue de lo mejor que le sucedió a la televisión. Con suma paciencia se han venido desarrollando los personajes y toda la tensión que se sintió en las primeras tres temporadas ha explotado en este último año. Los que todavía se resisten al encanto de Don Draper no pierdan más tiempo y sean testigos de cómo se conformaron los sesenta, la última edad de oro que ha vivido la humanidad.

Drive

7. Drive. Sin duda la sorpresa del año. Con reminiscencias a la frenética Vanishing Point  y los componentes del mejor drama.  Dentro de pocos años se transformará en película de culto y todos aquellos que hablaron mal de ella tendrán que tragarse sus palabras. Notable la actuación de Ryan Gosling como un doble de acción que maneja como nadie sus autos setenteros. Velocidad y sangre en sus justas proporciones.

The grey

8. Infierno Blanco. Emocionante, escalofriante. El talento de Liam Neeson estaba intacto, lo que pasaba es que estaba aceptando todos esos papeles en películas de acción para proveerle un futuro promisorio a sus descendientes. Alaska y sus lobos, el hombre contra Dios, las ganas de vivir por encima de cualquier cosa. Lamentablemente el público le dio la espalda a un filme que merecía mejor suerte. No se la pierdan por nada del mundo. Es emoción y adrenalina pura.

Ted

9. Ted. La comedia del año. Gracias a su Family Guy Seth MacFarlane se ha consagrado como un digno sucesor de Terry Jones y sus Monty Python. El oso que todos tuvimos, el amigo cómplice que todos queremos tener, para MacFarlane no hay nada sagrado. Para él lo más chistoso es romper con todos los cánones, mearse en lo sagrado, fumarse un porro con las hojas de la biblia.

Life of Pi

10. La vida de Pi. El regreso de Ang Lee constituyó uno de los momentos más altos de este fin de año. Desde hace más de una década, cuando Tom Hanks inmortalizó una pelota de voleibol bautizándola Wilson, no sufríamos tanto con un náufrago. Los efectos especiales desplegados en este filme fueron comparados con los de Avatar. Seguramente La vida de Pi (Una aventura extraodrinaria) llegará a la primavera como una de las más ganadoras de la temporada.

Carnage

11. Carnage. Infame la manera como fue distribuida en el país esta nueva joyita del polaco.  Siguiendo el ambiente asfixiante de Cul- De- Sac y sobre todo de La muerte y la doncella, Roman Polanski encierra a dos parejas de padres de familia en un apartamento. La excusa es hablar de una riña que han tenido sus hijos pero en realidad lo que incuba allí son las razones por las cuales la sociedad norteamericana está en franca decadencia. Notables las actuaciones de Kate Winsley y Christoph Waltz.

Escobar el patrón

12. Escobar, el patrón del mal. Hace años la televisión colombiana no sacaba algo con esta calidad técnica y sobre todo argumental. Quedó demostrado que si acá no se hace buena televisión no es por falta de talento sino porque a los canales privados les interesa más su labor de embrutecer al público. Esta fue una serie necesaria ya que  las nuevas generaciones de colombianos necesitaban saber que Escobar era más parecido a un monstruo que a Robin Hood.

Lo mejor del año que se fue

Jan 8, 2013 por Andrés Rodelo

1. Argo
2. Holy Motors
3. The ides of march (Poder y traición)
4. Take shelter (Atormentado)
5. Tinker Tailor Soldier Spy (El topo)
6. Una separación (Jodaeiye Nader az Simin)
7. Looper
8. Miss Bala
9. Moonrise kingdom
10. Red State
11. 50/50
12. Moneyball

Para mí nada, niño Jesús

Dec 18, 2012 por Samuel Castro

Adorado Niño Jesús. En vista de que no fui mejor persona este año (prueba de ello es que jamás tuve la paciencia para aguantar más de 20 segundos de Mundos opuestos, y seguí viendo los partidos de eliminatorias con el radio prendido porque no aguanto a ningún narrador de televisión) quiero escribirte, con el mismo fervor que RCN tiene por las ideas de Fernando Gaitán, pidiéndote algunos regalos para esta Navidad, que no serán para mí, divino niño, sino para aquellos que de verdad lo merecen. Mi lista es, como tú, pequeña pero justa:

La red

A Diva Jessurum y a la Negra Candela, niño Jesús, las principales “periodistas” de El lavadero y de La red, dales por favor una suscripción a televisión por cable, para que vean el canal E! y entiendan cómo se hacen programas de farándula y chismes entretenidos, amenos y bien producidos. Ah, y no olvides encimarles un diccionario, para que puedan entender los chistes de Joan Rivers en Fashion pólice.

A los productores de los canales de este país, venerado infante, regálales una pizca de sentido común, del que no tienen nada, a ver si algún día comprenden que el formato de Gran hermano no funciona en Colombia. Que a la gente de este país no le importa la convivencia. Lo que quieren es ver modelos en ropa interior, con cualquier excusa: diciendo que quieren ser actores, o que son cavernícolas, o que viven en el futuro.

NP&

A los reencauchados del Noticiero NP&, dales por favor, como a Pinocho, la oportunidad de convertirse en personas de carne y hueso, para que dejen de confundirlos con un programa infantil y pueda tener el éxito que se merece el único programa de humor político al aire.

A Luis Carlos Vélez, Dios en pañales (te hablo a ti, no a él, niño Jesús, su ego hace necesaria la aclaración) regálale una fábrica de gel para el pelo, porque usando un frasco cada vez que va a salir al aire, no hay sueldo por grande que sea, que aguante.

How I met your mother

Alarga, niño Jesús, la existencia por varias temporadas más de programas como The big bang theory, How I met your mother o Modern family, pues nuestros canales privados parecen incapaces de crear comedias que no sean telenovelas donde se burlen de los pobres o de las idiosincrasias regionales.

Permítele a Colombia, niño Jesús, la llegada a sus pantallas de más programas que se parezcan a La voz Colombia, donde felizmente se fijan más en el talento que en las medidas de sus participantes.

Como dice la novena, Divino Niño, espero que acojáis y despachéis estas súplicas, pues con esos regalos ajenos, también me harías muy feliz.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N°64

Eso nos pasa por sapos

Dec 2, 2012 por Samuel Castro

¿Qué país vive diciendo que está cansado de que lo identifiquen en el mundo con narcotráfico, mafiosos y cocaína, pero cuando tiene la oportunidad de escoger la película que lo representará en los Premios Oscar decide enviar como candidata una película que trata sobre narcotráfico, mafiosos y cocaína? La respuesta es Colombia.

Aunque, en honor a la verdad, ese no es el problema, o al menos no el principal. El asunto es que la sola escogencia de El cartel de los sapos demuestra que los encargados gubernamentales de nuestro cine no entienden muy bien cuáles son los criterios de los Premios de la Academia en esa categoría. Es cierto que los ganadores recientes de película en idioma extranjero (piensen en El secreto de sus ojos o en La vida de los otros) son películas que a su manera cuentan un pedazo específico de la historia del país al que representan, como lo hace El cartel de los sapos, pero lo hacen de una forma única y original, de una forma que en Hollywood no se atreverían a hacer. Por eso los premian. Porque le recuerdan a la meca del cine, que hay otras formas de narrar, otros guiones que se salen de los esquemas prefabricados, otro tipo de personajes.

Pero no, en nuestra infinita sabiduría, tan “vivos” como nos creemos, decidimos mandarles una historia de maleantes igualita a las que ellos hacen desde hace décadas, en cine y en televisión. Sí, claro, puede que debamos enorgullecernos de que por fin tenemos un sonido decente y que los diálogos de los personajes se escuchan incluso en las escenas de balaceras, pero la mejor secuencia de acción de El cartel de los sapos no tiene nada que hacer al lado de, por poner un solo ejemplo, un capítulo cualquiera de las ocho temporadas de 24. Tan inocente y provinciana es la cinta, que nadie fue capaz de contarle a Robinson Díaz, que su personaje, el Cabo, que en el formato de telenovela (porque eso es narrativamente El cartel de los sapos, una de nuestras telenovelas de acción comprimida en dos horas) se desarrollaba a través de la historia, y daba miedo por sus contradicciones y sus vicios, en una película se iba a ver como una especie de villano de caricatura al que le gustan los marranitos. Con decirles que el mejor actor de la cinta es Diego Cadavid. ¡Calculen!

Igual no vamos a ganar nada, pero al menos debimos haber intentado perder con algo más de dignidad, sin tratar de vestirnos como la dueña de la casa, ni copiar en versión pobre, la pinta del niño rico de la cuadra. Para no quedar como los sapos de la fiesta.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N° 63

M. Night Shyamalan: ¿el ocaso de un niño brillante?

Nov 15, 2012 por Samuel Castro

Una gran idea es un bombillo que se enciende. Con esa imagen, aprendida por todos gracias a los dibujos animados y las caricaturas, comenzaba una de las mejores películas de horror del cine norteamericano: The sixth sense. La cinta era básicamente eso: una idea extraordinaria en la que un niño le contaba a su sicólogo que veía gente muerta por todas partes. El final de la película, cuando el público descubre que el sicólogo también está muerto, llegó a convertirse en uno de esos secretos que nadie se atrevía a decir en voz alta, como la verdadera identidad del niño Jesús.

Los críticos especializados estaban asombrados pues todo en la cinta era perfecto: la fotografía lavada y fría que acercaba el horror al drama familiar, la selección de los actores, un cuidado por el significado de cada imagen dentro de la narración, a la altura de las películas de Spielberg. Y sin embargo, el creador de la historia y el encargado de llevarla al cine con tan buen pulso tenían apenas 27 años y eran la misma persona: Manoj Nelliyattu Shyamalan, o mejor, Michael Night Shyamalan, como él mismo se nombraría en la universidad. Shyamalan era un joven director indio, quien hasta ese momento sólo había hecho dos películas intrascendentes  y era más reconocido por escribir el guión de Stuart Little. Sin embargo, las luces de la fama empezaron a encandilarlo cuando se supo que Disney había pagado dos millones de dólares por el guión de Sexto sentido y lo convirtieron en una estrella cuando la cinta recaudó más de 600 millones de dólares en todo el mundo y obtuvo seis nominaciones a los Premios Oscar

Por desgracia, los problemas comenzaron casi de inmediato. Según la versión del mismo Shyamalan —no del todo confiable—, la primera mala decisión fue aceptar que Disney promocionara su segunda gran película, Unbreakable, como otro thriller sobrenatural y no como lo que él pensaba que era: una historia de acción y aventuras sobre un hombre que descubre que es un superhéroe. Lo peor es que no era ni lo uno ni lo otro; impecable en su narración visual, el guión no cuadraba del todo, especialmente por la costumbre asumida de contar una historia con final sorprendente en esa y en sus siguientes cintas: Signs, The village y Lady in the water. Al final la gente iba a sus películas esperando ese minuto de revelación que lo cambiara todo. Él mismo pareció olvidar que un final asombroso sólo conseguía ser memorable si el resto del argumento valía la pena.

Ni las críticas ni las taquillas volvieron a ser iguales. A pesar de que Señales también fue bastante rentable, Shyamalan parecía haber perdido su toque: ni siquiera se conservaba la conocida belleza formal de sus imágenes y los extraterrestres de Signs se veían como matones perdidos en un disfraz de hule barato Ya nadie le ofrecía dirigir secuelas de Harry Potter o de Indiana Jones, y se empezaron a filtrar a la prensa rumores sobre los constantes enfrentamientos entre Disney y su antiguo Midas. Su situación se complicó aún más cuando se supo que un documental que supuestamente relataba una experiencia extrasensorial del director a los 11 años y que le había permitido tener contacto con el mundo de los espíritus, era una patraña patrocinada por él mismo para hacerle publicidad a La aldea. El disgusto fue tan grande en Disney que para su siguiente película, Lady in the water, Shyamalan tuvo que cambiarse de estudio. Warner se atrevió a financiar el proyecto y el desastre fue histórico: después de gastarse 75 millones de dólares en la producción, sólo consiguió recaudar 45 millones en taquilla.

 

Como si eso fuera poco, se hicieron más conocidas sus excentricidades gratuitas y sus ínfulas de genio incomprendido. Cada sugerencia de los productores era tomada por él como un ataque personal a su talento; casi despide a Bryce Dallas Howard, su protagonista, porque cometió la “gravísima” ofensa de volverse vegetariana. Afirmó que lo único importante que había hecho Paul Giamatti (el protagonista de Sideways) antes de actuar para él era un comercial de Nike. Hacía berrinche si alguien osaba cambiar una sola palabra de sus guiones, guiones que por lo demás, cada vez sonaban más a parlamentos de obra estudiantil. Y cuando se publicó “El hombre que oía voces”, un libro que relataba las intimidades de su negociación con Disney y que pintaba a sus ejecutivos como monstruos temibles que sólo pensaban en el dinero frente a él, “el artista”, todo Hollywood empezó a verlo además como un traidor, el perro que mordía la mano de su amo.

Después de ver sus últimas películas, The happening y The last airbender se tiene la sensación de que algo muy importante se ha perdido. Aunque por fin pudo evitar Shyamalan su acostumbrado final sorpresa y algunas imágenes son inolvidables (esos hombres que caen al suelo sin que nadie sepa por qué en The happening, por ejemplo), las historias son tan malas (no, no son malas, son bobas, incluso la adaptación de un comic infantil se puede hacer con gracia), sus moralejas son tan torpes que nos obligan a creer que en este caso, el ego se tragó al talento, y a esperar que en un futuro no muy lejano (en 2013 lanzará su película After Earth, que protagonizará Will Smith), al señor Noche se le vuelva a prender el bombillo.

La primera versión de este texto se publicó en la edición #34 de Revista Arcadia, de marzo de 2010

Latinoamérica es un mito al sur de Estados Unidos

Oct 15, 2012 por Samuel Castro

Los que tuvimos la mala suerte de verla, recordamos esos primeros minutos de Mr & Mrs Smith en que nos muestran una Bogotá perdida entre la selva. En su apariencia de ciudad calurosa y de clima tropical, donde todas las mujeres lucen vestidos de falda corta, los hombres tienen bigote y el principal periódico se llama Prensa, está reflejada la visión que muchos de los habitantes del primer mundo tienen de ese continente, mítico en su imaginación, que es Latinoamérica.

No son sólo los estadounidenses los que creen eso. Si nos fijamos en la participación del cine latinoamericano en los principales festivales europeos (Cannes, Venecia, San Sebastián y Berlín) tendremos que concluir que para los encargados de la selección oficial en esos certámenes, Latinoamérica, cuando existe, es un lugar fantástico y mágico, todavía muy rural, donde historias urbanas y más “comunes” no tienen cabida. Como si se acercaran a nuestro cine con un interés antropológico o periodístico, más que artístico.

Aunque Claudia Llosa en innumerables entrevistas ha aclarado que gran parte de la historia que narra en La teta asustada es una invención suya, cuesta creer que sin la anécdota de la mujer que se mete una papa en la vagina para protegerse de la violencia masculina la película hubiera alcanzado el éxito que tuvo. En las reseñas que hizo un medio tan respetado como Variety cuando cubrió el Festival de Berlín de 2009, donde la cinta ganó el Oso de Oro al mejor largometraje, se leen expresiones como “un bien filmado estudio etnográfico de la vida en las grandes ciudades de Perú” o “la realidad peruana mezclada con el realismo mágico, crean una vívida pintura de la sociedad y sus problemas”. ¿Por qué ante la historia de un niño que nace con alas, como lo es Ricky, de François Ozon, también parte de la selección de ese año, nadie dijo que esa fantasía reflejaba la realidad francesa?

Y eso que en Berlín es donde al cine latinoamericano mejor le ha ido últimamente. En 2008 el máximo galardón del Festival ya se lo había llevado Tropa de élite, la película de Jose Padilha que aborda el tema de un grupo comando que debe enfrentar a las bandas criminales de las favelas de Río. La elección estuvo acompañada de críticas a los excesos de violencia de la cinta.  Por supuesto, la violencia es otro de esos temas “interesantes” de nuestros países. Ya sea una violencia contenida que de pronto explota, como la de El otro o El custodio, cintas argentinas que también han estado en la selección de Berlín, o la violencia explícita que se da en escenarios particulares, como nuestras cárceles. Eso parece gustarles en Cannes, donde Crónica de una fuga de Adrián Caetano, y Leonera, de Pablo Trapero, que se desarrollan en centros penitenciarios, o Elefante blanco, también de Trapero, que ocurre en una “villa miseria”, han acompañado en el último lustro a las cintas de Carlos Reygadas, un consentido del festival por sus historias “raras”: Batalla en el cielo mojó toda la prensa que quiso por incluir sexo explícito entre personas “normales” con cuerpos que se salían de los cánones estéticos y Luz silenciosa se destacó por su belleza formal y por retratar a una comunidad menonita, no propiamente muy común en nuestros países.

Cannes es un caso paradójico: o se hace un cine “raro”, como el de Reygadas y el de Lucrecia Martel con La mujer sin cabeza, o se trabaja con tramas más “universales” y se corre el riesgo de dejar de ser considerado un representante de Latinoamérica, como le ha pasado con sus últimas historias a Guillermo del Toro, Alejandro González-Iñárritu y Alfonso Cuarón. Porque cuando un director de acá trata de hacer ciencia-ficción, cine fantástico o dramas protagonizados por Brad Pitt y Cate Blanchett, de repente se vuelve un autor universal, pero si un director norteamericano, como Steven Soderbergh, hace la biografía de un personaje como el Che Guevara, presentada en Cannes en 2008, los medios hablan de inquietudes artísticas y búsqueda personal.

En Venecia ni siquiera están interesados en mirarnos: no hubo representación del cine latinoamericano en su selección oficial en 2006, 2007 y 2009; en 2008 estuvo Guillermo Arriaga con The burning plain, (hablada en inglés y protagonizada por Charlize Theron y Kim Bassinger), que además de la violencia tiene ese melodrama trágico que también se asocia con este continente y en 2010, la única candidata de acá fue Postmortem del chileno Pablo Larraín. David Gritten, crítico de The Daily Telegraph la elogió porque era “muy fuerte, cruda y poderosa”, tal vez refiriéndose a la trama en que un empleado fúnebre termina realizando, como parte de su trabajo rutinario, la autopsia al cadáver de Salvador Allende. Parece que nuestra historia sólo funciona como tema cuando contamos los episodios que nos avergüenzan (por algo la única ganadora del premio del público en el Festival de Toronto fue La historia oficial de Luis Puenzo, en 1985) porque esos son los que interesan en Europa. Ni siquiera San Sebastián, donde por obvias razones la presencia del cine de nuestros países debería ser importante, se escapa. Una sola película por edición en los últimos tres años, habla de una verdadera apatía por nuestra cinematografía. Claro, como El secreto de sus ojos parecía cine hecho en el primer mundo y no en el tercero, no obtuvo ningún galardón en 2009, para luego llevarse el Oscar a mejor película extranjera.

Parece que al hablar de cine, en el resto del mundo sienten que Latinoamérica sólo vale la pena como lugar de safari visual, donde lo raro, lo violento y lo curioso son algo “autóctono”, Y por desgracia, el pesar es muy distinto al respeto.

El terror ya no es lo que era

Oct 2, 2012 por Samuel Castro

El problema comenzó con la salsa de tomate. Fue en alguno de esos programas en que muestran el “detrás de cámaras” de las películas donde nos develaron el secreto: la sangre que salía a borbotones de los cuellos juveniles que Jason Voorhees o Freddy Krueger desgarraban con sus cuchillas era esa mezcla que también se podía echar tranquilamente sobre un perro caliente. Ahí comenzamos a perderle el respeto al cine de terror.

Por obvias razones cronológicas no habíamos gritado viendo a ese vampiro deforme y pálido (pura lógica: si alguien no puede ver la luz del sol es difícil que parezca un salvavidas bronceado, como ciertos vampiros que gustan a las adolescentes de hoy en día) que protagonizó Nosferatu en 1922, pero gracias al Betamax sí tuvimos la posibilidad de revisar las cintas que hicieron gritar a nuestros padres en los sesenta y setenta, como La noche de los muertos vivientes, El bebé de Rosemary, El exorcista o La profecía. El miedo que producían esas películas era algo respetable: las historias que contaban se tomaban en serio a sí mismas y después de verlas en la oscuridad de una alcoba no era fácil animarse a buscar agua en la cocina.

Los ochenta nos permitieron disfrutar sin remordimiento de las “pesadillas sin fin”, los “viernes 13” y los “halloweens” porque las funciones de esos títulos eran lo más parecido a los parques de diversiones que teníamos: se valía gritar, saltar en la silla y abrazar a quien tuviéramos al lado. Hasta que vimos lo del truco de la salsa de tomate. Y los gritos, entonces,  se convirtieron en carcajadas. De repente, el cine de terror se volvió barato: se notaban los micrófonos colgando por todas partes, los brazos arrancados en las torturas eran tan reales como los de un maniquí y cualquiera podía comprar las máscaras de los asesinos en serie.

La decadencia continuó imparable. El matón de Scream era tan torpe como los jovencitos que perseguía: se tropezaba con las mesas, se enredaba con los cables del teléfono y se caía. Sé lo que hicieron el verano pasado lograba que uno se tapara la cara pero por la sensación de pena ajena. A veces daba más miedo Scary movie. Hubo esperanza cuando los japoneses introdujeron su estilo lleno de niñas pálidas a las que el pelo negro les tapaba los ojos o cuando alguien hizo Saw con una buena historia y pocos dólares. Pero se reprodujeron sin control y comenzamos a saber lo que iba a pasar en sus decenas de secuelas desde el minuto 10. Hoy, con tristeza, tenemos que soportar títulos como The final destination, cuya trama es más de cuento infantil que de película para asustar. Y entonces, lo único que podemos hacer es animarnos con directores como Rob Zombie o Eli Roth que quieren revivir la época gloriosa del terror y buscar en las videotiendas más antiguas algún título de los setenta que haya sobrevivido en VHS. Para que otra vez veamos con miedo la salsa de tomate en nuestro perro caliente.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N°26

Un clásico de juguete

Sep 24, 2012 por Samuel Castro

Hace unos años, en la Revista Kinetoscopio escogimos las películas esenciales para nosotros como cinéfilos. Este es el texto que escribí, sobre una cinta inolvidable: Toy Story

La anécdota es ya uno de esos mitos del mundo del cine que se enriquecen con detalles cada vez que se cuentan, como la obsesión por las rubias de Hitchcok o los percances en la filmación de Apocalypse now (1979). Varios de los más importantes ejecutivos de Disney acaban de dejar la sala donde les han relatado el argumento, escena por escena recreadas con dibujos en papel, de la próxima película que pretende estrenar el estudio Pixar, utilizando la marca de Walt como sombrilla. Acaban de salir y aún no se reponen de la impresión. La película es un asco. Está llena de bromas crueles, de chistes violentos, de un humor negro que provoca angustia más que risa. Alguien pregunta: “¿Qué pasó?” y la voz de otro más sincero contesta: “Hicieron lo que les dijimos”. Muchas sugerencias. Demasiados consejos acerca de “lo que gustaba al público” por parte del gran estudio que la gente de Pixar, inexperta, había asumido como órdenes. El fracaso estaba a la vuelta de la esquina.

Y aquí viene la parte de la historia que la convierte en leyenda. John Lasseter, enfundado en su eterna camisa de motivos hawaianos, sale a pedirles a esos mismos ejecutivos que le den dos semanas, que en dos semanas van a tener una historia que les guste y que permita que todos esos animadores que ya han contratado, puedan comenzar a trabajar. Probablemente aceptaron por la cara de angustia que vieron en el animador californiano y porque no tenían nada que perder  (¿qué posibilidades había de que arreglaran aquel desastre?), sin saber que ese mismo tipo, en menos de 20 años se convertiría en el jefe creativo de los estudios Disney.

Toy story (1995), que muchos reconocemos como un clásico del cine, se creó en quince días. En esas dos semanas, Joe Ranft, (que después sería co-director de Cars), Andrew Stanton (director de Finding Nemo y de WALL-E) y Pete Docter (director de Monsters Inc. y de Up) junto al mismo Lasseter, dibujaron y escribieron una historia donde desaparecía todo el sarcasmo que habían incluido y los dos protagonistas convertían la trama en una típica buddy movie, ese subgénero cinematográfico en el que dos personajes muy distintos entre sí deben convertirse a la fuerza en compañeros y enfrentar juntos una serie de peripecias. En vez de hacerle caso a los manuales de instrucciones decidieron hacer justo lo que ellos creían que era lo correcto: que no hubiera realmente “villanos”, que las canciones se redujeran al máximo posible, que todos los personajes hablaran, pensaran y se comportaran como adultos (con excepción, por supuesto, de los niños). Y la fórmula funcionó. Toy story consiguió la financiación necesaria y se convirtió en el primer largometraje diseñado enteramente por computador de la historia del cine. Pero más que eso (que podría haber sido una casualidad cronológica) gracias a la calidad de su historia, al manejo del humor y a la frescura de sus personajes, Toy story fue la película que volvió a reconciliar a los adultos con la animación, que mostró que se podían hacer películas “familiares” que no fueran estúpidas y que convirtió a Pixar en una de las marcas más respetadas, admiradas y reconocidas en el mundo del cine.

Una de vaqueros y una del espacio

A veces olvidamos lo deliciosamente anacrónica que es Toy story. ¿Realmente cuántos niños jugaban con vaqueros de juguete en los años noventa? Pero ese era un detalle en el que no reparamos (siempre pasa con las buenas historias) porque estábamos maravillados con ese mundo que se despertaba cuando nadie estaba viendo. Casi todos los adultos que acompañaron a sus hijos a las salas de cine en 1995 se encontraron recordando con nostalgia sus propios juguetes: el hombre forzudo, los soldados de plástico, la alcancía de cochinito, el tablero mágico, el Señor Cara de Papa. Ese fue el astuto anzuelo que Pixar le lanzó al público para que se identificara con la historia del juguete preferido que es desplazado por uno más bonito y más moderno, y que tras muchas peripecias se ve trabajando en equipo con el otro para enfrentar ese peligroso mundo exterior y lograr volver a casa, sanos y salvos. Era una situación que todos podían entender: por un lado casi cualquiera ha sentido alguna vez que alguien nuevo llega a deslumbrar y a quitarlo del centro de atención; por otro, todos sabemos que un amigo te salva de morir en tu primer día de colegio, que un amigo hace que la oficina nueva no sea tan despiadada. Por eso, por lograr contarnos una historia universal vestida con el ropaje asombroso de una clase de animación que nunca habíamos visto y que se parecía tanto a la vida real, Toy story le llegó al alma a millones de personas.

Como ocurre con las grandes películas, ¡hay tanto cine en Toy story! Un amor por la historia del séptimo arte estadounidense que se va haciendo evidente conforme pasan los minutos Todo es más claro cuando sabemos que en principio, Lasseter y compañía quisieron que las voces de sus personajes principales, el vaquero Woody y Buzz Lightyear fueran las de Paul Newman y Jim Carrey. Su idea era mostrar cómo el “viejo” Hollywood iba siendo desplazado por esas “nuevas” estrellas, que estaban transformando el negocio.

Por eso Toy story comienza siendo un western (que narra en sus juegos Andy, mientras usa a sus juguetes para armar la fantasía), se convierte en una película de guerra (con la ya antológica secuencia de los soldados de plástico en su operación para averiguar cuáles eran los regalos de Andy por su fiesta de cumpleaños), pasa por la ciencia-ficción (con los marcianitos mirando asombrados al cielo donde los iba a recoger la nave madre), se transforma en una película de terror (en las escenas donde intervienen los “monstruos” que ha creado Sid, el niño “malo” vecino de Andy, que ha cambiado cabezas de lugar y ha destripado a todos sus muñecos), y termina en una persecución digna de cualquier filme de acción. Todos los géneros en uno, como desafiando a cualquiera que se atreviera a decir que la animación era un juego de niños. Y por si eso fuera poco, los reemplazos en las voces (Tom Hanks y Tim Allen) haciendo un trabajo sobresaliente en su tarea de darle vida a los diálogos de esa comedia de enredos que se producía por la creencia de Buzz Lightyear de ser realmente un integrante de la Patrulla Espacial. ¿Qué niño no sabe hoy a qué personaje nos referimos cuando escucha la frase “Al infinito y más allá”? ¿No forma parte de las sentencias mejor dichas del cine la de Woody desesperado gritándole a Buzz “¡You are a toy!”? Eso es lo que hacen los clásicos: se instalan en nuestra memoria y se convierten en parte de los referentes que tenemos para entender el mundo.

Durante los siguientes años hubo muchas personas que creyeron que el mérito de Toy story estaba en la técnica y por eso nos llenamos de cintas animadas con historias tontas y predecibles que nada nos decían. Por fortuna, haciendo honor a su pieza fundacional, siempre estuvo Pixar para recordarnos que hoy y siempre, en 3D o en dibujos a lápiz, el asombro y la magia provienen de las buenas historias.

Publicado originalmente en la Revista Kinetoscopio N°90

Oscar 2012: hagan sus apuestas, señoras y señores

Feb 26, 2012 por Samuel Castro

Hoy es la ceremonia del Oscar. Ya ustedes saben, porque pasa lo mismo cada año. Si me llaman los despacharé muy rápido y si insisten seré incluso grosero. Sólo acepto otras apuestas por los resultados. Y aunque en 2012 pareciera todo cocinado, al final siempre hay una sorpresa o dos que hacen que valga la pena ver la transmisión, sobre todo porque este año vuelve Billy Cristal (y mañana todos dirán que no estuvo a la altura y que la Academia debe renovarse, y propondrán a Rocky Gervais en lo que yo llamo la “indignación cíclica”) y repite, una década después, el Circo del Sol. Apostemos entonces, y como queda por escrito, no hay trampas de último minuto que valgan. Vamos a ver si logro un mejor resultado que el año pasado.

MEJOR CORTO DE ACCIÓN REAL
The shore
La historia de dos amigos que viven un malentendido durante 25 años. Cirian Hinds, ese señor actor, siempre escondido de los reflectores, le da a la historia un peso dramático que maravilla.

MEJOR CORTO ANIMADO
La luna
Este año Pixar no clasificó en la categoría de largo animado por el corto vuelo de uno de sus films más flojos, Cars 2. Pero este cortometraje, preciosista, puede ser la compensación. La otra que podría ganar es The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore pero a mí no me convenció.
 
MEJOR CORTO DOCUMENTAL
The tsunami and the cherry blossom
No se ha hecho todavía un documental de categoría sobre el tsunami pero este corto logra emocionar con imágenes impactantes del desastre y un conmovedor relato como le gusta a la Academia: lleno de esperanza.

MEJOR DOCUMENTAL
Pina
Un documental en 3D. Y además filmado por un reconocido director extranjero. Y a eso agréguenle que es sobre danza y una de las más importantes coreógrafas de la historia. Muchos motivos para ganar en un año que no parece el apropiado para volver a entristecerse con la triste realidad del mundo.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jodaeiye nader az simin (A separation)
Además de ser la oportunidad de recordarle a Washington que en Hollywood piensan “distinto” premiando una película iraní, la verdad es que esta cinta ha arrasado dondequiera que va, lo que dejaría muy mal parada a la Academia si no vota por ella.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Rango
Entre una categoría huérfana de la película que debió ganar, que por supuesto era Tintín, sobresale este homenaje al western protagonizado en la voz por ese verdadero camaleón de la actuación que es Johnny Depp

MEJORES EFECTOS VISUALES
Hugo
En general estas son las categorías donde los tanques taquilleros de robots del espacio tienen oportunidad, pero este año los miembros de la Academia tienen la oportunidad de premiar a una gran película. Los transformers también lloran.

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
War horse
Un caballo que corre en medio de las trincheras es algo que se dice fácil pero que cuesta mucho trabajo. Y de alguna manera habría que compensar este gran título de Spielberg que no tuvo la suerte que él esperaba.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Hugo
Véanse las mismas razones que escribí dos categorías más arriba.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Man or muppet” de The muppets
Puede que a todos les guste la música brasilera y por una especie de solidaridad latinoamericana queramos que ganen Sergio Mendes y Carlinhos Brown, pero creo que a la Academia le producen más nostalgia la Rana René y Miss Piggy.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ludovic Bource por The Artist
The Artist le debe la mitad de su fuerza a esta partitura elegante y apropiada, que le imprime la emoción justa a cada escena. Si hay un Oscar que de verdad merezca The Artist, es éste.

MEJOR MAQUILLAJE
Albert Nobbs
Es probable que este Oscar sea la única consolación que tenga la cinta dirigida por Rodrigo García que, supongo, es Colombia en el Oscar. Debería ganar Harry Potter, pero no sé por qué la Academia no aprecia mucho a esta franquicia inglesa.

MEJOR VESTUARIO
Sandy Powell por Hugo
La van a odiar, porque cada vez que gana un Oscar (lleva 3) da un discurso pretencioso y engreído. Pero es también una maestra en su trabajo y en Hugo recreó los disfraces de las películas mudas de Méliès.

MEJOR DIRECCIÓN DE ARTE
Dante Ferreti y Francesca Lo Schiavo por Hugo
Podría ganar también Midnight in Paris, pero lo que hacen con la estación de Montparnasse estos dos grandes profesionales, es excepcional

MEJOR EDICIÓN
Thelma Schoonmaker por Hugo
Yo se lo daría a los editores de Girl with dragon tattoo pero con Hugo pasa que el impulso de sus muchas nominaciones le da un impacto adicional. Y dárselo a Thelma Schoonmaker es reconocer el trabajo de una de las mejores editoras de la historia del cine.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The tree of life
Esta será la única estatuilla que se lleve The tree of life porque las imágenes que logra el “Chivo” Lubezki son la poesía que sostiene la película frente a nuestros ojos. 
 
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash por The descendants
Si algo tiene bonito The descendants es la sensibilidad y la piedad por sus personajes de su guion, la marca de fábrica del hombre que creó Sideways

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Woody Allen por Midnight in Paris
La ceremonia necesita acortarse cada año. Y si además de hacer justicia se pueden ahorrar algunos minutos con la segura ausencia del neoyorquino… Aquí la pregunta es cuál de los presentadores lo recibirá en su nombre.

MEJOR DIRECTOR
Martin Scorsese por Hugo
Sé que me estoy apartando de las predicciones. Pero la única manera de ganar las apuestas es no ir siempre por lo seguro. Y creo que la Academia adora la oportunidad de premiar al director vivo más importante del planeta, sobre la de destacar a un desconocido francés. Es su fiesta, ¿no?

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Octavia Spencer por The help
Apuesta fija. Además de ser políticamente correcto, es justo.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Christopher Plummer por Beginners
¡Qué maravilloso será ver al Capitán Von Trapp recibiendo el Oscar casi medio siglo después de su participación en La novicia rebelde

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Viola Davis por The help
A este sí le tengo pereza. En un mundo justo se lo llevaría Rooney Mara, o incluso Meryl Streep, como en una pelea que se gana por puntos. Pero la Academia va a aprovechar para hacer “una moñona histórica” premiando a dos actrices negras, en una película donde las mujeres son el mayor encanto.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Jean Dujardin por The Artist
La Academia no se va a perder la oportunidad de que el francés baile un par de pasos de claqué antes de recibir la estatuilla de manos de Natalie Portman. Y aunque Clooney es muy popular, cada cierto número de años los Oscar se sienten felices de convertir en estrella a un desconocido actor internacional.

MEJOR PELÍCULA
Hugo
Ya sé que voy contra las apuestas. Pero pienso que Hugo, una película norteamericana dirigida por Scorsese que rinde homenaje a un cineasta francés, es un voto más lógico para la Academia (una mayoría de hombres blancos mayores de 60 años) que una película francesa que rinde homenaje a Hollywood.

Listo el asunto. Como siempre digo, vamos a ver si mis presentimientos funcionan y lo más importante, vamos a usar la apuesta para divertirnos con el show que algunos esperamos todo el año.