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Un poco más de respeto

Nov 19, 2009 por Samuel Castro

Bello y el Oscar

El cine es un arte popular. Hace parte de nuestras conversaciones diarias, nos da frases, escenas y chistes para sobrellevar la vida de la oficina, permite que cada persona del mundo se parezca a un actor o a una actriz (¿cuántos bajitos, gordos y calvos le agradecerán a Danny DeVito tener un apodo decente entre sus amigos?) e incluso, a algunos, nos da tema para escribir.

Pero a veces nos pasamos de confianzudos con el cine. Como es parte de nuestras vidas, lo tratamos igual que a la escoba de la casa y lo maltratamos sin que se nos mueva un pelo: ¿cuántos plagios de secuencias de The Matrix se dieron en la publicidad mundial en los últimos diez años? O bueno, ¿cuál será el publicista fan de Harrison Ford que decidió promover desodorantes para mujer con una versión femenina de Indiana Jones? Barbara Blade es un nombre con el mismo número de letras del arqueólogo cinematográfico y además usa como apellido parte del nombre de Blade runner, una de las películas de ciencia-ficción más importantes, protagonizada (¡tenía que ser!) por Ford.

Hay casos más aberrantes, por supuesto. Estamos en Colombia, donde llegar tarde a las sesiones del Congreso es lo normal. Por eso tenemos a candidatos que se postularon (¡y ganaron!) usando el máximo galardón del cine como referencia (foto de arriba) o a una clínica dental, que se puso el sonoro nombre de Hollywood Dental algo, para que sus clientes puedan tener “una sonrisa de película”.  ¿Cómo cuál película?, se nos ocurre preguntar. ¿Dientes como los del animal protagonista en Tiburón? ¿O como los que luce en cada cinta donde trabaja, Steve Buscemi?

Es maravilloso hacerle homenaje al cine. Pero con Schwarzenegger de gobernador de California deberíamos entender que es mejor dejar al séptimo arte donde está: en su mundo de película.

Steve Buscemi

Que se quemen en el infierno

Nov 12, 2009 por Samuel Castro

Drag me to hell

Dos películas en cartelera nos permiten recordar lo que a veces se olvida: que en el cine puede pasar lo imposible, lo que nunca ocurrió, lo que soñamos alguna vez.

De Inglorious basterds se han dicho muchas cosas pero tal vez no se haya elogiado suficientemente la posibilidad que abre Tarantino a directores igual de osados. ¿Por qué una película que sucede en el pasado tiene que contar LA HISTORIA? Si el cine sirve para contar historias, qué problema hay en cambiar los hechos que todos conocemos por los que al guionista le dé la gana. ¿No sentimos al ver la película, que Tarantino hizo con Hitler y sus secuaces lo que todos hubiéramos querido? ¿No dan ganas de pararse del asiento y gritar “Bravo” cuando se incendia el cine?

Por otro lado, de Drag me to hell se ha dicho muy poco. Es como si la coraza de película de terror nos impidiera ver más allá de sus escenas asustadoras y reconocer la crítica que Sam Raimi encierra en su historia. Después de la debacle económica de Estados Unidos, millones de personas se quedaron sin sus casas, pagando la ambición desmedida de aquellos funcionarios bancarios que hicieron ganancias con sus hipotecas. Pues Raimi tiene un mensaje claro para personas que se parecen a su personaje central: puede que no lo hayan hecho intencionalmente pero van a tener que pagar por lo que hicieron. Y en seguida, como Tarantino, hace que las llamas ardan para castigar los pecados de quien se lo merece. ¡Que ardan todos en la paila mocha! Mientras nosotros, en este purgatorio que nos tocó en suerte, seguimos soñando con una justicia que sólo llega en las películas.

Amanda

Nov 11, 2009 por Luis Fernando Afanador

http://www.dvoted.net/index.php?option=com_content&task=view&id=398&Itemid=151&film=1790

Noticia: un corto excelente

Nov 6, 2009 por Luis Fernando Afanador

Se llama Mads Mengel, tiene 19 años, es danés y acaba de hacer un corto extraordinario, que ya fue premiado: Amanda. Lo pueden bajar y ver en www.dvoted.com
Sí se puede. No sólo con técnica: con ideas y buenos argumentos.

Preguntas de cine de puente

Nov 3, 2009 por Samuel Castro

Inglorious basterds

Además de bendecir en el puesto que ocupa  en la diestra de Dios Padre al difunto senador Raimundo Emiliani Román (¡prohombre al que le debemos tanto aquellos que no nos morimos de ganas de ir a la oficina!), los “puentes” colombianos (fines de semana largos les dicen en otros países) nos llevan a atrevernos con paquetes de películas, entre DVDs y cartelera, que cuando son buenas se convierten en mejores opciones que cualquier “paquete turístico”. En este caso, después de ver cuatro títulos muy distintos entre sí, quedan algunas preguntas sin resolver para las que algunos pueden tener respuesta.

 ¿Dónde, en qué películas que no vimos, estaba metida Mélanie Laurent (en la foto) hasta ahora, que nos embriagó con su belleza fascinante en Inglorious basterds?

Pregunta hermanita: ¿por qué hasta este momento Christoph Waltz, el actor que se roba la película de Tarantino con su interpretación del coronel Hans Landa, sólo era trabajador cotidiano de la televisión austriaca y alemana?  

¿Qué pasó en la copia que compró Babilla cine de Conversaciones con mi jardinero para que el DVD original que se consigue en Blockbuster no sea leído en reproductores DVD multizona?

¿Quién en Cine Colombia tomó la decisión de no proyectar en sus salas la cinta de Tarantino que se estrenó en el Festival de Cannes?

¿Si tanto nos gusta el creador de Pulp fiction por qué casi nadie pudo ver Death proof,  su parte en el programa doble que creó con Robert Rodríguez?

¿Por qué Meryl Streep parece ser la única actriz mayor de 50 años que sigue siendo respetada por la taquilla norteamericana? Y la que sigue: ¿Cómo hace para tener tantos registros (de apariencia, de movimientos, de voz) esta mujer que puede ser la mejor actriz de cine de su generación?

¿Por qué tan pocos críticos destacan las grandes cualidades como director de Sam Raimi, visibles hasta en títulos como Arrástrame al infierno?

Y la de postre: ¿Qué pasaría si Meryl Streep actuara en una película de Tarantino?

Comienza el festival de Londres: El fantástico señor Fox

Oct 14, 2009 por Andrés Borda

Bueno, tengo el placer de estar acá, en representación de ochoymedio, en Londres y en el festival de cine que se inauguró hoy con la genial El fantástico señor Fox de Wes Anderson. Quiero compartir con ustedes la reseña que escribí de la misma. Mañana regresaré con más noticias. Para quienes estén interesados, les cuento que el programa del festival está, este año, realmente bueno. Esperen reseñas de las últimas películas de Steven Soderbergh, Werner Herzog y Jim Jarmusch.

El cine no sólo es el cine

Oct 6, 2009 por Samuel Castro

Estaremos de acuerdo en que una de las mejores cosas de la vida es ir a cine en buena compañía. El hecho de que la película vaya a comenzar permite que la conversación nunca se ponga incómoda. La penumbra se presta para abrazos y gestos de cariño que de otra manera no serían fáciles. La experiencia del cine va más allá de la película, trasciende las imágenes para ser todo lo que rodea esas imágenes. Pero eso, que es una de las pocas cosas en que el cine de salas podría competir contra la piratería, sigue sin ser entendido por muchos exhibidores.

Un taxista me contaba en estos días que cuando quería armar un plan romántico con su esposa compraba una película en la calle por $4000, iba a una tienda y se gastaba $10.000 en mecato (y eso cuando es mucho, añadió), organizaba su home theater casero (el televisor conectado al equipo de sonido) y se acomodaba en su cama. Eso era el cielo. Obvio. Si hubiera decidido llevar a su señora a cine se habría topado con boletas carísimas (ojo, no para el mundo, que es la excusa que nos dan, carísimas para el contexto económico de este país), con una cafetería que nos cobra por su porción más pequeña lo que valdrían 8 porciones de maíz pira más una libra de mantequilla más una pequeña cacerola, y en algunas salas, con sillas que hacen de la clase económica de los aviones un paraíso y con un sonido que sólo permite ver películas en inglés, pues cuando son en español no se entiende lo que dicen los protagonistas.

Una sala de Medellín especializada en exhibir cine de autor (no voy a decir el nombre, pero muchos la identificarán) está siendo renovada, poniendo retratos de grandes intérpretes de la historia en las paredes (con algunos errores de ortografía en sus nombres y fallos en las fechas de nacimiento y muerte que acompañan los retratos, por cierto), pintando sus muros y renovando el menú de su cafetería con la posibilidad de comprar crepes. Hacen esto a pesar de que en algunas de sus salas el proyector necesita urgentemente que le cambien la bombilla y que en otras, la música de la película se escucha más que los diálogos. ¿No se habrán dado cuenta algunas cadenas que si siguen tratando mal a sus clientes crecerán generaciones de colombianos que prefieren hacer lo que hace el taxista que me transportó? ¿No recordarán que incluso las películas sin efectos especiales ni surround 5.1 dolby digital también necesitan buena imagen y buen sonido para ser disfrutadas? Creo que olvidaron que la magia de ir al cine sólo se siente si todo alrededor de la película, funciona bien. Aunque bueno… ¿qué se puede esperar de estos exhibidores que nos han encerrado en casa con una cartelera que no provoca nada a aquellos que vemos películas con el cerebro conectado?

Blogumental de cine: Cristina Puerta

Oct 3, 2009 por Samuel Castro

Cristina Puerta es una editora (ese oficio jodido) muy juiciosa que trabajó seis años en Norma, luego lo hizo en Santillana de España y ahora continúa con su labor en la Unesco. ¿Qué piensa del cine alguien que todos los días vive entre páginas y páginas escritas?

1.  ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

No. Lo siento.

2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

ET: el bautizo. The sound of music: la primera comunión. La sociedad de los poetas muertos y Reality bites, en serio. Las tres primeras de la Guerra de las galaxias vistas en un solo día, sin bañarse. Apocalypse now, sola en un cine de París, cuando la reeditaron, que yo no la había visto. Y Dancer in the dark, que si se va a parecer a un sacramento, sería el de la extremaunción

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted? 

La ventana indiscreta. Shadows and fog. Fargo. After hours. The Royal Tennenbaums, sí, nada que hacer. Alguna de la Pantera Rosa de Peter Sellers. Y The Shining, para que salga corriendo

4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine? 

Las románticas para llorar (las veo para eso), que no por eso son malas: Love actually, Notting Hill, Sleepless in SeattleSweet home Alabama, qué me importa

5. ¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Es como hacer mercado o lavarse los dientes. Una parte de la vida que ya no se cuestiona

El largo y lento brazo de la ley

Sep 30, 2009 por Samuel Castro

A mí lo que me da susto es estar de acuerdo con un tipo como Jean-Marie Le Pen, que con su Frente Nacional en Francia está cerquita del nazismo. Pero hasta los tontos pueden tener a veces la razón. Y la gente muy inteligente, equivocarse. Porque creo con sinceridad que están equivocados cineastas tan valiosos como Andrzej Wajda, Stephen Frears, Costa-Gavras, Giuseppe Tornatore y Bertrand Tavernier, que firman una carta de apoyo pidiendo la liberación de Roman Polanski de su detención en Suiza y la suspensión de su extradición a Estados Unidos.

Polanski

Sí, Polanski podrá ser uno de los autores más importantes de la historia del cine (sólo Chinatown sería suficiente para recordarlo) y haber tenido una vida muy dolorosa, con su infancia en Cracovia durante la Segunda Guerra y el asesinato de su esposa embarazada a manos de la secta de Charles Manson. Pero no hay que confundir ni tener doble moral: uno no puede pensar que la justicia sólo debe detener a quienes nos caen mal cuando son culpables. Y Polanski es un convicto y un cobarde, pues además de confesar hace tres décadas que había violado a Samantha Geimer (en aquel entonces una niña de 13 años a quien el polaco drogó, emborrachó y violó de todas las formas que se le ocurrieron en la casa que le había prestado su amigo Jack Nicholson) cuando se dio cuenta de que se le venía una condena grande, huyó a Europa y aprovechó su doble nacionalidad, polaca y francesa, para evadir a la justicia. No nos podemos indignar con Diomedes Díaz y después querer que Polanski siga libre.

No estaba propiamente escondido. Todos sabían en qué países filmaba y a qué festivales asistía. Pero la justicia en todo el mundo es “para los de ruana” y los contactos con personas del establecimiento y de la élite cultural impidieron que las autoridades cumplieran con su deber. Me da pena con todos los que respetan y quieren su cine (yo soy uno de ellos) pero el talento no es excusa. Y lo que él hizo fue un crimen. No un accidente, ni una de esas cosas que solemos disculpar porque son “cuestión de tragos”: un crimen, que ni siquiera con el soborno que le pagó a Geimer hace años se puede excusar.

Amalric

Sólo tengo una propuesta. Sea lo que sea que pase (y lo que debe pasar es que Polanski vaya a la cárcel, no porque alguien piense que sea una amenaza para la sociedad sino porque es su deber) la historia de la vida de Polanski es una de las más atractivas de un artista nacido el siglo XX. Así que de una vez propongo que cuando hagan la película de su vida, contraten a Mathieu Amalric (el de La escafandra y la mariposa) para que lo encarne. Son igualitos. Sólo falta que los hechos permitan escribir las últimas páginas del guión. Por lo que a mí respecta, no tendrá un final feliz.

Bastardos sin gloria 1: Michael Madsen

Sep 26, 2009 por Samuel Castro

Michael Madsen

Hay varios tipos de actores (no, no voy a decir “y de actrices”, me niego a hablar como estúpido o como candidato político —el chiste fácil de que son lo mismo, se lo dejo a cada cual— sólo porque a algunas funcionarias del Estado se les ocurrió que esa era la manera de sentirse “incluidas” en el lenguaje). Para mencionar sólo algunos están las estrellas fulgurantes, de las que no necesitamos mencionar ni siquiera su nombre (Pitt, Jolie, DiCaprio, Damon); están los actores secundarios que siempre recordamos y que incluso a veces protagonizan (Ben Kingsley, Kathy Bates); los soles apagados (que alguna vez fueron estrellas y que ahora gozan de su retiro o escogen muy bien aquello en lo que participan); los que vemos y no recordamos (ya vendrá su sección) y una categoría que se me ocurre, y que para generar más tráfico en el sitio (la sinceridad ante todo) y porque realmente le calza perfecto, sería la de “los bastardos sin gloria”.

¿Quiénes son? Aquellos que uno no entiende cómo no fueron grandes estrellas. Que son talentosos, que tienen presencia, que alguna vez han mostrado su valía, pero que por descuido o irresponsabilidad, por mal gusto o drogadicción, se perdieron en algún punto de la ruta para no jamás convertirse en lo que pudieron ser. Para que quede más claro, un bastardo sin gloria es lo que era Mickey Rourke hasta antes de que interpretara el Marv de Sin city o lo que iba a ser con seguridad Robert Downey Jr, hasta que él mismo decidió ocupar su merecido lugar de estrella, cambiando su comportamiento errático por elecciones tan poderosas como Iron man. Un bastardo sin gloria de verdad sólo se luce cuando ÉL QUIERE, especialmente si trabaja para directores que conocen su calidad y los aceptan con todos sus defectos, que son muchos: a los bastardos sin gloria nadie los quiere; los bastardos sin gloria no tienen club de fans; los bastardos sin gloria jamás serán una apuesta segura. Los bastardos sin gloria son tan buenos actores que aparecen sin problemas en películas de cualquier género, pueden sostener una historia por horas o volver memorable un momento que dura segundos.

Michael Madsen 2

Michael Madsen, quien cumplió años ayer 25 de septiembre, es el bastardo sin gloria por antonomasia. Sólo un bastardo sin gloria puede tener, en 27 años de carrera, 170 producciones en su hoja de vida, con años en los que puede actuar hasta en 9 producciones. ¿Qué ninguna es importante o digna siquiera de estrenarse en salas? Eso no le importa. Él se para ahí, frente a la cámara, con esa imagen de chico rudo que tiene, sin los problemas de calvicie de tantas estrellitas (¿o no, señor Jude Law?) dice sus líneas con convicción y logra que lo recordemos, incluso en papeles estúpidos, como el del papá de aquel niño que quería salvar a la ballena en Free Willy. Hasta repitió el personaje en la segunda parte porque sabe que su prestigio está sobre el bien y sobre el mal: él cobra su cheque y los críticos que se jodan. Sabe que cuando se lo propone, con una sonrisa basta para que creamos que es el novio buena gente de Susan Sarandon en Thelma y Louise o que con poco esfuerzo puede ser el más malo de todos, como en Donnie Brasco. Quentin Tarantino, que es un bastardo con gloria, lo adora. No poco de su éxito se debe a la manera en que Madsen pronunció sus parlamentos en Reservoir dogs como el temible Mr.Blonde. Lo quiere tanto que es el padrino de los hijos de Madsen.

¿Premios? Sólo tres, conseguidos apenas hace un año por su actuación en una peliculita sin pretensiones que nunca llegará a nuestros cines: Strenght and honor. ¿Para qué necesita premios un tipo que mide casi 1,90 y que enseguida de actuar en Kill Bill se apunta a una película que se llamó Vampiro anónimo? Madsen, como los buenos bastardos anónimos la tiene clara: si no es más invitado de alfombras rojas por sus películas, se remangará la camisa y empezará a aspirarlas, porque nada de este mundo le es ajeno. Madsen se le mide a todo, y ese, que es su principal defecto, es también su mayor virtud.