El pasado martes se llevó a cabo la premier para prensa de Dios los junta y ellos se separan. Es, antes de que empiecen las suspicacias, la nueva película de Harold Trompetero, el colombiano Harold Trompetero, que dice tener oído de trompetero, autor de Díastole y sístole, Violeta de los mil colores (según él su mejor película, que es una lástima que Flora Martínez no haya dejado estrenar) y una cadena de comerciales de televisión que no alcanzarían a mencionarse en este espacio.Pues bien. Se presentó la pelìcula. Le hicimos fuerza como a un hijito que está aprendiendo a montar bicicleta. Y nada. La cosa no arrancó. Tuvo sus chistes. Y su canción final. Pero nada. Lo bueno fue, realmente, la rueda de prensa del final, que sólo ellos, los de la pelìcula, querían que se hiciera. No hay premier sin rueda de prensa. Hay que ver la de Karmma. Fue una maravilla. Orlando Pardo, de corbata, nos dijo antes de comenzar: “nunca había visto a tantas personas tan importantes reunidas”. Y todos nos miramos a ver de quién estaba hablando. Pero bueno. A Dios los junta y ellos se separan.
La película se acabó. Se encendieron las luces. Y una mesa con mantel blanco se llenó de estrellas. Marcela Carvajal, Catalina Aristizábal, Julio Nava, Manuel José Chávez, Julio César Herrera y el propio Trompetero, que rio a pierna suelta desde la primera pregunta hasta la última. Hubo varias preguntas. Y las respuestas fueron toda una revelación: Trompetero dirigió la película por teléfono (como Jorge Luis Pinto dirige el Cúcuta deportivo), reeditó todo (la historia era líneal) según tres propuestas que estudió seriamente y tuvo una relación tormentosa con la actriz Catalina Aristizábal. Catalina fue contundente en sus afirmaciones: “Harold me sacó la muchacha del servicio que llevo dentro”, “Harold, en el casting, me dijo ponte en cuatro y haz de gato y yo pensaba qué le pasa a este man, marica, qué idioma me está hablando”, “Harold me trataba de explicar lo que tenía que hacer pero yo no le entendía nada y renuncié pero él me dijo que me esperara un poquito, y aquí estoy”.
Estuvo tranquila Marcela Carvajal, sensata. Histriónico Julio César Herrera. Y fresco Manuel José Chávez, querido, que completa su tercera película en este mismo año. La nota tierna corrió por cuenta de Julio Nava. Que era el de la chaqueta roja brillante. Un cantante. Que, cuando Trompetero aseguró que su película y la de Dago García acabarían con las competencias extranjeras el próximo 24 de diciembre, se aventuró a dar una explicación: “es que es como mi música: la gente colombiana se identifica con ella porque es colombiana como ellos y se crea un efecto de espejo en el que se ve la gente reflejada con sus costumbres y su colombianismo”. Todos, Catalina Aristizábal, asentimos comprensivos. Y ya. La gente comenzó a salirse. Y Nava siguió.