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La gracia de Grey’s Anatomy

Saturday, June 18, 2011 por Samuel Castro

Me he pasado de las peleas entre hinchas de fútbol a las discusiones entre aficionados a las series. Y así como a algunos no les cabe en la cabeza que uno pueda ser hincha de Nacional y alegrarse por las victorias del DIM, parece que no se pudieran adorar al mismo tiempo las ironías y los sarcasmos de House M.D. y disfrutar de las tramas pasionales y desgarradas de Grey’s anatomy. Sus fans parecen Montescos y Capuletos. Y me perdonan los fanáticos de ambas familias, pero las dos están muy bien. Lo que pasa es que se ha escrito tanto acerca del doctor cojo (análisis de cada capítulo, compilaciones de las frases, filosofías) y tan poco de la serie que revivió la carrera de Patrick Dempsey, que mi costumbre de ponerme del lado del débil me obliga a dedicar un rato a elogiar todas sus cualidades, y burlarme con cariño de sus defectos. Eso sí, maldiciendo la hora en que a alguien se le ocurrió hacer una adaptación “a la colombiana” que lleva el creativísimo nombre (copiado de la película de Susanne Bier) de “A corazón abierto”. Podrá ser hasta decente la versión, pero el sólo hecho de que todas las protagonistas femeninas parezcan escogidas por Diego Cadavid para la portada de Soho, me hace preferir el original.

Para empezar el rasgo distintivo de Grey’s anatomy: el personaje más carismático de la serie no es su protagonista, cosa que según los cánones gringos es un sacrilegio (aunque después vino Big love con el petardo de Bill Paxton y comprobó que cualquier cosa puede pasar) Cuando la serie comenzó, esa fue una de las características que hacían a los críticos augurarle poca permanencia al aire (es maravilloso cuando nos equivocamos tan estrepitosamente). Ellen Pompeo, la novia de Jim Carrey en las escenas eliminadas de Eternal sunshine of the spotless mind, se ha visto siempre cinco años mayor de la edad que supuestamente debería tener Meredith y un día está hermosa y al otro parece que hubiera amanecido en un parque antes de la grabación de sus escenas, habla como si le diera pereza abrir la boca y no siempre le creemos sus depresiones y sus tristezas. Pero este “defecto” hizo también que desde el comienzo las tramas de los secundarios, sus vidas y sus amores, fueran alternándose el protagonismo. El resultado es que hoy todos los personajes nos importan (cuando se fue de la serie George, el “buenazo”, debo confesarlo, lloré durante diez minutos seguidos), todas las historias han cobrado vida propia y la serie tiene decenas de caminos posibles. Queremos que Karev consiga a una mujer que no esté loca, que Cristina Yang haga la mejor operación de cardio que exista, que a Torres y a Arizona les vaya bien en su matrimonio, que a Mark le siente bien la paternidad. Y sobre todas las cosas, adoramos a Miranda, el verdadero corazón del Seattle Grace Hospital.

Los seguidores de House desprecian el dramatismo de Grey’s anatomy. Pero si uno ve de corrido las siete temporadas que lleva hasta ahora, descubrirá que una de sus muchas virtudes es dosificar la tragedia para que haya capítulos donde incluso las emergencias son graciosas y otros donde pasan pequeñas cosas, que tres episodios más adelante serán vitales para la historia. Pura inteligencia de su creadora, Shonda Rhimes, que además no ha dejado de atreverse a correr riesgos: un capítulo grabado como si fuera un documental televisivo, otro donde a lo Rashomon, veíamos la versión de los hechos según cada persona que los contaba, uno más donde la protagonista hablaba con los muertos en un cielo que era un quirófano vacío. Nada mal para una serie supuestamente rosa.

¿Qué es lo que tanto nos gusta de Grey’s anatomy? Que a diferencia de House, un genio solitario que sólo podemos imitar, los personajes de Grey’s se parecen mucho a nosotros. Supuestamente ya son “grandes” pero todavía tienen que descubrir cuál es su talento, para qué sirven en la vida; todos cargan sobre sus hombros los pecados y las miserias de sus padres; están aprendiendo a ser papás, esposos, buenas personas; se han ido transformando a lo largo de la serie y ya no son los mismos muchachitos (sobre todo Meredith) que peleaban por una operación de vesícula hace unos años. Pero todavía en cada capítulo pueden tomar una decisión que les cambie la vida (al menos durante media temporada) Es una gran serie, distinta a House pero maravillosa a su manera.

Puede que uno quiera conocer a House más que a Meredith o a McDreamy.  Pero nadie puede negar, que entre los dos hospitales, el más divertido, el más parecido a cualquiera de nuestras casas, es el de Seattle. Y esa es su gracia.

Blogumental de cine: Felipe Restrepo

Friday, May 27, 2011 por Samuel Castro

A falta de post y críticas (ya se imaginarán el trabajo en el que andamos, no dejen de disculparnos y de leernos) siempre es bueno continuar con los buenos proyectos, como el de nuestro blogumental. Esta vez, el invitado es Felipe Restrepo, (@felres en Twitter), uno de esos tipos que cualquiera quisiera tener de amigo, que ha tenido la suerte de satisfacer su pasión por el cine, con entrevistas a verdaderas estrellas (Ewan McGregor o Chris O’Donnell han sido algunas de las más recientes) que realiza como editor de la revista Esquire para Latinoamérica. Además el tiempo le alcanza para ser columnista de El Espectador y la Revista Gente edición mexicana. Un verdadero gatopardo de la literatura y de la escritura.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Desde muy chiquito mi papá me llevaba a cine todos los sábados por la tarde. Más que las películas que me llevaba a ver, recuerdo la impresión que me causaba entrar en ese mundo. Por lo general íbamos al Astor Plaza o al Royal Plaza —que ya no sé si siguen siendo salas de cine o las convirtieron en iglesias o en discotecas— que eran teatros enormes y viejos. Me sentía muy bien ahí y descubrí pronto que el cine era una de las mejores cosas que tenía la vida. Creo que cada vez que regreso a ver una película busco volver a sentirme igual. Pero, como decía, no recuerdo exactamente qué películas veíamos. Yo siempre quería que me mi papá me llevara a ver las de James Bond, pero eran para mayores de 12 años —creo que por las escenas, fuertísimas, de sexo— así que no me dejaban entrar. Siempre terminábamos viendo alguna de acción malísima o, peor, una de Disney. Me acuerdo que Volver al futuro fue la primera que me gustó de verdad.
 
¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Estoy de acuerdo con algo que dice por ahí Alejandro Martín: los eventos que menciona no fueron grandes eventos. Más bien trámites aburridos. En cambio, algunas películas sí fueron acontecimientos que marcaron momentos muy precisos de mi vida. La lista es larga, pero más o menos es, en orden cronológico: las de Superman, Batman e Indiana Jones (porque era como ser amigo de tres niños: uno bueno, uno malo y uno inteligente); Adiós a los niños (porque era sentir la misma angustia de ir al colegio); El silencio de los inocentes (porque no podía imaginarme nada más asustador); El club de la pelea (porque ahí estaba todo lo que siempre había querido que me dijeran); Y tu mamá también (porque era muy caliente); Bowling for Columbine (porque el mundo no es un lugar seguro); Belleza americana (porque tiene la secuencia final más bonita que yo haya visto); Secreto en la montaña (porque fue liberadora); y El Padrino (porque mi propia familia no era tan disfucional, después de todo).

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Pues me imagino que le mostraría mi película favorita: El club de la pelea, de David Fincher. Aunque no sé si eso le explicaría algo sobre mí —es posible que más bien lo asustara un poco—. Creo que mejor haría una selección de la lista que mencioné en la respuesta anterior.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Tengo una debilidad por los placeres y mucho más si son culposos. Así que mi lista es larga y un poco vergonzosa para confesarla acá. Pero hay dos películas que tendría que mencionar. La primera es Forrest Gump que muchos consideran mala, pero no lo es tanto. Hay algo en esa película —las actuaciones o cómo cuentan la historia, no sé— que siempre me conmueve mucho.
Y luego está —en un merecido primer lugar— La sinfonía del Señor Holland (Mr.Holland Opus). Una película pésima, con Richard Dreyfuss, que no es más que una serie de lugares comunes: la esposa abnegada, el alumno rebelde, la alumna gordita, el hijo sordo, etc. Pero debo confesar que me parece la obra maestra de ese género que nos gusta tanto a todos: el del profesor sabio que le cambia la vida a sus alumnos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Por dos razones. Una práctica: me quedaría sin trabajo y sin con qué vivir. Y otra aún más práctica: me quedaría sin ganas de vivir.

Joyas por descubrir: Vientos de agua

Tuesday, January 25, 2011 por Samuel Castro
Una de las cosas que más me gusta de Internet es que sirve como museo, como vitrina irrompible de todo lo que alguien consideró alguna vez que debía ser puesto en el jade “inmortal” del ciberespacio. Lo que antes eran, por decir algo, las escenas musicales de los Hermanos Marx que ciertos privilegiados tenían en su colección de películas personal, en bobinas con cinta de nitrato, ahora aparecen con sólo hacer clic en youtube. O La jetée, aquel corto impresionante que inspiró Doce monos y que en los noventa sólo algunos habían podido ver en obscuras y secretas versiones de contrabando, ahora es un recurso con el que cualquier adolescente despistado puede contar en su formación audiovisual.
Como las audiencias son caprichosas y no siempre aciertan (por algo hay tanto reality malo con ratings tremendos, por algo The wire se vendió más en DVD de lo que se vio en TV) la red sirve para que trabajos que valen la pena, series que todos debemos conocer, películas desconocidas producidas en Timbuktú, tengan una segunda oportunidad sobre la tierra.
Precisamente de segundas oportunidades, de la migración entendida como otro destino que ensayamos porque el que tenemos no nos está saliendo bien, es de lo que habla Vientos de agua, esta miniserie maravillosa de la que algo había oído pero que nunca (como tantas cosas buenas) llegó a Colombia. Y en Argentina y en España, países que la coprodujeron, donde sí la dieron, no tuvo el éxito esperado. ¿Por qué? Me atrevo a creer que por un exceso de realismo y autocrítica. Porque claro, está toda la visión romántica de que en otro país hay oportunidades que nos permiten salir adelante, pero también verdades que a mucha gente no le gusta ver: el argentino que se junta con el resto de latinoamericanos pero que debe sacudirse un montón de prejuicios (en un momento de la serie le dice a una amiga colombiana “pero vos blanquita del todo no sos”) porque se siente un poquito más que ellos; los españoles que no están muy interesados en acabar con la migración (así nos pongan visas) porque les proveemos de mano de obra barata que habla su idioma; la migración de nazis que tuvieron como destino el sur del continente a mediados del siglo XX.
Si a alguien le gustó El secreto de sus ojos, con seguridad va a disfrutar de estos 13 capítulos que se ven en un suspiro, pues el creador y principal director de esta serie es Juan José Campanella. Y todo su estilo, ese refinamiento visual en la manera de narrar, su sentimentalismo bien entendido, el cariño por el destino de sus personajes, la capacidad de unir acción y emoción, están en esta serie.
En cada capítulo de la serie Campanella nos va narrando en paralelo dos destinos: el del joven Andrés, emigrando desde Asturias a una Argentina que, parafraseando a Borges, veía llegar a sus raíces a bordo de los barcos que cruzaban el océano, y el de su hijo menor, Ernesto, que en medio del “corralito” que atrapó a los argentinos en su propio país se va a España a juntarse con esos millones de indocumentados latinoamericanos, africanos y rumanos, que pueblan las calles madrileñas. Con sabiduría y pulso firme, Campanella es capaz de mostrarnos las semejanzas entre ambas historias, mientras hace que nos encariñemos con sus personajes secundarios: Juliusz, el judío eternamente enamorado de su esposa Gemma (una hermosísima Giulia Michelini); Cecilia, la esposa de Ernesto, que no puede evitar que la lejanía afecte sus sentimientos; Mara, la colombiana (¡estupenda Angie Cepeda!) que es toda alegría y pasión.
Puede que en internet muchos adolescentes tarados aprendan a armar bombas caseras y otros tontos se emboben con las consignas incendiarias de Sarah Palin, pero mientras algunos, con un poco de suerte, podamos desenterrar el cajón del tesoro lleno de joyas como esta serie, el ciberespacio seguirá valiendo la pena.

Se va un papá del cine, llega una mamá al cine

Tuesday, January 4, 2011 por Samuel Castro

A un actor o a una actriz podemos llamarlos “estrellas de cine” cuando comienzan a hacer parte de nuestra vida diaria, incluso más allá de la pantalla. Si para describir a alguien decimos que “tiene las mismas cejas de Kate Winslet” con la seguridad de que nuestro interlocutor va a entender. O cuando sus rostros (y sus cuerpos) se aparecen en nuestros sueños. Pero también podemos llamarlos estrellas cuando sentimos que son parte de nuestra existencia, que los conocemos tan bien y han estado hace tanto tiempo junto a nosotros, que son integrantes de la familia.

Algunos twiteros (labobadaliteraria, por ejemplo) se han burlado de las expresiones de tristeza de tantos hombres que han (que hemos) lamentado el matrimonio de Natalie Portman o que todavía no podemos creer que esté embarazada (pudiendo embarazarse, como tantas otras actrices, llegando a los 40 y no a los 30). Se preguntan con sorna si pensábamos que alguno de nosotros tenía la mínima posibilidad de casarse con ella. Y la respuesta es que sí, que por supuesto (es más, si asumimos que es cierto el noviazgo de Portman con Gael García Bernal, las posibilidades crecen) porque precisamente eso son las estrellas: nuestras novias eternas, nuestros amantes inmortales. Desde que todos nos enamoramos de ella en Leon, cuando sentimos que era nuestra hermana chiquita, han pasado 16 años en que la hemos visto crecer, madurar, raparse la cabeza, graduarse de Harvard y convertirse en la segura ganadora del Oscar este año. Siempre tan madura, pareciera que ese afán de trabajar (ha filmado 12 largometrajes en los últimos 5 años) era precisamente el seguro para dedicarse un par de años a su hijo sin que su carrera se resienta.

Al año siguiente de embobarnos con la presencia de Natalie, apareció en El último de los mohicanos un actor cuyo rostro parecía esculpido a hachazos. Los ángulos pronunciados de la cara de Pete Postlethwaite terminarían de grabarse en nuestra memoria cuando nos conmovió con su personaje de Giuseppe Conlon en En el nombre del padre, que dependiendo del día en que me pregunten, puede ser mi película favorita. Había que tener mucha presencia en la pantalla para infundir respeto estando al lado de Daniel Day-Lewis, pero Postlethwaite lo hacía con un mínimo de esfuerzo. Y a pesar de que actuaría en películas buenísimas, como The usual suspects o Romeo+Juliet, para muchos el buen Pete siempre será ese papá recto que enseñaba con el ejemplo, ese que se preocupaba porque su hijo se drogara en lugar de intentar demostrar su inocencia, el que hizo que sus compañeros en la prisión tiraran papeles encendidos por las ventanas el día que murió. Tal vez sin proponérselo, Postlethwaite se convirtió en nuestro padre adoptivo (cuya partida definitiva nos duele), así como Natalie Portman es y será, nuestra novia platónica, incluso ahora que es mamá. Porque los actores de cine son todos los que actúan en la pantalla gigante. Las estrellas son aquellos que siguen actuando en nuestra memoria cuando cerramos los ojos.

Lo mejor de la década: 2009

Thursday, December 30, 2010 por Samuel Castro

En menos de 48 horas se acaba este año. Y yo, en medio de fincas familiares y deseos de futuro venturoso en el 2011, corro todo lo que puedo para que Alejandro no gane su desafío y podamos terminar de nombrar las mejores películas de la década antes de la media noche de mañana. El 2009 fue un muy buen año para el cine y por el hecho de que reducimos esta lista a cinco por cada año (para que al final nos queden 50) se tuvieron que quedar por fuera de este listado anual grandes películas como Capitalismo: una historia de amor o Un profeta. Además, tengo que advertirlo, no está en este listado La cinta blanca porque por múltiples razones no la he visto aún (ya sé que decirlo es casi un crimen) y no me parece honesto con ustedes hablar de una película que tengo pendientes. Con esa salvedad, que espero excusen, veamos la lista de 2009.

Inglorious basterds: Tarantino cada vez lo hace mejor. En esta magnífica mezcla (que no es parodia, ni homenaje, sino todo lo contrario, como diría Cantinflas) de géneros y tonos, Quentin le declara su amor y su admiración al cine. Por eso el héroe es un crítico de cine y el combustible del incendio vengador es la antigua cinta fílmica de nitrato. Todo combinado en su justa medida para lograr una cinta imprescindible.

Up in the air: Ya escribí todo lo que podía escribir de esta película magnífica. Pero en los últimos días me he asombrado al escuchar muchos comentarios de personas que dicen que les pareció aburrida esta cinta. Al margen de respetar los gustos, creo que esas personas tal vez están demasiado cómodas con sus vidas y no han sentido esa angustia que, sobre todo en estos días de fin de año, nos llena el alma.

A single man: Yo soy un gran defensor de las buenas historias como la materia prima esencial de las buenas películas, pero me fascina aún más cuando un director logra encontrar la mejor manera visual de contar su historia. Si quieren un ejemplo de eso vean el primer trabajo del antiguo modisto Tom Ford. De continuar con este nivel, estamos hablando, sin lugar a dudas, de un verdadero autor de cine.

Up: Un anciano como protagonista. Un niño gordo como su segundo de abordo. Y así, a punta de ir en contra de los esquemas y de recordar las verdaderas películas de aventuras en cada secuencia, Pixar logró otra vez crear un nuevo clásico. Si alguien se perdió la secuencia en la que cuentan la vida del protagonista y su esposa en pocos minutos, salga ya mismo a comprar el DVD.

El secreto de sus ojos: Sí, todos la vieron este año. Pero oficialmente esta maravillosa historia se lanzó en 2009, logrando que los argentinos volvieran a creer en su cine y que los latinoamericanos tengamos dónde mirar cuando alguien dice que aquí no se pueden hacer grandes películas. Ésta, más que grande, es grandiosa.

Ya sólo queda que escojamos las mejores películas de 2010, para que la década esté completa. No dejen de visitarnos mañana.

Lo mejor de la década: 2007

Wednesday, December 15, 2010 por Samuel Castro

Ya nos quedará tiempo (o al menos eso quiero pensar) para hablar de muchas cosas importantísimas: de los superhéroes que se toman las pantallas, de las nominaciones de los Globo (¿Burlesque? ¡Por Dios!, ¿en qué están pensando?, ¿tan malo fue el cine de este año?), de la afortunada decisión de Scarlett Johansson de separarse. Pero como dijo Alejandro, no podemos dejar que se acabe este año sin que terminemos de definir cuáles fueron las mejores películas de la década.

Este 2007 tiene una excepción a las normas que estábamos siguiendo. Hasta ahora, teníamos listas de 5 películas. Les juro que intenté por todos los premios ceñirme a ese número pero no fui capaz de quitar ninguna de las siguientes cintas. Lo siento, pero sin cualquiera de ellas, mi año cinematográfico quedaría chueco emocionalmente. Vamos a ver qué tan de acuerdo están ustedes:

4 luni, 3 saptamâni si 2 zile (4 meses, 3 semanas y 2 días): ¿Por qué una película que se siente como una patada en el estómago, que te deja sin aliento y te causa dolor, está en este listado? Porque ese dolor y esa angustia las logra transmitir a pura sinceridad, mostrándonos esas desgracias que cualquiera, en una mala racha, podría vivir.

Atonement: Ian McEwan tiene la suerte de que buenos directores han decidido adaptar sus libros. Y aquí, Joe Wright toma a Keira Knightley, de la que sabe sacar lo mejor, y la convierte en la heroína de un drama imposible, romántico y hermoso, filmado con un gusto exquisito por las formas y por las posibilidades estéticas que potencian las buenas historias.

Juno: Los que habíamos visto Hard candy sabíamos que Ellen Page era una de esas actrices que tiene un cuerpo demasiado pequeño para la energía que posee. Pero cuando la vimos encarnando a Juno, esa adolescente irónica y mordaz que se embarazaba de su mejor amigo, Page se convirtió en un ícono. Las palabras que Diablo Cody escribió para ella en esta película, la volvieron inmortal.

Le scaphandre et le papillon (La escafandra y la mariposa): Yo había leído el libro cuando estaba en el ejército y me había conmovido hasta las lágrimas. Pero la forma que escogió Julian Schnabel para contar esta historia, con la mirada imposible y perturbadora de un hombre a quien su cuerpo no le responde, es tan asombrosa que cualquier intento de describir la película se queda corto. Hay que verla.

Ratatouille: Si nos gustan tanto las historias de héroes imposibles, ¿por qué a nadie se le había ocurrido lo que pasaría si una rata sucia y cochina, tuviera vocación de chef? Pixar lo pensó, y llevando toda la belleza de París a una cinta animada, creó una de esos relatos eternos, que servirán para que los niños crezcan creyendo que todas las películas del mundo son así de maravillosas.

 

The visitor: Richard Jenkins tuvo que actuar en 51 largometrajes (sin contar sus trabajos para televisión) antes de que lo nominaran al Oscar como mejor actor. Y la Academia lo hizo porque el personaje que crea en esta película, ese hombre gris que un día ve la oportunidad de ayudar a un par de personas que se cruzan en su camino mientras vuelve a creer en la vida, es un regalo para el espíritu.

¿Ya pensaron cuáles pueden ser las de 2008?

Una de los nuestros

Wednesday, November 17, 2010 por Samuel Castro

Este post se iba a titular “Los logros de la familia”. Pero de ahí a que habláramos de “la familia ochoymedio” había un paso, y me niego a que en esta página y en este blog aparezcan expresiones de cartelera de empresa animando a los suyos para que nunca se revelen contra la esclavitud. Así que utilizando uno de esos títulos españolizados (que realmente pertenece a Goodfellas), con el género intencionalmente en conflicto, (como para pelear también con los políticos estúpidos que dicen nosotros y nosotras, meretrices y meretrizos) tenemos que destacar que nuestra colaboradora de cabecera, Diana Ospina Obando, es hoy también parte del cuerpo de críticos de Arcadia, la única revista que hace periodismo cultural en Colombia (que es distinto a hacer revistas literarias).

Ya se puede leer en línea su primera crítica, sobre Partir de Catherine Corsini, que demuestra, como siempre, la sensibilidad y la mirada particular que todo crítico debe tener y que Diana posee como pocas. Esperamos que con su nuevo compromiso, Diana no nos abandone (pero qué le vamos a hacer, es una posibilidad cuando uno hace esta página por amor al cine) y que sigamos contando con sus palabras y sus pensamientos.

Para ochoymedio, es un orgullo saber que Diana está en Arcadia, aunque es probable que deba ser Arcadia la que esté orgullosa de su nueva colaboradora, que es nuestra también. Una de los nuestros.

Cine vs Geografía

Wednesday, September 29, 2010 por Samuel Castro

Uno piensa que Medellín es el último hueco del mundo en materia de cine (y en otras materias, pero no es hora de pelear por regionalismos trasnochados) y olvida que al otro lado de las montañas del Valle de Aburrá hay cientos de pueblos donde ni siquiera hay salas de cine, donde jamás podrán ver Avatar en 3D, donde agradecen (¡agradecen!) que alguien lleve Marmaduke en DVD para venderla en la plaza.

Recordé lo que les cuento en estos días, en los que tuve la suerte de dictar uno de los módulos en una capacitación que el Ministerio de Cultura les da a las personas encargadas de manejar en distintas instituciones educativas la Maleta de Cine, una colección de films en DVD armada con el fin de que se programen ciclos y cine-clubes que incentiven cultura audiovisual de los colombianos en regiones alejadas de los centros urbanos. Tuve la suerte de tener como auditorio a bibliotecarios de Quimbaya y Córdoba, en Quindío; de Apartadó en Urabá e incluso de un municipio que se llama Risaralda pero queda en Caldas.

Estos funcionarios son los verdaderos héroes del cine en Colombia. Los que sacan sus propios equipos de sonido y proyectan cine para el pueblo entero en una de las paredes blancas de la iglesia (para qué, pero eso sí es evangelizar), los que sólo por amor al arte programan ciclos de cine para comunidades indígenas (recordemos que ni siquiera en internet se consiguen traducciones del inglés al dialecto de los embera-chamí) o para población desplazada (mi único consejo es que fueran comedias, hay gente que no necesita ver más drama en la vida). Personas que se demoran seis horas en llegar a su municipio desde la capital del departamento (y eso cuando les va bien) y que por lo tanto, ven la Maleta de Cine como el baúl del tesoro.

Y viéndolos me pregunté: ¿no será posible que las empresas de cine en Colombia dediquen a un personal mínimo a llevar cine por todos estos pueblos? Sí, sé que es muy difícil y que nuestra geografía es imposible pero… ¿no quieren que películas como Policía adjetivo tengan público? Ahí lo tienen. En estas poblaciones, la posibilidad de ir a un cine, les llenará la sala sin importar la película. Entonces tomemos la decisión inteligente y en vez de llevarles Transformers 2 proyectemos Océanos o Dos hermanos. Todo lo que el culebrero no les va a llevar el próximo domingo de mercado. Lo que ninguno de los viajeros del municipio puede conseguir en la terminal de transporte de los piratas usuales. A la larga, si consiguen a un proyector que le guste el viaje y la aventura, el periplo rural podrá ser un negocio redondo.

Pero claro, me hago ilusiones. A estas empresas ni siquiera les importamos nosotros, los citadinos. Para ellos sólo somos el número de asistentes que engorda sus balances, así que ninguno de ellos va a invertir en un público que no puede comprar barrilitos de crispetas a $15.000 Y entonces, en Quimbaya y Córdoba, en Apartadó y Risaralda, cuando quieran armar ciclos completos con cintas que no están en la Maleta de Cine, no tendrán más remedio que bajar películas de internet, aunque se demoren semanas en ello gracias a su ancho de banda. ¡Que importa! Las montañas seguirán estando ahí por siempre, pero por fortuna hoy el cine está al alcance de cualquiera que, como ellos, sueñe que la exhibición de películas sirve para algo más que dar plata.

El señor de las telarañas

Friday, September 17, 2010 por Samuel Castro

No. No voy a hablar de Spiderman (y eso que habría cosas que decir, como que no entiendo por qué escogieron como protagonista a Andrew Garfield, que tiene 27 años ya, si querían volver más adolescente al personaje) El título de este post se debe a una definición que hizo alguna vez Juan Carlos González, crítico de cine de El Tiempo y antiguo colaborador de ochoymedio acerca de Claude Chabrol, el director francés que murió el 12 de septiembre pasado. Decía Juan que cuando uno entra a un apartamento se fija en las ventanas, en las cortinas, en los cuadros que adornan las paredes. Chabrol en cambio, al entrar a un apartamento de clase media (siempre de clase media, por supuesto) lo que veía eran las telarañas en las esquinas del techo.

Y es una buena definición para un hombre que nunca dejó de criticar a la clase social de la que hacía parte, a través de una obra que lo convirtió en uno de los directores franceses más reconocidos, con un estilo seco y fluido, de narración concisa y directa. ¿No es paradójico que el hombre que hizo del thriller con crimen o suicidio una marca registrada deba su comienzo precisamente a una muerte? Claro, todos los medios registran que pudo filmar El bello Sergio, su primera película, con una herencia de su mujer de entonces. Vuelvan a pensar en ello: alguien se murió, dejó un dinero y gracias a él Chabrol pudo fundar la productora con la que comenzó eso que después se llamó “la nueva ola” del cine francés (en entrevistas, decía que no hubo nunca una nueva ola, sólo el mar)

 

Conocí a Chabrol porque hubo un tiempo en el que Blockbuster tenía cine francés en sus estanterías y Cine Colombia programaba sus películas (¡qué días aquellos!) Nada mejor que un director que le fascina a tu novia para que lo extrañes: ver la nueva película que llegaba de él era un compromiso no escrito. Y siempre era él: uno estaba esperando desde el comienzo que algo malo pasara, que alguien muriera, que la policía llegara. Algunos decía que se repetía. Yo, por el contrario, siempre he creído que sólo cuando las obsesiones se notan, se convierten en estilo.

Hay que ser muy inteligente (y Chabrol lo era) para decir algo así: “Me gusta el thriller como género porque cuando la gente va a ver uno, a menos que realmente sea muy malo, nunca dicen que perdieron su tiempo. Es una buena forma de que tengan ganas de ir a cine y no se quejen demasiado. Porque tú no haces películas para expresar tus ideas. Las haces para distraer a la gente y para interesarla en tus películas tal vez los hagas pensar, incluso les puedes ayudar a ser menos idiotas, a ser un poco mejores de lo que eran”. Como para los que dicen que entretener es una preocupación banal.

Después de tantas muertes vistas en sus cintas, hoy, en la suya, toca decir que hará mucha falta el hombre que siempre veía las telarañas, que nos recordaba que en nuestras vidas siempre habrá un rincón oscuro que necesita limpieza.

El maravilloso mundo de Disney

Friday, September 10, 2010 por Samuel Castro

El asunto pasó desapercibido para muchos medios en español, porque en general las noticias a las que le dan importancia nuestros noticieros con relación al cine, es al lanzamiento de cosas como Resident evil 4 y demás estropicios cinematográficos. Pero tenemos que resaltarlo. Disney se convirtió, gracias a Toy story 3 en el primer estudio en la historia del cine en lanzar el mismo año dos películas que hicieron más de 1000 millones de dólares (eso para los gringos, que cuentan en pulgadas y en pies, es un billón de verdes) en taquilla. Lo paradójico (¡qué sería de la vida sin ironía!) es que los directos responsables de los excelentes resultados para el estudio del ratón, son las ovejas negras más ilustres de Disney: Pixar y Tim Burton.

Ya pasaron los años en que Disney quiso hacerle una jugada sucia a Pixar, con la letra menuda de un contrato que interpretaban a su manera. En la actualidad, el pequeño estudio que despreciaban por no hacer las cosas “como debían” es quien impulsa los logros de la compañía y, gracias al acuerdo de compra que les permitió adquirir a los de la lamparita, John Lasseter (en su momento también vilipendiado por los seguidores del Pato Donald) es hoy uno de los jefes en Disney y el hombre que ordenó contra todo pronóstico, volver a hacer películas en 2D porque claro, como dice él, lo importante es la historia. Este año su creación más importante, la pareja que forman Woody y Buzz (que cuando nacieron simbolizaban el viejo y el nuevo mundo del cine), demostró que es uno de los equipos más admirados por los espectadores de todo el mundo.

Por el otro lado está Tim Burton, aquel animador loco con el que nadie sabía qué hacer en Disney, al que tuvieron que echar después de que hiciera un corto de un niño que resucitaba a su perro de entre los muertos. Hoy, con un prestigio ganado a punta de convertir en imágenes inolvidables sus pesadillas (mentiras, conociendo a Tim Burton esos deben ser sus sueños felices) y con una pieza muy menor en cuanto a calidad como Alice in wonderland, Burton se da el lujo de ser la otra estrella de la compañía.

Algo pasa en Disney, pues son sus hijos pródigos los que están llenando la caja. ¿En qué momento dejaron de identificar el talento? Por fortuna para el estudio la suerte los sigue acompañando y sus hijos pródigos vuelven a la casa que los vio nacer, para que el castillo de la princesa siga brillando. Ya se deben estar frotando las manos, anticipando el éxito de la cuarta parte de Piratas del Caribe, aquella película basada… ¡en una atracción de sus parques que estuvieron a punto de demoler!