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Lo mejor de la década: 2001

Thursday, April 1, 2010 por Samuel Castro

Después de un tiempo largo uno no sabe de qué hablar cuando se sienta a conversar con los amigos. Si de la falta de autocrítica de los antioqueños que pensamos que los Suramericanos fueron perfectos (¿por qué nos duele tanto el “casi perfectos”?, ¿por qué el espíritu crítico es una afrenta personal?); si de la falta de autocrítica de ciertos candidatos presidenciales (que casualmente también durante su administración en Medellín no admitieron las críticas a su gestión y dejaron ese talante de herencia) que les hizo perder sus posibilidades de elección. ¿O de la falta de inteligencia de los ejecutivos que decidieron no estrenar Shutter island el año pasado? Sí, fue un buen golpe en las taquillas (que es lo que vale en Estados Unidos) pero ¡qué candidata se perdieron los Oscar!

Dejando para más adelante la respuesta a James sobre qué es una buena película (¡qué tal la pregunta!) y decidiendo que lo mejor es celebrar el regreso a estas páginas de Pedro Felipe, el amigo de quien no conozco el rostro y con el que nunca he hablado que hace parte de este proyecto, voy a seguir con esta selección de lo mejor de la década. Sigue el 2001 y esta selección que es también una odisea del espacio, para no extendernos por mucho. No, no están en orden. Las cinco son grandes películas, aunque sin decir títulos, la que está en mi corazón es aquella en la que cantan más que en las otras.

No man's land

No man´s land (En tierra de nadie): Todos sabemos que las guerras son tontas. Que matar a otro ser humano por cumplir las órdenes de alguien que cumple órdenes de otra persona que a su vez mira un mapa y ordena bombardear como quien pide colorear una zona de un libro para preescolares es una estupidez. Pero nunca sobra que una película nos lo recuerde, sobre todo si para hacerlo pasa, con humor negro y mala sangre, incluso por encima de Naciones Unidas.

La stanza del figlio

La stanza del figlio (La habitación del hijo): Un papá nunca debería perder a un hijo. Nunca. No estamos hechos para eso (tener hijos y poder cuidarlos es incluso, una virtud aprendida como parte de la civilización). Y por eso, una película hecha con la sensibilidad que tiene ésta, es imprescindible.

Moulin rouge

Moulin Rouge: ¿Antes de esta película alguien había pensado que un musical podía volver a ser cool? ¡Qué importa que el salpicón mezcle a Gloria Estefan, The police y Queen! Todavía recuerdo la sensación de felicidad cuando en la parte inferior de la pantalla en la presentación de Twentieth Century Fox aparecía un director de orquesta moviendo la batuta para dirigir la fanfarria. Y a Nicole Kidman, más hermosa que nunca con el pelo rojo, la conciencia gris y cantando que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres. Toda la exageración en esta película donde hay demasiado de todo, lograba hacer entender la extraña armonía del caos.

Amelie

Le fabuleux destin d’Amelie Poulain (Amelie): Cuando Jeunet apareció con esta película, asombrosa aún hoy desde lo estético, fue como si se valiera narrar cuentos de hadas en un escenario actual. Todo en esta historia de una mujer única (¡pobre Audrey Tautou, quedó marcada para siempre) que cambiaba la vida de las personas a su alrededor mientras los colores pastel llenaban la pantalla. Y la historia del duende (de ese que se ve en la foto a un lado de la protagonista) es inolvidable.

Inteligencia artificial

Artificial Intelligence (AI): Es difícil creer que Steven Spielberg hiciera una película incomprendida por el público. Pero ésta, casi un deber personal con que el director norteamericano se comprometió para hacer honor a la historia que lo hacía conversar tanto con Stanley Kubrick, no fue propiamente uno de sus romances con la taquilla. Y sin embargo, es una de esas películas que dentro de muchos años, cuando sea decantada por la crítica y todos los mensajes y su belleza formal entendidos como se debe, formará parte de los títulos esenciales que Spielberg deja como legado.

Lo mejor de la década: 2000

Sunday, March 14, 2010 por Samuel Castro

No me fue mal en los vaticinios del Oscar. 16 de 24 es una marca decente, aún cuando no acerté con la mejor película. ¿Quién iba a pensar que la Academia este año iba a tener una ceremonia que buscaba llegarle a los adolescentes (con ese adefesio de coreografía hip-hop y esos pobres protagonistas de Crepúsculo que todavía no saben hablar en público) pero que ella misma, como excepción, se iba a comportar como adulta, premiando una versión difícil de una guerra que nadie quiere ver? Pero llegó la hora de otro tipo de listados, más polémicos y difíciles, porque siempre que se habla de “lo mejor” alguien se siente ofendido. Así que toca aclarar que esto es lo mejor de los diez años que van del 200 al 2009, según el que esto escribe, no según ochoymedio, que es una hidra de múltiples pensamientos.

Diez películas para diez años me parecía una cosa terrible, así que voy a ser más manirroto y voy a hablar de las que creo que son las 50 mejores películas de la década. Se vale disentir, se vale pelear y sugerir otras. E incluso, votar por algunos títulos para los años de la década que siguen. Aquí están, éstas son.

Crouching tiger

Wo hu can long (El tigre y el dragón): Antes de esta película (que es antes de Kill Bill, convenzamos a los adolescentes de hoy que el cine no se lo inventó Tarantino) recuerdo que las artes marciales tenían mala prensa. Era mal visto hablar del cine de patadas y rivales de ojos rasgados. Y de repente, ¡boom!, todos querían volar por los aires, vestidos de cuero como en The matrix o escalando bambúes, como acá.

Deseando amar

Fa yeung nin wa (Deseando amar): Era la atmósfera. El hecho de que los colores parecían tener vida propia. Y que los personajes vivían una pasión de esas que nos descontrolan la vida, pero en medio de una prohibición y una tensión que vimos muy pocas veces después.

Memento

Memento: Estaba Guy Pierce, con ese pelo rubio que no le cuadraba en una película donde nada cuadraba, donde uno sentía que no podía ser, que eso no iba a salir bien. Un alarde de genialidad de ese tremendo director que es Christopher Nolan. Si había otra película que sucediera hacia atrás en el tiempo, no la recuerdo. Si no la han visto, por favor, alquílenla, y disfruten una de las experiencias más electrizantes que puede vivir un cinéfilo.

Requiem for a dream

Réquiem for a dream: Cuando se habla de las adicciones siempre se corre el riesgo de ser exagerado, y de tratar de provocar el asco en el espectador. Aronofsky asumió el riesgo con todas las ganas y decidió que si había que provocar asco lo iba a hacer de todas las formas posibles. Con una estética de video-clip que le cuadraba perfectamente, si esta película no hacía desistir a algunos de ciertos vicios, nada lo haría.

Amores perros

Amores perros: Yo creo que es una de las mejores películas del cine latinoamericano de la historia. Que es uno de los choques más impresionantes que he visto, a pesar de que haya miles que son más explosivos y espectaculares. Que Gael García Bernal no sería nadie de no haber protagonizado esto. Y que Guillermo Arriaga y Alejandro González no hicieron juntos nada mejor que este collage trágico, latinoamericano, ridículo y memorable, que nos probaba que en el tercer mundo también se podían hacer películas extraordinarias.

Ya vendrán las siguientes películas seleccionadas para el resto de la década. Ya pueden comenzar a discutir, sugerir y opinar.