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La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 28, 2016 por Samuel Castro
No se preocupen, lectores de España. Este no es el guión de una película porno, como podrían pensar, sino la apuesta que cada año hago con muchos amigos, para divertirnos durante la transmisión. Una apuesta que ya es una tradición y que se convierte en un reto personal. Creo que la vez que más he acertado fue cuando le pegue a 16 categorías. Claro, son los riesgos de intentarlo en todas, pero si no, qué gracia tendría. Comencemos entonces, según el orden que amablemente nos compartió el colega argentino Diego Lerer a través de Twitter.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight
Debería ganar “Inside out”, pero estos viejitos que son los miembros de la Academia no van a premiar a una película animada en una categoría “seria” (para ellos) así que está muy bien que se lo gane esa maravillosa historia de “Spotlight”.
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Charles Randolph y Adam McKay por The big short
Ni siquiera nominaron a “Carol” a mejor película, como debería haber ocurrido, mucho menos le van a dar el Óscar a mejor guión original. Como muchos perdieron plata en la crisis del 2008 y es su oportunidad de hacerse los trascendentales, se lo van a dar a esa infladísima película que es “The big short”.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Alicia Vikander por The danish girl
De nuevo, como debería ganar Rooney Mara (equivocadamente puesta en esta categoría, cuando es tan principal como Cate Blanchett) pero no lo hará, los miembros se irán por una talentosa cara nueva. Y esa es la hermosa Alicia Vikander, que hace de “The danish girl” algo menos meloso de lo que podría haber sido, por fortuna.
MEJOR VESTUARIO
Paco Delgado por The danish girl
Lo lógico sería que Sandy Powell con sus dos nominaciones, ganara el Óscar. Pero esta dualidad va a hacer que sus votos se dividan y ahí podrá estar esperando el español (que es físico, además) para llevarse la estatuilla por un gran trabajo.
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Jack Fisk y Hamish Purdy, por The revenant
Encontrar todos los escenarios que necesitaba una producción épica como esta y luego ser capaz de volar al otro lado del mundo para lograr sobrellevar el contratiempo de la falta de nieve, es suficiente mérito para este premio.
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin, por Mad Max
Sólo cierren los ojos y recuerden lo que es Imperator Furiosa e Inmortan Joe, para que no haya dudas en esta categoría.
MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The revenant
Llevo repitiendo este texto tres años seguidos. El texto exacto. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.
MEJOR EDICIÓN
Margaret Sixel por Mad Max
Si algo es bueno en Mad Max es su edición espléndida. Y si dándole el premio a Margaret, que es la esposa de George Miller, hacemos que los votantes prefieran en director a Alejandro González Iñárritu, mejor que mejor.
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Mark A. Mangini y David White, por Mad Max
Normalmente los votantes le dan estos premios a las naves espaciales (que no es muy lógico) pero este año hay dos y hay una cantidad de motores de carros y gritos y voces en Mad Max, que harán que se lleve este premio.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
Este premio va pegado al anterior, por casi ñas mismas razones.
MEJORES EFECTOS VISUALES
Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver, Andy Williams
La osa es impresionante, pero Mad Max es un concierto para los ojos durante TODA la película.

MEJOR CORTO ANIMADO
Bear story
Otro oso ganador. Aunque “World of tomorrow” es más asombrosa visualmente, este corto es más sentimental y apela a la emoción, lo que priva a los miembros de la Academia.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Inside out
Ninguna duda, ¿o sí?

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Sylvester Stallone por Creed
Ustedes, ellos, nosotros, tú y yo, nos vamos a parar a aplaudir. Al menos yo lo haré. Eso sí, sin fotos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
A girl in the river
Aunque la historia de Chau es conmovedora, estas categorías últimamente buscan premiar héroes o hacer hincapié en fenómenos sociales que la Academia quiere atacar, y la historia de las mujeres que son asesinadas por honor en Pakistán, parece demasiado atractiva para ese fin.
MEJOR DOCUMENTAL
Amy
La crítica que hice sobre esta gran película se llama “Ver el fuego extinguirse”, y tiene un epígrafe de Porfirio Barba Jacob. Mi corazón está comprometido aquí. No soy imparcial. No quiero serlo.
MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Shok
Niños, guerra de Kosovo, un arrepentimiento, bicicleta. Receta perfecta, en mi opinión.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
El abrazo de la serpiente
A esta altura de la ceremonia, o voy ganando endiabladamente o voy de culos del todo. Prefiero decir mañana que me equivoqué por mi ánimo nacionalista que lamentar no tener la confianza en los puntos de análisis que he mencionado antes (el momento político, lo “complicado” de la historia de “El hijo de Saúl”) así que sí, soy de ese 5% de críticos del mundo que dan ganadora a “El abrazo de la serpiente”.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Til it happens to you” de Diane Warren y Lady Gaga
Me cae mal Lady Gaga. Pero me cae peor ese tonto de Sam Smith que no supo darle grandeza a la canción para James Bond, así que espero que la mamá de los monstruos se lleve esa vaina. O que se lo regale a Roger Deakins.
MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ennio Morriccone
No se van a perder los Óscar la oportunidad de premiar a una leyenda.
MEJOR DIRECTOR
Alejandro González Iñárritu por The revenant
¡Qué importa que Alejandro tenga un ego gigante si hace películas grandiosas! Que se lleve los que quiera. Y que hable en español un poquito, por favor.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Brie Larson por Room
Lástima que no existe el empate (aunque hubo alguna vez) porque debería ganarlo compartido con Cate Blanchett, pero no se atreverá el Óscar a darle su TERCER Óscar a la australiana.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Leonardo DiCaprio por The revenant
Por fin. Respiremos.
MEJOR PELÍCULA
The revenant
Y lo digo de una vez, si perdiera con Spotlight también sonreiría. Pero que no se les ocurra premiar a The big short porque le tiro un zapato al televisor.
Listo. Que comience esta vaina. Si los hago todos, salgo corriendo a comprar el Baloto.

Solo ante el prejuicio

Thursday, February 5, 2015 por Samuel Castro

El fuego es implacable, como la injusticia. En la madrugada del domingo primero de junio de 2008, las llamas no tuvieron piedad, y consumieron una buena parte de  las instalaciones de los Estudios Universal en Los Angeles. Casi todos los periodistas menores de 30 años lamentaron la pérdida de una construcción icónica en el cine de ciencia-ficción: la torre del reloj de Hill Valley, aquella en la que el doctor Emmett Brown, con su pelo revolcado por el viento, espera ansioso a que un rayo caiga y haga funcionar el artilugio que ha creado para que su amigo Marty McFly regrese al futuro. Sin embargo, en otra parte de los cables noticiosos, también se resaltaba una pérdida igual de irreparable: la corte de justicia del pequeño pueblo imaginario de Maycomb y réplica de la corte real de Monroeville, Alabama, era ahora una pila de escombros humeantes. Y aunque para algunos los decorados de las películas sólo sean una mezcla de papel maché, cartón y madera, esta corte típica de los estados sureños norteamericanos de la primera mitad del siglo XX era el escenario más importante de la que el American Film Institute declaró como la mejor película de estrados judiciales en la historia del cine norteamericano, To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor). En esa corte, el digno y honrado Atticus Finch defendería al pobre Tom Robinson. No ganaría el caso, por supuesto, porque Tom Robinson era un negro acusado de violar a una mujer blanca en el territorio racista por excelencia de Estados Unidos y todo ocurría durante los años treinta, muy lejos en el tiempo de la década del 60 y su reivindicación de la igualdad y los derechos civiles; pero su defensa inobjetable en aquel caso, su porte y sus palabras, convertirían a Atticus Finch en uno de los personajes más recordados en la historia del cine. Por fortuna, aunque la escenografía ya no exista, la cinta sigue siendo tan emocionante como en el año de su estreno y sigue haciéndole justicia a un libro único.

 Matar a un ruiseñor 1

 Del libro a la película

“For Jack Dunphy and Harper Lee. With my love and gratitude”. Eso decía la dedicatoria del libro. El amor, por supuesto, era para Jack, su novio de aquellos años. Pero la gratitud era para su amiga y confidente, su cómplice y ayudante. Truman Capote sabía que tal vez sin Harper Lee, sin su compañía y consejo, no habría podido terminar “A sangre fría”, la obra maestra que ansiaba escribir desde hacía varios años. Gracias al furor desatado por las dos películas biográficas que se hicieron, muchas personas escucharon el nombre de Harper Lee, y la vieron encarnada por Sandra Bullock y por Catherine Keener respectivamente. Sin embargo, Lee ya brillaba entre los escritores de su generación en 1961, cuando comenzó a trabajar con su amigo Capote en aquel gran reportaje, pues la novela que había publicado el año anterior, “To kill a mockingbird” acababa de ganar el Premio Pulitzer. El éxito fue casi instantáneo, aunque desde el comienzo la escritora debió insistir en que la novela no era un relato autobiográfico sino una historia de ficción. Las confusiones se debían a que el personaje principal del libro y que además narraba la novela era, al igual que Lee, la hija menor de un abogado de un pueblo en el sur norteamericano.

Matar a un ruiseñor 2

Con el éxito vinieron de inmediato las propuestas para la adaptación al cine. Pero a diferencia de su amigo Capote, que ese año había visto su nombre como guionista de “The innocents”, Lee no se sintió muy feliz con la posibilidad de trabajar para la industria de Hollywood. Ella era de alguna manera la antítesis anímica del autor de “Desayuno en Tiffany’s”: tímida, seria, retraída. Desde aquellos años hasta hoy, por ejemplo, nunca ha querido conceder una entrevista y jamás publicó otra novela. Así que para la adaptación al cine de aquel éxito no se podía contar con la autora. Era necesario buscar a un guionista que fuera capaz de captar la belleza y el drama de aquella pequeña historia rural. Y había un hombre perfecto para esa tarea.

Un equipo a la medida

Los comienzos de la televisión fueron los mismos en todas partes. También en Estados Unidos muchos de los programas de los primeros años se transmitían en vivo, pues la tecnología para grabar era muy costosa. Por lo tanto, era necesario contar con actores experimentados, casi todos venidos del teatro o probados en el cine, que supieran muy bien sus líneas y no fallaran frente a la cámara; con guionistas competentes que tuvieran un claro sentido del tiempo para que los picos emotivos de las historias se dieran justo antes de comerciales y con directores que supieran ubicar muy bien sus cámaras para sacarles el mayor jugo a las escenas. Uno de los programas más importantes de aquella época, aún hoy tenido en cuenta en las listas de los mejores de la historia fue “Playhouse 90”, llamado así porque en 90 minutos contaba historias dramáticas originales de un talentoso grupo de escritores de planta o adaptaba novelas de autores como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald o Ray Bradbury. Charlton Heston, Joanne Woodward o Paul Newman fueron algunos de los grandes nombres del cine que actuaron en aquella serie.

Uno de los escritores de “Playhouse 90” era Horton Foote. Horton había comenzado su carrera como actor de teatro pero cansado de que le dieran papeles mediocres, decidió que la mejor manera de tener libretos decentes era escribirlos él mismo. Si algún escritor sabía qué tipo de material necesitaba un actor para lucirse era uno que hubiera actuado, así que cuando las críticas por su escritura fueron mejores que las recibidas por su actuación, cambió su dirección dentro de la industria. Foote se distinguía porque sabía cómo contar historias sobre pueblos, pueblos típicos norteamericanos como aquel del que él mismo provenía: Wharton, Texas. Por eso fue el encargado de escribir un capítulo de la serie basado en una historia original de William Faulkner en la que un granjero recogía a una mujer embarazada que había sido abandonada por el padre del niño: Tomorrow. En ese capítulo, Foote volvió a encontrarse con un director con el que ya había trabajado en otra serie del mismo corte, “Studio One” y con quien se había entendido muy bien: Robert Mulligan, un joven que ya se destacaba por sus buenos oficios a la hora de dirigir actores y que había demostrado que podía lidiar con grandes estrellas sin problemas, pues le había dado órdenes a Laurence Olivier en la adaptación televisiva de la novela de William Somerset Maugham, “La luna y seis peniques”.

Robert Mulligan fue quien dirigió la primera película que produjo Alan J Pakula, Fear strikes out y juntos formarían un equipo sólido durante seis rodajes más. Así que cuando Pakula le dijo a Mulligan que tenían la posibilidad de adaptar la novela de Harper Lee, éste pensó inmediatamente en Horton Foote, el escritor a quien ya conocía, ideal para conservar la fuerza que emanaba esa historia de campo, como lo había hecho con el relato de Faulkner. El equipo estaba completo, y además contaban con una estrella confirmada: Gregory Peck. Lo que éste no sabía es que gracias a ese fantástico grupo de profesionales iba a conseguir la interpretación más importante de toda su carrera.

Un héroe a través de los ojos de un niño

En 2003 el American Film Institute hizo otro conteo como el que nos ocupa en este número de Kinetoscopio, pero esa vez decidieron escoger a 100 grandes personajes de la historia del cine norteamericano: 50 villanos y 50 héroes. Según aquella clasificación, el villano más terrible que se había visto era el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, lo que no era de extrañar teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos. Frente a ese personaje malévolo, el héroe más recordado debía ser alguien a su altura; un hombre que no se detuviera ante nada y que fuera capaz de derrotar a cualquiera. Para sorpresa de muchos, por encima de los poderes de Batman o Superman, de los puños de Rocky, de las armas de James Bond o del látigo de Indiana Jones, el AFI escogió a un héroe común, a un hombre que cumple con su deber a pesar de que no triunfe, que consigue la hazaña de hacer siempre lo que cree correcto y de enseñarle a sus hijos lo que es justo. El héroe de todos los tiempos no era otro que Atticus Finch, el abogado viudo que encarnó Gregory Peck en To kill a mockingbird y que le permitió ganar el único Oscar a mejor actor de su carrera. Pero, ¿qué tiene de especial Atticus Finch?

Lo primero, es que lo observamos a través de los ojos de sus hijos, que están en la edad en la que los padres son el comienzo y el fin del universo La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos de presentación vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch: en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas, un reloj, crayones negros, un silbato metálico. Esos créditos, ejemplares por su belleza y su poder de síntesis, fueron diseñados por Stephen O. Frankfurt, diseñador gráfico y publicista que en aquel entonces había hecho campañas exitosas para marcas de productos infantiles. El objetivo de Alan J. Pakula era que Frankfurt se metiera en la mente de los niños y consiguiera reflejar en esa secuencia el rol vital que ellos tenían en la historia. Hasta el nombre de la película aparece en pantalla “traducido” al mundo infantil: una mano de niño descubre el título coloreando con un crayón una hoja en blanco. Un adulto escribió antes la frase en una hoja que ya no está, pero los espectadores la vemos gracias a que el niño nos muestra algo que no está presente a simple vista: nos ha descubierto lo invisible, como lo harán Scout y Jen a lo largo de la cinta. Stephen Frankfurt, otro de los hombres perfectos para su trabajo de esta película, continuaría trabajando en el cine y creando campañas publicitarias donde pondría en práctica su filosofía de insinuar más que mostrar y de apelar a las emociones de los espectadores. A él le debemos dos promociones cinematográficas que harían historia: el clasificado en la sección de nacimientos de los periódicos que simplemente decía “Reza por el bebé de Rosemary” y la frase fantástica en el cartel de Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Al comenzar la película, Scout, la narradora (en realidad la voz de la actriz Kim Stanley, quien también había trabajado con Mulligan en Playhouse 90), nos recalca que lo que vamos a ver es un recuerdo de su infancia, de cuando el pueblo donde había crecido vivía las consecuencias terribles de la Gran Depresión de los años treinta. Es una buena estrategia lo de la memoria infantil porque si los adultos somos nosotros, es nuestra responsabilidad encontrar el sentido “profundo” de las cosas. Cuando Atticus le dice a su hija que la próxima vez que vuelva a la casa el señor Cunningham, el granjero que ha venido a pagarle con parte de su cosecha un trabajo judicial que hizo para él, lo mejor es que le diga que no está, somos nosotros los que debemos entender cuál es la razón para enseñarle a un niño a mentir. Y también somos nosotros los que deberíamos saber que aquel es el acto de generosidad de un hombre justo, conciente de que quienes le rodean están pasando por tiempos difíciles.

Los niños Finch ven al mundo con la insensatez de los que llevan pocos años en él. Sin embargo, es la llegada de un niño “forastero”, Dill Harris, demasiado curioso e inteligente para su edad, la que hace que los Finch miren nuevamente su entorno con algo de extrañeza. Se dice que si el personaje de Scout fue inspirado por las vivencias de infancia de Harper Lee, Dill Harris, aquel muchachito muy bajo para su edad, contador de historias inverosímiles y de voz aflautada, era la versión infantil de Truman Capote. Juntos, los niños tejerán conjeturas sobre la “leyenda” de su barrio, el muchacho que está encerrado en la casa de los Radley, al final de la cuadra, a quien han puesto el nombre de un fantasma: Boo. Los juegos y las pequeñas apuestas de valentía, van acercándolos a ese misterio sin rostro. Pero el guión es muy inteligente y lo que parece ser una historia tonta sin relación con la vida de su padre, cobrará al final todo el sentido.

Mientras los niños juegan, a su papá le encargan la defensa de Tom Robinson. El juez le insinúa a Atticus que puede negarse pero él acepta, con el mismo gesto de deber cumplido que tendrá durante toda la película: porque es lo que hay que hacer, parece afirmar con cada postura de su cuerpo. Como dice la vecina, la señora Atkinson, en una de las muchas excelentes líneas de diálogo escritas por Horton Foote, “algunos hombres nacen para hacer nuestros trabajos odiosos” y Atticus Finch es uno de esos hombres.

Que la película está narrada desde el lado de los niños lo prueba que nada sabemos de lo que ocurre con su padre cuando no está junto a ellos. Que el pueblo está hablando mal de él lo averigua Scout cuando se pelea en el colegio con un niño que insulta a Atticus. Pero entonces él le dice a Scout que debe invitar a ese niño a la casa. Sólo sentados en el comedor, cuando el muchachito sumerge sus pancakes en miel de maple como si en eso se le fuera la vida, entendemos que tiene hambre y que el hambre no es buena compañera de la razón. Por eso ha querido Atticus que el niño vaya a la casa. Porque sabe que muchos de los prejuicios de sus conciudadanos son producto de la desesperación, de la pobreza y la incertidumbre. Ahí, sentados, pronuncia la lección central de la película: no podemos aniquilar a aquellos que lo único que han hecho es ser como son, que no nos causan ningún daño. Como el ruiseñor, que lo único que hace es cantar. Por eso no se puede matar a un ruiseñor.

Matar a un ruiseñor 4

Lecciones eternas

Hasta el día de hoy en Estados Unidos, “hacer de Atticus Finch” es la expresión utilizada cuando alguien lee un libro mientras monta guardia. Tal es el poder de ver a Gregory Peck con toda su gravedad de capitán ballenero, frente a la prisión en la que descansa su defendido, dispuesto a enfrentar lo que venga con una tranquilidad temeraria y la luz de una lámpara que alumbra sus páginas. Cuando llega la turba dispuesta a linchar a Robinson él sigue imperturbable. Sólo lo altera la llegada sorpresiva de sus hijos. Sin embargo, en una muestra más del enorme acierto de Mulligan al dirigir niños (en su última película, The man in the moon, descubrió el talento de Reese Witherspoon), la escena se resuelve con ellos mostrando que comprenden más de lo que creíamos, que saben que a cualquier adulto le avergüenza lo que está mal frente a un niño. No es inocencia lo que demuestra Scout cuando le pregunta al señor Cunningham (el mismo del comienzo) cómo siguen en su casa: es astucia.

Sin embargo la injusticia, como el fuego, es implacable. Y al final, a pesar de que los argumentos de Atticus Finch en la corte son incontestables, aún cuando todos en la sala de la corte (incluso ese personaje que en una esquina ahueca la mano junto al oído, como diciéndonos que a veces somos sordos cuando la razón habla) saben que Tom Robinson es inocente, el pobre es condenado. Pero los pobladores negros han visto que alguien se atrevió a hablar por ellos, a tratarlos como personas y no como a sirvientes. Por eso el reverendo Sykes les ordena a los niños que se pongan de pie, junto con todos los que llenan las tribunas para negros de la corte, cuando su padre está pasando. Es lo menos que se merece un hombre que lucha solo contra una sociedad desigual.

Ni Atticus ni ningún adulto pueden creer la versión de que Tom Robinson quiso escaparse y que por eso le dispararon cuando lo trasladaban a otra prisión. Otra vez somos los espectadores los que debemos leer entre líneas y entender la tremenda injusticia que se ha cometido. Sin embargo, “To kill a mockingbird” se escribió y se convirtió en película antes de que Kennedy fuera asesinado. Todavía la gente creía en algo parecido a la justicia. Y por eso, cuando los niños Finch van a ser atacados por alguien cuando vuelven a su casa después de una fiesta comunal, aparece de la nada un justiciero, un fantasma que los ayuda y que, sin quererlo, hace lo que los tribunales no pudieron. Un fantasma tan inocente como un ruiseñor, que lo único que deseaba era defender a unos niños indefensos, como él.

Matar a un ruiseñor 3

“¿Me puedes llevar a casa?”. Esa es la única frase que pronuncia Arthur “Boo” Ridley en toda la película. Pero con eso y con menos de tres minutos de presencia frente a cámara le alcanzó al joven actor Robert Duvall, quien interpretaba al personaje, para comenzar con pie derecho una carrera impecable. Muchos años después y con una historia del mismo guionista, Horton Foote (Tomorrow, la misma que había adaptado en aquel programa de televisión), Duvall ganaría el Oscar a mejor actor. Con esa frase y con Scout llevando de la mano a aquel inocente que ha hecho justicia hasta su casa termina To kill a mockingbird. De repente sabemos que Scout se ha hecho adulta con ese paseo. Y entendemos por qué Atticus Finch es una figura que ha trascendido a generaciones y generaciones de espectadores: porque nos hace recordar que las cortes pueden quemarse en los incendios y aún así la única esperanza del género humano es que los padres siguen enseñándole a sus hijos con el ejemplo, qué es lo bueno, y lo digno, y lo justo.

Las 12 del 13. Mi selección de las mejores películas del año

Tuesday, December 24, 2013 por Samuel Castro

Si uno ve una buena película cada mes, al menos una, la vida es mejor. Las buenas películas nos brindan temas para iniciar una conversación con los amigos de siempre, revelan dimensiones del mundo que no conocíamos, permiten que mantengamos la sana costumbre de escuchar (y ver) historias. Por eso esta selección es como un regalo para 2014 más que un resumen. 12 películas que pueden hacer del 2014, si las vemos, un mejor año.

About time

About time (Cuestión de tiempo): Richard Curtis, su director y guionista, el mismo de Love actually y Notting Hill sabe que el amor es cursi y maravilloso al mismo tiempo. Y es uno de los pocos capaz de traducir esa idea en una buena historia.

Silver linings playbook

Silver linings playbook (Los juegos del destino): Gracias a unas muy buenas actuaciones, nos emocionamos con una historia de amor entre dos seres débiles que no sabían que eran el uno para el otro.

La reina infiel

En kongelig affære (La reina infiel): Revelarnos a un personaje que logró imponer ideas que se adelantaron a la Revolución Francesa, es una de las muchas cualidades de esta película histórica.

Las nieves del Kilimanjaro

Les neiges du Kilimandjaro (Las nieves del Kilimanjaro): Una historia simple sobre personas simples es capaz de generar reflexiones sobre conceptos complejos como la justicia y la lealtad.

No

No: La salida de Pinochet del poder contada desde un ángulo que no conocíamos: la campaña publicitaria que permitió el éxito del referendo político que parecía destinado al fracaso.

Jagten

Jagten (La cacería): La actuación extraordinaria de Mads Mikkelsen permite que comprendamos lo fácil que es dañar la vida de alguien con una calumnia.

Stoker

Stoker (Lazos perversos): Tal vez la película visualmente más excitante y atractiva que pasó por las salas colombianas en 2013. Una clase maestra de transiciones y del uso de los elementos visuales para potenciar una historia.

Blancanieves

Blancanieves: Un cuento clásico que impacta por la forma original en que se cuenta: en este caso, sin palabras y a través del mundo de la tauromaquia.

Gravity

Gravity (Gravedad): ¿Quién dijo que ya no podían asombrarnos con una historia que sucediera en “el espacio exterior”? Adolfo Cuarón demuestra que el cine todavía nos puede dejar con la boca abierta.

Searching for sugar man

Searching for Sugar Man (Buscando a Sugar Man): Sin duda el documental del año. Una historia sobre un músico que, sin saberlo, era una estrella al otro lado del mundo.

Before midnight

Before midnight (Antes de medianoche): Richard Linklater logró consolidar con la tercera parte de esta trilogía, la historia de amor que ha marcado a una generación.

Amour

Amour (Amor): El nocaut emocional más duro que el cine nos propinó durante este año. La prueba de que hay amores que ni siquiera la muerte puede derrotar.

Causa tristeza que muchas de estas películas no hayan estado en exhibición más que una o dos semanas por falta de público. Ojalá que uno de los propósitos para 2014 sea atrevernos a ver otros tipos de cine, otros lenguajes, otras historias, y así los distribuidores se atrevan a regalarnos más variedad en nuestra cartelera. Para que el próximo diciembre sea todavía más difícil hacer esta selección.

Eduardo Sacheri: del Hay Festival al Blogumental

Thursday, January 24, 2013 por Samuel Castro

Gracias a la amable gestión de la Oficina de Prensa del Hay Festival Cartagena y luego de poder asistir a una especie de “inauguración no oficial” del evento en la que se destacó la importancia de la lectura en la educación, Ochoymedio pudo entrevistar a Eduardo Sacheri, el escritor argentino autor de “La pregunta de sus ojos”, la novela en la cual está basada la extraordinaria cinta de Juan José Campanella, El secreto de sus ojos, de la cual Sacheri es también coautor del guión. Además de hablar sobre algunos detalles de su escritura, de profundizar en ciertas particularidades de la adaptación de su novela al cine, y de sacarle algo de información sobre su próximo proyecto con Campanella, la cinta animada Metegol, Sacheri accedió a responder el ya famoso cuestionario que conocemos en estas páginas como Blogumental.

Sacheri 3

Usted fue profesor de historia. ¿Qué tanto y de qué manera se fija usted en “la historia oficial”, sus datos y anécdotas, a la hora de hacer un relato de época, o que ocurre en el pasado?

Me parece importante que la ficción que uno decide narrar encuentre un marco verosímil en el entorno histórico social. Si bien yo no escribo “novelas históricas” me parece útil y necesario que mis personajes y sus vidas tengan, como telón de fondo, los horizontes, expectativas, valores y posibilidades de la época en que están situados.

Uno de los momentos más emocionantes, por lo menos para mí, de El secreto de sus ojos, es cuando Sandoval explica con el fútbol lo que significa la pasión. ¿Por qué cree usted que hay tan pocas películas, tan pocas obras de arte, que logran transmitir lo que significa el fútbol para tantas personas?

Creo que existe una vieja desconfianza del mundo intelectual y artístico hacia el terreno de la cultura popular, sus manifestaciones y sus valores. Creo que el fútbol ha sucumbido a ese prejuicio durante muchos años. Sin embargo, creo también que en los últimos años esa prevención ha retrocedido en la mirada de muchos creadores. Un camino inconcluso, tal vez, pero por el que se comienza a transitar.

¿Por qué escribir el cuento “El hombre”, que contaba la historia de Isidoro y Ricardo Morales, antes de que surgiera “La pregunta de sus ojos”?

Cuando me propuse escribir esta historia (cuyo tema central me rondaba desde hacía muchos años) yo había incursionado en el género del cuento, pero no me había atrevido a encarar el trabajo de largo aliento que significa escribir una novela. Hice varios —numerosos— intentos de que la historia entera cupiese en un cuento. Naturalmente, fracasé. Y cuando me reconcilié con ese fracaso decidí escribir un cuento que narrase un día, un solo día, de esa historia que abarcaba tres décadas. Y publicar ese cuento. Cuando fuese capaz de escribir la novela, le daría la chance a mis lectores más asiduos de establecer el vínculo entre ambos textos. Me encanta —como lector— cuando un escritor me propone ese guiño. Pienso, por ejemplo, en García Márquez y su Coronel (de “El coronel no tiene quien le escriba”), que atraviesa —cargando el tesoro revolucionario— un par de páginas de “Cien años de soledad”. Me encantan esos guiños. Y espero que se me disculpe la osadía de citar un antecedente de esa envergadura, claro.

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¿Qué tan difícil fue para usted cambiar lo que ocurría en el interrogatorio a Isidoro que hacían Sandoval y Benjamín en la novela, por la versión que al final quedó en la película?, ¿cómo lo hizo?

Fue difícil pasar de una provocación eminentemente masculina, entre hombres, a otra en que el elemento femenino era tan importante. Sobre todo, encarnar esa provocación en Irene, que era un personaje tan contenido, tan poco corpóreo, en algún punto. Creo que la solución fue convertir esa escena en un punto de auto revelación para el propio personaje. Una especie de “Descubro en este instante de lo que soy capaz de provocar”. Las conversaciones con Campanella fueron también determinantes, en hallar el tono correcto para eso.

¿Qué diferencias hay en escribir el guión de una película que tendrá actores frente a la cámara y escribir una película animada, como Metegol, donde todo, teóricamente, es posible?

Bueno, la verdad es que desde mi posición de guionista no me representó tantas diferencias. Tal vez, por mi propia inconsciencia, de no tomar demasiado en cuenta los límites concretos en una producción con actores. Pero creo que, sobre todo, se debe a que en ambas películas el acento está puesto en los personajes, en su evolución, en su crecimiento a lo largo del filme. En ese sentido, Metegol es una apuesta muy ambiciosa desde lo visual, pero sobre todo es una historia de personajes, que viven, sienten y cambian. O al menos esa es mi perspectiva.

Sacheri 1

Blogumental

¿Recuerda qué sintió al ir al cine por primera vez?

Puedo poner esa respuesta en tiempo presente. Cuando se apagan las luces, y me envuelve el sonido, y esas imágenes enormes se me vienen encima, vuelvo a sentir cada vez la misma maravilla, el mismo asombro y el mismo placer que la primera vez.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Si tienen que ver con mi vida, sabrá dispensar el lector que su impacto tenga que ver con la edad en que las vi. Robin Hood (la versión de dibujos animados de Walt Disney). E.T., de Spielberg. Cinema Paradiso, de Tornatore. El Padrino, de Coppola (la descubrí tarde, pero me marcó absolutamente). Nueve reinas de Fabián Bielinsky.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

La gran seducción, de Jean-François Pouliot. Esa película resume casi todo lo que me importa de la vida.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Duro de matar. Nunca me voy a cansar de ver las doscientas vidas que puede perder Bruce Willis sin parar de aniquilar villanos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

En realidad es más larga la pregunta que la respuesta. Es simple: porque el cine es una de las cosas más lindas que conozco en la vida. Leer libros, ver películas y jugar al fútbol. No me pidan que las jerarquice.

Lo mejor del año que se fue

Monday, January 14, 2013 por Carolina Morales

Una selección muy personal sobre lo mejor que pude ver durante 2012. Películas de todo tipo, una serie de televisión y por supuesto un espacio dedicado al buen año del cine colombiano hacen parte de esta lista. Solo resta esperar que durante este nuevo capítulo de la vida, la magia del cine nos traiga muchos más joyas para no olvidar.

Shame

Shame
Una obra de arte de principio a fin, donde todo está puesto en su sitio en el momento indicado, justo como Steve McQueen sabe hacerlo. Michael Fassbender actúa de manera impecable, ganándose un lugar en la lista de los mejores actores contemporáneos.

The artist

The artist
Esta película es una joya con la que reímos y lloramos. El cuidado de cada detalle, su música y el final, que nos deja sin aliento, son motivos suficientes para sentir que se trata de un regalo para quienes amamos el cine.

Hugo

Hugo
Un homenaje perfecto para George Méliès. Una película hermosa e inolvidable que, como pocas, logra emocionar con igual éxito a grandes y chicos.

Drive

Drive
Acción, pasión, amor, melancolía, tristeza, odio, ira y mucha velocidad. Todo en justas dosis y con la actuación perfecta de Ryan Gosling. Todo lo anterior y su banda sonora, la convierten en uno de los mejores dramas del año.

Ted

Ted
No importa si su humor es muy gringo o si toca aguantarse hora y media a Mark Wahlberg. TED es una comedia delirante, que al final nos deja una que otra enseñanza sobre el valor de la amistad y el respeto. Seth MacFarlane es un genio.

Girls

Girls
Me declaro fan de Sex and the city, sin embargo jamás saldría a la calle vestida como Carrie ni tampoco tendría el dinero para desayunar todos los días en los exclusivos restaurantes de New York. Girls tiene esa dosis de realismo que la hace cercana, íntima y perfecta. Una comedia inteligente, divertida y refrescante.

The dark knight rises

The dark knight rises
Perturbadora, emocionante y con una narrativa perfecta. No hay mucho más que adicionar a todo lo que ya se ha dicho sobre una de las historias mejor contadas en el cine durante 2012.

Moonrise Kingdom

Moonrise Kingdom
Bizarra, colorida y hermosa, una historia donde dos niños se liberan para disfrutar de su primer amor, mientras todos, quizá viéndonos en un espejo, nos burlamos de la tristeza y torpeza que cubre la vida de los adultos.

Argo

Argo
Si una película hace que usted se pare de su silla en la sala de cine sin importarle nada, tiene que estar en la lista de lo mejor del año. Argo es la señal irrefutable de lo que significa el talento de Ben Affleck como director. Sin duda, la mejor película de suspenso del año.

Intouchable

Amigos
Podría repetirla una y otra vez. Reí, lloré y me deleité con la belleza de Omar Sy. Una película para tener en casa y compartir con buenos amigos.

Las acacias

Las acacias
En el cine no se necesitan grandes historias, algunas veces de la sencillez resultan tesoros. Esta película ha recorrido el mundo robando corazones con su sutileza y con su belleza natural y desinteresada.

La sirga

La sirga
Tenía de donde escoger la cuota criolla, pues durante 2012 se vivió un legítimo renacimiento del cine colombiano. Sin embargo me quedo con esta poesía que me robó el corazón y que considero una de las mejores cintas nacionales del año que acaba de terminar. ¡Que se vengan más!

Lo mejor del año que se fue

Wednesday, January 9, 2013 por Samuel Castro

No hay mejor momento para pensar en el cine y la televisión vistos durante el año que pasó, que en medio de la preparación del sancocho del primero de enero, tradición que hace parte de la vida cotidiana de la mitad de los colombianos. Mientras la familia busca con desespero en medio de las profundidades de la olla algún pedazo de carne, yo me sumerjo también en el mar de imágenes vistas para no dejar nada importante por fuera. Como siempre, tengo que hacer una advertencia a los lectores de este post, especialmente a los que viven en Colombia: este conteo es personal e intransferible. No está conformado por películas que pasaron por nuestras carteleras (ni siquiera por películas sólo de este año), sino por lo mejor entre lo que vi, tanto en salas, como en cineclubes y DVD de amplia procedencia. Y aunque eso podría llevar a pensar en un terreno muy grande, hay que aclarar que no tuve acceso a mucho cine de calidad que se estrenó en 2012, especialmente porque no tengo la paciencia para soportar descargas de torrents o subtítulos mal puestos en copias editadas en Vietnam. Aquí no están ni Amour de Haneke, ni Bernie de Linklater, ni algunos de los estrenos más importantes de festivales. Puede que en 2013 ocupen su lugar. Pero es lo que hay, y en vez de quejarnos habrá que seguir reclamándole a los exhibidores, como propósito para el 2013, que se arriesguen un poquito más, a ver si este listado de 12 se hace todavía más diverso en 2014.

 Welcome

Welcome: Al pensar en películas de inmigrantes las primeras tramas que se nos vienen a la mente seguramente tendrán que ver con latinoamericanos que intentan alcanzar Estados Unidos por “el hueco”. Pero en esta cinta francesa nos cuentan una historia, por lo menos para mí, desconocida: la de los inmigrantes de la India, que llegan a Francia e intentan cruzar el Canal de la Mancha, para encontrarse con algún pariente hace tiempo instalado en Londres. Vincent Lindon, su protagonista, es una maravilla como intérprete: su cara, perfecta para encarnar a tipos “duros” y a villanos, logra comunicar la epifanía emocional que siente cuando conoce al joven al que ayudará primero como una forma de reivindicarse frente a su esposa y después, por simple afecto.

We need to talk about Kevin

We need to talk about Kevin: Tilda Swinton brinda un concierto interpretativo en la piel de una madre que se siente extraña desde el momento mismo de la concepción de su hijo. En esta película visualmente impactante, en la cual cada plano parece hecho para una campaña publicitaria, ese mito facilista de que los hijos son siempre una bendición, se resquebraja frente a todos, gota a gota, hasta que la copa que se rebosa se convierte en una tragedia.

The ides of march

The ides of march: Todo el mundo amó a Ryan Gosling en Drive pero yo lo preferí en esta película de George Clooney por un motivo muy simple: él encarna acá toda la inocencia de los jóvenes de hoy, tan seguros de sí mismos y de sus posgrados, ante la política real. Como animales domésticos que sueltan en la selva, a su personaje sólo le queda comer y no ser comido. Y las escenas de los monólogos de Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman, son magia pura.

Homeland

Homeland y otros dramas televisivos: Yo sí me siento privilegiado por poder presenciar la edad de oro de la televisión norteamericana, y le ruego a todos los santos que se mantenga por muchos años más en ese nivel, ahora que ni en Pixar se puede confiar. Y entre todas las maravillas de las que he hablado en otros años (Dexter y su inteligente comienzo del fin, Mad men y su fantástica quinta temporada) hay que mencionar a la serie favorita de Obama: Homeland. Que Claire Danes haya encontrado un lugar donde su mirada de loca quede perfecta ya es una suerte, pero aquí además nos enfrentamos a un gran uso del terrorismo como generador de suspenso, mezclado, como debe ser, con una historia de amor imposible.

The flowers of war

The flowers of war: Ah, las historias  de época grandiosas, contadas con lujo de detalles, con escenografías costosas donde no se ahorra en extras, ni en vestuarios. Pero cuando esas películas están acompañadas además por una historia que lo tiene todo, que es capaz de retratar el momento en el que se desarrolla (la invasión de China por parte de Japón) sin abandonar ni a sus personajes ni el melodrama, el resultado es esta gran cinta de Zhang Yimou sobre un estafador (con el rostro de Christian Bale) que un día se encuentra sin querer al mando de un internado de señoritas, que servirá de refugio para un grupo de prostitutas. Un drama como pocos, con uno de los mejores planos secuencia que he visto en la vida.

The dark knight rises

The dark knight rises: Se ha escrito tanto sobre esta película (se escribe tanto sobre las películas de superhéroes) que sólo diré que todos los pecados del cine de Christopher Nolan (la duración excesiva, los diálogos tan inteligentes que a veces suenan postizos, los guiones con demasiadas trampas) se perdonan cuando el resultado es una película capaz de hacer de la historia de un enmascarado con capa, una reflexión sobre la justicia, sin evadir las grandiosas secuencias de acción que necesita el público masivo. Y como si eso no bastara, está Anne Hathaway vestida de cuero negro. Nada más hace falta.

Moonrise kingdom

Moonrise kingdom: Los que me han oído hablar de lo que pienso sobre el cine de Wes Anderson podrán extrañarse con esta selección en la lista. Pero los que hayan visto esta hermosísima película sabrán que el preciosismo de siempre de Anderson (innegable su maestría en la composición visual y espacial de sus planos) esta vez se usa para contar una historia inocente y mágica, de dos niños que se están convirtiendo en adolescentes y que son el primer amor que cualquiera hubiera querido tener. Dos príncipes de cuento de hadas que iluminan con sus gestos a los adultos que les rodean. Tan hermosa que parece más un sueño que una película.

Monsieur Lazhar

Monsieur Lazhar: Las películas de profesores se han convertido durante los últimos años en melcochas azucaradas con guiones calcados los unos de los otros. Pero Monsieur Lazhar es la muestra de que cualquier género, por maltratado que esté, en las manos adecuadas es capaz de producir historias memorables. La delicadeza con que esta película canadiense afronta temas tan complicado como la muerte o el suicidio, es conmovedora. Y su último plano, ese abrazo que los gringos hubieran editado por políticamente incorrecto, hace llorar al más curtido.

HOW I MET YOUR MOTHER

How I met your mother: Hace mucho rato que tenía pendiente dedicarme a ver esta comedia, que hoy todavía no sé en qué canal del cable nacional dan ni a qué horas. Gracias a Netflix he podido maravillarme con esta comedia inteligente, creativa y arriesgada desde lo narrativo. Muchos la consideran el reemplazo de Friends pero yo creo que por derecho propio, por su reparto, por capítulos perfectos como “El hombre desnudo” (búsquenlo por favor), How I met your mother merece su propia casilla entre las grandes comedias televisivas de los últimos años.

Hugo

Hugo: Es el maestro Martin Scorsese, que hace películas en las que cada plano tiene una explicación, haciendo por primera vez una película familiar, en 3D y rindiéndole homenaje a uno de los primeros magos del cine, George Méliès. ¿Se necesita decir más?

the girl with dragon

Girl with the dragon tattoo: Creo que David Fincher es uno de los cineastas imprescindibles de nuestra época. Por eso cuando me enteré de que iba a asumir la adaptación anglo de las novelas de Stieg Larsson, a sabiendas de que ya existía una versión europea, ni siquiera me inquieté. Sabía que iba a ser buena, porque el regular de Fincher es la cima a la que algunos nunca llegarán en toda su vida. Pero al verla la disfruté todavía más, porque su belleza formal, la actuación de Rooney Mara y la perfección quirúrgica de cada plano sí le hacían justicia a uno de los mejores personajes femeninos de la literatura contemporánea.

Argo

Argo: A ningún crítico le gusta escribir dos veces sobre la misma película. Porque es complicado no repetirse y porque uno teme quedarse estancado en la mitad de uno de los textos. Con Argo me pasó, pero no hubo tal bloqueo. Porque me gustó mucho y siempre me faltaba espacio para elogiar a Ben Affleck, para destacar a un reparto que ofrece un alto nivel en todas sus intervenciones (mis respetos, señor John Goodman) o para hablar de las muchas virtudes de la cinta. Hoy, cuando seguramente estará en varias de las categorías del Oscar, quisiera volverla a ver, sin presiones ni la atención alerta para alimentar la escritura. Sólo para sentir esa maravillosa tensión que sólo los buenos thrillers, los que son inteligentes y bien hechos, pueden producir en el público.

Lo mejor del año que se fue

Tuesday, January 8, 2013 por Iván Gallo

Melancholia

1. Melancolía. Con su habitual radicalismo Lars Von Trier nos contó su visión del fin del mundo. Descarnada y claustrofóbica el realizador danés ha realizado este año su mejor película desde Dogville.

Looper

2. Looper. Hace rato el cine no nos regalaba una reflexión sobre los viajes en el tiempo. Toda una revelación, con un guion escrito con inteligencia y solidez, en Looper nadie es completamente bueno ni malo, todo es relativo, como el tiempo. Una extraña mezcla de cine negro y ciencia ficción. Todo un clásico en potencia.

Breaking bad

3. Breaking Bad. Nunca antes una serie de televisión había mantenido la intensidad e interés que desplegó durante cinco temporadas. Con el capítulo final de la obra maestra de Vince Guilligan ha quedado un hueco muy difícil de llenar en la televisión nuestra de cada día. La intrincada vida de Walter White es de lo más emocionante que hayamos podido ver en décadas de insulsa televisión.

We need to talk about Kevin

4. Tenemos que hablar de Kevin. A nadie se le había ocurrido pensar en la vida que podría tener la madre de uno de esos niños sicópatas que entran armados a las escuelas norteamericanas, con la firme intención de arrasar todo lo que se mueva. Impactante, sincera y seca como un gancho al hígado, la adaptación de la novela de Lionel Schriver fue uno de los picos mal altos del año. El hecho de que la actuación de Tilda Swilton haya pasado desapercibida para los dinosaurios de la Academia habla una vez más de los dudosos criterios con los cuales se determinan las nominaciones y premiaciones de los Oscar.

Hugo

5. Hugo. Todo cineasta tiene una deuda con George Méliès. Este es el intento de Martin Scorsese por saldarlo. Con unos revolucionarios efectos especiales, Hugo justifica el todavía polémico formato del 3D. Para mí no cabe ninguna duda que es la mejor película del año. Homenaje sublime al cine.

Mad men

6. Mad Men. La quinta temporada de Mad Men fue de lo mejor que le sucedió a la televisión. Con suma paciencia se han venido desarrollando los personajes y toda la tensión que se sintió en las primeras tres temporadas ha explotado en este último año. Los que todavía se resisten al encanto de Don Draper no pierdan más tiempo y sean testigos de cómo se conformaron los sesenta, la última edad de oro que ha vivido la humanidad.

Drive

7. Drive. Sin duda la sorpresa del año. Con reminiscencias a la frenética Vanishing Point  y los componentes del mejor drama.  Dentro de pocos años se transformará en película de culto y todos aquellos que hablaron mal de ella tendrán que tragarse sus palabras. Notable la actuación de Ryan Gosling como un doble de acción que maneja como nadie sus autos setenteros. Velocidad y sangre en sus justas proporciones.

The grey

8. Infierno Blanco. Emocionante, escalofriante. El talento de Liam Neeson estaba intacto, lo que pasaba es que estaba aceptando todos esos papeles en películas de acción para proveerle un futuro promisorio a sus descendientes. Alaska y sus lobos, el hombre contra Dios, las ganas de vivir por encima de cualquier cosa. Lamentablemente el público le dio la espalda a un filme que merecía mejor suerte. No se la pierdan por nada del mundo. Es emoción y adrenalina pura.

Ted

9. Ted. La comedia del año. Gracias a su Family Guy Seth MacFarlane se ha consagrado como un digno sucesor de Terry Jones y sus Monty Python. El oso que todos tuvimos, el amigo cómplice que todos queremos tener, para MacFarlane no hay nada sagrado. Para él lo más chistoso es romper con todos los cánones, mearse en lo sagrado, fumarse un porro con las hojas de la biblia.

Life of Pi

10. La vida de Pi. El regreso de Ang Lee constituyó uno de los momentos más altos de este fin de año. Desde hace más de una década, cuando Tom Hanks inmortalizó una pelota de voleibol bautizándola Wilson, no sufríamos tanto con un náufrago. Los efectos especiales desplegados en este filme fueron comparados con los de Avatar. Seguramente La vida de Pi (Una aventura extraodrinaria) llegará a la primavera como una de las más ganadoras de la temporada.

Carnage

11. Carnage. Infame la manera como fue distribuida en el país esta nueva joyita del polaco.  Siguiendo el ambiente asfixiante de Cul- De- Sac y sobre todo de La muerte y la doncella, Roman Polanski encierra a dos parejas de padres de familia en un apartamento. La excusa es hablar de una riña que han tenido sus hijos pero en realidad lo que incuba allí son las razones por las cuales la sociedad norteamericana está en franca decadencia. Notables las actuaciones de Kate Winsley y Christoph Waltz.

Escobar el patrón

12. Escobar, el patrón del mal. Hace años la televisión colombiana no sacaba algo con esta calidad técnica y sobre todo argumental. Quedó demostrado que si acá no se hace buena televisión no es por falta de talento sino porque a los canales privados les interesa más su labor de embrutecer al público. Esta fue una serie necesaria ya que  las nuevas generaciones de colombianos necesitaban saber que Escobar era más parecido a un monstruo que a Robin Hood.

Lo mejor del año que se fue

Tuesday, January 8, 2013 por Andrés Rodelo

1. Argo
2. Holy Motors
3. The ides of march (Poder y traición)
4. Take shelter (Atormentado)
5. Tinker Tailor Soldier Spy (El topo)
6. Una separación (Jodaeiye Nader az Simin)
7. Looper
8. Miss Bala
9. Moonrise kingdom
10. Red State
11. 50/50
12. Moneyball

Un clásico de juguete

Monday, September 24, 2012 por Samuel Castro

Hace unos años, en la Revista Kinetoscopio escogimos las películas esenciales para nosotros como cinéfilos. Este es el texto que escribí, sobre una cinta inolvidable: Toy Story

La anécdota es ya uno de esos mitos del mundo del cine que se enriquecen con detalles cada vez que se cuentan, como la obsesión por las rubias de Hitchcok o los percances en la filmación de Apocalypse now (1979). Varios de los más importantes ejecutivos de Disney acaban de dejar la sala donde les han relatado el argumento, escena por escena recreadas con dibujos en papel, de la próxima película que pretende estrenar el estudio Pixar, utilizando la marca de Walt como sombrilla. Acaban de salir y aún no se reponen de la impresión. La película es un asco. Está llena de bromas crueles, de chistes violentos, de un humor negro que provoca angustia más que risa. Alguien pregunta: “¿Qué pasó?” y la voz de otro más sincero contesta: “Hicieron lo que les dijimos”. Muchas sugerencias. Demasiados consejos acerca de “lo que gustaba al público” por parte del gran estudio que la gente de Pixar, inexperta, había asumido como órdenes. El fracaso estaba a la vuelta de la esquina.

Y aquí viene la parte de la historia que la convierte en leyenda. John Lasseter, enfundado en su eterna camisa de motivos hawaianos, sale a pedirles a esos mismos ejecutivos que le den dos semanas, que en dos semanas van a tener una historia que les guste y que permita que todos esos animadores que ya han contratado, puedan comenzar a trabajar. Probablemente aceptaron por la cara de angustia que vieron en el animador californiano y porque no tenían nada que perder  (¿qué posibilidades había de que arreglaran aquel desastre?), sin saber que ese mismo tipo, en menos de 20 años se convertiría en el jefe creativo de los estudios Disney.

Toy story (1995), que muchos reconocemos como un clásico del cine, se creó en quince días. En esas dos semanas, Joe Ranft, (que después sería co-director de Cars), Andrew Stanton (director de Finding Nemo y de WALL-E) y Pete Docter (director de Monsters Inc. y de Up) junto al mismo Lasseter, dibujaron y escribieron una historia donde desaparecía todo el sarcasmo que habían incluido y los dos protagonistas convertían la trama en una típica buddy movie, ese subgénero cinematográfico en el que dos personajes muy distintos entre sí deben convertirse a la fuerza en compañeros y enfrentar juntos una serie de peripecias. En vez de hacerle caso a los manuales de instrucciones decidieron hacer justo lo que ellos creían que era lo correcto: que no hubiera realmente “villanos”, que las canciones se redujeran al máximo posible, que todos los personajes hablaran, pensaran y se comportaran como adultos (con excepción, por supuesto, de los niños). Y la fórmula funcionó. Toy story consiguió la financiación necesaria y se convirtió en el primer largometraje diseñado enteramente por computador de la historia del cine. Pero más que eso (que podría haber sido una casualidad cronológica) gracias a la calidad de su historia, al manejo del humor y a la frescura de sus personajes, Toy story fue la película que volvió a reconciliar a los adultos con la animación, que mostró que se podían hacer películas “familiares” que no fueran estúpidas y que convirtió a Pixar en una de las marcas más respetadas, admiradas y reconocidas en el mundo del cine.

Una de vaqueros y una del espacio

A veces olvidamos lo deliciosamente anacrónica que es Toy story. ¿Realmente cuántos niños jugaban con vaqueros de juguete en los años noventa? Pero ese era un detalle en el que no reparamos (siempre pasa con las buenas historias) porque estábamos maravillados con ese mundo que se despertaba cuando nadie estaba viendo. Casi todos los adultos que acompañaron a sus hijos a las salas de cine en 1995 se encontraron recordando con nostalgia sus propios juguetes: el hombre forzudo, los soldados de plástico, la alcancía de cochinito, el tablero mágico, el Señor Cara de Papa. Ese fue el astuto anzuelo que Pixar le lanzó al público para que se identificara con la historia del juguete preferido que es desplazado por uno más bonito y más moderno, y que tras muchas peripecias se ve trabajando en equipo con el otro para enfrentar ese peligroso mundo exterior y lograr volver a casa, sanos y salvos. Era una situación que todos podían entender: por un lado casi cualquiera ha sentido alguna vez que alguien nuevo llega a deslumbrar y a quitarlo del centro de atención; por otro, todos sabemos que un amigo te salva de morir en tu primer día de colegio, que un amigo hace que la oficina nueva no sea tan despiadada. Por eso, por lograr contarnos una historia universal vestida con el ropaje asombroso de una clase de animación que nunca habíamos visto y que se parecía tanto a la vida real, Toy story le llegó al alma a millones de personas.

Como ocurre con las grandes películas, ¡hay tanto cine en Toy story! Un amor por la historia del séptimo arte estadounidense que se va haciendo evidente conforme pasan los minutos Todo es más claro cuando sabemos que en principio, Lasseter y compañía quisieron que las voces de sus personajes principales, el vaquero Woody y Buzz Lightyear fueran las de Paul Newman y Jim Carrey. Su idea era mostrar cómo el “viejo” Hollywood iba siendo desplazado por esas “nuevas” estrellas, que estaban transformando el negocio.

Por eso Toy story comienza siendo un western (que narra en sus juegos Andy, mientras usa a sus juguetes para armar la fantasía), se convierte en una película de guerra (con la ya antológica secuencia de los soldados de plástico en su operación para averiguar cuáles eran los regalos de Andy por su fiesta de cumpleaños), pasa por la ciencia-ficción (con los marcianitos mirando asombrados al cielo donde los iba a recoger la nave madre), se transforma en una película de terror (en las escenas donde intervienen los “monstruos” que ha creado Sid, el niño “malo” vecino de Andy, que ha cambiado cabezas de lugar y ha destripado a todos sus muñecos), y termina en una persecución digna de cualquier filme de acción. Todos los géneros en uno, como desafiando a cualquiera que se atreviera a decir que la animación era un juego de niños. Y por si eso fuera poco, los reemplazos en las voces (Tom Hanks y Tim Allen) haciendo un trabajo sobresaliente en su tarea de darle vida a los diálogos de esa comedia de enredos que se producía por la creencia de Buzz Lightyear de ser realmente un integrante de la Patrulla Espacial. ¿Qué niño no sabe hoy a qué personaje nos referimos cuando escucha la frase “Al infinito y más allá”? ¿No forma parte de las sentencias mejor dichas del cine la de Woody desesperado gritándole a Buzz “¡You are a toy!”? Eso es lo que hacen los clásicos: se instalan en nuestra memoria y se convierten en parte de los referentes que tenemos para entender el mundo.

Durante los siguientes años hubo muchas personas que creyeron que el mérito de Toy story estaba en la técnica y por eso nos llenamos de cintas animadas con historias tontas y predecibles que nada nos decían. Por fortuna, haciendo honor a su pieza fundacional, siempre estuvo Pixar para recordarnos que hoy y siempre, en 3D o en dibujos a lápiz, el asombro y la magia provienen de las buenas historias.

Publicado originalmente en la Revista Kinetoscopio N°90

Lo mejor del año que se fue

Monday, February 20, 2012 por Samuel Castro

Las tradiciones, cuando tienen lógica, es mejor conservarlas. Y aunque todos ya tenemos en la cabeza que el Oscar es el próximo fin de semana y lo que queremos es hacer nuestras apuestas (que llegarán, se los prometo) para ver qué tanto nos equivocamos, no podía dejar de hacer este listado, siempre marcado por la falta de sincronía colombiana con los estrenos que de verdad importan, para que repasemos juntos las mejores imágenes e historias que vi en 2011. Como siempre aclaro, este post no es un “lo mejor del año” tradicional, hecho sólo de cine o de estrenos. Es también una invitación a que nos movamos a ese reino de la historia en que se ha convertido la televisión norteamericana o a que repasemos algún clásico vuelto a ver en TCM o en el cine club del maestro y amigo Juan Carlos González en la Universidad EAFIT. Incluso hay cierta contención en la lista, pues no puse en ella series de las que ya he hablado en este blog o en este post tradicional, que yo sigo viendo y que siguen haciendo capítulos memorables: House M.D., Dexter, Grey’s Anatomy. A lo mejor se me pasó algo y ustedes me lo recuerdan en los comentarios o a lo mejor descubren alguna cosa que les interesa.

Vientos de agua: La vi a comienzos del año pasado, antes de que a la Cuevana que funcionaba de maravilla le diera por ser una web mediática y ponerse en la mira de los cazadores. Es sobre un español que se vino a América en barco en busca de un futuro mejor y su nieto, argentino, décadas después, que se devuelve a Europa en avión en busca de un presente menos terrible. Todo contado en paralelo, con actores maravillosos y bajo la supervisión de Juan José Campanella. “Fue lo mejor que hice”, alcanzó a decirle al crítico que lo entrevistó en el Festival de Santafé de Antioquia.

Inside job: Parece mentira que haya pasado tanto tiempo, pero este documental que desnuda nuevamente, como en el cuento, al emperador, o al imperio en este caso, lo pudimos ver apenas a comienzos de 2011. Y parecería que han pasado siglos desde aquello, pero no; hoy seguimos condenados, por los hechos que relata esta película de terror en envase equivocado, a repetir la crisis y probablemente a profundizarla. Y Atenas en llamas.

Psycho: Gracias al especial que hizo la Revista Kinetoscopio sobre la obra de Hitchcock, tuve que volver a ver, a una mejor edad para disfrutarla, esta maravilla. Cada plano es perfecto. Cada sombra que resalta con su oscuridad algún aspecto del cuadro, hace que todos, callados, nos veamos en la obligación de cerrar los ojos y admirar con respeto el genio del director inglés. Maestro.

You don’t know Jack: ¿Por qué habrá todavía personas que creen que las “películas para televisión” son la expresión correcta para designar las malas películas. Las películas para televisión, cuando las hace HBO y las actúan personas como Al Pacino, Susan Sarandon y John Goodman, son cosas como ésta: crónicas hermosas sobre un personaje único, que se ganó a pulso aquel sobrenombre de “Doctor Muerte.

Carancho: Que la salud está podrida en Latinoamérica es algo que podemos comprobar todos los días cuando asistimos a un servicio de urgencias. Pero que Pablo Trapero tome el tema y sea capaz, junto con la prodigiosa actuación de Ricardo Darín, de hacer un film noir latino, demuestra que nuestro cine, el que habla español, no debe temerle a ningún género cuando detrás de la cámara hay gente que realmente sabe lo que quiere.

The treasure of Sierra Madre: La mejor película que vi del cine-club de Eafit, lo que no quiere decir que sea la mejor que hayan pasado en él, porque no pude asistir a todas las citas con el buen cine. Una historia escrita con desencanto, donde ese Dobbs que compuso Humphrey Bogart, se parece desde tanto al Gollum de El señor de los anillos de Peter Jackson que da miedo.

Crazy, stupid love: Es una maravilla cuando uno va sin expectativas a ver una película y se encuentra con una pequeña delicia como esta comedia romántica multiusos, la mejor entre las que trajo la propuesta comercial en 2011. Divertida, bien escrita, con situaciones realmente graciosas y con una pareja cómica buenísima conformada por Ryan Gosling y Steve Carrell. Si a eso le añadimos Emma Stone, Julianne Moore y Marisa Tomei, estamos hablando de una de esas cintas que, con los años, crecerá en la memoria. 

Downton Abbey: Después de leer en Arcadia que Carolina Sanín no entiende realmente esta serie aunque ella piense que sí, debería salir a defenderla, contándoles cuál es el encanto de una historia que se desarrolla por los años de la Primera Guerra Mundial y que nos va paseando por las vidas de los aristócratas habitantes de un gran palacio y sus criados, continuando (porque son del mismo guionista) con aquello que no pudo hacer del todo bien Robert Altman en Gosford Park. Debería, pero no. Basta con que la vean un par de episodios para que se enamoren al instante de esta serie de la BBC.

Jane Eyre: Para todos aquellos jóvenes que no han visto las versiones anteriores, ésta, con un trabajo de fotografía admirable, que nos hace creer en la primera mitad que vemos un relato de misterio, para luego atropellarnos con una historia romántica como pocas, esta versión es la posibilidad de acercarse a un clásico, traducido a un lenguaje actual sin perderle el respeto a la fuente. Una gran versión.

Super 8: Vivimos una época nostálgica. Recordamos con afecto aquellas canciones de los ochenta que hasta hace algunos años nos parecían ridículas, tal vez porque nos vamos dando cuenta del encanto de aquella ingenuidad. Con el mismo espíritu de búsqueda del tiempo perdido, esta película inteligente protagonizada por niños brillantes y por la hermosísima Elle Fanning, tan talentosa como su hermana pero más bella, nos acerca a aquellos años en que los efectos especiales todavía eran como actos de magia.

Midnight in Paris: Hacer un gran guion (que seguro ganará el Oscar) basado en una idea simple (nunca estamos contentos con el tiempo que nos tocó vivir) pero no tan explorada como otras, para convertirlo en un cuento de hadas moderno. Ese es el encanto único de esta película que ocurre en una de las ciudades más hermosas del planeta, que Woody Allen, enamorado de ella, muestra mejor que muchos directores franceses.

The help: ¡Tantos críticos amargados, de esos que sólo creen que es buen cine aquello que pueden ver muy poquitos, que atacan esta película porque supuestamente es más de lo mismo! Sí, puede que se le note lo que está hecha para ganar premios, pero no se le puede negar ni la producción perfecta, ni el hecho de jugársela del todo por verdaderas actrices (Emma Stone, Jessica Chastain, Viola Davis, Octavia Spencer) que logran que creamos una fábula de época. ¿Ligera? ¡Qué importa si funciona! Y funciona tan bien que cuando acaba no nos dimos cuenta de su duración. Eso también es virtud del buen cine.