El cine de los otros: Juan Carlos Botero
Thursday, July 17, 2008 por Ricardo Silva RomeroJuan Carlos Botero arrancó su carrera de escritor con un libro de epífanos (escenas cortas que sugieren una vida) que llamó Las semillas del tiempo. Quedó claro, desde esos primeros relatos, que venían acompañados por un ensayo sobre la narración, que se trataba de un autor que pasaba mucho más tiempo en su estudio que en los eventos sociales. Todo un logro a estas alturas del ejercicio literario. Han venido, más adelante, cuatro libros más que, como él, han ido llegando a su público sin atropellar a nadie. Las novelas del mar que llamó La sentencia y El arrecife. Los cuentos misteriosos Las ventanas y las voces que contienen el cuento famoso que se ganó el premio Juan Rulfo. Y los valientes ensayos titulados El idioma de las nubes. Botero trabaja muy seriamente, todos los días, en los textos que escribe. Ha estudiado juiciosamente la historia de la literatura. Pero sabe de cine mucho más de lo que la gente piensa. Sus respuestas son, por decir lo menos, reveladoras:
1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
Sí, lo recuerdo bien, porque iba de la mano de mi padre y sentí que ingresaba en un mundo superior, en donde todo era posible. Desde entonces, me ha pasado lo mismo cuando veo una película y no tiene que ser necesariamente buena: se me olvida la realidad exterior y experimento la historia que veo plasmada en la pantalla como si fuera en carne propia, y por eso siento que vivo la acción, el terror, el suspenso o el misterio. Por cierto, creo que ésa debería ser, justamente, una de las metas del arte: hacerle vivir al espectador el mundo inventado por el creador.
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
Hay pocas que me han impactado más allá de toda película, al punto de producir cambios radicales en mi interior, y no exagero si confieso que me afectaron hasta la médula de mis huesos. Estas son: La noche de los lápices, Kramer vs. Kramer, La lista de Schindler, En busca del soldado Ryan, y La pasión de Cristo.
3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
Tendría que mostrarle las anteriores, pero dudo mucho que yo deseara verlas de nuevo, y tampoco sé si quisiera que alguien me conociera a ese punto.
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
En verdad no creo en esa distinción, porque si disfruto la película es por alguna razón o suma de razones, de modo que algo de bueno tiene que tener. Por ejemplo, la trilogía de El señor de los añillos me deslumbró por la actuación, por su ambiente tan mágico, por la estética de cada toma y por el heroísmo de la historia. Sin embargo, conozco a muchas personas, que posan de intelectuales, que se sienten obligadas a criticar ese tipo de películas, porque son comerciales o de masas. Y siempre me ha parecido insoportable esa actitud.
5. ¿Por qué no puede dejar de ver cine?
Creo que pertenezco a una generación que ha sido, en gran medida, criada con base en imágenes, ya sean plásticas (a través de la pintura) o cinematográficas. De modo que parte importante de mi alimento como escritor viene del cine. Además, una brillante actuación tiene la posibilidad de expresar, mediante un gesto tan sutil como enarcar una ceja, un verdadero abanico de emociones, sentimientos y pensamientos. Y eso es un gran tesoro para un escritor, pues siempre estamos tratando de hacer lo mismo: comunicar todo un mundo interior a través de gestos o palabras entonadas de una forma u otra. Por lo tanto, para mí el cine es una permanente escuela de aprendizaje.
