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Regalos en blu-ray

Wednesday, December 10, 2014 por Samuel Castro

Esto de los regalos de Navidad es para volverse loco cuando uno tiene la romántica creencia de que cada presente navideño debe ser escogido específicamente para el destinatario y que eso de darle lo mismo a todo el mundo, es una costumbre de empresas y no de personas. Para que las compras no sean eternas yendo de un almacén a otro, decidí gastarme toda la plata en series y películas en blu-ray pero, eso sí, intentando que cada quien se lleve lo que necesita (o lo que merece). Comparto con ustedes mi lista de Navidad.

Christmas tree

A Juan Manuel Santos: Downton Abbey para que recuerde, de una vez por todas, que se debe gobernar tanto para “los de arriba” como para “los de abajo”.

A Alejandro Gaviria: Sherlock, a ver si copiando las tácticas del detective, logra resolver ese caso sin solución que es la salud colombiana.

A Gustavo Petro: House of cards para que descubra, finalmente, que lo que hace a un político memorable no son las peleas que caza, sino los objetivos que lo guían.

A los libretistas de los canales privados: Orange is the new black, a ver si recuerdan la diversidad que pueden tener los personajes femeninos cuando se escriben bien, y dejan de pensar en términos de “esposa de”, “madre de”, “amiga de”.

A Juan Carlos Ortiz, el de Interbolsa: Las dos caras de enero, para que nos cuente qué se siente que Viggo Mortensen haga de uno en una película.

A Álvaro Uribe: True detective y Dallas buyers club. Para que vea que, como Matthew McCounaghey, la gente sí es capaz de reinventarse si se lo propone y deja de actuar siempre igual.

A Julio Sánchez Cristo: Modern family, para que la vea completica y alguna vez sea capaz de hablar de las buenas escenas de Sofía Vergara y no de “lo buena” que está.

A Sergio Fajardo: Birdman, para que en los “detrás de cámaras” pueda ver al gemelo del que lo separaron al nacer, Alejandro González-Iñárritu.

A Roy Barreras: El cazador de cocodrilos porque seguramente podrá reconocer a familiares que hace mucho no ve.

A Maluma: Glee para que vea algunas formas realmente creativas de adaptar canciones a un formato juvenil, sin necesidad de decirle “princesita” a las niñas que hacen parte de su grupo en La Voz Kids.

Seguramente me faltaron regalos, ustedes me dirán. Pero creo que los que di están bien, a ver si de pronto mostrándoles a los famosos y poderosos, series y películas bien escritas, dejamos de vivir en un país tan mal libreteado.

Publicado en Revista Únete edición diciembre de 2014

Lloro por quererme

Thursday, August 15, 2013 por Samuel Castro

Todos nos acordamos de nuestra primera vez. La mía fue a los 12 años. Sólo yo estaba en casa cuando ocurrió. Frente a mí, sin que mis lágrimas la conmovieran, Winnie Cooper terminaba su noviazgo con Kevin Arnold en Los años maravillosos. El dolor por lo que estaba viendo era tan grande que el llanto se dio espontáneamente. De ahí en adelante, llorar frente al televisor se volvió costumbre. ¿Alf volvía a su planeta y dejaba a los Tanner? Lágrima inmediata. ¿El padre Pío Quinto fallecía frente a sus feligreses en San Tropel? Mi mamá y yo teníamos que compartir pañuelo. Y mejor no hablemos de mi cara roja y congestionada cuando murió Juliet en Lost.

The wonder years

Pero ¿por qué lloramos frente al televisor? Si sabemos que lo que vemos son mentiras bien contadas. Si incluso conocemos los nombres reales de los actores y nos reímos con los chismes sobre sus vidas que nos cuentan en E!. ¿Qué nos impulsa a ese lagrimeo incontrolable? Se me ocurre pensar que en este mundo despiadado que nos tocó en suerte, es muy incómodo llorar en público: cuando no hay un desconocido que se acerca a preguntarnos qué nos pasa, hay un compañero que nos mira con cara de vergüenza ajena, por tener que soportar a un adulto que llora. Si lloras te ven como a un bicho raro, incapaz de controlar sus emociones.

En cambio en casa, frente al brillo tibio del televisor, nadie nos juzga. Podemos sollozar tranquilos sin excusas y sin explicaciones. Podemos incluso buscar intencionalmente el llanto sintonizando, por ejemplo, Extreme makeover home edition, ese programa donde le regalan la casa de sus deseos a familias que lo merecen o que lo perdieron todo por alguna desgracia. ¿Lo conocen? Resulta imposible no llorar viéndolo. Es mejor aun que pelar cebollas. Y es que después de años de acompañar las horas de soledad con su voz distante y sus imágenes sorprendentes, el televisor se ha convertido en ese amigo que siempre está ahí, en el consejero de los momentos difíciles, en la bulla amable que nos ayuda a dormir después de un día agotador en la oficina.

Extreme makeover

Aquellos que no entienden por qué nos hace llorar una serie, una telenovela o un reality, son los mismos que no se conmueven cuando un amigo pierde su trabajo y que nunca dedicaron una serenata. Porque llorar frente al televisor es, finalmente, la forma moderna de desahogo que nos queda a los sentimentales de siempre, a aquellos que piensan en sus personajes favoritos como en amigos lejanos. A los que sabemos que en lugar de estar solos, es mejor estar mal acompañados.

Publicado originalmente en revista Únete #39 de noviembre de 2010

Blogumental de cine: Darío Jaramillo Agudelo

Saturday, September 24, 2011 por Samuel Castro

Esta vez al blogumental se lo toma la poesía, con las respuestas de uno de los poetas que a muchos de nosotros más nos han conmovido en la vida. Y aunque puede que Darío Jaramillo Agudelo no comparta con nosotros la pasión por el cine (tal vez porque su primera vez con el cine un monstruo se atravesó en su camino) es cierto que eso es lo que pasa con los poetas: que ven la belleza del mundo donde otros no.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Era un cine que proyectaban en la plaza de mi pueblo, Santa Rosa de Osos. Todo el pueblo iba verlo. No recuerdo la película. Hacía frío y sólo recuerdo un monstruo.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Casablanca, Siete hombres y un destino, Mi tío

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

No tentaría a nadie con un pecado que yo no cometo. No voy a cine desde el siglo pasado. Ocurre que me duermo en cine y los amigos que me llevaban ya no me invitan desde mis ronquidos en Cyrano de Bergerac. Y si pongo una película en el televisor, en realidad estoy poniendo un somnífero infalible.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

No tengo.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Sí puedo.

Blogumental de cine: Andrés Sánchez

Wednesday, June 29, 2011 por Samuel Castro

Seguimos con nuestro blogumental, el lugar donde escuchamos a algunas voces valiosas, hablándonos de nuestro tema favorito, el cine. En este caso, nuestro invitado es Andrés Sánchez, (@tropicalia115 en Twitter). Pero que sea una de los fundadores de Ochoymedio, Ricardo Silva Romero (@RSilvaRomero) el que nos presente a Andrés.

Andrés Sánchez es un escritor que se ha hecho a sí mismo en la era de Internet: entre YouTube, Twitter y los blogs. Tiene una cultura, desde los libros hasta los videos, que resulta abrumadora. Y, como él mismo suele decir, la clave de su vida se encuentra en todas las ficciones que lo mantienen a flote. Hoy en día se lo tropiezan con mayor frecuencia sus alumnos del CESA y sus compañeros de la maestría en literatura de la Universidad Javeriana.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Difícil. Pero creo que fue una de las películas de Disney de principios de los 90, en el Astor Plaza o en los teatros viejos de Granahorrar. Y terminé pasmado viendo las historias (en esa época eran excelentes) para después volverme fiel de la sala de cine.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Comienzo con Inocencia interrumpida, que me enseñó el placer de ver cine solo sin nadie (además, daría pena llorar toda la película al lado de alguien). Sigo con las de Pixar, todas. Me permito agregar algunos capítulos de series (no comprendo cómo el “cinéfilo” desprecia la televisión): algunos de Grey’s Anatomy, Los Simpsons y South Park (que son una clase magistral de escribir guiones); a veces un capítulo o dos minutos de una serie tienen mucho más sentido para una vida que una película que, a veces, es aburridora. La última escena de La vida acuática con Steve Zissou (cuando Bill Murray levanta al sobrino de Klaus y suena Queen bitch de David Bowie) me dejó completamente pasmado, y Waking life me dejó con ganas de no tener más sueños lúcidos. Luego, las sagas: La guerra de las galaxias, Indiana Jones, El señor de los anillos: la espera por un capítulo más, el placer agridulce de la última imagen. Después, irían esas que son construidas, tipo Crash, Babel y Magnolia, fragmentadas como la mente a medida que uno crece. Y terminaría con The Big Lebowski, sólo por lo que significó el momento en todo sentido para mi vida de hoy en día.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Todas las anteriores.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Las películas de desastre son mi placer culpable por excelencia. Ponen una por televisión y no puedo dejar de verla, ahí podría incluir Día de la independencia, El día después de mañana, Godzilla (Roland Emmerich es un genio para los desastres, creo que tiene algo con destruir la Estatua de la Libertad), Armageddon, Impacto profundo, e incluso la deprimente Pearl Harbor no me deja cambiar de canal. Juego de gemelas es una que repiten siempre y siempre la veo, y cualquiera de Ben Stiller me parece perfecta para perder el tiempo un domingo por la tarde después del fútbol.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Es lo más cercano a un arte total como lo soñó Wagner con la ópera. Y el cine es la fuente de la cual están bebiendo muchas, por no decir todas las artes. Desde la literatura hasta la música: quien no ve cine no puede crear arte en este momento. Sería, por lo menos, un arte que olvida su contexto.

Blogumental de cine: Felipe Restrepo

Friday, May 27, 2011 por Samuel Castro

A falta de post y críticas (ya se imaginarán el trabajo en el que andamos, no dejen de disculparnos y de leernos) siempre es bueno continuar con los buenos proyectos, como el de nuestro blogumental. Esta vez, el invitado es Felipe Restrepo, (@felres en Twitter), uno de esos tipos que cualquiera quisiera tener de amigo, que ha tenido la suerte de satisfacer su pasión por el cine, con entrevistas a verdaderas estrellas (Ewan McGregor o Chris O’Donnell han sido algunas de las más recientes) que realiza como editor de la revista Esquire para Latinoamérica. Además el tiempo le alcanza para ser columnista de El Espectador y la Revista Gente edición mexicana. Un verdadero gatopardo de la literatura y de la escritura.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Desde muy chiquito mi papá me llevaba a cine todos los sábados por la tarde. Más que las películas que me llevaba a ver, recuerdo la impresión que me causaba entrar en ese mundo. Por lo general íbamos al Astor Plaza o al Royal Plaza —que ya no sé si siguen siendo salas de cine o las convirtieron en iglesias o en discotecas— que eran teatros enormes y viejos. Me sentía muy bien ahí y descubrí pronto que el cine era una de las mejores cosas que tenía la vida. Creo que cada vez que regreso a ver una película busco volver a sentirme igual. Pero, como decía, no recuerdo exactamente qué películas veíamos. Yo siempre quería que me mi papá me llevara a ver las de James Bond, pero eran para mayores de 12 años —creo que por las escenas, fuertísimas, de sexo— así que no me dejaban entrar. Siempre terminábamos viendo alguna de acción malísima o, peor, una de Disney. Me acuerdo que Volver al futuro fue la primera que me gustó de verdad.
 
¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Estoy de acuerdo con algo que dice por ahí Alejandro Martín: los eventos que menciona no fueron grandes eventos. Más bien trámites aburridos. En cambio, algunas películas sí fueron acontecimientos que marcaron momentos muy precisos de mi vida. La lista es larga, pero más o menos es, en orden cronológico: las de Superman, Batman e Indiana Jones (porque era como ser amigo de tres niños: uno bueno, uno malo y uno inteligente); Adiós a los niños (porque era sentir la misma angustia de ir al colegio); El silencio de los inocentes (porque no podía imaginarme nada más asustador); El club de la pelea (porque ahí estaba todo lo que siempre había querido que me dijeran); Y tu mamá también (porque era muy caliente); Bowling for Columbine (porque el mundo no es un lugar seguro); Belleza americana (porque tiene la secuencia final más bonita que yo haya visto); Secreto en la montaña (porque fue liberadora); y El Padrino (porque mi propia familia no era tan disfucional, después de todo).

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Pues me imagino que le mostraría mi película favorita: El club de la pelea, de David Fincher. Aunque no sé si eso le explicaría algo sobre mí —es posible que más bien lo asustara un poco—. Creo que mejor haría una selección de la lista que mencioné en la respuesta anterior.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Tengo una debilidad por los placeres y mucho más si son culposos. Así que mi lista es larga y un poco vergonzosa para confesarla acá. Pero hay dos películas que tendría que mencionar. La primera es Forrest Gump que muchos consideran mala, pero no lo es tanto. Hay algo en esa película —las actuaciones o cómo cuentan la historia, no sé— que siempre me conmueve mucho.
Y luego está —en un merecido primer lugar— La sinfonía del Señor Holland (Mr.Holland Opus). Una película pésima, con Richard Dreyfuss, que no es más que una serie de lugares comunes: la esposa abnegada, el alumno rebelde, la alumna gordita, el hijo sordo, etc. Pero debo confesar que me parece la obra maestra de ese género que nos gusta tanto a todos: el del profesor sabio que le cambia la vida a sus alumnos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Por dos razones. Una práctica: me quedaría sin trabajo y sin con qué vivir. Y otra aún más práctica: me quedaría sin ganas de vivir.

Blogumental de cine: Ángel Marcel

Thursday, March 3, 2011 por Samuel Castro

Hace rato que no publicábamos nuevas entrevistas del blogumental, que continúa aquí en ochoymedio, después de comenzar en el blog de cine que Ricardo Silva Romero, fundador de esta página, tenía en la revista Semana. La idea es que el blogumental nunca concluya, que cada vez que podamos averigüemos lo que significa el cine y los recuerdos que le deja a personas cuya opinión es interesante conocer. Esta vez, Ángel Marcel.

Fecha y lugar de nacimiento: julio 16 de 1945, en Neiva, Huila, el mismo día cuando se iniciaron las primeras pruebas con bombas atómicas. Quién es: poeta, ensayista, maestro de generaciones de poetas y narradores, académico, pintor, padre de familia, hermano gemelo, director del departamento de humanidades del Politécnico Grancolombiano, monje en algunas otras vidas. Costumbres: escribe sonetos, ensayos, relatos, poemas gigantes y, de resto, es un buen padre y un humorista profesional.Y sí, sigue siendo maestro. Y hasta amigo. Aparece en: los pies de página de Relato de Navidad en La Gran Vía; será protagonista de Walkman. Célebre por: haberse distanciado del editor de Relato de Navidad en La Gran Vía por haber publicado un libro tan obsceno.

1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
 
Es como montar en avión por primera vez. Fue en un DC-3 de la aerolínea TAO (Taxi Aéreo Opita), en un vuelo Neiva-Bogotá. Recuerdo que la cerradura de la puerta no servía, así que el piloto, un señor con barriga y nuca de camionero, la amarró con un rejo.
 
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
 
Ni la primera comunión ni la graduación ni el matrimonio fueron para mí grandes eventos. Fueron algo así como versiones personales de El chavo del ocho
 
3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
 
Depende. Si fuera un hombre, lo pondría a ver conmigo Sodoma. Si fuera una mujer, Cabalgata anal.
 
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
 
Ben-Hur, El mártir del calvario, La novicia rebelde, Marcelino, pan y vino.
 
5. ¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?
 
Sí puedo dejar de ver cine. De hecho veo poco. Lo que no puedo dejar de hacer es teatro. Me considero magnífico comediante, tanto que he logrado dar clases por más de 35 años.

Memorias del Hay: el guión de la vida

Thursday, February 17, 2011 por Samuel Castro

No hay que menospreciar tanto la rutina. Si no fuera por ella, de la que tanto nos quejamos, nuestra vida sería prácticamente imposible, pues le dedicaríamos minutos de pensamiento a esas acciones que por fortuna, en cierto momento, hacemos en piloto automático. Prueba de que la rutina es valiosa, es que volver a entrar a ella luego de un par de días en que nos salimos de su monotonía tranquilizadora, es muy difícil.

Este primer párrafo es la explicación de por qué nos hemos demorado tanto en actualizar este blog: ha sido muy complicado que Diana Ospina y yo volvamos a nuestras vidas habituales y tengamos algo de tiempo para organizar nuestras anotaciones acerca de los momentos de cine que vivimos, juntos o separados, en la última edición del Hay Festival. Pero por fin ha ocurrido.

Una de las charlas que hizo parte de estos episodios de cine del Hay en Cartagena, fue la que condujo Manuel Gutiérrez Aragón acerca del oficio del guionista. Sus invitados eran Senel Paz, el guionista de Fresa y chocolate; Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea y David Trueba, director y guionista de Soldados de Salamina. Aunque no fue, ni mucho menos, una de las charlas más divertidas o más memorables del Festival (la primera media hora parecía que Gaitán estuviera pensando en los problemas logísticos de sus restaurantes bogotanos o que su mente estuviera en algún lugar muy lejos de Cartagena y Senel podrá ser un tipo muy interesante, pero no tiene el don de la empatía con los públicos) gracias a la conducción acertada y sutil de Gutiérrez Aragón y a la triunfante presencia de David Trueba (una de las estrellas del Festival, donde el ingenio y el sentido del humor siempre serán cartas ganadoras) el evento no fue una completa pérdida de tiempo. Ustedes tienen la fortuna de que al escribirlas, uno trata de hacer más interesantes y concisas las respuestas que en la vida real demoraron muchos minutos y varias divagaciones.

Manuel comenzó diciendo que el asunto con los guionistas es que no eran importantes para la industria. Pocos espectadores sabían qué escritor había hecho alguna película y nadie los llevaba a los festivales (era ya famosa la historia nunca comprobada de que González-Iñárritu ordenó que nadie le diera tiquetes a Guillermo Arriaga para que asistiera a Cannes). Sin embargo, dijo que algo estaba cambiando. Dicho esto, le preguntó a los participantes cómo habían comenzado en el oficio. Senel contó que había sido por ayudarle a un amigo que sabía que quería contar algo en una película pero no tenía ni idea de QUÉ quería contar. Fernando relató sus inicios como periodista, donde conoció a una productora que creyó que él podía funcionar en el oficio, así que luego de comprobar que los libros de texto servían muy poco para saber cómo se hacía una historia para televisión, cogió los libretos que los actores dejaban tirados en los sets de grabación y así comenzó. Mencionó que la mayor parte de los veteranos del oficio había empezado haciendo historias de comedia baratas, que era lo que encargaban a comienzos de los ochenta las programadoras, con las instrucciones claras: 6 actores, no más de 2 sets. Que tal vez a eso se deba que la telenovela colombiana se haya destacado siempre por su combinación entre melodrama y comedia. David Trueba rememoró su infancia para que entendiéramos por qué comenzó escribiendo por dinero (lo que ha sido una constante en su vida). Nos dijo que él era el menor de una familia de 8 hermanos (entre ellos, por supuesto, Fernando Trueba, el director de Belle epoque) y que su mamá, para asombro de todos, le hizo caso cuando él dijo el primer día de clases que no quería ir al colegio. A partir de ese momento, se “educó” en su casa. Preocupados sus hermanos porque el muchachito no se volviera un completo inútil, le ofrecieron pagarle una suma de dinero si cada ocho días él había escrito un cuento. Un par de años después, cuando se incorporó al sistema escolar, compensaba sus malas notas en otras materias con la participación en un concurso de relatos que organizaba regularmente un profesor. Con toda esa práctica en contar historias, había sido muy fácil decir que sí cuando un compañero le pidió ayuda para realizar un cortometraje.

A Fernando le gusta más el término de escritor que el de guionista, porque le gusta más pensar en su trabajo como el de un autor. Y reafirmó que en la televisión actual es el escritor el que tiene el real poder, pues al ser la producción televisiva una obra “que se va construyendo” es él el único que sabe “qué es lo que va a pasar más adelante”.

Trueba dijo algo muy bonito: que el ser humano, desde que estaba reunido alrededor del fuego, siempre ha necesitado historias. Porque la vida real tiene todo lo que nos gusta: emoción, aventura, violencia, romance, pero todo ocurre caóticamente. Y nos gusta la idea de que hay un orden. Esa es la función del guionista: hacerle creer a la gente que hay una explicación para lo que ocurre día a día.

Senel dijo que era discutible que un guión fuera literatura, pero que no cabía la menor duda de que un guionista tenía que ser escritor y también un cineasta. Que tal vez una de las cosas más importantes que le pudiera pasar a un guionista es que pudiera escoger a la persona que traducirá su historia a imágenes.

Ante la pregunta de Manuel acerca de cómo controlar las distintas versiones de una historia, es esta época de guiones que se venden a 20 países, Fernando contó varias anécdotas acerca de Betty, tratando de explicar que es muy importante que se mantenga la columna vertebral (una muchacha fea que triunfa en el mundo de la moda) pero que las particularidades locales cambien de acuerdo con el entorno. En Suiza, contó, era imposible que hubiera un marido que no le gira el cheque de manutención a su ex esposa. En Rusia consideraban inhumana la oficina a la que meten a Betty para esconderla y le dieron un espacio mejor. En Estados Unidos la historia se dedicó muchísimo al tema de la inmigración latina.

¿Por qué hoy hablamos de series con la misma pasión con que hace algunas décadas hablábamos de películas? Senel habló de un espectador más entrenado, que ya no traga tan entero, y que las series con sus múltiples tramas y personajes, permiten que el espectador encuentre la profundidad y la densidad que la forma de la película rara vez consigue. Davis Trueba mencionó una espantosa realidad: son los adolescentes los que llenan las salas de cine. Los adultos están muy ocupados viviendo vidas responsables, en las que el ocio no siempre hace parte de sus prioridades. Por eso el cine se ha convertido en fórmulas para atraer incautos. Pero los canales de pago, de todos esos suscriptores que quieren ver algo menos telegrafiado en la comodidad de sus casas, ahora tienen los recursos para ofrecer un entretenimiento verdaderamente adulto, o para gastarse millones de dólares, como HBO, en Boardwalk empire, una serie que obviamente no compensa su inversión, sólo por el buen nombre que un producto de esa calidad da.

Entre otros temas colaterales, se mencionó que a los personajes hay que buscarlos en la calle, caminando para señalarlos y decir: éste es mi portero o así va a ser mi heroína. Y que no debemos temer en pervertir los géneros, porque al final la vida es eso: una perversión, una mezcla entre un thriller y una comedia del absurdo.

Cuando los guiones sirven para sostener puertas

Saturday, November 27, 2010 por Samuel Castro

Fui el sábado pasado, en representación de Kinetoscopio, la revista donde escribo, al Festival de Cine de Oriente, en Rionegro, Antioquia. Por lo que nos contaron las personas a cargo, hasta ése día el evento cinematográfico había sido exitoso, con asistencia de bastante público a las proyecciones que se hicieron.

En la mesa del foro, que supuestamente debía hablar del guión (y algo se habló de eso, pero no mucho) estaban también los directores colombianos Harold Trompetero y Ciro Guerra, la directora mexicana Natalia Armienta y el productor Juan Pablo Tamayo (contentísimo por los éxitos internacionales de su película Los colores de la montaña), entre otros invitados. Se habló de todo: de la adolescencia del cine colombiano, de cómo en México también se cuecen habas en cuanto a pérdida de joyas del antiguo cine por desidia gubernamental, de la admiración/antipatía que despierta la máquina de hacer cine que es Dago García (que como siempre estrenará su próxima película el 25 de diciembre).

Pero de todos los temas, el que me parece más importante es el diagnóstico preocupante que se puede hacer del futuro de la ley de cine colombiana si hacemos caso a los comentarios informales de los invitados al Festival. Que cada año estamos comenzando de cero pues no se tiene en cuenta la trayectoria de los realizadores para asignarles puntos adicionales a sus propuestas (algún mérito debe tener haber hecho ya una película, con todo lo que eso implica) en los concursos para asignar recursos; que en las convocatorias de “investigación para documental” hay personas que ganan con documentales ya hechos; que el Fondo de Cinematografía saca pecho por películas que en realidad nunca apoyaron; que es imposible hacer una película (o al menos distribuirla y promocionarla como se debe) sin el apoyo de los canales de televisión; que están premiando guiones irrealizables porque a alguien se le ocurrió que puede ser muy buena la historia de un naufragio, sin pensar en lo que eso implica en costos de producción, en efectos especiales, en recursos.

Es decir, que los guionistas y los jurados están enfocando sus energías a historias que se ven muy lindas en el papel, pero que nadie está produciendo porque aquí, en Colombia, no hay con qué hacerlas. Por lo tanto, que hay pilas y pilas de guiones premiados, arrumadas en alguna oficina del Estado, con las que no se hace nada además de alimentar a las polillas. La gravísima conclusión que se saca de todo es que en tres años el supuesto “boom” del cine colombiano se va a terminar porque no habrá nada que mostrarle al público. O bueno, tal vez sí: un montón de papeles que se llaman a sí mismos guiones de cine que no son combustible para películas; si acaso, para una buena fogata.

Una de los nuestros

Wednesday, November 17, 2010 por Samuel Castro

Este post se iba a titular “Los logros de la familia”. Pero de ahí a que habláramos de “la familia ochoymedio” había un paso, y me niego a que en esta página y en este blog aparezcan expresiones de cartelera de empresa animando a los suyos para que nunca se revelen contra la esclavitud. Así que utilizando uno de esos títulos españolizados (que realmente pertenece a Goodfellas), con el género intencionalmente en conflicto, (como para pelear también con los políticos estúpidos que dicen nosotros y nosotras, meretrices y meretrizos) tenemos que destacar que nuestra colaboradora de cabecera, Diana Ospina Obando, es hoy también parte del cuerpo de críticos de Arcadia, la única revista que hace periodismo cultural en Colombia (que es distinto a hacer revistas literarias).

Ya se puede leer en línea su primera crítica, sobre Partir de Catherine Corsini, que demuestra, como siempre, la sensibilidad y la mirada particular que todo crítico debe tener y que Diana posee como pocas. Esperamos que con su nuevo compromiso, Diana no nos abandone (pero qué le vamos a hacer, es una posibilidad cuando uno hace esta página por amor al cine) y que sigamos contando con sus palabras y sus pensamientos.

Para ochoymedio, es un orgullo saber que Diana está en Arcadia, aunque es probable que deba ser Arcadia la que esté orgullosa de su nueva colaboradora, que es nuestra también. Una de los nuestros.

Lo mejor de la década: 2005

Monday, November 8, 2010 por Samuel Castro

Casi que no. Hasta Diana Ospina, mi querida amiga y mi compañera usual en esta página y en este blog, se preocupó por mi ausencia. Por fortuna, todo se debió a unas vacaciones que me alegraron la vida. Y aunque lo lógico sería comenzar con las críticas que siguen pendientes, como ya “se acabó este año” es necesario seguir escogiendo lo que para mí fue lo mejor de la década (ya saben que Diana también tiene su propia versión, que pueden leer en post anteriores) antes de que el 2010 termine y la lista deje de tener sentido. Esto es, entonces, según mi opinión, lo mejor de 2005.

El niño: Lo mejor de los hermanos Dardenne es que su cine sirve para que aquellos que ven sus películas no crean más en el mito de que Europa es un mundo perfecto donde todos están bien. Y el padre de la criatura, el aquí inmenso Jérémie Renier, me recuerda, no sé por qué, a muchos de los inconscientes adolescentes que nos rodean.

Una historia de violencia: Casi 6 años después de verla, aún recuerdo la sensación que me produjo la última secuencia de esta cinta, en una cocina silenciosa e la que una familia se sentaba a comer. Era como si el pasado de un hombre volviera a reclamarle por la felicidad de su presente. Y la escena de sexo entre Mortensen y María Bello puede ser una de las mejores que he visto en la vida.

El jardinero fiel: Yo recuerdo el miedo que tenía por comprobar si Fernando Meirelles era capaz de mantener el pulso firme que nos sorprendió a todos en Ciudad de Dios. No sólo lo hizo, sino que manejó de la mejor manera el recital de actuación que dan Ralph Fiennes y Rachel Weisz en esta historia lúcida y deprimente, es decir, maravillosa.

Match point: Gente que amo espera siempre que Woody Allen no actúe en sus películas para que les gusten más. Con esta historia, un Crimen y castigo en una versión postmoderna (en la que el malo no pierde), todos nos enamoramos de Scarlett Johansson, nos emocionamos con una banda sonora a pura ópera y recordamos al gran contador de historias que puede ser Allen.

El aura: ¿Por qué se murió Fabián Bielinsky? Cada vez que veo esta película casi perfecta, esta historia universal en la que Ricardo Darín vuelve a mostrar toda su calidad y su magnífica presencia en pantalla, pienso con pesar qué más habría podido hacer el director argentino si la vida no se le hubiera acabado tan rápido.