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Archivo para la categoría 'Directores'

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 28, 2016 por Samuel Castro
No se preocupen, lectores de España. Este no es el guión de una película porno, como podrían pensar, sino la apuesta que cada año hago con muchos amigos, para divertirnos durante la transmisión. Una apuesta que ya es una tradición y que se convierte en un reto personal. Creo que la vez que más he acertado fue cuando le pegue a 16 categorías. Claro, son los riesgos de intentarlo en todas, pero si no, qué gracia tendría. Comencemos entonces, según el orden que amablemente nos compartió el colega argentino Diego Lerer a través de Twitter.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight
Debería ganar “Inside out”, pero estos viejitos que son los miembros de la Academia no van a premiar a una película animada en una categoría “seria” (para ellos) así que está muy bien que se lo gane esa maravillosa historia de “Spotlight”.
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Charles Randolph y Adam McKay por The big short
Ni siquiera nominaron a “Carol” a mejor película, como debería haber ocurrido, mucho menos le van a dar el Óscar a mejor guión original. Como muchos perdieron plata en la crisis del 2008 y es su oportunidad de hacerse los trascendentales, se lo van a dar a esa infladísima película que es “The big short”.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Alicia Vikander por The danish girl
De nuevo, como debería ganar Rooney Mara (equivocadamente puesta en esta categoría, cuando es tan principal como Cate Blanchett) pero no lo hará, los miembros se irán por una talentosa cara nueva. Y esa es la hermosa Alicia Vikander, que hace de “The danish girl” algo menos meloso de lo que podría haber sido, por fortuna.
MEJOR VESTUARIO
Paco Delgado por The danish girl
Lo lógico sería que Sandy Powell con sus dos nominaciones, ganara el Óscar. Pero esta dualidad va a hacer que sus votos se dividan y ahí podrá estar esperando el español (que es físico, además) para llevarse la estatuilla por un gran trabajo.
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Jack Fisk y Hamish Purdy, por The revenant
Encontrar todos los escenarios que necesitaba una producción épica como esta y luego ser capaz de volar al otro lado del mundo para lograr sobrellevar el contratiempo de la falta de nieve, es suficiente mérito para este premio.
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin, por Mad Max
Sólo cierren los ojos y recuerden lo que es Imperator Furiosa e Inmortan Joe, para que no haya dudas en esta categoría.
MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The revenant
Llevo repitiendo este texto tres años seguidos. El texto exacto. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.
MEJOR EDICIÓN
Margaret Sixel por Mad Max
Si algo es bueno en Mad Max es su edición espléndida. Y si dándole el premio a Margaret, que es la esposa de George Miller, hacemos que los votantes prefieran en director a Alejandro González Iñárritu, mejor que mejor.
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Mark A. Mangini y David White, por Mad Max
Normalmente los votantes le dan estos premios a las naves espaciales (que no es muy lógico) pero este año hay dos y hay una cantidad de motores de carros y gritos y voces en Mad Max, que harán que se lleve este premio.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
Este premio va pegado al anterior, por casi ñas mismas razones.
MEJORES EFECTOS VISUALES
Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver, Andy Williams
La osa es impresionante, pero Mad Max es un concierto para los ojos durante TODA la película.

MEJOR CORTO ANIMADO
Bear story
Otro oso ganador. Aunque “World of tomorrow” es más asombrosa visualmente, este corto es más sentimental y apela a la emoción, lo que priva a los miembros de la Academia.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Inside out
Ninguna duda, ¿o sí?

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Sylvester Stallone por Creed
Ustedes, ellos, nosotros, tú y yo, nos vamos a parar a aplaudir. Al menos yo lo haré. Eso sí, sin fotos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
A girl in the river
Aunque la historia de Chau es conmovedora, estas categorías últimamente buscan premiar héroes o hacer hincapié en fenómenos sociales que la Academia quiere atacar, y la historia de las mujeres que son asesinadas por honor en Pakistán, parece demasiado atractiva para ese fin.
MEJOR DOCUMENTAL
Amy
La crítica que hice sobre esta gran película se llama “Ver el fuego extinguirse”, y tiene un epígrafe de Porfirio Barba Jacob. Mi corazón está comprometido aquí. No soy imparcial. No quiero serlo.
MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Shok
Niños, guerra de Kosovo, un arrepentimiento, bicicleta. Receta perfecta, en mi opinión.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
El abrazo de la serpiente
A esta altura de la ceremonia, o voy ganando endiabladamente o voy de culos del todo. Prefiero decir mañana que me equivoqué por mi ánimo nacionalista que lamentar no tener la confianza en los puntos de análisis que he mencionado antes (el momento político, lo “complicado” de la historia de “El hijo de Saúl”) así que sí, soy de ese 5% de críticos del mundo que dan ganadora a “El abrazo de la serpiente”.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Til it happens to you” de Diane Warren y Lady Gaga
Me cae mal Lady Gaga. Pero me cae peor ese tonto de Sam Smith que no supo darle grandeza a la canción para James Bond, así que espero que la mamá de los monstruos se lleve esa vaina. O que se lo regale a Roger Deakins.
MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ennio Morriccone
No se van a perder los Óscar la oportunidad de premiar a una leyenda.
MEJOR DIRECTOR
Alejandro González Iñárritu por The revenant
¡Qué importa que Alejandro tenga un ego gigante si hace películas grandiosas! Que se lleve los que quiera. Y que hable en español un poquito, por favor.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Brie Larson por Room
Lástima que no existe el empate (aunque hubo alguna vez) porque debería ganarlo compartido con Cate Blanchett, pero no se atreverá el Óscar a darle su TERCER Óscar a la australiana.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Leonardo DiCaprio por The revenant
Por fin. Respiremos.
MEJOR PELÍCULA
The revenant
Y lo digo de una vez, si perdiera con Spotlight también sonreiría. Pero que no se les ocurra premiar a The big short porque le tiro un zapato al televisor.
Listo. Que comience esta vaina. Si los hago todos, salgo corriendo a comprar el Baloto.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 22, 2015 por Samuel Castro

Creo que me estoy contagiando de la moda de titular provocadoramente para después salir con un chorro de babas, esa “fórmula” que tantas revistas “novedosas” usan para atrapar incautos. En este caso, el chorro no es de babas sino de apuestas, a TODAS las categorías del Premio Óscar. Cada año hago esto porque supongo que si acierto todos los resultados puedo salir corriendo a comprarme el Baloto con la seguridad de que me lo voy a ganar. O, más bien, porque así tengo una excusa para no dormirme viendo la ceremonia mientras voy contando qué tal me va con los porcentajes. Aunque soy fan de Neil Patrick Harris, así que confío en que no me decepcione encargándose de conducir uno de los pocos momentos de año que, en mi vida, realmente merece el adjetivo de imperdible, tan malgastado en Twitter. Vamos con la apuesta entonces y los que lean esto serán los encargados de rifas, juegos y espectáculos. O invitan a una cerveza, lo que prefieran.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
The phone call
Aunque hay otros cortos buenos en la categoría, incluso otro con actores reconocidos, como Aya, que cuenta con Ulrich Thomsen, este es el más emotivo de todos, con una situación bien bonita: la llamada de un anciano a un servicio de asistencia social porque ya no quiere vivir más. La que atiende la llamada es una estupenda Sally Hawkins y el enorme actor que nos conmueve con su voz, al que nunca vemos, es otro gigante: Jim Broadbent.

MEJOR CORTO ANIMADO
Feast
Uno a veces tiene la sensación de que Pixar se gana las cosas por su fama. Pero en este caso no. El cortometraje que nos encantó a muchos cuando vimos Big hero 6 en salas de cine es también el más bello de su categoría, porque logra poner la técnica al servicio de una historia que se entiende sin traducción y que es tierna, divertida y profunda a la vez. Como pasaba antes, cuando Pixar nunca se equivocaba.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
White Earth
Esta es la categoría más difícil de las de cortometrajes. Suena cruel pero creo que al haber dos cortos sobre niños enfermos los votos se dividirán y eso le permitirá a White Earth, un retrato social sobre una realidad que para la mayor parte de los gringos es desconocida: la vida en las tierras heladas donde lo único que se produce es petróleo.

MEJOR DOCUMENTAL
Citizenfour
Se habló demasiado sobre Edward Snowden y sobre lo que sus revelaciones causaron, como para que los votantes de la Academia no se inclinen a premiar este documental que documenta uno de los momentos más importantes de la historia política norteamericana de los últimos años.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Interstellar
Alguna cosa deben darle a esta película que debió estar en las nominadas en la categoría principal. Y suena mejor que dárselo a Guardianes de la galaxia, por mucho que nos haya gustado. ¿O no?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
American Sniper
La proximidad de su estreno con la votación hace que la gente la tenga más fresca en la memoria, por un lado. Por el otro, creo que habrá muchos votantes que pensaron que esta era la oportunidad para darle al taquillazo de Clint Eastwood un par de estatuillas.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
American Sniper
Aquí, o gano dos o pierdo dos en esta apuesta. Y si me la jugué por American sniper en la anterior, moriré con las botas puestas. Pero si gana Interstellar, lo confieso, seré más feliz.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Glory” de Selma
Porque a pesar de que debería poder llevárselo “Lost stars” de Begin again, premiar esa canción será la forma de muchos de la Academia de aplacar sus conciencias y hacer su “buena acción” de la noche.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Alexandre Desplat por The Grand Budapest Hotel
Aunque hacía mucho que Hans Zimmer no creaba una partitura tan sobrecogedora como la de Interstellar, no es para todos los oídos, así que la Academia, si las dos candidaturas no lo perjudican, reparará una deuda de hace años y le dará por fin su hombre dorado a Desplat.

MEJOR MAQUILLAJE
Guardians of the galaxy
A pesar de que es impresionante no creo que la nariz de Steve Carell y la calva de Mark Ruffalo en Foxcatcher sean más impresionantes que los cientos de extraterrestres de Guardianes de la galaxia. Además Foxcatcher no está entre los favoritos de ninguna categoría grande, así que no hay arrastre.

MEJOR VESTUARIO
Anna B. Shepard por Maleficent
Normalmente en esta categoría se van por las películas de época, pero Mr.Turner se desinfló en el camino. Creería yo que un vestuario que se ha convertido en uno de los disfraces más pedidos para Halloween merecería ser reconocido acá. Vamos a ver. Para que enfoquen a Angelina.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Adam Stockhausen y Anna Pinnock por The Grand Budapest Hotel
¡Qué sería del cine de Wes Anderson sin un gran diseño de producción! Ya es hora de que la Academia lo empiece a reconocer como el gran autor de marca visual que es y esta categoría puede ser un buen comienzo.

MEJOR EDICIÓN
Tom Cross por Whiplash
Basta con ver un par de secuencias de Whiplash por ahí para entender que le hicieron caso al director cuando pidió que las escenas de música se filmaran como si fueran combates de acción. Y ese ritmo se logra a punta de edición.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Birdman
Podría repetir el texto del año pasado. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Ida
Entiendo que le hagamos barra a Relatos salvajes, pero Ida no es sólo una obra maestra, además tiene nominación justísima en otras categorías (cosa que poco ocurre) y toca uno de los temas consentidos de la Academia: la Segunda Guerra Mundial. Más que justo.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Song of the sea
Creo que va a ser la sorpresa de la noche. Desde que no nominaron a The Lego movie he creído que el mundo funciona raro. Y el estilo y las imágenes de Song of the sea son de una belleza, que nadie reclamará cuando se lleve el premio.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Anthony McCarten por The theory of everything
Se van a ir por la fácil. Se lo van a dar a Anthony McCarten por hacer una biopic de llanto previsible, sólo porque creen que esa es la manera de honrar la vida de Stephen Hawking.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Alejandro González-Iñárritu, Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris por Birdman
¿Cómo se van a perder la oportunidad de ver subir a la cuota latina en la noche, sobre todo si de verdad escriben el mejor guión de la velada? Por eso los personajes nos gustan tanto. Por eso sus actores se lucen así.

MEJOR DIRECTOR
Richard Linklater por Boyhood
Esto es una carrera de acumulación. Y Richard Linklater, el chico bueno de Texas, el muchacho de la casa que se ha vuelto autor, el que creo esas bellezas de la trilogía de “Antes de” tiene la oportunidad de consagrarse con una película que sólo estuvo en su cabeza y que retrata la infancia de no sé cuántos norteamericanos. Está en bandeja de plata, Academia, no la desperdicien.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Patricia Arquette por Boyhood
En honor a todas las mamás solas que han criado hijos a punta de cojones. De esas mamás a las que tanto quiere la senadora Viviane Morales. No hay discusión. Es uno de los fijos.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
J.K. Simmons por Whiplash
Un hombre que va con sombrero a una gala de premios de cine sabe que se lo va a ganar. Él lo sabe. Nosotros también.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Julianne Moore por Still Alice
En un mundo justo (y bueno, ustedes saben cómo es) la ganadora sería Rosamund Pike por Gone girl. Pero no puedo recordar cuándo fue la última vez que una actriz ganó por un papel de malvada. Así que claro, como por variar, se lo van a dar a la gran actriz que actúa una enfermedad devastadora. Otra vez.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Michael Keaton por Birdman
Sé que voy en contra de las probabilidades. Pero quiero creer que en el corazón de los votantes del Óscar que tienen más de 60 hay algo de solidaridad de edad con el actor que se acerca más a su generación y al que la suerte no lo favoreció en una época de su carrera. Quiero creerlo y por eso apuesto. Sería triste si no gano.

MEJOR PELÍCULA
Boyhood
¿Y entonces cuántos son o qué? Si gana Birdman también sería justo pero esta película merece ganar porque logra retratar una vida común, ni grandiosa ni terrible, común y corriente. Y mostrar su belleza. La belleza de lo cotidiano, de una vida en la que no pasa nada, es decir, de una vida como la de la mayor parte de la humanidad. ¿De verdad no les parece un buen argumento para que gane? Lo hará. Cuando lo haga, también se habrá hecho justicia.

Listo. Que comience esta vaina. Y que conste que los vaticinios están aquí. A ver si por fin me animo a comprar el Baloto.

Solo ante el prejuicio

Thursday, February 5, 2015 por Samuel Castro

El fuego es implacable, como la injusticia. En la madrugada del domingo primero de junio de 2008, las llamas no tuvieron piedad, y consumieron una buena parte de  las instalaciones de los Estudios Universal en Los Angeles. Casi todos los periodistas menores de 30 años lamentaron la pérdida de una construcción icónica en el cine de ciencia-ficción: la torre del reloj de Hill Valley, aquella en la que el doctor Emmett Brown, con su pelo revolcado por el viento, espera ansioso a que un rayo caiga y haga funcionar el artilugio que ha creado para que su amigo Marty McFly regrese al futuro. Sin embargo, en otra parte de los cables noticiosos, también se resaltaba una pérdida igual de irreparable: la corte de justicia del pequeño pueblo imaginario de Maycomb y réplica de la corte real de Monroeville, Alabama, era ahora una pila de escombros humeantes. Y aunque para algunos los decorados de las películas sólo sean una mezcla de papel maché, cartón y madera, esta corte típica de los estados sureños norteamericanos de la primera mitad del siglo XX era el escenario más importante de la que el American Film Institute declaró como la mejor película de estrados judiciales en la historia del cine norteamericano, To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor). En esa corte, el digno y honrado Atticus Finch defendería al pobre Tom Robinson. No ganaría el caso, por supuesto, porque Tom Robinson era un negro acusado de violar a una mujer blanca en el territorio racista por excelencia de Estados Unidos y todo ocurría durante los años treinta, muy lejos en el tiempo de la década del 60 y su reivindicación de la igualdad y los derechos civiles; pero su defensa inobjetable en aquel caso, su porte y sus palabras, convertirían a Atticus Finch en uno de los personajes más recordados en la historia del cine. Por fortuna, aunque la escenografía ya no exista, la cinta sigue siendo tan emocionante como en el año de su estreno y sigue haciéndole justicia a un libro único.

 Matar a un ruiseñor 1

 Del libro a la película

“For Jack Dunphy and Harper Lee. With my love and gratitude”. Eso decía la dedicatoria del libro. El amor, por supuesto, era para Jack, su novio de aquellos años. Pero la gratitud era para su amiga y confidente, su cómplice y ayudante. Truman Capote sabía que tal vez sin Harper Lee, sin su compañía y consejo, no habría podido terminar “A sangre fría”, la obra maestra que ansiaba escribir desde hacía varios años. Gracias al furor desatado por las dos películas biográficas que se hicieron, muchas personas escucharon el nombre de Harper Lee, y la vieron encarnada por Sandra Bullock y por Catherine Keener respectivamente. Sin embargo, Lee ya brillaba entre los escritores de su generación en 1961, cuando comenzó a trabajar con su amigo Capote en aquel gran reportaje, pues la novela que había publicado el año anterior, “To kill a mockingbird” acababa de ganar el Premio Pulitzer. El éxito fue casi instantáneo, aunque desde el comienzo la escritora debió insistir en que la novela no era un relato autobiográfico sino una historia de ficción. Las confusiones se debían a que el personaje principal del libro y que además narraba la novela era, al igual que Lee, la hija menor de un abogado de un pueblo en el sur norteamericano.

Matar a un ruiseñor 2

Con el éxito vinieron de inmediato las propuestas para la adaptación al cine. Pero a diferencia de su amigo Capote, que ese año había visto su nombre como guionista de “The innocents”, Lee no se sintió muy feliz con la posibilidad de trabajar para la industria de Hollywood. Ella era de alguna manera la antítesis anímica del autor de “Desayuno en Tiffany’s”: tímida, seria, retraída. Desde aquellos años hasta hoy, por ejemplo, nunca ha querido conceder una entrevista y jamás publicó otra novela. Así que para la adaptación al cine de aquel éxito no se podía contar con la autora. Era necesario buscar a un guionista que fuera capaz de captar la belleza y el drama de aquella pequeña historia rural. Y había un hombre perfecto para esa tarea.

Un equipo a la medida

Los comienzos de la televisión fueron los mismos en todas partes. También en Estados Unidos muchos de los programas de los primeros años se transmitían en vivo, pues la tecnología para grabar era muy costosa. Por lo tanto, era necesario contar con actores experimentados, casi todos venidos del teatro o probados en el cine, que supieran muy bien sus líneas y no fallaran frente a la cámara; con guionistas competentes que tuvieran un claro sentido del tiempo para que los picos emotivos de las historias se dieran justo antes de comerciales y con directores que supieran ubicar muy bien sus cámaras para sacarles el mayor jugo a las escenas. Uno de los programas más importantes de aquella época, aún hoy tenido en cuenta en las listas de los mejores de la historia fue “Playhouse 90”, llamado así porque en 90 minutos contaba historias dramáticas originales de un talentoso grupo de escritores de planta o adaptaba novelas de autores como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald o Ray Bradbury. Charlton Heston, Joanne Woodward o Paul Newman fueron algunos de los grandes nombres del cine que actuaron en aquella serie.

Uno de los escritores de “Playhouse 90” era Horton Foote. Horton había comenzado su carrera como actor de teatro pero cansado de que le dieran papeles mediocres, decidió que la mejor manera de tener libretos decentes era escribirlos él mismo. Si algún escritor sabía qué tipo de material necesitaba un actor para lucirse era uno que hubiera actuado, así que cuando las críticas por su escritura fueron mejores que las recibidas por su actuación, cambió su dirección dentro de la industria. Foote se distinguía porque sabía cómo contar historias sobre pueblos, pueblos típicos norteamericanos como aquel del que él mismo provenía: Wharton, Texas. Por eso fue el encargado de escribir un capítulo de la serie basado en una historia original de William Faulkner en la que un granjero recogía a una mujer embarazada que había sido abandonada por el padre del niño: Tomorrow. En ese capítulo, Foote volvió a encontrarse con un director con el que ya había trabajado en otra serie del mismo corte, “Studio One” y con quien se había entendido muy bien: Robert Mulligan, un joven que ya se destacaba por sus buenos oficios a la hora de dirigir actores y que había demostrado que podía lidiar con grandes estrellas sin problemas, pues le había dado órdenes a Laurence Olivier en la adaptación televisiva de la novela de William Somerset Maugham, “La luna y seis peniques”.

Robert Mulligan fue quien dirigió la primera película que produjo Alan J Pakula, Fear strikes out y juntos formarían un equipo sólido durante seis rodajes más. Así que cuando Pakula le dijo a Mulligan que tenían la posibilidad de adaptar la novela de Harper Lee, éste pensó inmediatamente en Horton Foote, el escritor a quien ya conocía, ideal para conservar la fuerza que emanaba esa historia de campo, como lo había hecho con el relato de Faulkner. El equipo estaba completo, y además contaban con una estrella confirmada: Gregory Peck. Lo que éste no sabía es que gracias a ese fantástico grupo de profesionales iba a conseguir la interpretación más importante de toda su carrera.

Un héroe a través de los ojos de un niño

En 2003 el American Film Institute hizo otro conteo como el que nos ocupa en este número de Kinetoscopio, pero esa vez decidieron escoger a 100 grandes personajes de la historia del cine norteamericano: 50 villanos y 50 héroes. Según aquella clasificación, el villano más terrible que se había visto era el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, lo que no era de extrañar teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos. Frente a ese personaje malévolo, el héroe más recordado debía ser alguien a su altura; un hombre que no se detuviera ante nada y que fuera capaz de derrotar a cualquiera. Para sorpresa de muchos, por encima de los poderes de Batman o Superman, de los puños de Rocky, de las armas de James Bond o del látigo de Indiana Jones, el AFI escogió a un héroe común, a un hombre que cumple con su deber a pesar de que no triunfe, que consigue la hazaña de hacer siempre lo que cree correcto y de enseñarle a sus hijos lo que es justo. El héroe de todos los tiempos no era otro que Atticus Finch, el abogado viudo que encarnó Gregory Peck en To kill a mockingbird y que le permitió ganar el único Oscar a mejor actor de su carrera. Pero, ¿qué tiene de especial Atticus Finch?

Lo primero, es que lo observamos a través de los ojos de sus hijos, que están en la edad en la que los padres son el comienzo y el fin del universo La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos de presentación vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch: en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas, un reloj, crayones negros, un silbato metálico. Esos créditos, ejemplares por su belleza y su poder de síntesis, fueron diseñados por Stephen O. Frankfurt, diseñador gráfico y publicista que en aquel entonces había hecho campañas exitosas para marcas de productos infantiles. El objetivo de Alan J. Pakula era que Frankfurt se metiera en la mente de los niños y consiguiera reflejar en esa secuencia el rol vital que ellos tenían en la historia. Hasta el nombre de la película aparece en pantalla “traducido” al mundo infantil: una mano de niño descubre el título coloreando con un crayón una hoja en blanco. Un adulto escribió antes la frase en una hoja que ya no está, pero los espectadores la vemos gracias a que el niño nos muestra algo que no está presente a simple vista: nos ha descubierto lo invisible, como lo harán Scout y Jen a lo largo de la cinta. Stephen Frankfurt, otro de los hombres perfectos para su trabajo de esta película, continuaría trabajando en el cine y creando campañas publicitarias donde pondría en práctica su filosofía de insinuar más que mostrar y de apelar a las emociones de los espectadores. A él le debemos dos promociones cinematográficas que harían historia: el clasificado en la sección de nacimientos de los periódicos que simplemente decía “Reza por el bebé de Rosemary” y la frase fantástica en el cartel de Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Al comenzar la película, Scout, la narradora (en realidad la voz de la actriz Kim Stanley, quien también había trabajado con Mulligan en Playhouse 90), nos recalca que lo que vamos a ver es un recuerdo de su infancia, de cuando el pueblo donde había crecido vivía las consecuencias terribles de la Gran Depresión de los años treinta. Es una buena estrategia lo de la memoria infantil porque si los adultos somos nosotros, es nuestra responsabilidad encontrar el sentido “profundo” de las cosas. Cuando Atticus le dice a su hija que la próxima vez que vuelva a la casa el señor Cunningham, el granjero que ha venido a pagarle con parte de su cosecha un trabajo judicial que hizo para él, lo mejor es que le diga que no está, somos nosotros los que debemos entender cuál es la razón para enseñarle a un niño a mentir. Y también somos nosotros los que deberíamos saber que aquel es el acto de generosidad de un hombre justo, conciente de que quienes le rodean están pasando por tiempos difíciles.

Los niños Finch ven al mundo con la insensatez de los que llevan pocos años en él. Sin embargo, es la llegada de un niño “forastero”, Dill Harris, demasiado curioso e inteligente para su edad, la que hace que los Finch miren nuevamente su entorno con algo de extrañeza. Se dice que si el personaje de Scout fue inspirado por las vivencias de infancia de Harper Lee, Dill Harris, aquel muchachito muy bajo para su edad, contador de historias inverosímiles y de voz aflautada, era la versión infantil de Truman Capote. Juntos, los niños tejerán conjeturas sobre la “leyenda” de su barrio, el muchacho que está encerrado en la casa de los Radley, al final de la cuadra, a quien han puesto el nombre de un fantasma: Boo. Los juegos y las pequeñas apuestas de valentía, van acercándolos a ese misterio sin rostro. Pero el guión es muy inteligente y lo que parece ser una historia tonta sin relación con la vida de su padre, cobrará al final todo el sentido.

Mientras los niños juegan, a su papá le encargan la defensa de Tom Robinson. El juez le insinúa a Atticus que puede negarse pero él acepta, con el mismo gesto de deber cumplido que tendrá durante toda la película: porque es lo que hay que hacer, parece afirmar con cada postura de su cuerpo. Como dice la vecina, la señora Atkinson, en una de las muchas excelentes líneas de diálogo escritas por Horton Foote, “algunos hombres nacen para hacer nuestros trabajos odiosos” y Atticus Finch es uno de esos hombres.

Que la película está narrada desde el lado de los niños lo prueba que nada sabemos de lo que ocurre con su padre cuando no está junto a ellos. Que el pueblo está hablando mal de él lo averigua Scout cuando se pelea en el colegio con un niño que insulta a Atticus. Pero entonces él le dice a Scout que debe invitar a ese niño a la casa. Sólo sentados en el comedor, cuando el muchachito sumerge sus pancakes en miel de maple como si en eso se le fuera la vida, entendemos que tiene hambre y que el hambre no es buena compañera de la razón. Por eso ha querido Atticus que el niño vaya a la casa. Porque sabe que muchos de los prejuicios de sus conciudadanos son producto de la desesperación, de la pobreza y la incertidumbre. Ahí, sentados, pronuncia la lección central de la película: no podemos aniquilar a aquellos que lo único que han hecho es ser como son, que no nos causan ningún daño. Como el ruiseñor, que lo único que hace es cantar. Por eso no se puede matar a un ruiseñor.

Matar a un ruiseñor 4

Lecciones eternas

Hasta el día de hoy en Estados Unidos, “hacer de Atticus Finch” es la expresión utilizada cuando alguien lee un libro mientras monta guardia. Tal es el poder de ver a Gregory Peck con toda su gravedad de capitán ballenero, frente a la prisión en la que descansa su defendido, dispuesto a enfrentar lo que venga con una tranquilidad temeraria y la luz de una lámpara que alumbra sus páginas. Cuando llega la turba dispuesta a linchar a Robinson él sigue imperturbable. Sólo lo altera la llegada sorpresiva de sus hijos. Sin embargo, en una muestra más del enorme acierto de Mulligan al dirigir niños (en su última película, The man in the moon, descubrió el talento de Reese Witherspoon), la escena se resuelve con ellos mostrando que comprenden más de lo que creíamos, que saben que a cualquier adulto le avergüenza lo que está mal frente a un niño. No es inocencia lo que demuestra Scout cuando le pregunta al señor Cunningham (el mismo del comienzo) cómo siguen en su casa: es astucia.

Sin embargo la injusticia, como el fuego, es implacable. Y al final, a pesar de que los argumentos de Atticus Finch en la corte son incontestables, aún cuando todos en la sala de la corte (incluso ese personaje que en una esquina ahueca la mano junto al oído, como diciéndonos que a veces somos sordos cuando la razón habla) saben que Tom Robinson es inocente, el pobre es condenado. Pero los pobladores negros han visto que alguien se atrevió a hablar por ellos, a tratarlos como personas y no como a sirvientes. Por eso el reverendo Sykes les ordena a los niños que se pongan de pie, junto con todos los que llenan las tribunas para negros de la corte, cuando su padre está pasando. Es lo menos que se merece un hombre que lucha solo contra una sociedad desigual.

Ni Atticus ni ningún adulto pueden creer la versión de que Tom Robinson quiso escaparse y que por eso le dispararon cuando lo trasladaban a otra prisión. Otra vez somos los espectadores los que debemos leer entre líneas y entender la tremenda injusticia que se ha cometido. Sin embargo, “To kill a mockingbird” se escribió y se convirtió en película antes de que Kennedy fuera asesinado. Todavía la gente creía en algo parecido a la justicia. Y por eso, cuando los niños Finch van a ser atacados por alguien cuando vuelven a su casa después de una fiesta comunal, aparece de la nada un justiciero, un fantasma que los ayuda y que, sin quererlo, hace lo que los tribunales no pudieron. Un fantasma tan inocente como un ruiseñor, que lo único que deseaba era defender a unos niños indefensos, como él.

Matar a un ruiseñor 3

“¿Me puedes llevar a casa?”. Esa es la única frase que pronuncia Arthur “Boo” Ridley en toda la película. Pero con eso y con menos de tres minutos de presencia frente a cámara le alcanzó al joven actor Robert Duvall, quien interpretaba al personaje, para comenzar con pie derecho una carrera impecable. Muchos años después y con una historia del mismo guionista, Horton Foote (Tomorrow, la misma que había adaptado en aquel programa de televisión), Duvall ganaría el Oscar a mejor actor. Con esa frase y con Scout llevando de la mano a aquel inocente que ha hecho justicia hasta su casa termina To kill a mockingbird. De repente sabemos que Scout se ha hecho adulta con ese paseo. Y entendemos por qué Atticus Finch es una figura que ha trascendido a generaciones y generaciones de espectadores: porque nos hace recordar que las cortes pueden quemarse en los incendios y aún así la única esperanza del género humano es que los padres siguen enseñándole a sus hijos con el ejemplo, qué es lo bueno, y lo digno, y lo justo.

Being Don Draper

Wednesday, October 1, 2014 por Samuel Castro

Si hay algún mito que hace parte de la estructura profunda del “american way of life” que nos hayan querido vender durante años en el cine, la televisión y, por supuesto, la publicidad, es el del “self made man”, el hombre hecho a sí mismo, a pulso, que comenzando desde lo más bajo de la escala social consigue trepar hasta la cima gracias a una combinación de talento, creatividad y esfuerzo. Sobre ese mito descansa “el sueño americano”: no importa quién sea yo en mi país, si voy a Estados Unidos y lo hago bien, la vida me compensará.

En el año 2000, Matthew Weiner estaba viviendo su propio sueño. Tenía 35 años y trabajaba bajo contrato como escritor de planta de una sitcom más o menos exitosa (Becker), tenía tres hijos, unos ingresos estables y un trabajo por el que 100 personas estarían dispuestas a matar. Y sin embargo, no era feliz. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué no se sentía satisfecho con lo que había obtenido? Como dijo en una entrevista para la National Public Radio, “si esto es todo lo que ofrece la vida, podría ser una muy buena excusa para comportarme mal”.

Mad men 1

Mientras intentaba explicarse a sí mismo esa sensación de pesar y desasosiego en el alma, continuó su exitosa carrera de guionista televisivo escribiendo bajo la sombra y el consejo de David Chase, doce capítulos de The Sopranos. Al mismo tiempo volvió a revisar The horseshoe, un guión en el que trabajaba desde que había salido de la escuela de cine, donde intentaba explicar a través de la vida de un sólo hombre, muchos de los acontecimientos vividos por la generación de norteamericanos nacida después de la Gran Depresión. Seis años más tarde, cuando la gente del canal AMC se interesó en su propuesta de una serie sobre una agencia de publicidad y le preguntó por el resto de la historia, sobre quién era ese personaje que la protagonizaba y hacia dónde iba, Weiner volvió a hojear su guión inconcluso hasta llegar a la página en que lo había abandonado. Sólo había cuatro caracteres en ella: 1960.

Un hombre bajo la influencia

Un poco después de la mitad de la primera temporada de Mad Men entendemos por fin que Donald Draper, el seductor, varonil y siempre impecable director creativo de la pequeña agencia de publicidad Sterling-Cooper, ubicada como todas las empresas del negocio en la Avenida Madison de New York (de allí el maravilloso nombre de la serie), no siempre fue así de perfecto ni así de seguro. Es más, descubrimos que tampoco nació siendo Donald Draper. Y de repente aquella historia, su historia, se convierte en LA historia. ¿Cuándo uno se hace a sí mismo, no tiene que mentirse un poco para conseguirlo? Y si es así, ¿qué mejor lugar para que triunfe un buen mentiroso que una agencia de publicidad? ¿Es Estados Unidos, siguiendo ese razonamiento, una sociedad que está construida a partir de las mentiras en las que cree?

Mad men 2

Weiner, que en una entrevista para Rolling Stone afirmó que su libro favorito de todos los tiempos era El amor en los tiempos del cólera (¿no hay algo de Florentino Ariza en esa cualidad que tiene Draper de ser un donjuán que siempre se convierte en lo que su amante necesita y en la necesidad constante de tener nuevas conquistas?) logró con Mad Men justo lo que buscaba en aquel guión inconcluso de su juventud: contar las transformaciones de una sociedad a partir de unas cuantas historias. Ahí están, presentadas con el cuidadoso obsesivo por el vestuario y la ambientación, que le han valido la admiración de los fanáticos de las producciones de época, la melancolía de los cuentos de John Cheever y la soledad de las pinturas de Hopper; el surgimiento del rock, la consolidación del jazz y la importancia del cine (el refugio de Don cuando tiene un problema) y la televisión; las tensiones políticas, los conflictos raciales; la sensación de bienestar general bajo el gobierno de Kennedy y el pesimismo colectivo que supuso su asesinato. Todo afecta a los personajes de la agencia en la medida en que ésta es un reflejo de la cultura occidental: por eso en Sterling Cooper también aguantarán su propia “invasión inglesa”, se hará palpable en la suma de apellidos en la marquesina el ascenso de la clase media y se vivirá, como pasó en todo el continente, el cambio más importante de los últimas décadas: la revolución femenina.

Mad men 3

Mad women

Una de las mayores cualidades de Mad Men es que a pesar de tener un gran personaje central masculino, son las mujeres que rodean a Don los secundarios más atractivos de la historia. Sus vidas reflejan la metamorfosis de las mujeres norteamericanas en la segunda mitad del siglo XX. Peggy comienza como la secretaria de Draper y logra convertirse en una de las primeras escritoras de la industria. La hermosa Joan (con el amplio cuerpo que se consideraba deseable en los cincuentas), cuya sentido común es muy superior al de los muchachitos que trabajan a su lado, será  madre soltera a pesar del qué dirán y, por terribles casualidades de la vida terminará teniendo parte de las acciones de la agencia. Betty se divorciará de Don cuando por fin comprenda que no son la familia perfecta y rearmará su vida, pasando a ser mucho más que el adorno de su nuevo marido. Son ellas, aunque él no lo sepa o no quiera creerlo, las que realmente marcan los cambios en la existencia de Draper. Su perdición y su gloria.

Mad men 4

Porque de eso también nos habla Mad Men: de lo dura que puede ser la caída después de alcanzar la cima. En la última temporada vemos a Don bajo las órdenes de una persona que antes fue su subalterno y junto a él tenemos que preguntarnos en qué momento su vida se puso de cabeza, como en aquel cabezote animado, ya histórico, con el que comienza cada capítulo. ¿Cuándo fue que este mundo en el que teníamos algunas seguridades se convirtió en una interminable sucesión de preguntas? En cada temporada Matthew Weiner ha logrado inocular en sus personajes y en la audiencia, compuesta ya por fanáticos de todo el mundo, la misma inquietud que él tenía a los 35: ¿esto es todo? ¿Después de lo que hemos vivido, de recibir algún premio, de aprender alguna lección, de ser traicionados y traicionar, no hay nada que aplaque esta insatisfacción?

Mad men 5

Si hay alguna actividad dedicada a satisfacer los deseos de las personas y a crear nuevos deseos es la publicidad. Mad men se ha convertido en una de las series más importantes de esta edad dorada de la televisión al retratar ese universo donde la mentira es la norma, mientras narraba, sin prisa pero sin pausa, la metamorfosis de una sociedad que a partir de 1960 es otra. Tal vez no mejor ni peor, pero sí distinta. Y al mismo tiempo ha logrado ser memorable para millones de personas, al recordarnos que todos somos Donald Draper. Que estamos condenados a construir nuestra propia identidad, dejando a un lado lo que menos nos guste de nuestro pasado, para tratar de triunfar en un mundo donde cada vez hay menos certezas. Que esta vida es un constante intento de estar a la altura de nuestro ego. Un intento desesperado por ver el mundo desde la azotea y no lanzarnos.

La polla de Óscar

Sunday, March 2, 2014 por Samuel Castro

Los Óscar. O como lo llaman en mi familia, “la noche en que Samuel no contesta”. Siempre es lo mismo, con excepción de que desde el año pasado tuiteo como un poseso en mi TL en @samuelescritor, mientras veo en la pantalla desde temprano la alfombra roja en la que siempre está elegante Cate Blanchett y siempre bien acompañado George Clooney (aunque siempre también con una mujer distinta) que este año tendrá, según parece, la presencia indeseable de las Kardashian. ¿Quién las dejó entrar? Y ya que no podemos resolver eso, propongo entonces. ¡No las dejen salir! Que se queden encerradas para siempre en el teatro, después de que Ellen DeGeneres despida a todos los que se quieren ir corriendo a tomar champaña en las fiestas del Óscar para celebrar o para olvidar los discursos que se quedaron en un papelito en sus chaquetas.

Sé que el título de este post es escandaloso para algún público ibérico pero qué le vamos a hacer, la “polla” es el término que se ha impuesto en nuestro país para hablar de las apuestas por resultados y que se multiplicará hasta el infinito con la proximidad del Mundial. Yo, que de fútbol no sé mucho, prefiero apostar amablemente y a la distancia con Sol, con Ricardo, con Felipe y Juan Carlos, con Carolina y Diana, sobre quién ganará qué cosa en esta noche mágica y criticada por tantos que sólo quisieran estar ahí un ratico, intentando que se les pegue algo del polvo de estrellas que queda regado en la alfombra roja. Estas son mis apuestas y esta noche veremos qué tal me va.

MEJOR CORTO DE ACCIÓN REAL
Aquel no era yo
No sólo se hablará en español cuando gane Alfonso Cuarón. Este corto del español Esteban Crespo está tremendamente bien filmado y narra con ritmo trepidante una de esas realidades duras que los de la Academia parecen descubrir cada año: la de los soldados niños africanos.

MEJOR CORTO ANIMADO
Get a horse!
Nostalgia y vanguardia en un solo corto. Con un tremendo respeto por el legado de Walt Disney (del que se ha hablado no del todo bien gracias a Saving Mr. Banks) y al mismo tiempo con una diversión atrapante, de carrera sin control, como no se veía hace mucho tiempo en los cortos del estudio del ratón, esta pieza es una versión para coleccionistas y para cinéfilos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
The lady in number 6
Puede que no sea el corto más interesante desde la propuesta audiovisual, pero tiene un tema único: cómo la judía más vieja (murió hace poco sin alcanzar a ver la ceremonia) en haber estado en un campo de concentración tiene una visión optimista de la vida gracias a que la música se convirtió en su manera de salvarse del pesimismo y la tristeza.

MEJOR DOCUMENTAL
The act of killing
Además de denunciar una injusticia política, cosa que les fascina en Hollywood, este documental lo hace experimentando con la forma de una manera tal, que a los votantes de la Academia menos interesados en el tema, los fascinará.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jagten (The hunt)
Difícil elección. Se dice mucho que los italianos han hecho una gran campaña de lobby para que gane “La gran belleza”. Pero creo que la trama de The hunt y el carisma de Mikkelsen pueden ser más cercanos a la sensibilidad de los votantes de la Academia. Espero no equivocarme.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Frozen
No hay nada que hacer. Esta película se ha convertido en el último fenómeno Disney y cuando una película de Disney o de Pixar funciona bien ni siquiera Miyazaki puede evitar el premio.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Gravity
¿De verdad alguien puede dudar que este premio no se lo va a llevar Gravity?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Gravity
Puede que en el espacio no se oigan tus gritos y básicamente no debería escucharse nada. Pero no es por el “realismo” por lo que nos gustó esta película. ¿O sí?

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Gravity
Ha pasado en contadas ocasiones que la película que gana la mejor edición de sonido no se lleva el de la mejor mezcla de sonido. No será la de este año una de ellas.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Let it go” de Frozen
Al igual que a todos en el mundo, Bono cada vez le cae menos bien a los miembros de la Academia y la de Mandela no es una de sus buenas canciones. Así que creo que la gente preferirá premiar los buenos recuerdos que les dejó el musical de Disney.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Steven Price por Gravity
Steven Price es un nuevo talento, en una categoría que siempre está entre los mismos nombres. Y lo que hace en Gravity es bello y emocionante. Incluso majestuoso. Creo que la Academia también lo verá así.

MEJOR MAQUILLAJE
Dallas Buyers Club
Muy impresionante lo que hacen con el rostro de Johnny Knoxville, pero me niego a creer que la Academia vaya a querer que su respetable sello de calidad esté en la carátula de los DVD de Bad grandpa. Y lo que hacen Adruitha Lee y Robin Mathews con el rostro de Jared Leto y de Matthew McConaughey es fantástico.

MEJOR VESTUARIO
Catherine Martin por The great Gatsby
A Patricia Norris de 12 años de esclavitud la han nominado varias veces, se lo merece y nunca lo ha ganado, pero aquí creo que va a pesar la enorme cantidad de vestuarios de época y trajes de fiesta que implicó esta película. ¡Y alguien tiene que hablar bien de Leo esta noche!

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Catherine Martin y Beverley Dunn por The great Gatsby
Cuando el diseño de producción además de encontrar locaciones tiene que CREAR espacios que ya no existen, el trabajo es abrumador. Y en El gran Gatsby más que en cualquier otra película, se nota muchísimo.

MEJOR EDICIÓN
Alfonso Cuarón y Mark Sanger por Gravity
Cuarón tendrá la oportunidad de incluir en su discurso como director ganador a todos los que se le olvide mencionar cuando reciba su primera estatuilla: esta.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Gravity
Sigue siendo una injusticia que el maestro Roger Deakins todavía no tenga su estatuilla, pero esta vez hay que reconocer que al menos la mitad de la belleza formal de Gravity se debe a la visión única de Emmanuel “El chivo” Lubezki.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
John Ridley por 12 years a slave
En un mundo justo este sería el premio indicado para Philomena, por su preciosa combinación de humor y drama, pero la Academia seguramente rendirá con este premio un homenaje al real autor del texto, Solomon Northup.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Spike Jonze por Her
Muy pocas películas son también historias que representan el tiempo en el que se crean. Cuando alguien quiera entendernos en el futuro, tendrá que hablar de Her.

MEJOR DIRECTOR
Alfonso Cuarón por Gravity
Es el sueño dorado de Hollywood: una cinta que hizo taquillazos impresionantes y que nadie se atreve a negar que es una película de autor. Por eso la estatuilla dorada tiene que ser para ese autor.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Lupita Nyong’o por 12 years a slave
Aparte de que creo que la de Jennifer Lawrence no es una buena actuación, como tantos tipos ciegos por su belleza han dicho, pienso que Hollywood no quisiera graduarla tan rápido de fenómeno de la actuación. Nyong’o, de alta calidad en su presentación y belleza indiscutible, les ofrece la alternativa perfecta para quedar bien y hacer justicia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Jared Leto por Dallas Buyers Club
Es muy fácil caer en el estereotipo de “la loca” cuando se interpreta a un personaje como el de Rayon. Pero Leto evita todos los clichés y carga de humanidad su interpretación, haciéndolo inolvidable para los espectadores.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Cate Blanchett por Blue Jasmine
Como creo que éste es un Óscar que ya está cantado y que nadie se va a dejar extorsionar por las campañas anti-Allen que ha impulsado Mia Farrow, la pregunta es: ¿volverá a emocionarnos en su discurso la preciosa Cate recordando a Philip Seymour Hoffman como lo hizo en los Bafta?

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club
Olvídense de los kilos que perdió y recuerden la escena de él como Ron Woodroof en el carro, ahogándose con el llanto mientras piensa qué demonios va a hacer con su vida. Que la dieta no sea lo importante sino su interpretación excepcional de un personaje al que encarna con un compromiso que nadie puede negar. Ni el pobre Leo, que este año también verá que no puede alcanzar un premio que desde hace rato se merece.

MEJOR PELÍCULA
12 years a slave
Gravity le encantó a todo el mundo, es cierto. A mí el primero. Pero creo que 12 years a slave se llevará el Óscar porque además de ser una cinta “importante” y representativa de una época de la historia de Estados Unidos y de estar bellísimamente actuada y filmada, nunca una película que “parezca” de ciencia-ficción se ha llevado el Óscar. Y además hay una ñapa: no es poca cosa que el cierre de la ceremonia sea ver a Brad Pitt, el productor, recibiendo el Óscar.

Ya llega la ceremonia. Ya están los 24 vaticinios de la polla. Ya veremos ahorita, mientras tuiteamos todos, qué tan desacertado o afinado estuve. A ver si en unos meses me le mido a la polla del Mundial.

Un clásico de juguete

Sunday, July 7, 2013 por Samuel Castro

La anécdota es ya uno de esos mitos del mundo del cine que se enriquecen con detalles cada vez que se cuentan, como la obsesión por las rubias de Hitchcok o los percances en la filmación de Apocalypse now (1979). Varios de los más importantes ejecutivos de Disney acaban de dejar la sala donde les han relatado el argumento, escena por escena recreadas con dibujos en papel, de la próxima película que pretende estrenar el estudio Pixar, utilizando la marca de Walt como sombrilla. Acaban de salir y aún no se reponen de la impresión. La película es un asco. Está llena de bromas crueles, de chistes violentos, de un humor negro que provoca angustia más que risa. Alguien pregunta: “¿Qué pasó?” y la voz de otro más sincero contesta: “Hicieron lo que les dijimos”. Muchas sugerencias. Demasiados consejos acerca de “lo que gustaba al público” por parte del gran estudio que la gente de Pixar, inexperta, había asumido como órdenes. El fracaso estaba a la vuelta de la esquina.

John Lasseter

Y aquí viene la parte de la historia que la convierte en leyenda. John Lasseter, enfundado en su eterna camisa de motivos hawaianos, sale a pedirles a esos mismos ejecutivos que le den dos semanas, que en dos semanas van a tener una historia que les guste y que permita que todos esos animadores que ya han contratado, puedan comenzar a trabajar. Probablemente aceptaron por la cara de angustia que vieron en el animador californiano y porque no tenían nada que perder  (¿qué posibilidades había de que arreglaran aquel desastre?), sin saber que ese mismo tipo, en menos de 20 años se convertiría en el jefe creativo de los estudios Disney.

Toy story 6

Toy story (1995), que muchos reconocemos como un clásico del cine, se creó en quince días. En esas dos semanas, Joe Ranft, (que después sería co-director de Cars), Andrew Stanton (director de Finding Nemo y de WALL-E) y Pete Docter (director de Monsters Inc. y de Up) junto al mismo Lasseter, dibujaron y escribieron una historia donde desaparecía todo el sarcasmo que habían incluido y los dos protagonistas convertían la trama en una típica buddy movie, ese subgénero cinematográfico en el que dos personajes muy distintos entre sí deben convertirse a la fuerza en compañeros y enfrentar juntos una serie de peripecias. En vez de hacerle caso a los manuales de instrucciones decidieron hacer justo lo que ellos creían que era lo correcto: que no hubiera realmente “villanos”, que las canciones se redujeran al máximo posible, que todos los personajes hablaran, pensaran y se comportaran como adultos (con excepción, por supuesto, de los niños). Y la fórmula funcionó. Toy story consiguió la financiación necesaria y se convirtió en el primer largometraje diseñado enteramente por computador de la historia del cine. Pero más que eso (que podría haber sido una casualidad cronológica) gracias a la calidad de su historia, al manejo del humor y a la frescura de sus personajes, Toy story fue la película que volvió a reconciliar a los adultos con la animación, que mostró que se podían hacer películas “familiares” que no fueran estúpidas y que convirtió a Pixar en una de las marcas más respetadas, admiradas y reconocidas en el mundo del cine.

Una de vaqueros y una del espacio

Toy story 5

A veces olvidamos lo deliciosamente anacrónica que es Toy story. ¿Realmente cuántos niños jugaban con vaqueros de juguete en los años noventa? Pero ese era un detalle en el que no reparamos (siempre pasa con las buenas historias) porque estábamos maravillados con ese mundo que se despertaba cuando nadie estaba viendo. Casi todos los adultos que acompañaron a sus hijos a las salas de cine en 1995 se encontraron recordando con nostalgia sus propios juguetes: el hombre forzudo, los soldados de plástico, la alcancía de cochinito, el tablero mágico, el Señor Cara de Papa. Ese fue el astuto anzuelo que Pixar le lanzó al público para que se identificara con la historia del juguete preferido que es desplazado por uno más bonito y más moderno, y que tras muchas peripecias se ve trabajando en equipo con el otro para enfrentar el peligroso mundo exterior y lograr volver a casa, sanos y salvos. Era una situación que todos podían entender: por un lado casi cualquiera ha sentido alguna vez que alguien nuevo llega a deslumbrar y a quitarlo del centro de atención; por otro, todos sabemos que un amigo te salva de morir en tu primer día de colegio, que un amigo hace que la oficina nueva no sea tan despiadada. Por eso, por lograr contarnos una historia universal vestida con el ropaje asombroso de una clase de animación que nunca habíamos visto y que se parecía tanto a la vida real, Toy story le llegó al alma a millones de personas.

Como ocurre con las grandes películas, ¡hay tanto cine en Toy story! Un amor por la historia del séptimo arte estadounidense que se va haciendo evidente conforme pasan los minutos Todo es más claro cuando sabemos que en principio, Lasseter y compañía quisieron que las voces de sus personajes principales, el vaquero Woody y Buzz Lightyear fueran las de Paul Newman y Jim Carrey. Su idea era mostrar cómo el “viejo” Hollywood iba siendo desplazado por esas “nuevas” estrellas, que estaban transformando el negocio.

Toy story 1

Por eso Toy story comienza siendo un western (que narra en sus juegos Andy, mientras usa a sus juguetes para armar la fantasía), se convierte en una película de guerra (con la ya antológica secuencia de los soldados de plástico en su operación para averiguar cuáles eran los regalos de Andy por su fiesta de cumpleaños), pasa por la ciencia-ficción (con los marcianitos mirando asombrados al cielo donde los iba a recoger la nave madre), se transforma en una película de terror (en las escenas donde intervienen los “monstruos” que ha creado Sid, el niño “malo” vecino de Andy, que ha cambiado cabezas de lugar y ha destripado a todos sus muñecos), y termina en una persecución digna de cualquier filme de acción. Todos los géneros en uno, como desafiando a cualquiera que se atreviera a decir que la animación era un juego de niños. Y por si eso fuera poco, los reemplazos en las voces (Tom Hanks y Tim Allen) haciendo un trabajo sobresaliente en su tarea de darle vida a los diálogos de esa comedia de enredos que se producía por la creencia de Buzz Lightyear de ser realmente un integrante de la Patrulla Espacial. ¿Qué niño no sabe hoy a qué personaje nos referimos cuando escucha la frase “Al infinito y más allá”? ¿No forma parte de las sentencias mejor dichas del cine la de Woody desesperado gritándole a Buzz “¡You are a toy!”? Eso es lo que hacen los clásicos: se instalan en nuestra memoria y se convierten en parte de los referentes que tenemos para entender el mundo.

Durante los siguientes años hubo muchas personas que creyeron que el mérito de Toy story estaba en la técnica y por eso nos llenamos de cintas animadas con historias tontas y predecibles que nada nos decían. Por fortuna, haciendo honor a su pieza fundacional, siempre estuvo Pixar para recordarnos que hoy y siempre, en 3D o en dibujos a lápiz, el asombro y la magia provienen de las buenas historias.

Publicado originalmente en Revista Kinetoscopio N°90

Remakes: películas remedio, remedos de historias

Thursday, February 7, 2013 por Samuel Castro

Piense en la primera cita romántica que tuvo con esa mujer que le gustó o con aquel tipo que le fascinaba. Todo era perfecto: la conversación fluía, la comida estaba deliciosa, a su pareja se le ocurrieron chistes muy ingeniosos y ninguno de los dos se quería despedir cuando la noche se acabó. Ahora imagine que al día siguiente todo se repite exactamente igual: las palabras, el menú, el restaurante. Pero quien está al frente suyo es otra persona. Parecida pero otra. Eso es un remake. Aquella palabrita gringa con la que se nombran los films que están basados en otra película o en una serie de televisión.

The departed

Es casi obvio entonces por qué los remakes casi nunca funcionan bien. Y digo casi nunca porque en el cine, como en la vida, no hay verdades absolutas. ¿Recuerdan los más adultos o los que sintonizan canales como MGM y TCM esa genial película de gángsters de 1982 que es Scarface, en la que Al Pacino se fajaba una actuación antológica? Pues esa película era un remake de la original Scarface, que ninguno de nosotros vio, porque estuvo en cines en 1932. Incluso, en contadas ocasiones, el remake es mejor que el original, como The departed, que superaba por mucho a la película hongkonesa en la que se basaba: Infernal affairs. No era sólo que se cambiaba a los protagonistas de ojos rasgados por Matt Damon y Leo DiCaprio. Era que detrás del asunto estaba un maestro como Martin Scorsese, que supo tomar el material original y volverlo una película con su firma narrativa.

The ring

Pero esas son excepciones. La dura realidad es que los remakes se hacen porque el cine es un negocio y como en todo negocio, alguien quiere minimizar los riesgos, haciendo de estas cintas un remedio fácil para la salud de la economía cinematográfica. La lógica de los productores es ¿para qué buscar una idea original si hay pilas de ideas que ya demostraron que funcionaron? Es decir, ¿para qué tomarse la molestia de usar el cerebro? Y es allí donde radica el problema: pareciera que a los guionistas de remakes los sacaran del pabellón de lobotomías de un hospital. Por eso surgieron cosas tan terribles como Godzilla, que convertía al antiguo y respetable monstruo japonés en una lagartija con gigantismo perseguida por idiotas o esas versiones descafeinadas de El aro que protagonizaba Naomi Watts? ¿Cómo no enojarse cuando aquellos dibujos animados como el Inspector Gadget o Mr. Magoo que tanto nos divertían cuando niños, perdían su gracia desde que a alguien se le ocurría volverlos de carne y hueso?

Evil dead

Pero la tragedia no parará. La crisis económica ha hecho que en el mundo entero y especialmente en Hollywood haya menos espacio para el riesgo (y más espacio para los muertos resucitados que son los remakes). En los próximos meses tendremos que soportar las nuevas versiones de Evil dead, de Dirty dancing, de Robocop. Y cuando salgamos, inevitablemente tristes por la comparación con las historias y las imágenes que teníamos en nuestros recuerdos, menos perfectas pero tal vez por eso más ingeniosas, pensaremos que lo bueno de que la industria cinematográfica colombiana esté en pañales es que todavía no tenemos remakes y no hay que ver a Sebastián Martínez reemplazando al Gordo Benjumea, en la nueva versión de El taxista millonario. Por ahora.

Lo mejor del año que se fue

Tuesday, January 8, 2013 por Iván Gallo

Melancholia

1. Melancolía. Con su habitual radicalismo Lars Von Trier nos contó su visión del fin del mundo. Descarnada y claustrofóbica el realizador danés ha realizado este año su mejor película desde Dogville.

Looper

2. Looper. Hace rato el cine no nos regalaba una reflexión sobre los viajes en el tiempo. Toda una revelación, con un guion escrito con inteligencia y solidez, en Looper nadie es completamente bueno ni malo, todo es relativo, como el tiempo. Una extraña mezcla de cine negro y ciencia ficción. Todo un clásico en potencia.

Breaking bad

3. Breaking Bad. Nunca antes una serie de televisión había mantenido la intensidad e interés que desplegó durante cinco temporadas. Con el capítulo final de la obra maestra de Vince Guilligan ha quedado un hueco muy difícil de llenar en la televisión nuestra de cada día. La intrincada vida de Walter White es de lo más emocionante que hayamos podido ver en décadas de insulsa televisión.

We need to talk about Kevin

4. Tenemos que hablar de Kevin. A nadie se le había ocurrido pensar en la vida que podría tener la madre de uno de esos niños sicópatas que entran armados a las escuelas norteamericanas, con la firme intención de arrasar todo lo que se mueva. Impactante, sincera y seca como un gancho al hígado, la adaptación de la novela de Lionel Schriver fue uno de los picos mal altos del año. El hecho de que la actuación de Tilda Swilton haya pasado desapercibida para los dinosaurios de la Academia habla una vez más de los dudosos criterios con los cuales se determinan las nominaciones y premiaciones de los Oscar.

Hugo

5. Hugo. Todo cineasta tiene una deuda con George Méliès. Este es el intento de Martin Scorsese por saldarlo. Con unos revolucionarios efectos especiales, Hugo justifica el todavía polémico formato del 3D. Para mí no cabe ninguna duda que es la mejor película del año. Homenaje sublime al cine.

Mad men

6. Mad Men. La quinta temporada de Mad Men fue de lo mejor que le sucedió a la televisión. Con suma paciencia se han venido desarrollando los personajes y toda la tensión que se sintió en las primeras tres temporadas ha explotado en este último año. Los que todavía se resisten al encanto de Don Draper no pierdan más tiempo y sean testigos de cómo se conformaron los sesenta, la última edad de oro que ha vivido la humanidad.

Drive

7. Drive. Sin duda la sorpresa del año. Con reminiscencias a la frenética Vanishing Point  y los componentes del mejor drama.  Dentro de pocos años se transformará en película de culto y todos aquellos que hablaron mal de ella tendrán que tragarse sus palabras. Notable la actuación de Ryan Gosling como un doble de acción que maneja como nadie sus autos setenteros. Velocidad y sangre en sus justas proporciones.

The grey

8. Infierno Blanco. Emocionante, escalofriante. El talento de Liam Neeson estaba intacto, lo que pasaba es que estaba aceptando todos esos papeles en películas de acción para proveerle un futuro promisorio a sus descendientes. Alaska y sus lobos, el hombre contra Dios, las ganas de vivir por encima de cualquier cosa. Lamentablemente el público le dio la espalda a un filme que merecía mejor suerte. No se la pierdan por nada del mundo. Es emoción y adrenalina pura.

Ted

9. Ted. La comedia del año. Gracias a su Family Guy Seth MacFarlane se ha consagrado como un digno sucesor de Terry Jones y sus Monty Python. El oso que todos tuvimos, el amigo cómplice que todos queremos tener, para MacFarlane no hay nada sagrado. Para él lo más chistoso es romper con todos los cánones, mearse en lo sagrado, fumarse un porro con las hojas de la biblia.

Life of Pi

10. La vida de Pi. El regreso de Ang Lee constituyó uno de los momentos más altos de este fin de año. Desde hace más de una década, cuando Tom Hanks inmortalizó una pelota de voleibol bautizándola Wilson, no sufríamos tanto con un náufrago. Los efectos especiales desplegados en este filme fueron comparados con los de Avatar. Seguramente La vida de Pi (Una aventura extraodrinaria) llegará a la primavera como una de las más ganadoras de la temporada.

Carnage

11. Carnage. Infame la manera como fue distribuida en el país esta nueva joyita del polaco.  Siguiendo el ambiente asfixiante de Cul- De- Sac y sobre todo de La muerte y la doncella, Roman Polanski encierra a dos parejas de padres de familia en un apartamento. La excusa es hablar de una riña que han tenido sus hijos pero en realidad lo que incuba allí son las razones por las cuales la sociedad norteamericana está en franca decadencia. Notables las actuaciones de Kate Winsley y Christoph Waltz.

Escobar el patrón

12. Escobar, el patrón del mal. Hace años la televisión colombiana no sacaba algo con esta calidad técnica y sobre todo argumental. Quedó demostrado que si acá no se hace buena televisión no es por falta de talento sino porque a los canales privados les interesa más su labor de embrutecer al público. Esta fue una serie necesaria ya que  las nuevas generaciones de colombianos necesitaban saber que Escobar era más parecido a un monstruo que a Robin Hood.

M. Night Shyamalan: ¿el ocaso de un niño brillante?

Thursday, November 15, 2012 por Samuel Castro

Una gran idea es un bombillo que se enciende. Con esa imagen, aprendida por todos gracias a los dibujos animados y las caricaturas, comenzaba una de las mejores películas de horror del cine norteamericano: The sixth sense. La cinta era básicamente eso: una idea extraordinaria en la que un niño le contaba a su sicólogo que veía gente muerta por todas partes. El final de la película, cuando el público descubre que el sicólogo también está muerto, llegó a convertirse en uno de esos secretos que nadie se atrevía a decir en voz alta, como la verdadera identidad del niño Jesús.

Los críticos especializados estaban asombrados pues todo en la cinta era perfecto: la fotografía lavada y fría que acercaba el horror al drama familiar, la selección de los actores, un cuidado por el significado de cada imagen dentro de la narración, a la altura de las películas de Spielberg. Y sin embargo, el creador de la historia y el encargado de llevarla al cine con tan buen pulso tenían apenas 27 años y eran la misma persona: Manoj Nelliyattu Shyamalan, o mejor, Michael Night Shyamalan, como él mismo se nombraría en la universidad. Shyamalan era un joven director indio, quien hasta ese momento sólo había hecho dos películas intrascendentes  y era más reconocido por escribir el guión de Stuart Little. Sin embargo, las luces de la fama empezaron a encandilarlo cuando se supo que Disney había pagado dos millones de dólares por el guión de Sexto sentido y lo convirtieron en una estrella cuando la cinta recaudó más de 600 millones de dólares en todo el mundo y obtuvo seis nominaciones a los Premios Oscar

Por desgracia, los problemas comenzaron casi de inmediato. Según la versión del mismo Shyamalan —no del todo confiable—, la primera mala decisión fue aceptar que Disney promocionara su segunda gran película, Unbreakable, como otro thriller sobrenatural y no como lo que él pensaba que era: una historia de acción y aventuras sobre un hombre que descubre que es un superhéroe. Lo peor es que no era ni lo uno ni lo otro; impecable en su narración visual, el guión no cuadraba del todo, especialmente por la costumbre asumida de contar una historia con final sorprendente en esa y en sus siguientes cintas: Signs, The village y Lady in the water. Al final la gente iba a sus películas esperando ese minuto de revelación que lo cambiara todo. Él mismo pareció olvidar que un final asombroso sólo conseguía ser memorable si el resto del argumento valía la pena.

Ni las críticas ni las taquillas volvieron a ser iguales. A pesar de que Señales también fue bastante rentable, Shyamalan parecía haber perdido su toque: ni siquiera se conservaba la conocida belleza formal de sus imágenes y los extraterrestres de Signs se veían como matones perdidos en un disfraz de hule barato Ya nadie le ofrecía dirigir secuelas de Harry Potter o de Indiana Jones, y se empezaron a filtrar a la prensa rumores sobre los constantes enfrentamientos entre Disney y su antiguo Midas. Su situación se complicó aún más cuando se supo que un documental que supuestamente relataba una experiencia extrasensorial del director a los 11 años y que le había permitido tener contacto con el mundo de los espíritus, era una patraña patrocinada por él mismo para hacerle publicidad a La aldea. El disgusto fue tan grande en Disney que para su siguiente película, Lady in the water, Shyamalan tuvo que cambiarse de estudio. Warner se atrevió a financiar el proyecto y el desastre fue histórico: después de gastarse 75 millones de dólares en la producción, sólo consiguió recaudar 45 millones en taquilla.

 

Como si eso fuera poco, se hicieron más conocidas sus excentricidades gratuitas y sus ínfulas de genio incomprendido. Cada sugerencia de los productores era tomada por él como un ataque personal a su talento; casi despide a Bryce Dallas Howard, su protagonista, porque cometió la “gravísima” ofensa de volverse vegetariana. Afirmó que lo único importante que había hecho Paul Giamatti (el protagonista de Sideways) antes de actuar para él era un comercial de Nike. Hacía berrinche si alguien osaba cambiar una sola palabra de sus guiones, guiones que por lo demás, cada vez sonaban más a parlamentos de obra estudiantil. Y cuando se publicó “El hombre que oía voces”, un libro que relataba las intimidades de su negociación con Disney y que pintaba a sus ejecutivos como monstruos temibles que sólo pensaban en el dinero frente a él, “el artista”, todo Hollywood empezó a verlo además como un traidor, el perro que mordía la mano de su amo.

Después de ver sus últimas películas, The happening y The last airbender se tiene la sensación de que algo muy importante se ha perdido. Aunque por fin pudo evitar Shyamalan su acostumbrado final sorpresa y algunas imágenes son inolvidables (esos hombres que caen al suelo sin que nadie sepa por qué en The happening, por ejemplo), las historias son tan malas (no, no son malas, son bobas, incluso la adaptación de un comic infantil se puede hacer con gracia), sus moralejas son tan torpes que nos obligan a creer que en este caso, el ego se tragó al talento, y a esperar que en un futuro no muy lejano (en 2013 lanzará su película After Earth, que protagonizará Will Smith), al señor Noche se le vuelva a prender el bombillo.

La primera versión de este texto se publicó en la edición #34 de Revista Arcadia, de marzo de 2010

Latinoamérica es un mito al sur de Estados Unidos

Monday, October 15, 2012 por Samuel Castro

Los que tuvimos la mala suerte de verla, recordamos esos primeros minutos de Mr & Mrs Smith en que nos muestran una Bogotá perdida entre la selva. En su apariencia de ciudad calurosa y de clima tropical, donde todas las mujeres lucen vestidos de falda corta, los hombres tienen bigote y el principal periódico se llama Prensa, está reflejada la visión que muchos de los habitantes del primer mundo tienen de ese continente, mítico en su imaginación, que es Latinoamérica.

No son sólo los estadounidenses los que creen eso. Si nos fijamos en la participación del cine latinoamericano en los principales festivales europeos (Cannes, Venecia, San Sebastián y Berlín) tendremos que concluir que para los encargados de la selección oficial en esos certámenes, Latinoamérica, cuando existe, es un lugar fantástico y mágico, todavía muy rural, donde historias urbanas y más “comunes” no tienen cabida. Como si se acercaran a nuestro cine con un interés antropológico o periodístico, más que artístico.

Aunque Claudia Llosa en innumerables entrevistas ha aclarado que gran parte de la historia que narra en La teta asustada es una invención suya, cuesta creer que sin la anécdota de la mujer que se mete una papa en la vagina para protegerse de la violencia masculina la película hubiera alcanzado el éxito que tuvo. En las reseñas que hizo un medio tan respetado como Variety cuando cubrió el Festival de Berlín de 2009, donde la cinta ganó el Oso de Oro al mejor largometraje, se leen expresiones como “un bien filmado estudio etnográfico de la vida en las grandes ciudades de Perú” o “la realidad peruana mezclada con el realismo mágico, crean una vívida pintura de la sociedad y sus problemas”. ¿Por qué ante la historia de un niño que nace con alas, como lo es Ricky, de François Ozon, también parte de la selección de ese año, nadie dijo que esa fantasía reflejaba la realidad francesa?

Y eso que en Berlín es donde al cine latinoamericano mejor le ha ido últimamente. En 2008 el máximo galardón del Festival ya se lo había llevado Tropa de élite, la película de Jose Padilha que aborda el tema de un grupo comando que debe enfrentar a las bandas criminales de las favelas de Río. La elección estuvo acompañada de críticas a los excesos de violencia de la cinta.  Por supuesto, la violencia es otro de esos temas “interesantes” de nuestros países. Ya sea una violencia contenida que de pronto explota, como la de El otro o El custodio, cintas argentinas que también han estado en la selección de Berlín, o la violencia explícita que se da en escenarios particulares, como nuestras cárceles. Eso parece gustarles en Cannes, donde Crónica de una fuga de Adrián Caetano, y Leonera, de Pablo Trapero, que se desarrollan en centros penitenciarios, o Elefante blanco, también de Trapero, que ocurre en una “villa miseria”, han acompañado en el último lustro a las cintas de Carlos Reygadas, un consentido del festival por sus historias “raras”: Batalla en el cielo mojó toda la prensa que quiso por incluir sexo explícito entre personas “normales” con cuerpos que se salían de los cánones estéticos y Luz silenciosa se destacó por su belleza formal y por retratar a una comunidad menonita, no propiamente muy común en nuestros países.

Cannes es un caso paradójico: o se hace un cine “raro”, como el de Reygadas y el de Lucrecia Martel con La mujer sin cabeza, o se trabaja con tramas más “universales” y se corre el riesgo de dejar de ser considerado un representante de Latinoamérica, como le ha pasado con sus últimas historias a Guillermo del Toro, Alejandro González-Iñárritu y Alfonso Cuarón. Porque cuando un director de acá trata de hacer ciencia-ficción, cine fantástico o dramas protagonizados por Brad Pitt y Cate Blanchett, de repente se vuelve un autor universal, pero si un director norteamericano, como Steven Soderbergh, hace la biografía de un personaje como el Che Guevara, presentada en Cannes en 2008, los medios hablan de inquietudes artísticas y búsqueda personal.

En Venecia ni siquiera están interesados en mirarnos: no hubo representación del cine latinoamericano en su selección oficial en 2006, 2007 y 2009; en 2008 estuvo Guillermo Arriaga con The burning plain, (hablada en inglés y protagonizada por Charlize Theron y Kim Bassinger), que además de la violencia tiene ese melodrama trágico que también se asocia con este continente y en 2010, la única candidata de acá fue Postmortem del chileno Pablo Larraín. David Gritten, crítico de The Daily Telegraph la elogió porque era “muy fuerte, cruda y poderosa”, tal vez refiriéndose a la trama en que un empleado fúnebre termina realizando, como parte de su trabajo rutinario, la autopsia al cadáver de Salvador Allende. Parece que nuestra historia sólo funciona como tema cuando contamos los episodios que nos avergüenzan (por algo la única ganadora del premio del público en el Festival de Toronto fue La historia oficial de Luis Puenzo, en 1985) porque esos son los que interesan en Europa. Ni siquiera San Sebastián, donde por obvias razones la presencia del cine de nuestros países debería ser importante, se escapa. Una sola película por edición en los últimos tres años, habla de una verdadera apatía por nuestra cinematografía. Claro, como El secreto de sus ojos parecía cine hecho en el primer mundo y no en el tercero, no obtuvo ningún galardón en 2009, para luego llevarse el Oscar a mejor película extranjera.

Parece que al hablar de cine, en el resto del mundo sienten que Latinoamérica sólo vale la pena como lugar de safari visual, donde lo raro, lo violento y lo curioso son algo “autóctono”, Y por desgracia, el pesar es muy distinto al respeto.