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Las películas que yo incluyo en lo mejor de 2004

Saturday, July 31, 2010 por Samuel Castro

Hace cinco días dije que la cartelera era un asco. ¿Qué se puede decir hoy? Cuando pensamos que vivimos niveles pobres en cuanto a calidad, nuestros exhibidores nos comprueban que están listos para superarse cada día. Siempre se puede caer más bajo; esa es la lección.

Así que lo mejor será salir donde los piratas, quienes parecen haber entendido que la diversidad, el hecho de que cada persona vaya comprendiendo qué le gusta y qué no a punta de ofrecerle todo, a punta de probarlo todo, siempre será mejor negocio que acostumbrar a los espectadores a un único tipo de cine.

La otra opción es ir a una tienda de alquiler y llevarnos alguno de esos títulos que dejamos ir sin verlos (o que nunca llegaron) y pasar la tarde en buena compañía cinematográfica para evitar la compañía equina, demasiado ostentosa y apabullante en mi ciudad, Medellín, por estos días. Miremos el pasado y recordemos las que para mí, fueron las mejores películas de 2004, en esta remembranza espaciada que seguimos haciendo en ochoymedio, entre Diana y yo, con lo mejor de la década que terminó.

Temporada de patos

Temporada de patos: Hay vida en México más allá del cine de los Cuarón y de González-Iñárritu. Puede que no tenga ni la explosividad ni el picante de los anteriores, pero Temporada de patos conserva esa extraña poesía urbana, que tal vez sea el signo común de una cinematografía que dejó los sombreros anchos y las mochilas azules atrás.

Vera Drake

Vera Drake: Es un drama de Mike Leigh. Las actuaciones son increíbles por lo naturales (paradójicamente fruto de innumerables ensayos) y la historia, que repasa de forma contundente este “asuntico” de la doble moral de nuestras sociedades, ocultándolo tras el disfraz de una cinta de época, nos cuestiona hasta la incomodidad.

Mar adentro

Mar adentro: No sé si se han dado cuenta, leyendo críticas en la revista Fotogramas o en los medios de España especializados en cine, que una de las expresiones favoritas de los críticos españoles es “en estado de gracia” para hablar de un actor que se fajó un papelazo. Esa es la expresión que se viene a la cabeza, para hablar de las interpretaciones de Belén Rueda, Lola Dueñas y Javier Bardem, en esta historia magníficamente dirigida por Alejandro Amenábar, en la que un hombre, a pesar de su simpatía e inteligencia, ha decidido poner fin a su vida, una vida que ya no le satisface.

Sideways

Sideways: Los viñeros de California vieron cómo gracias a esta película, el turismo por sus viñas y el consumo de Pinot Noir subían como (no puedo evitar la comparación) espuma de champaña. Virginia Madsen y Thomas Haden Church revivieron sus carreras y Paul Giamatti mereció su primera nominación en los Globos de Oro. Todo por un relato de amistad y melancolía contado con pulso seguro por Alexander Payne.

Eternal sunshine

Eternal sunshine of the spotless mind: Nunca ha hecho Michel Gondry algo como esto, porque creyó que podía ser igual de genial (una empresa que se contrata para borrar a alguien de nuestra memoria es por lo menos, una buena idea) sin tener a Charlie Kaufman como su guionista. Y no. Ni él, ni Jim Carrey han vuelto a hacer algo de este nivel.

El cine que se lee 1

Tuesday, May 18, 2010 por Samuel Castro

Lo bueno es que la palabra se escucha exactamente como debería. Porque la cinefilia, que suena a síndrome de alteraciones mentales (“Su hijo tiene cinefilia y es más grave de lo que pensábamos. No creo que sobreviva a esta noche”) es realmente una enfermedad. El cinéfilo se queda hasta que se encienden las luces en la sala, para mirar el nombre del doble de acción que lo asombró; sufre cuando escucha que un matrimonio como el de Tim Robbins y Susan Sarandon se acabó; sueña con la cinta de la que sólo conoce una línea argumental gracias a un minúsculo artículo aparecido en un periódico de Estocolmo. Y entre sus pasatiempos habituales está el de leer libros sobre cine. La enfermedad siempre ansía expandirse y por eso el cinéfilo cree (a veces con una inocencia lastimosa) que la gente a su alrededor debería compartir su pasión y por eso se la pasa mostrándole a sus amigos libros con la foto de Woody Allen impresa en la tapa o trata de leerles párrafos de algún tratado sobre cintas de zombies. Para el cinéfilo el cine que se lee es algo tan necesario como mirar la cartelera cada viernes.

Pero como es tan difícil que los amigos de uno se animen con biografías sobre John Ford y cosas por el estilo, vamos a suponer que los visitantes de ochoymedio sí pueden estar interesados en los libros sobre cine que Diana o Pedro o yo vamos leyendo. Y en este caso, para comenzar con esta “sección”, el libro es además un orgullo para nosotros porque lo escribe un colaborador y visitante de esta casa, Juan Carlos González, uno de los críticos de cine de El Tiempo, bajo el sello editorial de la Universidad de Antioquia.

Libro Juan Carlos

Para el cinéfilo este libro es una delicia. En vez de dedicarse a los pormenores personales de ese maestro del cine que fue Billy Wilder, Juan Carlos se ocupa de llevarnos por la filmografía del director, cinta por cinta, para entender a través de las imágenes de las distintas películas, cuál fue la evolución de este autor (guionista ante todo) dentro del sistema de estrellas de su tiempo y cómo logró convertirse en uno de los más grandes de la historia. No es esta una biografía común entonces. Nada sabemos sobre las comidas preferidas de Wilder y son pocos los chismes sobre su vida íntima (aunque las anécdotas con Marilyn Monroe por ejemplo, son maravillosas) pero en cambio tenemos las claves de su creación, cómo enfrentó los problemas de los distintos rodajes, de qué manera innovó y también de qué manera perdió esa cercanía con el público, que le había dado al final de cuentas, tantos éxitos.

Yo no he visto ni siquiera la mitad de las películas de Billy Wilder. Y aún así leí las historias de cada cinta, como si las conociera de pe a pa, porque así somos los cinéfilos. Ya llegará el día en que las vea y la memoria me traiga alguna historia del libro o me haga comprender algún dato. Y también, dentro de no mucho, el momento en que vuelva a abrir este libro, con la comprensión absoluta que me permitirá disfrutarlo mucho más. Por eso la invitación es a que lo lean y a que lo compren (como es de la Editorial de Universidad de Antioquia, deben encontrarlo en las librerías de las universidades). Para seguir alimentando la enfermedad.

Lo mejor de la década: 2001

Thursday, April 1, 2010 por Samuel Castro

Después de un tiempo largo uno no sabe de qué hablar cuando se sienta a conversar con los amigos. Si de la falta de autocrítica de los antioqueños que pensamos que los Suramericanos fueron perfectos (¿por qué nos duele tanto el “casi perfectos”?, ¿por qué el espíritu crítico es una afrenta personal?); si de la falta de autocrítica de ciertos candidatos presidenciales (que casualmente también durante su administración en Medellín no admitieron las críticas a su gestión y dejaron ese talante de herencia) que les hizo perder sus posibilidades de elección. ¿O de la falta de inteligencia de los ejecutivos que decidieron no estrenar Shutter island el año pasado? Sí, fue un buen golpe en las taquillas (que es lo que vale en Estados Unidos) pero ¡qué candidata se perdieron los Oscar!

Dejando para más adelante la respuesta a James sobre qué es una buena película (¡qué tal la pregunta!) y decidiendo que lo mejor es celebrar el regreso a estas páginas de Pedro Felipe, el amigo de quien no conozco el rostro y con el que nunca he hablado que hace parte de este proyecto, voy a seguir con esta selección de lo mejor de la década. Sigue el 2001 y esta selección que es también una odisea del espacio, para no extendernos por mucho. No, no están en orden. Las cinco son grandes películas, aunque sin decir títulos, la que está en mi corazón es aquella en la que cantan más que en las otras.

No man's land

No man´s land (En tierra de nadie): Todos sabemos que las guerras son tontas. Que matar a otro ser humano por cumplir las órdenes de alguien que cumple órdenes de otra persona que a su vez mira un mapa y ordena bombardear como quien pide colorear una zona de un libro para preescolares es una estupidez. Pero nunca sobra que una película nos lo recuerde, sobre todo si para hacerlo pasa, con humor negro y mala sangre, incluso por encima de Naciones Unidas.

La stanza del figlio

La stanza del figlio (La habitación del hijo): Un papá nunca debería perder a un hijo. Nunca. No estamos hechos para eso (tener hijos y poder cuidarlos es incluso, una virtud aprendida como parte de la civilización). Y por eso, una película hecha con la sensibilidad que tiene ésta, es imprescindible.

Moulin rouge

Moulin Rouge: ¿Antes de esta película alguien había pensado que un musical podía volver a ser cool? ¡Qué importa que el salpicón mezcle a Gloria Estefan, The police y Queen! Todavía recuerdo la sensación de felicidad cuando en la parte inferior de la pantalla en la presentación de Twentieth Century Fox aparecía un director de orquesta moviendo la batuta para dirigir la fanfarria. Y a Nicole Kidman, más hermosa que nunca con el pelo rojo, la conciencia gris y cantando que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres. Toda la exageración en esta película donde hay demasiado de todo, lograba hacer entender la extraña armonía del caos.

Amelie

Le fabuleux destin d’Amelie Poulain (Amelie): Cuando Jeunet apareció con esta película, asombrosa aún hoy desde lo estético, fue como si se valiera narrar cuentos de hadas en un escenario actual. Todo en esta historia de una mujer única (¡pobre Audrey Tautou, quedó marcada para siempre) que cambiaba la vida de las personas a su alrededor mientras los colores pastel llenaban la pantalla. Y la historia del duende (de ese que se ve en la foto a un lado de la protagonista) es inolvidable.

Inteligencia artificial

Artificial Intelligence (AI): Es difícil creer que Steven Spielberg hiciera una película incomprendida por el público. Pero ésta, casi un deber personal con que el director norteamericano se comprometió para hacer honor a la historia que lo hacía conversar tanto con Stanley Kubrick, no fue propiamente uno de sus romances con la taquilla. Y sin embargo, es una de esas películas que dentro de muchos años, cuando sea decantada por la crítica y todos los mensajes y su belleza formal entendidos como se debe, formará parte de los títulos esenciales que Spielberg deja como legado.

A ver cuánto me equivoco

Sunday, March 7, 2010 por Samuel Castro

Es más larga que la entrevista del presidente Uribe el viernes en la W (aunque no más jarta, eso lo puedo asegurar) pero es imposible no verla para personas que como yo, como ustedes, aún creen en eso que podríamos llamar ‘el glamour del cine’. Nuevamente llega la ceremonia del Oscar con las mujeres de nuestros sueños vestidas como diosas (o como brujas; se ven unas cosas a veces…), los tipos con los que sueñan nuestras novias en traje de etiqueta, Mickey Rourke y algún atractivo show típico de los gringos. Imperdible, por supuesto. Es como ver los premios TV y Novelas pero con estrellas de verdad. Y llegan las apuestas. Mis vaticinios, en los que intentaré este año no dejarme llevar por el sentimiento, sino por la lógica, salvo por una excepción que contaré a su debido tiempo. Vaticinios llenos de valor en los que arriesgo montones, porque también me voy a meter con las categorías técnicas, que a pocos le importan, pero que son estatuillas, al fin y al cabo. A ver cómo nos va.

Mejor corto de acción real

Istället för abrakadabra. Obviamente esto es un ‘pinochazo’, pero con razones poderosas. Tiene el título que suena más bonito de los cinco nominados y no está protagonizado por niños, como dos de sus competidores.

Mejor corto animado

Logorama. Con todo lo que hablamos mal de los gringos, en general se toman mucho mejor las críticas que les hacemos, que nosotros las que aparecen en sus programas. Y este corto francés, en que Ronald McDonald es un vulgar atracador y donde los autores se imaginan cómo sería el desastre que aniquilaría el mundo donde viven las marcas, es tan atractivo y crítico como bien hecho. Con homenajes explícitos a Pulp fiction. Lo pueden ver en dos partes, acá y acá.

Mejor corto documental

The last truck: closing of a GM plant. ¿Cómo van a desaprovechar para hacer un comentario político acerca de las consecuencias de la crisis? Debería ser la elección segura.

The cove

Mejor documental

The cove. Es espectacular, tiene el comentario ecológico de rigor, posee la mejor calificación de los nominados en IMDb y está hecho bajo el agua. Muchas ventajas para su elección.

Mejor película extranjera

El secreto de sus ojos. Este es mi toque sentimental. Todo indica (los apostadores, los medios, los especialistas) que va a ganar La cinta blanca.  Todos me importan un carajo. Quiero que gane esta película de la misma manera que siempre, a pesar de Maradona, le he hecho fuerza a Argentina y no a Brasil en los mundiales. Porque sí.

Mejor película animada

Up. Es la única animada en las 10 nominadas a mejor película. ¿Necesito decir más?

Mejores efectos visuales

Avatar. Crear un mundo creíble no es algo que se vea todos los días.

Mejor edición de sonido

Avatar. En la batalla final se tenían que escuchar los gritos de miles de criaturas azules. Y se escuchan tanto como los motores de las naves espaciales.

Mejor mezcla de sonido

Avatar. También es importante lo de Transformers, pero Avatar no ganó el Razzie a la peor película del año.

The princess and the frog

Mejor canción original

The princess and the frog. Si esta no es la ganadora, la otra que tiene posibilidades es la de Crazy heart. Pero si con dos nominaciones Randy Newman no gana, creeré que de verdad al tipo le hicieron una maldición vudú.

Mejor partitura para una película

Michael Giacchino por Up. En serio no me estoy dejando llevar por el sentimentalismo. Horner demasiadas veces toca las mismas notas en distintos tempos. Giacchino ha hecho dos obras maestras en Ratatouille y acá. Y pienso que se nota.

Mejor maquillaje

Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow por Star trek. Crear razas alienígenas debería ser suficiente mérito para ganar, aunque las otras dos competidoras son fuertes porque a la Academia le encanta ver envejecer actores antes de tiempo.

The young Victoria

Mejor vestuario

Sandy Powell por The young Victoria. Sólo hay algo que le gusta más a la Academia que la ropa de época: la ropa de reyes, de época.

Mejor dirección de arte

Rick Carter, Robert Stromberg y Kim Sinclair por Avatar. Aquí empiezan los problemas con lo virtual. ¿Tiene el mismo mérito el director de arte que concibe sus locaciones desde lo digital que el que las busca y las adapta en formas palpables? Creo que la respuesta es sí a partir de este año.

Mejor edición

Bob Murawski y Chris Innis por The hurt locker. Gran parte de la tensión de esta película se la debe a este rubro. Una parte enorme, si vamos a ser sinceros.

Mejor fotografía

Mauro Fiore por Avatar. Si esto no funcionaba bien nada lo hacía. Y aunque la luz se pueda controlar por computadora en este caso, el resultado sigue siendo asombroso.

Mejor guión adaptado

Jason Reitman y Sheldon Turner por Up in the air. Es una joya, perfecta y redonda. Como son los guiones que más me gustan. Y está basado en un libro de no ficción, así que la adaptación es aún más meritoria.

Tarantino

Mejor guión original

Quentin Tarantino por Inglorious basterds. Por un guión donde un crítico de cine es el héroe de la jornada y el arma más poderosa es la cinta de nitrato, deberían hacerle una estatua a la entrada del Teatro Kodak.

Bigelow

Mejor directorA

Kathryn Bigelow por The hurt locker. No siempre se tiene la oportunidad de hacer feminismo y justicia al mismo tiempo. Y además de ser merecido, es un hito en la historia que no hay que dejar pasar.

Mo'Nique

Mejor actriz de reparto

Mo’Nique por Precious. Es una madre jodida y violenta como nos han mostrado ya antes otras películas. Pero la escena final, la de la maldad asumida como algo natural, como algo involuntario, es una muestra de actuación tremenda.

Waltz

Mejor actor de reparto

Christoph Waltz por Inglorious basterds. Ser buen actor y políglota paga. Paga muy bien.

Sandra Bullock 2

Mejor actriz principal

Sandra Bullock por The blind side. Ella fue y recogió sus dos premios Razzies ayer. Eso es profesionalismo y saber tomarse las críticas, buenas y malas, con profesionalismo. Y por su profesionalismo se llevará hoy también el Oscar.

Jeff Bridges

Mejor actor principal

Jeff Bridges por Crazy heart. Lo han nominado cuatro veces antes que ésta. Siempre por películas que sin su actuación, serían mucho menores. Su personaje en The big Lebowsky es parte de una religión. Es el momento.

Mejor película

Avatar. No es la mejor. No es una historia para mayores de 12 años. Pero esta película revivió las posibilidades de una industria que muchos consideraban en peligro. Y eso merece que esa misma industria le dé un hombre dorado.

En un par de horas, en unos minutos, veremos cuánta razón o cuánta suerte tenemos. ¡Que comience la función!

Más de cine en el Hay Festival 2010

Monday, February 1, 2010 por Samuel Castro

Mientras la incredulidad se va haciendo cada vez mayor ante las propuestas de Álvaro Uribe (lo de los taxistas es francamente inverosímil, ¿será que no se va a lanzar pero la fórmula que eligió para no decirlo públicamente es que lo creamos loco?) el tiempo se aprovecha mejor hablando de cine. Como lo hicimos, específicamente en algunas charlas, y como de refilón en otras, del quinto Hay Festival de Cartagena. Recordemos la charla con Manuel Gutiérrez Aragón (creo que Sergio Cabrera no estaba como moderador sino como encargado de sostenerle el micrófono, o al menos eso pareció gracias al nivel de sus aportes) y algunos de esos contactos laterales que hubo entre cine y literatura.

El director español estaba en Cartagena para hablar de su primera novela, en esta nueva carrera (que había sido también su primera elección hace años) emprendida que lo llevó a ganar el premio Herralde. De su cine, tal vez lo único que se pueda conseguir legalmente en Colombia es La vida que te espera en Blockbuster, pero oírlo fue una delicia.

Manuel

Dijo que ahora que no dirige, lo que más extraña es la gente, el estar rodeado de personas en los rodajes: el actor que le pregunta, el asistente que le ayuda. Y esos inmensos equipos humanos, obligados a convivir un par de meses, entre quienes se forma una camaradería única, donde se desatan pasiones y se hacen juramentos de amor que se acaban cuando llega el último día de rodaje.

Lo que menos le gustaba de su labor como director era la espera eterna para reunir las condiciones financieras que hicieran posible su siguiente cinta. Y después, el hecho terrible de que el cine sea tan costoso. Porque, como dijo, al escribir una novela uno pone “Ella se pasea junto al mar” y ya está. Ha sucedido. En cine esa frase es terriblemente complicada: conseguir el mar, la actriz. Y al final por los permisos, toca filmar junto a un lago.

Una frase buenísima: “Los premios generan muchas sorpresas y muy pocas certidumbres” refiriéndose a que ahora no es que él pensara que era un magnífico escritor.

Dijo que la experiencia de la escritura de guiones era muy útil porque como novelista era más conciente de que había que mantener el interés del lector, porque no quería que pasara con mucha literatura, que te parece maravillosa las primeras 40 páginas, y luego es una lata.

El cine, según Gutiérrez Aragón, “es un mercado de Ali Babá”, que ha cogido influencias de todas partes. Porque los guionistas legendarios de Hollywood se basaron para construir sus textos cinematográficos en los escritores clásicos del siglo XIX, como Dickens, maestro en meter personajes, desarrollarlos, hacer tramas paralelas y generar interés en cada momento.

Otra frase: “Lo difícil de escribir una adaptación no es saber qué se pone sino qué se quita”

Además contó que pensaba que un guión de cine se escribe porque alguien tiene que leerlo para que la película se haga. Y ese guión no es otra cosa que una colección de apuntes para tener en cuenta en el rodaje. Es decir que es un trabajo incompleto. Pero como desdiciéndose un poco, recordó que ninguna gran película se puede hacer sin un buen guión. Aunque afirmó que lo mejor es “ir al rodaje empelota” para que cuando llegue el momento, todo se transforme de acuerdo con las circunstancias.

Afirmó que las metáforas visuales en el cine eran muy difíciles y ya no se usaban (como en el cine ruso, que se podía poner a un personaje y luego una ola estrellándose contra una roca para mostrar su conmoción interior) pero que lo que tenía el cine era su simbolismo, muy poderoso cuando está usado por buenas manos.

Y la frase campeona para cerrar: “Lo malo del cine es que tienes que escribir para el imbécil de la empresa de televisión que lo va a leer”.

OTRAS DISQUISICIONES

Paolo Giordano anunció en su charla con Héctor Abad Faciolince que ya se había filmado la película sobre su libro La soledad de los números primos y que había sido dirigida por Saverio Constanzo. Me metí a buscar la ficha en IMDb y debo decir que me encantó el cásting, sobre todo ver a Ricardo Scamaccio, el de Romanzo criminale, encarnando a Mattia

Finalmente, Ian McEwan confesó que por lo menos en la adaptación de Enduring love que hizo Roger Michell y en la de Atonement de Joe Wright había tenido la suerte de contar con dos directores comprometidos con hacerle justicia al libro. Y que aunque al comienzo no le gustaba Keira Knightley como elección para protagonizar, después de ver la película, le fascino. Adelantó que se va a hacer una película sobre Chesil beach, su último libro (una novela hermosa que todos deberían leer, y eso lo digo yo, no es cuña propia de McEwan) y que a él le encantaría que la dirigiera Sam Mendes.

Todo por hoy desde Cartagena, (perdonen, no puedo evitarlo) mañana desde cualquier lugar del mundo.

Escudriñando en la lista de los Globo

Wednesday, December 30, 2009 por Samuel Castro

Antes de que el año se acabe (y de que un globo de papel incendie mi casa o que algún energúmeno navideño me queme con un volador que entre por mi balcón) y antes de hacer el balance de lo mejor que pude ver en 2010, hay que aprovechar para darle una mirada a la lista de nominados (nominar ya existe en el diccionario de la Real Academia, así que supongo que no está mal escrito) al Globo, por si nos dan pistas de lo que puede ser el Oscar del próximo año. Para otra ocasión dejaremos el hecho de que el Globo tiene una importancia ridículamente grande si tenemos en cuenta el número ridículamente pequeño de personas que votan en él

La nana

Se habla español: Dos películas habladas en castellano están entre las candidatas a mejor película extranjera. Los abrazos rotos de Almodóvar y una revelación, La nana, película chilena de Sebastián Silva. ¿Será que la chilena será la candidata en español del Oscar? Porque Los abrazos rotos no fue el título que mandó España así que Almodóvar, siempre tan popular, no entra en las cábalas. Aunque cabe la posibilidad de que El secreto de tus ojos de Juan José Campanella y candidata por Argentina, que no alcanzó a estar en esta selección esté presente en la categoría para los premios de la Academia. De las cinco candidatas en el Globo, sólo la española está en los planes de Cine Colombia para los próximos meses (¿años?) No vale ni siquiera que La cinta blanca de Michael Haneke también haya ganado en Cannes. Y así nos va.

¿El año Tarantino?: Sí, por fin crítica y público estuvieron de acuerdo. Y cuando a Holywood le da por reconocer los méritos de alguien, le encanta hacerlo a lo grande. Así que podemos imaginarnos a Quentin Tarantino recogiendo los dos Globo a los que está nominado, por guión y dirección. Un rebelde más al que domestican.

Brothers

Esta vez, los remakes no funcionaron: Ni Brothers, la versión norteamericana de Brødre, ni Everybody’s fine, el reencauche gringo de Stato tutti benne de Giuseppe Tornatore (no se puede negar que hicieron todo lo posible, porque el papel de Mastroianni lo interpreta aquí DeNiro) consiguieron el éxito en taquillas más o menos respetable que hubieran necesitado para aspirar a más. Parece que el asunto no es bien recibido por el público así que aún hay esperanza de que Will Smith desista de hacer su propia versión de Oldboy.

La taquilla por un lado, la calidad por otro: Ni Transformers, ni New moon, ni 2012. Las películas que tienen mayor número de candidaturas tienen recaudaciones modestas, y están más por el lado de las ramas “semi-independientes” de los grandes estudios. Es una actitud vergonzante: sabemos que apostamos por las grandes taquillas pero premiamos a las películas que creemos que tienen calidad. Lejos están los tiempos en que ambas cosas se podían conjugar. Y en los Oscar, ni siquiera Avatar podrá superar la tara, pues los personajes que mejor actúan son los virtuales.

Sandra Bullock

El año Bullock: Tanto que la molestamos. Tanto que muchos (yo no) nos burlamos de ella. Que ni es bonita ni es buena actriz, dicen algunos. Pero Sandra está en sus gloriosos, pues tanto en drama como en comedia (con The blind side y The proposal respectivamente) tiene firmes candidaturas. ¿Se consagrará la chica que es bendición de la taquilla como estrella respetable? Pago por ver si Sandra le llega a ganar a la doble nominación de Meryl Streep.

¿Y nosotros? De las 10 nominadas en las dos categorías de películas (comedia y drama, esa es la particularidad de los Globo, que me gusta más incluso que todas esas categorías técnicas de los Oscar), han estrenado 4 en Colombia. Y de las restantes 6 sólo una está anunciada en la pestaña de “próximamente” de Cine Colombia. Creo, con la misma seguridad con que sé que ninguna mujer es fácil de entender, que nunca van a estrenar tres de ellas: The hurt locker, (500) days of summer y Precious: based on the novel Push by Sapphire. ¿Alguien quiere apostar en contra?

Que se quemen en el infierno

Thursday, November 12, 2009 por Samuel Castro

Drag me to hell

Dos películas en cartelera nos permiten recordar lo que a veces se olvida: que en el cine puede pasar lo imposible, lo que nunca ocurrió, lo que soñamos alguna vez.

De Inglorious basterds se han dicho muchas cosas pero tal vez no se haya elogiado suficientemente la posibilidad que abre Tarantino a directores igual de osados. ¿Por qué una película que sucede en el pasado tiene que contar LA HISTORIA? Si el cine sirve para contar historias, qué problema hay en cambiar los hechos que todos conocemos por los que al guionista le dé la gana. ¿No sentimos al ver la película, que Tarantino hizo con Hitler y sus secuaces lo que todos hubiéramos querido? ¿No dan ganas de pararse del asiento y gritar “Bravo” cuando se incendia el cine?

Por otro lado, de Drag me to hell se ha dicho muy poco. Es como si la coraza de película de terror nos impidiera ver más allá de sus escenas asustadoras y reconocer la crítica que Sam Raimi encierra en su historia. Después de la debacle económica de Estados Unidos, millones de personas se quedaron sin sus casas, pagando la ambición desmedida de aquellos funcionarios bancarios que hicieron ganancias con sus hipotecas. Pues Raimi tiene un mensaje claro para personas que se parecen a su personaje central: puede que no lo hayan hecho intencionalmente pero van a tener que pagar por lo que hicieron. Y en seguida, como Tarantino, hace que las llamas ardan para castigar los pecados de quien se lo merece. ¡Que ardan todos en la paila mocha! Mientras nosotros, en este purgatorio que nos tocó en suerte, seguimos soñando con una justicia que sólo llega en las películas.

Hagan sus apuestas que se vino el Oscar

Wednesday, February 18, 2009 por Samuel Castro

Esta es la parte que más nos gusta del Oscar (incluso más que la ceremonia misma). Porque hacer las predicciones y mirar si se comprueban es la excusa boba que nos damos para soportar las tres horas de evento, con sus homenajes sentidos y sus formas inteligentes de decir en 30 segundos cuál es la importancia de los peluqueros, los maquilladores, los editores y los técnicos de sonido en una película. Pero no podemos resistirla cada año porque si no, ¿para qué servirían los Oscar? ¿Para comprobar una vez más que en la vida lo que importa es la suerte y los contactos que uno tenga? ¿Para envidiar a Sam Mendes por su esposa? ¿Para preguntarse cuántas de las joyas que tienen puestas las estrellas son prestadas?

 

Por eso hay que comenzar con las predicciones, para que la próxima semana cobremos o nos riamos de nuestras equivocaciones, que esa noche entenderemos, se dieron porque no comprendimos la lógica interna del premio (saber si deciden premiar lo extranjero, o lo distinto, o a todos los que se merecen la estatua desde hace tiempo, o a los comprometidos políticamente… de ese enfoque depende todo) Anoten y cobren el lunes:

 

Mejor Director de Fotografía: Quiero que gane y creo que gana, Claudio Miranda, porque si algo vale la pena en The curious case of Benjamin Button son las imágenes con que está narrada. ¿Se imaginan si ganara Wally Pfister por The dark knight? Hasta bueno sería.

 

Mejor guión original: Si hay algo de justicia en el mundo, debería ganar Wall-E por esa historia que crearon Andrew Stanton, Pete Docter y Jim Reardon.

 

Mejor guión adaptado: Creo que este es uno de los que se va a llevar Slumdog Millionaire pero me gustaría que se lo ganara John Patrick Shanley por Doubt.

 

Mejor actriz de reparto: La categoría que está peleada de verdad. Creo que se lo gana Viola Davis por Doubt pero me gustaría que se lo dieran a Marisa Tomei sólo por verla subir las escaleras a recibirlo.

 

Mejor actor de reparto: ¿Alguna duda de que se lo lleva Heath Ledger? ¿No? Muy bien. Continuemos entonces.

 

Mejor actriz principal: Donde no se lo gane Kate Winslet no vuelvo a ver la entrega de los Oscar… por lo menos en un año. Y espero que si se lo gana Meryl Streep lo vuelva a dejar olvidado en el baño, como ya lo hizo alguna vez, para que Kate se lo robe. Sería lo justo.

 

Mejor actor principal: Me gustaría que se lo ganara Richard Jenkins por The visitor porque es una actuación con menos ayuda que los demás. Jenkins hace de un tipo que no existió en la vida real, que no necesita del maquillaje y los efectos para parecer más joven de lo que es y que no es gay. Pero bueno, si como creo, se lo gana Mickey Rourke, seguiría pensando que el mundo da segundas oportunidades.

 

Mejor director: No, yo no creo que se lo den a Danny Boyle, como todo el mundo piensa. Creo que se lo van a dar a David Fincher porque se lo están debiendo desde hace rato. Y eso es también lo que me gustaría que pasara porque creo que Seven es mejor que Trainspotting y The fight club mejor que La playa.

 

Mejor película: También me arriesgo. Creo que el asunto va a ser a lo Salomón y para no comprometerse con ninguno de los dos favoritos (y por ese endiablado sistema de votación) se lo va a ganar The reader. Sí, ya sé que parece osada la apuesta, ¿pero esa no es la idea con estos vaticinios? Ahora les toca a ustedes.

Stephen Frears habla

Sunday, June 17, 2007 por Andrés Borda

Tuve que mirar unas dos, tres veces antes de convencerme de que Stephen Frears era Stephen Frears cuando lo vi entrar en la sala de cine de la escuela en la que ando estudiando: el director de películas geniales como The grifters, o My beautiful Laundrette, o High Fidelity, es un personaje con cara de genio, excéntrico, al borde de parecer un vagabundo inglés alcoholizado. Y sus primeras respuestas a las nerviosas, pretensiosas y desacertadas preguntas que le hicieron (giradas de ojos, secos “sís” y “nos”, y “no ses”) no hicieron sino confirmar todo esto. Y fue de una de estas preguntas sin pies ni cabeza que surgió, accidentalmente, una de las frases que demuestran por qué es que ese Stephen Frears con cara de excéntrico es el mismo Stephen Frears que ha sacado junto a Ken Loach y Terence Davies y Mike Leigh la cara por el cine inglés en los últimos años. La historia fue esta: un estudiante coreano-americano, Mark, quería saber cómo es que Frears había conseguido la brillante actuación de Angelica Huston en la secuencia final de The Grifters; pero este tipo no quería cualquier respuesta, no: Mark quería que Frears compartiera con él su “secreto” artístico, la llave para entrar en lo que él seguramente llamaría como “el corazón del actor”. Pero Frears sólo dijo: “yo la dejé hacer lo que tenía que hacer. Ese es su trabajo”. Y Mark, insatisfecho, casi furioso, le preguntó de vuelta: “¿Entonces cuál es su función como director de cine?”. A lo que Frears respondió, sencillamente: “Yo pienso”. Y después de esto describió el set de grabación de una película como un lugar lleno de gente tan, tan ocupada, poniendo luces y armando sets y haciendo llamadas, que nadie tiene tiempo de pensar; y es el director el que hace por ellos esta tarea.

El resto de la entrevista fue una constante evasión de Frears a dar respuestas pretensiosas a preguntas pretensiosas, y una constante y fallida búsqueda de los estudiantes por entender cuál es la clave para dirigir con éxito una película. Al final, lo único que guardé del encuentro fue esa respuesta, y otra reacción inesperada a la increíble pregunta de una mujer que quería saber si el creía o no en Dios. A esto, Frears respondió: “La única razón que tengo para creer en Dios es la existencia de una profesión hecha para mi excéntrica personalidad”.