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La polla de Óscar

Sunday, March 2, 2014 por Samuel Castro

Los Óscar. O como lo llaman en mi familia, “la noche en que Samuel no contesta”. Siempre es lo mismo, con excepción de que desde el año pasado tuiteo como un poseso en mi TL en @samuelescritor, mientras veo en la pantalla desde temprano la alfombra roja en la que siempre está elegante Cate Blanchett y siempre bien acompañado George Clooney (aunque siempre también con una mujer distinta) que este año tendrá, según parece, la presencia indeseable de las Kardashian. ¿Quién las dejó entrar? Y ya que no podemos resolver eso, propongo entonces. ¡No las dejen salir! Que se queden encerradas para siempre en el teatro, después de que Ellen DeGeneres despida a todos los que se quieren ir corriendo a tomar champaña en las fiestas del Óscar para celebrar o para olvidar los discursos que se quedaron en un papelito en sus chaquetas.

Sé que el título de este post es escandaloso para algún público ibérico pero qué le vamos a hacer, la “polla” es el término que se ha impuesto en nuestro país para hablar de las apuestas por resultados y que se multiplicará hasta el infinito con la proximidad del Mundial. Yo, que de fútbol no sé mucho, prefiero apostar amablemente y a la distancia con Sol, con Ricardo, con Felipe y Juan Carlos, con Carolina y Diana, sobre quién ganará qué cosa en esta noche mágica y criticada por tantos que sólo quisieran estar ahí un ratico, intentando que se les pegue algo del polvo de estrellas que queda regado en la alfombra roja. Estas son mis apuestas y esta noche veremos qué tal me va.

MEJOR CORTO DE ACCIÓN REAL
Aquel no era yo
No sólo se hablará en español cuando gane Alfonso Cuarón. Este corto del español Esteban Crespo está tremendamente bien filmado y narra con ritmo trepidante una de esas realidades duras que los de la Academia parecen descubrir cada año: la de los soldados niños africanos.

MEJOR CORTO ANIMADO
Get a horse!
Nostalgia y vanguardia en un solo corto. Con un tremendo respeto por el legado de Walt Disney (del que se ha hablado no del todo bien gracias a Saving Mr. Banks) y al mismo tiempo con una diversión atrapante, de carrera sin control, como no se veía hace mucho tiempo en los cortos del estudio del ratón, esta pieza es una versión para coleccionistas y para cinéfilos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
The lady in number 6
Puede que no sea el corto más interesante desde la propuesta audiovisual, pero tiene un tema único: cómo la judía más vieja (murió hace poco sin alcanzar a ver la ceremonia) en haber estado en un campo de concentración tiene una visión optimista de la vida gracias a que la música se convirtió en su manera de salvarse del pesimismo y la tristeza.

MEJOR DOCUMENTAL
The act of killing
Además de denunciar una injusticia política, cosa que les fascina en Hollywood, este documental lo hace experimentando con la forma de una manera tal, que a los votantes de la Academia menos interesados en el tema, los fascinará.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jagten (The hunt)
Difícil elección. Se dice mucho que los italianos han hecho una gran campaña de lobby para que gane “La gran belleza”. Pero creo que la trama de The hunt y el carisma de Mikkelsen pueden ser más cercanos a la sensibilidad de los votantes de la Academia. Espero no equivocarme.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Frozen
No hay nada que hacer. Esta película se ha convertido en el último fenómeno Disney y cuando una película de Disney o de Pixar funciona bien ni siquiera Miyazaki puede evitar el premio.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Gravity
¿De verdad alguien puede dudar que este premio no se lo va a llevar Gravity?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Gravity
Puede que en el espacio no se oigan tus gritos y básicamente no debería escucharse nada. Pero no es por el “realismo” por lo que nos gustó esta película. ¿O sí?

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Gravity
Ha pasado en contadas ocasiones que la película que gana la mejor edición de sonido no se lleva el de la mejor mezcla de sonido. No será la de este año una de ellas.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Let it go” de Frozen
Al igual que a todos en el mundo, Bono cada vez le cae menos bien a los miembros de la Academia y la de Mandela no es una de sus buenas canciones. Así que creo que la gente preferirá premiar los buenos recuerdos que les dejó el musical de Disney.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Steven Price por Gravity
Steven Price es un nuevo talento, en una categoría que siempre está entre los mismos nombres. Y lo que hace en Gravity es bello y emocionante. Incluso majestuoso. Creo que la Academia también lo verá así.

MEJOR MAQUILLAJE
Dallas Buyers Club
Muy impresionante lo que hacen con el rostro de Johnny Knoxville, pero me niego a creer que la Academia vaya a querer que su respetable sello de calidad esté en la carátula de los DVD de Bad grandpa. Y lo que hacen Adruitha Lee y Robin Mathews con el rostro de Jared Leto y de Matthew McConaughey es fantástico.

MEJOR VESTUARIO
Catherine Martin por The great Gatsby
A Patricia Norris de 12 años de esclavitud la han nominado varias veces, se lo merece y nunca lo ha ganado, pero aquí creo que va a pesar la enorme cantidad de vestuarios de época y trajes de fiesta que implicó esta película. ¡Y alguien tiene que hablar bien de Leo esta noche!

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Catherine Martin y Beverley Dunn por The great Gatsby
Cuando el diseño de producción además de encontrar locaciones tiene que CREAR espacios que ya no existen, el trabajo es abrumador. Y en El gran Gatsby más que en cualquier otra película, se nota muchísimo.

MEJOR EDICIÓN
Alfonso Cuarón y Mark Sanger por Gravity
Cuarón tendrá la oportunidad de incluir en su discurso como director ganador a todos los que se le olvide mencionar cuando reciba su primera estatuilla: esta.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Gravity
Sigue siendo una injusticia que el maestro Roger Deakins todavía no tenga su estatuilla, pero esta vez hay que reconocer que al menos la mitad de la belleza formal de Gravity se debe a la visión única de Emmanuel “El chivo” Lubezki.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
John Ridley por 12 years a slave
En un mundo justo este sería el premio indicado para Philomena, por su preciosa combinación de humor y drama, pero la Academia seguramente rendirá con este premio un homenaje al real autor del texto, Solomon Northup.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Spike Jonze por Her
Muy pocas películas son también historias que representan el tiempo en el que se crean. Cuando alguien quiera entendernos en el futuro, tendrá que hablar de Her.

MEJOR DIRECTOR
Alfonso Cuarón por Gravity
Es el sueño dorado de Hollywood: una cinta que hizo taquillazos impresionantes y que nadie se atreve a negar que es una película de autor. Por eso la estatuilla dorada tiene que ser para ese autor.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Lupita Nyong’o por 12 years a slave
Aparte de que creo que la de Jennifer Lawrence no es una buena actuación, como tantos tipos ciegos por su belleza han dicho, pienso que Hollywood no quisiera graduarla tan rápido de fenómeno de la actuación. Nyong’o, de alta calidad en su presentación y belleza indiscutible, les ofrece la alternativa perfecta para quedar bien y hacer justicia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Jared Leto por Dallas Buyers Club
Es muy fácil caer en el estereotipo de “la loca” cuando se interpreta a un personaje como el de Rayon. Pero Leto evita todos los clichés y carga de humanidad su interpretación, haciéndolo inolvidable para los espectadores.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Cate Blanchett por Blue Jasmine
Como creo que éste es un Óscar que ya está cantado y que nadie se va a dejar extorsionar por las campañas anti-Allen que ha impulsado Mia Farrow, la pregunta es: ¿volverá a emocionarnos en su discurso la preciosa Cate recordando a Philip Seymour Hoffman como lo hizo en los Bafta?

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club
Olvídense de los kilos que perdió y recuerden la escena de él como Ron Woodroof en el carro, ahogándose con el llanto mientras piensa qué demonios va a hacer con su vida. Que la dieta no sea lo importante sino su interpretación excepcional de un personaje al que encarna con un compromiso que nadie puede negar. Ni el pobre Leo, que este año también verá que no puede alcanzar un premio que desde hace rato se merece.

MEJOR PELÍCULA
12 years a slave
Gravity le encantó a todo el mundo, es cierto. A mí el primero. Pero creo que 12 years a slave se llevará el Óscar porque además de ser una cinta “importante” y representativa de una época de la historia de Estados Unidos y de estar bellísimamente actuada y filmada, nunca una película que “parezca” de ciencia-ficción se ha llevado el Óscar. Y además hay una ñapa: no es poca cosa que el cierre de la ceremonia sea ver a Brad Pitt, el productor, recibiendo el Óscar.

Ya llega la ceremonia. Ya están los 24 vaticinios de la polla. Ya veremos ahorita, mientras tuiteamos todos, qué tan desacertado o afinado estuve. A ver si en unos meses me le mido a la polla del Mundial.

Lloro por quererme

Thursday, August 15, 2013 por Samuel Castro

Todos nos acordamos de nuestra primera vez. La mía fue a los 12 años. Sólo yo estaba en casa cuando ocurrió. Frente a mí, sin que mis lágrimas la conmovieran, Winnie Cooper terminaba su noviazgo con Kevin Arnold en Los años maravillosos. El dolor por lo que estaba viendo era tan grande que el llanto se dio espontáneamente. De ahí en adelante, llorar frente al televisor se volvió costumbre. ¿Alf volvía a su planeta y dejaba a los Tanner? Lágrima inmediata. ¿El padre Pío Quinto fallecía frente a sus feligreses en San Tropel? Mi mamá y yo teníamos que compartir pañuelo. Y mejor no hablemos de mi cara roja y congestionada cuando murió Juliet en Lost.

The wonder years

Pero ¿por qué lloramos frente al televisor? Si sabemos que lo que vemos son mentiras bien contadas. Si incluso conocemos los nombres reales de los actores y nos reímos con los chismes sobre sus vidas que nos cuentan en E!. ¿Qué nos impulsa a ese lagrimeo incontrolable? Se me ocurre pensar que en este mundo despiadado que nos tocó en suerte, es muy incómodo llorar en público: cuando no hay un desconocido que se acerca a preguntarnos qué nos pasa, hay un compañero que nos mira con cara de vergüenza ajena, por tener que soportar a un adulto que llora. Si lloras te ven como a un bicho raro, incapaz de controlar sus emociones.

En cambio en casa, frente al brillo tibio del televisor, nadie nos juzga. Podemos sollozar tranquilos sin excusas y sin explicaciones. Podemos incluso buscar intencionalmente el llanto sintonizando, por ejemplo, Extreme makeover home edition, ese programa donde le regalan la casa de sus deseos a familias que lo merecen o que lo perdieron todo por alguna desgracia. ¿Lo conocen? Resulta imposible no llorar viéndolo. Es mejor aun que pelar cebollas. Y es que después de años de acompañar las horas de soledad con su voz distante y sus imágenes sorprendentes, el televisor se ha convertido en ese amigo que siempre está ahí, en el consejero de los momentos difíciles, en la bulla amable que nos ayuda a dormir después de un día agotador en la oficina.

Extreme makeover

Aquellos que no entienden por qué nos hace llorar una serie, una telenovela o un reality, son los mismos que no se conmueven cuando un amigo pierde su trabajo y que nunca dedicaron una serenata. Porque llorar frente al televisor es, finalmente, la forma moderna de desahogo que nos queda a los sentimentales de siempre, a aquellos que piensan en sus personajes favoritos como en amigos lejanos. A los que sabemos que en lugar de estar solos, es mejor estar mal acompañados.

Publicado originalmente en revista Únete #39 de noviembre de 2010

Harry: un amigo que te quiere bien

Saturday, July 30, 2011 por Samuel Castro

Cuando terminó la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte una muchachita (la cédula todavía sin estrenar) que estaba a mi lado, dijo: bueno, ahora sí se acabó la infancia. No era para menos. La comprendo. Desde que es un ser pensante, durante más de una década, ha tenido la presencia de los libros y las películas del joven hechicero en su vida, Harry Potter ha sido uno de sus más cercanos amigos y la partida de un amigo le duele a cualquiera.

 

Hay, sin embargo, un problema en los medios de comunicación más grandes de Colombia (y supongo que en otros territorios) para poder reflejar en sus páginas, en sus espacios radiales o en sus notas televisivas, la verdadera trascendencia del fenómeno de Harry Potter y ofrecer a miles de jóvenes como la del primer párrafo, información y opiniones interesantes para ellos. Muchas de las personas que analizan la saga (periodistas culturales, críticos de cine, analistas políticos inclusive, porque así son los medios acá) nunca han leído los libros, un poco por desprecio, un poco por prejuicio, otro poco por pereza. Y al no hacerlo, así sea por celo profesional, pierden autoridad frente a gran parte del público para el que están trabajando.

 

Yo descubrí los libros de Harry Potter mientras trabajaba en un supermercado hace más de doce años, cuando aún no habían salido las películas y a escondidas de mis supervisores leía en los espacios entre un cliente y otro. Me atrajeron los nombres de los libros y el hecho de que hubiera novelas de extensión considerable vendiéndose junto a las chocolatinas y los chicles. Y me convertí, como sólo me había ocurrido con la música de Fito Páez, en un fan. No perdía oportunidad de recomendarle a quien me quisiera escuchar esos relatos atrapantes y perfectamente construidos por un autor que ni siquiera sabía que era mujer (todavía uno no consultaba en Google). Supongo yo, a pesar de lo que pueda decir Harold Bloom, que la emoción que uno siente leyendo a Harry debe ser comparable con la que sentían los obreros ingleses cuando leían las novelas por entregas de Charles Dickens: un algo que genera identificación (ya sea el sentirse distinto, el no saber qué cualidades heredamos de nuestros papás, el miedo ante lo nuevo, el anhelo por trascender en lo que hacemos) sumado a una historia atrapante y a una narración capaz de crear con detalle un universo.

 

Por eso la mayor parte de lo que leo, oigo o escucho sobre Harry Potter me parece tremendamente fuera de foco, inclusive cuando viene de personas (algunas, amigos) cuyas opiniones normalmente respeto. Si uno de ellos se queja de que la séptima película de la saga es muy lenta para lo que se supone que debe ser un gran blockbuster, refunfuño en silencio porque si quien lo dice hubiera leído el libro entendería que es tal vez la mejor de las adaptaciones a cargo de David Yates; si otro opina que de esta saga no se podía esperar profundidad en los personajes, la rabia es mayor, porque si algo ha hecho bien J.K. Rowling es lograr que Hermione, Harry, Ron, Voldemort o Snape sean mucho más que caricaturas. Que el cine tenga que centrarse más en las acciones que en retratarnos el alma de sus criaturas, por simples cuestiones de formato, no es excusa para que extendamos nuestras opiniones sobre una historia que no conocemos, y de paso ofendamos a los que sí.

 

Advierto entonces que mi balance, no es estrictamente cinematográfico; que hablo teniendo en mente las horas disfrutadas sumergido en la lectura de las novelas y la profunda admiración por todo aquello que tenga que ver con Hogwarts. Y el resultado del balance, por fortuna, tiene muchas más cosas positivas que negativas. Desde el comienzo, el esfuerzo de Warner (supongo que algo obligados por el contrato con la autora) por ser fieles a los detalles, se notó en la producción y en intentar que todos los actores de la película fueran británicos. El casting puede ser uno de los mejores que haya tenido nunca una súper producción: Emma Watson, Daniel Radcliffe y Rupert Grint fueron hasta el final, las encarnaciones perfectas de los personajes principales. Aun cuando hubo un par de desaciertos importantes (que los profesores sean como 10 años mayores de lo que debían ser por la lógica de los libros, que Gary Oldman fuera una pésima decisión para estar en los zapatos de Sirius Black por su presencia física) en general lo que uno veía en la pantalla se correspondía muy bien con lo que había leído.

 

Tal vez hubiera sido mejor si a partir del quinto libro, Warner hubiera tomado la misma decisión que tomó con el séptimo y hubiera partido las películas en dos partes, por la extensión de las novelas y para que David Yates, el peor de los directores de la saga en el balance (la quinta es la película más lamentable) adquiriera “cancha” más rápido. De la misma manera resulta incomprensible que Alfonso Cuarón, el que mejor hizo las cosas (logrando una combinación perfecta entre SU estilo y las exigencias del mundo de Rowling) en El prisionero de Azkabán no volviera a trabajar para la saga. Su ausencia se suma a otras cosas lamentables, como la muerte de Richard Harris, el perfecto Dumbledore, o el recorte de personajes entrañables y escenas memorables, que a los que leímos la novela, nos dolieron como puñaladas.

 

Pero en general lo lograron. Uno salía de cada nueva entrega con la felicidad enorme de ver en imágenes reales algunos de los párrafos que más lo habían conmovido y pensando con anticipación cómo harían tal o cuál capítulo. Algunos hasta se animaron a leer las novelas gracias a lo mucho que les gustó la película. Por eso duele que ya no vaya a existir otra noche de estreno y que por unos años (seguramente en unos cuántos harán miniseries para la BBC) no haya más hechizos en nuestra vida. La magia ha terminado y Harry, el amigo de tantas horas, debe despedirse. Puede que el fenómeno de taquilla no exista más. Pero un nuevo personaje inmortal, ha terminado de instalarse en la memoria de millones de personas en el mundo, que lo identificarán para siempre, con una parte de sus vidas.

Se va un papá del cine, llega una mamá al cine

Tuesday, January 4, 2011 por Samuel Castro

A un actor o a una actriz podemos llamarlos “estrellas de cine” cuando comienzan a hacer parte de nuestra vida diaria, incluso más allá de la pantalla. Si para describir a alguien decimos que “tiene las mismas cejas de Kate Winslet” con la seguridad de que nuestro interlocutor va a entender. O cuando sus rostros (y sus cuerpos) se aparecen en nuestros sueños. Pero también podemos llamarlos estrellas cuando sentimos que son parte de nuestra existencia, que los conocemos tan bien y han estado hace tanto tiempo junto a nosotros, que son integrantes de la familia.

Algunos twiteros (labobadaliteraria, por ejemplo) se han burlado de las expresiones de tristeza de tantos hombres que han (que hemos) lamentado el matrimonio de Natalie Portman o que todavía no podemos creer que esté embarazada (pudiendo embarazarse, como tantas otras actrices, llegando a los 40 y no a los 30). Se preguntan con sorna si pensábamos que alguno de nosotros tenía la mínima posibilidad de casarse con ella. Y la respuesta es que sí, que por supuesto (es más, si asumimos que es cierto el noviazgo de Portman con Gael García Bernal, las posibilidades crecen) porque precisamente eso son las estrellas: nuestras novias eternas, nuestros amantes inmortales. Desde que todos nos enamoramos de ella en Leon, cuando sentimos que era nuestra hermana chiquita, han pasado 16 años en que la hemos visto crecer, madurar, raparse la cabeza, graduarse de Harvard y convertirse en la segura ganadora del Oscar este año. Siempre tan madura, pareciera que ese afán de trabajar (ha filmado 12 largometrajes en los últimos 5 años) era precisamente el seguro para dedicarse un par de años a su hijo sin que su carrera se resienta.

Al año siguiente de embobarnos con la presencia de Natalie, apareció en El último de los mohicanos un actor cuyo rostro parecía esculpido a hachazos. Los ángulos pronunciados de la cara de Pete Postlethwaite terminarían de grabarse en nuestra memoria cuando nos conmovió con su personaje de Giuseppe Conlon en En el nombre del padre, que dependiendo del día en que me pregunten, puede ser mi película favorita. Había que tener mucha presencia en la pantalla para infundir respeto estando al lado de Daniel Day-Lewis, pero Postlethwaite lo hacía con un mínimo de esfuerzo. Y a pesar de que actuaría en películas buenísimas, como The usual suspects o Romeo+Juliet, para muchos el buen Pete siempre será ese papá recto que enseñaba con el ejemplo, ese que se preocupaba porque su hijo se drogara en lugar de intentar demostrar su inocencia, el que hizo que sus compañeros en la prisión tiraran papeles encendidos por las ventanas el día que murió. Tal vez sin proponérselo, Postlethwaite se convirtió en nuestro padre adoptivo (cuya partida definitiva nos duele), así como Natalie Portman es y será, nuestra novia platónica, incluso ahora que es mamá. Porque los actores de cine son todos los que actúan en la pantalla gigante. Las estrellas son aquellos que siguen actuando en nuestra memoria cuando cerramos los ojos.

El señor de las telarañas

Friday, September 17, 2010 por Samuel Castro

No. No voy a hablar de Spiderman (y eso que habría cosas que decir, como que no entiendo por qué escogieron como protagonista a Andrew Garfield, que tiene 27 años ya, si querían volver más adolescente al personaje) El título de este post se debe a una definición que hizo alguna vez Juan Carlos González, crítico de cine de El Tiempo y antiguo colaborador de ochoymedio acerca de Claude Chabrol, el director francés que murió el 12 de septiembre pasado. Decía Juan que cuando uno entra a un apartamento se fija en las ventanas, en las cortinas, en los cuadros que adornan las paredes. Chabrol en cambio, al entrar a un apartamento de clase media (siempre de clase media, por supuesto) lo que veía eran las telarañas en las esquinas del techo.

Y es una buena definición para un hombre que nunca dejó de criticar a la clase social de la que hacía parte, a través de una obra que lo convirtió en uno de los directores franceses más reconocidos, con un estilo seco y fluido, de narración concisa y directa. ¿No es paradójico que el hombre que hizo del thriller con crimen o suicidio una marca registrada deba su comienzo precisamente a una muerte? Claro, todos los medios registran que pudo filmar El bello Sergio, su primera película, con una herencia de su mujer de entonces. Vuelvan a pensar en ello: alguien se murió, dejó un dinero y gracias a él Chabrol pudo fundar la productora con la que comenzó eso que después se llamó “la nueva ola” del cine francés (en entrevistas, decía que no hubo nunca una nueva ola, sólo el mar)

 

Conocí a Chabrol porque hubo un tiempo en el que Blockbuster tenía cine francés en sus estanterías y Cine Colombia programaba sus películas (¡qué días aquellos!) Nada mejor que un director que le fascina a tu novia para que lo extrañes: ver la nueva película que llegaba de él era un compromiso no escrito. Y siempre era él: uno estaba esperando desde el comienzo que algo malo pasara, que alguien muriera, que la policía llegara. Algunos decía que se repetía. Yo, por el contrario, siempre he creído que sólo cuando las obsesiones se notan, se convierten en estilo.

Hay que ser muy inteligente (y Chabrol lo era) para decir algo así: “Me gusta el thriller como género porque cuando la gente va a ver uno, a menos que realmente sea muy malo, nunca dicen que perdieron su tiempo. Es una buena forma de que tengan ganas de ir a cine y no se quejen demasiado. Porque tú no haces películas para expresar tus ideas. Las haces para distraer a la gente y para interesarla en tus películas tal vez los hagas pensar, incluso les puedes ayudar a ser menos idiotas, a ser un poco mejores de lo que eran”. Como para los que dicen que entretener es una preocupación banal.

Después de tantas muertes vistas en sus cintas, hoy, en la suya, toca decir que hará mucha falta el hombre que siempre veía las telarañas, que nos recordaba que en nuestras vidas siempre habrá un rincón oscuro que necesita limpieza.

Julio Nieto Bernal

Tuesday, January 6, 2009 por Ricardo Silva Romero

Me he vuelto a ver, en estos días lentos, esas elegantes comedias del viejo Hollywood que se anticipaban al imperio del egoísmo, a la llegada del capitalismo extremo, a la derrota de la democracia: he visto cosas como Born Yesterday, Stalag 17, El hombre que vino a cenar, Dinner at Eight, The Philadelphia Story, Holiday o Its a Wonderful Life. Y, porque he querido comentarlas con alguien, porque he pensado que tener amigos es lo único que podemos hacer para soportar esta era oscura, me he dado cuenta de la falta que hace Julio Nieto Bernal seís días después de su muerte.

Veía a Julio en los preestrenos de todas las películas que se presentan a Colombia. Y, después de renegar del sombrío estado del país (de cómo habíamos perdido la libertad sin darnos cuenta), siempre hablábamos unos minutos antes de que comenzara la función de todos los proyectos que teníamos pendientes: la producción de la versión cinematográfica de La siempreviva, la filmación de El falso Botero, el sueño de un musical que tenía en mente desde que vio Moulin Rouge.

Para mí era un honor. Lo conocí unos seis años antes en un programa de radio. Y desde entonces, y gracias a una amiga mutua, comenzamos a hablar de vez en cuando por teléfono, de vez en cuando en su apartamento en la 70, de vez en cuando a la salida de las películas que digo, de todas las ideas que tenía en la cabeza. Podía pasar que me llamara a las 7 de la mañana, al final del sueño, a preguntarme si ya había leído el New York Times. Podía pasar que me lo encontrara en algún café de por ahí discutiendo con sus amigos el horror de Colombia. Así que daba por sentado que siempre iba a poderle decir alguna cosa que se me había olvidado decirle.

Ya debería haber aprendido que así pasan las cosas. Que la mitad de la vida queda para la vida siguiente. Pero me dolió mucho que se fuera. Y me dolió más no haberlo visto en diciembre.

Y el día de su entierro me di cuenta de que era uno de esos hombres que todos veíamos de la misma manera: un hombre que había logrado el milagro de ser siempre el mismo hombre: un periodista honesto, claro e inconforme que trataba a todas las personas que se cruzaba con una generosidad que sólo se ve en las películas del viejo Hollywood que he estad viendo.

Dijo lo que vio. Siempre dijo lo que pensaba. Se les enfrentó a las multinacionales sin temerles a las consecuencias. Se les enfrentó a los abusadores porque era el orden de las cosas. No le jugó el juego al capitalismo vacío ni cayó en los odios que los mezquinos capitalizan. Les sonrió a todos sus colegas en las salas de cine.  Y, como productor de películas, como escritor de libros valientes, como voz de la conciencia en las radios de tantas personas confundidas, fue siempre generoso.

No es fácil ser generoso, como era él, en este mundo. Quise decirle eso apenas terminé de ver Born Yesterday. Quise decirle todo lo que dices siempre, lo de la solidaridad versus el egoísmo, está en esa comedia. Ahí, en Born Yesterday, en It’s a Wonderful Life, en Holiday, se nota que las multitudes del mundo se han desbocado por el camino de la cadena alimenticia: que la sociedad sigue siendo una pirámide. Y ser generoso es toda una declaración de principios.

Sí, nadie puede quitarnos el placer de la resistencia: creo que esa es la lección que a punta de cine, a punta de libros, a punta de buenas palabras, ha dejado la vida de ese hombre que no nos mintió nunca.