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Ligero y profundo

Tuesday, August 17, 2010 por Samuel Castro

Una de las palabras que utilizan muchos espectadores y críticos a la hora de hablar bien de una película es decir que vieron una cinta “profunda”. Y de igual manera, se refieren a películas “ligeras” como aquellos films sin mucha ambición intelectual. Y aunque probablemente yo también haya utilizado esos calificativos, creo que son bastante problemáticos.

¿Qué es una película profunda? ¿La que habla de los grandes temas del mundo, y nos cuestiona sobre nuestro paso por la vida? ¿Y a qué nos referimos con una película ligera? ¿Son aquellas obras cinematográficas sin pretensiones, que apenas parecen relatar una anécdota? Porque tenemos un embrollo: parecería que una película profunda es mejor per se que una película liviana. Y no. Por más profundos que sean los temas de que trate todo, la “gracia”, que es un término que me gusta mucho, no depende de profundidades metafísicas sino de pericia narrativa y de guión.

A qué viene todo esto. A que vi hace muy poco dos películas casi el mismo día: Cold souls, en la que Paul Giamatti haciendo de sí mismo le encarga a una empresa que le guarde el alma por unos días porque ya no soporta su peso (si esto no es un tema “profundo” no sé qué puede ser). La segunda película es She´s out of my league que sólo cuenta lo que pasa cuando un hombre normal, tirando a feo (como uno, mejor dicho) consigue que la mujer más bonita que haya visto se enamore de él. Y aunque a la segunda le sobren un par de chistes escatológicos un poco forzados frente al tono general y la primera tenga además en su reparto a David Strathairn y a Emily Watson, me quedo con la comedia romántica y predecible.

¿Por qué? Porque Cold souls es pretenciosa, y cree que el espectador tiene que aguantarse unos planos de sueños y de lagos congelados en Rusia, con insomnio del protagonista incluido, por su tema tan “importante”. Desperdicia una buena idea con una estructura soporífera que no es capaz de generar atracción. En cambio She’s out of my league con su historia tantas veces contada, lo único que hace es presentarla bien, intentar que nos gusten sus personajes, buscar un ángulo, sino original, al menos fresco para relatarnos todo. Y punto.

¿Qué la primera servirá más para cine foros en bibliotecas? Por supuesto. Pero no por sí misma, como película. Sino por su tema. En cambio la segunda sería el perfecto ejemplo que yo le pondría a alumnos de cine de cómo hacer una comedia romántica para jóvenes hoy en día, sin tener que caer en las bobadas de American pie.

Profundo no es lo mismo que bueno. Si así fuera, bastaría con poner a Meryl Streep en pantalla leyendo a Kierkegaard para lograr una película aceptable. Y liviano, bueno, liviano son los Hermanos Marx. Y para pasar una pena prefiero a Groucho que a Søren.

Las películas que yo incluyo en lo mejor de 2004

Saturday, July 31, 2010 por Samuel Castro

Hace cinco días dije que la cartelera era un asco. ¿Qué se puede decir hoy? Cuando pensamos que vivimos niveles pobres en cuanto a calidad, nuestros exhibidores nos comprueban que están listos para superarse cada día. Siempre se puede caer más bajo; esa es la lección.

Así que lo mejor será salir donde los piratas, quienes parecen haber entendido que la diversidad, el hecho de que cada persona vaya comprendiendo qué le gusta y qué no a punta de ofrecerle todo, a punta de probarlo todo, siempre será mejor negocio que acostumbrar a los espectadores a un único tipo de cine.

La otra opción es ir a una tienda de alquiler y llevarnos alguno de esos títulos que dejamos ir sin verlos (o que nunca llegaron) y pasar la tarde en buena compañía cinematográfica para evitar la compañía equina, demasiado ostentosa y apabullante en mi ciudad, Medellín, por estos días. Miremos el pasado y recordemos las que para mí, fueron las mejores películas de 2004, en esta remembranza espaciada que seguimos haciendo en ochoymedio, entre Diana y yo, con lo mejor de la década que terminó.

Temporada de patos

Temporada de patos: Hay vida en México más allá del cine de los Cuarón y de González-Iñárritu. Puede que no tenga ni la explosividad ni el picante de los anteriores, pero Temporada de patos conserva esa extraña poesía urbana, que tal vez sea el signo común de una cinematografía que dejó los sombreros anchos y las mochilas azules atrás.

Vera Drake

Vera Drake: Es un drama de Mike Leigh. Las actuaciones son increíbles por lo naturales (paradójicamente fruto de innumerables ensayos) y la historia, que repasa de forma contundente este “asuntico” de la doble moral de nuestras sociedades, ocultándolo tras el disfraz de una cinta de época, nos cuestiona hasta la incomodidad.

Mar adentro

Mar adentro: No sé si se han dado cuenta, leyendo críticas en la revista Fotogramas o en los medios de España especializados en cine, que una de las expresiones favoritas de los críticos españoles es “en estado de gracia” para hablar de un actor que se fajó un papelazo. Esa es la expresión que se viene a la cabeza, para hablar de las interpretaciones de Belén Rueda, Lola Dueñas y Javier Bardem, en esta historia magníficamente dirigida por Alejandro Amenábar, en la que un hombre, a pesar de su simpatía e inteligencia, ha decidido poner fin a su vida, una vida que ya no le satisface.

Sideways

Sideways: Los viñeros de California vieron cómo gracias a esta película, el turismo por sus viñas y el consumo de Pinot Noir subían como (no puedo evitar la comparación) espuma de champaña. Virginia Madsen y Thomas Haden Church revivieron sus carreras y Paul Giamatti mereció su primera nominación en los Globos de Oro. Todo por un relato de amistad y melancolía contado con pulso seguro por Alexander Payne.

Eternal sunshine

Eternal sunshine of the spotless mind: Nunca ha hecho Michel Gondry algo como esto, porque creyó que podía ser igual de genial (una empresa que se contrata para borrar a alguien de nuestra memoria es por lo menos, una buena idea) sin tener a Charlie Kaufman como su guionista. Y no. Ni él, ni Jim Carrey han vuelto a hacer algo de este nivel.

El cine como descanso

Saturday, July 24, 2010 por Samuel Castro

Hace un mes y diez días que no escribo en el blog. Hace tres semanas que no sale la crítica semanal. En esos 40 días desde el último post creo que he ido a cine dos veces y si no fuera por el DVD probablemente a eso se reduciría mi experiencia cinéfila. Es como si me hubieran tapado los párpados con esparadrapo. Por fortuna la cartelera es un asco, lo que hace que el remordimiento no sea tan grande.

No voy a quejarme de que haya trabajo. Estoy metido en varios proyectos (unos buenos, otros no tanto) al mismo tiempo, única opción que tenemos algunos si queremos obtener unos ingresos decentes escribiendo. Sin embargo, además de dormir durante dos días seguidos, lo único que quisiera mi mente hoy, a la 1:23 de la mañana, mientras reviso un video que va a salir hoy por un canal nacional para despedir a un Presidente, es en dos o tres películas que puedan pasar frente a mis ojos sin mucho uso del cerebro.

Ah… ¡qué sería de la vida si uno no pudiera recostarse alguna vez y ver una película de la que nada te importa casi, con el cerebro en “modo a prueba de fallos” y de la que recordamos vagamente, semanas después en otra sesión de zapping, que no la terminamos, que se quedó por la mitad, como los malos libros y el sexo mediocre!

Insomnia

Porque el cine es como los amigos. Debe venir cuando nadie lo llama, en medio de la desgracia, a darnos un poco de paz. A sacarnos del cuerpo a aquel desgastado Will Dormer (¿cómo no me di cuenta antes de que el apellido era un chiste en inglés con nuestro verbo en español?, una prueba más de la perspicacia de Christopher Nolan) de Insomnia que llevamos dentro, luego de mucho trabajo y poco, muy poco cine. 

PD Agradecida: Hay que agradecer a los lectores que se arriesgan a hacer comentarios inteligentes e interesantes en este país de opinadores pasionales. Créanme que los leemos y los celebramos. Así que va el saludo para Karl Uffre, para Juan David, para James y para Arias. Sigan con nosotros.

Las películas que yo incluyo en lo mejor de 2003

Friday, June 18, 2010 por Samuel Castro

Lo bueno del cine es que cada par de ojos ve una película distinta. Y aunque me parecen muy importantes las películas de la selección de Diana del 2003, yo tengo otras candidatas. No sé si más buenas, o si mejores. Sé que me gustaron más a mí. Y claro, lo de Lost in translation sí es inquina: a mí no me llegó ni poquito al alma y me ha parecido siempre una película “inflada”. Pero por eso el cine es mejor que la política (mucho, muchísimo mejor): porque se puede disentir sin pelear.  Esta es mi selección 2003:

 Les invasions barbares

Las invasiones bárbaras: ¿Cómo hacer de la muerte, de la pérdida inevitable y final, un acontecimiento festivo? ¿Podrá uno, al final de todo, reunirse con lo más parecido que he visto a “la conciencia tranquila”, hablar con todos los que han pasado por nuestra vida y sentir de ellos lo mucho que nos quieren, a pesar de nuestros defectos. Coincido con Diana, en que esta cinta es extraordinaria, y fue justa ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera.

Mystic river

Mystic river: ¿Hay alguna duda de que Clint Eastwood es un maestro contemporáneo del cine? Si les queda algún resquicio de incertidumbre vean esta película, gocen con un reparto que parece tocado por un ángel de gracia y dejen que la angustia se apodere de ustedes.

 Finding Nemo

Finding Nemo: ¡Pixar es capaz de hacer una historia de padre e hijo, combinada con road movie, en la que matan a una mamá en la primera escena y aún así lograr que uno no pueda parar de reír! ¿Eso no es un signo de absoluta grandeza? Una obra maestra más del estudio que nos ha acostumbrado a la perfección.

 My life without me

Mi vida sin mí: Hay una relación cercana entre esta película y Las invasiones bárbaras. Si la de Denys Arcand habla de un hombre que siente que tuvo una vida plena y por eso puede preparar una buena muerte, ésta cinta de Isabel Coixet, con una extraordinaria Sarah Polley en el papel principal, nos da una vuelta de tuerca al asunto: la muerte que te quita la vida a mitad del camino y lo que eso puede implicar para nuestros planes del futuro, que de un momento a otro se desvanecen. Si me voy a morir… ¿para qué ser fiel?, ¿qué puedo hacer para que los que queremos puedan superar nuestra muerte?

 Oldboy

Oldboy: Una de las cosas especiales que tiene esta película es que permitió el vínculo con Patxo, colaborador de este blog y amigo queridísimo. Así que Oldboy es, de alguna manera, el comienzo de mi relación con ochoymedio. Pero no por eso es que esta película es extraordinaria: es porque nos cuenta una historia que nunca es obvia, que jamás sabemos para dónde va a coger. Porque es la mejor entre la trilogía de la venganza a la que pertenece. Porque sentimos una profunda compasión por ese hombre al que le destruyen la vida sin saber por qué.

Blogumental de cine: Fernando Gómez

Friday, May 21, 2010 por Samuel Castro

El blogumental sigue siendo importante. Nos ha faltado tiempo para actualizar los datos de las personas que le respondieron el cuestionario a Ricardo Silva, nuestro gran amigo, pues los días pasan, los trabajos cambian y las referencias se transforman. Fernando, por ejemplo, fue hace años editor cultural de Semana y crítico de la misma revista. Hoy es el editor de Cromos, pero no ha dejado de reseñar películas, ni de amar al cine, ni de ser el tipo querido que siempre ha sido. Y estas fueron sus respuestas.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
Cada vez que se oscurece la sala siento lo mismo: la ansiedad por lo que va a suceder y la expectativa de qué tipo de emociones van a surgir. La oscuridad es maravillosa porque uno tiene la sensación de que está solo, o al menos de que nadie lo está viendo. Si la televisión es luminosa como el día, el cine es negro como la noche, una noche sin estrellas que le permite a uno transformarse sin que nadie se dé cuenta. Lástima que los avisos de no fumar se hayan vuelto cinematográficos. Lo mejor de aguardar era el dibujo en rojo sobre negro de una nube de humo soplando al fumador. Podría jurar que se movía.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
Si se comparan con la primera comunión o la graduación, entonces debo decir que son dos: Tiburón y El exorcista. Sencillamente, casi pierdo la razón por no poder entrar al teatro cuando fueron estrenadas. No me dejaban. Tuve que esperar mucho tiempo para matar mi curiosidad. Verlas fue la confirmación de que en adelante ya tenía edad para ver lo que quería. Fue como una graduación. Pero si se trata del descubrimiento del cine como magia, entonces debo escojer al Chaplin de la época muda, y dos joyas por las cuales vale la pena ver cine: El ladrón de bicicletas y La Strada.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
Cyrano de Bergerac, de Jean-Paul Rappeneau; El libro de la selva, de Wolfgang Reitherman; Mejor imposible, de James Brooks.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
Alien
, el octavo pasajero, de Ridley Scott; La guerra de las galaxias, de George Lucas; y las terribles comedias de Michael J. Fox. Pero tengo más…

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?
No puedo dejar de ver cine porque llega un momento en que no resisto no hacerlo. Es una respuesta tonta, pero es la única que tengo. La sensación de meterme en la piel de alguien por un buen rato es algo que no se cambia por nada. La sensación es similar a la de la lectura, aunque suelo ser mucho menos exigente con el cine.

El cine que se lee 1

Tuesday, May 18, 2010 por Samuel Castro

Lo bueno es que la palabra se escucha exactamente como debería. Porque la cinefilia, que suena a síndrome de alteraciones mentales (“Su hijo tiene cinefilia y es más grave de lo que pensábamos. No creo que sobreviva a esta noche”) es realmente una enfermedad. El cinéfilo se queda hasta que se encienden las luces en la sala, para mirar el nombre del doble de acción que lo asombró; sufre cuando escucha que un matrimonio como el de Tim Robbins y Susan Sarandon se acabó; sueña con la cinta de la que sólo conoce una línea argumental gracias a un minúsculo artículo aparecido en un periódico de Estocolmo. Y entre sus pasatiempos habituales está el de leer libros sobre cine. La enfermedad siempre ansía expandirse y por eso el cinéfilo cree (a veces con una inocencia lastimosa) que la gente a su alrededor debería compartir su pasión y por eso se la pasa mostrándole a sus amigos libros con la foto de Woody Allen impresa en la tapa o trata de leerles párrafos de algún tratado sobre cintas de zombies. Para el cinéfilo el cine que se lee es algo tan necesario como mirar la cartelera cada viernes.

Pero como es tan difícil que los amigos de uno se animen con biografías sobre John Ford y cosas por el estilo, vamos a suponer que los visitantes de ochoymedio sí pueden estar interesados en los libros sobre cine que Diana o Pedro o yo vamos leyendo. Y en este caso, para comenzar con esta “sección”, el libro es además un orgullo para nosotros porque lo escribe un colaborador y visitante de esta casa, Juan Carlos González, uno de los críticos de cine de El Tiempo, bajo el sello editorial de la Universidad de Antioquia.

Libro Juan Carlos

Para el cinéfilo este libro es una delicia. En vez de dedicarse a los pormenores personales de ese maestro del cine que fue Billy Wilder, Juan Carlos se ocupa de llevarnos por la filmografía del director, cinta por cinta, para entender a través de las imágenes de las distintas películas, cuál fue la evolución de este autor (guionista ante todo) dentro del sistema de estrellas de su tiempo y cómo logró convertirse en uno de los más grandes de la historia. No es esta una biografía común entonces. Nada sabemos sobre las comidas preferidas de Wilder y son pocos los chismes sobre su vida íntima (aunque las anécdotas con Marilyn Monroe por ejemplo, son maravillosas) pero en cambio tenemos las claves de su creación, cómo enfrentó los problemas de los distintos rodajes, de qué manera innovó y también de qué manera perdió esa cercanía con el público, que le había dado al final de cuentas, tantos éxitos.

Yo no he visto ni siquiera la mitad de las películas de Billy Wilder. Y aún así leí las historias de cada cinta, como si las conociera de pe a pa, porque así somos los cinéfilos. Ya llegará el día en que las vea y la memoria me traiga alguna historia del libro o me haga comprender algún dato. Y también, dentro de no mucho, el momento en que vuelva a abrir este libro, con la comprensión absoluta que me permitirá disfrutarlo mucho más. Por eso la invitación es a que lo lean y a que lo compren (como es de la Editorial de Universidad de Antioquia, deben encontrarlo en las librerías de las universidades). Para seguir alimentando la enfermedad.

Lo mejor de la década: 2002

Sunday, April 11, 2010 por Samuel Castro

Como ven con el post de la batichica de ochoymedio, Diana Ospina, eso que mencionamos tanto acá de la diversidad de opiniones es mucho más que un cuento que vendemos por ser unos “bacanes”. Aquí de verdad creemos en el respetuoso disenso como una posibilidad, tanto en el cine como en muchas de las áreas de la vida. Por eso tengo que decirles a los lectores que preguntaron por Mulholland Drive que no va a estar en las listas que yo haga. Sí, creo que tiene una de las escenas de tensión sexual más sugerentes que he visto, pero eso no alcanza para sentir que es una película indispensable, algo que todos tienen que ver. Y adelantándome un poco a la respuesta a James, tal vez todo se deba a que soy tradicional en algo cuando voy a cine: a mí me gusta que me cuenten historias. Y para eso se necesita cierta coherencia narrativa que a Lynch no le gusta tanto. No es que no crea que es un cineasta importante: es que su cine no me toca el alma. Así de simple.

Sigo con la selección de lo mejor de la década y por eso aquí les presento las cinco películas que creo, fueron lo mejor de 2002.

El hombre sin pasado

El hombre sin pasado (Mies vailla menneisyyttä): ¿Qué es un hombre sin pasado? Tal vez lo única respuesta posible sea: aquello que quiere ser. Y Aki Kaurismaki, con una poesía conmovedora, convierte esa respuesta en una historia sencilla que nos habla a todos, a pesar de que casi nadie entienda finlandés.

The hours

The hours: Hay muchas amigas que se enojan cuando yo digo en una conversación que una película “es para mujeres”. Jamás lo he dicho despectivamente. En general hablo de aquellas cintas que tienen un contenido y una forma de presentar a sus personajes femeninos, que nosotros sólo podemos entender a la mitad. Y The hours es una película devastadora para el género femenino, que habla de todo aquello que ponen en juego, para sentirse realizadas.

The pianist

The pianist: Adrien Brody tuvo su premio pudiendo besar como lo hizo en la ceremonia del Oscar a Halle Berry por esta película que hablaba del Holocausto como de una desgracia terrible que a pesar de todo no pudo aniquilar lo bueno que había en el alma de sus víctimas, en este caso, la música.

Ciudad de Dios

Ciudad de Dios (Cidade de Deus): La escena de la gallina que persiguen al comienzo para matarla, era un resumen de lo que fue esta película fantástica: un derroche de energía y adrenalina, donde la realidad latinoamericana era narrada con una fuerza desbocada. Una lección para aquellos que creen que filmar con actores naturales es la perfecta excusa para la mediocridad.

Bowling for Columbine

Bowling for Columbine: Gracias a esta película pudimos saber quién era Michael Moore. Y con todo lo que pueda decirse contra él, Moore debería ser reconocido como el hombre que le recordó a muchos, que los documentales no tenían que ser “imparciales”. Que bastaba con que fueran inteligentes, audaces y creativos. Que ser tendencioso, también podía ser una cualidad.

Lo mejor de la década: 2001

Thursday, April 1, 2010 por Samuel Castro

Después de un tiempo largo uno no sabe de qué hablar cuando se sienta a conversar con los amigos. Si de la falta de autocrítica de los antioqueños que pensamos que los Suramericanos fueron perfectos (¿por qué nos duele tanto el “casi perfectos”?, ¿por qué el espíritu crítico es una afrenta personal?); si de la falta de autocrítica de ciertos candidatos presidenciales (que casualmente también durante su administración en Medellín no admitieron las críticas a su gestión y dejaron ese talante de herencia) que les hizo perder sus posibilidades de elección. ¿O de la falta de inteligencia de los ejecutivos que decidieron no estrenar Shutter island el año pasado? Sí, fue un buen golpe en las taquillas (que es lo que vale en Estados Unidos) pero ¡qué candidata se perdieron los Oscar!

Dejando para más adelante la respuesta a James sobre qué es una buena película (¡qué tal la pregunta!) y decidiendo que lo mejor es celebrar el regreso a estas páginas de Pedro Felipe, el amigo de quien no conozco el rostro y con el que nunca he hablado que hace parte de este proyecto, voy a seguir con esta selección de lo mejor de la década. Sigue el 2001 y esta selección que es también una odisea del espacio, para no extendernos por mucho. No, no están en orden. Las cinco son grandes películas, aunque sin decir títulos, la que está en mi corazón es aquella en la que cantan más que en las otras.

No man's land

No man´s land (En tierra de nadie): Todos sabemos que las guerras son tontas. Que matar a otro ser humano por cumplir las órdenes de alguien que cumple órdenes de otra persona que a su vez mira un mapa y ordena bombardear como quien pide colorear una zona de un libro para preescolares es una estupidez. Pero nunca sobra que una película nos lo recuerde, sobre todo si para hacerlo pasa, con humor negro y mala sangre, incluso por encima de Naciones Unidas.

La stanza del figlio

La stanza del figlio (La habitación del hijo): Un papá nunca debería perder a un hijo. Nunca. No estamos hechos para eso (tener hijos y poder cuidarlos es incluso, una virtud aprendida como parte de la civilización). Y por eso, una película hecha con la sensibilidad que tiene ésta, es imprescindible.

Moulin rouge

Moulin Rouge: ¿Antes de esta película alguien había pensado que un musical podía volver a ser cool? ¡Qué importa que el salpicón mezcle a Gloria Estefan, The police y Queen! Todavía recuerdo la sensación de felicidad cuando en la parte inferior de la pantalla en la presentación de Twentieth Century Fox aparecía un director de orquesta moviendo la batuta para dirigir la fanfarria. Y a Nicole Kidman, más hermosa que nunca con el pelo rojo, la conciencia gris y cantando que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres. Toda la exageración en esta película donde hay demasiado de todo, lograba hacer entender la extraña armonía del caos.

Amelie

Le fabuleux destin d’Amelie Poulain (Amelie): Cuando Jeunet apareció con esta película, asombrosa aún hoy desde lo estético, fue como si se valiera narrar cuentos de hadas en un escenario actual. Todo en esta historia de una mujer única (¡pobre Audrey Tautou, quedó marcada para siempre) que cambiaba la vida de las personas a su alrededor mientras los colores pastel llenaban la pantalla. Y la historia del duende (de ese que se ve en la foto a un lado de la protagonista) es inolvidable.

Inteligencia artificial

Artificial Intelligence (AI): Es difícil creer que Steven Spielberg hiciera una película incomprendida por el público. Pero ésta, casi un deber personal con que el director norteamericano se comprometió para hacer honor a la historia que lo hacía conversar tanto con Stanley Kubrick, no fue propiamente uno de sus romances con la taquilla. Y sin embargo, es una de esas películas que dentro de muchos años, cuando sea decantada por la crítica y todos los mensajes y su belleza formal entendidos como se debe, formará parte de los títulos esenciales que Spielberg deja como legado.

Lo mejor de la década: 2000

Sunday, March 14, 2010 por Samuel Castro

No me fue mal en los vaticinios del Oscar. 16 de 24 es una marca decente, aún cuando no acerté con la mejor película. ¿Quién iba a pensar que la Academia este año iba a tener una ceremonia que buscaba llegarle a los adolescentes (con ese adefesio de coreografía hip-hop y esos pobres protagonistas de Crepúsculo que todavía no saben hablar en público) pero que ella misma, como excepción, se iba a comportar como adulta, premiando una versión difícil de una guerra que nadie quiere ver? Pero llegó la hora de otro tipo de listados, más polémicos y difíciles, porque siempre que se habla de “lo mejor” alguien se siente ofendido. Así que toca aclarar que esto es lo mejor de los diez años que van del 200 al 2009, según el que esto escribe, no según ochoymedio, que es una hidra de múltiples pensamientos.

Diez películas para diez años me parecía una cosa terrible, así que voy a ser más manirroto y voy a hablar de las que creo que son las 50 mejores películas de la década. Se vale disentir, se vale pelear y sugerir otras. E incluso, votar por algunos títulos para los años de la década que siguen. Aquí están, éstas son.

Crouching tiger

Wo hu can long (El tigre y el dragón): Antes de esta película (que es antes de Kill Bill, convenzamos a los adolescentes de hoy que el cine no se lo inventó Tarantino) recuerdo que las artes marciales tenían mala prensa. Era mal visto hablar del cine de patadas y rivales de ojos rasgados. Y de repente, ¡boom!, todos querían volar por los aires, vestidos de cuero como en The matrix o escalando bambúes, como acá.

Deseando amar

Fa yeung nin wa (Deseando amar): Era la atmósfera. El hecho de que los colores parecían tener vida propia. Y que los personajes vivían una pasión de esas que nos descontrolan la vida, pero en medio de una prohibición y una tensión que vimos muy pocas veces después.

Memento

Memento: Estaba Guy Pierce, con ese pelo rubio que no le cuadraba en una película donde nada cuadraba, donde uno sentía que no podía ser, que eso no iba a salir bien. Un alarde de genialidad de ese tremendo director que es Christopher Nolan. Si había otra película que sucediera hacia atrás en el tiempo, no la recuerdo. Si no la han visto, por favor, alquílenla, y disfruten una de las experiencias más electrizantes que puede vivir un cinéfilo.

Requiem for a dream

Réquiem for a dream: Cuando se habla de las adicciones siempre se corre el riesgo de ser exagerado, y de tratar de provocar el asco en el espectador. Aronofsky asumió el riesgo con todas las ganas y decidió que si había que provocar asco lo iba a hacer de todas las formas posibles. Con una estética de video-clip que le cuadraba perfectamente, si esta película no hacía desistir a algunos de ciertos vicios, nada lo haría.

Amores perros

Amores perros: Yo creo que es una de las mejores películas del cine latinoamericano de la historia. Que es uno de los choques más impresionantes que he visto, a pesar de que haya miles que son más explosivos y espectaculares. Que Gael García Bernal no sería nadie de no haber protagonizado esto. Y que Guillermo Arriaga y Alejandro González no hicieron juntos nada mejor que este collage trágico, latinoamericano, ridículo y memorable, que nos probaba que en el tercer mundo también se podían hacer películas extraordinarias.

Ya vendrán las siguientes películas seleccionadas para el resto de la década. Ya pueden comenzar a discutir, sugerir y opinar.

A ver cuánto me equivoco

Sunday, March 7, 2010 por Samuel Castro

Es más larga que la entrevista del presidente Uribe el viernes en la W (aunque no más jarta, eso lo puedo asegurar) pero es imposible no verla para personas que como yo, como ustedes, aún creen en eso que podríamos llamar ‘el glamour del cine’. Nuevamente llega la ceremonia del Oscar con las mujeres de nuestros sueños vestidas como diosas (o como brujas; se ven unas cosas a veces…), los tipos con los que sueñan nuestras novias en traje de etiqueta, Mickey Rourke y algún atractivo show típico de los gringos. Imperdible, por supuesto. Es como ver los premios TV y Novelas pero con estrellas de verdad. Y llegan las apuestas. Mis vaticinios, en los que intentaré este año no dejarme llevar por el sentimiento, sino por la lógica, salvo por una excepción que contaré a su debido tiempo. Vaticinios llenos de valor en los que arriesgo montones, porque también me voy a meter con las categorías técnicas, que a pocos le importan, pero que son estatuillas, al fin y al cabo. A ver cómo nos va.

Mejor corto de acción real

Istället för abrakadabra. Obviamente esto es un ‘pinochazo’, pero con razones poderosas. Tiene el título que suena más bonito de los cinco nominados y no está protagonizado por niños, como dos de sus competidores.

Mejor corto animado

Logorama. Con todo lo que hablamos mal de los gringos, en general se toman mucho mejor las críticas que les hacemos, que nosotros las que aparecen en sus programas. Y este corto francés, en que Ronald McDonald es un vulgar atracador y donde los autores se imaginan cómo sería el desastre que aniquilaría el mundo donde viven las marcas, es tan atractivo y crítico como bien hecho. Con homenajes explícitos a Pulp fiction. Lo pueden ver en dos partes, acá y acá.

Mejor corto documental

The last truck: closing of a GM plant. ¿Cómo van a desaprovechar para hacer un comentario político acerca de las consecuencias de la crisis? Debería ser la elección segura.

The cove

Mejor documental

The cove. Es espectacular, tiene el comentario ecológico de rigor, posee la mejor calificación de los nominados en IMDb y está hecho bajo el agua. Muchas ventajas para su elección.

Mejor película extranjera

El secreto de sus ojos. Este es mi toque sentimental. Todo indica (los apostadores, los medios, los especialistas) que va a ganar La cinta blanca.  Todos me importan un carajo. Quiero que gane esta película de la misma manera que siempre, a pesar de Maradona, le he hecho fuerza a Argentina y no a Brasil en los mundiales. Porque sí.

Mejor película animada

Up. Es la única animada en las 10 nominadas a mejor película. ¿Necesito decir más?

Mejores efectos visuales

Avatar. Crear un mundo creíble no es algo que se vea todos los días.

Mejor edición de sonido

Avatar. En la batalla final se tenían que escuchar los gritos de miles de criaturas azules. Y se escuchan tanto como los motores de las naves espaciales.

Mejor mezcla de sonido

Avatar. También es importante lo de Transformers, pero Avatar no ganó el Razzie a la peor película del año.

The princess and the frog

Mejor canción original

The princess and the frog. Si esta no es la ganadora, la otra que tiene posibilidades es la de Crazy heart. Pero si con dos nominaciones Randy Newman no gana, creeré que de verdad al tipo le hicieron una maldición vudú.

Mejor partitura para una película

Michael Giacchino por Up. En serio no me estoy dejando llevar por el sentimentalismo. Horner demasiadas veces toca las mismas notas en distintos tempos. Giacchino ha hecho dos obras maestras en Ratatouille y acá. Y pienso que se nota.

Mejor maquillaje

Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow por Star trek. Crear razas alienígenas debería ser suficiente mérito para ganar, aunque las otras dos competidoras son fuertes porque a la Academia le encanta ver envejecer actores antes de tiempo.

The young Victoria

Mejor vestuario

Sandy Powell por The young Victoria. Sólo hay algo que le gusta más a la Academia que la ropa de época: la ropa de reyes, de época.

Mejor dirección de arte

Rick Carter, Robert Stromberg y Kim Sinclair por Avatar. Aquí empiezan los problemas con lo virtual. ¿Tiene el mismo mérito el director de arte que concibe sus locaciones desde lo digital que el que las busca y las adapta en formas palpables? Creo que la respuesta es sí a partir de este año.

Mejor edición

Bob Murawski y Chris Innis por The hurt locker. Gran parte de la tensión de esta película se la debe a este rubro. Una parte enorme, si vamos a ser sinceros.

Mejor fotografía

Mauro Fiore por Avatar. Si esto no funcionaba bien nada lo hacía. Y aunque la luz se pueda controlar por computadora en este caso, el resultado sigue siendo asombroso.

Mejor guión adaptado

Jason Reitman y Sheldon Turner por Up in the air. Es una joya, perfecta y redonda. Como son los guiones que más me gustan. Y está basado en un libro de no ficción, así que la adaptación es aún más meritoria.

Tarantino

Mejor guión original

Quentin Tarantino por Inglorious basterds. Por un guión donde un crítico de cine es el héroe de la jornada y el arma más poderosa es la cinta de nitrato, deberían hacerle una estatua a la entrada del Teatro Kodak.

Bigelow

Mejor directorA

Kathryn Bigelow por The hurt locker. No siempre se tiene la oportunidad de hacer feminismo y justicia al mismo tiempo. Y además de ser merecido, es un hito en la historia que no hay que dejar pasar.

Mo'Nique

Mejor actriz de reparto

Mo’Nique por Precious. Es una madre jodida y violenta como nos han mostrado ya antes otras películas. Pero la escena final, la de la maldad asumida como algo natural, como algo involuntario, es una muestra de actuación tremenda.

Waltz

Mejor actor de reparto

Christoph Waltz por Inglorious basterds. Ser buen actor y políglota paga. Paga muy bien.

Sandra Bullock 2

Mejor actriz principal

Sandra Bullock por The blind side. Ella fue y recogió sus dos premios Razzies ayer. Eso es profesionalismo y saber tomarse las críticas, buenas y malas, con profesionalismo. Y por su profesionalismo se llevará hoy también el Oscar.

Jeff Bridges

Mejor actor principal

Jeff Bridges por Crazy heart. Lo han nominado cuatro veces antes que ésta. Siempre por películas que sin su actuación, serían mucho menores. Su personaje en The big Lebowsky es parte de una religión. Es el momento.

Mejor película

Avatar. No es la mejor. No es una historia para mayores de 12 años. Pero esta película revivió las posibilidades de una industria que muchos consideraban en peligro. Y eso merece que esa misma industria le dé un hombre dorado.

En un par de horas, en unos minutos, veremos cuánta razón o cuánta suerte tenemos. ¡Que comience la función!