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Revista Kinetoscopio: el cinéfilo crítico

Wednesday, June 10, 2015 por Samuel Castro

No me gusta la palabra reseña, por tibia. A diferencia de su equivalente en inglés (review), la reseña no especifica esa acción de volver a mirar, con más cuidado, que distingue al espectador desprevenido del crítico. Reseña suena a comentario casual, a enumeración de atributos. Crítica, en cambio, me parece mucho mejor porque se anda sin tapujos: yo vengo a mirar esto y a decirle por qué creo que lo que veo no funciona, o funciona menos bien de lo que usted cree, señor director. Me gusta entonces, porque de inmediato se piensa mal de la crítica, como si fuera el villano de la historia. Y como sabe cualquiera que haya visto películas de Disney alguna vez, los villanos son los personajes más interesantes del mundo.

Kinetoscopio 1

La revista Kinetoscopio hace crítica de cine desde hace 25 años. Sólo la frase ya asusta. Un cuarto de siglo siendo “los malos” del paseo, llevando la contraria desde una ciudad como Medellín, donde llevar la contraria siempre ha traído problemas. Un cuarto de siglo que les ha permitido a sus lectores entender el valor del disenso, de la argumentación, a través de la conversación sobre cine, que siendo un arte popular genera muchas más pasiones que, por ejemplo, una discusión sobre “los elementos geométricos en la composición de los cuadros de tal artista”. Para cada persona, sin excepción, las películas buenas son las que le gustan a ella, así que hacer crítica de cine es, automáticamente, ponerse frente al blanco para que te lancen cuchillos.

Kinetoscopio 2

En el periódico El Colombiano hizo durante muchos años la crítica de cine —que ahora compartimos dos integrantes de Kinetoscopio, Oswaldo Osorio y yo—, el sacerdote Luis Alberto Álvarez, a quien no tuve el gusto de conocer y por quien, sin embargo, siento el afecto de un niño con un abuelo que vive muy lejos y al que quiere parecerse por lo imponente que se ve en los retratos. El padre Luis Alberto, junto con Paul Bardwell, también fallecido, y editores como Pedro Adrián Zuluaga o Juan Carlos González y el apoyo institucional, invaluable e inagotable del Colombo Americano de Medellín, han logrado convertir a Kinetoscopio en una institución, no sólo en Colombia sino, gracias a la constancia y la resistencia, en América Latina, donde tanta falta hace que dejemos de tirarnos cuchillos y donde hay muchas peleas y pocos debates.

Kinetoscopio 3

Los que han leído mis críticas sabrán que trato de evadir la primera persona en la escritura. Hoy no lo hago porque debo agradecerle a Kinetoscopio no sólo la oportunidad de publicar textos míos que no tendrían cabida en otros medios sino porque desde cuando era apenas lector, me enseñó que se puede ser crítico sin dejar de amar al cine, que el buen crítico no es el que las sabe todas sino el que todo lo quiere aprender, que uno puede ser el más amigo del que piense lo contrario y quererlo más, incluso, gracias a eso. Que vale la pena escribir sobre cine, porque para el cinéfilo que tiene la misión de argumentar sus opiniones, cada crítica es un poema de amor, a veces incisivo y otras fogoso. Pero jamás tibio.

Remakes: películas remedio, remedos de historias

Thursday, February 7, 2013 por Samuel Castro

Piense en la primera cita romántica que tuvo con esa mujer que le gustó o con aquel tipo que le fascinaba. Todo era perfecto: la conversación fluía, la comida estaba deliciosa, a su pareja se le ocurrieron chistes muy ingeniosos y ninguno de los dos se quería despedir cuando la noche se acabó. Ahora imagine que al día siguiente todo se repite exactamente igual: las palabras, el menú, el restaurante. Pero quien está al frente suyo es otra persona. Parecida pero otra. Eso es un remake. Aquella palabrita gringa con la que se nombran los films que están basados en otra película o en una serie de televisión.

The departed

Es casi obvio entonces por qué los remakes casi nunca funcionan bien. Y digo casi nunca porque en el cine, como en la vida, no hay verdades absolutas. ¿Recuerdan los más adultos o los que sintonizan canales como MGM y TCM esa genial película de gángsters de 1982 que es Scarface, en la que Al Pacino se fajaba una actuación antológica? Pues esa película era un remake de la original Scarface, que ninguno de nosotros vio, porque estuvo en cines en 1932. Incluso, en contadas ocasiones, el remake es mejor que el original, como The departed, que superaba por mucho a la película hongkonesa en la que se basaba: Infernal affairs. No era sólo que se cambiaba a los protagonistas de ojos rasgados por Matt Damon y Leo DiCaprio. Era que detrás del asunto estaba un maestro como Martin Scorsese, que supo tomar el material original y volverlo una película con su firma narrativa.

The ring

Pero esas son excepciones. La dura realidad es que los remakes se hacen porque el cine es un negocio y como en todo negocio, alguien quiere minimizar los riesgos, haciendo de estas cintas un remedio fácil para la salud de la economía cinematográfica. La lógica de los productores es ¿para qué buscar una idea original si hay pilas de ideas que ya demostraron que funcionaron? Es decir, ¿para qué tomarse la molestia de usar el cerebro? Y es allí donde radica el problema: pareciera que a los guionistas de remakes los sacaran del pabellón de lobotomías de un hospital. Por eso surgieron cosas tan terribles como Godzilla, que convertía al antiguo y respetable monstruo japonés en una lagartija con gigantismo perseguida por idiotas o esas versiones descafeinadas de El aro que protagonizaba Naomi Watts? ¿Cómo no enojarse cuando aquellos dibujos animados como el Inspector Gadget o Mr. Magoo que tanto nos divertían cuando niños, perdían su gracia desde que a alguien se le ocurría volverlos de carne y hueso?

Evil dead

Pero la tragedia no parará. La crisis económica ha hecho que en el mundo entero y especialmente en Hollywood haya menos espacio para el riesgo (y más espacio para los muertos resucitados que son los remakes). En los próximos meses tendremos que soportar las nuevas versiones de Evil dead, de Dirty dancing, de Robocop. Y cuando salgamos, inevitablemente tristes por la comparación con las historias y las imágenes que teníamos en nuestros recuerdos, menos perfectas pero tal vez por eso más ingeniosas, pensaremos que lo bueno de que la industria cinematográfica colombiana esté en pañales es que todavía no tenemos remakes y no hay que ver a Sebastián Martínez reemplazando al Gordo Benjumea, en la nueva versión de El taxista millonario. Por ahora.

Lo mejor del año que se fue

Monday, January 14, 2013 por Carolina Morales

Una selección muy personal sobre lo mejor que pude ver durante 2012. Películas de todo tipo, una serie de televisión y por supuesto un espacio dedicado al buen año del cine colombiano hacen parte de esta lista. Solo resta esperar que durante este nuevo capítulo de la vida, la magia del cine nos traiga muchos más joyas para no olvidar.

Shame

Shame
Una obra de arte de principio a fin, donde todo está puesto en su sitio en el momento indicado, justo como Steve McQueen sabe hacerlo. Michael Fassbender actúa de manera impecable, ganándose un lugar en la lista de los mejores actores contemporáneos.

The artist

The artist
Esta película es una joya con la que reímos y lloramos. El cuidado de cada detalle, su música y el final, que nos deja sin aliento, son motivos suficientes para sentir que se trata de un regalo para quienes amamos el cine.

Hugo

Hugo
Un homenaje perfecto para George Méliès. Una película hermosa e inolvidable que, como pocas, logra emocionar con igual éxito a grandes y chicos.

Drive

Drive
Acción, pasión, amor, melancolía, tristeza, odio, ira y mucha velocidad. Todo en justas dosis y con la actuación perfecta de Ryan Gosling. Todo lo anterior y su banda sonora, la convierten en uno de los mejores dramas del año.

Ted

Ted
No importa si su humor es muy gringo o si toca aguantarse hora y media a Mark Wahlberg. TED es una comedia delirante, que al final nos deja una que otra enseñanza sobre el valor de la amistad y el respeto. Seth MacFarlane es un genio.

Girls

Girls
Me declaro fan de Sex and the city, sin embargo jamás saldría a la calle vestida como Carrie ni tampoco tendría el dinero para desayunar todos los días en los exclusivos restaurantes de New York. Girls tiene esa dosis de realismo que la hace cercana, íntima y perfecta. Una comedia inteligente, divertida y refrescante.

The dark knight rises

The dark knight rises
Perturbadora, emocionante y con una narrativa perfecta. No hay mucho más que adicionar a todo lo que ya se ha dicho sobre una de las historias mejor contadas en el cine durante 2012.

Moonrise Kingdom

Moonrise Kingdom
Bizarra, colorida y hermosa, una historia donde dos niños se liberan para disfrutar de su primer amor, mientras todos, quizá viéndonos en un espejo, nos burlamos de la tristeza y torpeza que cubre la vida de los adultos.

Argo

Argo
Si una película hace que usted se pare de su silla en la sala de cine sin importarle nada, tiene que estar en la lista de lo mejor del año. Argo es la señal irrefutable de lo que significa el talento de Ben Affleck como director. Sin duda, la mejor película de suspenso del año.

Intouchable

Amigos
Podría repetirla una y otra vez. Reí, lloré y me deleité con la belleza de Omar Sy. Una película para tener en casa y compartir con buenos amigos.

Las acacias

Las acacias
En el cine no se necesitan grandes historias, algunas veces de la sencillez resultan tesoros. Esta película ha recorrido el mundo robando corazones con su sutileza y con su belleza natural y desinteresada.

La sirga

La sirga
Tenía de donde escoger la cuota criolla, pues durante 2012 se vivió un legítimo renacimiento del cine colombiano. Sin embargo me quedo con esta poesía que me robó el corazón y que considero una de las mejores cintas nacionales del año que acaba de terminar. ¡Que se vengan más!

Eso nos pasa por sapos

Sunday, December 2, 2012 por Samuel Castro

¿Qué país vive diciendo que está cansado de que lo identifiquen en el mundo con narcotráfico, mafiosos y cocaína, pero cuando tiene la oportunidad de escoger la película que lo representará en los Premios Oscar decide enviar como candidata una película que trata sobre narcotráfico, mafiosos y cocaína? La respuesta es Colombia.

Aunque, en honor a la verdad, ese no es el problema, o al menos no el principal. El asunto es que la sola escogencia de El cartel de los sapos demuestra que los encargados gubernamentales de nuestro cine no entienden muy bien cuáles son los criterios de los Premios de la Academia en esa categoría. Es cierto que los ganadores recientes de película en idioma extranjero (piensen en El secreto de sus ojos o en La vida de los otros) son películas que a su manera cuentan un pedazo específico de la historia del país al que representan, como lo hace El cartel de los sapos, pero lo hacen de una forma única y original, de una forma que en Hollywood no se atreverían a hacer. Por eso los premian. Porque le recuerdan a la meca del cine, que hay otras formas de narrar, otros guiones que se salen de los esquemas prefabricados, otro tipo de personajes.

Pero no, en nuestra infinita sabiduría, tan “vivos” como nos creemos, decidimos mandarles una historia de maleantes igualita a las que ellos hacen desde hace décadas, en cine y en televisión. Sí, claro, puede que debamos enorgullecernos de que por fin tenemos un sonido decente y que los diálogos de los personajes se escuchan incluso en las escenas de balaceras, pero la mejor secuencia de acción de El cartel de los sapos no tiene nada que hacer al lado de, por poner un solo ejemplo, un capítulo cualquiera de las ocho temporadas de 24. Tan inocente y provinciana es la cinta, que nadie fue capaz de contarle a Robinson Díaz, que su personaje, el Cabo, que en el formato de telenovela (porque eso es narrativamente El cartel de los sapos, una de nuestras telenovelas de acción comprimida en dos horas) se desarrollaba a través de la historia, y daba miedo por sus contradicciones y sus vicios, en una película se iba a ver como una especie de villano de caricatura al que le gustan los marranitos. Con decirles que el mejor actor de la cinta es Diego Cadavid. ¡Calculen!

Igual no vamos a ganar nada, pero al menos debimos haber intentado perder con algo más de dignidad, sin tratar de vestirnos como la dueña de la casa, ni copiar en versión pobre, la pinta del niño rico de la cuadra. Para no quedar como los sapos de la fiesta.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N° 63

Blogumental de cine: Mauricio Bonnett

Wednesday, March 30, 2011 por Diana Ospina

Continuando con la iniciativa de las entrevistas aquí va: Mauricio Bonnett.

Quién es: escritor, guionista y director colombiano radicado en Londres desde 1987. Célebre por: Además de por ser inteligente y buen conversador, por dos hermosos libros que toca leer, La mujer en el umbral (2005) y El triunfo de la muerte (2010), y por por seguirle los pasos a Mario Vargas Llosa, entre el 2002 y el 2005, para realizar dos documentales sobre el, ahora, Premio Nobel.

1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Mis recuerdos varían y se mezclan, unos placenteros y otros espantosos, y no estoy seguro de que alguno corresponda a mi primera vista al cine. Sin embargo todos lo parecen y tal vez alguno lo fue. Recuerdo la pantalla del Metro Teusaquillo, enorme y blanca como un farallón, y el hormigueo expectante que sentía en el estómago mientras oía la música de Ligeti que servía de preámbulo a la proyección de “2001: Odisea del espacio”. También recuerdo con horror los momentos previos a salir de la casa a ver una película bíblica (¿”Rey de reyes”, tal vez?). Yo no quería ir porque tenía terror del momento en que se “rasga el velo del templo” y se “abren los cielos”. Ese abrir de los cielos me hacía prever imágenes de un horror paralizante. Además no ayudaba a mi ánimo que días antes se habían tratado de entrar los ladrones y mis papás, antes de salir, decidieron guardar todos los objetos de valor como si de un momento a otro fueran a invadir lo Hunos. Después de tanto terror y suspenso, cuando llegó la temida escena, los efectos especiales resultaron tan ridículos que me sentí estafado.
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Cuando tenía 15 años, me preparé largo tiempo para el estreno de “Barry Lyndon”. Mi hermano, que me lleva ocho años, me había contado “Naranja Mecánica” en gran detalle unos años antes, y la proyección de la nueva película de Kubrick iba a ser mi iniciación en los misterios del “verdadero” cine. Me disfracé de adulto (o, mejor dicho, simplemente me disfracé) y, para mi sorpresa, entré sin problema alguno. La película resultó todavía más perfecta de lo que había soñado y ese día decidí que tenía que hacer cine. Digamos que esa pudo ser mi “primera comunión” cinematográfica. Semanas después vi en el cine La Comedia, “Gritos y susurros” de Bergman, y quedé tan traumatizado que tuve pesadillas varios días seguidos: creo que eso, sin duda, me preparó para los horrores del matrimonio. Un par de años después, en la Cinemateca Distrital, vi “Nos amamos tanto” de Ettore Scola. Quedé conmovido y feliz, y la vi casi a diario mientras duró en cartelera. Ese fue, sin duda, mi el equivalente cinematográfico a mi “primer amor”. Tanto así que no soy capaz de verla ahora por miedo a defraudarme.

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Depende, si es hombre trataría de convertirlo a los misterios del cine de Bresson y de Tarkovsky. Si es mujer, me iría por “Nos amamos tanto” o, si estoy lanzado, por “El imperio de los sentidos”. El cine es una maravillosa arma de seducción.
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Yo se que debería tener una película mala entre mis favoritas, pero por más que lo pienso no encuentro una. De vez en cuando, en televisión, he visto comedias románticas con cierto dudoso placer, pero la verdad es que ni siquiera me acuerdo de sus títulos.


5. ¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Si puedo, claro que puedo. Siempre me queda la literatura…

 

 

Sobre El paseo

Wednesday, February 9, 2011 por Diana Ospina

El comienzo del año nos sorprendió con una noticia inesperada, algo que parecía imposible sucedió: un estreno colombiano superó en taquilla a las superproducciones de la temporada. La película El paseo, protagonizada por Antonio Sanint y Carolina Gómez, ocupó el primer lugar en taquilla por encima de películas muy esperadas  y de éxito prácticamente asegurado como Los viajes de Gulliver, protagonizada por el divertido Jack Black y Tron Legacy con sus impresionantes efectos visuales y en versión 3 D.

Para nadie es un secreto que el gran monstruo del mercado es Cine Colombia y que este desea ser, ante todo, un negocio rentable. Es por eso que ocurren ciertos movimientos en taquilla que parecerían inexplicables a primera vista: películas que se anuncian con largas campañas de expectativa y nunca son presentadas, otras que son retiradas  intempestivamente de la cartelera, estrenos con dos años de retraso o cintas premiadas  que nunca pisan el país, entre otras experiencias desoladoras para cualquier cinéfilo, que son el resultado de las vicisitudes de mercado y del deseo de obtener ganancias. Es cierto también, como ya lo estarán pensando algunos, que Cine Colombia hace esfuerzos por traer ciertas cintas independientes, menos comerciales, y por  darles espacio, espacio que se está viendo afectado por las escasas cifras de espectadores que parecen mover este tipo de cintas. Un ejemplo tomado del mes de noviembre puede ilustrar este caso: mientras Mademoiselle Chambon completaba 6,380 espectadores tras tres semanas en taquilla y Cartagena, con el gancho  de Margarita Rosa de Francisco, conseguía  4, 908 espectadores tras dos  semanas, Harry Potter reunía en  dos semanas  más de 670.000. Dirán qué comparo lo incomparable, que cómo se le va a pedir a una cinta con menos recursos que alcance semejante cifra, pero cuando sabemos que en las mismas dos semanas  El paseo ha reunido 470.000 espectadores la cosa no parece ya tan imposible.

El hombre detrás de este fenómeno y del que se ha hablado mucho en los últimos días es  Diego Armando García, más conocido como Dago García quien lleva más de una década dedicado al mundo audiovisual como  productor, director y  guionista. Es así como a través de su empresa, Dagogarcía producciones, ha logrado otro record difícil de igualar en este país: completar 13 películas. ¿Cómo lo ha logrado?

En efecto, Dago parece haber resuelto el acertijo. Se asoció con Caracol, (donde es Vicepresidente de producción) y con  Cine Colombia (si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma). ¿De qué le sirvió?  No solo aseguró fondos por el lado de Caracol sino, quizás algo más importante, publicidad en televisión en hora prime, entre las telenovelas, gran campaña de expectativa y cortos asegurados en Cine Colombia.  A esto se le suma la letra pequeña  de los informes de taquilla: mientras  Mademoiselle Chambón se presentó en máximo 5 teatros a nivel nacional y Cartagena en 8, El paseo estaba en 115, lo que, sin duda, ayuda (de una u otra forma anticipan y producen el éxito).

A lo anterior toca sumarle usar actores que cuenten ya con reconocimiento dentro del público gracias a sus papeles en televisión, como fue el caso, en otras producciones de Dago García. de Enrique de Carriazo, Robinson Díaz, Miguel Varoni,  por citar solo algunos, y añadirle la presentación de las que podrían ser nuevas figuras, o lograr cosas como que Natalia París sea protagonista. Por otra parte, la constancia ha sido sin duda una gran aliada, 10 años de estrenos continuos el 25 de diciembre han conseguido que junto a ciertas actividades típicas de diciembre muchas familias incluyan ir a cine a ver la última película de Dago García que cuentan, efectivamente, historias aptas para  toda la familia y que tienen como principal fin divertir y entretener.

Hasta aquí todo suena bien y pareciera entonces que solo hay motivos para festejar y alegrarnos de la buena salud del cine colombiano y tomar lo que ocurre con García como un feliz augurio para este 2011 y quizás, ¿por qué no? como un ejemplo a seguir para otros cineastas.  Sin embargo, las cosas dejan de sonar tan bien cuando se habla de la relación de Dago García con la crítica cinematográfica  la cual no suele estar de su lado, al igual que los premios. Baste recordar que a pesar de sus impresionantes cifras  (la película colombiana más vista del año pasado fue In fraganti de García) ni sonó ni  tronó en la entrega de los premios Macondo.

Tiene espectadores, nadie se lo niega, pero muy pocos le reconocen estar haciendo buen cine. García lo sabe y ya en alguna entrevista al referirse a lo críticos señaló que algunos  de ellos “viven aplastados por su erudición, sus complejos y su falta de sensibilidad con lo que los rodea.” Esto  último lo dice porque su afán, según él, es divertir, revelar aspectos de nuestra idiosincrasia y rescatar valores familiares.

Esta última es sin duda la premisa a partir de la cual se realizó El paseo. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme si todo lo anterior justifica, las inmensas carencias y fallas de la película. Y tal vez, no está de más preguntarse sobre el tipo de espectador que García está formando.

A nivel formal no hay mucho que decir porque en las películas de Dago no se corren riesgo a ese nivel. Harold Trompetero, el director, se limita a seguir a los personajes con la cámara. Grandes planos cuando se quiere mostrar a toda la familia;  algún personaje queda al fondo haciendo algún chiste si el primer plano está ocupado por otro. No se busca que las imágenes nos cuenten ninguna historia, que hagan algún guiño o complementen. Están exclusivamente al servicio de los actores y la historia. La música, de la misma manera, está ahí para recordarnos qué debemos sentir,  divertida en los momentos chistosos, con tintes melodramáticos cuando los personajes tienen confesiones o conversaciones, vamos  decirlo, más profundas. No en vano se le critica a Dago García que sus producciones parezcan televisión (de la que se hace si pretensiones formales, no toda es así)  llevada al cine porque, de verdad lo es, cosa que a él, no le preocupa para nada, como lo ha reiterado en varias oportunidades, se siente un hijo orgulloso de la televisión.

Pero bueno, digamos que no importa, lo que realmente me parece perturbador es el guión. La estrategia de Dago, por lo menos en películas como El carro; Mi abuelo, mi papá y yo; entre otras, es buscar estereotipos. El estereotipo del colombiano típico, el cliché que tenemos en la cabeza y, que a muchos aparentemente, les gusta reconocer. En el caso  de El paseo está la adolescente consentida y chillona (muy, muy chillona), el adolescente pacifista entregado a la meditación, la suegra peleona y exagerada, la madre, en este caso además guapísima, aunque se esfuerce por ocultarlo, que es, de lejos la que sostiene moralmente a la familia y el padre clase media, esforzado y recursivo, que quiere darle a su familia y a sí mismo un merecido paseo a la costa en carro. La película es vendida como eso, un road movie en el que se coleccionan todas las peripecias, sinsabores y  ocurrencias que pueden suceder en un viaje de esa naturaleza por Colombia. Rápidamente se identifica el tono a Pelota de letras, cosa que no está mal, y que por el contrario, podría ser muy chistosa. En ese sentido escoger a Antonio Sanint que viene consolidando una carrera en el stand up comedy hace unos años era una buena elección. El problema es precisamente lo que lo hizo  ser escogido para el papel. A fuerza de actuar ser un padre clase media e introducirle gags chistosos al personaje termina convertirse en una mera caricatura, alguien que  juega a fingir ser el estereotipo. Pues bien, la familia Peinado vive todo tipo de peripecias, unas creíbles, otras ya muy forzadas que nos esforzamos por aceptar, por ejemplo,  una familia que tras ser robada duerme en un carro descapotable en un potrero en pleno Tolima o que se queda impávida ante el hecho de que su casa en Bogotá fue robada  por completo y, finalmente, la pérdida y, sobre todo, la posterior aparición del perro de la familia puede pasar a la historia como uno de los momentos más inverosímiles del cine colombiano.

Hasta aquí digamos que todavía se tiene la idea, lo que ocurre es que a Dago le gusta contar más de la cuenta y mezclar, ignoro el porqué, ciertos elementos estrafalarios que están muy lejos de la realidad colombiana que busca retratar. Si la búsqueda es que cualquiera se sienta identificado por qué introducir elementos que parecieran destinados a alejar al público. Lo primero es el carro ¿cuántos volkswagen descapotados amarillos habrá en Bogotá?, no muchos, pero el padre de esta familia tiene uno y, no contento con eso, su otro carro es una camioneta volkswagen descapotable también. Estos carros, de colección, irían de la mano con un dueño de cierta personalidad particular sin embargo, este no es el caso para nada de Alexander Peinado, personaje de la película. Pero quizás de los momentos más estrafalarios, extravagantes y surrealistas de la película es la introducción  de una banda de asaltantes vestidos de kimonos, mezcla de budistas Kung Fu Panda y guerrilla, que roban y secuestran. ¿Cuál era la idea? Quizás era decir que no hay paseo por carretera en Colombia que no incluya el encuentro con algún grupo armado pero, para evitar el reflejo a la realidad se busca, por extraño que suene, parodiar, en este caso a los grupos guerrilleros, con secuestro incluido, mezclándolos con un tufillo de filosofía oriental. Es cierto que de lo ridículo podría ser chistoso pero entonces la película hubiera tenido que ser planteada de otra manera, una que justificara la excentricidad (baste pensar en ejemplos logrados como Leche (1996) en televisión) pero así de la nada no deja de ser un poco extraño.

Por otra parte,  resulta inquietante lo que se transmite como la clásica familia colombiana: la mujer que es la asentada, la cuerda, la madura, es el personaje más respetable y centrado que sin embargo sabe que para mantener el equilibrio debe mantenerse en la sombra, justificar las actitudes de su marido y apoyarlo. La quinceañera, inaguantable, espejo supongo de muchas adolescentes del país parece más preocupada por mostrarse, agradar, y se convierte en la bobita fácil que terminará utilizando su cuerpo para salvar a su familia ¿qué más podía hacer?  Al fin de cuentas estamos en la tierra de “Sin tetas no hay paraíso”. El adolescente termina por ser un remedo de algún seguidor de supuestas filosofías orientales ¿budista? ¿yogui?  ¿Seguidor de Bob Marley? Todas las anteriores y ninguna es el cliché barato de aquel que supuestamente busca la espiritualidad, sin discurso, exagerado. No me meto con el jefe de Alexander Peinado pero baste decir que, aunque no parece, es rico, y claro, como todo rico es malo, corrompido, tramposo y además se topa con ellos en todas partes, aún en los sitios más desolados.

A todo esto toca sumarle que la historia pretende ser edificante y moralizadora y que el viaje por carretera solo tiene como función acercarlos como familia. Para lograr este objetivo en medio de las situaciones absurdas, García introduce discusiones más “serias” diálogos moralizantes que aparecen de repente, y que francamente  aparecen de la nada y son disonantes entre estos personajes que carecen de una verdadera psicología y que son, en esencia caricaturas que abogan por una patria en paz, unida y feliz, unión que solo podrá ser posible desde la familia, mensaje que es trasmitido gracias a la conjunción de todos los lugares comunes posibles: ropa blanca, velero transitando libre por aguas cartageneras, canción de Juanes… en fin.

Tampoco sirve la película para conocer las bellezas naturales del país, como podría suponerse de un road movie, por más que el personaje de Sanint grite que Colombia es una berraquera en pleno cañón del Chicamocha único paisaje natural incluido en la película. Poco o nada se siente el paso de clima frío a caliente a no ser por la empelotada paulatina de la adolescente que usará bikini en el la calle, en el bus, en la plaza del pueblo, indiscriminadamente.

Al inicio de El paseo se hace una corta reflexión sobre el hecho de tomar fotos y cómo, las fotografías suelen mostrar personas sonriendo, no llorando, porque buscamos capturar momentos de felicidad no de tristeza como si los dos no hicieran parte de la vida (no pude evitar pensar en La aventura de un fotógrafo de Calvino que lleva esos cuestionamientos a una reflexión muy interesante). No es difícil suponer que ahí se esconde una clave de lectura de la película, si se espera encontrar alguna, que podría ser la explicación a la mezcla de melodrama y comedia que aunque suena bien, se desdibuja por el afán de meter a la fuerza estos dos elementos.

Uno de los comentarios positivos que he leído y oído de esta película resalta el hecho de que se trate de una película colombiana que no habla de narcotráfico. Me temo que muchas de las discusiones que se tienen sobre cine colombiano caen en este tipo de frases reiterativas.  Me parece que el espectador suele confundir televisión y cine y que lo cierto, me temo, es que las películas colombianas se siguen viendo muy poco y se le aplican criterios errados. No sé cuánto se ha visto afectada la imagen de los Estados Unidos por las películas que realiza, ni he leído largos artículos dedicados a cómo se ve afectada su imagen por realizar, que sé yo, películas sobre guerra, drogas o, por qué no, acción. No he escuchado a nadie decir que no va a Estados Unidos porque va y lo agarre un asesino en serie, un policía loco, o un detonador de bombas maniático. Quizás porque producen tantas y tan variadas películas que comprenderíamos  rápidamente que la discusión no tiene mucho sentido y que a los realizadores estadounidenses no se les pide que interpreten a su pueblo resaltando sus valores. Sin embargo, al cine colombiano pareciera pedírsele que nos muestre, que cuente nuestras historias pero sin untarse demasiado. Y, lo más grave, poco se va a cine a formarse un criterio real sobre lo que se está produciendo que está lejos de ser monotemático como puede comprobarse al revisar algunos de los títulos que fueron reconocidos en la entrega de premios Macondo y que abordan diferentes y variadas temáticas, me refiero, por ejemplo, a El vuelco del cangrejo, Los viajes del viento, La sangre y la lluvia o Retratos en un mar de mentiras.

Que dentro de ese espectro son bienvenidas las comedias ligeras, familiares que nos hagan pasar un buen rato, por supuesto,  pero ¿no valdría la pena ser más ambicioso?  quizás hacer cine no es como hacer empanadas y esa formula mágica que parece haber encontrado Dago, esa conjunción de poderes, financiación,  dinero y distribución pueden seguir estando al servicio del entretenimiento  pero de una manera más constructiva e inteligente. ¿no sería un buen reto llevar 1.000.000 de espectadores y mostrarles algo diferente?  ¿No valdría la pena formar público de esa manera para ir así construyendo espectadores más interesantes? La pregunta queda abierta.

Cuando los guiones sirven para sostener puertas

Saturday, November 27, 2010 por Samuel Castro

Fui el sábado pasado, en representación de Kinetoscopio, la revista donde escribo, al Festival de Cine de Oriente, en Rionegro, Antioquia. Por lo que nos contaron las personas a cargo, hasta ése día el evento cinematográfico había sido exitoso, con asistencia de bastante público a las proyecciones que se hicieron.

En la mesa del foro, que supuestamente debía hablar del guión (y algo se habló de eso, pero no mucho) estaban también los directores colombianos Harold Trompetero y Ciro Guerra, la directora mexicana Natalia Armienta y el productor Juan Pablo Tamayo (contentísimo por los éxitos internacionales de su película Los colores de la montaña), entre otros invitados. Se habló de todo: de la adolescencia del cine colombiano, de cómo en México también se cuecen habas en cuanto a pérdida de joyas del antiguo cine por desidia gubernamental, de la admiración/antipatía que despierta la máquina de hacer cine que es Dago García (que como siempre estrenará su próxima película el 25 de diciembre).

Pero de todos los temas, el que me parece más importante es el diagnóstico preocupante que se puede hacer del futuro de la ley de cine colombiana si hacemos caso a los comentarios informales de los invitados al Festival. Que cada año estamos comenzando de cero pues no se tiene en cuenta la trayectoria de los realizadores para asignarles puntos adicionales a sus propuestas (algún mérito debe tener haber hecho ya una película, con todo lo que eso implica) en los concursos para asignar recursos; que en las convocatorias de “investigación para documental” hay personas que ganan con documentales ya hechos; que el Fondo de Cinematografía saca pecho por películas que en realidad nunca apoyaron; que es imposible hacer una película (o al menos distribuirla y promocionarla como se debe) sin el apoyo de los canales de televisión; que están premiando guiones irrealizables porque a alguien se le ocurrió que puede ser muy buena la historia de un naufragio, sin pensar en lo que eso implica en costos de producción, en efectos especiales, en recursos.

Es decir, que los guionistas y los jurados están enfocando sus energías a historias que se ven muy lindas en el papel, pero que nadie está produciendo porque aquí, en Colombia, no hay con qué hacerlas. Por lo tanto, que hay pilas y pilas de guiones premiados, arrumadas en alguna oficina del Estado, con las que no se hace nada además de alimentar a las polillas. La gravísima conclusión que se saca de todo es que en tres años el supuesto “boom” del cine colombiano se va a terminar porque no habrá nada que mostrarle al público. O bueno, tal vez sí: un montón de papeles que se llaman a sí mismos guiones de cine que no son combustible para películas; si acaso, para una buena fogata.

En busca del remake colombiano

Thursday, July 30, 2009 por Samuel Castro

Parece que la imaginación se acabó en los grandes estudios de Hollywood. No contentos con hacer remakes de películas de sus años dorados o de grandes éxitos más o menos recientes (se me ocurre mencionar Fama, 3:10 to Yuma, The taking of Pelham) o de asaltar las convenciones de aficionados al cómic en búsqueda de superhéroes de novela gráfica, se sigue explotando el filón de las series de televisión clásicas. Incluso hay dos tendencias: hacer la cosa en serio, para darle “respetabilidad” al título y crear una franquicia (no creo que Liam Neeson se preste para ser el coronel Anibal Smith en una versión comedia de Los magníficos) o convertir en gracioso lo que tenía una gracia especial (como esa cosa terrible que hicieron con Starsky & Hutch). Ya están en producción los remakes cinematográficos de Dallas, Jonny Quest (que podría ser protagonizado por Zac Efron), Chips y T.J. Hooker. Por eso propongo que CMO Producciones, que ha demostrado tener buen olfato para las películas que son negocio, se avive y nos brinde rápidamente las versiones en cine de algunas de nuestras series y dramatizados representativos. ¿No sería Sebastián Martínez un buen Ramoncito siglo XXI? ¿Miguel Varoni no podría ser un nuevo Epifanio del Cristo en él remake de Caballo viejo? Hagan sus propias propuestas de títulos y de reparto y mándenlas a nuestras productoras locales (¿o el negocio es tan precario que debería decir rurales?) para que por fin nos pongamos, como en todo, a tono con Estados Unidos.

Crisis en Kinetoscopio

Saturday, May 24, 2008 por Alejandro Martín

Kinetoscopio es la revista de cine más importante de Colombia desde hace varios años. Y una de las más importantes de América Latina en los últimos tiempos. La publicación, realizada por el Centro Colombo Americano de Medellín, fue creada por el director de la institución, Paul Bardwell, en 1990. Bardwell la mantuvo contra viento y marea durante toda su vida. Desde su muerte, en 2004, las relaciones entre los cinéfilos que quedaron a cargo de Kinetoscopio (todos protegidos de Bardwell) y las nuevas directivas del Centro no han sido las mejores. Esas tensiones llevaron, hace apenas unas semanas, a la renuncia del editor de la última etapa de la revista: Pedro Adríán Zuluaga. Zuluaga cuenta, en la entrevista que sigue, la historia de la situación actual del proyecto.

¿Qué está pasando ahora con Kinetoscopio? ¿Qué determinó el cambio? ¿Qué va a pasar?

Tras la muerte en 2004 del director y fundador de la revista, Paul Bardwell, ingresó al Centro Colombo Americano de Medellín un grupo directivo con ambiciones culturales mucho menores, carentes del componente de riesgo e innovación que fue una marca de la institución. Evidentemente, la revista siempre se ha hecho a pérdida (o a fondo perdido para decirlo en palabras de Pierre Bourdieu), pero con Paul a la cabeza se sabían entender las ganancias simbólicas y de largo plazo que Kinetoscopio reportaba. Los nuevos directivos desconocen esa trayectoria y han motivado un diagnóstico cuyo propósito es encontrar razones para cambiar el sentido editorial de la revista, buscando según ellos una mirada más cercana a la comunidad. Todo esto se ha hecho de espaldas a los lectores y colaboradores. Cuando el Colombo habla de comunidad presume una entidad abstracta e inabarcable, pero la comunidad inmediata y reconocible (lectores y colaboradores) no le ha interesado. Ante la inminencia de los cambios y el sentido de los mismos un grupo de personas decidimos alertar a la opinión pública, básicamente con la intención de dejar una constancia moral sobre nuestro desacuerdo con la forma de proceder de la institución y reafirmando que Kinetoscopio no es el fracaso editorial que el Colombo está pregonando, que la revista es un referente para los investigadores y los cinéfilos del país, que es un medio con un nicho muy específico pero no despreciable, que hablarle a las mayorías puede significar realmente no hablarle a nadie.

¿Cuál era el papel del Colombo para el cine en Medellín? ¿Cómo cambiaron las cosas? ¿Se creó un grupo fuerte que mantenga una actividad independientemente del Colombo?

El volumen 2 de Páginas de cine, de Luis Alberto Álvarez, estaba dedicado a Paul Bardwell, “Restaurador del amor al cine en Medellín”. Eso da una idea de la importancia que el Colombo Americano tuvo para toda una generación de cinéfilos y cineastas. Era un proyecto pensado en forma integral y que incluía las salas de cine, la revista, una extraordinaria videoteca y un centro de documentación con material bibliográfico y hemerográfico sobre cine. Hoy el Colombo ha dejado de ser un referente para la ciudad y el país sobretodo por no haber sabido reaccionar a los cambios tecnológicos y a las nuevas expectativas del público frente al consumo de cine. Esto puede parecer contradictorio con respecto a la primera respuesta pero en realidad no lo es. La fortaleza del Colombo no fue ofrecer lo mismo que todos los demás pensando en un público másivo, sino suponer un público inteligente y exigente, en una ciudad aparentemente monolítica y conservadora. Y ese respeto por el público, en muchos casos, tuvo una respuesta que se puede llamar masiva, donde la cantidad se unía a la calidad de la experiencia.

Hoy hay grupos como el que se reúne alrededor del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia que hacen un trabajo mucho más consistente; incluso se abre paso un festival como el de Medellín sin Fronteras, liderado por el Museo de Antioquia. Pero no se trata de reemplazar un espacio por otro sino de sumar espacios, cada uno con sus prioridades. El Colombo actual está saliendo de ese juego de posibilidades por una política muy conservadora y orientada desde la frialdad de las cifras.

¿Se puede ver en otras esferas (universidades, producción de cine o tv, centros culturales, políticas distritales o nacionales…) el efecto del Colombo y de Kinetoscopio?

Se puede presumir, aunque no es cuantificable. En todo este movimiento de opinión pública que se ha generado hemos recibido la solidaridad de infinidad de personas que manifiestan su aprecio por la revista. Entre ellas están los grandes directores de cine del país. Gente como Luis Ospina, Víctor Gaviria, Lisandro Duque, Andi Baiz, Ciro Guerra, Jorge Echeverri, Pacho Bottía, Oscar Campo, entre otros, han declarado su respeto por Kinetoscopio. Pueden apreciar más o menos su contenido, pero reconocen una trayectoria de independencia crítica. A partir de la aprobación de la Ley de cine y el aumento en la producción de películas nacionales, Kinetoscopio decide mirar el fenómeno atentamente sin lanzar las campanas al aire como lo han hecho los demás medios. Al contrario, intentamos producir materiales que fueran de utilidad para la reflexión de la política pública como los tres dossiers sobre oficios que se hicieron durante 2007 y donde se consultó respectivamente al sector de los guionistas, los productores y los actores y directores de actores. Ha quedado claro que las autoridades cinematográficas nos miran con interés y están abiertas a nuestras críticas y cuestionamientos, sobretodo porque ha sido un espacio para discutir ideas, no para publicar versiones oficiales o estadísticas de origen institucional.
Muchas voces clamaban por una revista que fuera más útil para la industria y nosotros respondíamos en nuestros propios términos, ejerciendo una crítica serena, pero comprometida en sus posiciones.

Cuéntanos algo de la historia de la revista. ¿Cómo comenzó? ¿Qué momentos significativos marcan su historia? ¿Qué numeros son cruciales? ¿Qué personas pasaron por la revista y la marcaron? ¿Qué otras revistas latinoamericanas comparten historia con Kinetoscopio?

En 1988 una bomba del narcoterrorismo destruye parcialmente las instalaciones del Colombo. La reacción de Paul Bardwell es abrir una sala de cine al año siguiente y en 1990 fundar, al lado de personas como César Montoya, Luis Alberto Álvarez y Juan José Hoyos, la revista Kinetoscopio, inicialmente como un boletín con información de la sala.

Pero la revista crece, un grupo muy vital de personas se comprome con ella, se convierte en una ventana al mundo de los festivales de cine y de las películas de mayor riesgo artístico y en un escenario donde conviven la memoria y el presente. En 1995 gana una Beca a la excelencia en publicaciones culturales otorgada por Colcultura. Series como las de Luis Alberto Álvarez (“La historia del cine en cien películas”) o los dossiers sobre cine colombiano liderados por Santiago Andrés Gómez (y dedicados al cine de Oscar Campo, Luis Ospina, Víctor Gaviria, Jorge Rodríguez y Marta Silva, Mady y Gabriela Samper) marcan puntos muy altos de su contenido.

En los últimos años se han publicado especiales sobre cine político, “el cine del mal gusto”, cine español, documental, “el cine actual en 12 directores”, la edición conmemorativa de los 15 años y los dossiers sobre oficios en el cine colombiano.

Por la revista ha pasado, en uno u otro momento, toda la crítica de cine del país, desde los nombres tradicionales de este oficio como Orlando Mora, Alberto Aguirre, Hernando Martínez Pardo, Juan Diego Caicedo, Hugo Chaparro Valderrama, personas que ahora tienen mucho reconocimiento en los medios como Gustavo Gómez Córdoba o Juan Carlos Garay hasta cinéfilos e investigadores colombianos que se fueron del país y que mantienen un vínculo con Colombia a través de Kinetoscopio como Amanda Rueda o Isleni Cruz.

Por otra parte, también han escrito para la revista los grandes nombres de la crítica y la investigación sobre cine en Latinoamérica como el peruano Isaac león Frías, los uruguayos Manuel Martínez Carril y Jorge Ruffinelli, los argentinos Eduardo Russo y Quintín, los cubanos Luciano Castillo y Jorge Yglesias. Desciende de una tradición que es la misma que la de Dicine en México, Hablemos de cine y La gran ilusión en Perú, Ojo al cine, Cuadro, Arcadia y Cine en Colombia, Encuadre en Venezuela. Todas las anteriores revistas han desaparecido por las razones de siempre: dificultades económicas y reestructuraciones institucionales.Y la mayoría de ellas se hubieran salvado con una mayor voluntad y generosidad. Es eso lo que reclamamos del Centro Colombo Americano, una institución muy sólida económicamente y que se beneficia tributariamente de manera muy ingente gracias a su trabajo cultural, incluido Kinetoscopio.

¿Qué tipo de financiación ha recibido la revista? ¿Qué apoyo hay para las revistas culturales en colombia? ¿Cómo crees que deben desarrollarse este tipo de proyectos? ¿Qué cuestiones hay que plantearle al estado?

El grueso de los costos de financiación de Kinetoscopio los ha asumido siempre el Colombo Americano. Sin embargo, en los últimos años y gracias a la mayor institucionalidad del cine y la cultura en general -la Ley de cine, las secretarías de cultura municipales y distritales- se abren mayores posibilidades de financiación pública. El año pasado, el Colombo se benefició de estos recursos en una cifra cercana a los 40 millones de pesos, lo que significó un respiro económico y la posibilidad de hacer los dossiers sobre oficios mencionados antes. Por otra parte, el sector audiovisual está generando una infraestructura industrial con la creación de empresas que son potenciales anunciantes, pues estarían interesados en un producto de nicho, aunque faltan por evaluar los intereses y exigencias de ambas partes y si los nichos de verdad coinciden.

Las revistas culturales están asociadas en ARCA pero no veo una política agresiva en esta agremiación. La entrada en juego de grandes plataformas de medios de comunicación como Planeta y Prisa, con sus respectivos intereses editoriales, plantea muchos interrogantes para la viabilidad de los proyectos editoriales independientes. Considero que necesariamente tendrán que migrar a Internet y competir desde allí en una red mucho más tupida aun.

¿Existirán proyectos editoriales por fuera de Publicaciones Semana y Casa Editorial El Tiempo? Soy escéptico. Las entidades públicas y las universidades son las únicas posibilidades que yo veo claras a la hora de asumir una edición no comercial. Pero descartemos al Estado, cada vez más reacio a producir contenidos y orientando sus apoyos por convocatorias públicas, con su componente de capricho y su imposibilidad de garantizar continuidad. Nos quedan las universidades, y el coraje de unos cuantos editores independientes dispuestos a jugarse el pellejo para sobrevivir como los casos de El Malpensante y Número. ¿Pero son estos dos casos un modelo? No necesariamente si se piensa en las probabilidades mínimas de repetir esa experiencia por fuera de Bogotá y de una visión centralista de la cultura.

¿Cómo ves la relación entre la financiación de películas y la falta de financiación a proyectos editoriales sobre cine?

El Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que administra los recursos de la Ley de cine y que es orientado por el Consejo Nacional para las Artes y la Cultura en Cinematografía que preside el Ministerio de Cultura, ha enviado mensajes muy equívocos al sector audiovisual. Por una parte, ha tolerado la mediocridad de la mayoría de las películas colombianas de largometraje que se hacen en buena parte a expensas de sus recursos, y en cambio se ha demostrado impaciente con la dinamica de otros frentes como los documentales, los cortos y los proyectos de formación de públicos (incluidas las publicaciones). En el primer caso se defiende con cifras: el público va a ver cine colombiano. Pero en el segundo caso se necesitan argumentos más sutiles. Y no los han encontrado o no los han buscado. La solución ha sido recortar, recortar, recortar. Menos plata para cortos y documentales. Cerrada la convocatoria de formación de públicos. Curiosamente estas decisiones se toman en un consejo que por lo menos en el papel tiene representación de cada uno de los actores del sector, pero las decisiones no parecen ser muy democráticas, a juzgar por lo que se ve. La política publica necesita ser más transparente y deliberativa, pero en mi opinión, esta política se está haciendo en los medios, es decir: una gran inversión en prensa para crear la sensación de que toda va bien y para que los medios amplifiquen un romance del público con su cine nacional. Es, de nuevo, la ficción de las mayorías, como lo expresaba hace poco Lisandro Duque en su columna de El Espectador. Pero la realidad tiene más matices que los que una cifra revela.

La diáspora: 2ª muestra de cine colombiano en Barcelona

Saturday, October 20, 2007 por Javier Moreno

La Fundación Imago realiza en Barcelona, desde el 12 hasta el 26 de Octubre, una muestra de cine colombiano reciente. Aquí está la programación. Ayer vi la gran película de Luis Ospina Un tigre de papel, que pronto se estrenará en Colombia. Tal vez mañana vaya a ver el tan controversial Colombian Dream. Ya veremos si me animo.