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Archivo para la categoría 'Cine colombiano'

En busca del remake colombiano

Thursday, July 30, 2009 por Samuel Castro

Parece que la imaginación se acabó en los grandes estudios de Hollywood. No contentos con hacer remakes de películas de sus años dorados o de grandes éxitos más o menos recientes (se me ocurre mencionar Fama, 3:10 to Yuma, The taking of Pelham) o de asaltar las convenciones de aficionados al cómic en búsqueda de superhéroes de novela gráfica, se sigue explotando el filón de las series de televisión clásicas. Incluso hay dos tendencias: hacer la cosa en serio, para darle “respetabilidad” al título y crear una franquicia (no creo que Liam Neeson se preste para ser el coronel Anibal Smith en una versión comedia de Los magníficos) o convertir en gracioso lo que tenía una gracia especial (como esa cosa terrible que hicieron con Starsky & Hutch). Ya están en producción los remakes cinematográficos de Dallas, Jonny Quest (que podría ser protagonizado por Zac Efron), Chips y T.J. Hooker. Por eso propongo que CMO Producciones, que ha demostrado tener buen olfato para las películas que son negocio, se avive y nos brinde rápidamente las versiones en cine de algunas de nuestras series y dramatizados representativos. ¿No sería Sebastián Martínez un buen Ramoncito siglo XXI? ¿Miguel Varoni no podría ser un nuevo Epifanio del Cristo en él remake de Caballo viejo? Hagan sus propias propuestas de títulos y de reparto y mándenlas a nuestras productoras locales (¿o el negocio es tan precario que debería decir rurales?) para que por fin nos pongamos, como en todo, a tono con Estados Unidos.

Crisis en Kinetoscopio

Saturday, May 24, 2008 por Alejandro Martín

Kinetoscopio es la revista de cine más importante de Colombia desde hace varios años. Y una de las más importantes de América Latina en los últimos tiempos. La publicación, realizada por el Centro Colombo Americano de Medellín, fue creada por el director de la institución, Paul Bardwell, en 1990. Bardwell la mantuvo contra viento y marea durante toda su vida. Desde su muerte, en 2004, las relaciones entre los cinéfilos que quedaron a cargo de Kinetoscopio (todos protegidos de Bardwell) y las nuevas directivas del Centro no han sido las mejores. Esas tensiones llevaron, hace apenas unas semanas, a la renuncia del editor de la última etapa de la revista: Pedro Adríán Zuluaga. Zuluaga cuenta, en la entrevista que sigue, la historia de la situación actual del proyecto.

¿Qué está pasando ahora con Kinetoscopio? ¿Qué determinó el cambio? ¿Qué va a pasar?

Tras la muerte en 2004 del director y fundador de la revista, Paul Bardwell, ingresó al Centro Colombo Americano de Medellín un grupo directivo con ambiciones culturales mucho menores, carentes del componente de riesgo e innovación que fue una marca de la institución. Evidentemente, la revista siempre se ha hecho a pérdida (o a fondo perdido para decirlo en palabras de Pierre Bourdieu), pero con Paul a la cabeza se sabían entender las ganancias simbólicas y de largo plazo que Kinetoscopio reportaba. Los nuevos directivos desconocen esa trayectoria y han motivado un diagnóstico cuyo propósito es encontrar razones para cambiar el sentido editorial de la revista, buscando según ellos una mirada más cercana a la comunidad. Todo esto se ha hecho de espaldas a los lectores y colaboradores. Cuando el Colombo habla de comunidad presume una entidad abstracta e inabarcable, pero la comunidad inmediata y reconocible (lectores y colaboradores) no le ha interesado. Ante la inminencia de los cambios y el sentido de los mismos un grupo de personas decidimos alertar a la opinión pública, básicamente con la intención de dejar una constancia moral sobre nuestro desacuerdo con la forma de proceder de la institución y reafirmando que Kinetoscopio no es el fracaso editorial que el Colombo está pregonando, que la revista es un referente para los investigadores y los cinéfilos del país, que es un medio con un nicho muy específico pero no despreciable, que hablarle a las mayorías puede significar realmente no hablarle a nadie.

¿Cuál era el papel del Colombo para el cine en Medellín? ¿Cómo cambiaron las cosas? ¿Se creó un grupo fuerte que mantenga una actividad independientemente del Colombo?

El volumen 2 de Páginas de cine, de Luis Alberto Álvarez, estaba dedicado a Paul Bardwell, “Restaurador del amor al cine en Medellín”. Eso da una idea de la importancia que el Colombo Americano tuvo para toda una generación de cinéfilos y cineastas. Era un proyecto pensado en forma integral y que incluía las salas de cine, la revista, una extraordinaria videoteca y un centro de documentación con material bibliográfico y hemerográfico sobre cine. Hoy el Colombo ha dejado de ser un referente para la ciudad y el país sobretodo por no haber sabido reaccionar a los cambios tecnológicos y a las nuevas expectativas del público frente al consumo de cine. Esto puede parecer contradictorio con respecto a la primera respuesta pero en realidad no lo es. La fortaleza del Colombo no fue ofrecer lo mismo que todos los demás pensando en un público másivo, sino suponer un público inteligente y exigente, en una ciudad aparentemente monolítica y conservadora. Y ese respeto por el público, en muchos casos, tuvo una respuesta que se puede llamar masiva, donde la cantidad se unía a la calidad de la experiencia.

Hoy hay grupos como el que se reúne alrededor del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia que hacen un trabajo mucho más consistente; incluso se abre paso un festival como el de Medellín sin Fronteras, liderado por el Museo de Antioquia. Pero no se trata de reemplazar un espacio por otro sino de sumar espacios, cada uno con sus prioridades. El Colombo actual está saliendo de ese juego de posibilidades por una política muy conservadora y orientada desde la frialdad de las cifras.

¿Se puede ver en otras esferas (universidades, producción de cine o tv, centros culturales, políticas distritales o nacionales…) el efecto del Colombo y de Kinetoscopio?

Se puede presumir, aunque no es cuantificable. En todo este movimiento de opinión pública que se ha generado hemos recibido la solidaridad de infinidad de personas que manifiestan su aprecio por la revista. Entre ellas están los grandes directores de cine del país. Gente como Luis Ospina, Víctor Gaviria, Lisandro Duque, Andi Baiz, Ciro Guerra, Jorge Echeverri, Pacho Bottía, Oscar Campo, entre otros, han declarado su respeto por Kinetoscopio. Pueden apreciar más o menos su contenido, pero reconocen una trayectoria de independencia crítica. A partir de la aprobación de la Ley de cine y el aumento en la producción de películas nacionales, Kinetoscopio decide mirar el fenómeno atentamente sin lanzar las campanas al aire como lo han hecho los demás medios. Al contrario, intentamos producir materiales que fueran de utilidad para la reflexión de la política pública como los tres dossiers sobre oficios que se hicieron durante 2007 y donde se consultó respectivamente al sector de los guionistas, los productores y los actores y directores de actores. Ha quedado claro que las autoridades cinematográficas nos miran con interés y están abiertas a nuestras críticas y cuestionamientos, sobretodo porque ha sido un espacio para discutir ideas, no para publicar versiones oficiales o estadísticas de origen institucional.
Muchas voces clamaban por una revista que fuera más útil para la industria y nosotros respondíamos en nuestros propios términos, ejerciendo una crítica serena, pero comprometida en sus posiciones.

Cuéntanos algo de la historia de la revista. ¿Cómo comenzó? ¿Qué momentos significativos marcan su historia? ¿Qué numeros son cruciales? ¿Qué personas pasaron por la revista y la marcaron? ¿Qué otras revistas latinoamericanas comparten historia con Kinetoscopio?

En 1988 una bomba del narcoterrorismo destruye parcialmente las instalaciones del Colombo. La reacción de Paul Bardwell es abrir una sala de cine al año siguiente y en 1990 fundar, al lado de personas como César Montoya, Luis Alberto Álvarez y Juan José Hoyos, la revista Kinetoscopio, inicialmente como un boletín con información de la sala.

Pero la revista crece, un grupo muy vital de personas se comprome con ella, se convierte en una ventana al mundo de los festivales de cine y de las películas de mayor riesgo artístico y en un escenario donde conviven la memoria y el presente. En 1995 gana una Beca a la excelencia en publicaciones culturales otorgada por Colcultura. Series como las de Luis Alberto Álvarez (”La historia del cine en cien películas”) o los dossiers sobre cine colombiano liderados por Santiago Andrés Gómez (y dedicados al cine de Oscar Campo, Luis Ospina, Víctor Gaviria, Jorge Rodríguez y Marta Silva, Mady y Gabriela Samper) marcan puntos muy altos de su contenido.

En los últimos años se han publicado especiales sobre cine político, “el cine del mal gusto”, cine español, documental, “el cine actual en 12 directores”, la edición conmemorativa de los 15 años y los dossiers sobre oficios en el cine colombiano.

Por la revista ha pasado, en uno u otro momento, toda la crítica de cine del país, desde los nombres tradicionales de este oficio como Orlando Mora, Alberto Aguirre, Hernando Martínez Pardo, Juan Diego Caicedo, Hugo Chaparro Valderrama, personas que ahora tienen mucho reconocimiento en los medios como Gustavo Gómez Córdoba o Juan Carlos Garay hasta cinéfilos e investigadores colombianos que se fueron del país y que mantienen un vínculo con Colombia a través de Kinetoscopio como Amanda Rueda o Isleni Cruz.

Por otra parte, también han escrito para la revista los grandes nombres de la crítica y la investigación sobre cine en Latinoamérica como el peruano Isaac león Frías, los uruguayos Manuel Martínez Carril y Jorge Ruffinelli, los argentinos Eduardo Russo y Quintín, los cubanos Luciano Castillo y Jorge Yglesias. Desciende de una tradición que es la misma que la de Dicine en México, Hablemos de cine y La gran ilusión en Perú, Ojo al cine, Cuadro, Arcadia y Cine en Colombia, Encuadre en Venezuela. Todas las anteriores revistas han desaparecido por las razones de siempre: dificultades económicas y reestructuraciones institucionales.Y la mayoría de ellas se hubieran salvado con una mayor voluntad y generosidad. Es eso lo que reclamamos del Centro Colombo Americano, una institución muy sólida económicamente y que se beneficia tributariamente de manera muy ingente gracias a su trabajo cultural, incluido Kinetoscopio.

¿Qué tipo de financiación ha recibido la revista? ¿Qué apoyo hay para las revistas culturales en colombia? ¿Cómo crees que deben desarrollarse este tipo de proyectos? ¿Qué cuestiones hay que plantearle al estado?

El grueso de los costos de financiación de Kinetoscopio los ha asumido siempre el Colombo Americano. Sin embargo, en los últimos años y gracias a la mayor institucionalidad del cine y la cultura en general -la Ley de cine, las secretarías de cultura municipales y distritales- se abren mayores posibilidades de financiación pública. El año pasado, el Colombo se benefició de estos recursos en una cifra cercana a los 40 millones de pesos, lo que significó un respiro económico y la posibilidad de hacer los dossiers sobre oficios mencionados antes. Por otra parte, el sector audiovisual está generando una infraestructura industrial con la creación de empresas que son potenciales anunciantes, pues estarían interesados en un producto de nicho, aunque faltan por evaluar los intereses y exigencias de ambas partes y si los nichos de verdad coinciden.

Las revistas culturales están asociadas en ARCA pero no veo una política agresiva en esta agremiación. La entrada en juego de grandes plataformas de medios de comunicación como Planeta y Prisa, con sus respectivos intereses editoriales, plantea muchos interrogantes para la viabilidad de los proyectos editoriales independientes. Considero que necesariamente tendrán que migrar a Internet y competir desde allí en una red mucho más tupida aun.

¿Existirán proyectos editoriales por fuera de Publicaciones Semana y Casa Editorial El Tiempo? Soy escéptico. Las entidades públicas y las universidades son las únicas posibilidades que yo veo claras a la hora de asumir una edición no comercial. Pero descartemos al Estado, cada vez más reacio a producir contenidos y orientando sus apoyos por convocatorias públicas, con su componente de capricho y su imposibilidad de garantizar continuidad. Nos quedan las universidades, y el coraje de unos cuantos editores independientes dispuestos a jugarse el pellejo para sobrevivir como los casos de El Malpensante y Número. ¿Pero son estos dos casos un modelo? No necesariamente si se piensa en las probabilidades mínimas de repetir esa experiencia por fuera de Bogotá y de una visión centralista de la cultura.

¿Cómo ves la relación entre la financiación de películas y la falta de financiación a proyectos editoriales sobre cine?

El Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que administra los recursos de la Ley de cine y que es orientado por el Consejo Nacional para las Artes y la Cultura en Cinematografía que preside el Ministerio de Cultura, ha enviado mensajes muy equívocos al sector audiovisual. Por una parte, ha tolerado la mediocridad de la mayoría de las películas colombianas de largometraje que se hacen en buena parte a expensas de sus recursos, y en cambio se ha demostrado impaciente con la dinamica de otros frentes como los documentales, los cortos y los proyectos de formación de públicos (incluidas las publicaciones). En el primer caso se defiende con cifras: el público va a ver cine colombiano. Pero en el segundo caso se necesitan argumentos más sutiles. Y no los han encontrado o no los han buscado. La solución ha sido recortar, recortar, recortar. Menos plata para cortos y documentales. Cerrada la convocatoria de formación de públicos. Curiosamente estas decisiones se toman en un consejo que por lo menos en el papel tiene representación de cada uno de los actores del sector, pero las decisiones no parecen ser muy democráticas, a juzgar por lo que se ve. La política publica necesita ser más transparente y deliberativa, pero en mi opinión, esta política se está haciendo en los medios, es decir: una gran inversión en prensa para crear la sensación de que toda va bien y para que los medios amplifiquen un romance del público con su cine nacional. Es, de nuevo, la ficción de las mayorías, como lo expresaba hace poco Lisandro Duque en su columna de El Espectador. Pero la realidad tiene más matices que los que una cifra revela.

La diáspora: 2ª muestra de cine colombiano en Barcelona

Saturday, October 20, 2007 por Javier Moreno

La Fundación Imago realiza en Barcelona, desde el 12 hasta el 26 de Octubre, una muestra de cine colombiano reciente. Aquí está la programación. Ayer vi la gran película de Luis Ospina Un tigre de papel, que pronto se estrenará en Colombia. Tal vez mañana vaya a ver el tan controversial Colombian Dream. Ya veremos si me animo.

Mis diez películas colombianas

Sunday, October 14, 2007 por Gregorio Sánchez

Acá Gregorio Sánchez. Que está cansado, visiblemente cansado, de tantas tonterías que se dicen en Internet. Y tanta falta que hace que el caos de la información sea puesto en cintura. Quiero hacer listas. Vuelvo a ochoymedio.info a nada más ni nada menos que eso: decir mis diez mejores películas (llenar el espacio en blanco) de la historia. Acepto el reto que me propone el jefe de esta página: Alejandro Martín. Lo hago como homenaje a nuestro fundador, Germán, que fue el que siempre me empujó a trabajar acá. Y para que no se nos pase ni un día más sin decir las cosas como son. Empecemos con mis diez películas colombianas.

1. La trilogía de Medellín de Victor Gaviria: Rodrigo D, La vendedora de rosas y Sumas y restas: la verdad es que Gaviria descubrió la belleza que está en el lenguaje de los marginados, entró en las ficciones como si estuviera en el lugar de los hechos, logró, a punta de encontrárselos en la calle, elencos de buenos actores. Sumas y restas es su primera trama contundente.


Sinopsis y créditos: Rodrigo D, La vendedora de rosas, Sumas y restas

2. Cóndores no entierran todos los días de Francisco Norden: es una gran adaptación de la novela de Álvarez Gardeazábal. Y una de las mejores actuaciones de sus protagonistas. Y un buen resumen de los días de la violencia esa por la que nadie se responsabiliza.


Sinopsis y créditos.

3. Confesión a Laura de Jaime Osorio: la gente pide, de vez en cuando, que se hagan en Colombia pequeñas historias de amor como las que se hacen en otras cinematografías, pero lo hacen, creo, porque no saben nada de cine colombiano. Porque no han visto, por ejemplo, este pequeño triángulo sentimental que sucede en un par de apartamentos durante el 9 de abril.


Sinopsis y créditos.

4. Agarrando pueblo de Carlos Mayolo y Luis Ospina: esta es la gran parodia del cine colombiano, un falso documental, que prefigura la obra de cada uno de sus brillantes directores, en la que no se deje impune los miserabilismos que tan bien venden en Europa.

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Sinopsis y créditos.

5. Milagro en Roma de Lisandro Duque: Duque no ha hecho, nunca, una mala película: Visa USA, El escarabajo y Los niños invisibles tienen su encanto, cómo no, pero es esta, basada en un argumento de García Márquez, la más conmovedora, más redonda, de sus obras. Lo que mejor habla de la producción es que es mucho mejor que el cuento que el propio García Márquez escribiría para sus Doce cuentos peregrinos.


Sinopsis y créditos.

6. Técnicas de duelo de Sergio Cabrera: es un pequeño cuento, tipo Astérix, en el que jamás se resuelve del todo la razón por la que dos amigos del alma, enfrentados por la política, se enfrentar a los puños en la plaza de un pueblo de los mismos tiempos de Cóndores no entierran todos los días.


Sinopsis y créditos.

7. La gente de la universal de Felipe Aljure: he aquí otra historia chiquita, una comedia negra, desparpajada, más bien españoleta, que nos presenta a un verdadero autor de cine que parece empeñado en descubrir la forma de ser colombiana en triángulos amorosos decadentes. Un placer ver esta película sórdida. Robinson Díaz todavía no parecía pensar que ser Robinson Díaz era lo mejor de su hoja de vida.


Sinopsis y créditos.

8. El embajador de la India de Mario Ribero: ojalá hubiera habido más plata, mejores actrices jóvenes (¿por qué escogió Ribero esas protagonistas femeninas tan flojas?), en el tiempo en el que se filmó esta joyita del humor colombiano, que, como si fuera poco, sucedió de verdad. El resultado, no obstante las tosquedades, es memorable. Tiene tantas escenas absurdas que uno no lo puede creer.


Sinopsis y créditos.

9. Tiempo de morir de Jorge Alí Triana: nuestra gran película de vaqueros. Otro duelo. Y lo mejor que ha hecho el prestigioso Jorge Alí Triana en cine. Esta funciona. Esta no cae en sátiras obvias ni en metáforas sobre el país. Esta es una trama brillante, tensa, que lo deja a uno sin aire.


Sinopsis y créditos.

10. El río de las tumbas de Julio Luzardo: está muy bien. Tiene más ideas que realidades, claro, no es tan brillante como hemos creído, pero tiene un ambiente como de fotoografía de Rulfo, como de película del Indio Fernández, que todavía lo engancha a uno cuando la captura en la pasada de canales de los fines de semana.


Sinopsis y créditos.

Varias cosas por decir: Frank Ramírez sale en tres de las diez. Tres de las diez cuentan triángulos amorosos. Tres de diez son en verdad películas de vaqueros. A ver quién adivina cuáles. Manden ustedes sus listas. A ver si se atreven. A ver si de verdad es cierto eso de que ochoymedio tiene tres veces más lectores de los que tenía en 2002 cuando Germán me pidió que me desahogara en este sitio.

Películas colombianas comentadas en ochoymedio:

Al final del espectro
Apocalipsur
Bluff
Buscando a Miguel
Las cartas del gordo
El colombian dream
El corazón
Esto huele mal
La historia del baúl rosado
Holocausto caníbal
Karmma
María llena eres de gracia
Satanás
Soñar no cuesta nada
Sumas y restas
El trato
Un tigre de papel
La virgen de los sicarios

Si quiere escribir algo sobre una película colombiana (reseña, ensayo, reflexión, etc.) no dude en enviárnosla al correo ochoymedioeditores en gmail.com


110 años de cine en Colombia (Museo Nacional, octubre 18 – enero 28).

En el Museo Nacional habrá una exposición sobre la historia del cine en Colombia que incluye una sala pedagógica para niños sobre los orígenes y los mecanismos del cine. Habrá también un ciclo de cine, un ciclo de conferencias, y la cátedra de histora de este año estará dedicada a Versiones, subversiones y representaciones del cine colombiano (25 al 27 de octubre).

Personal Che

Friday, October 12, 2007 por Alejandro Martín
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Este corto buenísimo es del documental “Personal Che” del brasileño Douglas Duarte y la colombiana Adriana Mariño. Está perfecto para estos momentos de conmemoraciones ahora que se cumplen treinta años de la muerte del Che Guevara. La idea del documental es muy interesante: mirar el icono Ché que es el que ha crecido y se ha multiplicado en estos 30 años. ¿Qué significa el Che hoy? Es impresionante cómo esta época no deja de mirarse a través de su relación con eso que sucedió hace treinta años. La película estuvo en la Muestra Documental en Bogotá, pero tristemente no pude verla (¿Alguien la vio y quisiera reseñarla para ochoymedio?). Ojalá la estrenen pronto en salas comerciales.

Por ahora pueden mirar también la página web oficial que está muy bien montada.

Perro come perro

Thursday, October 11, 2007 por Alejandro Martín
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Corto de “Perro come perro” de Carlos Moreno. Muy buen montaje, fotografía y música. Sólo la gráfica no encaja muy bien con el resto. Sobresale el ritmo y se agradece mucho que no cayeran en la voz en off. Se siente en los nuevos directores cada vez más fuerte las ganas de hacer cine.

Ver página web oficial, PatoFeo Films(productora), y artículo sobre el nuevo cine caleño.

Balance de un año de cine colombiano

Tuesday, December 19, 2006 por Alejandro Martín

¿Qué es lo positivo que pasó este año con el cine nacional?

Comenzó a consolidarse una industria. Se estrenaron más películas que en ningún otro año. Se creó el premio que da un panorama de la creación reciente. Se homenajeó a Mayolo que es, al lado de Gaviria, el director más importante de la historia del cine colombiano. Se premiaron María, llena eres de gracia, y Sumas y Restas que son las dos mejores películas colombianas de los últimos tiempos (el gesto de premiar la primera me pareció buenisímo para concebir un cine nacional no chovinista e invitar a otros a hacer películas aquí).

Este año se vieron películas nacionales de diferentes estilos.
¿Qué fue lo más rescatable que se vio y porqué?

Se presentaron dos extremos: Soñar no cuesta nada, y El colombian dream.
La primera, Soñar no cuesta nada, puede decirse que es la primera película “correcta” que escapa del esquema televisivo de Dago (sin dejar de ser del todo televisiva). Se oye, se ve, se entiende (aunque estemos cansados de oir esto, hay que subrayar que no es poca cosa) y es divertida y apela a las circunstancias actuales (lo que convocó al público). Y para completar se hizo en un tiempo normal y con un equipo de trabajo profesional: es un primer paso hacia la creación de una industria de verdad. Es verdad que no se arriesgó nada y que cinematográficamente es muy pobre (y con una musicalización horrible).
El colombian dream apunta a otro extremo, a la realización de cine de autor. Hay experimentación, hay riesgo, hay pasión. Hay ingenio audiovisual. Y, al contrario de mucho cine de autor, es correcta técnicamente (también se oye y se ve). A mí no me gustó la película, pero eso es otro asunto, me parece que se copia de lo peor de la voluntad de experimentar por experimentar y que los excesos priman por encima algo que también tiene: un intento bonito por contar una historia con personajes muy de aquí.
A mí personalmente me interesa más esta segunda línea de trabajo. Aunque en términos generales Soñar no cuesta nada cumple mejor lo que propone, El colombian dream nos deja ser optimistas de que aquí se puede crear de verdad cinematográficamente. Con el primer tipo de películas se conquista un público y se forman unos técnicos (y se hace memoria del país), con el segundo se comienza a crear y se puede comenzar a proyectar hacia fuera un verdadero cine nacional.

La propuesta de reforma tributaria nos asustó. Ahora que la ley del cine parece estar a salvo:
¿Qué podemos esperar del cine nacional? ¿Qué hay que construir de ahora en adelante?

Hacer todo tipo de películas, que no se corte el chorro del ministerio por lo menos en 10 años para consolidar una industria. ¿Qué quiere decir esto? Tener técnicos, equipos, saber hacer, saber distribuir, saber promocionar, etc. Que en algún momento se pueda hablar de verdad de “cine nacional” y no de una lista de películas. Y bueno, esperar que no se quede en una mera industria y aparezca uno que otro autor con ideas y visiones de verdad. Pero eso es un milagro y no se puede generar desde el Estado. Lo que si se puede hacer es posibilitar que estos creadores tengan las herramientas para que sí puedan realizar sus proyectos y que los productos finales estén lo más cerca posible a lo ideal.

Uno de los problemas en el cine nacional son los guiones.
Digan si están o no de acuerdo con esta afirmación y ¿porqué?

Yo creo que no en particular. En general falta mucho saber técnico: guiones, fotografía, sonido, producción, promoción, distribución (¿No han visto los trailers tan horribles que tenemos que ver y que más que invitar espantan?). Aunque en las películas técnicamente se está llegando a niveles de corrección, falta mucho mucho. Aunque son buenos los guionistas profesionales, para mí en casi todas las grandes películas los guiones son de los directores mismos. En cambio, grandes directores de fotografía si que necesitamos. Y bueno, del sonido ni hablar, hasta ahora no hay nada aquí con un sonido interesante, películas como la argentina La ciénaga de Eugenia Martel son una joya sobre todo por el tratamiento del sonido.

¿Están los actores colombianos al nivel que se requiere para hacer una buena película?
¿Sigue estando el cine nacional muy ligado al lenguaje de la televisión?

Yo creo que es sobre todo cuestión de directores y de que se hagan muchas más películas (para que puedan existir “actores de cine” a los que no estemos acostumbrados por verlos tanto en la tv). Lo mejor del cine nacional es lo que hace Gaviria y trabaja con puros actores naturales. Pero la televisión es muy buena escuela, los que se formaron en Francisco el matemático son casi todos unos genios, por ejemplo.

¿Qué expectativas personales tienen para el cine nacional en los próximos años?

Espero mucha cosa buena. Que se consolide una industria, que haya muchas películas para todos los gustos, que la gente se acostumbre a ver en la cartelera películas colombianas. Que se desarrolle el lenguaje, que se experimente lo que no se está experimentando en televisión. Que ojalá surjan productos mixtos (series de televisión de gran calidad, como ER, Six Feet Under, CSI). Confío mucho en la generación que creció haciendo y viendo videos. Que muy probablemente por allí surgirá algo con una textura y un estilo muy diferente al que la industria impone. Le tengo mucha fe a Jorge Navas que de todos es el que me parece que tiene mejor ojo y sentido del ritmo, pero que, eso sí, necesita historias que se salgan de esa rara obsesión de los caleños con los vampiros y Andrés Caicedo.

(Preguntas hechas por Catalina Gómez, redactora de cultura de Semana)

Dios los junta y ellos hacen ruedas de prensa

Thursday, December 14, 2006 por Gregorio Sánchez

El pasado martes se llevó a cabo la premier para prensa de Dios los junta y ellos se separan. Es, antes de que empiecen las suspicacias, la nueva película de Harold Trompetero, el colombiano Harold Trompetero, que dice tener oído de trompetero, autor de Díastole y sístole, Violeta de los mil colores (según él su mejor película, que es una lástima que Flora Martínez no haya dejado estrenar) y una cadena de comerciales de televisión que no alcanzarían a mencionarse en este espacio.Pues bien. Se presentó la pelìcula. Le hicimos fuerza como a un hijito que está aprendiendo a montar bicicleta. Y nada. La cosa no arrancó. Tuvo sus chistes. Y su canción final. Pero nada. Lo bueno fue, realmente, la rueda de prensa del final, que sólo ellos, los de la pelìcula, querían que se hiciera. No hay premier sin rueda de prensa. Hay que ver la de Karmma. Fue una maravilla. Orlando Pardo, de corbata, nos dijo antes de comenzar: “nunca había visto a tantas personas tan importantes reunidas”. Y todos nos miramos a ver de quién estaba hablando. Pero bueno. A Dios los junta y ellos se separan.

La película se acabó. Se encendieron las luces. Y una mesa con mantel blanco se llenó de estrellas. Marcela Carvajal, Catalina Aristizábal, Julio Nava, Manuel José Chávez, Julio César Herrera y el propio Trompetero, que rio a pierna suelta desde la primera pregunta hasta la última. Hubo varias preguntas. Y las respuestas fueron toda una revelación: Trompetero dirigió la película por teléfono (como Jorge Luis Pinto dirige el Cúcuta deportivo), reeditó todo (la historia era líneal) según tres propuestas que estudió seriamente y tuvo una relación tormentosa con la actriz Catalina Aristizábal. Catalina fue contundente en sus afirmaciones: “Harold me sacó la muchacha del servicio que llevo dentro”, “Harold, en el casting, me dijo ponte en cuatro y haz de gato y yo pensaba qué le pasa a este man, marica, qué idioma me está hablando”, “Harold me trataba de explicar lo que tenía que hacer pero yo no le entendía nada y renuncié pero él me dijo que me esperara un poquito, y aquí estoy”.

Estuvo tranquila Marcela Carvajal, sensata. Histriónico Julio César Herrera. Y fresco Manuel José Chávez, querido, que completa su tercera película en este mismo año. La nota tierna corrió por cuenta de Julio Nava. Que era el de la chaqueta roja brillante. Un cantante. Que, cuando Trompetero aseguró que su película y la de Dago García acabarían con las competencias extranjeras el próximo 24 de diciembre, se aventuró a dar una explicación: “es que es como mi música: la gente colombiana se identifica con ella porque es colombiana como ellos y se crea un efecto de espejo en el que se ve la gente reflejada con sus costumbres y su colombianismo”. Todos, Catalina Aristizábal, asentimos comprensivos. Y ya. La gente comenzó a salirse. Y Nava siguió.

Corto promocional de “Al final del espectro”

Wednesday, December 13, 2006 por Alejandro Martín
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El primer corto colombiano, de los últimos tiempos, que es redondo y que atrapa. Eso sí, el esquema es idéntico al de los cortos gringos y es para una película que parece japonesa. Pero todo colombiano. Se ve un talento técnico poco usual por aquí. Noelle se ve divina, y el edificio triangular de la 5 se ve terrorífico. El sonido está muy bueno, algo que pasaría por primera vez en el país. Vamos a ver qué tal, por lo que muestran parece ser un extraño promedio entre “aguas oscuras” y “el aro”, las dos hermosas, pero no sé que tanto nuevo se vaya a ver. Algo debería haber si los gringos la compraron para hacer un remake luego de comprar las otras dos. Claro que los gringos son muy raros.