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Roger & me: ¿se unen a a la apuesta del Oscar?

Sunday, February 27, 2011 por Samuel Castro

Hoy es la ceremonia del Oscar. Para muchos (yo me incluyo) esa frase debería significar “hoy a partir de las 7 de la noche no contesto el teléfono, no acepto regaños ni llamados al orden si grito por algo y nadie cocina”. Aunque hay invitaciones a ver la ceremonia en el bar de un amigo, me abstengo de esas salidas porque sé cuánto me puedo emocionar con la transmisión. Y este año con mayor razón, pues están en juego 100.000 dólares. ¿No me creen? Esa es la cantidad que se puede llevar aquel que acierte en TODAS las categorías de los premios, apostando a través de esa magnífica página que antes se conocía como “The auteurs” y que hoy simplemente se llama MUBI. Ahí, imitando el título del documental que le dio fama a Michael Moore, todos podemos intentar tener más aciertos que Roger Ebert, el respetado crítico del Chicago Sun-Times. Si al menos le ganamos a él, nos llevamos una suscripción a la página, que vale 45 dólares. Estas son mis apuestas, las definitivas, basadas tanto en la razón como en el corazón (no puede ser de otra manera si el cine está involucrado) para mañana poder avergonzarme por lo mal que me fue (yo le intento pegar a todas las categorías) o escaparme por un par de meses si me gano el premio mayor. Aquí vamos.

Mejor corto de acción real
Wish 143
A la Academia le gustan los niños. Y en este cortometraje, un niño que sufre una enfermedad terminal recibe la visita de una de esas fundaciones que se encarga de cumplir los últimos deseos de las personas. El problema es que el deseo del protagonista es perder su virginidad antes de morir. Aunque el tema sea controvertido para Hollywood, el poder de la anécdota me atrae mucho como elección.

Mejor corto animado
Day & Night
Si Toy story 3 fue una experiencia cinéfila perfecta, se debe en parte a que el corto que veíamos antes de la película nos ponía en una disposición ideal. Esta historia, ingeniosa, capaz de sacarle partido al 3D como pocas, es tan conmovedora como cualquier gran título de Píxar.
 
Mejor corto documental
Strangers no more
Las categorías de documental en los últimos años se han convertido en la manera que tiene Hollywood de contarnos sus opiniones políticas y bienpensantes. Y este cortometraje documental, que cuenta la historia de una escuela en Tel-Aviv donde conviven niños de 48 países que han tenido que salir por múltiples razones y violencias de sus tierras, es la mejor idea que el Oscar puede ayudar a propagar.

Mejor documental
Inside job
No sé si recuerdan que varios actores importantes de Hollywood perdieron un buen porcentaje de sus fortunas con Madoff y con la crisis. Que este documental que trata de explicar lo que pasó tenga la narración de un consentido de Hollywood como Matt Damon, podría ser el caramelo que lleve a muchos a votar por esta película.

Mejor película extranjera
Hævnen
No sólo porque la directora de esta película es la creadora de ese drama conmovedor que era A corazón abierto (no confundir con la versión colombiana de Grey’s anatomy) es que Hævnen tiene tantas posibilidades. Ganó el Globo y habla sobre lo difícil que es intentar parar la violencia (en la sociedad, en nuestra familia) sin que nos ensuciemos un poco las manos en el proceso.

Mejor película animada
Toy story 3
Repito la misma frase del año pasado con Up. Es la única animada en las 10 nominadas a mejor película. ¿Necesito decir más?

Mejores efectos visuales
Inception
La razón por la que ganará Inception es sencilla: todo lo que vimos en esa película, incluida la ciudad que se dobla sobre sí misma y la pelea en un corredor sin gravedad, parecía perfectamente real.

Mejor edición de sonido
TRON: Legacy

Sé que estoy jugando acá con fuego, pero estas categorías también pueden sorprender a veces. Y hacer los sonidos de esas motos futuristas que rompen la barrera del sonido, o de esas batallas entre cuerpos que se sacan chispas, más la nostalgia que todos tenemos de la primera Tron, pueden lograr lo imposible. 

Mejor mezcla de sonido
Inception

Aquí debe volver todo a su cauce, y aunque Inception compita contra otras grandes contendientes, se llevará esta categoría por un asunto de cantidad de minutos en que la mezcla de sonido necesitó perfección.

Mejor canción original
“We belong together” de Toy Story 3
El año pasado Randy Newman estaba dos veces nominado por La princesa y el sapo y perdió contra una canción country. Espero que este año la Academia compense y le entreguen el Oscar por esta excelente canción.

Mejor partitura para una película
Trent Reznor y Atticus Ross por The social network
Yo creía que se lo iban a dar a Alexandre Desplat por ser su cuarta nominación. Pero después de ver lo poco importante que es su música en The king’s speech supongo que las atmósferas electrizantes que sí llenan muchas de las escenas de The social network serán tenidas en cuenta.

Mejor maquillaje
Barney’s version
En una elección donde las películas nominadas no tienen nada que ver con el resto de candidatas, todo es especulación. Pero como Paul Giamatti ganó un Globo de Oro por el papel protagónico en esta película, es probable que a Barney’s versión la hayan visto los que votan, más que a las otras dos.

Mejor vestuario
Mary Zophres por True grit
Esta mujer creó la vestimenta icónica de Anton Chigurh y del gran Lebowsky. Un western de época puede ser la ocasión perfecta para que esta mujer gane lo que hace rato se merece.

Mejor dirección de arte
Robert Stromberg y Karen O’Hara por Alice in Wonderland
Este puede ser el justo premio a una de las pocas cosas que funciona bien en la última película de Tim Burton.

Mejor edición
Tariq Anwar por The King’s speech
Yo se lo daría a los editores de The social network por el ritmo que logran con unas conversaciones en una mesa, pero no soy yo el que escoge y la edición es la que logra mucho del encanto teatral de la película del rey tartamudo.

Mejor fotografía
Roger Deakins por True grit
Como en el fútbol, esto no es un asunto de merecimientos de una carrera. Pero después de ocho nominaciones, y de convertirse en un maestro capaz de fotografiar la agonía de un caballo negro en una noche obscura, ha llegado la hora de que Roger Deakins suba al escenario.

Mejor guión adaptado
Aaron Sorkin por The social network
Tomar un libro de no ficción y convertirlo en un drama shakesperiano que retrata el sentimiento interior de una generación merece un hombrecito dorado. Y deberían encimarle otro por esos diálogos.

Mejor guión original
David Seidler por The king’s speech
Cuando uno es capaz de encontrar una historia de la realeza que nadie más había llevado a la pantalla y de esperar por un asunto de honor a que la reina madre muriera, debe recibir su recompensa.

Mejor director
David Fincher por The social network
Si en una carrera de 8 películas uno ha hecho 4 obras maestras, por algo será. Y el perfeccionismo de Fincher es una de esas cosas que nos permite seguir teniendo fe en el cine que se hace en Estados Unidos.

Mejor actriz de reparto
Melissa Leo por The fighter
Perdió con Kate Winslet en el 2009, pero su interpretación era realmente impresionante. Ahora, con esta mamá que parece una mezcla de gangster con esposa de tragedia griega, la neoyorquina va por su estatuilla con algo más resistente que un río helado bajo sus pies.

Mejor actor de reparto
Titular de mañana. Batman gana el Oscar.

Mejor actriz principal
Natalie Portman por Black swan
A la Academia le encanta que una actriz tenga que aprender un oficio para hacer un papel. Que se vuelvan cocineras, o trapecistas, o, como en este caso, bailarinas de ballet. Y también le gusta que sus actrices favoritas tengan hijos. Moñona por todos lados, y el Oscar para la niña asustada capaz de imitar a Chaplin.

Mejor actor principal
Colin Firth por The King’s speech
El año pasado merecía este premio por A single man y se lo llevó Jeff Bridges por Crazy heart. Pero como la justicia en Hollywood siempre cojea y termina llegando, este año pasará al revés, y Firth le quitará la estatua que merece Bridges por su papel de vaquero gordo y alcohólico. Podrían intercambiar estatuillas.

Mejor película
The social network
Ya sé que voy contra las apuestas. Pero el año pasado me la jugué por lo seguro, y perdí. Si esta es la ceremonia de internet, que quiere captar audiencias juveniles, no veo por qué habrían de darle el Oscar a una cinta inglesa, que es bastante menos buena que The social network y que en unos años será utilizada en conferencias de superación personal. Y no sé, tengo ganas de que Hollywood sea capaz de premiar a una cinta que retrata el pulso de su tiempo.

En un par de horas, en unos minutos, veremos cuánta razón o cuánta suerte tenemos y si le gano o no a Roger Ebert. ¡Que comience la función!

Memorias del Hay: el guión de la vida

Thursday, February 17, 2011 por Samuel Castro

No hay que menospreciar tanto la rutina. Si no fuera por ella, de la que tanto nos quejamos, nuestra vida sería prácticamente imposible, pues le dedicaríamos minutos de pensamiento a esas acciones que por fortuna, en cierto momento, hacemos en piloto automático. Prueba de que la rutina es valiosa, es que volver a entrar a ella luego de un par de días en que nos salimos de su monotonía tranquilizadora, es muy difícil.

Este primer párrafo es la explicación de por qué nos hemos demorado tanto en actualizar este blog: ha sido muy complicado que Diana Ospina y yo volvamos a nuestras vidas habituales y tengamos algo de tiempo para organizar nuestras anotaciones acerca de los momentos de cine que vivimos, juntos o separados, en la última edición del Hay Festival. Pero por fin ha ocurrido.

Una de las charlas que hizo parte de estos episodios de cine del Hay en Cartagena, fue la que condujo Manuel Gutiérrez Aragón acerca del oficio del guionista. Sus invitados eran Senel Paz, el guionista de Fresa y chocolate; Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea y David Trueba, director y guionista de Soldados de Salamina. Aunque no fue, ni mucho menos, una de las charlas más divertidas o más memorables del Festival (la primera media hora parecía que Gaitán estuviera pensando en los problemas logísticos de sus restaurantes bogotanos o que su mente estuviera en algún lugar muy lejos de Cartagena y Senel podrá ser un tipo muy interesante, pero no tiene el don de la empatía con los públicos) gracias a la conducción acertada y sutil de Gutiérrez Aragón y a la triunfante presencia de David Trueba (una de las estrellas del Festival, donde el ingenio y el sentido del humor siempre serán cartas ganadoras) el evento no fue una completa pérdida de tiempo. Ustedes tienen la fortuna de que al escribirlas, uno trata de hacer más interesantes y concisas las respuestas que en la vida real demoraron muchos minutos y varias divagaciones.

Manuel comenzó diciendo que el asunto con los guionistas es que no eran importantes para la industria. Pocos espectadores sabían qué escritor había hecho alguna película y nadie los llevaba a los festivales (era ya famosa la historia nunca comprobada de que González-Iñárritu ordenó que nadie le diera tiquetes a Guillermo Arriaga para que asistiera a Cannes). Sin embargo, dijo que algo estaba cambiando. Dicho esto, le preguntó a los participantes cómo habían comenzado en el oficio. Senel contó que había sido por ayudarle a un amigo que sabía que quería contar algo en una película pero no tenía ni idea de QUÉ quería contar. Fernando relató sus inicios como periodista, donde conoció a una productora que creyó que él podía funcionar en el oficio, así que luego de comprobar que los libros de texto servían muy poco para saber cómo se hacía una historia para televisión, cogió los libretos que los actores dejaban tirados en los sets de grabación y así comenzó. Mencionó que la mayor parte de los veteranos del oficio había empezado haciendo historias de comedia baratas, que era lo que encargaban a comienzos de los ochenta las programadoras, con las instrucciones claras: 6 actores, no más de 2 sets. Que tal vez a eso se deba que la telenovela colombiana se haya destacado siempre por su combinación entre melodrama y comedia. David Trueba rememoró su infancia para que entendiéramos por qué comenzó escribiendo por dinero (lo que ha sido una constante en su vida). Nos dijo que él era el menor de una familia de 8 hermanos (entre ellos, por supuesto, Fernando Trueba, el director de Belle epoque) y que su mamá, para asombro de todos, le hizo caso cuando él dijo el primer día de clases que no quería ir al colegio. A partir de ese momento, se “educó” en su casa. Preocupados sus hermanos porque el muchachito no se volviera un completo inútil, le ofrecieron pagarle una suma de dinero si cada ocho días él había escrito un cuento. Un par de años después, cuando se incorporó al sistema escolar, compensaba sus malas notas en otras materias con la participación en un concurso de relatos que organizaba regularmente un profesor. Con toda esa práctica en contar historias, había sido muy fácil decir que sí cuando un compañero le pidió ayuda para realizar un cortometraje.

A Fernando le gusta más el término de escritor que el de guionista, porque le gusta más pensar en su trabajo como el de un autor. Y reafirmó que en la televisión actual es el escritor el que tiene el real poder, pues al ser la producción televisiva una obra “que se va construyendo” es él el único que sabe “qué es lo que va a pasar más adelante”.

Trueba dijo algo muy bonito: que el ser humano, desde que estaba reunido alrededor del fuego, siempre ha necesitado historias. Porque la vida real tiene todo lo que nos gusta: emoción, aventura, violencia, romance, pero todo ocurre caóticamente. Y nos gusta la idea de que hay un orden. Esa es la función del guionista: hacerle creer a la gente que hay una explicación para lo que ocurre día a día.

Senel dijo que era discutible que un guión fuera literatura, pero que no cabía la menor duda de que un guionista tenía que ser escritor y también un cineasta. Que tal vez una de las cosas más importantes que le pudiera pasar a un guionista es que pudiera escoger a la persona que traducirá su historia a imágenes.

Ante la pregunta de Manuel acerca de cómo controlar las distintas versiones de una historia, es esta época de guiones que se venden a 20 países, Fernando contó varias anécdotas acerca de Betty, tratando de explicar que es muy importante que se mantenga la columna vertebral (una muchacha fea que triunfa en el mundo de la moda) pero que las particularidades locales cambien de acuerdo con el entorno. En Suiza, contó, era imposible que hubiera un marido que no le gira el cheque de manutención a su ex esposa. En Rusia consideraban inhumana la oficina a la que meten a Betty para esconderla y le dieron un espacio mejor. En Estados Unidos la historia se dedicó muchísimo al tema de la inmigración latina.

¿Por qué hoy hablamos de series con la misma pasión con que hace algunas décadas hablábamos de películas? Senel habló de un espectador más entrenado, que ya no traga tan entero, y que las series con sus múltiples tramas y personajes, permiten que el espectador encuentre la profundidad y la densidad que la forma de la película rara vez consigue. Davis Trueba mencionó una espantosa realidad: son los adolescentes los que llenan las salas de cine. Los adultos están muy ocupados viviendo vidas responsables, en las que el ocio no siempre hace parte de sus prioridades. Por eso el cine se ha convertido en fórmulas para atraer incautos. Pero los canales de pago, de todos esos suscriptores que quieren ver algo menos telegrafiado en la comodidad de sus casas, ahora tienen los recursos para ofrecer un entretenimiento verdaderamente adulto, o para gastarse millones de dólares, como HBO, en Boardwalk empire, una serie que obviamente no compensa su inversión, sólo por el buen nombre que un producto de esa calidad da.

Entre otros temas colaterales, se mencionó que a los personajes hay que buscarlos en la calle, caminando para señalarlos y decir: éste es mi portero o así va a ser mi heroína. Y que no debemos temer en pervertir los géneros, porque al final la vida es eso: una perversión, una mezcla entre un thriller y una comedia del absurdo.

Joyas por descubrir: Vientos de agua

Tuesday, January 25, 2011 por Samuel Castro
Una de las cosas que más me gusta de Internet es que sirve como museo, como vitrina irrompible de todo lo que alguien consideró alguna vez que debía ser puesto en el jade “inmortal” del ciberespacio. Lo que antes eran, por decir algo, las escenas musicales de los Hermanos Marx que ciertos privilegiados tenían en su colección de películas personal, en bobinas con cinta de nitrato, ahora aparecen con sólo hacer clic en youtube. O La jetée, aquel corto impresionante que inspiró Doce monos y que en los noventa sólo algunos habían podido ver en obscuras y secretas versiones de contrabando, ahora es un recurso con el que cualquier adolescente despistado puede contar en su formación audiovisual.
Como las audiencias son caprichosas y no siempre aciertan (por algo hay tanto reality malo con ratings tremendos, por algo The wire se vendió más en DVD de lo que se vio en TV) la red sirve para que trabajos que valen la pena, series que todos debemos conocer, películas desconocidas producidas en Timbuktú, tengan una segunda oportunidad sobre la tierra.
Precisamente de segundas oportunidades, de la migración entendida como otro destino que ensayamos porque el que tenemos no nos está saliendo bien, es de lo que habla Vientos de agua, esta miniserie maravillosa de la que algo había oído pero que nunca (como tantas cosas buenas) llegó a Colombia. Y en Argentina y en España, países que la coprodujeron, donde sí la dieron, no tuvo el éxito esperado. ¿Por qué? Me atrevo a creer que por un exceso de realismo y autocrítica. Porque claro, está toda la visión romántica de que en otro país hay oportunidades que nos permiten salir adelante, pero también verdades que a mucha gente no le gusta ver: el argentino que se junta con el resto de latinoamericanos pero que debe sacudirse un montón de prejuicios (en un momento de la serie le dice a una amiga colombiana “pero vos blanquita del todo no sos”) porque se siente un poquito más que ellos; los españoles que no están muy interesados en acabar con la migración (así nos pongan visas) porque les proveemos de mano de obra barata que habla su idioma; la migración de nazis que tuvieron como destino el sur del continente a mediados del siglo XX.
Si a alguien le gustó El secreto de sus ojos, con seguridad va a disfrutar de estos 13 capítulos que se ven en un suspiro, pues el creador y principal director de esta serie es Juan José Campanella. Y todo su estilo, ese refinamiento visual en la manera de narrar, su sentimentalismo bien entendido, el cariño por el destino de sus personajes, la capacidad de unir acción y emoción, están en esta serie.
En cada capítulo de la serie Campanella nos va narrando en paralelo dos destinos: el del joven Andrés, emigrando desde Asturias a una Argentina que, parafraseando a Borges, veía llegar a sus raíces a bordo de los barcos que cruzaban el océano, y el de su hijo menor, Ernesto, que en medio del “corralito” que atrapó a los argentinos en su propio país se va a España a juntarse con esos millones de indocumentados latinoamericanos, africanos y rumanos, que pueblan las calles madrileñas. Con sabiduría y pulso firme, Campanella es capaz de mostrarnos las semejanzas entre ambas historias, mientras hace que nos encariñemos con sus personajes secundarios: Juliusz, el judío eternamente enamorado de su esposa Gemma (una hermosísima Giulia Michelini); Cecilia, la esposa de Ernesto, que no puede evitar que la lejanía afecte sus sentimientos; Mara, la colombiana (¡estupenda Angie Cepeda!) que es toda alegría y pasión.
Puede que en internet muchos adolescentes tarados aprendan a armar bombas caseras y otros tontos se emboben con las consignas incendiarias de Sarah Palin, pero mientras algunos, con un poco de suerte, podamos desenterrar el cajón del tesoro lleno de joyas como esta serie, el ciberespacio seguirá valiendo la pena.

Se va un papá del cine, llega una mamá al cine

Tuesday, January 4, 2011 por Samuel Castro

A un actor o a una actriz podemos llamarlos “estrellas de cine” cuando comienzan a hacer parte de nuestra vida diaria, incluso más allá de la pantalla. Si para describir a alguien decimos que “tiene las mismas cejas de Kate Winslet” con la seguridad de que nuestro interlocutor va a entender. O cuando sus rostros (y sus cuerpos) se aparecen en nuestros sueños. Pero también podemos llamarlos estrellas cuando sentimos que son parte de nuestra existencia, que los conocemos tan bien y han estado hace tanto tiempo junto a nosotros, que son integrantes de la familia.

Algunos twiteros (labobadaliteraria, por ejemplo) se han burlado de las expresiones de tristeza de tantos hombres que han (que hemos) lamentado el matrimonio de Natalie Portman o que todavía no podemos creer que esté embarazada (pudiendo embarazarse, como tantas otras actrices, llegando a los 40 y no a los 30). Se preguntan con sorna si pensábamos que alguno de nosotros tenía la mínima posibilidad de casarse con ella. Y la respuesta es que sí, que por supuesto (es más, si asumimos que es cierto el noviazgo de Portman con Gael García Bernal, las posibilidades crecen) porque precisamente eso son las estrellas: nuestras novias eternas, nuestros amantes inmortales. Desde que todos nos enamoramos de ella en Leon, cuando sentimos que era nuestra hermana chiquita, han pasado 16 años en que la hemos visto crecer, madurar, raparse la cabeza, graduarse de Harvard y convertirse en la segura ganadora del Oscar este año. Siempre tan madura, pareciera que ese afán de trabajar (ha filmado 12 largometrajes en los últimos 5 años) era precisamente el seguro para dedicarse un par de años a su hijo sin que su carrera se resienta.

Al año siguiente de embobarnos con la presencia de Natalie, apareció en El último de los mohicanos un actor cuyo rostro parecía esculpido a hachazos. Los ángulos pronunciados de la cara de Pete Postlethwaite terminarían de grabarse en nuestra memoria cuando nos conmovió con su personaje de Giuseppe Conlon en En el nombre del padre, que dependiendo del día en que me pregunten, puede ser mi película favorita. Había que tener mucha presencia en la pantalla para infundir respeto estando al lado de Daniel Day-Lewis, pero Postlethwaite lo hacía con un mínimo de esfuerzo. Y a pesar de que actuaría en películas buenísimas, como The usual suspects o Romeo+Juliet, para muchos el buen Pete siempre será ese papá recto que enseñaba con el ejemplo, ese que se preocupaba porque su hijo se drogara en lugar de intentar demostrar su inocencia, el que hizo que sus compañeros en la prisión tiraran papeles encendidos por las ventanas el día que murió. Tal vez sin proponérselo, Postlethwaite se convirtió en nuestro padre adoptivo (cuya partida definitiva nos duele), así como Natalie Portman es y será, nuestra novia platónica, incluso ahora que es mamá. Porque los actores de cine son todos los que actúan en la pantalla gigante. Las estrellas son aquellos que siguen actuando en nuestra memoria cuando cerramos los ojos.

Lo mejor de la década: 2008

Friday, December 24, 2010 por Samuel Castro

Mientras escribo esta nota, en la radio suenan efectos de sonido que imitan fuegos artificiales como fondo dramático de una locutora que está gritando “que viva diciembre” antes de darle paso a canciones que en Colombia se escuchan sólo en esta época y que tienen letras tan poéticas como “aguardiente pa’l chofer”. No sé si sea el ambiente adecuado para reflexionar sobre el cine, pero esos son los riesgos que impone el objetivo de terminar con esta selección de “lo mejor de la década” y no perder la apuesta que hicimos con Alejandro Martín. Antes de que sirvan la cena de Navidad, repasemos entonces lo que para mí fueron las mejores películas que se estrenaron en 2008.

Gran Torino: Para los adolescentes de hoy en día, Clint Eastwood es un nombre que no les dice nada. No saben quién es Harry el sucio (seguramente ya habrá alguien planeando el remake) y creen que las películas de vaqueros son una rara curiosidad. Por eso fue bueno que el maestro en que se ha convertido Eastwood sea capaz de seguir dando lecciones de buen cine, incluso bajo el disfraz de un viejo gruñón que descubre, al final de su vida, cuánto nos parecemos a personas que tienen otro color de piel

Låt den rätte komma in (Déjame entrar): ¿En qué momento las películas “de terror” se convirtieron en una sopa de sangre y gritos desenfrenados sin sentido? ¿Cuándo convertimos los sustos en un insulto a la inteligencia? La prueba de que no miento es que esta película sueca que cuenta una historia de niños y de personas que se alimentan de otras con una economía de recursos admirable, cause una conmoción en todo aquel que la ve.

The dark knight: En The big bang theory tienen razón: a veces pareciera que lo único que ha hecho Christian Bale por la figura de Batman es fingir la voz de su personaje para que parezca un cantante de metal. Por fortuna, detrás de él está un director como Christopher Nolan, capaz de crear una atmósfera y una historia que trasciende el mundo de los superhéroes y se convierte en una tragedia universal. Una tragedia con el toque realmente magistral de Heath Ledger que sin saberlo, estaba a punto de convertirse en el mejor actor de su generación.

WALL-E: Hay que esperar 39 minutos desde que comienza esta película para escuchar la primera palabra que pronuncia un ser humano. Lo mejor de todo es que nadie extraña los diálogos en esta obra bellísima, que recupera el sentido de las primeras historias de Disney, con un robot que nos conmueve más que Lassie y una moraleja ecológica que, como siempre pasa con Pixar, no parece ñoña.

Revolutionary road (Sólo un sueño): ¿Quién puede negar que uno de los aciertos de Titanic era la química absoluta que había entre sus protagonistas? En este drama intenso y desgarrador, Leonardo DiCaprio y Kate Winslet muestran cuánto han crecido como actores desde aquellos años y nos regalan unas actuaciones que no se borran de la memoria ni del alma.

Bueno. Esto fue el 2008. Y ya están a punto de servir la cena de navidad. Espero que aprovechen estas fiestas para ver algunas de estas grandes películas. Y para pensar cuáles pueden ser las elegidas de 2009. ¡Feliz Navidad de parte de ochoymedio para todos los amantes del cine!

Cine cero estrellas

Tuesday, September 14, 2010 por Samuel Castro

Ricardo Silva Romero, uno de los fundadores de www.ochoymedio.info, escritor de novelas como En orden de estatura y Autogol y uno de los críticos de cine más leídos de Colombia gracias a su columna de cada siete días en la revista Semana, hizo antier  algo increíble, por lo menos para el contexto colombiano: le puso 0 estrellas a una película. Estaba escribiendo sobre Una loca película de vampiros, título que le dieron acá a Vampire suck, esa terrible porquería que pretende parodiar la moda de los chupasangres cinematográficos que se ha dado en los últimos años, haciendo chistes malos sobre Crepúsculo.

Alguien dirá que no era necesario que el espacio de Semana sea utilizado para hablar de una película como esa. Pero como el mismo Ricardo lo dice en su reseña, es la cartelera colombiana la que empuja a esa situación. Si en Bogotá se estrenan 2 películas una semana (¡2 películas!, casi podría jurar que deben tener más estrenos en las salas de Pyongyang) con seguridad una de ellas está destinada a los adolescentes y la otra… la otra también. Esta vez tuvimos que escoger entre la de vampiros y Sin tetas no hay paraíso, la versión cinematográfica de la novela de Gustavo Bolívar. Como ven, ¡cine del que no le recomendarías ni a tu peor enemigo! Por eso Ricardo y todos nos indignamos y las 0 estrellas son más que necesarias.

Cero estrellas significan que no hay nada que resaltar sobre una película. Que ni siquiera en los componentes técnicos funciona bien; que no hay una escena de acción memorable, que los chistes son realmente malos; que los efectos especiales son pobres, que carece de historia, que no nos acordaremos jamás de ningún actor. Y ese es el cine que nos están entregando los distribuidores, porque parece que en cierto momento decidieron que era mejor no tomar riesgos y sólo hacer cine para descerebrados No pasa en Colombia únicamente, por supuesto. En España dan Predators y Como perros y gatos (aquí también), en Estados Unidos tiene buena taquilla una cosa como Takers. Pero en esos países aquellos títulos no son TODO el cine, sólo una parte (como debe ser)

Hace unos días conocí al representante de una distribuidora y hablamos del asunto. Me decía frente a mi crítica, que lo sentía, pero que hoy el asunto era de dinero, que no se podían arriesgar a traer películas que no recuperaban la inversión. El argumento suena lógico en un principio pero no es necesariamente cierto. Con ese pensamiento, nunca se hubieran vendido vinos en Colombia. Siempre hubo vinos en las estanterías de nuestros supermercados (vinos muy malos, cosas terribles), pero el proceso de que los compradores se animaran a tomar vino duró años, enseñándole a la gente que aquel era un trago que había que saber probar, formando un público, jugando a pérdida. Es así de simple: el público necesita que hagan un esfuerzo por él. La mayor parte de la gente entra a la película que estén dando cinco minutos después de llegar a la taquilla. Y si hubo un poquito de mercadeo y de publicidad cualquier película (las malas, pero también las buenas) le parecerá interesante. Es más, a los distribuidores les conviene. Porque cuando los televisores tengan 3D y los distribuidores piratas sean capaces de copiarlo, ¿cuál será la gracia de ir a cine? ¿Qué tendrán ellos distinto para ofrecer si en las esquinas se van a encontrar las mismas películas de cartelera? Deberán entonces jugársela por títulos diferentes, pero entonces será ya muy tarde, porque todos los espectadores colombianos se habrán acostumbrado a lo peorcito y no tendrán paladar para nada más. Serán visitantes asiduos de un hotel cero estrellas.

El maravilloso mundo de Disney

Friday, September 10, 2010 por Samuel Castro

El asunto pasó desapercibido para muchos medios en español, porque en general las noticias a las que le dan importancia nuestros noticieros con relación al cine, es al lanzamiento de cosas como Resident evil 4 y demás estropicios cinematográficos. Pero tenemos que resaltarlo. Disney se convirtió, gracias a Toy story 3 en el primer estudio en la historia del cine en lanzar el mismo año dos películas que hicieron más de 1000 millones de dólares (eso para los gringos, que cuentan en pulgadas y en pies, es un billón de verdes) en taquilla. Lo paradójico (¡qué sería de la vida sin ironía!) es que los directos responsables de los excelentes resultados para el estudio del ratón, son las ovejas negras más ilustres de Disney: Pixar y Tim Burton.

Ya pasaron los años en que Disney quiso hacerle una jugada sucia a Pixar, con la letra menuda de un contrato que interpretaban a su manera. En la actualidad, el pequeño estudio que despreciaban por no hacer las cosas “como debían” es quien impulsa los logros de la compañía y, gracias al acuerdo de compra que les permitió adquirir a los de la lamparita, John Lasseter (en su momento también vilipendiado por los seguidores del Pato Donald) es hoy uno de los jefes en Disney y el hombre que ordenó contra todo pronóstico, volver a hacer películas en 2D porque claro, como dice él, lo importante es la historia. Este año su creación más importante, la pareja que forman Woody y Buzz (que cuando nacieron simbolizaban el viejo y el nuevo mundo del cine), demostró que es uno de los equipos más admirados por los espectadores de todo el mundo.

Por el otro lado está Tim Burton, aquel animador loco con el que nadie sabía qué hacer en Disney, al que tuvieron que echar después de que hiciera un corto de un niño que resucitaba a su perro de entre los muertos. Hoy, con un prestigio ganado a punta de convertir en imágenes inolvidables sus pesadillas (mentiras, conociendo a Tim Burton esos deben ser sus sueños felices) y con una pieza muy menor en cuanto a calidad como Alice in wonderland, Burton se da el lujo de ser la otra estrella de la compañía.

Algo pasa en Disney, pues son sus hijos pródigos los que están llenando la caja. ¿En qué momento dejaron de identificar el talento? Por fortuna para el estudio la suerte los sigue acompañando y sus hijos pródigos vuelven a la casa que los vio nacer, para que el castillo de la princesa siga brillando. Ya se deben estar frotando las manos, anticipando el éxito de la cuarta parte de Piratas del Caribe, aquella película basada… ¡en una atracción de sus parques que estuvieron a punto de demoler!

Un camión lleno de trailers

Tuesday, September 7, 2010 por Samuel Castro

Así como me gusta más decir “lámina” que “cromo” o “mona” para referirme a las imágenes con las que se llena un álbum, prefiero hablar de los “cortos” (aunque no sean cortos, aunque sea incorrecta la expresión… cuestión de costumbres) para hablar de los trailers, esas piezas antojadoras creadas para que nos den muchas ganas de ver una película que coming soon. ¿Qué hacemos? Yo oigo trailer y pienso en un camión, en una de esas tractomulas que a paso de tortuga siempre están en nuestro carril y no en el otro, cuando vamos por carretera.

Sabemos que cualquier película se puede ver atractiva con un gran corto (o trailer, como ustedes prefieran) pero eso sí, si una película es mala en su corto, nos jodimos. Nada que hacer. Nadie, ni el mejor protagonista, la podrá salvar. Porque se supone que en el trailer con una gran música (que a veces ni aparece en la película), una voz como de Dios que comienza diciendo: “Un hombre…” o “En un mundo…” y una edición endemoniada, está toda la “carne” de la película. ¿O no?

A mí me fascinan los cortos. No me los pierdo y me enojo si llego tarde a la sala y ya están en pantalla en los comerciales sobre los productos de la cafetería. Por eso me dio curiosidad cuando vi que IFC (Independent Film Channel) había escogido los 50 mejores cortos de la historia (que generalmente son del cine gringo, los estadounidenses creen que el cine mundial es SU CINE) y me sorprendí. No como pudieran creer ustedes, sólo con los últimos trailers, con los más modernos y sorprendentes, de montaje más vertiginoso. Algunas de las mejores sorpresas fueron con cortos de hace 50 años. Por ejemplo, los que se hacían sin utilizar escenas de la película, que se filmaban específicamente como piezas independientes. Es mejor si lo ven: en el tráiler de Anatomía de un asesinato de 1959, el mismo Otto Preminger le decía a las personas que eran ellas las que debían juzgar si el acusado era culpable, que iban a ser ellos los miembros del jurado (¡y hoy los publicistas hablan de involucrarnos con las tramas!). 13 años antes, en el corto de The big sleep, Humphrey Bogart, que era el protagonista, llegaba a una librería a preguntarle a la encargada (Lauren Bacall, por supuesto) por un libro que fuera tan bueno como El halcón maltés. A ella, sólo se le ocurría una alternativa… The big sleep

Hay otros que son originales y graciosos, como el corto de The bishop’s wife en el que los actores, con sus nombres originales (Cary Grant entre ellos), caminan por los estudios porque acaban de terminar la filmación y recuerdan de repente que no hicieron el trailer. Sin embargo, en la explicación que le hacen al guardia de seguridad que no los deja pasar (los porteros han sido igualitos siempre) hacen la mejor exposición de las fortalezas de la película.

También hay grandes frases, como aquella de que si llega 5 minutos después de que empiece la película no va a entender nada, que utilizan en el corto de The manchurian candidate o la sentencia final en el trailer de Alien, una pieza que comienza como un video aficionado (los efectos eran todavía precarios en 1979) y termina aterrando y siendo inolvidable (es el número 1 de la lista)

Están las curiosidades, como la del director de Maximum overdrive, enloqueciendo mientras explica la trama de su cinta. Por supuesto que tiene lógica si pensamos que el personaje en cuestión en el corto es Stephen King. Aunque como personaje es impagable ver al productor William Castle diciendo que en su última película (la teoría del autor no funcionaba en Hollywood en 1961) el público podía seleccionar el final del protagonista. Véanlo en el corto de Mr Sardonicus para que se den cuenta que la interactividad no se la inventaron los directores de El proyecto de la bruja de Blair.

Como ven, los que más me gustaron entran en la categoría de teaser trailer, el nombre con el que se nombra esos cortos que aunque tienen que ver con la película, a veces ni utilizan imágenes de ella. No se pierdan el trailer de Strange days, esa fantástica película de la reciente ganadora del Oscar, Kathryn Bigelow, que como un comercial, nos trata de vender el aparato fundamental para la trama de la cinta (que es lo mejor y lo más impredecible que ha escrito su esposo, James Cameron). O el campeón, que paradójicamente es el que pertenece a una película regular, el corto de Comedian, la película de Jerry Seinfeld, que se burla de todas esas frases grandilocuentes a las que ya estamos acostumbrados. Una joya.

Hay varios que yo no incluiría en la lista. Por ejemplo, el de Pulp fiction, que es infinitamente inferior a la película. O el de Independence day, que es tan malo como la cinta que quiere publicitar. Y otros que me parecen envidiables, que me hubiera gustado pensar, editar o escribir, como el corto de The night of the iguana (mucho más erótico y atrevido en 1964 que un montón de trailers del siglo XXI) o el corto de Miracle in the 34th street que era una pequeña venganza contra los productores que creían saber demasiado.

¿Qué no hay películas recientes? Sí, sí las hay. Está el trailer de Where the wild things are que es el complemento perfecto de esa canción hermosísima de Arcade Fire que usan, o el corto de Garden State que no podría ser más poético ni aunque quisiera. Están el trailer de Little children que juega con el sonido de un tren y hace que sintamos lo que significa estrellarse contra el mundo; la maestría de Stanley Kubrick en el corto de The shining, probando que no importa lo que se muestra, sino CÓMO se muestra o la entrada de Pierce Brosnan en el corto de GoldenEye que nos pregunta ¿A quién más esperaban?

Yo no sé qué piensan ustedes, pero estos son grandes cortos. ¿A ustedes cuáles se les ocurren? ¿Será que le faltaron varios en la lista a IFC? Sólo con ver los que les mencioné hubiera corrido a comprar las boletas para todas las películas que anuncian. Y habría tenido una disposición muy positiva cuando me enfrentara con ellas. Lo que demuestra que a veces menospreciamos el poder de un trailer, pues si aceptamos la diferencia entre el largometraje y el cortometraje, (abusando de Cortázar) el trailer vendría siendo un asesinato con veneno, un infarto al miocardio, una puñalada en el corazón. Una muerte rápida que deja al cadáver con una sonrisa. O tal vez, por qué no, el choque mortal con un camión.

El cine como descanso

Saturday, July 24, 2010 por Samuel Castro

Hace un mes y diez días que no escribo en el blog. Hace tres semanas que no sale la crítica semanal. En esos 40 días desde el último post creo que he ido a cine dos veces y si no fuera por el DVD probablemente a eso se reduciría mi experiencia cinéfila. Es como si me hubieran tapado los párpados con esparadrapo. Por fortuna la cartelera es un asco, lo que hace que el remordimiento no sea tan grande.

No voy a quejarme de que haya trabajo. Estoy metido en varios proyectos (unos buenos, otros no tanto) al mismo tiempo, única opción que tenemos algunos si queremos obtener unos ingresos decentes escribiendo. Sin embargo, además de dormir durante dos días seguidos, lo único que quisiera mi mente hoy, a la 1:23 de la mañana, mientras reviso un video que va a salir hoy por un canal nacional para despedir a un Presidente, es en dos o tres películas que puedan pasar frente a mis ojos sin mucho uso del cerebro.

Ah… ¡qué sería de la vida si uno no pudiera recostarse alguna vez y ver una película de la que nada te importa casi, con el cerebro en “modo a prueba de fallos” y de la que recordamos vagamente, semanas después en otra sesión de zapping, que no la terminamos, que se quedó por la mitad, como los malos libros y el sexo mediocre!

Insomnia

Porque el cine es como los amigos. Debe venir cuando nadie lo llama, en medio de la desgracia, a darnos un poco de paz. A sacarnos del cuerpo a aquel desgastado Will Dormer (¿cómo no me di cuenta antes de que el apellido era un chiste en inglés con nuestro verbo en español?, una prueba más de la perspicacia de Christopher Nolan) de Insomnia que llevamos dentro, luego de mucho trabajo y poco, muy poco cine. 

PD Agradecida: Hay que agradecer a los lectores que se arriesgan a hacer comentarios inteligentes e interesantes en este país de opinadores pasionales. Créanme que los leemos y los celebramos. Así que va el saludo para Karl Uffre, para Juan David, para James y para Arias. Sigan con nosotros.

El final de Lost o por qué a veces la televisión es mejor que el cine

Wednesday, June 9, 2010 por Samuel Castro

Si nos atenemos a las clases de públicos de Lost (suponiendo, creo que con seguridad, que muchos de los lectores de ochoymedio han visto la serie) que Hernán Casciari, el escritor y excelente bloguero argentino (aunque escribe desde España) definió en su sitio, Espoiler.tv, hace quince días, yo soy del tipo agradecido, de la clase de  personas que se alegra de haber estado varios años, dedicando una hora a la semana a ese relato televisivo, mezcla de novela romántica, saga de aventuras y misterio filosófico, que nos llevó la cabeza de preguntas y la retina de historias. ¡Y qué historias! Porque hace dos semanas, cuando se acabó LA HISTORIA y los sitios web se llenaron de opiniones descalificadores acerca de “lo pobre” y “lo fácil” que había sido el final de Lost (cómo se nota que todos creen que ser guionista es muy fácil), yo pensé que esa trama, la de la isla y quiénes eran los otros y por qué pasaba lo que pasaba, era la que menos me había asombrado. Sí, era parte de su encanto e ingrediente de la mezcla perfecta de la serie, pero en realidad lo que siempre me atrajo de Lost fueron las pequeñas historias, las de cada capítulo, las que nos decían por qué Sawyer desconfiaba del mundo o cuál era el motivo para que Locke  se asombrara en medio del accidente al mover las piernas. Ese descubrimiento paulatino de los personajes a través de estructuras narrativas no muy frecuentes en la televisión, era la verdadera riqueza de Lost, su fuerza y su encanto.

Lost 1

Y como éste es un blog sobre cine y no sobre mis gustos televisivos, es el momento de explicar, con el ejemplo de Lost, por qué a veces la televisión es mejor que el cine. Basta con imaginar lo que pasaría si un thriller de suspenso que se desarrolla en una isla misteriosa, dejara al final más de la mitad de los hilos narrativos como cabos sueltos. Saldríamos de la sala de cine sintiendo que nos robaron la plata que pagamos por la boleta, insultando a nuestros distribuidores y quejándonos de lo malo que es el cine de hoy en día. Y tendríamos razón, porque en el cine un guionista no puede “permitirse” ese tipo de cosas: estamos ahí para que nos cuenten una historia y para que salvo una secuela, la historia se cierre perfectamente.

Lost 2

Pero en televisión (¡Dios bendiga las series gringas!, estoy hablando de ellas y no de nuestras telenovelas cada vez menos audaces) las cosas no tienen por qué ocurrir así: los capítulos se pueden llenar con momentos aparentemente intrascendentes (como cuando Hugo le ganó a Sawyer jugando ping-pong) que sin embargo, humanizan a los personajes; el cine intrascendente no es fácil de soportar ni siquiera en los festivales. Puede que haya, como en la serie de ABC, 6 ó 7 personajes principales; las películas corales en general son fragmentadas y superficiales. Es más que probable que en la tercera temporada aparezca un personaje sacado del sombrero de un mago, que se vuelve absolutamente imprescindible. La complejidad en televisión no es un lastre sino todo lo contrario, la opción que tienen los guionistas para que la serie dure más temporadas. En cine los personajes para que sean verosímiles deben estar perfectamente definidos y sorprendernos con su comportamiento máximo una vez, para que sean “creíbles” con respecto a la historia. En televisión un personaje puede cambiar de opinión, evolucionar, convertirse en un asesino en serie o arrepentirse por haber actuado en contra de sus valores. Y paradójicamente lo que en cine es contradicción es televisión es pura imitación de la realidad. Por eso le creemos a una serie lo que no permitiríamos en una película. Por eso aceptamos que House pueda tener piedad o mostrar misericordia por alguien: ya lo conocemos tan bien que no nos parece del todo sorprendente y varios detalles a lo largo de los años nos han dado pistas de que hay algo bueno bajo el ogro.

Lost 3

Podría seguir enumerando ventajas: en televisión los “picos” emocionales se distribuyen a lo largo de la temporada, pudiendo hacer capítulos de “transición” que sin embargo, son esenciales para engancharnos con los personajes. La televisión permite “ensayar” caminos y luego deshacerlos (como lo hizo varias veces Lost). Cuando se hace buena televisión, la ciencia ficción es más filosófica, el drama más detallista, la violencia menos gráfica y hasta el western (como en Deadwood) se enriquece. Y la buena televisión, las series extraordinarias (a pesar de lo que digan la opción de conservar el misterio de la isla fue una opción bastante aceptable) como Lost, nos dejan en el alma cuando se acaban la misma sensación que se tiene al llegar a la última página de una novela grandiosa: el de un viaje en el que conocimos a compañeros de viaje y paisajes inolvidables.

Amo el cine, es cierto, pero hoy en día quien diga que la televisión sigue siendo “la caja tonta” es porque se duerme cada noche viendo Caracol.