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Eduardo Sacheri: del Hay Festival al Blogumental

Thursday, January 24, 2013 por Samuel Castro

Gracias a la amable gestión de la Oficina de Prensa del Hay Festival Cartagena y luego de poder asistir a una especie de “inauguración no oficial” del evento en la que se destacó la importancia de la lectura en la educación, Ochoymedio pudo entrevistar a Eduardo Sacheri, el escritor argentino autor de “La pregunta de sus ojos”, la novela en la cual está basada la extraordinaria cinta de Juan José Campanella, El secreto de sus ojos, de la cual Sacheri es también coautor del guión. Además de hablar sobre algunos detalles de su escritura, de profundizar en ciertas particularidades de la adaptación de su novela al cine, y de sacarle algo de información sobre su próximo proyecto con Campanella, la cinta animada Metegol, Sacheri accedió a responder el ya famoso cuestionario que conocemos en estas páginas como Blogumental.

Sacheri 3

Usted fue profesor de historia. ¿Qué tanto y de qué manera se fija usted en “la historia oficial”, sus datos y anécdotas, a la hora de hacer un relato de época, o que ocurre en el pasado?

Me parece importante que la ficción que uno decide narrar encuentre un marco verosímil en el entorno histórico social. Si bien yo no escribo “novelas históricas” me parece útil y necesario que mis personajes y sus vidas tengan, como telón de fondo, los horizontes, expectativas, valores y posibilidades de la época en que están situados.

Uno de los momentos más emocionantes, por lo menos para mí, de El secreto de sus ojos, es cuando Sandoval explica con el fútbol lo que significa la pasión. ¿Por qué cree usted que hay tan pocas películas, tan pocas obras de arte, que logran transmitir lo que significa el fútbol para tantas personas?

Creo que existe una vieja desconfianza del mundo intelectual y artístico hacia el terreno de la cultura popular, sus manifestaciones y sus valores. Creo que el fútbol ha sucumbido a ese prejuicio durante muchos años. Sin embargo, creo también que en los últimos años esa prevención ha retrocedido en la mirada de muchos creadores. Un camino inconcluso, tal vez, pero por el que se comienza a transitar.

¿Por qué escribir el cuento “El hombre”, que contaba la historia de Isidoro y Ricardo Morales, antes de que surgiera “La pregunta de sus ojos”?

Cuando me propuse escribir esta historia (cuyo tema central me rondaba desde hacía muchos años) yo había incursionado en el género del cuento, pero no me había atrevido a encarar el trabajo de largo aliento que significa escribir una novela. Hice varios —numerosos— intentos de que la historia entera cupiese en un cuento. Naturalmente, fracasé. Y cuando me reconcilié con ese fracaso decidí escribir un cuento que narrase un día, un solo día, de esa historia que abarcaba tres décadas. Y publicar ese cuento. Cuando fuese capaz de escribir la novela, le daría la chance a mis lectores más asiduos de establecer el vínculo entre ambos textos. Me encanta —como lector— cuando un escritor me propone ese guiño. Pienso, por ejemplo, en García Márquez y su Coronel (de “El coronel no tiene quien le escriba”), que atraviesa —cargando el tesoro revolucionario— un par de páginas de “Cien años de soledad”. Me encantan esos guiños. Y espero que se me disculpe la osadía de citar un antecedente de esa envergadura, claro.

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¿Qué tan difícil fue para usted cambiar lo que ocurría en el interrogatorio a Isidoro que hacían Sandoval y Benjamín en la novela, por la versión que al final quedó en la película?, ¿cómo lo hizo?

Fue difícil pasar de una provocación eminentemente masculina, entre hombres, a otra en que el elemento femenino era tan importante. Sobre todo, encarnar esa provocación en Irene, que era un personaje tan contenido, tan poco corpóreo, en algún punto. Creo que la solución fue convertir esa escena en un punto de auto revelación para el propio personaje. Una especie de “Descubro en este instante de lo que soy capaz de provocar”. Las conversaciones con Campanella fueron también determinantes, en hallar el tono correcto para eso.

¿Qué diferencias hay en escribir el guión de una película que tendrá actores frente a la cámara y escribir una película animada, como Metegol, donde todo, teóricamente, es posible?

Bueno, la verdad es que desde mi posición de guionista no me representó tantas diferencias. Tal vez, por mi propia inconsciencia, de no tomar demasiado en cuenta los límites concretos en una producción con actores. Pero creo que, sobre todo, se debe a que en ambas películas el acento está puesto en los personajes, en su evolución, en su crecimiento a lo largo del filme. En ese sentido, Metegol es una apuesta muy ambiciosa desde lo visual, pero sobre todo es una historia de personajes, que viven, sienten y cambian. O al menos esa es mi perspectiva.

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Blogumental

¿Recuerda qué sintió al ir al cine por primera vez?

Puedo poner esa respuesta en tiempo presente. Cuando se apagan las luces, y me envuelve el sonido, y esas imágenes enormes se me vienen encima, vuelvo a sentir cada vez la misma maravilla, el mismo asombro y el mismo placer que la primera vez.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Si tienen que ver con mi vida, sabrá dispensar el lector que su impacto tenga que ver con la edad en que las vi. Robin Hood (la versión de dibujos animados de Walt Disney). E.T., de Spielberg. Cinema Paradiso, de Tornatore. El Padrino, de Coppola (la descubrí tarde, pero me marcó absolutamente). Nueve reinas de Fabián Bielinsky.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

La gran seducción, de Jean-François Pouliot. Esa película resume casi todo lo que me importa de la vida.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Duro de matar. Nunca me voy a cansar de ver las doscientas vidas que puede perder Bruce Willis sin parar de aniquilar villanos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

En realidad es más larga la pregunta que la respuesta. Es simple: porque el cine es una de las cosas más lindas que conozco en la vida. Leer libros, ver películas y jugar al fútbol. No me pidan que las jerarquice.

Blogumental de cine: Darío Jaramillo Agudelo

Saturday, September 24, 2011 por Samuel Castro

Esta vez al blogumental se lo toma la poesía, con las respuestas de uno de los poetas que a muchos de nosotros más nos han conmovido en la vida. Y aunque puede que Darío Jaramillo Agudelo no comparta con nosotros la pasión por el cine (tal vez porque su primera vez con el cine un monstruo se atravesó en su camino) es cierto que eso es lo que pasa con los poetas: que ven la belleza del mundo donde otros no.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Era un cine que proyectaban en la plaza de mi pueblo, Santa Rosa de Osos. Todo el pueblo iba verlo. No recuerdo la película. Hacía frío y sólo recuerdo un monstruo.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Casablanca, Siete hombres y un destino, Mi tío

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

No tentaría a nadie con un pecado que yo no cometo. No voy a cine desde el siglo pasado. Ocurre que me duermo en cine y los amigos que me llevaban ya no me invitan desde mis ronquidos en Cyrano de Bergerac. Y si pongo una película en el televisor, en realidad estoy poniendo un somnífero infalible.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

No tengo.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Sí puedo.

Blogumental de cine: Andrés Sánchez

Wednesday, June 29, 2011 por Samuel Castro

Seguimos con nuestro blogumental, el lugar donde escuchamos a algunas voces valiosas, hablándonos de nuestro tema favorito, el cine. En este caso, nuestro invitado es Andrés Sánchez, (@tropicalia115 en Twitter). Pero que sea una de los fundadores de Ochoymedio, Ricardo Silva Romero (@RSilvaRomero) el que nos presente a Andrés.

Andrés Sánchez es un escritor que se ha hecho a sí mismo en la era de Internet: entre YouTube, Twitter y los blogs. Tiene una cultura, desde los libros hasta los videos, que resulta abrumadora. Y, como él mismo suele decir, la clave de su vida se encuentra en todas las ficciones que lo mantienen a flote. Hoy en día se lo tropiezan con mayor frecuencia sus alumnos del CESA y sus compañeros de la maestría en literatura de la Universidad Javeriana.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Difícil. Pero creo que fue una de las películas de Disney de principios de los 90, en el Astor Plaza o en los teatros viejos de Granahorrar. Y terminé pasmado viendo las historias (en esa época eran excelentes) para después volverme fiel de la sala de cine.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Comienzo con Inocencia interrumpida, que me enseñó el placer de ver cine solo sin nadie (además, daría pena llorar toda la película al lado de alguien). Sigo con las de Pixar, todas. Me permito agregar algunos capítulos de series (no comprendo cómo el “cinéfilo” desprecia la televisión): algunos de Grey’s Anatomy, Los Simpsons y South Park (que son una clase magistral de escribir guiones); a veces un capítulo o dos minutos de una serie tienen mucho más sentido para una vida que una película que, a veces, es aburridora. La última escena de La vida acuática con Steve Zissou (cuando Bill Murray levanta al sobrino de Klaus y suena Queen bitch de David Bowie) me dejó completamente pasmado, y Waking life me dejó con ganas de no tener más sueños lúcidos. Luego, las sagas: La guerra de las galaxias, Indiana Jones, El señor de los anillos: la espera por un capítulo más, el placer agridulce de la última imagen. Después, irían esas que son construidas, tipo Crash, Babel y Magnolia, fragmentadas como la mente a medida que uno crece. Y terminaría con The Big Lebowski, sólo por lo que significó el momento en todo sentido para mi vida de hoy en día.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Todas las anteriores.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Las películas de desastre son mi placer culpable por excelencia. Ponen una por televisión y no puedo dejar de verla, ahí podría incluir Día de la independencia, El día después de mañana, Godzilla (Roland Emmerich es un genio para los desastres, creo que tiene algo con destruir la Estatua de la Libertad), Armageddon, Impacto profundo, e incluso la deprimente Pearl Harbor no me deja cambiar de canal. Juego de gemelas es una que repiten siempre y siempre la veo, y cualquiera de Ben Stiller me parece perfecta para perder el tiempo un domingo por la tarde después del fútbol.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Es lo más cercano a un arte total como lo soñó Wagner con la ópera. Y el cine es la fuente de la cual están bebiendo muchas, por no decir todas las artes. Desde la literatura hasta la música: quien no ve cine no puede crear arte en este momento. Sería, por lo menos, un arte que olvida su contexto.

Blogumental de cine: Felipe Restrepo

Friday, May 27, 2011 por Samuel Castro

A falta de post y críticas (ya se imaginarán el trabajo en el que andamos, no dejen de disculparnos y de leernos) siempre es bueno continuar con los buenos proyectos, como el de nuestro blogumental. Esta vez, el invitado es Felipe Restrepo, (@felres en Twitter), uno de esos tipos que cualquiera quisiera tener de amigo, que ha tenido la suerte de satisfacer su pasión por el cine, con entrevistas a verdaderas estrellas (Ewan McGregor o Chris O’Donnell han sido algunas de las más recientes) que realiza como editor de la revista Esquire para Latinoamérica. Además el tiempo le alcanza para ser columnista de El Espectador y la Revista Gente edición mexicana. Un verdadero gatopardo de la literatura y de la escritura.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Desde muy chiquito mi papá me llevaba a cine todos los sábados por la tarde. Más que las películas que me llevaba a ver, recuerdo la impresión que me causaba entrar en ese mundo. Por lo general íbamos al Astor Plaza o al Royal Plaza —que ya no sé si siguen siendo salas de cine o las convirtieron en iglesias o en discotecas— que eran teatros enormes y viejos. Me sentía muy bien ahí y descubrí pronto que el cine era una de las mejores cosas que tenía la vida. Creo que cada vez que regreso a ver una película busco volver a sentirme igual. Pero, como decía, no recuerdo exactamente qué películas veíamos. Yo siempre quería que me mi papá me llevara a ver las de James Bond, pero eran para mayores de 12 años —creo que por las escenas, fuertísimas, de sexo— así que no me dejaban entrar. Siempre terminábamos viendo alguna de acción malísima o, peor, una de Disney. Me acuerdo que Volver al futuro fue la primera que me gustó de verdad.
 
¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Estoy de acuerdo con algo que dice por ahí Alejandro Martín: los eventos que menciona no fueron grandes eventos. Más bien trámites aburridos. En cambio, algunas películas sí fueron acontecimientos que marcaron momentos muy precisos de mi vida. La lista es larga, pero más o menos es, en orden cronológico: las de Superman, Batman e Indiana Jones (porque era como ser amigo de tres niños: uno bueno, uno malo y uno inteligente); Adiós a los niños (porque era sentir la misma angustia de ir al colegio); El silencio de los inocentes (porque no podía imaginarme nada más asustador); El club de la pelea (porque ahí estaba todo lo que siempre había querido que me dijeran); Y tu mamá también (porque era muy caliente); Bowling for Columbine (porque el mundo no es un lugar seguro); Belleza americana (porque tiene la secuencia final más bonita que yo haya visto); Secreto en la montaña (porque fue liberadora); y El Padrino (porque mi propia familia no era tan disfucional, después de todo).

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Pues me imagino que le mostraría mi película favorita: El club de la pelea, de David Fincher. Aunque no sé si eso le explicaría algo sobre mí —es posible que más bien lo asustara un poco—. Creo que mejor haría una selección de la lista que mencioné en la respuesta anterior.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Tengo una debilidad por los placeres y mucho más si son culposos. Así que mi lista es larga y un poco vergonzosa para confesarla acá. Pero hay dos películas que tendría que mencionar. La primera es Forrest Gump que muchos consideran mala, pero no lo es tanto. Hay algo en esa película —las actuaciones o cómo cuentan la historia, no sé— que siempre me conmueve mucho.
Y luego está —en un merecido primer lugar— La sinfonía del Señor Holland (Mr.Holland Opus). Una película pésima, con Richard Dreyfuss, que no es más que una serie de lugares comunes: la esposa abnegada, el alumno rebelde, la alumna gordita, el hijo sordo, etc. Pero debo confesar que me parece la obra maestra de ese género que nos gusta tanto a todos: el del profesor sabio que le cambia la vida a sus alumnos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Por dos razones. Una práctica: me quedaría sin trabajo y sin con qué vivir. Y otra aún más práctica: me quedaría sin ganas de vivir.

Blogumental de cine: Mauricio Bonnett

Wednesday, March 30, 2011 por Diana Ospina

Continuando con la iniciativa de las entrevistas aquí va: Mauricio Bonnett.

Quién es: escritor, guionista y director colombiano radicado en Londres desde 1987. Célebre por: Además de por ser inteligente y buen conversador, por dos hermosos libros que toca leer, La mujer en el umbral (2005) y El triunfo de la muerte (2010), y por por seguirle los pasos a Mario Vargas Llosa, entre el 2002 y el 2005, para realizar dos documentales sobre el, ahora, Premio Nobel.

1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Mis recuerdos varían y se mezclan, unos placenteros y otros espantosos, y no estoy seguro de que alguno corresponda a mi primera vista al cine. Sin embargo todos lo parecen y tal vez alguno lo fue. Recuerdo la pantalla del Metro Teusaquillo, enorme y blanca como un farallón, y el hormigueo expectante que sentía en el estómago mientras oía la música de Ligeti que servía de preámbulo a la proyección de “2001: Odisea del espacio”. También recuerdo con horror los momentos previos a salir de la casa a ver una película bíblica (¿”Rey de reyes”, tal vez?). Yo no quería ir porque tenía terror del momento en que se “rasga el velo del templo” y se “abren los cielos”. Ese abrir de los cielos me hacía prever imágenes de un horror paralizante. Además no ayudaba a mi ánimo que días antes se habían tratado de entrar los ladrones y mis papás, antes de salir, decidieron guardar todos los objetos de valor como si de un momento a otro fueran a invadir lo Hunos. Después de tanto terror y suspenso, cuando llegó la temida escena, los efectos especiales resultaron tan ridículos que me sentí estafado.
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Cuando tenía 15 años, me preparé largo tiempo para el estreno de “Barry Lyndon”. Mi hermano, que me lleva ocho años, me había contado “Naranja Mecánica” en gran detalle unos años antes, y la proyección de la nueva película de Kubrick iba a ser mi iniciación en los misterios del “verdadero” cine. Me disfracé de adulto (o, mejor dicho, simplemente me disfracé) y, para mi sorpresa, entré sin problema alguno. La película resultó todavía más perfecta de lo que había soñado y ese día decidí que tenía que hacer cine. Digamos que esa pudo ser mi “primera comunión” cinematográfica. Semanas después vi en el cine La Comedia, “Gritos y susurros” de Bergman, y quedé tan traumatizado que tuve pesadillas varios días seguidos: creo que eso, sin duda, me preparó para los horrores del matrimonio. Un par de años después, en la Cinemateca Distrital, vi “Nos amamos tanto” de Ettore Scola. Quedé conmovido y feliz, y la vi casi a diario mientras duró en cartelera. Ese fue, sin duda, mi el equivalente cinematográfico a mi “primer amor”. Tanto así que no soy capaz de verla ahora por miedo a defraudarme.

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Depende, si es hombre trataría de convertirlo a los misterios del cine de Bresson y de Tarkovsky. Si es mujer, me iría por “Nos amamos tanto” o, si estoy lanzado, por “El imperio de los sentidos”. El cine es una maravillosa arma de seducción.
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Yo se que debería tener una película mala entre mis favoritas, pero por más que lo pienso no encuentro una. De vez en cuando, en televisión, he visto comedias románticas con cierto dudoso placer, pero la verdad es que ni siquiera me acuerdo de sus títulos.


5. ¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Si puedo, claro que puedo. Siempre me queda la literatura…

 

 

Blogumental de cine: Ángel Marcel

Thursday, March 3, 2011 por Samuel Castro

Hace rato que no publicábamos nuevas entrevistas del blogumental, que continúa aquí en ochoymedio, después de comenzar en el blog de cine que Ricardo Silva Romero, fundador de esta página, tenía en la revista Semana. La idea es que el blogumental nunca concluya, que cada vez que podamos averigüemos lo que significa el cine y los recuerdos que le deja a personas cuya opinión es interesante conocer. Esta vez, Ángel Marcel.

Fecha y lugar de nacimiento: julio 16 de 1945, en Neiva, Huila, el mismo día cuando se iniciaron las primeras pruebas con bombas atómicas. Quién es: poeta, ensayista, maestro de generaciones de poetas y narradores, académico, pintor, padre de familia, hermano gemelo, director del departamento de humanidades del Politécnico Grancolombiano, monje en algunas otras vidas. Costumbres: escribe sonetos, ensayos, relatos, poemas gigantes y, de resto, es un buen padre y un humorista profesional.Y sí, sigue siendo maestro. Y hasta amigo. Aparece en: los pies de página de Relato de Navidad en La Gran Vía; será protagonista de Walkman. Célebre por: haberse distanciado del editor de Relato de Navidad en La Gran Vía por haber publicado un libro tan obsceno.

1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
 
Es como montar en avión por primera vez. Fue en un DC-3 de la aerolínea TAO (Taxi Aéreo Opita), en un vuelo Neiva-Bogotá. Recuerdo que la cerradura de la puerta no servía, así que el piloto, un señor con barriga y nuca de camionero, la amarró con un rejo.
 
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
 
Ni la primera comunión ni la graduación ni el matrimonio fueron para mí grandes eventos. Fueron algo así como versiones personales de El chavo del ocho
 
3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
 
Depende. Si fuera un hombre, lo pondría a ver conmigo Sodoma. Si fuera una mujer, Cabalgata anal.
 
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
 
Ben-Hur, El mártir del calvario, La novicia rebelde, Marcelino, pan y vino.
 
5. ¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?
 
Sí puedo dejar de ver cine. De hecho veo poco. Lo que no puedo dejar de hacer es teatro. Me considero magnífico comediante, tanto que he logrado dar clases por más de 35 años.

Blogumental de cine: Fernando Gómez

Friday, May 21, 2010 por Samuel Castro

El blogumental sigue siendo importante. Nos ha faltado tiempo para actualizar los datos de las personas que le respondieron el cuestionario a Ricardo Silva, nuestro gran amigo, pues los días pasan, los trabajos cambian y las referencias se transforman. Fernando, por ejemplo, fue hace años editor cultural de Semana y crítico de la misma revista. Hoy es el editor de Cromos, pero no ha dejado de reseñar películas, ni de amar al cine, ni de ser el tipo querido que siempre ha sido. Y estas fueron sus respuestas.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
Cada vez que se oscurece la sala siento lo mismo: la ansiedad por lo que va a suceder y la expectativa de qué tipo de emociones van a surgir. La oscuridad es maravillosa porque uno tiene la sensación de que está solo, o al menos de que nadie lo está viendo. Si la televisión es luminosa como el día, el cine es negro como la noche, una noche sin estrellas que le permite a uno transformarse sin que nadie se dé cuenta. Lástima que los avisos de no fumar se hayan vuelto cinematográficos. Lo mejor de aguardar era el dibujo en rojo sobre negro de una nube de humo soplando al fumador. Podría jurar que se movía.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
Si se comparan con la primera comunión o la graduación, entonces debo decir que son dos: Tiburón y El exorcista. Sencillamente, casi pierdo la razón por no poder entrar al teatro cuando fueron estrenadas. No me dejaban. Tuve que esperar mucho tiempo para matar mi curiosidad. Verlas fue la confirmación de que en adelante ya tenía edad para ver lo que quería. Fue como una graduación. Pero si se trata del descubrimiento del cine como magia, entonces debo escojer al Chaplin de la época muda, y dos joyas por las cuales vale la pena ver cine: El ladrón de bicicletas y La Strada.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
Cyrano de Bergerac, de Jean-Paul Rappeneau; El libro de la selva, de Wolfgang Reitherman; Mejor imposible, de James Brooks.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
Alien
, el octavo pasajero, de Ridley Scott; La guerra de las galaxias, de George Lucas; y las terribles comedias de Michael J. Fox. Pero tengo más…

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?
No puedo dejar de ver cine porque llega un momento en que no resisto no hacerlo. Es una respuesta tonta, pero es la única que tengo. La sensación de meterme en la piel de alguien por un buen rato es algo que no se cambia por nada. La sensación es similar a la de la lectura, aunque suelo ser mucho menos exigente con el cine.