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Archivo para la categoría 'Análisis'

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 28, 2016 por Samuel Castro
No se preocupen, lectores de España. Este no es el guión de una película porno, como podrían pensar, sino la apuesta que cada año hago con muchos amigos, para divertirnos durante la transmisión. Una apuesta que ya es una tradición y que se convierte en un reto personal. Creo que la vez que más he acertado fue cuando le pegue a 16 categorías. Claro, son los riesgos de intentarlo en todas, pero si no, qué gracia tendría. Comencemos entonces, según el orden que amablemente nos compartió el colega argentino Diego Lerer a través de Twitter.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight
Debería ganar “Inside out”, pero estos viejitos que son los miembros de la Academia no van a premiar a una película animada en una categoría “seria” (para ellos) así que está muy bien que se lo gane esa maravillosa historia de “Spotlight”.
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Charles Randolph y Adam McKay por The big short
Ni siquiera nominaron a “Carol” a mejor película, como debería haber ocurrido, mucho menos le van a dar el Óscar a mejor guión original. Como muchos perdieron plata en la crisis del 2008 y es su oportunidad de hacerse los trascendentales, se lo van a dar a esa infladísima película que es “The big short”.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Alicia Vikander por The danish girl
De nuevo, como debería ganar Rooney Mara (equivocadamente puesta en esta categoría, cuando es tan principal como Cate Blanchett) pero no lo hará, los miembros se irán por una talentosa cara nueva. Y esa es la hermosa Alicia Vikander, que hace de “The danish girl” algo menos meloso de lo que podría haber sido, por fortuna.
MEJOR VESTUARIO
Paco Delgado por The danish girl
Lo lógico sería que Sandy Powell con sus dos nominaciones, ganara el Óscar. Pero esta dualidad va a hacer que sus votos se dividan y ahí podrá estar esperando el español (que es físico, además) para llevarse la estatuilla por un gran trabajo.
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Jack Fisk y Hamish Purdy, por The revenant
Encontrar todos los escenarios que necesitaba una producción épica como esta y luego ser capaz de volar al otro lado del mundo para lograr sobrellevar el contratiempo de la falta de nieve, es suficiente mérito para este premio.
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin, por Mad Max
Sólo cierren los ojos y recuerden lo que es Imperator Furiosa e Inmortan Joe, para que no haya dudas en esta categoría.
MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The revenant
Llevo repitiendo este texto tres años seguidos. El texto exacto. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.
MEJOR EDICIÓN
Margaret Sixel por Mad Max
Si algo es bueno en Mad Max es su edición espléndida. Y si dándole el premio a Margaret, que es la esposa de George Miller, hacemos que los votantes prefieran en director a Alejandro González Iñárritu, mejor que mejor.
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Mark A. Mangini y David White, por Mad Max
Normalmente los votantes le dan estos premios a las naves espaciales (que no es muy lógico) pero este año hay dos y hay una cantidad de motores de carros y gritos y voces en Mad Max, que harán que se lleve este premio.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
Este premio va pegado al anterior, por casi ñas mismas razones.
MEJORES EFECTOS VISUALES
Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver, Andy Williams
La osa es impresionante, pero Mad Max es un concierto para los ojos durante TODA la película.

MEJOR CORTO ANIMADO
Bear story
Otro oso ganador. Aunque “World of tomorrow” es más asombrosa visualmente, este corto es más sentimental y apela a la emoción, lo que priva a los miembros de la Academia.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Inside out
Ninguna duda, ¿o sí?

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Sylvester Stallone por Creed
Ustedes, ellos, nosotros, tú y yo, nos vamos a parar a aplaudir. Al menos yo lo haré. Eso sí, sin fotos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
A girl in the river
Aunque la historia de Chau es conmovedora, estas categorías últimamente buscan premiar héroes o hacer hincapié en fenómenos sociales que la Academia quiere atacar, y la historia de las mujeres que son asesinadas por honor en Pakistán, parece demasiado atractiva para ese fin.
MEJOR DOCUMENTAL
Amy
La crítica que hice sobre esta gran película se llama “Ver el fuego extinguirse”, y tiene un epígrafe de Porfirio Barba Jacob. Mi corazón está comprometido aquí. No soy imparcial. No quiero serlo.
MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Shok
Niños, guerra de Kosovo, un arrepentimiento, bicicleta. Receta perfecta, en mi opinión.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
El abrazo de la serpiente
A esta altura de la ceremonia, o voy ganando endiabladamente o voy de culos del todo. Prefiero decir mañana que me equivoqué por mi ánimo nacionalista que lamentar no tener la confianza en los puntos de análisis que he mencionado antes (el momento político, lo “complicado” de la historia de “El hijo de Saúl”) así que sí, soy de ese 5% de críticos del mundo que dan ganadora a “El abrazo de la serpiente”.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Til it happens to you” de Diane Warren y Lady Gaga
Me cae mal Lady Gaga. Pero me cae peor ese tonto de Sam Smith que no supo darle grandeza a la canción para James Bond, así que espero que la mamá de los monstruos se lleve esa vaina. O que se lo regale a Roger Deakins.
MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ennio Morriccone
No se van a perder los Óscar la oportunidad de premiar a una leyenda.
MEJOR DIRECTOR
Alejandro González Iñárritu por The revenant
¡Qué importa que Alejandro tenga un ego gigante si hace películas grandiosas! Que se lleve los que quiera. Y que hable en español un poquito, por favor.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Brie Larson por Room
Lástima que no existe el empate (aunque hubo alguna vez) porque debería ganarlo compartido con Cate Blanchett, pero no se atreverá el Óscar a darle su TERCER Óscar a la australiana.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Leonardo DiCaprio por The revenant
Por fin. Respiremos.
MEJOR PELÍCULA
The revenant
Y lo digo de una vez, si perdiera con Spotlight también sonreiría. Pero que no se les ocurra premiar a The big short porque le tiro un zapato al televisor.
Listo. Que comience esta vaina. Si los hago todos, salgo corriendo a comprar el Baloto.

Revista Kinetoscopio: el cinéfilo crítico

Wednesday, June 10, 2015 por Samuel Castro

No me gusta la palabra reseña, por tibia. A diferencia de su equivalente en inglés (review), la reseña no especifica esa acción de volver a mirar, con más cuidado, que distingue al espectador desprevenido del crítico. Reseña suena a comentario casual, a enumeración de atributos. Crítica, en cambio, me parece mucho mejor porque se anda sin tapujos: yo vengo a mirar esto y a decirle por qué creo que lo que veo no funciona, o funciona menos bien de lo que usted cree, señor director. Me gusta entonces, porque de inmediato se piensa mal de la crítica, como si fuera el villano de la historia. Y como sabe cualquiera que haya visto películas de Disney alguna vez, los villanos son los personajes más interesantes del mundo.

Kinetoscopio 1

La revista Kinetoscopio hace crítica de cine desde hace 25 años. Sólo la frase ya asusta. Un cuarto de siglo siendo “los malos” del paseo, llevando la contraria desde una ciudad como Medellín, donde llevar la contraria siempre ha traído problemas. Un cuarto de siglo que les ha permitido a sus lectores entender el valor del disenso, de la argumentación, a través de la conversación sobre cine, que siendo un arte popular genera muchas más pasiones que, por ejemplo, una discusión sobre “los elementos geométricos en la composición de los cuadros de tal artista”. Para cada persona, sin excepción, las películas buenas son las que le gustan a ella, así que hacer crítica de cine es, automáticamente, ponerse frente al blanco para que te lancen cuchillos.

Kinetoscopio 2

En el periódico El Colombiano hizo durante muchos años la crítica de cine —que ahora compartimos dos integrantes de Kinetoscopio, Oswaldo Osorio y yo—, el sacerdote Luis Alberto Álvarez, a quien no tuve el gusto de conocer y por quien, sin embargo, siento el afecto de un niño con un abuelo que vive muy lejos y al que quiere parecerse por lo imponente que se ve en los retratos. El padre Luis Alberto, junto con Paul Bardwell, también fallecido, y editores como Pedro Adrián Zuluaga o Juan Carlos González y el apoyo institucional, invaluable e inagotable del Colombo Americano de Medellín, han logrado convertir a Kinetoscopio en una institución, no sólo en Colombia sino, gracias a la constancia y la resistencia, en América Latina, donde tanta falta hace que dejemos de tirarnos cuchillos y donde hay muchas peleas y pocos debates.

Kinetoscopio 3

Los que han leído mis críticas sabrán que trato de evadir la primera persona en la escritura. Hoy no lo hago porque debo agradecerle a Kinetoscopio no sólo la oportunidad de publicar textos míos que no tendrían cabida en otros medios sino porque desde cuando era apenas lector, me enseñó que se puede ser crítico sin dejar de amar al cine, que el buen crítico no es el que las sabe todas sino el que todo lo quiere aprender, que uno puede ser el más amigo del que piense lo contrario y quererlo más, incluso, gracias a eso. Que vale la pena escribir sobre cine, porque para el cinéfilo que tiene la misión de argumentar sus opiniones, cada crítica es un poema de amor, a veces incisivo y otras fogoso. Pero jamás tibio.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 22, 2015 por Samuel Castro

Creo que me estoy contagiando de la moda de titular provocadoramente para después salir con un chorro de babas, esa “fórmula” que tantas revistas “novedosas” usan para atrapar incautos. En este caso, el chorro no es de babas sino de apuestas, a TODAS las categorías del Premio Óscar. Cada año hago esto porque supongo que si acierto todos los resultados puedo salir corriendo a comprarme el Baloto con la seguridad de que me lo voy a ganar. O, más bien, porque así tengo una excusa para no dormirme viendo la ceremonia mientras voy contando qué tal me va con los porcentajes. Aunque soy fan de Neil Patrick Harris, así que confío en que no me decepcione encargándose de conducir uno de los pocos momentos de año que, en mi vida, realmente merece el adjetivo de imperdible, tan malgastado en Twitter. Vamos con la apuesta entonces y los que lean esto serán los encargados de rifas, juegos y espectáculos. O invitan a una cerveza, lo que prefieran.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
The phone call
Aunque hay otros cortos buenos en la categoría, incluso otro con actores reconocidos, como Aya, que cuenta con Ulrich Thomsen, este es el más emotivo de todos, con una situación bien bonita: la llamada de un anciano a un servicio de asistencia social porque ya no quiere vivir más. La que atiende la llamada es una estupenda Sally Hawkins y el enorme actor que nos conmueve con su voz, al que nunca vemos, es otro gigante: Jim Broadbent.

MEJOR CORTO ANIMADO
Feast
Uno a veces tiene la sensación de que Pixar se gana las cosas por su fama. Pero en este caso no. El cortometraje que nos encantó a muchos cuando vimos Big hero 6 en salas de cine es también el más bello de su categoría, porque logra poner la técnica al servicio de una historia que se entiende sin traducción y que es tierna, divertida y profunda a la vez. Como pasaba antes, cuando Pixar nunca se equivocaba.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
White Earth
Esta es la categoría más difícil de las de cortometrajes. Suena cruel pero creo que al haber dos cortos sobre niños enfermos los votos se dividirán y eso le permitirá a White Earth, un retrato social sobre una realidad que para la mayor parte de los gringos es desconocida: la vida en las tierras heladas donde lo único que se produce es petróleo.

MEJOR DOCUMENTAL
Citizenfour
Se habló demasiado sobre Edward Snowden y sobre lo que sus revelaciones causaron, como para que los votantes de la Academia no se inclinen a premiar este documental que documenta uno de los momentos más importantes de la historia política norteamericana de los últimos años.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Interstellar
Alguna cosa deben darle a esta película que debió estar en las nominadas en la categoría principal. Y suena mejor que dárselo a Guardianes de la galaxia, por mucho que nos haya gustado. ¿O no?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
American Sniper
La proximidad de su estreno con la votación hace que la gente la tenga más fresca en la memoria, por un lado. Por el otro, creo que habrá muchos votantes que pensaron que esta era la oportunidad para darle al taquillazo de Clint Eastwood un par de estatuillas.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
American Sniper
Aquí, o gano dos o pierdo dos en esta apuesta. Y si me la jugué por American sniper en la anterior, moriré con las botas puestas. Pero si gana Interstellar, lo confieso, seré más feliz.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Glory” de Selma
Porque a pesar de que debería poder llevárselo “Lost stars” de Begin again, premiar esa canción será la forma de muchos de la Academia de aplacar sus conciencias y hacer su “buena acción” de la noche.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Alexandre Desplat por The Grand Budapest Hotel
Aunque hacía mucho que Hans Zimmer no creaba una partitura tan sobrecogedora como la de Interstellar, no es para todos los oídos, así que la Academia, si las dos candidaturas no lo perjudican, reparará una deuda de hace años y le dará por fin su hombre dorado a Desplat.

MEJOR MAQUILLAJE
Guardians of the galaxy
A pesar de que es impresionante no creo que la nariz de Steve Carell y la calva de Mark Ruffalo en Foxcatcher sean más impresionantes que los cientos de extraterrestres de Guardianes de la galaxia. Además Foxcatcher no está entre los favoritos de ninguna categoría grande, así que no hay arrastre.

MEJOR VESTUARIO
Anna B. Shepard por Maleficent
Normalmente en esta categoría se van por las películas de época, pero Mr.Turner se desinfló en el camino. Creería yo que un vestuario que se ha convertido en uno de los disfraces más pedidos para Halloween merecería ser reconocido acá. Vamos a ver. Para que enfoquen a Angelina.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Adam Stockhausen y Anna Pinnock por The Grand Budapest Hotel
¡Qué sería del cine de Wes Anderson sin un gran diseño de producción! Ya es hora de que la Academia lo empiece a reconocer como el gran autor de marca visual que es y esta categoría puede ser un buen comienzo.

MEJOR EDICIÓN
Tom Cross por Whiplash
Basta con ver un par de secuencias de Whiplash por ahí para entender que le hicieron caso al director cuando pidió que las escenas de música se filmaran como si fueran combates de acción. Y ese ritmo se logra a punta de edición.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Birdman
Podría repetir el texto del año pasado. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Ida
Entiendo que le hagamos barra a Relatos salvajes, pero Ida no es sólo una obra maestra, además tiene nominación justísima en otras categorías (cosa que poco ocurre) y toca uno de los temas consentidos de la Academia: la Segunda Guerra Mundial. Más que justo.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Song of the sea
Creo que va a ser la sorpresa de la noche. Desde que no nominaron a The Lego movie he creído que el mundo funciona raro. Y el estilo y las imágenes de Song of the sea son de una belleza, que nadie reclamará cuando se lleve el premio.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Anthony McCarten por The theory of everything
Se van a ir por la fácil. Se lo van a dar a Anthony McCarten por hacer una biopic de llanto previsible, sólo porque creen que esa es la manera de honrar la vida de Stephen Hawking.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Alejandro González-Iñárritu, Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris por Birdman
¿Cómo se van a perder la oportunidad de ver subir a la cuota latina en la noche, sobre todo si de verdad escriben el mejor guión de la velada? Por eso los personajes nos gustan tanto. Por eso sus actores se lucen así.

MEJOR DIRECTOR
Richard Linklater por Boyhood
Esto es una carrera de acumulación. Y Richard Linklater, el chico bueno de Texas, el muchacho de la casa que se ha vuelto autor, el que creo esas bellezas de la trilogía de “Antes de” tiene la oportunidad de consagrarse con una película que sólo estuvo en su cabeza y que retrata la infancia de no sé cuántos norteamericanos. Está en bandeja de plata, Academia, no la desperdicien.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Patricia Arquette por Boyhood
En honor a todas las mamás solas que han criado hijos a punta de cojones. De esas mamás a las que tanto quiere la senadora Viviane Morales. No hay discusión. Es uno de los fijos.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
J.K. Simmons por Whiplash
Un hombre que va con sombrero a una gala de premios de cine sabe que se lo va a ganar. Él lo sabe. Nosotros también.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Julianne Moore por Still Alice
En un mundo justo (y bueno, ustedes saben cómo es) la ganadora sería Rosamund Pike por Gone girl. Pero no puedo recordar cuándo fue la última vez que una actriz ganó por un papel de malvada. Así que claro, como por variar, se lo van a dar a la gran actriz que actúa una enfermedad devastadora. Otra vez.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Michael Keaton por Birdman
Sé que voy en contra de las probabilidades. Pero quiero creer que en el corazón de los votantes del Óscar que tienen más de 60 hay algo de solidaridad de edad con el actor que se acerca más a su generación y al que la suerte no lo favoreció en una época de su carrera. Quiero creerlo y por eso apuesto. Sería triste si no gano.

MEJOR PELÍCULA
Boyhood
¿Y entonces cuántos son o qué? Si gana Birdman también sería justo pero esta película merece ganar porque logra retratar una vida común, ni grandiosa ni terrible, común y corriente. Y mostrar su belleza. La belleza de lo cotidiano, de una vida en la que no pasa nada, es decir, de una vida como la de la mayor parte de la humanidad. ¿De verdad no les parece un buen argumento para que gane? Lo hará. Cuando lo haga, también se habrá hecho justicia.

Listo. Que comience esta vaina. Y que conste que los vaticinios están aquí. A ver si por fin me animo a comprar el Baloto.

Solo ante el prejuicio

Thursday, February 5, 2015 por Samuel Castro

El fuego es implacable, como la injusticia. En la madrugada del domingo primero de junio de 2008, las llamas no tuvieron piedad, y consumieron una buena parte de  las instalaciones de los Estudios Universal en Los Angeles. Casi todos los periodistas menores de 30 años lamentaron la pérdida de una construcción icónica en el cine de ciencia-ficción: la torre del reloj de Hill Valley, aquella en la que el doctor Emmett Brown, con su pelo revolcado por el viento, espera ansioso a que un rayo caiga y haga funcionar el artilugio que ha creado para que su amigo Marty McFly regrese al futuro. Sin embargo, en otra parte de los cables noticiosos, también se resaltaba una pérdida igual de irreparable: la corte de justicia del pequeño pueblo imaginario de Maycomb y réplica de la corte real de Monroeville, Alabama, era ahora una pila de escombros humeantes. Y aunque para algunos los decorados de las películas sólo sean una mezcla de papel maché, cartón y madera, esta corte típica de los estados sureños norteamericanos de la primera mitad del siglo XX era el escenario más importante de la que el American Film Institute declaró como la mejor película de estrados judiciales en la historia del cine norteamericano, To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor). En esa corte, el digno y honrado Atticus Finch defendería al pobre Tom Robinson. No ganaría el caso, por supuesto, porque Tom Robinson era un negro acusado de violar a una mujer blanca en el territorio racista por excelencia de Estados Unidos y todo ocurría durante los años treinta, muy lejos en el tiempo de la década del 60 y su reivindicación de la igualdad y los derechos civiles; pero su defensa inobjetable en aquel caso, su porte y sus palabras, convertirían a Atticus Finch en uno de los personajes más recordados en la historia del cine. Por fortuna, aunque la escenografía ya no exista, la cinta sigue siendo tan emocionante como en el año de su estreno y sigue haciéndole justicia a un libro único.

 Matar a un ruiseñor 1

 Del libro a la película

“For Jack Dunphy and Harper Lee. With my love and gratitude”. Eso decía la dedicatoria del libro. El amor, por supuesto, era para Jack, su novio de aquellos años. Pero la gratitud era para su amiga y confidente, su cómplice y ayudante. Truman Capote sabía que tal vez sin Harper Lee, sin su compañía y consejo, no habría podido terminar “A sangre fría”, la obra maestra que ansiaba escribir desde hacía varios años. Gracias al furor desatado por las dos películas biográficas que se hicieron, muchas personas escucharon el nombre de Harper Lee, y la vieron encarnada por Sandra Bullock y por Catherine Keener respectivamente. Sin embargo, Lee ya brillaba entre los escritores de su generación en 1961, cuando comenzó a trabajar con su amigo Capote en aquel gran reportaje, pues la novela que había publicado el año anterior, “To kill a mockingbird” acababa de ganar el Premio Pulitzer. El éxito fue casi instantáneo, aunque desde el comienzo la escritora debió insistir en que la novela no era un relato autobiográfico sino una historia de ficción. Las confusiones se debían a que el personaje principal del libro y que además narraba la novela era, al igual que Lee, la hija menor de un abogado de un pueblo en el sur norteamericano.

Matar a un ruiseñor 2

Con el éxito vinieron de inmediato las propuestas para la adaptación al cine. Pero a diferencia de su amigo Capote, que ese año había visto su nombre como guionista de “The innocents”, Lee no se sintió muy feliz con la posibilidad de trabajar para la industria de Hollywood. Ella era de alguna manera la antítesis anímica del autor de “Desayuno en Tiffany’s”: tímida, seria, retraída. Desde aquellos años hasta hoy, por ejemplo, nunca ha querido conceder una entrevista y jamás publicó otra novela. Así que para la adaptación al cine de aquel éxito no se podía contar con la autora. Era necesario buscar a un guionista que fuera capaz de captar la belleza y el drama de aquella pequeña historia rural. Y había un hombre perfecto para esa tarea.

Un equipo a la medida

Los comienzos de la televisión fueron los mismos en todas partes. También en Estados Unidos muchos de los programas de los primeros años se transmitían en vivo, pues la tecnología para grabar era muy costosa. Por lo tanto, era necesario contar con actores experimentados, casi todos venidos del teatro o probados en el cine, que supieran muy bien sus líneas y no fallaran frente a la cámara; con guionistas competentes que tuvieran un claro sentido del tiempo para que los picos emotivos de las historias se dieran justo antes de comerciales y con directores que supieran ubicar muy bien sus cámaras para sacarles el mayor jugo a las escenas. Uno de los programas más importantes de aquella época, aún hoy tenido en cuenta en las listas de los mejores de la historia fue “Playhouse 90”, llamado así porque en 90 minutos contaba historias dramáticas originales de un talentoso grupo de escritores de planta o adaptaba novelas de autores como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald o Ray Bradbury. Charlton Heston, Joanne Woodward o Paul Newman fueron algunos de los grandes nombres del cine que actuaron en aquella serie.

Uno de los escritores de “Playhouse 90” era Horton Foote. Horton había comenzado su carrera como actor de teatro pero cansado de que le dieran papeles mediocres, decidió que la mejor manera de tener libretos decentes era escribirlos él mismo. Si algún escritor sabía qué tipo de material necesitaba un actor para lucirse era uno que hubiera actuado, así que cuando las críticas por su escritura fueron mejores que las recibidas por su actuación, cambió su dirección dentro de la industria. Foote se distinguía porque sabía cómo contar historias sobre pueblos, pueblos típicos norteamericanos como aquel del que él mismo provenía: Wharton, Texas. Por eso fue el encargado de escribir un capítulo de la serie basado en una historia original de William Faulkner en la que un granjero recogía a una mujer embarazada que había sido abandonada por el padre del niño: Tomorrow. En ese capítulo, Foote volvió a encontrarse con un director con el que ya había trabajado en otra serie del mismo corte, “Studio One” y con quien se había entendido muy bien: Robert Mulligan, un joven que ya se destacaba por sus buenos oficios a la hora de dirigir actores y que había demostrado que podía lidiar con grandes estrellas sin problemas, pues le había dado órdenes a Laurence Olivier en la adaptación televisiva de la novela de William Somerset Maugham, “La luna y seis peniques”.

Robert Mulligan fue quien dirigió la primera película que produjo Alan J Pakula, Fear strikes out y juntos formarían un equipo sólido durante seis rodajes más. Así que cuando Pakula le dijo a Mulligan que tenían la posibilidad de adaptar la novela de Harper Lee, éste pensó inmediatamente en Horton Foote, el escritor a quien ya conocía, ideal para conservar la fuerza que emanaba esa historia de campo, como lo había hecho con el relato de Faulkner. El equipo estaba completo, y además contaban con una estrella confirmada: Gregory Peck. Lo que éste no sabía es que gracias a ese fantástico grupo de profesionales iba a conseguir la interpretación más importante de toda su carrera.

Un héroe a través de los ojos de un niño

En 2003 el American Film Institute hizo otro conteo como el que nos ocupa en este número de Kinetoscopio, pero esa vez decidieron escoger a 100 grandes personajes de la historia del cine norteamericano: 50 villanos y 50 héroes. Según aquella clasificación, el villano más terrible que se había visto era el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, lo que no era de extrañar teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos. Frente a ese personaje malévolo, el héroe más recordado debía ser alguien a su altura; un hombre que no se detuviera ante nada y que fuera capaz de derrotar a cualquiera. Para sorpresa de muchos, por encima de los poderes de Batman o Superman, de los puños de Rocky, de las armas de James Bond o del látigo de Indiana Jones, el AFI escogió a un héroe común, a un hombre que cumple con su deber a pesar de que no triunfe, que consigue la hazaña de hacer siempre lo que cree correcto y de enseñarle a sus hijos lo que es justo. El héroe de todos los tiempos no era otro que Atticus Finch, el abogado viudo que encarnó Gregory Peck en To kill a mockingbird y que le permitió ganar el único Oscar a mejor actor de su carrera. Pero, ¿qué tiene de especial Atticus Finch?

Lo primero, es que lo observamos a través de los ojos de sus hijos, que están en la edad en la que los padres son el comienzo y el fin del universo La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos de presentación vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch: en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas, un reloj, crayones negros, un silbato metálico. Esos créditos, ejemplares por su belleza y su poder de síntesis, fueron diseñados por Stephen O. Frankfurt, diseñador gráfico y publicista que en aquel entonces había hecho campañas exitosas para marcas de productos infantiles. El objetivo de Alan J. Pakula era que Frankfurt se metiera en la mente de los niños y consiguiera reflejar en esa secuencia el rol vital que ellos tenían en la historia. Hasta el nombre de la película aparece en pantalla “traducido” al mundo infantil: una mano de niño descubre el título coloreando con un crayón una hoja en blanco. Un adulto escribió antes la frase en una hoja que ya no está, pero los espectadores la vemos gracias a que el niño nos muestra algo que no está presente a simple vista: nos ha descubierto lo invisible, como lo harán Scout y Jen a lo largo de la cinta. Stephen Frankfurt, otro de los hombres perfectos para su trabajo de esta película, continuaría trabajando en el cine y creando campañas publicitarias donde pondría en práctica su filosofía de insinuar más que mostrar y de apelar a las emociones de los espectadores. A él le debemos dos promociones cinematográficas que harían historia: el clasificado en la sección de nacimientos de los periódicos que simplemente decía “Reza por el bebé de Rosemary” y la frase fantástica en el cartel de Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Al comenzar la película, Scout, la narradora (en realidad la voz de la actriz Kim Stanley, quien también había trabajado con Mulligan en Playhouse 90), nos recalca que lo que vamos a ver es un recuerdo de su infancia, de cuando el pueblo donde había crecido vivía las consecuencias terribles de la Gran Depresión de los años treinta. Es una buena estrategia lo de la memoria infantil porque si los adultos somos nosotros, es nuestra responsabilidad encontrar el sentido “profundo” de las cosas. Cuando Atticus le dice a su hija que la próxima vez que vuelva a la casa el señor Cunningham, el granjero que ha venido a pagarle con parte de su cosecha un trabajo judicial que hizo para él, lo mejor es que le diga que no está, somos nosotros los que debemos entender cuál es la razón para enseñarle a un niño a mentir. Y también somos nosotros los que deberíamos saber que aquel es el acto de generosidad de un hombre justo, conciente de que quienes le rodean están pasando por tiempos difíciles.

Los niños Finch ven al mundo con la insensatez de los que llevan pocos años en él. Sin embargo, es la llegada de un niño “forastero”, Dill Harris, demasiado curioso e inteligente para su edad, la que hace que los Finch miren nuevamente su entorno con algo de extrañeza. Se dice que si el personaje de Scout fue inspirado por las vivencias de infancia de Harper Lee, Dill Harris, aquel muchachito muy bajo para su edad, contador de historias inverosímiles y de voz aflautada, era la versión infantil de Truman Capote. Juntos, los niños tejerán conjeturas sobre la “leyenda” de su barrio, el muchacho que está encerrado en la casa de los Radley, al final de la cuadra, a quien han puesto el nombre de un fantasma: Boo. Los juegos y las pequeñas apuestas de valentía, van acercándolos a ese misterio sin rostro. Pero el guión es muy inteligente y lo que parece ser una historia tonta sin relación con la vida de su padre, cobrará al final todo el sentido.

Mientras los niños juegan, a su papá le encargan la defensa de Tom Robinson. El juez le insinúa a Atticus que puede negarse pero él acepta, con el mismo gesto de deber cumplido que tendrá durante toda la película: porque es lo que hay que hacer, parece afirmar con cada postura de su cuerpo. Como dice la vecina, la señora Atkinson, en una de las muchas excelentes líneas de diálogo escritas por Horton Foote, “algunos hombres nacen para hacer nuestros trabajos odiosos” y Atticus Finch es uno de esos hombres.

Que la película está narrada desde el lado de los niños lo prueba que nada sabemos de lo que ocurre con su padre cuando no está junto a ellos. Que el pueblo está hablando mal de él lo averigua Scout cuando se pelea en el colegio con un niño que insulta a Atticus. Pero entonces él le dice a Scout que debe invitar a ese niño a la casa. Sólo sentados en el comedor, cuando el muchachito sumerge sus pancakes en miel de maple como si en eso se le fuera la vida, entendemos que tiene hambre y que el hambre no es buena compañera de la razón. Por eso ha querido Atticus que el niño vaya a la casa. Porque sabe que muchos de los prejuicios de sus conciudadanos son producto de la desesperación, de la pobreza y la incertidumbre. Ahí, sentados, pronuncia la lección central de la película: no podemos aniquilar a aquellos que lo único que han hecho es ser como son, que no nos causan ningún daño. Como el ruiseñor, que lo único que hace es cantar. Por eso no se puede matar a un ruiseñor.

Matar a un ruiseñor 4

Lecciones eternas

Hasta el día de hoy en Estados Unidos, “hacer de Atticus Finch” es la expresión utilizada cuando alguien lee un libro mientras monta guardia. Tal es el poder de ver a Gregory Peck con toda su gravedad de capitán ballenero, frente a la prisión en la que descansa su defendido, dispuesto a enfrentar lo que venga con una tranquilidad temeraria y la luz de una lámpara que alumbra sus páginas. Cuando llega la turba dispuesta a linchar a Robinson él sigue imperturbable. Sólo lo altera la llegada sorpresiva de sus hijos. Sin embargo, en una muestra más del enorme acierto de Mulligan al dirigir niños (en su última película, The man in the moon, descubrió el talento de Reese Witherspoon), la escena se resuelve con ellos mostrando que comprenden más de lo que creíamos, que saben que a cualquier adulto le avergüenza lo que está mal frente a un niño. No es inocencia lo que demuestra Scout cuando le pregunta al señor Cunningham (el mismo del comienzo) cómo siguen en su casa: es astucia.

Sin embargo la injusticia, como el fuego, es implacable. Y al final, a pesar de que los argumentos de Atticus Finch en la corte son incontestables, aún cuando todos en la sala de la corte (incluso ese personaje que en una esquina ahueca la mano junto al oído, como diciéndonos que a veces somos sordos cuando la razón habla) saben que Tom Robinson es inocente, el pobre es condenado. Pero los pobladores negros han visto que alguien se atrevió a hablar por ellos, a tratarlos como personas y no como a sirvientes. Por eso el reverendo Sykes les ordena a los niños que se pongan de pie, junto con todos los que llenan las tribunas para negros de la corte, cuando su padre está pasando. Es lo menos que se merece un hombre que lucha solo contra una sociedad desigual.

Ni Atticus ni ningún adulto pueden creer la versión de que Tom Robinson quiso escaparse y que por eso le dispararon cuando lo trasladaban a otra prisión. Otra vez somos los espectadores los que debemos leer entre líneas y entender la tremenda injusticia que se ha cometido. Sin embargo, “To kill a mockingbird” se escribió y se convirtió en película antes de que Kennedy fuera asesinado. Todavía la gente creía en algo parecido a la justicia. Y por eso, cuando los niños Finch van a ser atacados por alguien cuando vuelven a su casa después de una fiesta comunal, aparece de la nada un justiciero, un fantasma que los ayuda y que, sin quererlo, hace lo que los tribunales no pudieron. Un fantasma tan inocente como un ruiseñor, que lo único que deseaba era defender a unos niños indefensos, como él.

Matar a un ruiseñor 3

“¿Me puedes llevar a casa?”. Esa es la única frase que pronuncia Arthur “Boo” Ridley en toda la película. Pero con eso y con menos de tres minutos de presencia frente a cámara le alcanzó al joven actor Robert Duvall, quien interpretaba al personaje, para comenzar con pie derecho una carrera impecable. Muchos años después y con una historia del mismo guionista, Horton Foote (Tomorrow, la misma que había adaptado en aquel programa de televisión), Duvall ganaría el Oscar a mejor actor. Con esa frase y con Scout llevando de la mano a aquel inocente que ha hecho justicia hasta su casa termina To kill a mockingbird. De repente sabemos que Scout se ha hecho adulta con ese paseo. Y entendemos por qué Atticus Finch es una figura que ha trascendido a generaciones y generaciones de espectadores: porque nos hace recordar que las cortes pueden quemarse en los incendios y aún así la única esperanza del género humano es que los padres siguen enseñándole a sus hijos con el ejemplo, qué es lo bueno, y lo digno, y lo justo.

Being Don Draper

Wednesday, October 1, 2014 por Samuel Castro

Si hay algún mito que hace parte de la estructura profunda del “american way of life” que nos hayan querido vender durante años en el cine, la televisión y, por supuesto, la publicidad, es el del “self made man”, el hombre hecho a sí mismo, a pulso, que comenzando desde lo más bajo de la escala social consigue trepar hasta la cima gracias a una combinación de talento, creatividad y esfuerzo. Sobre ese mito descansa “el sueño americano”: no importa quién sea yo en mi país, si voy a Estados Unidos y lo hago bien, la vida me compensará.

En el año 2000, Matthew Weiner estaba viviendo su propio sueño. Tenía 35 años y trabajaba bajo contrato como escritor de planta de una sitcom más o menos exitosa (Becker), tenía tres hijos, unos ingresos estables y un trabajo por el que 100 personas estarían dispuestas a matar. Y sin embargo, no era feliz. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué no se sentía satisfecho con lo que había obtenido? Como dijo en una entrevista para la National Public Radio, “si esto es todo lo que ofrece la vida, podría ser una muy buena excusa para comportarme mal”.

Mad men 1

Mientras intentaba explicarse a sí mismo esa sensación de pesar y desasosiego en el alma, continuó su exitosa carrera de guionista televisivo escribiendo bajo la sombra y el consejo de David Chase, doce capítulos de The Sopranos. Al mismo tiempo volvió a revisar The horseshoe, un guión en el que trabajaba desde que había salido de la escuela de cine, donde intentaba explicar a través de la vida de un sólo hombre, muchos de los acontecimientos vividos por la generación de norteamericanos nacida después de la Gran Depresión. Seis años más tarde, cuando la gente del canal AMC se interesó en su propuesta de una serie sobre una agencia de publicidad y le preguntó por el resto de la historia, sobre quién era ese personaje que la protagonizaba y hacia dónde iba, Weiner volvió a hojear su guión inconcluso hasta llegar a la página en que lo había abandonado. Sólo había cuatro caracteres en ella: 1960.

Un hombre bajo la influencia

Un poco después de la mitad de la primera temporada de Mad Men entendemos por fin que Donald Draper, el seductor, varonil y siempre impecable director creativo de la pequeña agencia de publicidad Sterling-Cooper, ubicada como todas las empresas del negocio en la Avenida Madison de New York (de allí el maravilloso nombre de la serie), no siempre fue así de perfecto ni así de seguro. Es más, descubrimos que tampoco nació siendo Donald Draper. Y de repente aquella historia, su historia, se convierte en LA historia. ¿Cuándo uno se hace a sí mismo, no tiene que mentirse un poco para conseguirlo? Y si es así, ¿qué mejor lugar para que triunfe un buen mentiroso que una agencia de publicidad? ¿Es Estados Unidos, siguiendo ese razonamiento, una sociedad que está construida a partir de las mentiras en las que cree?

Mad men 2

Weiner, que en una entrevista para Rolling Stone afirmó que su libro favorito de todos los tiempos era El amor en los tiempos del cólera (¿no hay algo de Florentino Ariza en esa cualidad que tiene Draper de ser un donjuán que siempre se convierte en lo que su amante necesita y en la necesidad constante de tener nuevas conquistas?) logró con Mad Men justo lo que buscaba en aquel guión inconcluso de su juventud: contar las transformaciones de una sociedad a partir de unas cuantas historias. Ahí están, presentadas con el cuidadoso obsesivo por el vestuario y la ambientación, que le han valido la admiración de los fanáticos de las producciones de época, la melancolía de los cuentos de John Cheever y la soledad de las pinturas de Hopper; el surgimiento del rock, la consolidación del jazz y la importancia del cine (el refugio de Don cuando tiene un problema) y la televisión; las tensiones políticas, los conflictos raciales; la sensación de bienestar general bajo el gobierno de Kennedy y el pesimismo colectivo que supuso su asesinato. Todo afecta a los personajes de la agencia en la medida en que ésta es un reflejo de la cultura occidental: por eso en Sterling Cooper también aguantarán su propia “invasión inglesa”, se hará palpable en la suma de apellidos en la marquesina el ascenso de la clase media y se vivirá, como pasó en todo el continente, el cambio más importante de los últimas décadas: la revolución femenina.

Mad men 3

Mad women

Una de las mayores cualidades de Mad Men es que a pesar de tener un gran personaje central masculino, son las mujeres que rodean a Don los secundarios más atractivos de la historia. Sus vidas reflejan la metamorfosis de las mujeres norteamericanas en la segunda mitad del siglo XX. Peggy comienza como la secretaria de Draper y logra convertirse en una de las primeras escritoras de la industria. La hermosa Joan (con el amplio cuerpo que se consideraba deseable en los cincuentas), cuya sentido común es muy superior al de los muchachitos que trabajan a su lado, será  madre soltera a pesar del qué dirán y, por terribles casualidades de la vida terminará teniendo parte de las acciones de la agencia. Betty se divorciará de Don cuando por fin comprenda que no son la familia perfecta y rearmará su vida, pasando a ser mucho más que el adorno de su nuevo marido. Son ellas, aunque él no lo sepa o no quiera creerlo, las que realmente marcan los cambios en la existencia de Draper. Su perdición y su gloria.

Mad men 4

Porque de eso también nos habla Mad Men: de lo dura que puede ser la caída después de alcanzar la cima. En la última temporada vemos a Don bajo las órdenes de una persona que antes fue su subalterno y junto a él tenemos que preguntarnos en qué momento su vida se puso de cabeza, como en aquel cabezote animado, ya histórico, con el que comienza cada capítulo. ¿Cuándo fue que este mundo en el que teníamos algunas seguridades se convirtió en una interminable sucesión de preguntas? En cada temporada Matthew Weiner ha logrado inocular en sus personajes y en la audiencia, compuesta ya por fanáticos de todo el mundo, la misma inquietud que él tenía a los 35: ¿esto es todo? ¿Después de lo que hemos vivido, de recibir algún premio, de aprender alguna lección, de ser traicionados y traicionar, no hay nada que aplaque esta insatisfacción?

Mad men 5

Si hay alguna actividad dedicada a satisfacer los deseos de las personas y a crear nuevos deseos es la publicidad. Mad men se ha convertido en una de las series más importantes de esta edad dorada de la televisión al retratar ese universo donde la mentira es la norma, mientras narraba, sin prisa pero sin pausa, la metamorfosis de una sociedad que a partir de 1960 es otra. Tal vez no mejor ni peor, pero sí distinta. Y al mismo tiempo ha logrado ser memorable para millones de personas, al recordarnos que todos somos Donald Draper. Que estamos condenados a construir nuestra propia identidad, dejando a un lado lo que menos nos guste de nuestro pasado, para tratar de triunfar en un mundo donde cada vez hay menos certezas. Que esta vida es un constante intento de estar a la altura de nuestro ego. Un intento desesperado por ver el mundo desde la azotea y no lanzarnos.

Adaptaciones. Oh, adaptaciones

Sunday, March 9, 2014 por Paula Andrea Chaparro

Todos conocemos a alguien —si tenemos mala suerte, a más de uno— que juzga sin piedad las adaptaciones fílmicas de libros, novelas gráficas, cintas clásicas e incluso series de culto. Seguramente muchos de ustedes se repiten la misma pregunta: ¿por qué estas criaturas de Lucifer no disfrutan la película como un producto independiente y dejan a los otros espectadores en paz? Porque esta gente no se limita a refunfuñar en casa, no. Lo hace en la sala llena, en ese asiento perfectamente ubicado en la mitad del teatro, para que al elevar su voz de protesta, toda la sala tenga que escucharla. Tal vez estos personajes necesiten llenar sus vacíos emocionales, sintiéndose superiores al resto de los humanos, y por eso se ven obligados a publicar sus vastos conocimientos a viva voz… pero ese no es mi asunto.

Mi idea, algo utópica, es esta: compañero insatisfecho, haga un club de criaturas de su misma especie y desgárrese las vestiduras con ellos; a quienes queremos ver la película en paz, déjenos tranquilos.

Como ex-mamerta cinematográfica, caí en ese cliché comparativo —bueno, algunas veces sufro aún esa especie de embolia digna de Sheldon Cooper—, pero desde que comencé a relajarme y a separar una cosa de la otra, me ahorro discusiones, malos ratos, úlceras gástricas y vergonzosos abucheos en el cine. Para superar los escollos de las adaptaciones debemos entender una única premisa: necesitaríamos películas de mínimo 12 horas de duración, para reproducir con exactitud cada detalle del documento base (en caso de libros o novelas gráficas), e incluso así, el fanático frenético dentro de cada uno de nosotros pediría más.

Admitámoslo, el pasatiempo favorito de la humanidad es joder la vida por estupideces.

Somos tan insolentes, que incluso encontramos imperfecciones en obras como Lord of the rings y The godfather, porque “faltan detalles de los libros”.

¿Y si nos dejamos de pendejadas y nos damos cuenta (¡oh, la epifanía!) de que realizar una película ya es de por sí complicado? Sumemos a eso la presión de hacer un buen remake, o una buena adaptación y a eso las opiniones —jamás pedidas— de los fanáticos, que no ponemos un solo peso de nuestros bolsillos y exigimos excelencia.

Soy admiradora de uno de los autores con mayor cantidad de adaptaciones fílmicas, y tengo opiniones mixtas. Stephen King ha dado origen a casi tantas películas como novelas, y el proceso ha sido agridulce. Sin embargo, ha valido la pena, por la cantidad de películas de culto que han surgido. The shawshank redemption, The shining, The green mile, Misery —para citar solo algunas— hubieran permanecido en las bibliotecas del Círculo de Lectores de nuestros familiares, acumulando polvo, de no haber sido por la incursión del celuloide.

Y esa es la cuestión.

Buenas o malas, las cintas adaptadas le dan cariz masivo a documentos de “élite”, como  libros o comics… o películas independientes, porque, siendo honestos, vivimos en una sociedad de inmediatez, que busca que sus productos artísticos sean de fácil digestión. Una película de máximo tres horas, es más fácil de tragar que un libro de 500 páginas.

De esta manera volvemos al quid del asunto. Como sea que resulte una adaptación, es una entidad autónoma. Disfrutable, o censurable, como elemento único. Debemos aprender a verlas como lo que son; parientes lejanas de sus obras base, que guardan un leve parecido con sus predecesoras, pero terminan siendo lo que pueden, de acuerdo al estrato sociocultural en el que germinan.

Algunas, son esas primas cool que “son rebeldes porque el mundo las ha hecho así”, otras siguen un sendero derechito y correcto, y las demás… Bueno, las demás se convierten en Judge Dredd con Sly Stallone.

La polla de Óscar

Sunday, March 2, 2014 por Samuel Castro

Los Óscar. O como lo llaman en mi familia, “la noche en que Samuel no contesta”. Siempre es lo mismo, con excepción de que desde el año pasado tuiteo como un poseso en mi TL en @samuelescritor, mientras veo en la pantalla desde temprano la alfombra roja en la que siempre está elegante Cate Blanchett y siempre bien acompañado George Clooney (aunque siempre también con una mujer distinta) que este año tendrá, según parece, la presencia indeseable de las Kardashian. ¿Quién las dejó entrar? Y ya que no podemos resolver eso, propongo entonces. ¡No las dejen salir! Que se queden encerradas para siempre en el teatro, después de que Ellen DeGeneres despida a todos los que se quieren ir corriendo a tomar champaña en las fiestas del Óscar para celebrar o para olvidar los discursos que se quedaron en un papelito en sus chaquetas.

Sé que el título de este post es escandaloso para algún público ibérico pero qué le vamos a hacer, la “polla” es el término que se ha impuesto en nuestro país para hablar de las apuestas por resultados y que se multiplicará hasta el infinito con la proximidad del Mundial. Yo, que de fútbol no sé mucho, prefiero apostar amablemente y a la distancia con Sol, con Ricardo, con Felipe y Juan Carlos, con Carolina y Diana, sobre quién ganará qué cosa en esta noche mágica y criticada por tantos que sólo quisieran estar ahí un ratico, intentando que se les pegue algo del polvo de estrellas que queda regado en la alfombra roja. Estas son mis apuestas y esta noche veremos qué tal me va.

MEJOR CORTO DE ACCIÓN REAL
Aquel no era yo
No sólo se hablará en español cuando gane Alfonso Cuarón. Este corto del español Esteban Crespo está tremendamente bien filmado y narra con ritmo trepidante una de esas realidades duras que los de la Academia parecen descubrir cada año: la de los soldados niños africanos.

MEJOR CORTO ANIMADO
Get a horse!
Nostalgia y vanguardia en un solo corto. Con un tremendo respeto por el legado de Walt Disney (del que se ha hablado no del todo bien gracias a Saving Mr. Banks) y al mismo tiempo con una diversión atrapante, de carrera sin control, como no se veía hace mucho tiempo en los cortos del estudio del ratón, esta pieza es una versión para coleccionistas y para cinéfilos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
The lady in number 6
Puede que no sea el corto más interesante desde la propuesta audiovisual, pero tiene un tema único: cómo la judía más vieja (murió hace poco sin alcanzar a ver la ceremonia) en haber estado en un campo de concentración tiene una visión optimista de la vida gracias a que la música se convirtió en su manera de salvarse del pesimismo y la tristeza.

MEJOR DOCUMENTAL
The act of killing
Además de denunciar una injusticia política, cosa que les fascina en Hollywood, este documental lo hace experimentando con la forma de una manera tal, que a los votantes de la Academia menos interesados en el tema, los fascinará.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jagten (The hunt)
Difícil elección. Se dice mucho que los italianos han hecho una gran campaña de lobby para que gane “La gran belleza”. Pero creo que la trama de The hunt y el carisma de Mikkelsen pueden ser más cercanos a la sensibilidad de los votantes de la Academia. Espero no equivocarme.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Frozen
No hay nada que hacer. Esta película se ha convertido en el último fenómeno Disney y cuando una película de Disney o de Pixar funciona bien ni siquiera Miyazaki puede evitar el premio.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Gravity
¿De verdad alguien puede dudar que este premio no se lo va a llevar Gravity?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Gravity
Puede que en el espacio no se oigan tus gritos y básicamente no debería escucharse nada. Pero no es por el “realismo” por lo que nos gustó esta película. ¿O sí?

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Gravity
Ha pasado en contadas ocasiones que la película que gana la mejor edición de sonido no se lleva el de la mejor mezcla de sonido. No será la de este año una de ellas.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Let it go” de Frozen
Al igual que a todos en el mundo, Bono cada vez le cae menos bien a los miembros de la Academia y la de Mandela no es una de sus buenas canciones. Así que creo que la gente preferirá premiar los buenos recuerdos que les dejó el musical de Disney.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Steven Price por Gravity
Steven Price es un nuevo talento, en una categoría que siempre está entre los mismos nombres. Y lo que hace en Gravity es bello y emocionante. Incluso majestuoso. Creo que la Academia también lo verá así.

MEJOR MAQUILLAJE
Dallas Buyers Club
Muy impresionante lo que hacen con el rostro de Johnny Knoxville, pero me niego a creer que la Academia vaya a querer que su respetable sello de calidad esté en la carátula de los DVD de Bad grandpa. Y lo que hacen Adruitha Lee y Robin Mathews con el rostro de Jared Leto y de Matthew McConaughey es fantástico.

MEJOR VESTUARIO
Catherine Martin por The great Gatsby
A Patricia Norris de 12 años de esclavitud la han nominado varias veces, se lo merece y nunca lo ha ganado, pero aquí creo que va a pesar la enorme cantidad de vestuarios de época y trajes de fiesta que implicó esta película. ¡Y alguien tiene que hablar bien de Leo esta noche!

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Catherine Martin y Beverley Dunn por The great Gatsby
Cuando el diseño de producción además de encontrar locaciones tiene que CREAR espacios que ya no existen, el trabajo es abrumador. Y en El gran Gatsby más que en cualquier otra película, se nota muchísimo.

MEJOR EDICIÓN
Alfonso Cuarón y Mark Sanger por Gravity
Cuarón tendrá la oportunidad de incluir en su discurso como director ganador a todos los que se le olvide mencionar cuando reciba su primera estatuilla: esta.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Gravity
Sigue siendo una injusticia que el maestro Roger Deakins todavía no tenga su estatuilla, pero esta vez hay que reconocer que al menos la mitad de la belleza formal de Gravity se debe a la visión única de Emmanuel “El chivo” Lubezki.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
John Ridley por 12 years a slave
En un mundo justo este sería el premio indicado para Philomena, por su preciosa combinación de humor y drama, pero la Academia seguramente rendirá con este premio un homenaje al real autor del texto, Solomon Northup.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Spike Jonze por Her
Muy pocas películas son también historias que representan el tiempo en el que se crean. Cuando alguien quiera entendernos en el futuro, tendrá que hablar de Her.

MEJOR DIRECTOR
Alfonso Cuarón por Gravity
Es el sueño dorado de Hollywood: una cinta que hizo taquillazos impresionantes y que nadie se atreve a negar que es una película de autor. Por eso la estatuilla dorada tiene que ser para ese autor.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Lupita Nyong’o por 12 years a slave
Aparte de que creo que la de Jennifer Lawrence no es una buena actuación, como tantos tipos ciegos por su belleza han dicho, pienso que Hollywood no quisiera graduarla tan rápido de fenómeno de la actuación. Nyong’o, de alta calidad en su presentación y belleza indiscutible, les ofrece la alternativa perfecta para quedar bien y hacer justicia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Jared Leto por Dallas Buyers Club
Es muy fácil caer en el estereotipo de “la loca” cuando se interpreta a un personaje como el de Rayon. Pero Leto evita todos los clichés y carga de humanidad su interpretación, haciéndolo inolvidable para los espectadores.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Cate Blanchett por Blue Jasmine
Como creo que éste es un Óscar que ya está cantado y que nadie se va a dejar extorsionar por las campañas anti-Allen que ha impulsado Mia Farrow, la pregunta es: ¿volverá a emocionarnos en su discurso la preciosa Cate recordando a Philip Seymour Hoffman como lo hizo en los Bafta?

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club
Olvídense de los kilos que perdió y recuerden la escena de él como Ron Woodroof en el carro, ahogándose con el llanto mientras piensa qué demonios va a hacer con su vida. Que la dieta no sea lo importante sino su interpretación excepcional de un personaje al que encarna con un compromiso que nadie puede negar. Ni el pobre Leo, que este año también verá que no puede alcanzar un premio que desde hace rato se merece.

MEJOR PELÍCULA
12 years a slave
Gravity le encantó a todo el mundo, es cierto. A mí el primero. Pero creo que 12 years a slave se llevará el Óscar porque además de ser una cinta “importante” y representativa de una época de la historia de Estados Unidos y de estar bellísimamente actuada y filmada, nunca una película que “parezca” de ciencia-ficción se ha llevado el Óscar. Y además hay una ñapa: no es poca cosa que el cierre de la ceremonia sea ver a Brad Pitt, el productor, recibiendo el Óscar.

Ya llega la ceremonia. Ya están los 24 vaticinios de la polla. Ya veremos ahorita, mientras tuiteamos todos, qué tan desacertado o afinado estuve. A ver si en unos meses me le mido a la polla del Mundial.

¿Por qué matamos a Betty si era tan buena muchacha?

Friday, June 7, 2013 por Samuel Castro

Cuando hace tres años un amigo me contó que estando de vacaciones en París (¡en París!) había perdido toda una mañana de su paseo, irremediablemente “enganchado” a la televisión de su cuarto con la versión local de Yo soy Betty, la fea, comprendí que la magia de esa historia no estaba en su reparto o en sus diálogos (mi amigo no entendía ni jota de francés), sino en la originalidad de la historia: la protagonista más fea que recordáramos triunfaba gracias a su cerebro en el medio donde la imagen es más importante: la moda. Aquella historia fue el punto máximo de lo que caracterizaba ya a la telenovela colombiana: alterar lo suficiente el esquema clásico del melodrama haciendo que pareciera algo nuevo.

Betty la fea

Hace treinta años las telenovelas eran iguales, lo único que cambiaba era el nombre de piedra preciosa de la protagonista: Esmeralda, Topacio, Rubí. México y Venezuela habían creado una industria televisiva que vendía sus productos a todo el continente y que hacía telenovelas como quien fabrica salchichas: igual sabor, igual tamaño. Pero como ocurrió con algunos movimientos cinematográficos importantes (el neorrealismo italiano, la “nueva ola” francesa), fueron las peculiares necesidades de producción y profesionalización del medio colombiano las que permitieron que aquí pasaran cosas distintas. Como nadie era dueño de los canales, sino de los espacios en ellos, las productoras tenían que competir entre sí con propuestas muy diversas para diferenciarse: algunas exploraban los misterios y coqueteaban con las tramas de terror en telenovelas como Los Cuervos o La abuela; otras exploraban los universos peculiares colombianos, especialmente el costeño, con Gallito Ramírez o Caballo viejo; o se adelantaban décadas a Glee combinando telenovela con musicales, como en Música maestro o en Quieta Margarita. Aquí no hacíamos salchichas sino platos a la carta donde todo era posible: que el protagonista fuera un cura de pueblo o que creáramos una telenovela infantil, con un monstruo que se llamaba Guri-Guri. Y tal vez porque vivíamos una época en que las noticias diarias ya nos contaban suficientes sufrimientos, se convirtió en un requisito que los personajes secundarios y las tramas estuvieran llenos de humor.

La hija del mariachi

En 1994 llegó Café, que tenía todo lo anterior (humor, mundo regional, música) y le añadía una heroína con carácter y una conspiración empresarial al asunto. Fue el boom. El mundo entero quería estas novelas distintas que no se parecían a ninguna. Vinieron Betty y Las Juanas y La hija del mariachi. Pero con la internacionalización, aparecieron demasiados actores con cuerpos de modelos, historias mafiosas (que al ser universales también se venden) en las que hay balas en vez de humor y empezamos a copiar libretos en vez de escribirlos. Hoy por desgracia, aquello que nos dio reconocimiento, la identidad de nuestros melodramas, peligra porque dejamos a un lado la risa y el riesgo creativo y nos creímos aquello de que sin tetas no hay paraíso.

Publicado originalmente en revista Únete #37 de septiembre de 2010

Guía de comportamiento en cine para mamás

Sunday, April 21, 2013 por Samuel Castro

Uno sabe que ya no es de “última generación” cuando empieza a indignarse: es la ley de la vida. Nos indignamos entonces con el equipo de sonido del carro de al lado, que hace retumbar el pavimento al ritmo de reguetón. Nos indignamos con los precios del agua en los restaurantes, pensando que es el colmo que no sea gratis. Y nos indignamos, claro, con los adolescentes que van a cine. No todos son unos bárbaros salvajes, por supuesto. Pero casi todos se comportan como si estuvieran en la casa frente a su televisor (seguro por eso nos patean cuando apoyan los pies en nuestra silla) Es la maldición del DVD: han olvidado la solemnidad que tenía hace unos años la sala en penumbras (¡y los viejos teatros!, los pobres chicos no tienen ni idea de lo bueno que era no tener que visitar un centro comercial para ver una película) Ya que el asunto es que se portan como en la casa, son las mamás (aunque estén en su mes, aunque las queramos tanto) quienes van a tener que educarlos antes de que los indignados derramemos una Coca Cola sobre sus hijos por el desespero.

Desde esta columna vamos a darles una mano y a compartir una guía práctica para que transformen a sus pequeños duendes en los angelitos que ustedes están seguras de haber criado, al menos en cine:

Crispetas

  • Compren maíz pira: como los niños de hoy no saben preparar crispetas (no sin un microondas a mano), creen que lo que cobran por un tarro está perfectamente bien. Mamás, hagan que entiendan que es un robo a mano armada, dándoles un puñado de maíz pira y diciéndoles lo que cuesta para que dejen de comer como náufragos, haciendo ruido durante media película. O hagan que se coman todas las crispetas (¡estos niños criados por Cartoon Network les dicen dizque “palomitas”!) a ver si dejan de regarlas por los pasillos.
  • Decomisen baterías: sólo una de cada 10.000 llamadas que se reciben en el mundo no puede esperar hora y media. Y es poco probable que sea un adolescente quien la reciba. Así que, por lo que más quieran, consigan que sus hijos apaguen o pongan en silencio o incineren sus celulares antes de entrar a una película. Y si sus ringtones son canciones de Wisin y Yandel o de Don Omar, donen los aparatos a una institución de caridad, donde seguramente serán usados para algo más que decir “Bien, aquí en cine, ¡en una película lentísima! De las que le gustan a mi papá”.

 ninjas del cine

  • Usen esparadrapo: yo supongo que son los audífonos que llevan colgados a toda hora los que consiguieron que los adolescentes pierdan el oído. Por eso han olvidado lo que significa susurrar y por eso tenemos que aguantarnos sus conversaciones a voz en cuello, durante los trailers, en medio del beso de los protagonistas, cuando está a punto de aparecer el asesino. Esto nos lleva a sus deberes, madres. Deben comprar una buena provisión de esparadrapo y sellarles la boca a sus hijos, para que miren cómo se hablan las personas bien educadas entre sí cuando ven una película.
  • Vayan a cine con ellos: el hecho de que sea un descanso para ustedes cuando ellos no están en casa no es justificación. Doce años sigue siendo una edad insuficiente para tomar decisiones responsables y ustedes estarán labrando su propio futuro si dejan que sus hijos vean La masacre de Texas en vez de Ratatouille.

Por lo demás, queridas mamás, simplemente les pedimos que hagan con sus hijos lo que las nuestras hicieron con nosotros. Acciones sencillas, como no permitir que coman con la boca abierta. Cosas simples, como lograr que los únicos monstruos en una sala de cine, estén en la pantalla.

Artículo publicado originalmente en revista ÚNETE #33 de mayo de 2010

Remakes: películas remedio, remedos de historias

Thursday, February 7, 2013 por Samuel Castro

Piense en la primera cita romántica que tuvo con esa mujer que le gustó o con aquel tipo que le fascinaba. Todo era perfecto: la conversación fluía, la comida estaba deliciosa, a su pareja se le ocurrieron chistes muy ingeniosos y ninguno de los dos se quería despedir cuando la noche se acabó. Ahora imagine que al día siguiente todo se repite exactamente igual: las palabras, el menú, el restaurante. Pero quien está al frente suyo es otra persona. Parecida pero otra. Eso es un remake. Aquella palabrita gringa con la que se nombran los films que están basados en otra película o en una serie de televisión.

The departed

Es casi obvio entonces por qué los remakes casi nunca funcionan bien. Y digo casi nunca porque en el cine, como en la vida, no hay verdades absolutas. ¿Recuerdan los más adultos o los que sintonizan canales como MGM y TCM esa genial película de gángsters de 1982 que es Scarface, en la que Al Pacino se fajaba una actuación antológica? Pues esa película era un remake de la original Scarface, que ninguno de nosotros vio, porque estuvo en cines en 1932. Incluso, en contadas ocasiones, el remake es mejor que el original, como The departed, que superaba por mucho a la película hongkonesa en la que se basaba: Infernal affairs. No era sólo que se cambiaba a los protagonistas de ojos rasgados por Matt Damon y Leo DiCaprio. Era que detrás del asunto estaba un maestro como Martin Scorsese, que supo tomar el material original y volverlo una película con su firma narrativa.

The ring

Pero esas son excepciones. La dura realidad es que los remakes se hacen porque el cine es un negocio y como en todo negocio, alguien quiere minimizar los riesgos, haciendo de estas cintas un remedio fácil para la salud de la economía cinematográfica. La lógica de los productores es ¿para qué buscar una idea original si hay pilas de ideas que ya demostraron que funcionaron? Es decir, ¿para qué tomarse la molestia de usar el cerebro? Y es allí donde radica el problema: pareciera que a los guionistas de remakes los sacaran del pabellón de lobotomías de un hospital. Por eso surgieron cosas tan terribles como Godzilla, que convertía al antiguo y respetable monstruo japonés en una lagartija con gigantismo perseguida por idiotas o esas versiones descafeinadas de El aro que protagonizaba Naomi Watts? ¿Cómo no enojarse cuando aquellos dibujos animados como el Inspector Gadget o Mr. Magoo que tanto nos divertían cuando niños, perdían su gracia desde que a alguien se le ocurría volverlos de carne y hueso?

Evil dead

Pero la tragedia no parará. La crisis económica ha hecho que en el mundo entero y especialmente en Hollywood haya menos espacio para el riesgo (y más espacio para los muertos resucitados que son los remakes). En los próximos meses tendremos que soportar las nuevas versiones de Evil dead, de Dirty dancing, de Robocop. Y cuando salgamos, inevitablemente tristes por la comparación con las historias y las imágenes que teníamos en nuestros recuerdos, menos perfectas pero tal vez por eso más ingeniosas, pensaremos que lo bueno de que la industria cinematográfica colombiana esté en pañales es que todavía no tenemos remakes y no hay que ver a Sebastián Martínez reemplazando al Gordo Benjumea, en la nueva versión de El taxista millonario. Por ahora.