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Un Óscar cantado

Sunday, February 26, 2017 por Samuel Castro

Quería dejar claro desde el título de este post/apuesta que soy hincha de “La La Land” y que a diferencia de muchos, el hecho de que haya obtenido 14 nominaciones al Óscar no ha hecho que crea que “no es para tanto” o que es una película “sobrevalorada”. Simplemente creo que “en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos”, como dice una canción que me gusta mucho, se hace necesario recordar que la vida vale la pena porque uno tiene sueños, porque existe el jazz (y eso de que la película no habla del jazz como es, es otro de esos comentarios falsamente inteligentes de alguien que ni ha intentado pensar lo que cabe o no en un guion) o porque a veces el universo permite que conozcamos a una persona ideal, aunque al final no terminemos casándonos con ella. Por eso es y será una película necesaria y valiosa. Robándole frases a la última Ricardo Silva Romero, padre putativo de Ochoymedio, La La Land “no es una comedia anacrónica sobre la aspiración de serle leal al amor, como “Cantando bajo la lluvia”, sino una tragedia de hoy sobre la inevitabilidad de servirse a uno mismo”.

Lo que sigue a continuación después de esta necesaria declaración de parcialidad, es la apuesta ya tradicional, que este año hice públicamente con gente tan querida como Diana Montoya, Uschi Levy, Santiago Rivas, Andrea Silva y Jorge Espinosa, para tratar de atinarle a la mayor cantidad de categorías y divertirme un poquito anotando aciertos y fallos durante la divertidísima y corta (yo quisiera que durara 2 días) ceremonia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Mahershala Ali, por Moonlight
Vamos a decirlo claro, aunque me arriesgue al griterío de reclamos. No habrá justicia en esta categoría. Lo que hace Ali en “Moonlight”, siendo bueno y sensible (esa escena en el mar es realmente muy bella), no es mejor que lo que lo logran Michael Shannon en “Nocturnal animals” o Jeff Bridges en “Hell or high water”, pero un discurso dicho por alguien apellidado Ali que interpreta a un sensible dealer cubano era un plato que hacía babear a los políticamente comprometidos y nadie iba a rechazarlo.

MEJOR VESTUARIO
Madeline Fontaine por Jackie
Aunque sería bonito que “La La Land”, con esa mezcla de nostalgia y actualidad que tiene en su vestuario, con la forma en que lo que visten expresa lo que sienten Mia y Sebastian, ganara esta estatuilla, a la Academia le gustan las películas de época y más si el reto era reproducir la elegancia de Jackie Kennedy. Madeline Fontaine, cuyo trabajo deslumbrante se puede ver en la serie “Versalles”, será la ganadora en esta categoría.

MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Joel Harlow y Richard Alonzo por “Star Trek beyond”
Aunque no fueran los favoritos votaría por ellos solamente para que esa cosa terrible que es “Suicide Squad” jamás pueda decir que ganó un premio Óscar.

MEJOR DOCUMENTAL
O.J.: made in America, producido por Ezra Edelman y Caroline Waterlow
Sigue en mi escritorio. Alcancé a ver, a raticos, 2 horas antes de la ceremonia del Óscar. Es tal el nivel de detalle y al mismo tiempo el análisis de la sociedad norteamericana basado en la vida de O.J. Simpson, que no hay forma de que alguien le arrebate el Óscar, ni siquiera con buenos rivales como “13th” o “Life, animated”.

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Robert Mackenzie y Andy Wright por Hacksaw ridge
Muy competida esta categoría, porque hasta el trabajo en “Deepwater horizon”, donde uno sabe que el petróleo se va a escapar de la tubería a punta de sonidos (lo sé porque lo oí), es destacable. Pero también suele ganar aquí quien fue capaz de llevar más orden en un material caótico, y de nuevo es muy impresionante lo que oímos en la batalla de Okinawa en la película de Mel.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Andy Nelson, Ai-Ling Lee y Steven Morrow por La La Land
Los musicales suelen llevarse este premio, porque esta mezcla en un musical implica un trabajo adicional muy grande frente a lo que ocurre en una película tradicional. Otro para la repisa y para alimentar la antipatía inentendible de los que decidieron no ver la belleza de “La La Land”.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis por Fences
No hay verdadera competencia. El Óscar ES de Viola. Aquí lo único que está en discusión es saber si superará en su discurso las emotivas palabras con las que introdujo el premio Cecil B. DeMille a Meryl Streep en los pasados Globos de Oro.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Forushande, de Asghar Farhadi
El destino de esta categoría cambió cuando Donald Trump prohibió la entrada a ciudadanos de países de varios países árabes. A partir de la declaración de Farhadi de que no asistiría como protesta por la medida, los votos para Toni Erdmann dejaron de ser seguros. Hoy Farhadi será representado por dos ciudadanos iran-americanos: la primera mujer turista espacial y el director de exploración de sistemas solares de la NASA. ¿Alguien se quiere perder ese discurso?

MEJOR CORTO ANIMADO
Piper, producido por Alan Barillaro y Marc Sondheimer
Aunque me atrae mucho la melancolía combinada con estilo visual de “Pearl” y “Borrowed time”, creo que la Academia escogerá la perfección asombrosa de Piper y su historia sencilla pero universal.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Zootopia, producida por Byron Howard, Rich Moore y Clark Spencer
En unos Óscar muy políticos una película animada que es capaz de hablar de racismo y los peligros de vetar individuos en una sociedad sólo por cómo se ven, sin perder la gracia y la diversión, es la opción más lógica, en una categoría que este año tiene un nivel sobresaliente.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco, por La La Land
Hacer que Los Angeles se vea como una ciudad mágica, cerrar calles para hacer tomas imposibles, conseguir lo necesario para crear escenarios de ensueño, tiene un mérito enorme. Otro premio merecido para “La La Land” a pesar de la fuerte competencia que ofrece “Fantastic beasts”.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Robert Legato, Adam Valdez, Andrew R. Jones y Dan Lemmon por The jungle book
En ningún momento usted cree que haya algún problema en lo que está viendo, aunque sepa que los animales no hablan y que ese niño no está interactuando con nadie real. Esa magia de una película extraordinaria, recibirá aquí su justo reconocimiento.

MEJOR EDICIÓN
John Gilbert por Hacksaw ridge
Aunque la apuestas digan que hasta acá también llegará el aprecio de la Academia por “La La Land”, la historia dice que esta categoría suele ser para aquellos espectáculos de muchos cortes, donde el editor tuvo que hacer maromas para darle sentido al material. Y no está mal que así sea. Las escenas de guerra de “Hacksaw ridge” no serían tan afectivas, sin un trabajo juicioso en este apartado. Pienso que este será el Óscar para la película de Gibson.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Ennemis intérieurs, de Selim Azzazi
Se nota el compromiso personal del director (la historia está inspirada en una parte de la vida de su padre) con esta historia en la que un hombre interroga a otro por posibles actividades terroristas, sospechando de él sólo por ser inmigrante. El corto ocurre en los noventas pero, ¿les suena conocido?

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
Joe’s violin, producido por Kahane Cooperman y Raphaela Neihausen
John Stewart y Stephen Colbert han ayudado a dar a conocer este cortometraje, de estructura simple pero impactante desde lo ético y lo emocional. ¿Cómo no conmoverse con la historia de un hombre que sobrevivió al horror nazi, que decide regalar su violín y la historia que carga con él, a una niña de escasos recursos, para que ella pueda continuar con su carrera en la música? El problema sirio y de los refugiados está presente en tres cortos y eso hará que los votos se dividan y el premio se lo lleve esta pieza.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Linus Sandgren por La La Land
Aquí una confesión. Me negué a ver “Silence” en mi casa, a pesar de la nominación, porque el trabajo de Rodrigo Prieto es siempre tan espléndido (incluido “Edipo Alcalde”, cuando trabajó para Jorge Alí Triana) que no sería justo apreciarlo en algo que no sea una pantalla grandota. Lo que hace Sandgren en La La Land, es tan variado y hermoso, que será un premio bien merecido, aunque después viendo a Prieto, piense lo contrario.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Justin Hurwitz, por La La Land
A ver. No creo que haya que explicar mucho las razones de este premio.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“City of stars”, de Justin Hurwitz, Benj Pasek y Justin Paul
Aparte de que es una canción preciosa, al menos la mitad de los votantes de la Academia, trabaja o vive en Los Angeles. Muy difícil que no quieran pensar en su ciudad como la ciudad de las estrellas.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Damien Chazelle por La La Land
Tal vez la categoría verdaderamente más reñida de la competencia, porque hay estupendos guiones que van desde la reflexión extrañada sobre la vida y la madurez de “20th century women” hasta la ciencia ficción pequeñita y casi burocrática de “The lobster”. Si se lo dan a Lonergan por “Manchester by the sea” o a Sheridan por “Hell or high water” también habría justicia, pero nunca en los últimos 10 años el guión de la cinta que gana mejor película se ha dejado de llevar el Óscar de guión. Creo que veremos otra subida de Chazelle al escenario.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney por Moonlight
Aquí habrá verdaderas injusticias. ¿Convertir un cuento en ese guión poderoso de “Arrival” que reflexiona sobre el lenguaje y el pensamiento con el ropaje de una película de ciencia-ficción, no es más complejo y admirable que escribir la historia, mucho más transitada de “Moonlight”? Yo creo que sí. Pero la Academia se ha enamorado de “Moonlight” (esta es, para mi gusto, la película que de verdad está sobrevalorada) y Jenkins recibirá su estatuilla.

MEJOR DIRECTOR
Damien Chazelle, por La La Land
Una película como “La La Land”, que se hace contra todas las dificultades, que se logra producir a pesar de la falta de recursos y de que los estudios ya no estén interesados en películas de mediano presupuesto, que consigue que unas estrellas jóvenes participen en ella sólo con el guion en la mano, se hace realmente gracias a la visión de un soñador, un visionario que es capaz de vender su sueño. Todos de pie para aplaudir al joven que Jorge Espinosa y yo envidiamos.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Denzel Washington, por Fences
Me gustaría que ganara Casey Affleck. Si pasa estaré feliz de equivocarme. Pero no ha tenido la campaña publicitaria más afortunada y lo que hace Denzel Washington, a pesar de que a algunos no les guste el teatro que se convierte en película, es una clase de composición actoral: gestos, movimientos, voces. Imaginen lo que es actuar a un personaje en ese estado de lucidez y euforia casi agresiva de los alcohólicos. También es justa la victoria y que Washington llegue a su tercera estatuilla.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Emma Stone por La La Land
Algunos se han atrevido a decir que Emma Stone ni siquiera debería estar en la misma categoría con Isabelle Huppert, Meryl Streep o Natalie Portman, como si lo que ella logra en “La La Land” fuera fácil. Pero yo les propongo un ejercicio, para entender por qué es justo que Stone gane. ¿Se imaginan ustedes a Emma Stone haciendo lo que logra Natalie Portman en Jackie? Yo sí. ¿Se imaginen a Portman en el papel de Mia? Yo no. Esa es la prueba de que la liviandad, el gesto ligero, son mucho más difíciles de actuar de lo que la gente cree. Hoy se consagra la hermosa y pecosa Emma Stone.

MEJOR PELÍCULA
La La Land
La he defendido como si la hubiera dirigido mi hermano ante todos los que repentinamente creen que una película que sabe actualizar al mundo de hoy la magia del musical, no vale la pena. Escribí sobre ella. Creo que es muy hermosa y la disfrute todavía más la segunda vez que la vi. Véanla sin prejuicios y sabrán que la Academia hoy no se equivoca.

Mi mejor resultado en esta apuesta siempre han sido 17 aciertos. Vamos a ver si esta vez logro superar esa marca. Ya veremos.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 28, 2016 por Samuel Castro
No se preocupen, lectores de España. Este no es el guión de una película porno, como podrían pensar, sino la apuesta que cada año hago con muchos amigos, para divertirnos durante la transmisión. Una apuesta que ya es una tradición y que se convierte en un reto personal. Creo que la vez que más he acertado fue cuando le pegue a 16 categorías. Claro, son los riesgos de intentarlo en todas, pero si no, qué gracia tendría. Comencemos entonces, según el orden que amablemente nos compartió el colega argentino Diego Lerer a través de Twitter.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight
Debería ganar “Inside out”, pero estos viejitos que son los miembros de la Academia no van a premiar a una película animada en una categoría “seria” (para ellos) así que está muy bien que se lo gane esa maravillosa historia de “Spotlight”.
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Charles Randolph y Adam McKay por The big short
Ni siquiera nominaron a “Carol” a mejor película, como debería haber ocurrido, mucho menos le van a dar el Óscar a mejor guión original. Como muchos perdieron plata en la crisis del 2008 y es su oportunidad de hacerse los trascendentales, se lo van a dar a esa infladísima película que es “The big short”.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Alicia Vikander por The danish girl
De nuevo, como debería ganar Rooney Mara (equivocadamente puesta en esta categoría, cuando es tan principal como Cate Blanchett) pero no lo hará, los miembros se irán por una talentosa cara nueva. Y esa es la hermosa Alicia Vikander, que hace de “The danish girl” algo menos meloso de lo que podría haber sido, por fortuna.
MEJOR VESTUARIO
Paco Delgado por The danish girl
Lo lógico sería que Sandy Powell con sus dos nominaciones, ganara el Óscar. Pero esta dualidad va a hacer que sus votos se dividan y ahí podrá estar esperando el español (que es físico, además) para llevarse la estatuilla por un gran trabajo.
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Jack Fisk y Hamish Purdy, por The revenant
Encontrar todos los escenarios que necesitaba una producción épica como esta y luego ser capaz de volar al otro lado del mundo para lograr sobrellevar el contratiempo de la falta de nieve, es suficiente mérito para este premio.
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin, por Mad Max
Sólo cierren los ojos y recuerden lo que es Imperator Furiosa e Inmortan Joe, para que no haya dudas en esta categoría.
MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The revenant
Llevo repitiendo este texto tres años seguidos. El texto exacto. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.
MEJOR EDICIÓN
Margaret Sixel por Mad Max
Si algo es bueno en Mad Max es su edición espléndida. Y si dándole el premio a Margaret, que es la esposa de George Miller, hacemos que los votantes prefieran en director a Alejandro González Iñárritu, mejor que mejor.
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Mark A. Mangini y David White, por Mad Max
Normalmente los votantes le dan estos premios a las naves espaciales (que no es muy lógico) pero este año hay dos y hay una cantidad de motores de carros y gritos y voces en Mad Max, que harán que se lleve este premio.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
Este premio va pegado al anterior, por casi ñas mismas razones.
MEJORES EFECTOS VISUALES
Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver, Andy Williams
La osa es impresionante, pero Mad Max es un concierto para los ojos durante TODA la película.

MEJOR CORTO ANIMADO
Bear story
Otro oso ganador. Aunque “World of tomorrow” es más asombrosa visualmente, este corto es más sentimental y apela a la emoción, lo que priva a los miembros de la Academia.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Inside out
Ninguna duda, ¿o sí?

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Sylvester Stallone por Creed
Ustedes, ellos, nosotros, tú y yo, nos vamos a parar a aplaudir. Al menos yo lo haré. Eso sí, sin fotos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
A girl in the river
Aunque la historia de Chau es conmovedora, estas categorías últimamente buscan premiar héroes o hacer hincapié en fenómenos sociales que la Academia quiere atacar, y la historia de las mujeres que son asesinadas por honor en Pakistán, parece demasiado atractiva para ese fin.
MEJOR DOCUMENTAL
Amy
La crítica que hice sobre esta gran película se llama “Ver el fuego extinguirse”, y tiene un epígrafe de Porfirio Barba Jacob. Mi corazón está comprometido aquí. No soy imparcial. No quiero serlo.
MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Shok
Niños, guerra de Kosovo, un arrepentimiento, bicicleta. Receta perfecta, en mi opinión.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
El abrazo de la serpiente
A esta altura de la ceremonia, o voy ganando endiabladamente o voy de culos del todo. Prefiero decir mañana que me equivoqué por mi ánimo nacionalista que lamentar no tener la confianza en los puntos de análisis que he mencionado antes (el momento político, lo “complicado” de la historia de “El hijo de Saúl”) así que sí, soy de ese 5% de críticos del mundo que dan ganadora a “El abrazo de la serpiente”.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Til it happens to you” de Diane Warren y Lady Gaga
Me cae mal Lady Gaga. Pero me cae peor ese tonto de Sam Smith que no supo darle grandeza a la canción para James Bond, así que espero que la mamá de los monstruos se lleve esa vaina. O que se lo regale a Roger Deakins.
MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ennio Morriccone
No se van a perder los Óscar la oportunidad de premiar a una leyenda.
MEJOR DIRECTOR
Alejandro González Iñárritu por The revenant
¡Qué importa que Alejandro tenga un ego gigante si hace películas grandiosas! Que se lleve los que quiera. Y que hable en español un poquito, por favor.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Brie Larson por Room
Lástima que no existe el empate (aunque hubo alguna vez) porque debería ganarlo compartido con Cate Blanchett, pero no se atreverá el Óscar a darle su TERCER Óscar a la australiana.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Leonardo DiCaprio por The revenant
Por fin. Respiremos.
MEJOR PELÍCULA
The revenant
Y lo digo de una vez, si perdiera con Spotlight también sonreiría. Pero que no se les ocurra premiar a The big short porque le tiro un zapato al televisor.
Listo. Que comience esta vaina. Si los hago todos, salgo corriendo a comprar el Baloto.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Sunday, February 22, 2015 por Samuel Castro

Creo que me estoy contagiando de la moda de titular provocadoramente para después salir con un chorro de babas, esa “fórmula” que tantas revistas “novedosas” usan para atrapar incautos. En este caso, el chorro no es de babas sino de apuestas, a TODAS las categorías del Premio Óscar. Cada año hago esto porque supongo que si acierto todos los resultados puedo salir corriendo a comprarme el Baloto con la seguridad de que me lo voy a ganar. O, más bien, porque así tengo una excusa para no dormirme viendo la ceremonia mientras voy contando qué tal me va con los porcentajes. Aunque soy fan de Neil Patrick Harris, así que confío en que no me decepcione encargándose de conducir uno de los pocos momentos de año que, en mi vida, realmente merece el adjetivo de imperdible, tan malgastado en Twitter. Vamos con la apuesta entonces y los que lean esto serán los encargados de rifas, juegos y espectáculos. O invitan a una cerveza, lo que prefieran.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
The phone call
Aunque hay otros cortos buenos en la categoría, incluso otro con actores reconocidos, como Aya, que cuenta con Ulrich Thomsen, este es el más emotivo de todos, con una situación bien bonita: la llamada de un anciano a un servicio de asistencia social porque ya no quiere vivir más. La que atiende la llamada es una estupenda Sally Hawkins y el enorme actor que nos conmueve con su voz, al que nunca vemos, es otro gigante: Jim Broadbent.

MEJOR CORTO ANIMADO
Feast
Uno a veces tiene la sensación de que Pixar se gana las cosas por su fama. Pero en este caso no. El cortometraje que nos encantó a muchos cuando vimos Big hero 6 en salas de cine es también el más bello de su categoría, porque logra poner la técnica al servicio de una historia que se entiende sin traducción y que es tierna, divertida y profunda a la vez. Como pasaba antes, cuando Pixar nunca se equivocaba.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
White Earth
Esta es la categoría más difícil de las de cortometrajes. Suena cruel pero creo que al haber dos cortos sobre niños enfermos los votos se dividirán y eso le permitirá a White Earth, un retrato social sobre una realidad que para la mayor parte de los gringos es desconocida: la vida en las tierras heladas donde lo único que se produce es petróleo.

MEJOR DOCUMENTAL
Citizenfour
Se habló demasiado sobre Edward Snowden y sobre lo que sus revelaciones causaron, como para que los votantes de la Academia no se inclinen a premiar este documental que documenta uno de los momentos más importantes de la historia política norteamericana de los últimos años.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Interstellar
Alguna cosa deben darle a esta película que debió estar en las nominadas en la categoría principal. Y suena mejor que dárselo a Guardianes de la galaxia, por mucho que nos haya gustado. ¿O no?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
American Sniper
La proximidad de su estreno con la votación hace que la gente la tenga más fresca en la memoria, por un lado. Por el otro, creo que habrá muchos votantes que pensaron que esta era la oportunidad para darle al taquillazo de Clint Eastwood un par de estatuillas.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
American Sniper
Aquí, o gano dos o pierdo dos en esta apuesta. Y si me la jugué por American sniper en la anterior, moriré con las botas puestas. Pero si gana Interstellar, lo confieso, seré más feliz.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Glory” de Selma
Porque a pesar de que debería poder llevárselo “Lost stars” de Begin again, premiar esa canción será la forma de muchos de la Academia de aplacar sus conciencias y hacer su “buena acción” de la noche.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Alexandre Desplat por The Grand Budapest Hotel
Aunque hacía mucho que Hans Zimmer no creaba una partitura tan sobrecogedora como la de Interstellar, no es para todos los oídos, así que la Academia, si las dos candidaturas no lo perjudican, reparará una deuda de hace años y le dará por fin su hombre dorado a Desplat.

MEJOR MAQUILLAJE
Guardians of the galaxy
A pesar de que es impresionante no creo que la nariz de Steve Carell y la calva de Mark Ruffalo en Foxcatcher sean más impresionantes que los cientos de extraterrestres de Guardianes de la galaxia. Además Foxcatcher no está entre los favoritos de ninguna categoría grande, así que no hay arrastre.

MEJOR VESTUARIO
Anna B. Shepard por Maleficent
Normalmente en esta categoría se van por las películas de época, pero Mr.Turner se desinfló en el camino. Creería yo que un vestuario que se ha convertido en uno de los disfraces más pedidos para Halloween merecería ser reconocido acá. Vamos a ver. Para que enfoquen a Angelina.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Adam Stockhausen y Anna Pinnock por The Grand Budapest Hotel
¡Qué sería del cine de Wes Anderson sin un gran diseño de producción! Ya es hora de que la Academia lo empiece a reconocer como el gran autor de marca visual que es y esta categoría puede ser un buen comienzo.

MEJOR EDICIÓN
Tom Cross por Whiplash
Basta con ver un par de secuencias de Whiplash por ahí para entender que le hicieron caso al director cuando pidió que las escenas de música se filmaran como si fueran combates de acción. Y ese ritmo se logra a punta de edición.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Birdman
Podría repetir el texto del año pasado. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Ida
Entiendo que le hagamos barra a Relatos salvajes, pero Ida no es sólo una obra maestra, además tiene nominación justísima en otras categorías (cosa que poco ocurre) y toca uno de los temas consentidos de la Academia: la Segunda Guerra Mundial. Más que justo.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Song of the sea
Creo que va a ser la sorpresa de la noche. Desde que no nominaron a The Lego movie he creído que el mundo funciona raro. Y el estilo y las imágenes de Song of the sea son de una belleza, que nadie reclamará cuando se lleve el premio.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Anthony McCarten por The theory of everything
Se van a ir por la fácil. Se lo van a dar a Anthony McCarten por hacer una biopic de llanto previsible, sólo porque creen que esa es la manera de honrar la vida de Stephen Hawking.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Alejandro González-Iñárritu, Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris por Birdman
¿Cómo se van a perder la oportunidad de ver subir a la cuota latina en la noche, sobre todo si de verdad escriben el mejor guión de la velada? Por eso los personajes nos gustan tanto. Por eso sus actores se lucen así.

MEJOR DIRECTOR
Richard Linklater por Boyhood
Esto es una carrera de acumulación. Y Richard Linklater, el chico bueno de Texas, el muchacho de la casa que se ha vuelto autor, el que creo esas bellezas de la trilogía de “Antes de” tiene la oportunidad de consagrarse con una película que sólo estuvo en su cabeza y que retrata la infancia de no sé cuántos norteamericanos. Está en bandeja de plata, Academia, no la desperdicien.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Patricia Arquette por Boyhood
En honor a todas las mamás solas que han criado hijos a punta de cojones. De esas mamás a las que tanto quiere la senadora Viviane Morales. No hay discusión. Es uno de los fijos.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
J.K. Simmons por Whiplash
Un hombre que va con sombrero a una gala de premios de cine sabe que se lo va a ganar. Él lo sabe. Nosotros también.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Julianne Moore por Still Alice
En un mundo justo (y bueno, ustedes saben cómo es) la ganadora sería Rosamund Pike por Gone girl. Pero no puedo recordar cuándo fue la última vez que una actriz ganó por un papel de malvada. Así que claro, como por variar, se lo van a dar a la gran actriz que actúa una enfermedad devastadora. Otra vez.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Michael Keaton por Birdman
Sé que voy en contra de las probabilidades. Pero quiero creer que en el corazón de los votantes del Óscar que tienen más de 60 hay algo de solidaridad de edad con el actor que se acerca más a su generación y al que la suerte no lo favoreció en una época de su carrera. Quiero creerlo y por eso apuesto. Sería triste si no gano.

MEJOR PELÍCULA
Boyhood
¿Y entonces cuántos son o qué? Si gana Birdman también sería justo pero esta película merece ganar porque logra retratar una vida común, ni grandiosa ni terrible, común y corriente. Y mostrar su belleza. La belleza de lo cotidiano, de una vida en la que no pasa nada, es decir, de una vida como la de la mayor parte de la humanidad. ¿De verdad no les parece un buen argumento para que gane? Lo hará. Cuando lo haga, también se habrá hecho justicia.

Listo. Que comience esta vaina. Y que conste que los vaticinios están aquí. A ver si por fin me animo a comprar el Baloto.

Solo ante el prejuicio

Thursday, February 5, 2015 por Samuel Castro

El fuego es implacable, como la injusticia. En la madrugada del domingo primero de junio de 2008, las llamas no tuvieron piedad, y consumieron una buena parte de  las instalaciones de los Estudios Universal en Los Angeles. Casi todos los periodistas menores de 30 años lamentaron la pérdida de una construcción icónica en el cine de ciencia-ficción: la torre del reloj de Hill Valley, aquella en la que el doctor Emmett Brown, con su pelo revolcado por el viento, espera ansioso a que un rayo caiga y haga funcionar el artilugio que ha creado para que su amigo Marty McFly regrese al futuro. Sin embargo, en otra parte de los cables noticiosos, también se resaltaba una pérdida igual de irreparable: la corte de justicia del pequeño pueblo imaginario de Maycomb y réplica de la corte real de Monroeville, Alabama, era ahora una pila de escombros humeantes. Y aunque para algunos los decorados de las películas sólo sean una mezcla de papel maché, cartón y madera, esta corte típica de los estados sureños norteamericanos de la primera mitad del siglo XX era el escenario más importante de la que el American Film Institute declaró como la mejor película de estrados judiciales en la historia del cine norteamericano, To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor). En esa corte, el digno y honrado Atticus Finch defendería al pobre Tom Robinson. No ganaría el caso, por supuesto, porque Tom Robinson era un negro acusado de violar a una mujer blanca en el territorio racista por excelencia de Estados Unidos y todo ocurría durante los años treinta, muy lejos en el tiempo de la década del 60 y su reivindicación de la igualdad y los derechos civiles; pero su defensa inobjetable en aquel caso, su porte y sus palabras, convertirían a Atticus Finch en uno de los personajes más recordados en la historia del cine. Por fortuna, aunque la escenografía ya no exista, la cinta sigue siendo tan emocionante como en el año de su estreno y sigue haciéndole justicia a un libro único.

 Matar a un ruiseñor 1

 Del libro a la película

“For Jack Dunphy and Harper Lee. With my love and gratitude”. Eso decía la dedicatoria del libro. El amor, por supuesto, era para Jack, su novio de aquellos años. Pero la gratitud era para su amiga y confidente, su cómplice y ayudante. Truman Capote sabía que tal vez sin Harper Lee, sin su compañía y consejo, no habría podido terminar “A sangre fría”, la obra maestra que ansiaba escribir desde hacía varios años. Gracias al furor desatado por las dos películas biográficas que se hicieron, muchas personas escucharon el nombre de Harper Lee, y la vieron encarnada por Sandra Bullock y por Catherine Keener respectivamente. Sin embargo, Lee ya brillaba entre los escritores de su generación en 1961, cuando comenzó a trabajar con su amigo Capote en aquel gran reportaje, pues la novela que había publicado el año anterior, “To kill a mockingbird” acababa de ganar el Premio Pulitzer. El éxito fue casi instantáneo, aunque desde el comienzo la escritora debió insistir en que la novela no era un relato autobiográfico sino una historia de ficción. Las confusiones se debían a que el personaje principal del libro y que además narraba la novela era, al igual que Lee, la hija menor de un abogado de un pueblo en el sur norteamericano.

Matar a un ruiseñor 2

Con el éxito vinieron de inmediato las propuestas para la adaptación al cine. Pero a diferencia de su amigo Capote, que ese año había visto su nombre como guionista de “The innocents”, Lee no se sintió muy feliz con la posibilidad de trabajar para la industria de Hollywood. Ella era de alguna manera la antítesis anímica del autor de “Desayuno en Tiffany’s”: tímida, seria, retraída. Desde aquellos años hasta hoy, por ejemplo, nunca ha querido conceder una entrevista y jamás publicó otra novela. Así que para la adaptación al cine de aquel éxito no se podía contar con la autora. Era necesario buscar a un guionista que fuera capaz de captar la belleza y el drama de aquella pequeña historia rural. Y había un hombre perfecto para esa tarea.

Un equipo a la medida

Los comienzos de la televisión fueron los mismos en todas partes. También en Estados Unidos muchos de los programas de los primeros años se transmitían en vivo, pues la tecnología para grabar era muy costosa. Por lo tanto, era necesario contar con actores experimentados, casi todos venidos del teatro o probados en el cine, que supieran muy bien sus líneas y no fallaran frente a la cámara; con guionistas competentes que tuvieran un claro sentido del tiempo para que los picos emotivos de las historias se dieran justo antes de comerciales y con directores que supieran ubicar muy bien sus cámaras para sacarles el mayor jugo a las escenas. Uno de los programas más importantes de aquella época, aún hoy tenido en cuenta en las listas de los mejores de la historia fue “Playhouse 90”, llamado así porque en 90 minutos contaba historias dramáticas originales de un talentoso grupo de escritores de planta o adaptaba novelas de autores como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald o Ray Bradbury. Charlton Heston, Joanne Woodward o Paul Newman fueron algunos de los grandes nombres del cine que actuaron en aquella serie.

Uno de los escritores de “Playhouse 90” era Horton Foote. Horton había comenzado su carrera como actor de teatro pero cansado de que le dieran papeles mediocres, decidió que la mejor manera de tener libretos decentes era escribirlos él mismo. Si algún escritor sabía qué tipo de material necesitaba un actor para lucirse era uno que hubiera actuado, así que cuando las críticas por su escritura fueron mejores que las recibidas por su actuación, cambió su dirección dentro de la industria. Foote se distinguía porque sabía cómo contar historias sobre pueblos, pueblos típicos norteamericanos como aquel del que él mismo provenía: Wharton, Texas. Por eso fue el encargado de escribir un capítulo de la serie basado en una historia original de William Faulkner en la que un granjero recogía a una mujer embarazada que había sido abandonada por el padre del niño: Tomorrow. En ese capítulo, Foote volvió a encontrarse con un director con el que ya había trabajado en otra serie del mismo corte, “Studio One” y con quien se había entendido muy bien: Robert Mulligan, un joven que ya se destacaba por sus buenos oficios a la hora de dirigir actores y que había demostrado que podía lidiar con grandes estrellas sin problemas, pues le había dado órdenes a Laurence Olivier en la adaptación televisiva de la novela de William Somerset Maugham, “La luna y seis peniques”.

Robert Mulligan fue quien dirigió la primera película que produjo Alan J Pakula, Fear strikes out y juntos formarían un equipo sólido durante seis rodajes más. Así que cuando Pakula le dijo a Mulligan que tenían la posibilidad de adaptar la novela de Harper Lee, éste pensó inmediatamente en Horton Foote, el escritor a quien ya conocía, ideal para conservar la fuerza que emanaba esa historia de campo, como lo había hecho con el relato de Faulkner. El equipo estaba completo, y además contaban con una estrella confirmada: Gregory Peck. Lo que éste no sabía es que gracias a ese fantástico grupo de profesionales iba a conseguir la interpretación más importante de toda su carrera.

Un héroe a través de los ojos de un niño

En 2003 el American Film Institute hizo otro conteo como el que nos ocupa en este número de Kinetoscopio, pero esa vez decidieron escoger a 100 grandes personajes de la historia del cine norteamericano: 50 villanos y 50 héroes. Según aquella clasificación, el villano más terrible que se había visto era el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, lo que no era de extrañar teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos. Frente a ese personaje malévolo, el héroe más recordado debía ser alguien a su altura; un hombre que no se detuviera ante nada y que fuera capaz de derrotar a cualquiera. Para sorpresa de muchos, por encima de los poderes de Batman o Superman, de los puños de Rocky, de las armas de James Bond o del látigo de Indiana Jones, el AFI escogió a un héroe común, a un hombre que cumple con su deber a pesar de que no triunfe, que consigue la hazaña de hacer siempre lo que cree correcto y de enseñarle a sus hijos lo que es justo. El héroe de todos los tiempos no era otro que Atticus Finch, el abogado viudo que encarnó Gregory Peck en To kill a mockingbird y que le permitió ganar el único Oscar a mejor actor de su carrera. Pero, ¿qué tiene de especial Atticus Finch?

Lo primero, es que lo observamos a través de los ojos de sus hijos, que están en la edad en la que los padres son el comienzo y el fin del universo La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos de presentación vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch: en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas, un reloj, crayones negros, un silbato metálico. Esos créditos, ejemplares por su belleza y su poder de síntesis, fueron diseñados por Stephen O. Frankfurt, diseñador gráfico y publicista que en aquel entonces había hecho campañas exitosas para marcas de productos infantiles. El objetivo de Alan J. Pakula era que Frankfurt se metiera en la mente de los niños y consiguiera reflejar en esa secuencia el rol vital que ellos tenían en la historia. Hasta el nombre de la película aparece en pantalla “traducido” al mundo infantil: una mano de niño descubre el título coloreando con un crayón una hoja en blanco. Un adulto escribió antes la frase en una hoja que ya no está, pero los espectadores la vemos gracias a que el niño nos muestra algo que no está presente a simple vista: nos ha descubierto lo invisible, como lo harán Scout y Jen a lo largo de la cinta. Stephen Frankfurt, otro de los hombres perfectos para su trabajo de esta película, continuaría trabajando en el cine y creando campañas publicitarias donde pondría en práctica su filosofía de insinuar más que mostrar y de apelar a las emociones de los espectadores. A él le debemos dos promociones cinematográficas que harían historia: el clasificado en la sección de nacimientos de los periódicos que simplemente decía “Reza por el bebé de Rosemary” y la frase fantástica en el cartel de Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Al comenzar la película, Scout, la narradora (en realidad la voz de la actriz Kim Stanley, quien también había trabajado con Mulligan en Playhouse 90), nos recalca que lo que vamos a ver es un recuerdo de su infancia, de cuando el pueblo donde había crecido vivía las consecuencias terribles de la Gran Depresión de los años treinta. Es una buena estrategia lo de la memoria infantil porque si los adultos somos nosotros, es nuestra responsabilidad encontrar el sentido “profundo” de las cosas. Cuando Atticus le dice a su hija que la próxima vez que vuelva a la casa el señor Cunningham, el granjero que ha venido a pagarle con parte de su cosecha un trabajo judicial que hizo para él, lo mejor es que le diga que no está, somos nosotros los que debemos entender cuál es la razón para enseñarle a un niño a mentir. Y también somos nosotros los que deberíamos saber que aquel es el acto de generosidad de un hombre justo, conciente de que quienes le rodean están pasando por tiempos difíciles.

Los niños Finch ven al mundo con la insensatez de los que llevan pocos años en él. Sin embargo, es la llegada de un niño “forastero”, Dill Harris, demasiado curioso e inteligente para su edad, la que hace que los Finch miren nuevamente su entorno con algo de extrañeza. Se dice que si el personaje de Scout fue inspirado por las vivencias de infancia de Harper Lee, Dill Harris, aquel muchachito muy bajo para su edad, contador de historias inverosímiles y de voz aflautada, era la versión infantil de Truman Capote. Juntos, los niños tejerán conjeturas sobre la “leyenda” de su barrio, el muchacho que está encerrado en la casa de los Radley, al final de la cuadra, a quien han puesto el nombre de un fantasma: Boo. Los juegos y las pequeñas apuestas de valentía, van acercándolos a ese misterio sin rostro. Pero el guión es muy inteligente y lo que parece ser una historia tonta sin relación con la vida de su padre, cobrará al final todo el sentido.

Mientras los niños juegan, a su papá le encargan la defensa de Tom Robinson. El juez le insinúa a Atticus que puede negarse pero él acepta, con el mismo gesto de deber cumplido que tendrá durante toda la película: porque es lo que hay que hacer, parece afirmar con cada postura de su cuerpo. Como dice la vecina, la señora Atkinson, en una de las muchas excelentes líneas de diálogo escritas por Horton Foote, “algunos hombres nacen para hacer nuestros trabajos odiosos” y Atticus Finch es uno de esos hombres.

Que la película está narrada desde el lado de los niños lo prueba que nada sabemos de lo que ocurre con su padre cuando no está junto a ellos. Que el pueblo está hablando mal de él lo averigua Scout cuando se pelea en el colegio con un niño que insulta a Atticus. Pero entonces él le dice a Scout que debe invitar a ese niño a la casa. Sólo sentados en el comedor, cuando el muchachito sumerge sus pancakes en miel de maple como si en eso se le fuera la vida, entendemos que tiene hambre y que el hambre no es buena compañera de la razón. Por eso ha querido Atticus que el niño vaya a la casa. Porque sabe que muchos de los prejuicios de sus conciudadanos son producto de la desesperación, de la pobreza y la incertidumbre. Ahí, sentados, pronuncia la lección central de la película: no podemos aniquilar a aquellos que lo único que han hecho es ser como son, que no nos causan ningún daño. Como el ruiseñor, que lo único que hace es cantar. Por eso no se puede matar a un ruiseñor.

Matar a un ruiseñor 4

Lecciones eternas

Hasta el día de hoy en Estados Unidos, “hacer de Atticus Finch” es la expresión utilizada cuando alguien lee un libro mientras monta guardia. Tal es el poder de ver a Gregory Peck con toda su gravedad de capitán ballenero, frente a la prisión en la que descansa su defendido, dispuesto a enfrentar lo que venga con una tranquilidad temeraria y la luz de una lámpara que alumbra sus páginas. Cuando llega la turba dispuesta a linchar a Robinson él sigue imperturbable. Sólo lo altera la llegada sorpresiva de sus hijos. Sin embargo, en una muestra más del enorme acierto de Mulligan al dirigir niños (en su última película, The man in the moon, descubrió el talento de Reese Witherspoon), la escena se resuelve con ellos mostrando que comprenden más de lo que creíamos, que saben que a cualquier adulto le avergüenza lo que está mal frente a un niño. No es inocencia lo que demuestra Scout cuando le pregunta al señor Cunningham (el mismo del comienzo) cómo siguen en su casa: es astucia.

Sin embargo la injusticia, como el fuego, es implacable. Y al final, a pesar de que los argumentos de Atticus Finch en la corte son incontestables, aún cuando todos en la sala de la corte (incluso ese personaje que en una esquina ahueca la mano junto al oído, como diciéndonos que a veces somos sordos cuando la razón habla) saben que Tom Robinson es inocente, el pobre es condenado. Pero los pobladores negros han visto que alguien se atrevió a hablar por ellos, a tratarlos como personas y no como a sirvientes. Por eso el reverendo Sykes les ordena a los niños que se pongan de pie, junto con todos los que llenan las tribunas para negros de la corte, cuando su padre está pasando. Es lo menos que se merece un hombre que lucha solo contra una sociedad desigual.

Ni Atticus ni ningún adulto pueden creer la versión de que Tom Robinson quiso escaparse y que por eso le dispararon cuando lo trasladaban a otra prisión. Otra vez somos los espectadores los que debemos leer entre líneas y entender la tremenda injusticia que se ha cometido. Sin embargo, “To kill a mockingbird” se escribió y se convirtió en película antes de que Kennedy fuera asesinado. Todavía la gente creía en algo parecido a la justicia. Y por eso, cuando los niños Finch van a ser atacados por alguien cuando vuelven a su casa después de una fiesta comunal, aparece de la nada un justiciero, un fantasma que los ayuda y que, sin quererlo, hace lo que los tribunales no pudieron. Un fantasma tan inocente como un ruiseñor, que lo único que deseaba era defender a unos niños indefensos, como él.

Matar a un ruiseñor 3

“¿Me puedes llevar a casa?”. Esa es la única frase que pronuncia Arthur “Boo” Ridley en toda la película. Pero con eso y con menos de tres minutos de presencia frente a cámara le alcanzó al joven actor Robert Duvall, quien interpretaba al personaje, para comenzar con pie derecho una carrera impecable. Muchos años después y con una historia del mismo guionista, Horton Foote (Tomorrow, la misma que había adaptado en aquel programa de televisión), Duvall ganaría el Oscar a mejor actor. Con esa frase y con Scout llevando de la mano a aquel inocente que ha hecho justicia hasta su casa termina To kill a mockingbird. De repente sabemos que Scout se ha hecho adulta con ese paseo. Y entendemos por qué Atticus Finch es una figura que ha trascendido a generaciones y generaciones de espectadores: porque nos hace recordar que las cortes pueden quemarse en los incendios y aún así la única esperanza del género humano es que los padres siguen enseñándole a sus hijos con el ejemplo, qué es lo bueno, y lo digno, y lo justo.

Regalos en blu-ray

Wednesday, December 10, 2014 por Samuel Castro

Esto de los regalos de Navidad es para volverse loco cuando uno tiene la romántica creencia de que cada presente navideño debe ser escogido específicamente para el destinatario y que eso de darle lo mismo a todo el mundo, es una costumbre de empresas y no de personas. Para que las compras no sean eternas yendo de un almacén a otro, decidí gastarme toda la plata en series y películas en blu-ray pero, eso sí, intentando que cada quien se lleve lo que necesita (o lo que merece). Comparto con ustedes mi lista de Navidad.

Christmas tree

A Juan Manuel Santos: Downton Abbey para que recuerde, de una vez por todas, que se debe gobernar tanto para “los de arriba” como para “los de abajo”.

A Alejandro Gaviria: Sherlock, a ver si copiando las tácticas del detective, logra resolver ese caso sin solución que es la salud colombiana.

A Gustavo Petro: House of cards para que descubra, finalmente, que lo que hace a un político memorable no son las peleas que caza, sino los objetivos que lo guían.

A los libretistas de los canales privados: Orange is the new black, a ver si recuerdan la diversidad que pueden tener los personajes femeninos cuando se escriben bien, y dejan de pensar en términos de “esposa de”, “madre de”, “amiga de”.

A Juan Carlos Ortiz, el de Interbolsa: Las dos caras de enero, para que nos cuente qué se siente que Viggo Mortensen haga de uno en una película.

A Álvaro Uribe: True detective y Dallas buyers club. Para que vea que, como Matthew McCounaghey, la gente sí es capaz de reinventarse si se lo propone y deja de actuar siempre igual.

A Julio Sánchez Cristo: Modern family, para que la vea completica y alguna vez sea capaz de hablar de las buenas escenas de Sofía Vergara y no de “lo buena” que está.

A Sergio Fajardo: Birdman, para que en los “detrás de cámaras” pueda ver al gemelo del que lo separaron al nacer, Alejandro González-Iñárritu.

A Roy Barreras: El cazador de cocodrilos porque seguramente podrá reconocer a familiares que hace mucho no ve.

A Maluma: Glee para que vea algunas formas realmente creativas de adaptar canciones a un formato juvenil, sin necesidad de decirle “princesita” a las niñas que hacen parte de su grupo en La Voz Kids.

Seguramente me faltaron regalos, ustedes me dirán. Pero creo que los que di están bien, a ver si de pronto mostrándoles a los famosos y poderosos, series y películas bien escritas, dejamos de vivir en un país tan mal libreteado.

Publicado en Revista Únete edición diciembre de 2014

Adaptaciones. Oh, adaptaciones

Sunday, March 9, 2014 por Paula Andrea Chaparro

Todos conocemos a alguien —si tenemos mala suerte, a más de uno— que juzga sin piedad las adaptaciones fílmicas de libros, novelas gráficas, cintas clásicas e incluso series de culto. Seguramente muchos de ustedes se repiten la misma pregunta: ¿por qué estas criaturas de Lucifer no disfrutan la película como un producto independiente y dejan a los otros espectadores en paz? Porque esta gente no se limita a refunfuñar en casa, no. Lo hace en la sala llena, en ese asiento perfectamente ubicado en la mitad del teatro, para que al elevar su voz de protesta, toda la sala tenga que escucharla. Tal vez estos personajes necesiten llenar sus vacíos emocionales, sintiéndose superiores al resto de los humanos, y por eso se ven obligados a publicar sus vastos conocimientos a viva voz… pero ese no es mi asunto.

Mi idea, algo utópica, es esta: compañero insatisfecho, haga un club de criaturas de su misma especie y desgárrese las vestiduras con ellos; a quienes queremos ver la película en paz, déjenos tranquilos.

Como ex-mamerta cinematográfica, caí en ese cliché comparativo —bueno, algunas veces sufro aún esa especie de embolia digna de Sheldon Cooper—, pero desde que comencé a relajarme y a separar una cosa de la otra, me ahorro discusiones, malos ratos, úlceras gástricas y vergonzosos abucheos en el cine. Para superar los escollos de las adaptaciones debemos entender una única premisa: necesitaríamos películas de mínimo 12 horas de duración, para reproducir con exactitud cada detalle del documento base (en caso de libros o novelas gráficas), e incluso así, el fanático frenético dentro de cada uno de nosotros pediría más.

Admitámoslo, el pasatiempo favorito de la humanidad es joder la vida por estupideces.

Somos tan insolentes, que incluso encontramos imperfecciones en obras como Lord of the rings y The godfather, porque “faltan detalles de los libros”.

¿Y si nos dejamos de pendejadas y nos damos cuenta (¡oh, la epifanía!) de que realizar una película ya es de por sí complicado? Sumemos a eso la presión de hacer un buen remake, o una buena adaptación y a eso las opiniones —jamás pedidas— de los fanáticos, que no ponemos un solo peso de nuestros bolsillos y exigimos excelencia.

Soy admiradora de uno de los autores con mayor cantidad de adaptaciones fílmicas, y tengo opiniones mixtas. Stephen King ha dado origen a casi tantas películas como novelas, y el proceso ha sido agridulce. Sin embargo, ha valido la pena, por la cantidad de películas de culto que han surgido. The shawshank redemption, The shining, The green mile, Misery —para citar solo algunas— hubieran permanecido en las bibliotecas del Círculo de Lectores de nuestros familiares, acumulando polvo, de no haber sido por la incursión del celuloide.

Y esa es la cuestión.

Buenas o malas, las cintas adaptadas le dan cariz masivo a documentos de “élite”, como  libros o comics… o películas independientes, porque, siendo honestos, vivimos en una sociedad de inmediatez, que busca que sus productos artísticos sean de fácil digestión. Una película de máximo tres horas, es más fácil de tragar que un libro de 500 páginas.

De esta manera volvemos al quid del asunto. Como sea que resulte una adaptación, es una entidad autónoma. Disfrutable, o censurable, como elemento único. Debemos aprender a verlas como lo que son; parientes lejanas de sus obras base, que guardan un leve parecido con sus predecesoras, pero terminan siendo lo que pueden, de acuerdo al estrato sociocultural en el que germinan.

Algunas, son esas primas cool que “son rebeldes porque el mundo las ha hecho así”, otras siguen un sendero derechito y correcto, y las demás… Bueno, las demás se convierten en Judge Dredd con Sly Stallone.

La polla de Óscar

Sunday, March 2, 2014 por Samuel Castro

Los Óscar. O como lo llaman en mi familia, “la noche en que Samuel no contesta”. Siempre es lo mismo, con excepción de que desde el año pasado tuiteo como un poseso en mi TL en @samuelescritor, mientras veo en la pantalla desde temprano la alfombra roja en la que siempre está elegante Cate Blanchett y siempre bien acompañado George Clooney (aunque siempre también con una mujer distinta) que este año tendrá, según parece, la presencia indeseable de las Kardashian. ¿Quién las dejó entrar? Y ya que no podemos resolver eso, propongo entonces. ¡No las dejen salir! Que se queden encerradas para siempre en el teatro, después de que Ellen DeGeneres despida a todos los que se quieren ir corriendo a tomar champaña en las fiestas del Óscar para celebrar o para olvidar los discursos que se quedaron en un papelito en sus chaquetas.

Sé que el título de este post es escandaloso para algún público ibérico pero qué le vamos a hacer, la “polla” es el término que se ha impuesto en nuestro país para hablar de las apuestas por resultados y que se multiplicará hasta el infinito con la proximidad del Mundial. Yo, que de fútbol no sé mucho, prefiero apostar amablemente y a la distancia con Sol, con Ricardo, con Felipe y Juan Carlos, con Carolina y Diana, sobre quién ganará qué cosa en esta noche mágica y criticada por tantos que sólo quisieran estar ahí un ratico, intentando que se les pegue algo del polvo de estrellas que queda regado en la alfombra roja. Estas son mis apuestas y esta noche veremos qué tal me va.

MEJOR CORTO DE ACCIÓN REAL
Aquel no era yo
No sólo se hablará en español cuando gane Alfonso Cuarón. Este corto del español Esteban Crespo está tremendamente bien filmado y narra con ritmo trepidante una de esas realidades duras que los de la Academia parecen descubrir cada año: la de los soldados niños africanos.

MEJOR CORTO ANIMADO
Get a horse!
Nostalgia y vanguardia en un solo corto. Con un tremendo respeto por el legado de Walt Disney (del que se ha hablado no del todo bien gracias a Saving Mr. Banks) y al mismo tiempo con una diversión atrapante, de carrera sin control, como no se veía hace mucho tiempo en los cortos del estudio del ratón, esta pieza es una versión para coleccionistas y para cinéfilos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
The lady in number 6
Puede que no sea el corto más interesante desde la propuesta audiovisual, pero tiene un tema único: cómo la judía más vieja (murió hace poco sin alcanzar a ver la ceremonia) en haber estado en un campo de concentración tiene una visión optimista de la vida gracias a que la música se convirtió en su manera de salvarse del pesimismo y la tristeza.

MEJOR DOCUMENTAL
The act of killing
Además de denunciar una injusticia política, cosa que les fascina en Hollywood, este documental lo hace experimentando con la forma de una manera tal, que a los votantes de la Academia menos interesados en el tema, los fascinará.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jagten (The hunt)
Difícil elección. Se dice mucho que los italianos han hecho una gran campaña de lobby para que gane “La gran belleza”. Pero creo que la trama de The hunt y el carisma de Mikkelsen pueden ser más cercanos a la sensibilidad de los votantes de la Academia. Espero no equivocarme.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Frozen
No hay nada que hacer. Esta película se ha convertido en el último fenómeno Disney y cuando una película de Disney o de Pixar funciona bien ni siquiera Miyazaki puede evitar el premio.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Gravity
¿De verdad alguien puede dudar que este premio no se lo va a llevar Gravity?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Gravity
Puede que en el espacio no se oigan tus gritos y básicamente no debería escucharse nada. Pero no es por el “realismo” por lo que nos gustó esta película. ¿O sí?

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Gravity
Ha pasado en contadas ocasiones que la película que gana la mejor edición de sonido no se lleva el de la mejor mezcla de sonido. No será la de este año una de ellas.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Let it go” de Frozen
Al igual que a todos en el mundo, Bono cada vez le cae menos bien a los miembros de la Academia y la de Mandela no es una de sus buenas canciones. Así que creo que la gente preferirá premiar los buenos recuerdos que les dejó el musical de Disney.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Steven Price por Gravity
Steven Price es un nuevo talento, en una categoría que siempre está entre los mismos nombres. Y lo que hace en Gravity es bello y emocionante. Incluso majestuoso. Creo que la Academia también lo verá así.

MEJOR MAQUILLAJE
Dallas Buyers Club
Muy impresionante lo que hacen con el rostro de Johnny Knoxville, pero me niego a creer que la Academia vaya a querer que su respetable sello de calidad esté en la carátula de los DVD de Bad grandpa. Y lo que hacen Adruitha Lee y Robin Mathews con el rostro de Jared Leto y de Matthew McConaughey es fantástico.

MEJOR VESTUARIO
Catherine Martin por The great Gatsby
A Patricia Norris de 12 años de esclavitud la han nominado varias veces, se lo merece y nunca lo ha ganado, pero aquí creo que va a pesar la enorme cantidad de vestuarios de época y trajes de fiesta que implicó esta película. ¡Y alguien tiene que hablar bien de Leo esta noche!

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Catherine Martin y Beverley Dunn por The great Gatsby
Cuando el diseño de producción además de encontrar locaciones tiene que CREAR espacios que ya no existen, el trabajo es abrumador. Y en El gran Gatsby más que en cualquier otra película, se nota muchísimo.

MEJOR EDICIÓN
Alfonso Cuarón y Mark Sanger por Gravity
Cuarón tendrá la oportunidad de incluir en su discurso como director ganador a todos los que se le olvide mencionar cuando reciba su primera estatuilla: esta.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Gravity
Sigue siendo una injusticia que el maestro Roger Deakins todavía no tenga su estatuilla, pero esta vez hay que reconocer que al menos la mitad de la belleza formal de Gravity se debe a la visión única de Emmanuel “El chivo” Lubezki.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
John Ridley por 12 years a slave
En un mundo justo este sería el premio indicado para Philomena, por su preciosa combinación de humor y drama, pero la Academia seguramente rendirá con este premio un homenaje al real autor del texto, Solomon Northup.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Spike Jonze por Her
Muy pocas películas son también historias que representan el tiempo en el que se crean. Cuando alguien quiera entendernos en el futuro, tendrá que hablar de Her.

MEJOR DIRECTOR
Alfonso Cuarón por Gravity
Es el sueño dorado de Hollywood: una cinta que hizo taquillazos impresionantes y que nadie se atreve a negar que es una película de autor. Por eso la estatuilla dorada tiene que ser para ese autor.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Lupita Nyong’o por 12 years a slave
Aparte de que creo que la de Jennifer Lawrence no es una buena actuación, como tantos tipos ciegos por su belleza han dicho, pienso que Hollywood no quisiera graduarla tan rápido de fenómeno de la actuación. Nyong’o, de alta calidad en su presentación y belleza indiscutible, les ofrece la alternativa perfecta para quedar bien y hacer justicia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Jared Leto por Dallas Buyers Club
Es muy fácil caer en el estereotipo de “la loca” cuando se interpreta a un personaje como el de Rayon. Pero Leto evita todos los clichés y carga de humanidad su interpretación, haciéndolo inolvidable para los espectadores.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Cate Blanchett por Blue Jasmine
Como creo que éste es un Óscar que ya está cantado y que nadie se va a dejar extorsionar por las campañas anti-Allen que ha impulsado Mia Farrow, la pregunta es: ¿volverá a emocionarnos en su discurso la preciosa Cate recordando a Philip Seymour Hoffman como lo hizo en los Bafta?

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club
Olvídense de los kilos que perdió y recuerden la escena de él como Ron Woodroof en el carro, ahogándose con el llanto mientras piensa qué demonios va a hacer con su vida. Que la dieta no sea lo importante sino su interpretación excepcional de un personaje al que encarna con un compromiso que nadie puede negar. Ni el pobre Leo, que este año también verá que no puede alcanzar un premio que desde hace rato se merece.

MEJOR PELÍCULA
12 years a slave
Gravity le encantó a todo el mundo, es cierto. A mí el primero. Pero creo que 12 years a slave se llevará el Óscar porque además de ser una cinta “importante” y representativa de una época de la historia de Estados Unidos y de estar bellísimamente actuada y filmada, nunca una película que “parezca” de ciencia-ficción se ha llevado el Óscar. Y además hay una ñapa: no es poca cosa que el cierre de la ceremonia sea ver a Brad Pitt, el productor, recibiendo el Óscar.

Ya llega la ceremonia. Ya están los 24 vaticinios de la polla. Ya veremos ahorita, mientras tuiteamos todos, qué tan desacertado o afinado estuve. A ver si en unos meses me le mido a la polla del Mundial.

Las 12 del 13. Mi selección de las mejores películas del año

Tuesday, December 24, 2013 por Samuel Castro

Si uno ve una buena película cada mes, al menos una, la vida es mejor. Las buenas películas nos brindan temas para iniciar una conversación con los amigos de siempre, revelan dimensiones del mundo que no conocíamos, permiten que mantengamos la sana costumbre de escuchar (y ver) historias. Por eso esta selección es como un regalo para 2014 más que un resumen. 12 películas que pueden hacer del 2014, si las vemos, un mejor año.

About time

About time (Cuestión de tiempo): Richard Curtis, su director y guionista, el mismo de Love actually y Notting Hill sabe que el amor es cursi y maravilloso al mismo tiempo. Y es uno de los pocos capaz de traducir esa idea en una buena historia.

Silver linings playbook

Silver linings playbook (Los juegos del destino): Gracias a unas muy buenas actuaciones, nos emocionamos con una historia de amor entre dos seres débiles que no sabían que eran el uno para el otro.

La reina infiel

En kongelig affære (La reina infiel): Revelarnos a un personaje que logró imponer ideas que se adelantaron a la Revolución Francesa, es una de las muchas cualidades de esta película histórica.

Las nieves del Kilimanjaro

Les neiges du Kilimandjaro (Las nieves del Kilimanjaro): Una historia simple sobre personas simples es capaz de generar reflexiones sobre conceptos complejos como la justicia y la lealtad.

No

No: La salida de Pinochet del poder contada desde un ángulo que no conocíamos: la campaña publicitaria que permitió el éxito del referendo político que parecía destinado al fracaso.

Jagten

Jagten (La cacería): La actuación extraordinaria de Mads Mikkelsen permite que comprendamos lo fácil que es dañar la vida de alguien con una calumnia.

Stoker

Stoker (Lazos perversos): Tal vez la película visualmente más excitante y atractiva que pasó por las salas colombianas en 2013. Una clase maestra de transiciones y del uso de los elementos visuales para potenciar una historia.

Blancanieves

Blancanieves: Un cuento clásico que impacta por la forma original en que se cuenta: en este caso, sin palabras y a través del mundo de la tauromaquia.

Gravity

Gravity (Gravedad): ¿Quién dijo que ya no podían asombrarnos con una historia que sucediera en “el espacio exterior”? Adolfo Cuarón demuestra que el cine todavía nos puede dejar con la boca abierta.

Searching for sugar man

Searching for Sugar Man (Buscando a Sugar Man): Sin duda el documental del año. Una historia sobre un músico que, sin saberlo, era una estrella al otro lado del mundo.

Before midnight

Before midnight (Antes de medianoche): Richard Linklater logró consolidar con la tercera parte de esta trilogía, la historia de amor que ha marcado a una generación.

Amour

Amour (Amor): El nocaut emocional más duro que el cine nos propinó durante este año. La prueba de que hay amores que ni siquiera la muerte puede derrotar.

Causa tristeza que muchas de estas películas no hayan estado en exhibición más que una o dos semanas por falta de público. Ojalá que uno de los propósitos para 2014 sea atrevernos a ver otros tipos de cine, otros lenguajes, otras historias, y así los distribuidores se atrevan a regalarnos más variedad en nuestra cartelera. Para que el próximo diciembre sea todavía más difícil hacer esta selección.

Un clásico de juguete

Sunday, July 7, 2013 por Samuel Castro

La anécdota es ya uno de esos mitos del mundo del cine que se enriquecen con detalles cada vez que se cuentan, como la obsesión por las rubias de Hitchcok o los percances en la filmación de Apocalypse now (1979). Varios de los más importantes ejecutivos de Disney acaban de dejar la sala donde les han relatado el argumento, escena por escena recreadas con dibujos en papel, de la próxima película que pretende estrenar el estudio Pixar, utilizando la marca de Walt como sombrilla. Acaban de salir y aún no se reponen de la impresión. La película es un asco. Está llena de bromas crueles, de chistes violentos, de un humor negro que provoca angustia más que risa. Alguien pregunta: “¿Qué pasó?” y la voz de otro más sincero contesta: “Hicieron lo que les dijimos”. Muchas sugerencias. Demasiados consejos acerca de “lo que gustaba al público” por parte del gran estudio que la gente de Pixar, inexperta, había asumido como órdenes. El fracaso estaba a la vuelta de la esquina.

John Lasseter

Y aquí viene la parte de la historia que la convierte en leyenda. John Lasseter, enfundado en su eterna camisa de motivos hawaianos, sale a pedirles a esos mismos ejecutivos que le den dos semanas, que en dos semanas van a tener una historia que les guste y que permita que todos esos animadores que ya han contratado, puedan comenzar a trabajar. Probablemente aceptaron por la cara de angustia que vieron en el animador californiano y porque no tenían nada que perder  (¿qué posibilidades había de que arreglaran aquel desastre?), sin saber que ese mismo tipo, en menos de 20 años se convertiría en el jefe creativo de los estudios Disney.

Toy story 6

Toy story (1995), que muchos reconocemos como un clásico del cine, se creó en quince días. En esas dos semanas, Joe Ranft, (que después sería co-director de Cars), Andrew Stanton (director de Finding Nemo y de WALL-E) y Pete Docter (director de Monsters Inc. y de Up) junto al mismo Lasseter, dibujaron y escribieron una historia donde desaparecía todo el sarcasmo que habían incluido y los dos protagonistas convertían la trama en una típica buddy movie, ese subgénero cinematográfico en el que dos personajes muy distintos entre sí deben convertirse a la fuerza en compañeros y enfrentar juntos una serie de peripecias. En vez de hacerle caso a los manuales de instrucciones decidieron hacer justo lo que ellos creían que era lo correcto: que no hubiera realmente “villanos”, que las canciones se redujeran al máximo posible, que todos los personajes hablaran, pensaran y se comportaran como adultos (con excepción, por supuesto, de los niños). Y la fórmula funcionó. Toy story consiguió la financiación necesaria y se convirtió en el primer largometraje diseñado enteramente por computador de la historia del cine. Pero más que eso (que podría haber sido una casualidad cronológica) gracias a la calidad de su historia, al manejo del humor y a la frescura de sus personajes, Toy story fue la película que volvió a reconciliar a los adultos con la animación, que mostró que se podían hacer películas “familiares” que no fueran estúpidas y que convirtió a Pixar en una de las marcas más respetadas, admiradas y reconocidas en el mundo del cine.

Una de vaqueros y una del espacio

Toy story 5

A veces olvidamos lo deliciosamente anacrónica que es Toy story. ¿Realmente cuántos niños jugaban con vaqueros de juguete en los años noventa? Pero ese era un detalle en el que no reparamos (siempre pasa con las buenas historias) porque estábamos maravillados con ese mundo que se despertaba cuando nadie estaba viendo. Casi todos los adultos que acompañaron a sus hijos a las salas de cine en 1995 se encontraron recordando con nostalgia sus propios juguetes: el hombre forzudo, los soldados de plástico, la alcancía de cochinito, el tablero mágico, el Señor Cara de Papa. Ese fue el astuto anzuelo que Pixar le lanzó al público para que se identificara con la historia del juguete preferido que es desplazado por uno más bonito y más moderno, y que tras muchas peripecias se ve trabajando en equipo con el otro para enfrentar el peligroso mundo exterior y lograr volver a casa, sanos y salvos. Era una situación que todos podían entender: por un lado casi cualquiera ha sentido alguna vez que alguien nuevo llega a deslumbrar y a quitarlo del centro de atención; por otro, todos sabemos que un amigo te salva de morir en tu primer día de colegio, que un amigo hace que la oficina nueva no sea tan despiadada. Por eso, por lograr contarnos una historia universal vestida con el ropaje asombroso de una clase de animación que nunca habíamos visto y que se parecía tanto a la vida real, Toy story le llegó al alma a millones de personas.

Como ocurre con las grandes películas, ¡hay tanto cine en Toy story! Un amor por la historia del séptimo arte estadounidense que se va haciendo evidente conforme pasan los minutos Todo es más claro cuando sabemos que en principio, Lasseter y compañía quisieron que las voces de sus personajes principales, el vaquero Woody y Buzz Lightyear fueran las de Paul Newman y Jim Carrey. Su idea era mostrar cómo el “viejo” Hollywood iba siendo desplazado por esas “nuevas” estrellas, que estaban transformando el negocio.

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Por eso Toy story comienza siendo un western (que narra en sus juegos Andy, mientras usa a sus juguetes para armar la fantasía), se convierte en una película de guerra (con la ya antológica secuencia de los soldados de plástico en su operación para averiguar cuáles eran los regalos de Andy por su fiesta de cumpleaños), pasa por la ciencia-ficción (con los marcianitos mirando asombrados al cielo donde los iba a recoger la nave madre), se transforma en una película de terror (en las escenas donde intervienen los “monstruos” que ha creado Sid, el niño “malo” vecino de Andy, que ha cambiado cabezas de lugar y ha destripado a todos sus muñecos), y termina en una persecución digna de cualquier filme de acción. Todos los géneros en uno, como desafiando a cualquiera que se atreviera a decir que la animación era un juego de niños. Y por si eso fuera poco, los reemplazos en las voces (Tom Hanks y Tim Allen) haciendo un trabajo sobresaliente en su tarea de darle vida a los diálogos de esa comedia de enredos que se producía por la creencia de Buzz Lightyear de ser realmente un integrante de la Patrulla Espacial. ¿Qué niño no sabe hoy a qué personaje nos referimos cuando escucha la frase “Al infinito y más allá”? ¿No forma parte de las sentencias mejor dichas del cine la de Woody desesperado gritándole a Buzz “¡You are a toy!”? Eso es lo que hacen los clásicos: se instalan en nuestra memoria y se convierten en parte de los referentes que tenemos para entender el mundo.

Durante los siguientes años hubo muchas personas que creyeron que el mérito de Toy story estaba en la técnica y por eso nos llenamos de cintas animadas con historias tontas y predecibles que nada nos decían. Por fortuna, haciendo honor a su pieza fundacional, siempre estuvo Pixar para recordarnos que hoy y siempre, en 3D o en dibujos a lápiz, el asombro y la magia provienen de las buenas historias.

Publicado originalmente en Revista Kinetoscopio N°90

La mujer de nuestros días. Y nuestras noches

Wednesday, March 13, 2013 por Samuel Castro

Peter Jackson debería pasar a la historia del cine por razones distintas a la de convertir en imágenes la Tierra Media descrita por Tolkien en El señor de los anillos o revivir al simio más famoso de la pantalla grande en su versión de King Kong. Lo más importante que ha hecho el director neozelandés (y quien opine lo contrario tal vez no deba seguir leyendo este artículo) es escoger para uno de los papeles centrales de su película Heavenly creatures (1994) a una actriz de 18 años cuya experiencia en pantallas se limitaba a algunos comerciales televisivos y una sitcom sin éxito. La jovencita era Kate Elizabeth Winslet, hija, nieta y hermana de actores británicos, dueña de un rostro ambiguo, hermoso pero brusco, que le permite encajar en cualquier tipo de personaje sin mucho esfuerzo, desde la noble princesa de A kid in King Arthur’s court (1995) hasta la criada de Quills (2000)

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Cuando le  dieron la noticia de que había sido escogida, Kate estaba armándole un sánduche de pavo a uno de los clientes del delicatesen donde trabajaba para completar sus ingresos. El llanto fue imposible de atajar y el sánduche se quedó a medio hacer mientras ella salía corriendo del local, llena de emoción. Si algo tiene que ver el primer papel de cine de un actor con la suerte de su carrera, la interpretación de Juliet Hulme, la señorita inglesa refinada y cuasi histérica que compuso Winslet en Heavenly creatures, donde debía reír como una poseída, llorar a mares, toser enferma de tuberculosis, correr agitando los brazos en medio de un valle verde y florido, cual Julie Andrews en The sound of music, cantar y mostrar una actitud fría y temible al cometer un asesinato, reflejan la versatilidad de esta estrella inclasificable, capaz de renunciar a proyectos seguros como Shakespeare in love (1998) donde iba a tener el papel que le dio el Oscar a Gwyneth Paltrow, por películas que la reten como actriz; que nunca nos aburre porque siempre nos muestra que es capaz de una nueva transformación, más compleja que la anterior.

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En una escena de la película, Juliet sale corriendo de una sala de cine y luego de besar el cartel de The great Caruso (porque su amor platónico es Mario Lanza) se acerca a un pordiosero y lo abraza, como agradeciéndole algo. Ese pordiosero es Peter Jackson en uno de sus acostumbrados cameos, y el agradecimiento era válido porque con su participación en esta película, Winslet consigue el suficiente reconocimiento para ser llamada por Ang Lee a probar suerte en Sense and sensibility (1995) donde deslumbra a la crítica con una interpretación que le brinda sus primeras candidaturas al Oscar y al Globo y con el que gana el Bafta como actriz de reparto. Una estrella había nacido.

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La mujer que corre Kate Winslet se ve bien corriendo. Corre por un muelle de madera en Heavenly creatures, vistiendo traje de baño enterizo azul, con un estampado de moños rojos que la hace parecer un regalo, un regalo de piel y músculos que se muestran sin pudor. Corre por la borda del Titanic (1997) con el pelo rojo encendido, suelto, junto a su amigo del alma de ahí en adelante, Leonardo DiCaprio, con quien deberá compartir la fortuna y la tragedia de ser las estrellas de la película más taquillera de la historia. Corría medio borracha, interpretando a la actriz irlandesa Iris Murdoch en Iris (2001) papel que le daría su tercera nominación al Oscar. Corre muerta de la risa sobre un lago congelado en Eternal sunshine of the spotless mind (2004), convertida en Clementine, una de las 100 mejores interpretaciones de todos los tiempos según la selección hecha por la revista Premiere en 2006. Y corrió, hace un par de años, para gritar y escapar de la vida rutinaria que le ofrecía su marido, otra vez DiCaprio, en la maravillosa y poco valorada Revolutionary road (2008).

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Verla corriendo es disfrutar la metáfora más adecuada de lo que ha sido su trayectoria, una verdadera competencia de velocidad para llegar más y más lejos. Cada vez que Kate Winslet es nominada a un Oscar vuelve a convertirse en la actriz más joven en recibir esa cantidad de nominaciones. Hoy, con las seis que tiene, es la única intérprete en ejercicio (si Dakota Fanning y Abigail Breslin no hacen algo para volver más serias sus carreras) con posibilidades reales de superar el record de quince nominaciones que ostenta Meryl Streep. Porque sin apartarse del material comercial, Winslet ha hecho de la selección de personajes la clave para convertirse en la mejor actriz de su generación (otra vez, quien no esté de acuerdo, es mejor que se abstenga de seguir leyendo), con interpretaciones fascinantes que salen de su alma y que no la obligan a imitar personajes históricos archiconocidos (cantantes francesas, reinas inglesas) a alterar su cuerpo (llámese narices postizas, crecimiento de músculos, aumento de kilos) o a intentar ser una desquiciada, como la mayoría de ganadoras del Oscar los últimos 10 años.

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Es como si necesitara demostrar a cada instante que es buena. Que su gesto de amargura cuando Helen Hunt le ganó en la competencia del Oscar de 1998 fue sólo un desliz de inmadurez ya superado. Como si nos pidiera perdón por ese alarde de soberbia. Por eso las palabras de Marione Cotillard cuando presentaba su nominación en la ceremonia de 2009, donde por fin la estatuilla dorada terminó en sus manos gracias a su papel de guardiana nazi analfabeta en The reader (2008) son totalmente ciertas: su gran virtud es que el público nunca pierde la conexión con el personaje representado, que nunca estamos viendo a Kate Winslet corriendo, o a Kate Winslet disfrazada (como nos ocurre tantas veces con Angelina Jolie o con Nicole Kidman) sino a Rose, la mujer decidida en el siglo equivocado (y en el barco equivocado) o a Bitsey Bloom, la periodista que quiere impedir una sentencia de muerte en The life of David Gale (2003), o a Sarah Pierce, la madre de familia que no siente el amor que debería por sus hijos en Little children (2006). Vemos a través de su rostro, los espíritus de otras personas, mentiras verdaderas; en últimas, vidas en las que podemos creer, el objetivo que cualquier actuación debería tener.

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Real actresses have curves

Kate Winslet tiene la fabulosa capacidad de ser otra siendo la misma. Salvo la voz, cuyo tono, acento y dicción cambia cada vez que se le antoja de acuerdo con el personaje, siempre vemos a esa mujer de boca generosa, dientes grandes, cejas tupidas y una nariz muy poco respingada que debe hacer babear a los cirujanos plásticos con ganas de uniformar la belleza. Toda ella es redondeada: sus mejillas sobresalientes, sus tetas suntuosas, ese lunar que parte la línea entre su nariz y su boca, las caderas amplias que contagian de amplitud a sus nalgas. Kate es una mujer real, una mujer que no necesita parecer (¿cómo Keira Knightley, como Natalie Portman?) un maniquí famélico para verse hermosa. Y que es más hermosa gracias a su talento.

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Hay una frase que Winslet pronuncia encarnando a la Clementine de gestos bruscos, la del amago de paso adelante que acepta a subir al auto que conduce Jim Carrey, la del pelo multicolor: “Bebe. Hará que la seducción sea menos repugnante”. Tal vez sea la única frase que viniendo de sus labios jamás creeríamos. Porque con ella, la seducción siempre será posible. Todos los días y todas las noches.

Una primera versión de este texto fue publicada en la Revista Kinetoscopio en marzo de 2009