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Archivo para December, 2012

Para mí nada, niño Jesús

Tuesday, December 18, 2012 por Samuel Castro

Adorado Niño Jesús. En vista de que no fui mejor persona este año (prueba de ello es que jamás tuve la paciencia para aguantar más de 20 segundos de Mundos opuestos, y seguí viendo los partidos de eliminatorias con el radio prendido porque no aguanto a ningún narrador de televisión) quiero escribirte, con el mismo fervor que RCN tiene por las ideas de Fernando Gaitán, pidiéndote algunos regalos para esta Navidad, que no serán para mí, divino niño, sino para aquellos que de verdad lo merecen. Mi lista es, como tú, pequeña pero justa:

La red

A Diva Jessurum y a la Negra Candela, niño Jesús, las principales “periodistas” de El lavadero y de La red, dales por favor una suscripción a televisión por cable, para que vean el canal E! y entiendan cómo se hacen programas de farándula y chismes entretenidos, amenos y bien producidos. Ah, y no olvides encimarles un diccionario, para que puedan entender los chistes de Joan Rivers en Fashion pólice.

A los productores de los canales de este país, venerado infante, regálales una pizca de sentido común, del que no tienen nada, a ver si algún día comprenden que el formato de Gran hermano no funciona en Colombia. Que a la gente de este país no le importa la convivencia. Lo que quieren es ver modelos en ropa interior, con cualquier excusa: diciendo que quieren ser actores, o que son cavernícolas, o que viven en el futuro.

NP&

A los reencauchados del Noticiero NP&, dales por favor, como a Pinocho, la oportunidad de convertirse en personas de carne y hueso, para que dejen de confundirlos con un programa infantil y pueda tener el éxito que se merece el único programa de humor político al aire.

A Luis Carlos Vélez, Dios en pañales (te hablo a ti, no a él, niño Jesús, su ego hace necesaria la aclaración) regálale una fábrica de gel para el pelo, porque usando un frasco cada vez que va a salir al aire, no hay sueldo por grande que sea, que aguante.

How I met your mother

Alarga, niño Jesús, la existencia por varias temporadas más de programas como The big bang theory, How I met your mother o Modern family, pues nuestros canales privados parecen incapaces de crear comedias que no sean telenovelas donde se burlen de los pobres o de las idiosincrasias regionales.

Permítele a Colombia, niño Jesús, la llegada a sus pantallas de más programas que se parezcan a La voz Colombia, donde felizmente se fijan más en el talento que en las medidas de sus participantes.

Como dice la novena, Divino Niño, espero que acojáis y despachéis estas súplicas, pues con esos regalos ajenos, también me harías muy feliz.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N°64

Eso nos pasa por sapos

Sunday, December 2, 2012 por Samuel Castro

¿Qué país vive diciendo que está cansado de que lo identifiquen en el mundo con narcotráfico, mafiosos y cocaína, pero cuando tiene la oportunidad de escoger la película que lo representará en los Premios Oscar decide enviar como candidata una película que trata sobre narcotráfico, mafiosos y cocaína? La respuesta es Colombia.

Aunque, en honor a la verdad, ese no es el problema, o al menos no el principal. El asunto es que la sola escogencia de El cartel de los sapos demuestra que los encargados gubernamentales de nuestro cine no entienden muy bien cuáles son los criterios de los Premios de la Academia en esa categoría. Es cierto que los ganadores recientes de película en idioma extranjero (piensen en El secreto de sus ojos o en La vida de los otros) son películas que a su manera cuentan un pedazo específico de la historia del país al que representan, como lo hace El cartel de los sapos, pero lo hacen de una forma única y original, de una forma que en Hollywood no se atreverían a hacer. Por eso los premian. Porque le recuerdan a la meca del cine, que hay otras formas de narrar, otros guiones que se salen de los esquemas prefabricados, otro tipo de personajes.

Pero no, en nuestra infinita sabiduría, tan “vivos” como nos creemos, decidimos mandarles una historia de maleantes igualita a las que ellos hacen desde hace décadas, en cine y en televisión. Sí, claro, puede que debamos enorgullecernos de que por fin tenemos un sonido decente y que los diálogos de los personajes se escuchan incluso en las escenas de balaceras, pero la mejor secuencia de acción de El cartel de los sapos no tiene nada que hacer al lado de, por poner un solo ejemplo, un capítulo cualquiera de las ocho temporadas de 24. Tan inocente y provinciana es la cinta, que nadie fue capaz de contarle a Robinson Díaz, que su personaje, el Cabo, que en el formato de telenovela (porque eso es narrativamente El cartel de los sapos, una de nuestras telenovelas de acción comprimida en dos horas) se desarrollaba a través de la historia, y daba miedo por sus contradicciones y sus vicios, en una película se iba a ver como una especie de villano de caricatura al que le gustan los marranitos. Con decirles que el mejor actor de la cinta es Diego Cadavid. ¡Calculen!

Igual no vamos a ganar nada, pero al menos debimos haber intentado perder con algo más de dignidad, sin tratar de vestirnos como la dueña de la casa, ni copiar en versión pobre, la pinta del niño rico de la cuadra. Para no quedar como los sapos de la fiesta.

Publicado originalmente en Revista ÚNETE N° 63