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Harry: un amigo que te quiere bien

Jul 30, 2011 por Samuel Castro

Cuando terminó la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte una muchachita (la cédula todavía sin estrenar) que estaba a mi lado, dijo: bueno, ahora sí se acabó la infancia. No era para menos. La comprendo. Desde que es un ser pensante, durante más de una década, ha tenido la presencia de los libros y las películas del joven hechicero en su vida, Harry Potter ha sido uno de sus más cercanos amigos y la partida de un amigo le duele a cualquiera.

 

Hay, sin embargo, un problema en los medios de comunicación más grandes de Colombia (y supongo que en otros territorios) para poder reflejar en sus páginas, en sus espacios radiales o en sus notas televisivas, la verdadera trascendencia del fenómeno de Harry Potter y ofrecer a miles de jóvenes como la del primer párrafo, información y opiniones interesantes para ellos. Muchas de las personas que analizan la saga (periodistas culturales, críticos de cine, analistas políticos inclusive, porque así son los medios acá) nunca han leído los libros, un poco por desprecio, un poco por prejuicio, otro poco por pereza. Y al no hacerlo, así sea por celo profesional, pierden autoridad frente a gran parte del público para el que están trabajando.

 

Yo descubrí los libros de Harry Potter mientras trabajaba en un supermercado hace más de doce años, cuando aún no habían salido las películas y a escondidas de mis supervisores leía en los espacios entre un cliente y otro. Me atrajeron los nombres de los libros y el hecho de que hubiera novelas de extensión considerable vendiéndose junto a las chocolatinas y los chicles. Y me convertí, como sólo me había ocurrido con la música de Fito Páez, en un fan. No perdía oportunidad de recomendarle a quien me quisiera escuchar esos relatos atrapantes y perfectamente construidos por un autor que ni siquiera sabía que era mujer (todavía uno no consultaba en Google). Supongo yo, a pesar de lo que pueda decir Harold Bloom, que la emoción que uno siente leyendo a Harry debe ser comparable con la que sentían los obreros ingleses cuando leían las novelas por entregas de Charles Dickens: un algo que genera identificación (ya sea el sentirse distinto, el no saber qué cualidades heredamos de nuestros papás, el miedo ante lo nuevo, el anhelo por trascender en lo que hacemos) sumado a una historia atrapante y a una narración capaz de crear con detalle un universo.

 

Por eso la mayor parte de lo que leo, oigo o escucho sobre Harry Potter me parece tremendamente fuera de foco, inclusive cuando viene de personas (algunas, amigos) cuyas opiniones normalmente respeto. Si uno de ellos se queja de que la séptima película de la saga es muy lenta para lo que se supone que debe ser un gran blockbuster, refunfuño en silencio porque si quien lo dice hubiera leído el libro entendería que es tal vez la mejor de las adaptaciones a cargo de David Yates; si otro opina que de esta saga no se podía esperar profundidad en los personajes, la rabia es mayor, porque si algo ha hecho bien J.K. Rowling es lograr que Hermione, Harry, Ron, Voldemort o Snape sean mucho más que caricaturas. Que el cine tenga que centrarse más en las acciones que en retratarnos el alma de sus criaturas, por simples cuestiones de formato, no es excusa para que extendamos nuestras opiniones sobre una historia que no conocemos, y de paso ofendamos a los que sí.

 

Advierto entonces que mi balance, no es estrictamente cinematográfico; que hablo teniendo en mente las horas disfrutadas sumergido en la lectura de las novelas y la profunda admiración por todo aquello que tenga que ver con Hogwarts. Y el resultado del balance, por fortuna, tiene muchas más cosas positivas que negativas. Desde el comienzo, el esfuerzo de Warner (supongo que algo obligados por el contrato con la autora) por ser fieles a los detalles, se notó en la producción y en intentar que todos los actores de la película fueran británicos. El casting puede ser uno de los mejores que haya tenido nunca una súper producción: Emma Watson, Daniel Radcliffe y Rupert Grint fueron hasta el final, las encarnaciones perfectas de los personajes principales. Aun cuando hubo un par de desaciertos importantes (que los profesores sean como 10 años mayores de lo que debían ser por la lógica de los libros, que Gary Oldman fuera una pésima decisión para estar en los zapatos de Sirius Black por su presencia física) en general lo que uno veía en la pantalla se correspondía muy bien con lo que había leído.

 

Tal vez hubiera sido mejor si a partir del quinto libro, Warner hubiera tomado la misma decisión que tomó con el séptimo y hubiera partido las películas en dos partes, por la extensión de las novelas y para que David Yates, el peor de los directores de la saga en el balance (la quinta es la película más lamentable) adquiriera “cancha” más rápido. De la misma manera resulta incomprensible que Alfonso Cuarón, el que mejor hizo las cosas (logrando una combinación perfecta entre SU estilo y las exigencias del mundo de Rowling) en El prisionero de Azkabán no volviera a trabajar para la saga. Su ausencia se suma a otras cosas lamentables, como la muerte de Richard Harris, el perfecto Dumbledore, o el recorte de personajes entrañables y escenas memorables, que a los que leímos la novela, nos dolieron como puñaladas.

 

Pero en general lo lograron. Uno salía de cada nueva entrega con la felicidad enorme de ver en imágenes reales algunos de los párrafos que más lo habían conmovido y pensando con anticipación cómo harían tal o cuál capítulo. Algunos hasta se animaron a leer las novelas gracias a lo mucho que les gustó la película. Por eso duele que ya no vaya a existir otra noche de estreno y que por unos años (seguramente en unos cuántos harán miniseries para la BBC) no haya más hechizos en nuestra vida. La magia ha terminado y Harry, el amigo de tantas horas, debe despedirse. Puede que el fenómeno de taquilla no exista más. Pero un nuevo personaje inmortal, ha terminado de instalarse en la memoria de millones de personas en el mundo, que lo identificarán para siempre, con una parte de sus vidas.

Un comentario para “Harry: un amigo que te quiere bien”

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