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Archivo para May, 2011

Blogumental de cine: Felipe Restrepo

Friday, May 27, 2011 por Samuel Castro

A falta de post y críticas (ya se imaginarán el trabajo en el que andamos, no dejen de disculparnos y de leernos) siempre es bueno continuar con los buenos proyectos, como el de nuestro blogumental. Esta vez, el invitado es Felipe Restrepo, (@felres en Twitter), uno de esos tipos que cualquiera quisiera tener de amigo, que ha tenido la suerte de satisfacer su pasión por el cine, con entrevistas a verdaderas estrellas (Ewan McGregor o Chris O’Donnell han sido algunas de las más recientes) que realiza como editor de la revista Esquire para Latinoamérica. Además el tiempo le alcanza para ser columnista de El Espectador y la Revista Gente edición mexicana. Un verdadero gatopardo de la literatura y de la escritura.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

Desde muy chiquito mi papá me llevaba a cine todos los sábados por la tarde. Más que las películas que me llevaba a ver, recuerdo la impresión que me causaba entrar en ese mundo. Por lo general íbamos al Astor Plaza o al Royal Plaza —que ya no sé si siguen siendo salas de cine o las convirtieron en iglesias o en discotecas— que eran teatros enormes y viejos. Me sentía muy bien ahí y descubrí pronto que el cine era una de las mejores cosas que tenía la vida. Creo que cada vez que regreso a ver una película busco volver a sentirme igual. Pero, como decía, no recuerdo exactamente qué películas veíamos. Yo siempre quería que me mi papá me llevara a ver las de James Bond, pero eran para mayores de 12 años —creo que por las escenas, fuertísimas, de sexo— así que no me dejaban entrar. Siempre terminábamos viendo alguna de acción malísima o, peor, una de Disney. Me acuerdo que Volver al futuro fue la primera que me gustó de verdad.
 
¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Estoy de acuerdo con algo que dice por ahí Alejandro Martín: los eventos que menciona no fueron grandes eventos. Más bien trámites aburridos. En cambio, algunas películas sí fueron acontecimientos que marcaron momentos muy precisos de mi vida. La lista es larga, pero más o menos es, en orden cronológico: las de Superman, Batman e Indiana Jones (porque era como ser amigo de tres niños: uno bueno, uno malo y uno inteligente); Adiós a los niños (porque era sentir la misma angustia de ir al colegio); El silencio de los inocentes (porque no podía imaginarme nada más asustador); El club de la pelea (porque ahí estaba todo lo que siempre había querido que me dijeran); Y tu mamá también (porque era muy caliente); Bowling for Columbine (porque el mundo no es un lugar seguro); Belleza americana (porque tiene la secuencia final más bonita que yo haya visto); Secreto en la montaña (porque fue liberadora); y El Padrino (porque mi propia familia no era tan disfucional, después de todo).

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

Pues me imagino que le mostraría mi película favorita: El club de la pelea, de David Fincher. Aunque no sé si eso le explicaría algo sobre mí —es posible que más bien lo asustara un poco—. Creo que mejor haría una selección de la lista que mencioné en la respuesta anterior.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Tengo una debilidad por los placeres y mucho más si son culposos. Así que mi lista es larga y un poco vergonzosa para confesarla acá. Pero hay dos películas que tendría que mencionar. La primera es Forrest Gump que muchos consideran mala, pero no lo es tanto. Hay algo en esa película —las actuaciones o cómo cuentan la historia, no sé— que siempre me conmueve mucho.
Y luego está —en un merecido primer lugar— La sinfonía del Señor Holland (Mr.Holland Opus). Una película pésima, con Richard Dreyfuss, que no es más que una serie de lugares comunes: la esposa abnegada, el alumno rebelde, la alumna gordita, el hijo sordo, etc. Pero debo confesar que me parece la obra maestra de ese género que nos gusta tanto a todos: el del profesor sabio que le cambia la vida a sus alumnos.

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?

Por dos razones. Una práctica: me quedaría sin trabajo y sin con qué vivir. Y otra aún más práctica: me quedaría sin ganas de vivir.

No se habla español en Asgard

Sunday, May 8, 2011 por Samuel Castro

Hace un par de años, estaba en una finca con mi novia y unos amigos. No recuerdo qué película era la que íbamos a ver pero yo me demoré un rato largo en el menú del DVD porque quería buscar la opción de idioma original. Luego comenzamos otra película y Jorge, uno de los visitantes, también intentó buscar en el menú algunos ajustes de idioma. Fue entonces cuando su esposa no pudo soportar más y le espetó: “¿vos también vas a seguir con las bobadas de Samuel”.

Parece que para muchas personas no es importante ver las películas en el idioma en que fueron hechas. Como si exigir escuchar a los actores que realmente hicieron los papeles, con su entonación y sus expresiones, parte esencial de su trabajo artístico, fuera una manía de cinéfilos trasnochados. Son los mismos que ven con tranquilidad las versiones dobladas que presentan en Premier Caracol y que prefieren TNT a MGM porque les da pereza leer. Respetable como gusto, terrible como norma.

Y lo peor es que esta tendencia malsana se está imponiendo entre nosotros. Cuando lanzaron la primera Toy Story, había más o menos la misma cantidad de salas con las voces de Tom Hanks y Tim Allen que aquellas que tenían a un Woody y a un Buzz mexicanos (supuestamente de acento neutro, pero ¿a quién quieren engañar?). El año pasado, cuando salió la tercera parte, sólo había una sala en Medellín donde se pudiera ver la historia de los juguetes parlantes con subtítulos.

Digamos que con las películas animadas no hay tanto problema. Finalmente en ellas, los actores que ponen las voces hicieron básicamente el mismo trabajo que los intérpretes de doblaje. Y aunque con las técnicas de animación actuales el lip-sync (la sincronización que hay entre los movimientos de los personajes cuando hablan y lo que dicen) es perfecto en inglés, como lo que uno ve en pantalla son seres irreales, nadie siente que TENGAN que hablar de determinada manera (me gusta mucho más la antigua voz de Homero Simpson en español que la de su borrachina y ronca personalidad en inglés) o que esa sea su única entonación posible.

Pero cuando hablamos de unos actores reales, que para filmar lo que vemos estuvieron en un set bajo las órdenes de un director que les dio instrucciones sobre cómo quería la escena, cuyos movimientos influyeron en la manera en que decían su parlamento, que trabajan su voz (como Sean Penn, como Meryl Streep o Philip Seymour Hoffman) para diferenciar a su personaje de otros que han hecho en su carrera, el doblaje es casi un insulto. ¿Quién puede gritar como Kiefer Sutherland haciendo de Jack Bauer en 24? Cuando pasan esas versiones dobladas de Dexter por ahí, cambio de canal desesperadamente, antes de escuchar a alguien que no sea Michael C. Hall decir “Esta noche es la noche”.

Por eso es que me siento indignado con lo que está pasando con Thor en esta ciudad, y no sé si en otras ciudades o países latinoamericanos esté ocurriendo lo mismo. Un amigo tuvo que salirse de la sala, porque le prometieron una función con subtítulos desde el anuncio en el periódico y al sentarse se encontró viendo a Odín, el mandamás de Asgard, encarnado por Sir Anthony Hopkins, con una voz que había oído en algún programa de Discovery. ¡Por Dios (o por Odin)! ¿Se supone que el actor de doblaje iba a imitar el sutil acento británico de Hopkins? El director de esta película es Kenneth Branagh, que algo sabe de dramaturgia… ¿y vamos a perdernos todo lo que hizo para que Chris Hemsworth encarnara a un dios creíble y fuera el Thor superhéroe que conocemos, porque a alguien le da pereza leer? Si ese es el argumento, ¿les parece bien que estemos educando a nuestros niños para que no lean, ni siquiera en la sala de cine? Para no hablar del trauma que nos genera a algunos no poder escuchar la voz de Natalie Portman, que es muy distinta a la de Natalia París, a quien doblar al inglés no sería un insulto sino una caridad.

Yo me niego a ver Thor así. Aunque tenga que esperar al DVD para poder saciar mi ansia de súper héroes. Puede que en Colombia no tengamos que soportar las abominaciones que ven en España (donde Mel Gibson dice “coño” en vez de “fuck” cuando maldice en Arma mortal) pero yo no quiero que en el paraíso anglosajón hablen con acento argentino, o rolo, o neutro. Quiero que Asgard siga siendo sagrado. Y el arte cinematográfico, como lo conciben sus creadores, también.