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Memorias del Hay: el guión de la vida

Feb 17, 2011 por Samuel Castro

No hay que menospreciar tanto la rutina. Si no fuera por ella, de la que tanto nos quejamos, nuestra vida sería prácticamente imposible, pues le dedicaríamos minutos de pensamiento a esas acciones que por fortuna, en cierto momento, hacemos en piloto automático. Prueba de que la rutina es valiosa, es que volver a entrar a ella luego de un par de días en que nos salimos de su monotonía tranquilizadora, es muy difícil.

Este primer párrafo es la explicación de por qué nos hemos demorado tanto en actualizar este blog: ha sido muy complicado que Diana Ospina y yo volvamos a nuestras vidas habituales y tengamos algo de tiempo para organizar nuestras anotaciones acerca de los momentos de cine que vivimos, juntos o separados, en la última edición del Hay Festival. Pero por fin ha ocurrido.

Una de las charlas que hizo parte de estos episodios de cine del Hay en Cartagena, fue la que condujo Manuel Gutiérrez Aragón acerca del oficio del guionista. Sus invitados eran Senel Paz, el guionista de Fresa y chocolate; Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea y David Trueba, director y guionista de Soldados de Salamina. Aunque no fue, ni mucho menos, una de las charlas más divertidas o más memorables del Festival (la primera media hora parecía que Gaitán estuviera pensando en los problemas logísticos de sus restaurantes bogotanos o que su mente estuviera en algún lugar muy lejos de Cartagena y Senel podrá ser un tipo muy interesante, pero no tiene el don de la empatía con los públicos) gracias a la conducción acertada y sutil de Gutiérrez Aragón y a la triunfante presencia de David Trueba (una de las estrellas del Festival, donde el ingenio y el sentido del humor siempre serán cartas ganadoras) el evento no fue una completa pérdida de tiempo. Ustedes tienen la fortuna de que al escribirlas, uno trata de hacer más interesantes y concisas las respuestas que en la vida real demoraron muchos minutos y varias divagaciones.

Manuel comenzó diciendo que el asunto con los guionistas es que no eran importantes para la industria. Pocos espectadores sabían qué escritor había hecho alguna película y nadie los llevaba a los festivales (era ya famosa la historia nunca comprobada de que González-Iñárritu ordenó que nadie le diera tiquetes a Guillermo Arriaga para que asistiera a Cannes). Sin embargo, dijo que algo estaba cambiando. Dicho esto, le preguntó a los participantes cómo habían comenzado en el oficio. Senel contó que había sido por ayudarle a un amigo que sabía que quería contar algo en una película pero no tenía ni idea de QUÉ quería contar. Fernando relató sus inicios como periodista, donde conoció a una productora que creyó que él podía funcionar en el oficio, así que luego de comprobar que los libros de texto servían muy poco para saber cómo se hacía una historia para televisión, cogió los libretos que los actores dejaban tirados en los sets de grabación y así comenzó. Mencionó que la mayor parte de los veteranos del oficio había empezado haciendo historias de comedia baratas, que era lo que encargaban a comienzos de los ochenta las programadoras, con las instrucciones claras: 6 actores, no más de 2 sets. Que tal vez a eso se deba que la telenovela colombiana se haya destacado siempre por su combinación entre melodrama y comedia. David Trueba rememoró su infancia para que entendiéramos por qué comenzó escribiendo por dinero (lo que ha sido una constante en su vida). Nos dijo que él era el menor de una familia de 8 hermanos (entre ellos, por supuesto, Fernando Trueba, el director de Belle epoque) y que su mamá, para asombro de todos, le hizo caso cuando él dijo el primer día de clases que no quería ir al colegio. A partir de ese momento, se “educó” en su casa. Preocupados sus hermanos porque el muchachito no se volviera un completo inútil, le ofrecieron pagarle una suma de dinero si cada ocho días él había escrito un cuento. Un par de años después, cuando se incorporó al sistema escolar, compensaba sus malas notas en otras materias con la participación en un concurso de relatos que organizaba regularmente un profesor. Con toda esa práctica en contar historias, había sido muy fácil decir que sí cuando un compañero le pidió ayuda para realizar un cortometraje.

A Fernando le gusta más el término de escritor que el de guionista, porque le gusta más pensar en su trabajo como el de un autor. Y reafirmó que en la televisión actual es el escritor el que tiene el real poder, pues al ser la producción televisiva una obra “que se va construyendo” es él el único que sabe “qué es lo que va a pasar más adelante”.

Trueba dijo algo muy bonito: que el ser humano, desde que estaba reunido alrededor del fuego, siempre ha necesitado historias. Porque la vida real tiene todo lo que nos gusta: emoción, aventura, violencia, romance, pero todo ocurre caóticamente. Y nos gusta la idea de que hay un orden. Esa es la función del guionista: hacerle creer a la gente que hay una explicación para lo que ocurre día a día.

Senel dijo que era discutible que un guión fuera literatura, pero que no cabía la menor duda de que un guionista tenía que ser escritor y también un cineasta. Que tal vez una de las cosas más importantes que le pudiera pasar a un guionista es que pudiera escoger a la persona que traducirá su historia a imágenes.

Ante la pregunta de Manuel acerca de cómo controlar las distintas versiones de una historia, es esta época de guiones que se venden a 20 países, Fernando contó varias anécdotas acerca de Betty, tratando de explicar que es muy importante que se mantenga la columna vertebral (una muchacha fea que triunfa en el mundo de la moda) pero que las particularidades locales cambien de acuerdo con el entorno. En Suiza, contó, era imposible que hubiera un marido que no le gira el cheque de manutención a su ex esposa. En Rusia consideraban inhumana la oficina a la que meten a Betty para esconderla y le dieron un espacio mejor. En Estados Unidos la historia se dedicó muchísimo al tema de la inmigración latina.

¿Por qué hoy hablamos de series con la misma pasión con que hace algunas décadas hablábamos de películas? Senel habló de un espectador más entrenado, que ya no traga tan entero, y que las series con sus múltiples tramas y personajes, permiten que el espectador encuentre la profundidad y la densidad que la forma de la película rara vez consigue. Davis Trueba mencionó una espantosa realidad: son los adolescentes los que llenan las salas de cine. Los adultos están muy ocupados viviendo vidas responsables, en las que el ocio no siempre hace parte de sus prioridades. Por eso el cine se ha convertido en fórmulas para atraer incautos. Pero los canales de pago, de todos esos suscriptores que quieren ver algo menos telegrafiado en la comodidad de sus casas, ahora tienen los recursos para ofrecer un entretenimiento verdaderamente adulto, o para gastarse millones de dólares, como HBO, en Boardwalk empire, una serie que obviamente no compensa su inversión, sólo por el buen nombre que un producto de esa calidad da.

Entre otros temas colaterales, se mencionó que a los personajes hay que buscarlos en la calle, caminando para señalarlos y decir: éste es mi portero o así va a ser mi heroína. Y que no debemos temer en pervertir los géneros, porque al final la vida es eso: una perversión, una mezcla entre un thriller y una comedia del absurdo.

Un comentario para “Memorias del Hay: el guión de la vida”

  1. Juanes dice:

    Algunoѕ articulos me gustaron bastante mas… .

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