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Archivo para February, 2011

Roger & me: ¿se unen a a la apuesta del Oscar?

Sunday, February 27, 2011 por Samuel Castro

Hoy es la ceremonia del Oscar. Para muchos (yo me incluyo) esa frase debería significar “hoy a partir de las 7 de la noche no contesto el teléfono, no acepto regaños ni llamados al orden si grito por algo y nadie cocina”. Aunque hay invitaciones a ver la ceremonia en el bar de un amigo, me abstengo de esas salidas porque sé cuánto me puedo emocionar con la transmisión. Y este año con mayor razón, pues están en juego 100.000 dólares. ¿No me creen? Esa es la cantidad que se puede llevar aquel que acierte en TODAS las categorías de los premios, apostando a través de esa magnífica página que antes se conocía como “The auteurs” y que hoy simplemente se llama MUBI. Ahí, imitando el título del documental que le dio fama a Michael Moore, todos podemos intentar tener más aciertos que Roger Ebert, el respetado crítico del Chicago Sun-Times. Si al menos le ganamos a él, nos llevamos una suscripción a la página, que vale 45 dólares. Estas son mis apuestas, las definitivas, basadas tanto en la razón como en el corazón (no puede ser de otra manera si el cine está involucrado) para mañana poder avergonzarme por lo mal que me fue (yo le intento pegar a todas las categorías) o escaparme por un par de meses si me gano el premio mayor. Aquí vamos.

Mejor corto de acción real
Wish 143
A la Academia le gustan los niños. Y en este cortometraje, un niño que sufre una enfermedad terminal recibe la visita de una de esas fundaciones que se encarga de cumplir los últimos deseos de las personas. El problema es que el deseo del protagonista es perder su virginidad antes de morir. Aunque el tema sea controvertido para Hollywood, el poder de la anécdota me atrae mucho como elección.

Mejor corto animado
Day & Night
Si Toy story 3 fue una experiencia cinéfila perfecta, se debe en parte a que el corto que veíamos antes de la película nos ponía en una disposición ideal. Esta historia, ingeniosa, capaz de sacarle partido al 3D como pocas, es tan conmovedora como cualquier gran título de Píxar.
 
Mejor corto documental
Strangers no more
Las categorías de documental en los últimos años se han convertido en la manera que tiene Hollywood de contarnos sus opiniones políticas y bienpensantes. Y este cortometraje documental, que cuenta la historia de una escuela en Tel-Aviv donde conviven niños de 48 países que han tenido que salir por múltiples razones y violencias de sus tierras, es la mejor idea que el Oscar puede ayudar a propagar.

Mejor documental
Inside job
No sé si recuerdan que varios actores importantes de Hollywood perdieron un buen porcentaje de sus fortunas con Madoff y con la crisis. Que este documental que trata de explicar lo que pasó tenga la narración de un consentido de Hollywood como Matt Damon, podría ser el caramelo que lleve a muchos a votar por esta película.

Mejor película extranjera
Hævnen
No sólo porque la directora de esta película es la creadora de ese drama conmovedor que era A corazón abierto (no confundir con la versión colombiana de Grey’s anatomy) es que Hævnen tiene tantas posibilidades. Ganó el Globo y habla sobre lo difícil que es intentar parar la violencia (en la sociedad, en nuestra familia) sin que nos ensuciemos un poco las manos en el proceso.

Mejor película animada
Toy story 3
Repito la misma frase del año pasado con Up. Es la única animada en las 10 nominadas a mejor película. ¿Necesito decir más?

Mejores efectos visuales
Inception
La razón por la que ganará Inception es sencilla: todo lo que vimos en esa película, incluida la ciudad que se dobla sobre sí misma y la pelea en un corredor sin gravedad, parecía perfectamente real.

Mejor edición de sonido
TRON: Legacy

Sé que estoy jugando acá con fuego, pero estas categorías también pueden sorprender a veces. Y hacer los sonidos de esas motos futuristas que rompen la barrera del sonido, o de esas batallas entre cuerpos que se sacan chispas, más la nostalgia que todos tenemos de la primera Tron, pueden lograr lo imposible. 

Mejor mezcla de sonido
Inception

Aquí debe volver todo a su cauce, y aunque Inception compita contra otras grandes contendientes, se llevará esta categoría por un asunto de cantidad de minutos en que la mezcla de sonido necesitó perfección.

Mejor canción original
“We belong together” de Toy Story 3
El año pasado Randy Newman estaba dos veces nominado por La princesa y el sapo y perdió contra una canción country. Espero que este año la Academia compense y le entreguen el Oscar por esta excelente canción.

Mejor partitura para una película
Trent Reznor y Atticus Ross por The social network
Yo creía que se lo iban a dar a Alexandre Desplat por ser su cuarta nominación. Pero después de ver lo poco importante que es su música en The king’s speech supongo que las atmósferas electrizantes que sí llenan muchas de las escenas de The social network serán tenidas en cuenta.

Mejor maquillaje
Barney’s version
En una elección donde las películas nominadas no tienen nada que ver con el resto de candidatas, todo es especulación. Pero como Paul Giamatti ganó un Globo de Oro por el papel protagónico en esta película, es probable que a Barney’s versión la hayan visto los que votan, más que a las otras dos.

Mejor vestuario
Mary Zophres por True grit
Esta mujer creó la vestimenta icónica de Anton Chigurh y del gran Lebowsky. Un western de época puede ser la ocasión perfecta para que esta mujer gane lo que hace rato se merece.

Mejor dirección de arte
Robert Stromberg y Karen O’Hara por Alice in Wonderland
Este puede ser el justo premio a una de las pocas cosas que funciona bien en la última película de Tim Burton.

Mejor edición
Tariq Anwar por The King’s speech
Yo se lo daría a los editores de The social network por el ritmo que logran con unas conversaciones en una mesa, pero no soy yo el que escoge y la edición es la que logra mucho del encanto teatral de la película del rey tartamudo.

Mejor fotografía
Roger Deakins por True grit
Como en el fútbol, esto no es un asunto de merecimientos de una carrera. Pero después de ocho nominaciones, y de convertirse en un maestro capaz de fotografiar la agonía de un caballo negro en una noche obscura, ha llegado la hora de que Roger Deakins suba al escenario.

Mejor guión adaptado
Aaron Sorkin por The social network
Tomar un libro de no ficción y convertirlo en un drama shakesperiano que retrata el sentimiento interior de una generación merece un hombrecito dorado. Y deberían encimarle otro por esos diálogos.

Mejor guión original
David Seidler por The king’s speech
Cuando uno es capaz de encontrar una historia de la realeza que nadie más había llevado a la pantalla y de esperar por un asunto de honor a que la reina madre muriera, debe recibir su recompensa.

Mejor director
David Fincher por The social network
Si en una carrera de 8 películas uno ha hecho 4 obras maestras, por algo será. Y el perfeccionismo de Fincher es una de esas cosas que nos permite seguir teniendo fe en el cine que se hace en Estados Unidos.

Mejor actriz de reparto
Melissa Leo por The fighter
Perdió con Kate Winslet en el 2009, pero su interpretación era realmente impresionante. Ahora, con esta mamá que parece una mezcla de gangster con esposa de tragedia griega, la neoyorquina va por su estatuilla con algo más resistente que un río helado bajo sus pies.

Mejor actor de reparto
Titular de mañana. Batman gana el Oscar.

Mejor actriz principal
Natalie Portman por Black swan
A la Academia le encanta que una actriz tenga que aprender un oficio para hacer un papel. Que se vuelvan cocineras, o trapecistas, o, como en este caso, bailarinas de ballet. Y también le gusta que sus actrices favoritas tengan hijos. Moñona por todos lados, y el Oscar para la niña asustada capaz de imitar a Chaplin.

Mejor actor principal
Colin Firth por The King’s speech
El año pasado merecía este premio por A single man y se lo llevó Jeff Bridges por Crazy heart. Pero como la justicia en Hollywood siempre cojea y termina llegando, este año pasará al revés, y Firth le quitará la estatua que merece Bridges por su papel de vaquero gordo y alcohólico. Podrían intercambiar estatuillas.

Mejor película
The social network
Ya sé que voy contra las apuestas. Pero el año pasado me la jugué por lo seguro, y perdí. Si esta es la ceremonia de internet, que quiere captar audiencias juveniles, no veo por qué habrían de darle el Oscar a una cinta inglesa, que es bastante menos buena que The social network y que en unos años será utilizada en conferencias de superación personal. Y no sé, tengo ganas de que Hollywood sea capaz de premiar a una cinta que retrata el pulso de su tiempo.

En un par de horas, en unos minutos, veremos cuánta razón o cuánta suerte tenemos y si le gano o no a Roger Ebert. ¡Que comience la función!

Memorias del Hay: el guión de la vida

Thursday, February 17, 2011 por Samuel Castro

No hay que menospreciar tanto la rutina. Si no fuera por ella, de la que tanto nos quejamos, nuestra vida sería prácticamente imposible, pues le dedicaríamos minutos de pensamiento a esas acciones que por fortuna, en cierto momento, hacemos en piloto automático. Prueba de que la rutina es valiosa, es que volver a entrar a ella luego de un par de días en que nos salimos de su monotonía tranquilizadora, es muy difícil.

Este primer párrafo es la explicación de por qué nos hemos demorado tanto en actualizar este blog: ha sido muy complicado que Diana Ospina y yo volvamos a nuestras vidas habituales y tengamos algo de tiempo para organizar nuestras anotaciones acerca de los momentos de cine que vivimos, juntos o separados, en la última edición del Hay Festival. Pero por fin ha ocurrido.

Una de las charlas que hizo parte de estos episodios de cine del Hay en Cartagena, fue la que condujo Manuel Gutiérrez Aragón acerca del oficio del guionista. Sus invitados eran Senel Paz, el guionista de Fresa y chocolate; Fernando Gaitán, creador de Yo soy Betty, la fea y David Trueba, director y guionista de Soldados de Salamina. Aunque no fue, ni mucho menos, una de las charlas más divertidas o más memorables del Festival (la primera media hora parecía que Gaitán estuviera pensando en los problemas logísticos de sus restaurantes bogotanos o que su mente estuviera en algún lugar muy lejos de Cartagena y Senel podrá ser un tipo muy interesante, pero no tiene el don de la empatía con los públicos) gracias a la conducción acertada y sutil de Gutiérrez Aragón y a la triunfante presencia de David Trueba (una de las estrellas del Festival, donde el ingenio y el sentido del humor siempre serán cartas ganadoras) el evento no fue una completa pérdida de tiempo. Ustedes tienen la fortuna de que al escribirlas, uno trata de hacer más interesantes y concisas las respuestas que en la vida real demoraron muchos minutos y varias divagaciones.

Manuel comenzó diciendo que el asunto con los guionistas es que no eran importantes para la industria. Pocos espectadores sabían qué escritor había hecho alguna película y nadie los llevaba a los festivales (era ya famosa la historia nunca comprobada de que González-Iñárritu ordenó que nadie le diera tiquetes a Guillermo Arriaga para que asistiera a Cannes). Sin embargo, dijo que algo estaba cambiando. Dicho esto, le preguntó a los participantes cómo habían comenzado en el oficio. Senel contó que había sido por ayudarle a un amigo que sabía que quería contar algo en una película pero no tenía ni idea de QUÉ quería contar. Fernando relató sus inicios como periodista, donde conoció a una productora que creyó que él podía funcionar en el oficio, así que luego de comprobar que los libros de texto servían muy poco para saber cómo se hacía una historia para televisión, cogió los libretos que los actores dejaban tirados en los sets de grabación y así comenzó. Mencionó que la mayor parte de los veteranos del oficio había empezado haciendo historias de comedia baratas, que era lo que encargaban a comienzos de los ochenta las programadoras, con las instrucciones claras: 6 actores, no más de 2 sets. Que tal vez a eso se deba que la telenovela colombiana se haya destacado siempre por su combinación entre melodrama y comedia. David Trueba rememoró su infancia para que entendiéramos por qué comenzó escribiendo por dinero (lo que ha sido una constante en su vida). Nos dijo que él era el menor de una familia de 8 hermanos (entre ellos, por supuesto, Fernando Trueba, el director de Belle epoque) y que su mamá, para asombro de todos, le hizo caso cuando él dijo el primer día de clases que no quería ir al colegio. A partir de ese momento, se “educó” en su casa. Preocupados sus hermanos porque el muchachito no se volviera un completo inútil, le ofrecieron pagarle una suma de dinero si cada ocho días él había escrito un cuento. Un par de años después, cuando se incorporó al sistema escolar, compensaba sus malas notas en otras materias con la participación en un concurso de relatos que organizaba regularmente un profesor. Con toda esa práctica en contar historias, había sido muy fácil decir que sí cuando un compañero le pidió ayuda para realizar un cortometraje.

A Fernando le gusta más el término de escritor que el de guionista, porque le gusta más pensar en su trabajo como el de un autor. Y reafirmó que en la televisión actual es el escritor el que tiene el real poder, pues al ser la producción televisiva una obra “que se va construyendo” es él el único que sabe “qué es lo que va a pasar más adelante”.

Trueba dijo algo muy bonito: que el ser humano, desde que estaba reunido alrededor del fuego, siempre ha necesitado historias. Porque la vida real tiene todo lo que nos gusta: emoción, aventura, violencia, romance, pero todo ocurre caóticamente. Y nos gusta la idea de que hay un orden. Esa es la función del guionista: hacerle creer a la gente que hay una explicación para lo que ocurre día a día.

Senel dijo que era discutible que un guión fuera literatura, pero que no cabía la menor duda de que un guionista tenía que ser escritor y también un cineasta. Que tal vez una de las cosas más importantes que le pudiera pasar a un guionista es que pudiera escoger a la persona que traducirá su historia a imágenes.

Ante la pregunta de Manuel acerca de cómo controlar las distintas versiones de una historia, es esta época de guiones que se venden a 20 países, Fernando contó varias anécdotas acerca de Betty, tratando de explicar que es muy importante que se mantenga la columna vertebral (una muchacha fea que triunfa en el mundo de la moda) pero que las particularidades locales cambien de acuerdo con el entorno. En Suiza, contó, era imposible que hubiera un marido que no le gira el cheque de manutención a su ex esposa. En Rusia consideraban inhumana la oficina a la que meten a Betty para esconderla y le dieron un espacio mejor. En Estados Unidos la historia se dedicó muchísimo al tema de la inmigración latina.

¿Por qué hoy hablamos de series con la misma pasión con que hace algunas décadas hablábamos de películas? Senel habló de un espectador más entrenado, que ya no traga tan entero, y que las series con sus múltiples tramas y personajes, permiten que el espectador encuentre la profundidad y la densidad que la forma de la película rara vez consigue. Davis Trueba mencionó una espantosa realidad: son los adolescentes los que llenan las salas de cine. Los adultos están muy ocupados viviendo vidas responsables, en las que el ocio no siempre hace parte de sus prioridades. Por eso el cine se ha convertido en fórmulas para atraer incautos. Pero los canales de pago, de todos esos suscriptores que quieren ver algo menos telegrafiado en la comodidad de sus casas, ahora tienen los recursos para ofrecer un entretenimiento verdaderamente adulto, o para gastarse millones de dólares, como HBO, en Boardwalk empire, una serie que obviamente no compensa su inversión, sólo por el buen nombre que un producto de esa calidad da.

Entre otros temas colaterales, se mencionó que a los personajes hay que buscarlos en la calle, caminando para señalarlos y decir: éste es mi portero o así va a ser mi heroína. Y que no debemos temer en pervertir los géneros, porque al final la vida es eso: una perversión, una mezcla entre un thriller y una comedia del absurdo.

Sobre El paseo

Wednesday, February 9, 2011 por Diana Ospina

El comienzo del año nos sorprendió con una noticia inesperada, algo que parecía imposible sucedió: un estreno colombiano superó en taquilla a las superproducciones de la temporada. La película El paseo, protagonizada por Antonio Sanint y Carolina Gómez, ocupó el primer lugar en taquilla por encima de películas muy esperadas  y de éxito prácticamente asegurado como Los viajes de Gulliver, protagonizada por el divertido Jack Black y Tron Legacy con sus impresionantes efectos visuales y en versión 3 D.

Para nadie es un secreto que el gran monstruo del mercado es Cine Colombia y que este desea ser, ante todo, un negocio rentable. Es por eso que ocurren ciertos movimientos en taquilla que parecerían inexplicables a primera vista: películas que se anuncian con largas campañas de expectativa y nunca son presentadas, otras que son retiradas  intempestivamente de la cartelera, estrenos con dos años de retraso o cintas premiadas  que nunca pisan el país, entre otras experiencias desoladoras para cualquier cinéfilo, que son el resultado de las vicisitudes de mercado y del deseo de obtener ganancias. Es cierto también, como ya lo estarán pensando algunos, que Cine Colombia hace esfuerzos por traer ciertas cintas independientes, menos comerciales, y por  darles espacio, espacio que se está viendo afectado por las escasas cifras de espectadores que parecen mover este tipo de cintas. Un ejemplo tomado del mes de noviembre puede ilustrar este caso: mientras Mademoiselle Chambon completaba 6,380 espectadores tras tres semanas en taquilla y Cartagena, con el gancho  de Margarita Rosa de Francisco, conseguía  4, 908 espectadores tras dos  semanas, Harry Potter reunía en  dos semanas  más de 670.000. Dirán qué comparo lo incomparable, que cómo se le va a pedir a una cinta con menos recursos que alcance semejante cifra, pero cuando sabemos que en las mismas dos semanas  El paseo ha reunido 470.000 espectadores la cosa no parece ya tan imposible.

El hombre detrás de este fenómeno y del que se ha hablado mucho en los últimos días es  Diego Armando García, más conocido como Dago García quien lleva más de una década dedicado al mundo audiovisual como  productor, director y  guionista. Es así como a través de su empresa, Dagogarcía producciones, ha logrado otro record difícil de igualar en este país: completar 13 películas. ¿Cómo lo ha logrado?

En efecto, Dago parece haber resuelto el acertijo. Se asoció con Caracol, (donde es Vicepresidente de producción) y con  Cine Colombia (si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma). ¿De qué le sirvió?  No solo aseguró fondos por el lado de Caracol sino, quizás algo más importante, publicidad en televisión en hora prime, entre las telenovelas, gran campaña de expectativa y cortos asegurados en Cine Colombia.  A esto se le suma la letra pequeña  de los informes de taquilla: mientras  Mademoiselle Chambón se presentó en máximo 5 teatros a nivel nacional y Cartagena en 8, El paseo estaba en 115, lo que, sin duda, ayuda (de una u otra forma anticipan y producen el éxito).

A lo anterior toca sumarle usar actores que cuenten ya con reconocimiento dentro del público gracias a sus papeles en televisión, como fue el caso, en otras producciones de Dago García. de Enrique de Carriazo, Robinson Díaz, Miguel Varoni,  por citar solo algunos, y añadirle la presentación de las que podrían ser nuevas figuras, o lograr cosas como que Natalia París sea protagonista. Por otra parte, la constancia ha sido sin duda una gran aliada, 10 años de estrenos continuos el 25 de diciembre han conseguido que junto a ciertas actividades típicas de diciembre muchas familias incluyan ir a cine a ver la última película de Dago García que cuentan, efectivamente, historias aptas para  toda la familia y que tienen como principal fin divertir y entretener.

Hasta aquí todo suena bien y pareciera entonces que solo hay motivos para festejar y alegrarnos de la buena salud del cine colombiano y tomar lo que ocurre con García como un feliz augurio para este 2011 y quizás, ¿por qué no? como un ejemplo a seguir para otros cineastas.  Sin embargo, las cosas dejan de sonar tan bien cuando se habla de la relación de Dago García con la crítica cinematográfica  la cual no suele estar de su lado, al igual que los premios. Baste recordar que a pesar de sus impresionantes cifras  (la película colombiana más vista del año pasado fue In fraganti de García) ni sonó ni  tronó en la entrega de los premios Macondo.

Tiene espectadores, nadie se lo niega, pero muy pocos le reconocen estar haciendo buen cine. García lo sabe y ya en alguna entrevista al referirse a lo críticos señaló que algunos  de ellos “viven aplastados por su erudición, sus complejos y su falta de sensibilidad con lo que los rodea.” Esto  último lo dice porque su afán, según él, es divertir, revelar aspectos de nuestra idiosincrasia y rescatar valores familiares.

Esta última es sin duda la premisa a partir de la cual se realizó El paseo. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme si todo lo anterior justifica, las inmensas carencias y fallas de la película. Y tal vez, no está de más preguntarse sobre el tipo de espectador que García está formando.

A nivel formal no hay mucho que decir porque en las películas de Dago no se corren riesgo a ese nivel. Harold Trompetero, el director, se limita a seguir a los personajes con la cámara. Grandes planos cuando se quiere mostrar a toda la familia;  algún personaje queda al fondo haciendo algún chiste si el primer plano está ocupado por otro. No se busca que las imágenes nos cuenten ninguna historia, que hagan algún guiño o complementen. Están exclusivamente al servicio de los actores y la historia. La música, de la misma manera, está ahí para recordarnos qué debemos sentir,  divertida en los momentos chistosos, con tintes melodramáticos cuando los personajes tienen confesiones o conversaciones, vamos  decirlo, más profundas. No en vano se le critica a Dago García que sus producciones parezcan televisión (de la que se hace si pretensiones formales, no toda es así)  llevada al cine porque, de verdad lo es, cosa que a él, no le preocupa para nada, como lo ha reiterado en varias oportunidades, se siente un hijo orgulloso de la televisión.

Pero bueno, digamos que no importa, lo que realmente me parece perturbador es el guión. La estrategia de Dago, por lo menos en películas como El carro; Mi abuelo, mi papá y yo; entre otras, es buscar estereotipos. El estereotipo del colombiano típico, el cliché que tenemos en la cabeza y, que a muchos aparentemente, les gusta reconocer. En el caso  de El paseo está la adolescente consentida y chillona (muy, muy chillona), el adolescente pacifista entregado a la meditación, la suegra peleona y exagerada, la madre, en este caso además guapísima, aunque se esfuerce por ocultarlo, que es, de lejos la que sostiene moralmente a la familia y el padre clase media, esforzado y recursivo, que quiere darle a su familia y a sí mismo un merecido paseo a la costa en carro. La película es vendida como eso, un road movie en el que se coleccionan todas las peripecias, sinsabores y  ocurrencias que pueden suceder en un viaje de esa naturaleza por Colombia. Rápidamente se identifica el tono a Pelota de letras, cosa que no está mal, y que por el contrario, podría ser muy chistosa. En ese sentido escoger a Antonio Sanint que viene consolidando una carrera en el stand up comedy hace unos años era una buena elección. El problema es precisamente lo que lo hizo  ser escogido para el papel. A fuerza de actuar ser un padre clase media e introducirle gags chistosos al personaje termina convertirse en una mera caricatura, alguien que  juega a fingir ser el estereotipo. Pues bien, la familia Peinado vive todo tipo de peripecias, unas creíbles, otras ya muy forzadas que nos esforzamos por aceptar, por ejemplo,  una familia que tras ser robada duerme en un carro descapotable en un potrero en pleno Tolima o que se queda impávida ante el hecho de que su casa en Bogotá fue robada  por completo y, finalmente, la pérdida y, sobre todo, la posterior aparición del perro de la familia puede pasar a la historia como uno de los momentos más inverosímiles del cine colombiano.

Hasta aquí digamos que todavía se tiene la idea, lo que ocurre es que a Dago le gusta contar más de la cuenta y mezclar, ignoro el porqué, ciertos elementos estrafalarios que están muy lejos de la realidad colombiana que busca retratar. Si la búsqueda es que cualquiera se sienta identificado por qué introducir elementos que parecieran destinados a alejar al público. Lo primero es el carro ¿cuántos volkswagen descapotados amarillos habrá en Bogotá?, no muchos, pero el padre de esta familia tiene uno y, no contento con eso, su otro carro es una camioneta volkswagen descapotable también. Estos carros, de colección, irían de la mano con un dueño de cierta personalidad particular sin embargo, este no es el caso para nada de Alexander Peinado, personaje de la película. Pero quizás de los momentos más estrafalarios, extravagantes y surrealistas de la película es la introducción  de una banda de asaltantes vestidos de kimonos, mezcla de budistas Kung Fu Panda y guerrilla, que roban y secuestran. ¿Cuál era la idea? Quizás era decir que no hay paseo por carretera en Colombia que no incluya el encuentro con algún grupo armado pero, para evitar el reflejo a la realidad se busca, por extraño que suene, parodiar, en este caso a los grupos guerrilleros, con secuestro incluido, mezclándolos con un tufillo de filosofía oriental. Es cierto que de lo ridículo podría ser chistoso pero entonces la película hubiera tenido que ser planteada de otra manera, una que justificara la excentricidad (baste pensar en ejemplos logrados como Leche (1996) en televisión) pero así de la nada no deja de ser un poco extraño.

Por otra parte,  resulta inquietante lo que se transmite como la clásica familia colombiana: la mujer que es la asentada, la cuerda, la madura, es el personaje más respetable y centrado que sin embargo sabe que para mantener el equilibrio debe mantenerse en la sombra, justificar las actitudes de su marido y apoyarlo. La quinceañera, inaguantable, espejo supongo de muchas adolescentes del país parece más preocupada por mostrarse, agradar, y se convierte en la bobita fácil que terminará utilizando su cuerpo para salvar a su familia ¿qué más podía hacer?  Al fin de cuentas estamos en la tierra de “Sin tetas no hay paraíso”. El adolescente termina por ser un remedo de algún seguidor de supuestas filosofías orientales ¿budista? ¿yogui?  ¿Seguidor de Bob Marley? Todas las anteriores y ninguna es el cliché barato de aquel que supuestamente busca la espiritualidad, sin discurso, exagerado. No me meto con el jefe de Alexander Peinado pero baste decir que, aunque no parece, es rico, y claro, como todo rico es malo, corrompido, tramposo y además se topa con ellos en todas partes, aún en los sitios más desolados.

A todo esto toca sumarle que la historia pretende ser edificante y moralizadora y que el viaje por carretera solo tiene como función acercarlos como familia. Para lograr este objetivo en medio de las situaciones absurdas, García introduce discusiones más “serias” diálogos moralizantes que aparecen de repente, y que francamente  aparecen de la nada y son disonantes entre estos personajes que carecen de una verdadera psicología y que son, en esencia caricaturas que abogan por una patria en paz, unida y feliz, unión que solo podrá ser posible desde la familia, mensaje que es trasmitido gracias a la conjunción de todos los lugares comunes posibles: ropa blanca, velero transitando libre por aguas cartageneras, canción de Juanes… en fin.

Tampoco sirve la película para conocer las bellezas naturales del país, como podría suponerse de un road movie, por más que el personaje de Sanint grite que Colombia es una berraquera en pleno cañón del Chicamocha único paisaje natural incluido en la película. Poco o nada se siente el paso de clima frío a caliente a no ser por la empelotada paulatina de la adolescente que usará bikini en el la calle, en el bus, en la plaza del pueblo, indiscriminadamente.

Al inicio de El paseo se hace una corta reflexión sobre el hecho de tomar fotos y cómo, las fotografías suelen mostrar personas sonriendo, no llorando, porque buscamos capturar momentos de felicidad no de tristeza como si los dos no hicieran parte de la vida (no pude evitar pensar en La aventura de un fotógrafo de Calvino que lleva esos cuestionamientos a una reflexión muy interesante). No es difícil suponer que ahí se esconde una clave de lectura de la película, si se espera encontrar alguna, que podría ser la explicación a la mezcla de melodrama y comedia que aunque suena bien, se desdibuja por el afán de meter a la fuerza estos dos elementos.

Uno de los comentarios positivos que he leído y oído de esta película resalta el hecho de que se trate de una película colombiana que no habla de narcotráfico. Me temo que muchas de las discusiones que se tienen sobre cine colombiano caen en este tipo de frases reiterativas.  Me parece que el espectador suele confundir televisión y cine y que lo cierto, me temo, es que las películas colombianas se siguen viendo muy poco y se le aplican criterios errados. No sé cuánto se ha visto afectada la imagen de los Estados Unidos por las películas que realiza, ni he leído largos artículos dedicados a cómo se ve afectada su imagen por realizar, que sé yo, películas sobre guerra, drogas o, por qué no, acción. No he escuchado a nadie decir que no va a Estados Unidos porque va y lo agarre un asesino en serie, un policía loco, o un detonador de bombas maniático. Quizás porque producen tantas y tan variadas películas que comprenderíamos  rápidamente que la discusión no tiene mucho sentido y que a los realizadores estadounidenses no se les pide que interpreten a su pueblo resaltando sus valores. Sin embargo, al cine colombiano pareciera pedírsele que nos muestre, que cuente nuestras historias pero sin untarse demasiado. Y, lo más grave, poco se va a cine a formarse un criterio real sobre lo que se está produciendo que está lejos de ser monotemático como puede comprobarse al revisar algunos de los títulos que fueron reconocidos en la entrega de premios Macondo y que abordan diferentes y variadas temáticas, me refiero, por ejemplo, a El vuelco del cangrejo, Los viajes del viento, La sangre y la lluvia o Retratos en un mar de mentiras.

Que dentro de ese espectro son bienvenidas las comedias ligeras, familiares que nos hagan pasar un buen rato, por supuesto,  pero ¿no valdría la pena ser más ambicioso?  quizás hacer cine no es como hacer empanadas y esa formula mágica que parece haber encontrado Dago, esa conjunción de poderes, financiación,  dinero y distribución pueden seguir estando al servicio del entretenimiento  pero de una manera más constructiva e inteligente. ¿no sería un buen reto llevar 1.000.000 de espectadores y mostrarles algo diferente?  ¿No valdría la pena formar público de esa manera para ir así construyendo espectadores más interesantes? La pregunta queda abierta.