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Joyas por descubrir: Vientos de agua

Jan 25, 2011 por Samuel Castro
Una de las cosas que más me gusta de Internet es que sirve como museo, como vitrina irrompible de todo lo que alguien consideró alguna vez que debía ser puesto en el jade “inmortal” del ciberespacio. Lo que antes eran, por decir algo, las escenas musicales de los Hermanos Marx que ciertos privilegiados tenían en su colección de películas personal, en bobinas con cinta de nitrato, ahora aparecen con sólo hacer clic en youtube. O La jetée, aquel corto impresionante que inspiró Doce monos y que en los noventa sólo algunos habían podido ver en obscuras y secretas versiones de contrabando, ahora es un recurso con el que cualquier adolescente despistado puede contar en su formación audiovisual.
Como las audiencias son caprichosas y no siempre aciertan (por algo hay tanto reality malo con ratings tremendos, por algo The wire se vendió más en DVD de lo que se vio en TV) la red sirve para que trabajos que valen la pena, series que todos debemos conocer, películas desconocidas producidas en Timbuktú, tengan una segunda oportunidad sobre la tierra.
Precisamente de segundas oportunidades, de la migración entendida como otro destino que ensayamos porque el que tenemos no nos está saliendo bien, es de lo que habla Vientos de agua, esta miniserie maravillosa de la que algo había oído pero que nunca (como tantas cosas buenas) llegó a Colombia. Y en Argentina y en España, países que la coprodujeron, donde sí la dieron, no tuvo el éxito esperado. ¿Por qué? Me atrevo a creer que por un exceso de realismo y autocrítica. Porque claro, está toda la visión romántica de que en otro país hay oportunidades que nos permiten salir adelante, pero también verdades que a mucha gente no le gusta ver: el argentino que se junta con el resto de latinoamericanos pero que debe sacudirse un montón de prejuicios (en un momento de la serie le dice a una amiga colombiana “pero vos blanquita del todo no sos”) porque se siente un poquito más que ellos; los españoles que no están muy interesados en acabar con la migración (así nos pongan visas) porque les proveemos de mano de obra barata que habla su idioma; la migración de nazis que tuvieron como destino el sur del continente a mediados del siglo XX.
Si a alguien le gustó El secreto de sus ojos, con seguridad va a disfrutar de estos 13 capítulos que se ven en un suspiro, pues el creador y principal director de esta serie es Juan José Campanella. Y todo su estilo, ese refinamiento visual en la manera de narrar, su sentimentalismo bien entendido, el cariño por el destino de sus personajes, la capacidad de unir acción y emoción, están en esta serie.
En cada capítulo de la serie Campanella nos va narrando en paralelo dos destinos: el del joven Andrés, emigrando desde Asturias a una Argentina que, parafraseando a Borges, veía llegar a sus raíces a bordo de los barcos que cruzaban el océano, y el de su hijo menor, Ernesto, que en medio del “corralito” que atrapó a los argentinos en su propio país se va a España a juntarse con esos millones de indocumentados latinoamericanos, africanos y rumanos, que pueblan las calles madrileñas. Con sabiduría y pulso firme, Campanella es capaz de mostrarnos las semejanzas entre ambas historias, mientras hace que nos encariñemos con sus personajes secundarios: Juliusz, el judío eternamente enamorado de su esposa Gemma (una hermosísima Giulia Michelini); Cecilia, la esposa de Ernesto, que no puede evitar que la lejanía afecte sus sentimientos; Mara, la colombiana (¡estupenda Angie Cepeda!) que es toda alegría y pasión.
Puede que en internet muchos adolescentes tarados aprendan a armar bombas caseras y otros tontos se emboben con las consignas incendiarias de Sarah Palin, pero mientras algunos, con un poco de suerte, podamos desenterrar el cajón del tesoro lleno de joyas como esta serie, el ciberespacio seguirá valiendo la pena.

Un comentario para “Joyas por descubrir: Vientos de agua”

  1. www.ochoymedio.info/blog » Blog Archive » Lo mejor del año que se fue dice:

    […] Vientos de agua: La vi a comienzos del año pasado, antes de que a la Cuevana que funcionaba de maravilla le diera por ser una web mediática y ponerse en la mira de los cazadores. Es sobre un español que se vino a América en barco en busca de un futuro mejor y su nieto, argentino, décadas después, que se devuelve a Europa en avión en busca de un presente menos terrible. Todo contado en paralelo, con actores maravillosos y bajo la supervisión de Juan José Campanella. “Fue lo mejor que hice”, alcanzó a decirle al crítico que lo entrevistó en el Festival de Santafé de Antioquia. […]

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