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Archivo para November, 2010

Cuando los guiones sirven para sostener puertas

Saturday, November 27, 2010 por Samuel Castro

Fui el sábado pasado, en representación de Kinetoscopio, la revista donde escribo, al Festival de Cine de Oriente, en Rionegro, Antioquia. Por lo que nos contaron las personas a cargo, hasta ése día el evento cinematográfico había sido exitoso, con asistencia de bastante público a las proyecciones que se hicieron.

En la mesa del foro, que supuestamente debía hablar del guión (y algo se habló de eso, pero no mucho) estaban también los directores colombianos Harold Trompetero y Ciro Guerra, la directora mexicana Natalia Armienta y el productor Juan Pablo Tamayo (contentísimo por los éxitos internacionales de su película Los colores de la montaña), entre otros invitados. Se habló de todo: de la adolescencia del cine colombiano, de cómo en México también se cuecen habas en cuanto a pérdida de joyas del antiguo cine por desidia gubernamental, de la admiración/antipatía que despierta la máquina de hacer cine que es Dago García (que como siempre estrenará su próxima película el 25 de diciembre).

Pero de todos los temas, el que me parece más importante es el diagnóstico preocupante que se puede hacer del futuro de la ley de cine colombiana si hacemos caso a los comentarios informales de los invitados al Festival. Que cada año estamos comenzando de cero pues no se tiene en cuenta la trayectoria de los realizadores para asignarles puntos adicionales a sus propuestas (algún mérito debe tener haber hecho ya una película, con todo lo que eso implica) en los concursos para asignar recursos; que en las convocatorias de “investigación para documental” hay personas que ganan con documentales ya hechos; que el Fondo de Cinematografía saca pecho por películas que en realidad nunca apoyaron; que es imposible hacer una película (o al menos distribuirla y promocionarla como se debe) sin el apoyo de los canales de televisión; que están premiando guiones irrealizables porque a alguien se le ocurrió que puede ser muy buena la historia de un naufragio, sin pensar en lo que eso implica en costos de producción, en efectos especiales, en recursos.

Es decir, que los guionistas y los jurados están enfocando sus energías a historias que se ven muy lindas en el papel, pero que nadie está produciendo porque aquí, en Colombia, no hay con qué hacerlas. Por lo tanto, que hay pilas y pilas de guiones premiados, arrumadas en alguna oficina del Estado, con las que no se hace nada además de alimentar a las polillas. La gravísima conclusión que se saca de todo es que en tres años el supuesto “boom” del cine colombiano se va a terminar porque no habrá nada que mostrarle al público. O bueno, tal vez sí: un montón de papeles que se llaman a sí mismos guiones de cine que no son combustible para películas; si acaso, para una buena fogata.

Lo mejor de la década: 2006

Friday, November 19, 2010 por Samuel Castro

Alejandro Martín, el fundador de ochoymedio, intuye que no voy a alcanzar a publicar los post con lo mejor de la década antes de que se termine el año. No tanto por llevarle la contraria como por intentar cumplir al menos uno de los propósitos que me había hecho para este 2010 (mismos que espero no incumplir en 2011) aquí va la lista de mis películas preferidas de 2006.

Little Miss Sunshine: Dudé mucho en este quinto puesto de la lista (para los otros cuatro no hubo vacilación) pues como finalistas estaban Babel y Children of men. Pero esta comedia sobre otra familia disfuncional (¿y la de quién no lo es?) que se apoyaba mutuamente persiguiendo el sueño de una niñita ñoña, y que reunía dentro de una camioneta a esos tremendos actores que son Toni Collette, Steve Carell (lo es, no lo han aprovechado todavía), Paul Dano, Alan Arkin y Abigail Breslin, me decía más del estado del mundo (con esas niñas horribles del concurso de belleza, con el hermano que no habla y el académico que quiere suicidarse) de una forma más simple, que la grandilocuencia babélica o la estilizada parábola de Cuarón. Y además, con una escena de baile que la quisiera cualquiera que haga una comedia.

Gwoemul (The host): Eso que ustedes ven desenfocado en el fondo de la foto, esa cosa sin forma a la que la niña que siempre queda de tercera en los concursos de tiro busca dispararle, es el monstruo más original del cine de los últimos años. En esta película espléndida, donde no sabemos nunca qué demonios estamos viendo (ni en la forma del monstruo ni en el género de la película), Joon-ho Bong (¿o es al revés?, nunca he podido saber) fue capaz de hablar de las pasiones y las inseguridades humanas, de la corrupción gubernamental, de los vínculos familiares, mientras nos contaba la caza absurda de un monstruo que, como la maldad verdadera, mataba sin motivo.

Das leben der anderen (La vida de los otros): ¿Quién dice que todas las películas de espías son iguales? El director de nombre más largo en actividad (Florian Henckel von Donnersmarck) tenía la suerte de presenciar bajo su mando una de las mejores actuaciones de Ulrich Mühe (que era el papá en la versión original de Funny games de Haneke) convertido en ese hombre sin escrúpulos que un día se da cuenta de que la intimidad de las personas y la música de piano, eran capaces de conmoverlo. Y de cambiarlo. Porque lo malo no son las películas con mensaje (en este caso que “nunca es tarde para redimirse”), lo malo, siempre serán las malas películas.

The departed (Infiltrados): Yo vi la versión original, Infernal affairs. Y a pesar de lo que digan muchos críticos españoles (siempre un poco obnubilados por lo exótico, mientras que los latinoamericanos SOMOS exóticos) Martin Scorsese es tan maestro de cine, que es capaz de hacer un remake y superar por muchos kilómetros (y por un actor como Jack Nicholson, inolvidable con sus manos ensangrentadas) al original. Ver esta película es la mejor manera de recordar por qué los thrillers se llaman así.

El laberinto del fauno: Cuando uno ve la ficha de Guillermo del Toro en IMDb, puede comprobar que este gordito bonachón ha sido de todo: maquillador, director de cásting, director de segunda unidad, editor (en una entrevista en Gatopardo, Alejandro Gonzáles Iñárritu dijo que de no haber sido por él no hubiera podido editar la secuencia del choque en Amores perros), productor y escritor. Sólo una mente verdaderamente multifacética podía generar una combinación como ésta: una mezcla de cine de terror, con thriller político, con fantasía infantil, con cuento de hadas. Y como resultado una película que expresa mejor que casi todas aquello de “la magia del cine”.

Una de los nuestros

Wednesday, November 17, 2010 por Samuel Castro

Este post se iba a titular “Los logros de la familia”. Pero de ahí a que habláramos de “la familia ochoymedio” había un paso, y me niego a que en esta página y en este blog aparezcan expresiones de cartelera de empresa animando a los suyos para que nunca se revelen contra la esclavitud. Así que utilizando uno de esos títulos españolizados (que realmente pertenece a Goodfellas), con el género intencionalmente en conflicto, (como para pelear también con los políticos estúpidos que dicen nosotros y nosotras, meretrices y meretrizos) tenemos que destacar que nuestra colaboradora de cabecera, Diana Ospina Obando, es hoy también parte del cuerpo de críticos de Arcadia, la única revista que hace periodismo cultural en Colombia (que es distinto a hacer revistas literarias).

Ya se puede leer en línea su primera crítica, sobre Partir de Catherine Corsini, que demuestra, como siempre, la sensibilidad y la mirada particular que todo crítico debe tener y que Diana posee como pocas. Esperamos que con su nuevo compromiso, Diana no nos abandone (pero qué le vamos a hacer, es una posibilidad cuando uno hace esta página por amor al cine) y que sigamos contando con sus palabras y sus pensamientos.

Para ochoymedio, es un orgullo saber que Diana está en Arcadia, aunque es probable que deba ser Arcadia la que esté orgullosa de su nueva colaboradora, que es nuestra también. Una de los nuestros.

Lo mejor de la década: 2005

Monday, November 8, 2010 por Samuel Castro

Casi que no. Hasta Diana Ospina, mi querida amiga y mi compañera usual en esta página y en este blog, se preocupó por mi ausencia. Por fortuna, todo se debió a unas vacaciones que me alegraron la vida. Y aunque lo lógico sería comenzar con las críticas que siguen pendientes, como ya “se acabó este año” es necesario seguir escogiendo lo que para mí fue lo mejor de la década (ya saben que Diana también tiene su propia versión, que pueden leer en post anteriores) antes de que el 2010 termine y la lista deje de tener sentido. Esto es, entonces, según mi opinión, lo mejor de 2005.

El niño: Lo mejor de los hermanos Dardenne es que su cine sirve para que aquellos que ven sus películas no crean más en el mito de que Europa es un mundo perfecto donde todos están bien. Y el padre de la criatura, el aquí inmenso Jérémie Renier, me recuerda, no sé por qué, a muchos de los inconscientes adolescentes que nos rodean.

Una historia de violencia: Casi 6 años después de verla, aún recuerdo la sensación que me produjo la última secuencia de esta cinta, en una cocina silenciosa e la que una familia se sentaba a comer. Era como si el pasado de un hombre volviera a reclamarle por la felicidad de su presente. Y la escena de sexo entre Mortensen y María Bello puede ser una de las mejores que he visto en la vida.

El jardinero fiel: Yo recuerdo el miedo que tenía por comprobar si Fernando Meirelles era capaz de mantener el pulso firme que nos sorprendió a todos en Ciudad de Dios. No sólo lo hizo, sino que manejó de la mejor manera el recital de actuación que dan Ralph Fiennes y Rachel Weisz en esta historia lúcida y deprimente, es decir, maravillosa.

Match point: Gente que amo espera siempre que Woody Allen no actúe en sus películas para que les gusten más. Con esta historia, un Crimen y castigo en una versión postmoderna (en la que el malo no pierde), todos nos enamoramos de Scarlett Johansson, nos emocionamos con una banda sonora a pura ópera y recordamos al gran contador de historias que puede ser Allen.

El aura: ¿Por qué se murió Fabián Bielinsky? Cada vez que veo esta película casi perfecta, esta historia universal en la que Ricardo Darín vuelve a mostrar toda su calidad y su magnífica presencia en pantalla, pienso con pesar qué más habría podido hacer el director argentino si la vida no se le hubiera acabado tan rápido.