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Archivo para February, 2010

Problemas gordos

Sunday, February 21, 2010 por Samuel Castro

DeNiro bull

Tal vez sea desde cuando Robert DeNiro ganó el Oscar por Raging bull (puede ser más atrás en el tiempo, pero digamos que ese es el primer recuerdo de peso que se me viene a la memoria), cuando logró la enorme tarea de convertirse en un boxeador muy capaz de peso completo (decían que hubiera podido participar en una competencia real), que ha quedado la idea en nuestras mentes de que hay un mérito actoral en el tipo que engorda (no puse “y en la tipa”, pero ustedes, señores y señoras felices con la corrección política, imagínense lo fea que queda la frase).

Clooney Syriana

La información “cultural” de nuestros noticieros siempre se afana en aclarar que Renée Zellweger tiene que subir no sé cuántas libras para hacer de Bridget Jones (y entonces se ve más bonita, pienso yo, que con la apariencia flacuchenta que tenía en Chicago) o que Gwyneth Paltrow tuvo que utilizar un traje especial para hacer de la gordísima Rosemary en Shallow Hal. George Clooney lo hace bien en Syriana, pero no estoy tan seguro de que el Oscar se lo hubieran dado sin que la camisa se le apretara contra la barriga y la papada cubierta de barba le diera más carácter. Hasta Matt Damon se enorgullecía de haber dedicado semanas enteras a tomar malteadas para lograr la apariencia de su último papel bajo órdenes de Steven Soderbergh en The informant!

Antonio de la Torre

Hay casos de casos. Antonio de la Torre en la reciente Gordos (dejen que pase el Oscar para que hagamos la crítica de la cinta española) engordó 33  kilos para su papel de un maricón (él mismo dice que es un maricón en la película, para que no se escandalicen las monjas y sacerdotes que visitan habitualmente www.ochoymedio.info) que vende un producto para ser flaco, el Kilo Away. Si uno ve la película, así como cuando uno veía Raging bull, se acepta que los kilos de más representan credibilidad para una actuación memorable. Que suman a una actuación de peso, si se vale el juego de palabras.

Pero la vida real no es tan complaciente con los gordos. Lo sé por experiencia. Ni siquiera con los actores. Igual que se le paga a las prostitutas para que se vayan, lo admirable es que luego de convertirse en zeppelines los intérpretes vuelvan a su estado normal. Por eso los felicitamos. Pero si uno es Marlon Brando y engorda hasta el punto de que toda la ropa deba ser hecha a la medida, entonces la mirada al que tal vez fue el mejor actor de la historia del cine norteamericano es de conmiseración. Si uno es Gabourey Sidibela nominada al Oscar por Precious: based on the novel Push by Sapphire puede tener su momento de gloria por una noche, (una sola y como una especie de sustituto a Björk y su traje de cisne) para luego ser tema de conversación de todos los programas de farándula que hablan de cuál es la mejor dieta para ser “una mujer hermosa” (dando por sentado que nadie es hermoso si es gordo)  Si uno es Kevin Smith (para que lo ubiquen, el tipo que desde su apartamento de friki le ayudaba a Bruce Willis en la última Duro de matar) tiene que aguantar el maltrato de Southwest Airlines, que “amablemente” le pidió la semana pasada que se bajara del avión porque ocupaba parte del espacio del pasajero sentado a su lado. Smith, que ya es conciente del desprecio por los gordos (algo extraño en un país como Estados Unidos, donde el 30% de su población es obesa) había comprado dos tiquetes para evitar molestias, pero tuvo que viajar antes y para esa hora, sólo había un asiento disponible.

Kevin Smith

¿Entonces qué? ¿Por qué la gordura es meritoria y da premios si uno la encuentra voluntariamente (y luego la deja) pero es una marca de Caín si es parte del cuerpo que nos hemos ido ganando (¿no hay en toda gordura, una historia interesante?) a pulso? ¿Habrá que mandar a los gordos en jaulas de plástico, como las de las mascotas, allá abajo en el área de equipaje, para que no nos molesten con su presencia? Si tanto los odiamos (¿nos odiamos?) dejemos de darles premios cuando son personajes de fantasía y organicemos safaris urbanos para acabar con todos. No faltará quien quiera tener la cabeza de Fabio Valencia, como trofeo de caza en su sala de lectura.

Más de cine en el Hay Festival 2010

Monday, February 1, 2010 por Samuel Castro

Mientras la incredulidad se va haciendo cada vez mayor ante las propuestas de Álvaro Uribe (lo de los taxistas es francamente inverosímil, ¿será que no se va a lanzar pero la fórmula que eligió para no decirlo públicamente es que lo creamos loco?) el tiempo se aprovecha mejor hablando de cine. Como lo hicimos, específicamente en algunas charlas, y como de refilón en otras, del quinto Hay Festival de Cartagena. Recordemos la charla con Manuel Gutiérrez Aragón (creo que Sergio Cabrera no estaba como moderador sino como encargado de sostenerle el micrófono, o al menos eso pareció gracias al nivel de sus aportes) y algunos de esos contactos laterales que hubo entre cine y literatura.

El director español estaba en Cartagena para hablar de su primera novela, en esta nueva carrera (que había sido también su primera elección hace años) emprendida que lo llevó a ganar el premio Herralde. De su cine, tal vez lo único que se pueda conseguir legalmente en Colombia es La vida que te espera en Blockbuster, pero oírlo fue una delicia.

Manuel

Dijo que ahora que no dirige, lo que más extraña es la gente, el estar rodeado de personas en los rodajes: el actor que le pregunta, el asistente que le ayuda. Y esos inmensos equipos humanos, obligados a convivir un par de meses, entre quienes se forma una camaradería única, donde se desatan pasiones y se hacen juramentos de amor que se acaban cuando llega el último día de rodaje.

Lo que menos le gustaba de su labor como director era la espera eterna para reunir las condiciones financieras que hicieran posible su siguiente cinta. Y después, el hecho terrible de que el cine sea tan costoso. Porque, como dijo, al escribir una novela uno pone “Ella se pasea junto al mar” y ya está. Ha sucedido. En cine esa frase es terriblemente complicada: conseguir el mar, la actriz. Y al final por los permisos, toca filmar junto a un lago.

Una frase buenísima: “Los premios generan muchas sorpresas y muy pocas certidumbres” refiriéndose a que ahora no es que él pensara que era un magnífico escritor.

Dijo que la experiencia de la escritura de guiones era muy útil porque como novelista era más conciente de que había que mantener el interés del lector, porque no quería que pasara con mucha literatura, que te parece maravillosa las primeras 40 páginas, y luego es una lata.

El cine, según Gutiérrez Aragón, “es un mercado de Ali Babá”, que ha cogido influencias de todas partes. Porque los guionistas legendarios de Hollywood se basaron para construir sus textos cinematográficos en los escritores clásicos del siglo XIX, como Dickens, maestro en meter personajes, desarrollarlos, hacer tramas paralelas y generar interés en cada momento.

Otra frase: “Lo difícil de escribir una adaptación no es saber qué se pone sino qué se quita”

Además contó que pensaba que un guión de cine se escribe porque alguien tiene que leerlo para que la película se haga. Y ese guión no es otra cosa que una colección de apuntes para tener en cuenta en el rodaje. Es decir que es un trabajo incompleto. Pero como desdiciéndose un poco, recordó que ninguna gran película se puede hacer sin un buen guión. Aunque afirmó que lo mejor es “ir al rodaje empelota” para que cuando llegue el momento, todo se transforme de acuerdo con las circunstancias.

Afirmó que las metáforas visuales en el cine eran muy difíciles y ya no se usaban (como en el cine ruso, que se podía poner a un personaje y luego una ola estrellándose contra una roca para mostrar su conmoción interior) pero que lo que tenía el cine era su simbolismo, muy poderoso cuando está usado por buenas manos.

Y la frase campeona para cerrar: “Lo malo del cine es que tienes que escribir para el imbécil de la empresa de televisión que lo va a leer”.

OTRAS DISQUISICIONES

Paolo Giordano anunció en su charla con Héctor Abad Faciolince que ya se había filmado la película sobre su libro La soledad de los números primos y que había sido dirigida por Saverio Constanzo. Me metí a buscar la ficha en IMDb y debo decir que me encantó el cásting, sobre todo ver a Ricardo Scamaccio, el de Romanzo criminale, encarnando a Mattia

Finalmente, Ian McEwan confesó que por lo menos en la adaptación de Enduring love que hizo Roger Michell y en la de Atonement de Joe Wright había tenido la suerte de contar con dos directores comprometidos con hacerle justicia al libro. Y que aunque al comienzo no le gustaba Keira Knightley como elección para protagonizar, después de ver la película, le fascino. Adelantó que se va a hacer una película sobre Chesil beach, su último libro (una novela hermosa que todos deberían leer, y eso lo digo yo, no es cuña propia de McEwan) y que a él le encantaría que la dirigiera Sam Mendes.

Todo por hoy desde Cartagena, (perdonen, no puedo evitarlo) mañana desde cualquier lugar del mundo.