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Que se quemen en el infierno

Nov 12, 2009 por Samuel Castro

Drag me to hell

Dos películas en cartelera nos permiten recordar lo que a veces se olvida: que en el cine puede pasar lo imposible, lo que nunca ocurrió, lo que soñamos alguna vez.

De Inglorious basterds se han dicho muchas cosas pero tal vez no se haya elogiado suficientemente la posibilidad que abre Tarantino a directores igual de osados. ¿Por qué una película que sucede en el pasado tiene que contar LA HISTORIA? Si el cine sirve para contar historias, qué problema hay en cambiar los hechos que todos conocemos por los que al guionista le dé la gana. ¿No sentimos al ver la película, que Tarantino hizo con Hitler y sus secuaces lo que todos hubiéramos querido? ¿No dan ganas de pararse del asiento y gritar “Bravo” cuando se incendia el cine?

Por otro lado, de Drag me to hell se ha dicho muy poco. Es como si la coraza de película de terror nos impidiera ver más allá de sus escenas asustadoras y reconocer la crítica que Sam Raimi encierra en su historia. Después de la debacle económica de Estados Unidos, millones de personas se quedaron sin sus casas, pagando la ambición desmedida de aquellos funcionarios bancarios que hicieron ganancias con sus hipotecas. Pues Raimi tiene un mensaje claro para personas que se parecen a su personaje central: puede que no lo hayan hecho intencionalmente pero van a tener que pagar por lo que hicieron. Y en seguida, como Tarantino, hace que las llamas ardan para castigar los pecados de quien se lo merece. ¡Que ardan todos en la paila mocha! Mientras nosotros, en este purgatorio que nos tocó en suerte, seguimos soñando con una justicia que sólo llega en las películas.

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