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El cine no sólo es el cine

Oct 6, 2009 por Samuel Castro

Estaremos de acuerdo en que una de las mejores cosas de la vida es ir a cine en buena compañía. El hecho de que la película vaya a comenzar permite que la conversación nunca se ponga incómoda. La penumbra se presta para abrazos y gestos de cariño que de otra manera no serían fáciles. La experiencia del cine va más allá de la película, trasciende las imágenes para ser todo lo que rodea esas imágenes. Pero eso, que es una de las pocas cosas en que el cine de salas podría competir contra la piratería, sigue sin ser entendido por muchos exhibidores.

Un taxista me contaba en estos días que cuando quería armar un plan romántico con su esposa compraba una película en la calle por $4000, iba a una tienda y se gastaba $10.000 en mecato (y eso cuando es mucho, añadió), organizaba su home theater casero (el televisor conectado al equipo de sonido) y se acomodaba en su cama. Eso era el cielo. Obvio. Si hubiera decidido llevar a su señora a cine se habría topado con boletas carísimas (ojo, no para el mundo, que es la excusa que nos dan, carísimas para el contexto económico de este país), con una cafetería que nos cobra por su porción más pequeña lo que valdrían 8 porciones de maíz pira más una libra de mantequilla más una pequeña cacerola, y en algunas salas, con sillas que hacen de la clase económica de los aviones un paraíso y con un sonido que sólo permite ver películas en inglés, pues cuando son en español no se entiende lo que dicen los protagonistas.

Una sala de Medellín especializada en exhibir cine de autor (no voy a decir el nombre, pero muchos la identificarán) está siendo renovada, poniendo retratos de grandes intérpretes de la historia en las paredes (con algunos errores de ortografía en sus nombres y fallos en las fechas de nacimiento y muerte que acompañan los retratos, por cierto), pintando sus muros y renovando el menú de su cafetería con la posibilidad de comprar crepes. Hacen esto a pesar de que en algunas de sus salas el proyector necesita urgentemente que le cambien la bombilla y que en otras, la música de la película se escucha más que los diálogos. ¿No se habrán dado cuenta algunas cadenas que si siguen tratando mal a sus clientes crecerán generaciones de colombianos que prefieren hacer lo que hace el taxista que me transportó? ¿No recordarán que incluso las películas sin efectos especiales ni surround 5.1 dolby digital también necesitan buena imagen y buen sonido para ser disfrutadas? Creo que olvidaron que la magia de ir al cine sólo se siente si todo alrededor de la película, funciona bien. Aunque bueno… ¿qué se puede esperar de estos exhibidores que nos han encerrado en casa con una cartelera que no provoca nada a aquellos que vemos películas con el cerebro conectado?

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